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Jorge Zepeda Patterson
Jorge Zepeda Patterson
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31 Agosto 2014 04:00:16
Los hombres del presidente Peña
Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa no son hombres del presidente Enrique Peña Nieto. Más aún, Beltrones fue su rival en la disputa por la candidatura del PRI en la precampaña presidencial para el 2012. Recordemos que el actual mandatario tuvo que hacer una alianza con los gobernadores para lograr imponerse desde la periferia a la cúpula del PRI nacional desde donde lo enfrentaron Beatriz Paredes y el entonces coordinador de los senadores.

Los dos se habían hecho útiles en los meses previos a la toma de posesión de Peña Nieto, cuando Osorio Chong y otros negociaban febrilmente con los partidos de oposición para lograr el anuncio del famoso Pacto por México, con el que inauguró su gobierno el mexiquense. El cuarto de guerra del presidente electo encontró muy útil el oficio de los dos legisladores, veteranos de mil batallas. Fue en estos prolegómenos cuando Los Pinos advirtió que sus propios cuadros no alcanzarían para el enorme cabildeo con las fuerzas políticas que se les venía encima.

En ese sentido, Peña Nieto tuvo el acierto de hacer una mezcla adecuada entre sus hombres de confianza y los hombres necesarios, que no es lo mismo. Uno de los grandes errores de Felipe Calderón fue justamente ese: privilegiar a su cuarto de guerra y convertir a sus miembros en secretarios de Estado. Motivado por la desconfianza y sus afanes de control, el ex mandatario del PAN prefirió lealtad a capacidad, y el resultado está a la vista.

El tema es relevante porque las elecciones del próximo año moverán el reparto de posiciones del equipo gobernante. Manlio Fabio Beltrones dejará la cámara de diputados, y con ello su habilidosa coordinación, lo cual obliga a Los Pinos a un reacomodo de piezas. El control de la llamada Cámara Baja, es esencial no sólo por las leyes secundarias que seguirán procesándose en la segunda mitad del sexenio, sino también por la definición de los presupuestos anuales, entre otras muchas cosas.

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. En materia de niveles de confianza hay códigos postales, digamos. Peña Nieto preferiría ver a uno de los suyos a cargo del partido, como podría ser Aurelio Nuño, actual jefe de la oficina de la Presidencia, y no a un mero aliado con agenda propia como lo es Manlio Fabio Beltrones. Recordemos que en la segunda mitad del sexenio, las cabezas de los partidos políticos adquieren un valor estratégico por la carrera presidencial del 2018.

Peña Nieto una vez más tendrá que decidir entre lealtad y capacidad. Nuño asegura lo primero, Beltrones lo segundo. Y no es que el joven coordinador de Los Pinos carezca de habilidades; ha sido un operador eficaz entre la Presidencia, los partidos y las cámaras a propósito del Pacto por México, primero, y las reformas constitucionales, después. Pero es evidente que a sus 38 años de edad no ha tenido un pulso de la complejidad del mosaico de fuerzas políticas a todo lo largo del territorio nacional. Un ingrediente que necesariamente requiere el piloto que dirija esa gran carpa nacional que es el PRI.

Se dirá con razón, que el PRI es un partido que se subordina al Presidente del país. Está en su código genético. Pero recordemos que las principales derrotas que ha sufrido en la disputa por las gubernaturas proceden de la incapacidad para aquilatar los puntos de vista y el peso específico de las corrientes locales. No se puede ceder a todas ellas pero tampoco ignorarlas. De allí que el dirigente nacional del PRI necesite experiencia y un olfato sensible.

Las opciones de Peña Nieto no se reducen a Nuño o a Beltrones. Pero el dilema sí: ¿optará por el control o por la habilidad? ¿Hará del PRI una extensión de Los Pinos o una fuerza política que mire por el partido y no sólo por el grupo mexiquense? Haga sus apuestas.
21 Junio 2014 04:05:59
Fausto vendió su alma al diablo
Fausto era un hombre sabio e insatisfecho por la limitación de sus conocimientos e incapaz de ser feliz. Entonces, se le apareció Mefistófeles para ofrecerle los placeres de la vida, y realiza con él un pacto en el que accede a venderle al diablo su alma a cambio de juventud hasta que muera. Como el personaje de la obra que popularizó Goethe, Fausto Vallejo vendió su alma al diablo, no para alcanzar conocimientos, juventud y placeres, sino el objetivo político que se había impuesto a lo largo de su vida: llegar a gobernador de su estado, Michoacán.

La mejor imagen del fin de Fausto Vallejo la tuve hace unos meses. Estaba en Michoacán, cuando comenzaba el operativo federal en el estado. Ese día, tenía programadas entrevistas con Rosario Robles, secretaria de la Sedesol, y con Alfredo Castillo, comisionado federal en el estado, y nos encontramos en el cuartel de la zona militar en Apatzingán. Con Rosario y Alfredo iban quienes estaban diseñando el esquema de seguridad, pero también de política social para el estado.

Al cuartel llegó el gobernador Vallejo con varios funcionarios locales y con el Presidente Municipal de Apatzingán, Uriel Chávez. Los saludaron muy cortésmente, el general jefe de la zona los invitó a pasar a un salón y ahí los dejó, con unos refrescos, mientras los funcionarios federales, militares y el comisionado se reunían, sin ellos, en otro salón.

Fausto Vallejo tuvo que dejar el gobierno estatal, sin duda aquejado por graves problemas de salud, pero también por la sospecha respecto a su hijo Rodrigo, a quien se le ha visto reunido con Servando Gómez, La Tuta. Antes de su viaje a Estados Unidos y de anunciar su renuncia, Vallejo había dicho que su hijo había sido levantado y obligado a ir a una reunión con el narcotraficante. Puede ser, pero lo cierto es que nunca hasta entonces, cuando ya era muy tarde, el Gobernador había realizado denuncia alguna al respecto.

El hecho es que Vallejo deja el gobierno estatal luego de una gran carrera política en el ámbito local donde, caso extraño en un estado tan convulsionado como Michoacán, había logrado establecer buenas relaciones políticas con casi todo el mundo, incluyendo algunos de sus más notables adversarios, como la familia Cárdenas. Pero su llegada a la gubernatura se dio en un mal momento, para él y para su estado. Y para alcanzarla realizó, conscientemente o no, el pacto mefistotélico asociado a su nombre.

Los problemas comenzaron desde la campaña: para priistas y perredistas evitar que Luisa María Calderón ganara el estado se convirtió en un objetivo que iba más allá de la simple política. Para desgracia de todos, ese mismo objetivo lo compartían con el cártel de Los Templarios y el involucramiento de éstos en las campañas fue evidente, se puso de manifiesto hasta en las elecciones de candidatos, y como se denunció en su momento, se llegó hasta establecer compromisos con ese cártel durante la campaña a través de reuniones del propio coordinador de la misma, Jesús Reyna, con los líderes de Los Templarios.

El compromiso y las condiciones en las que se dio la campaña, la cantidad de jugarretas y malos manejos que se tuvieron que hacer para evitar el triunfo de la hermana del ex presidente Calderón (un triunfo que algunos panistas tampoco querían) fueron tantos que marcaron de origen el gobierno de Vallejo y de paso a buena parte de la política y la administración pública en el estado. Hoy, cuando buena parte del staff principal de ese gobierno ha tenido que abandonar prematuramente el poder, cuando se suceden los presidentes municipales que han tenido que correr la misma suerte, cuando se siguen desentrañando las relaciones de los grupos de poder con los grupos delincuenciales, se puede tener la plena comprobación de las consecuencias directas, de los costos, de los compromisos adquiridos en aquella campaña electoral.

Creo que Fausto Vallejo es, más allá de todo esto, un buen hombre, pero un buen hombre arrollado por los compromisos, por la ambición de llegar a la posición por la que había luchado toda su vida para tener que abandonarla en la peor de las crisis. Ojalá que como el otro Fausto, al final de sus días el diablo no pueda llevarse su alma porque de alguna forma ésta permaneció pura.

López al PRI-DF

El PRI en el DF necesita de una renovación total, desde la base hasta las futuras candidaturas, porque políticamente no existe desde 1997. Ayer se registró en busca de la presidencia local de ese partido Mauricio López, coordinador de asesores de Miguel Ángel Osorio Chong, un hombre inteligente y operador capaz, que puede darle al priismo capitalino, de inicio, el discurso y la imagen que hoy no tiene.
02 Febrero 2014 05:06:19
El vía crucis con Rosario
Hay una regla no escrita que afirma que a los miembros de gabinete no hay que cambiarlos antes de los dos años. Un cambio de ministro con apenas un año en funciones es interpretado como el correctivo de una mala designación de parte del presidente, de la misma forma que sacar a un jugador de futbol en el primer tiempo es considerado un error de estrategia del técnico. Hacerlo a partir del segundo año de gobierno (o el segundo tiempo en caso del futbol) es visto como un ajuste del estratega para responder a le evolución de los acontecimientos.

Tiene lógica, salvo en el caso de Rosario Robles, responsable de la Sedesol. El costo de asumir el error de una mala decisión de arranque me parece menor que el costo del desprestigio que significa mantenerla a lo largo de todo el 2014.

Colocar a una operadora política electoral a cargo del ministerio de bienestar social es un error que desdibuja algunos aciertos peñanietistas. ¿Cómo puede uno creer que éste es un PRI renovado cuando se usa la pobreza con fines políticos de manera tan ostensible?. Incluso el PRI de Zedillo había superado esa etapa. Santiago Levy, un técnico reconocido, encabezó al equipo que diseñó Oportunidades, que luego sería retomado por el propio PAN.

Pero la reconversión de Sedesol en una agencia de promoción político electoral es un retroceso incluso a los Pronasoles de Salinas. Práctica que creímos que México había dejado atrás.

Rosario Robles tiene una accidentada carrera política que la llevó a convertirse en jefe de Gobierno del DF en sustitución de Cuauhtémoc Cárdenas; luego del escándalo con Carlos Ahumada y sus comprometedoras donaciones al PRD y su polémico papel como licitador de obra pública, Rosario Robles acabó siendo expulsada del partido por su cercanía con el empresario argentino. Vivió un corto exilio político y se refundó a sí misma convirtiéndose en asesora de candidatos en campaña, particularmente de mujeres priístas. Se convirtió en experta y alcanzó logros importantes en esta materia.

No es mi interés descalificar a Rosario Robles. Incluso me resulta notable su regreso a la política prácticamente desde las cenizas. Convertirse en consultora exitosa como operadora político-electoral tiene méritos. El problema no es ella, como tampoco lo sería un delantero reconvertido en portero de un equipo de fútbol. El problema es haberlos colocado en esa posición.

Esto significa que los programas sociales del gobierno de Peña Nieto estarán preñados de una sospecha política constante. Los usos electorales de las ayudas sociales en la campaña de Veracruz al inicio de este sexenio, no hacen sino confirmar lo que todos suponíamos.

Las reformas estructurales que está poniendo en marcha el gobierno de Peña Nieto pueden inspirar adhesión u oposición, pero nadie negará la importancia que tiene el intento mismo de salir de la parálisis. Sin embargo me parece que cualquier esfuerzo innovador quedará trunco si no va acompañado de una propuesta profunda y radical sobre el tema de la pobreza.

El regreso del PRI tendría que ser apuntalado por una cruzada histórica a favor de los pobres. Mal que bien, es el partido que creó al IMSS, el reparto ejidal, o la noción del salario mínimo. Instituciones históricas que en algún momento refrendaron el “compromiso social” del régimen. Era otro país, pero los pobres siguen allí, frente al desinterés de dos sexenios panistas que hicieron poco por atenderlos.

Convertir a la Sedesol en la punta de lanza para una revolución social requiere imaginación y legitimidad. Lo primero supone un titular con amplio conocimiento en el sector, capaz de convocar a sus pares para evaluar lo realizado hasta ahora y para diseñar propuestas innovadoras, ambiciosas y efectivas. Rosario Robles carece de esa experiencia.

La elección del titular de la Sedesol tendría que tener los mismos criterios que la designación de un secretario de Hacienda: un especialista con experiencia y credibilidad nacional e internacional y que no esté contaminado por una obvia agenda política. Sólo de esa manera Peña Nieto podrá convencernos de que cuando habla de los pobres, no está pensando simplemente en los votos.
05 Enero 2014 05:00:36
La derrota de la calle
El primer año de gobierno deja al Presidente con lecciones aprendidas. Me temo que algunas de ellas no son favorables para el desarrollo de instituciones y prácticas que favorezcan la vida democrática. ¿Qué aprendió Enrique Peña Nieto en estos primeros 13 meses?

Aprendió que la calle ladra pero no muerde. El Mandatario de los últimos meses contrasta notablemente con el presidente electo que los meses previos a su toma de posesión anunciaba medidas democráticas para apaciguar a los críticos (#YoSoy132, entre otros). Apenas 10 días después de su triunfo en las urnas anunció, entre otros propósitos: crear una Comisión Nacional Anticorrupción; ampliar facultades del IFAI para transparentar la información de estados y
municipios; crear una instancia ciudadana para supervisar contratación de publicidad oficial; acelerar reformas económicas para mejoría del bienestar de la mayoría. Eran momentos de preocupación porque el porcentaje con el que había ganado resultó menor al esperado y aún no se apaciguaban los escándalos de Monex y otros excesos de campaña.

Trece meses después sólo las reformas económicas han prosperado y muchos cuestionarían que sirvan al bienestar de la mayoría. El resto de la agenda, como dirían los tapatíos, “ya no se ocupa”. Al final, el #132 se diluyó, aprendió que la crítica en las redes se apaga pronto y que las marchas de protesta se desinflaron. Hay un gran trecho entre el Peña Nieto que anunció su reforma petrolera mencionando a Lázaro Cárdenas más de una docena de veces para
tranquilizar a la izquierda, con ese otro Peña Nieto que presume este diciembre una ley que permite romper tabúes del pasado.

La principal lección que recoge Peña Nieto de su primer año de gestión es que no necesita a la izquierda, ni desgastarse en largas negociaciones o en sacrificadas concesiones. Después de 10 meses de intentar sacar sus reformas por acuerdos unánimes con PRD y PAN, terminó por convencerse de que los azules constituyen un aliado más cómodo y seguro. En lugar de hacer concesiones a uno y otro bando para terminar con leyes llenas de parches, ahora sabe que
basta con hacer algunos guiños a la derecha para concretar sus iniciativas constitucionales. Para las restantes ni siquiera necesita al PAN, le bastan sus satélites para alcanzar el 50% más uno que requiere en la Cámara.

El Presidente arrancó el sexenio convencido de que el Pacto por México y la firma del PRD en sus proyectos de reforma, eran necesarias para evitar ser rebasado por la calle. Había el temor fundado de que las nuevas leyes, sobre todo la fiscal y la energética, podrían provocar inestabilidad y malestar popular. Pero no fue así: las divisiones de la izquierda, la declinación de la popularidad de López Obrador o el cansancio y la desarticulación de la sociedad no dieron para
más.

Este año Peña Nieto también aprendió que la opinión pública mundial está dominada por los intereses del mercado, no por Amnistía Internacional. Bastó que se anunciara la reforma energética que permitirá la participación de capitales foráneos en la explotación petrolera, para que el Mandatario mexicano fuera aplaudido en las metrópolis como un jefe de Estado con dimensiones históricas. Poco importó que la desigualdad social haya seguido creciendo durante su gestión,
que la inseguridad pública mantenga las cotas salvajes del pasado o que la corrupción no haya cedido un ápice.

Aprendió que la manipulación de las élites sindicales es más rentable que la introducción de reformas encaminadas a transparentar la vida laboral en el país. El encarcelamiento de Elba Esther Gordillo no es una limpia, sino un golpe de Estado al interior de la organización gremial del magisterio gracias al cohecho de los líderes que sustituyeron a la Maestra. En otras palabras, la remoción de Elba no favoreció a las bases, sino a las cúpulas que ascendieron a su puesto. La
misma lección puede desprenderse en Pemex: la reforma energética no supuso una negociación con los trabajadores, sino con la camarilla corrupta que encabeza Romero Deschamps para neutralizar a estos trabajadores.

En suma, Peña Nieto inicia el 2014 con un talante mucho menos inclinado a la negociación y más a la ejecución expedita. No me refiero a sus convicciones personales, ni a su vocación democrática, cualquiera que ella sea. Hablo de la correlación de fuerzas: una oposición dividida y el fracaso de la calle para influir en la cosa pública le dejan con la peligrosa percepción de que los consensos no son necesarios, después de todo. Es una buena noticia para la operación
política; pero una mala para el proceso democrático.
27 Octubre 2013 03:06:13
José no era gente
La noticia es brutal: José Sánchez, de 38 años, murió en Guaymas por desnutrición y por ser desatendido luego de estar tirado durante cinco días afuera de un hospital del sistema público de Salud de Sonora. En un video filmado horas antes de su muerte José describe de manera dramática que tiene tres semanas sin comer; sus brazos de delgadez cadavérica confirman lo que sus palabras, a ratos incoherentes, sólo permiten intuir.

José carecía de dinero o de las credenciales que lo acreditaran como miembro del servicio asistencial; requisitos indispensables para ser considerado un ser humano por doctores y directivos del hospital en cuestión. No sé si las camas estaban todas ocupadas y los servicios de urgencia saturados. Pero el hecho de que alguien se muera de inanición afuera de un hospital tras cinco días de agonía me hace pensar que se trata más de un caso de deshumanización e indiferencia que de falta de recursos.

Puedo entender, aunque no justificar, que personas como José Sánchez no sean “gente” para el sistema de salud. Las instituciones cosifican a los seres humanos y los convierten en casos, estadísticas, objetos sometidos a normas. Lo que me cuesta trabajo tragar es la actitud de doctores, enfermeras y funcionarios que vieron una vida diluirse día tras días ante sus ojos y su indiferencia criminal.

Que José Sánchez no sea “gente” para el sistema de salud sonorense ya es lamentable. Pero que no sea “gente” para otras gentes revelan que algo anda mal en nuestro sistema de valores y en el diluido tejido social que construye nuestra convivencia.

Al respecto recuerdo un relato de la sierra potosina que me comentó una colega periodista. Por allá en los años 20, en el marco de las revueltas posrevolucionarias, cuando las distintas facciones disputaban el control de cada región, la población potosina pasaba las de Caín para transitar y no morir en el intento (más o menos como hoy día por algunas zonas de Michoacán y Guerrero debido al crimen organizado). Sorprendida por un retén al caer la noche, una familia fue conminada a gritos a que se identificara: “¿Quién anda allí? ¿Son gente de Rojas o son gente de González?”. Temerosos de las represalias que cualquiera de las dos opciones pudiera desencadenar, los vecinos respondieron de inmediato: “No siñor, nosotros no somos gente”.

El video de José Sánchez me hizo recordar a esa familia potosina. Como ellos, José tampoco era “gente”. En sus palabras no hay ni siquiera indignación. Describe la negativa de los médicos para atenderlo casi como algo natural, sin agravios ni resentimiento aparente, como alguien que asume que no es “gente” porque nunca perteneció a los Rojas ni a los González; porque nunca tuvo dinero ni credencial que lo acreditara; porque no fue tratado como si fuera gente por parte del personal hospitalario.

José describe, con voz dulce y sin inflexiones lastimeras, su debilidad extrema, su incapacidad para poder caminar. Venía de Chihuahua y había estado trabajando en la pisca de la sandía hasta que se lastimó la espalda. Explica que afuera del hospital simplemente le dijeron que se quitara la ropa para que se le refrescara. Murió deshidratado y desnutrido.

Tampoco es que se trate de linchar a médicos y enfermeras. Frente al escándalo que el video de José ha desatado en redes sociales, el director del hospital ha sido destituido y se ha ordenado una investigación. Con eso las autoridades cubren el expediente e intentan que el papeleo termine por sepultar el infame caso.

En realidad todos somos un poco responsables. ¿Qué habríamos hecho usted y yo si trabajásemos en ese hospital o si fuésemos vecinos y hubiésemos pasado cinco días seguidos frente al cuerpo de José tirado en el pavimento? ¿Cuántas veces hemos pasado de largo ante cuerpos de indigentes a los que no les damos más atención de la que prestaríamos a un tronco o, peor aún, los asumimos como un incidente desagradable en la escenografía de la calle? La etimología de indigente no procede de “indiferencia de la gente” pero bien podría hacerlo, porque casi se ha convertido en sinónimo.

El egoísmo deshumanizado en el que transcurren nuestras vidas se alimenta de muchas fuentes: el consumismo, el éxito como quintaesencia de la felicidad, la confusión entre ser y tener, el cinismo, el atrincheramiento en nuestros propios círculos y el desdén por todo lo que entrañe vida pública o comunidad. En suma, por la incapacidad de solidarizarnos o conmovernos por todo aquello que no sea nosotros mismos o aquello a los que consideramos “gente”. Al parecer, José no lo era. (liga al video: bit.ly/1aj44ix).
13 Octubre 2013 04:00:09
Test para (in) tolerantes
Ser demócrata, solidario y buena persona es tan fácil como amar a la humanidad desde lejecitos. Basta con tener una idea beatífica y respetuosa de los derechos humanos y las causas políticamente correctas. Sufrir sus inconveniencias de cerca y en propia piel, ya es otra cosa. La tolerancia es un concepto que a todos nos acomoda cuando se ejerce desde el terreno de las ideas y de las frases de bronce. Porque en principio nadie es intolerante por motu proprio, de la misma manera que ningún corrupto se considera un canalla. Siempre hay “razones” que justifican un acto de intolerancia, faltaba más. El problema es que en ocasiones sólo hay ese tipo de razones; el día menos pensado el paladín de la democracia que uno creía ser, termina comportándose como el peor facho de barrio.

El camino que lleva de la conmiseración por los problemas de los otros al atrincheramiento tras la tapia de nuestros privilegios y comodidades, es sutil e imperceptible. La cucaracha kafkiana en la que amanecemos convertidos no suele gestarse de la noche a la mañana; es sólo que no reconocemos a tiempo los signos de la metamorfosis.

Con el ánimo de ofrecer algunas alertas he preparado el siguiente test de autoevaluación. Carece de validez científica, pero ese rasgo nunca ha impedido a las pastas de dientes mostrarse como la panacea de su boca.

1.- Las marchas. Cuando usted se ve atrapado o retrasado por una congestión vial producto de alguna marcha o plantón:
a) Intenta enterarse del motivo de la manifestación y al pasar ofrece voces de aliento
b) Considera que es incómodo, pero asume que es el precio a pagar por una democracia viva
c) Podría estar de acuerdo con los derechos de los manifestantes, pero considera inaceptable la violación de derechos de terceros (los suyos).
d) Marchas y plantones que afecten a terceros deben ser combatidos con todo el peso de la ley, sin importar el costo político.

2.- El día de las elecciones
a) Suele votar invariablemente
b) Sólo vota cuando considera que hay un candidato o un partido en el que confía.
c) Rara vez vota, no le interesa la política
d) Votar no sirve de nada, todos los políticos son unos sinvergüenzas.

3.- La proliferación de mendigos en las calle:
a) Son personas que están en el infortunio; entregar una moneda o una ayuda es lo menos que puede hacerse.
b) Ofrece ayuda sólo cuando le conmueve el mendicante.
c) Quisiera ayudar, pero asume que ésa no es la mejor manera y sólo reproduce la mendicidad.
d) Nunca. Detrás de cada pordiosero hay un ladrón o un holgazán.

4.- Dos jóvenes del sexo masculino se besan en una banca del parque:
a) Bien por los tiempos que vivimos. No tenemos nada que envidiar a San Francisco.
b) Como en el caso de cualquier pareja heterosexual, bienvenidas las señales de afecto, siempre y cuando no ofrezcan un espectáculo bochornoso en público.
c) No juzga, pero la exhibición de tales inclinaciones sexuales deberían dejarlas para la vida privada.
d) Asqueroso, porque el parque es un espacio para las familias. Deberían ser llevados a la cárcel.

5.- Una mujer en sus cuarentas pasea por la calle tomada de la mano de un hombre en sus treintas. Usted calcula una diferencia de edad de entre 10 y 15 años.
a) Viva el amor en todas sus acepciones. Si el hombre fuese el mayor sería considerada una pareja “normal”.
b) Tendrán pocas posibilidades por el entorno adverso, pero espera que lo pasen bien mientras dure.
c) Una relación anómala. La mujer probablemente sea una cougar con la conquista del momento.
d) Perverso. Alguien tendría que alertar a la familia del joven.

Otórguese usted 3 puntos por cada respuesta a); 2 puntos por respuesta b); 1 punto por c) y ninguno por d). Un score de 12 a 15 puntos indicaría que usted es un alma libre, solidaria y participativa. Probablemente le esperen algunos desengaños en el camino; disfrute su bonhomía mientras dure y muchas felicidades si le dura toda la vida.

Un score de 8 a 11 puntos revela un espíritu optimista pero documentado. Considera que las cosas tienen remedio a condición de no pecar de ingenuo. Las causas deben ganarse su confianza, pero una vez que la otorga es generoso y participativo. Usted sigue siendo clave para la salud de la vida pública.

Un puntaje de 3 a 7 puntos muestra a un pesimista crónico, con poca tolerancia a lo que escape a las convenciones en las que usted se encuentra cómodo. Confía casi exclusivamente en lo que puede hacer por sí mismo y recela de la vida pública.

Cero a dos puntos lo coloca a usted en una zona escepticismo e intolerancia al límite. Le aconsejo no guardar armas de fuego en casa. Mejor aún, le aconsejo guardarse usted en su casa.

@jorgezepedap
http://www.jorgezepeda.net
06 Octubre 2013 04:06:53
Historia de dos oficios y una infamia
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, dijo Dickens, con tal tino que la frase se ha repetido a lo largo de 150 años para toda ocasión. Y sin embargo lo trillado no le quita lo pertinente, a tal grado que me resulta perfecta para describir lo que está sucediendo con el periodismo.

El peor de los tiempos, desde luego. Nadie ignora que las nuevas generaciones no leen el periódico ni en defensa propia y que cada suscriptor fallecido significa un recurso no renovable perdido para siempre. El fenómeno es planetario y preocupa de igual manera al New York Times que a Le Monde o a El País.

Ciertamente algunos diarios regionales se defienden mucho mejor en las ciudades medias. Pulso de San Luis Potosí sigue creciendo en circulación, y otros como Siglo de Torreón, Diario de Yucatán, Imparcial de Hermosillo, AM de León, o El Informador de Guadalajara mantienen su preeminencia gracias a su larga vocación como representantes de sus comunidades.

Pero son casos excepcionales. Los diarios nacionales viven ya una tragedia de proporciones darwinianas. A largo plazo la prensa escrita que hoy conocemos dará paso a publicaciones de circulación restringida a nichos especializados y perderá su carácter de medio masivo de comunicación.

Pero es también el mejor de los tiempos. El periodismo, entendido llanamente como la actividad profesional que consiste en recabar información de actualidad y difundirla de manera pública, vive en cierta forma su época de oro. Nunca como ahora habían existido tantos instrumentos y plataformas para informar de manera tan oportuna y masiva. Hace apenas 12 años transmitir esta columna a una veintena de diarios en el país era un trabajo que implicaba cuatro horas de pleitos y frustraciones con el fax y un sinnúmero de llamadas telefónicas de confirmación. Hoy requiere, literalmente, cinco segundos y un teclazo. Escribir, documentarse, filmar, grabar audio o fotografiar nunca había sido tan fácil como ahora.

Y si hablamos del alcance de nuestro trabajo la escala es brutal. Por vez primera los periodistas podemos ser vistos o leídos simultáneamente en Los Ángeles o Buenos Aires, en Cotija o en Cajeme. Antes del advenimiento del mundo digital la llamada prensa nacional en realidad era un mito: Difícilmente trascendía al Distrito Federal. Hoy el tráfico de un portal de noticias como El Universal o Sinembargo.mx se compone de un 50 por ciento de usuarios del resto del país y alrededor de 5 por ciento del extranjero. Estas líneas serán leídas por varios miles de paisanos en Estados Unidos al mismo tiempo que usted lo hace. Algo impensable en los tiempos del papel, tinta, kioscos y voceadores.

Para desgracia del periodismo profesional este maravilloso andamiaje de instrumentos, dispositivos y plataformas se ha vuelto en contra nuestra: Ahora todo usuario de redes y del ciberespacio es un “periodista” potencial. O por lo menos así lo asume la opinión pública. Nunca como ahora había existido tal sobreabundancia de información gratuita, masiva e inmediata. Twitter o Facebook informan de manera más oportuna que cualquier medio profesional porque tiene un “reportero” en cada usuario. Ningún medio puede competir contra eso.

En el fondo no es así. ¿Pluralidad? Sí, pero también estridencia y falsificación. La información se ha confundido con el espectáculo y el entretenimiento, la seudoinformación y el rumor se han disfrazado de noticias.

Nunca como ahora la opinión pública había sido tan intensamente informada; nunca como ahora había sido tan intensamente desinformada.

Hoy más que nunca se necesita el oficio periodístico para dotar de veracidad, contexto y pertinencia a la información. El papel de “curador” de la noticia es absolutamente imprescindible para desbrozar el trigo de la paja.

Me preocupa que en la constelación de blogs, redes, portales, diarios gratuitos que hoy en día arrojan olas incesantes de datos, hechos y opiniones, nadie desempeñará el insustituible papel que cumplía un buen diario tradicional: Ser el vehículo defensor y representante de los intereses de una comunidad en particular. Diarios como los citados arriba son el alter ego de su región, revelan tendencias y velan por el presente y el porvenir de sus ciudadanos, buscan alimentar a su opinión pública con todo aquello que le permita tomar decisiones y participar en el debate público; constituyen la arena a través de la cual parte de la comunidad se comunica con el resto de la comunidad. En suma, el diario líder de una ciudad constituye punto de encuentro e identidad para una región o ciudad.

No está claro si en el futuro habrá un modelo de negocio que permita financiar a una planta de periodistas profesionales en las nuevas plataformas. Como sabemos, la información es gratuita en la blogosfera, lo cual hace muy difícil profesionalizar la producción de noticias: lectores y anunciantes no están “comprando” noticias y espacios publicitarios como lo hacían en papel y, por ende, no están financiando redacciones sustentables de periodistas de tiempo completo en los portales. Es un tema complejo y preocupante que abordaré en otro momento. Algunos dicen que nuestro oficio comenzará a ser otro. Quizá, pero me preocupa que en ese proceso la información recabada profesionalmente, verificada, investigada y pertinente para la comunidad termine siendo sustituida por la estridencia y el espectáculo.

Sería una infamia perder a las Aristegui a manos de las Laura Bozzo. ¿No cree usted?

@jorgezepedap
http://www.jorgezepeda.net
29 Septiembre 2013 04:06:02
Los corruptores
Me temo que lo más importante del destino de los mexicanos se decide en los comederos políticos de Polanco y no en las cámaras legislativas o en las oficinas de Gobernación o Hacienda. Es allí, en las charlas de sobremesa entre presidentes de partidos, secretarios de Estado y coordinadores de fracciones parlamentarias, donde se tejen los acuerdos que definen la vida pública.

Quizá por ello el trabajo periodístico profesional se vuelve tan difícil e incluso frustrante. Tratar de recomponer lo que sucedió en lo oscurito entre los actores del poder es una empresa fortuita y sembrada de incertidumbres e inexactitudes. Después de todo, el periodista no está presente en una conversación entre Manlio Fabio Beltrones y el presidente de un partido, en la que se negocian los términos de una nueva iniciativa de ley, ni posee un micrófono debajo de la mesa. Peor aún, lo que el periodista llegue a conocer será resultado de lo que cada uno de los protagonistas quiera contarle.

A lo largo de 20 años de ejercer el periodismo he acumulado una gran cantidad de información sobre las maneras en que opera la clase política en diversas circunstancias: sus códigos no escritos, la relación con los medios de comunicación, las modalidades de corrupción que existen en los distintos niveles, las maneras en que los poderes fácticos se vinculan entre sí. Mucha de esa información es impublicable. No por falta de ganas, sino por la imposibilidad de recaudar las evidencias que la documenten. Una cosa es saberlo, y otra poder demostrarlo de acuerdo con códigos profesionales.

En parte por ello es que escribí “Los Corruptores”, una novela política de suspenso, bajo el sello de editorial Planeta. El asesinato salvaje de la actriz Pamela Dosantos, amante del secretario de Gobernación del país provoca una crisis cuando se revela que la mujer atesoraba secretos de Estado sobre diversos miembros de las élites mexicanas. Los personajes son ficticios, pero los secretos que se van descubriendo, con ligeras modificaciones, forman parte de esa pila de expedientes que como periodista venía acumulando en mi gaveta de “casos impublicables”.

Justamente uno de los cuatro personajes centrales es Tomás Arizmendi, un columnista desencantado del oficio quien publica, sin percatarse, un dato sobre la muerte de Dosantos que se convertirá en un escándalo. Su artículo le ganará el rencor de los poderosos y la mafia, y para sobrevivir tendrá que develar los secretos de Pamela y descubrir al autor de su muerte.

La trama me da la posibilidad de construir un fresco sobre la clase política como no lo había podido realizar en mi trabajo periodístico a pesar de haber publicado o coordinado libros como “Los Suspirantes”, “Los Amos de México” o “Los Intocables” (todos ellos perfiles biográficos de miembros de la clase dirigente). La novela me permite desarrollar personajes y situaciones que se comportan fielmente a lo que he captado a lo largo de 20 años de vivir profesionalmente con hombres y mujeres de poder de nuestro país. En ese sentido he descubierto como autor lo que ya había percibido como lector: la literatura ofrece visiones adicionales y complementarias para entender la realidad, en este caso la manera en que opera el poder en México.

Martín Luis Guzmán escribió a fines de los años 20 dos novelas, “El Águila y la Serpiente” y “La Sombra del Caudillo”, para explicar con mayor profundidad que cualquier análisis político las infamias de los regímenes posrevolucionarios, particularmente el de Obregón. Luis Spota en los años 60, 70 y 80 hizo la mejor descripción de la clase política que se ha hecho en México a golpe de novelas que dejaban muy poco a la imaginación. En ese sentido es el mejor cronista que hemos tenido de los intríngulis de la vida pública. Héctor Aguilar Camín hizo lo propio con sus novelas “Morir en el Golfo” (1985) y “La Guerra de Galio” (1990). Un verdadero tratado de antropología de los especímenes de estos años.

Toda proporción guardada, “Los Corruptores” intenta ofrecer claves similares de los políticos que nos toca padecer en esta época, luego de 12 años de alternancia y en pleno regreso del PRI (la obra está ambientada en diciembre de 2013). Es una novela sobre la amistad, el amor y sus desengaños, pero con el telón de fondo de los usos y abusos del regreso del presidencialismo en nuestra atribulada y frágil democracia. El presidente se llama Alonso Prida y no Enrique Peña Nieto; el secretario de Gobernación lleva por nombre Augusto Salazar, “Los Corruptores” me ha permitido decir lo que no había podido sobre todos los que les rodean. Espero la disfruten.
29 Septiembre 2013 04:00:36
Los corruptores
Me temo que lo más importante del destino de los mexicanos se decide en los comederos políticos de Polanco y no en las cámaras legislativas o en las oficinas de Gobernación o Hacienda. Es allí, en las charlas de sobremesa entre presidentes de partidos, secretarios de Estado y coordinadores de fracciones parlamentarias, donde se tejen los acuerdos que definen la vida pública.

Quizá por ello el trabajo periodístico profesional se vuelve tan difícil e incluso frustrante. Tratar de recomponer lo que sucedió “en lo oscurito” entre los actores del poder es una empresa fortuita y sembrada de incertidumbres e inexactitudes. Después de todo, el periodista no está presente en una conversación entre Manlio Fabio Beltrones y el presidente de un partido donde se negocian los términos de una nueva iniciativa de ley, ni posee un micrófono debajo de la mesa. Peor aún, lo que el periodista llegue a conocer será resultado de lo que cada uno de los protagonistas quiera contarle.

A lo largo de veinte años de ejercer el periodismo he acumulado una gran cantidad de información sobre las maneras en que opera la clase política en diversas circunstancias: Sus códigos no escritos, la relación con los medios de comunicación, las modalidades de corrupción que existen en los distintos niveles, las maneras en que los poderes fácticos se vinculan entre sí.

Mucha de esa información es impublicable. No por falta de ganas, sino por la imposibilidad de recaudar las evidencias que la documenten. Una cosa es saberlo, y otra poder demostrarlo de acuerdo a códigos
profesionales.

En parte por ello es que escribí Los Corruptores, una novela política de suspenso, bajo el sello de editorial Planeta. El asesinato salvaje de la actriz Pamela Dosantos, amante del secretario de Gobernación del país provoca una crisis cuando se revela que la mujer atesoraba secretos de Estado sobre diversos miembros de las élites mexicanas. Los personajes son ficticios, pero los secretos que se van descubriendo, con ligeras modificaciones, forman parte de esa pila de expedientes que como periodista venía acumulando en mi gaveta de “casos impublicables”.

Justamente, uno de los cuatro personajes centrales es Tomás Arizmendi, un columnista desencantado del oficio quien publica, sin percatarse, un dato sobre la muerte de Dosantos que se convertirá en un escándalo. Su artículo le ganará el rencor de los poderosos y la mafia, y para sobrevivir tendrá que develar los secretos de Pamela y descubrir al autor de su muerte.

La trama me da la posibilidad de construir un fresco sobre la clase política como no lo había podido realizar en mi trabajo periodístico a pesar de haber publicado o coordinado libros como Los Suspirantes, Los Amos de México o Los Intocables (todos ellos perfiles biográficos de miembros de la clase dirigente).

La novela me permite desarrollar personajes y situaciones que se comportan fielmente a lo que he captado a lo largo de veinte años de vivir profesionalmente con hombres y mujeres de poder de nuestro país.

En ese sentido he descubierto como autor lo que ya había percibido como lector: la literatura ofrece visiones adicionales y complementarias para entender la realidad, en este caso la manera en que opera el poder en México.

Martín Luis Guzmán escribió a fines de los años 20 dos novelas, El Águila y la Serpiente y La Sombra del Caudillo, para explicar con mayor profundidad que cualquier análisis político las infamias de los regímenes posrevolucionarios, particularmente el de Obregón.

Luis Spota en los años que 60, 70 y 80 hizo la mejor descripción de la clase política que se ha hecho en México a golpe de novelas que dejaban muy poco a la imaginación. En ese sentido es el mejor cronista que hemos tenido de los intríngulis de la vida pública. Héctor Aguilar Camín hizo lo propio con sus novelas Morir en el Golfo (1985) y La Guerra de Galio (1990). Un verdadero tratado de antropología de los especímenes de estos años.

Toda proporción guardada, Los Corruptores intenta ofrecer claves similares de los políticos que nos toca padecer en esta época, luego de 12 años de alternancia y en pleno regreso del PRI (la obra está ambientada en diciembre de 2013). Es una novela sobre la amistad, el amor y sus desengaños pero con el telón de fondo de los usos y abusos del regreso del presidencialismo en nuestra atribulada y frágil democracia. El presidente se llama Alonso Prida y no Enrique Peña Nieto; el secretario de Gobernación lleva por nombre Augusto Salazar, pero aun con personajes de ficción, Los Corruptores me ha permitido decir lo que no había podido sobre todos los que les rodean. Espero la disfrute.

@jorgezepedap
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22 Septiembre 2013 04:04:31
Llueve sobre mojado
Estar contigo es estar solo dos veces, podríamos decir los ciudadanos al Gobierno parafraseando llueve sobre mojado del compositor Fito Páez, a propósito de las inclemencias naturales. Y nunca mejor aplicado el título de su canción.

No suficiente con padecer las destemplanzas del calentamiento global, los mexicanos tenemos que sufrir la traición de autoridades que hicieron terraplenes para deslaves que se deslavan, cauces de ríos y canales que se salen de madre, presas que no apresan y asentamientos humanos a los que se les regulariza el predial, pero no la infraestructura.

No le estamos pidiendo a la autoridades que frenen el calentamiento global, faltaba más. Simplemente que no lo empeoren. Construir aeropuertos en zonas pantanosas no está chido, diría mi sobrina. Cargarse a los humedales y zonas de bosque para recibir comisiones del capital inmobiliario tampoco. Construir hasta la orilla del mar piscinas de hotel suena paradisiaco aunque para ello se eliminen las dunas y esteros que protegían la arena, verdadera infraestructura del turismo.

Entendemos que contra el calentamiento global poco puede hacer un gobernador o un alcalde. Supongo que hay una cuota que pagar por el privilegio de pertenecer al género humano en tiempos de iPhone y agua embotellada más cara que la leche. Si Al Gore no ha podido evitar los efectos de El Niño o las granizadas de cacalotes, mucho menos lo harán nuestras autoridades. Pero no les estamos pidiendo que rellenen la falla de San Andrés. Simplemente que no construyan carreteras en las que su comisión va con cargo a la vida de los usuarios.

Vamos, ni siquiera les pedimos el sacrificio inadmisible de que renuncien a su “gratificación” (sería deseable, pero habría que ser realistas). Lo que exigimos es que esa comisión no salga de meter arena en lugar de cemento o de diseñar curvas a ojo de buen cubero. ¿Exagero? Vea usted:
Esta semana nos enteramos de que La Autopista del Sol, que comunica la Ciudad de México con Acapulco, es una cloaca. “Un diagnóstico de la pasada administración federal encargado por Capufe reportó 100 kilómetros con problemas y 55 más con hundimientos, así como malos cortes de cerros que, al no tener 45 grados de inclinación sino 60, permitieron resquebrajamientos e incremento de desgajamientos”, reporta el diario Reforma. Y eso que la carretera había sido reconstruida recientemente a razón de 3.6 millones de dólares por kilómetro, para una inversión total cercana a los mil millones de dólares. Originalmente el presupuesto era de 1.1 millones de dólares por kilómetro cuadrado, pero se triplico porque… (¿hace falta explicarlo?).

El asunto huele a corrupción por donde se le mire y no nos sorprende, pero no debería oler a muerte. Los mexicanos se han acostumbrado a pagar un extra para agilizar una diligencia, cubrir el costo de una fotocopia inesperada para no perder el lugar en la ventanilla de un trámite, ofrecer una propina al franelero, para proteger al auto del franelero en ausencia nuestra. Lo que no se vale es que el franelero raye el auto a pesar de la propina o que el de la fotocopia se embolse el dinero y nunca cumpla el encargo.

No sé cuánto de esos mil millones de dólares que costó la reconstrucción de la Autopista del Sol se repartió en comisiones y mordidas. Eso lo dirá la autoridad (es una frase: La autoridad tampoco va a decirlo). Supongo que mucho porque un presupuesto puede aumentar 30%, no 300% a menos que exista negligencia y abuso flagrante.
Pero lo que resulta imperdonable es que a pesar de “la comisión” se haya construido una carretera criminal. Los deslaves, las caídas de puentes y los asentamientos construidos a la vera de terraplenes acabaron costando vidas.

Y estamos hablando de una de las obras que goza de mayor visibilidad en el país. No quiero imaginarme de que están hechas carreteras secundarias, bordos y presas ocultas a la vista o cimentaciones de torres de electricidad.

El gobierno informó que por las lluvias de los últimos días 90 tramos carreteros están afectados a lo largo del país, muchos de ellos intransitables. Puentes caídos, pavimentos destruidos, derrumbes. ¿Cuántos de ellos podemos achacarlos a la corrupción y cuántos a los caprichos del planeta?
Y para seguir con Fito Páez, “Y, al final, sale un sol incapaz de curar las heridas de la ciudad”, porque las lluvias se irán pero la corrupción seguirá allí, esperando mostrarnos su cara criminal que convertirá en catástrofe la siguiente emergencia ecológica.

@jorgezepedap
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15 Septiembre 2013 04:08:13
Maestros: no basta tener la razón
No sé si los maestros de la CNTE tienen la razón o parte de ella en su impugnación de las leyes sobre el magisterio recién aprobadas. Defienden prebendas gremiales, algunas a favor de una mejor educación y otras no tanto. Por lo general, me parece que la expresión en la calle o “de la calle” para cuestionar actos de la autoridad es sana; evita que la sociedad termine siendo rehén de diputados y burócratas que negocian el destino de todos a partir de acuerdos de cúpula.

Pero el caos que desencadenó la CNTE en el DF demuestra que en política no basta tener la razón (asumiendo sin conceder que la tuvieran en esta ocasión). El éxito en la política reside en un juego de sumas, no de restas. Y la CNTE jugó a las restas. Se puede tener la razón, pero se necesita convencer para vencer.

No cuestiono su plantón en el Zócalo a lo largo de varias semanas. Nos guste o no, es el escenario en el que se desenvuelve nuestra vida pública, tanto para actos de la autoridad como de los ciudadanos. Los tendidos de plásticos nunca son bonitos, pero es más bonito tener una comunidad viva.

Lo que no tiene nada de bonito fue la estrategia de la CNTE de ahorcar vialidades importantes de la ciudad mediante bloqueos en vías clave (Periférico, Constituyentes, Reforma, etc.). Condenó a cientos de miles de ciudadanos a convertirse en instrumento de chantaje político en contra de su voluntad. Fue el mecanismo que los maestros utilizaron para presionar a las autoridades, pero con cargo a terceros. Una manera muy eficaz de preocupar a los gobernantes, aunque también de enajenarse el favor de la opinión pública, incluyendo sectores potencialmente aliados.

Y en política la soberbia castiga. Como también fue una soberbia no permitir a Andrés Manuel López Obrador utilizar el Zócalo para su protesta en contra de la reforma energética. Ni siquiera necesitaban levantar por completo su plantón. Se trataba de un aliado estratégico al que trataron con arrogancia y falta de miras.

Con frecuencia he encontrado esta cerrazón contraproducente en activistas sociales y en líderes de movimientos populares. Están convencidos de que les asiste la razón y consideran que el valor moral de sus causas justifica cualquier mal menor; en este caso, afectar la vida de millones de capitalinos. Como si la ética que entraña sus reivindicaciones (los derechos de los maestros) les eximiera de otras consideraciones éticas (el derecho de los ciudadanos a transitar).

Durante su estancia en la capital los maestros tendrían que haber hecho una labor pedagógica con los ciudadanos para mostrar las razones de su movilización. Explicar que no sólo defienden prebendas del magisterio, sino que también protestan por las incongruencias de una ley improvisada y llena de parches. Yo tuve que leer en textos de especialistas las inconsistencias del proyecto de ley presentado por el Ejecutivo y las implicaciones que eso tendría en la calidad de la educación. La CNTE hizo muy pocos esfuerzos para explicarlas.

Los movimientos sociales populares tendrán éxito sólo en la medida en que aprendan estrategias democráticas: apelar a otros sectores sociales, influir en la opinión pública, mostrar valores morales superiores a su adversario. Con lo anterior no quiero pecar de ingenuidad. No es fácil influir en la opinión pública cuando los poderes factuales tienen a su favor la maquinaria mediática. Y, desde luego, estamos muy lejos de vivir bajo reglas democráticas. Pero esta alternativa es mejor que apostar a la confrontación ciega y al desprecio de cualquier otro derecho que no sea el propio. Por esa vía obtusa al final se encontrará una respuesta autoritaria, y, peor aún, será avalada por la opinión pública contraria a los abusos de los manifestantes por la nula incomprensión de las causas que defienden.

Hoy tendría que haber muchos ciudadanos indignados por el desalojo de los maestros. No es así. Observo a muchos capitalinos contentos de recuperar el Zócalo para la verbena del 15 y el desfile del 16. Y muchos más abrigando la esperanza de que ese desalojo signifique que ya no habrá más colapsos vehiculares por las marchas de la CNTE en los próximos días.

La única defensa que posee un movimiento popular para evitar ser barrido por el Estado es la factura política que tal represión desencadena. Y esa factura política se eleva concitando la empatía de la opinión pública nacional e internacional. La CNTE hizo todo lo necesario para unir esa opinión pública en su contra. Una mala lección de los maestros.
08 Septiembre 2013 04:06:50
La marcha: No sólo el tamaño importa
Nunca te enamores de una maestra oaxaqueña; tarde o temprano se va a marchar, rezaba un tuit hace unos días. Y tenía razón. Los maestros de la CNTE predeciblemente marchan y los lopezobradoristas también. Y este domingo coinciden en la madre de todas las marchas: La convocada por Morena y Andrés Manuel López Obrador para protestar en contra de la reforma energética y “defender el nivel de vida de los mexicanos”.

Esta marcha es decisiva por varias razones. Primero, por el músculo que la protesta logre mostrar ante la opinión pública. Si sólo 50 mil acuden al llamado de AMLO, el Gobierno podrá respirar tranquilo: Encontrará obstáculos a su reforma aunque muy transitables considerando el peso de la maquinaria estatal. No obstante, tal escenario es poco probable. Hace apenas una semana Cuauhtémoc Cárdenas casi logró ese número en una marcha sin recursos y convocada con poca anticipación.

En el otro extremo, si la izquierda logra reunir cifras en torno a los 800 mil o un millón de manifestantes, como en los mejores tiempos del 2005 y 2006, el Gobierno de Peña Nieto y la sociedad en su conjunto difícilmente podrán ignorar el riesgo que representa desoír una oposición de tal magnitud.

Por lo demás, no sólo importa el número; también la actitud. Ya vimos cómo 30 mil maestros decididos pusieron en jaque a la Ciudad de México durante los últimos días. Por lo mismo, como en tantas cosas en la vida, no sólo importa el tamaño. Al final del acto en el Zócalo, López Obrador dará a conocer el tono e intensidad de las acciones de resistencia que habrán de llevarse a cabo. En otras palabras, la marcha, siendo importante, es apenas el primer acto de un drama político que habrá de desarrollarse en los próximos meses. Aunque otra vez, comenzar con 50 mil o con 800 mil hace una enorme diferencia para sentar el tono y la intensidad de lo que habrá de venir.

Para López Obrador y para Enrique Peña Nieto será un momento político decisivo. Por un lado, Morena enfrenta serias dificultades en su cruzada para convertirse en partido político; la integración de firmas no ha caminado con la presteza deseada. La lucha en defensa del petróleo puede ser su tumba o su reivindicación, dependiendo del resultado. Para el mismo tabasqueño se trata de un tema de orgullo personal, de biografía, de convicción. Recordemos que él saltó a la palestra nacional cuando en 1996 encabezó bloqueos a instalaciones petroleras de Tabasco para exigir indemnizaciones a más de 40 mil campesinos y pescadores afectados por las actividades de Pemex. La foto de su cabeza descalabrada y ensangrentada fue portada de los diarios nacionales y lo convirtió en el candidato inevitable para la dirigencia del PRD meses más tarde.
Y para Peña Nieto una derrota en esta reforma sería desastrosa. No sólo se trata de la más importante en cuanto a la reactivación económica; es también aquella en la que el Gobierno ha invertido más capital político, tanto en materia de negociaciones como de bombardeo mediático.

Más allá de lo que se estén jugando en esta coyuntura los actores políticos, un tema tan importante o más es el papel que debe desempeñar “la calle” en reformas decisivas para la sociedad mexicana.

Algunos consideran que no podemos ser rehenes de marchistas decididos a boicotear la vida del resto de los ciudadanos. Entiendo los motivos; pero de igual forma, yo insistiría que tampoco podemos ser rehenes de diputados y senadores que legislan el destino de los mexicanos bajo acuerdos cupulares. Creer que 500 diputados controlados por una docena de líderes representan los intereses de la sociedad es absurdo. Los intereses reales están en todo su derecho de expresarse por las vías que le sean
posibles.

Así como Televisa interviene en la reforma de las telecomunicaciones a través de sus legisladores, el cabildeo y la presión mediática, los grupos afectados por otros proyectos de ley también pueden (y deben) expresar sus puntos de vista. No sostengo que las reformas deban ser dictadas por los grupos afectados; pero tampoco pueden ser definidas al margen de ellos.

En este momento la iniciativa privada está ejerciendo una enorme presión para disminuir el aumento al ISR que Peña Nieto quería anunciar la noche del domingo. Los empresarios piden atenuar ese impuesto y subir, a cambio, el IVA. Ellos no salen a la calle, pero utilizan presiones y chantajes tanto o más severos que el empleado por los maestros. El hecho de que no trasciendan al público no significa que no existan.

La marcha de hoy, en todo caso, me parece una expresión más honesta y transparente para cuestionar las intenciones de la autoridad, que la guerra tras bambalinas que llevan a cabo poderes factuales mucho más formidables. ¿Sí o no?

http://www.rafael-loretdemola.mx
01 Septiembre 2013 04:06:01
El timo del golpe de timón
Desalojar a los maestros de la CNTE por la fuerza, imponer las reformas con los votos del PAN, olvidarse del Pacto por México y de la búsqueda del consenso. En esencia es la receta que muchos proponen al gobierno de Enrique Peña Nieto para salir del impasse en el que se encuentra la economía y la política en el país. El jueves pasado un artículo de Jorge Castañeda, titulado Golpe de Timón lo decía sin tapujos: “Resignarse al fin del Pacto por México, que ya dio de sí y con creces. Al empecinarse el gobierno en rescatar a ‘Los Chuchos’, rescatará sólo un membrete. Mientras que si opta por una alianza integral y de largo plazo con el PAN, puede lograr la aprobación de reformas que son anatemas para la izquierda: Pemex, IVA, educación a fondo, nuevo régimen político”.

Técnicamente es un camino factible. El apoyo panista otorga a Peña Nieto la fuerza que necesita para hacer la mayoría constitucional que requieren las reformas. O como diría la izquierda, el PRIAN se basta por sí mismo para gobernar: tiene la Presidencia, dos tercios del poder legislativo y 27 de las 32 entidades federativas. El costo aparente sería mínimo: concesiones a la derecha en la reforma política (mayores controles para evitar abusos electorales, segunda vuelta en comicios presidenciales, entre otras exigencias panistas).

Pero el costo político y social es impredecible. El argumento de fondo de Castañeda es que de cualquier manera el gobierno de Peña Nieto asumirá este costo. Considera que diluir el contenido de las reformas o demorarlas en espera de un apoyo de parte del PRD no tiene sentido, porque ‘Los Chuchos’ que dirigen a ese partido no evitarán el descontento de Morena, la CNTE, las Guardias auto armadas, el #YoSoy132 y un largo etcétera que se opondrá al contenido neoliberal de las reformas.

El error de esta interpretación es que confunde el mundo formal con el mundo real. Como si los partidos representaran a la sociedad mexicana, y los actores institucionales fueran lo mismo que la arena pública. Un error que Porfirio Díaz cometió en su momento y Mubarak de Egipto en el nuestro, por ejemplo.

Cerca de la mitad de la población económicamente activa labora en el sector informal, y ese no se expresa mediante cartas a sus legisladores; medio millón de personas está vinculada al crimen organizado y esos se expresan de peor manera; poco más de 50% de la población vive en pobreza y 19% en extrema pobreza, y por lo general no pueden expresarse pero cuando lo hacen generan movimientos telúricos de alcances insospechados.

Los legisladores pueden otorgarle a Peña Nieto los votos para que el IVA aumente a 19% y se aplique en alimentos y medicinas, si así lo desea. Después se irán a cenar para intercambiar opiniones sobre lo tormentoso que fueron las negociaciones y el debate final. Como si allí diera inicio y tuviera fin a una medida que afecta a todos los mexicanos.

Las reformas deben buscar consensos no por ‘Los Chuchos’ ni para estampar una firma perredista en el documento; en realidad es lo menos importante. Lo deben hacer porque tienen que reflejar el campo de posibilidades de la sociedad en su conjunto, porque toda ella será impactada por esos cambios. Lo tiene que hacer porque las irrupciones sociales, las tomas violentas y las represiones sangrientas, no están en las negociaciones que se tejerán entre panistas y priístas.

Creer que estamos ante un escenario de todo o nada es una tesis que conduce a decisiones temerarias. El argumento de Castañeda así lo presupone: ceder ante la calle implicaría la parálisis y la ausencia absoluta de reformas; por consecuencia hay que olvidarse de la calle. No es así. Es cierto que el consenso absoluto es imposible de lograr y no habrá manera de dejar satisfechos a todos. Pero en la búsqueda de los matices en cada reforma está la clave de lo que cada una de ellas puede desencadenar. Es distinta una protesta con 50 mil inconformes que una con 800 mil. Es diferente un desalojo negociado que una represión sangrienta.

El problema de fondo es la economía: necesitamos crecer y requerimos de empleos. Pero el medio es la política y está no se agota en San Lázaro. No se hacen las reformas que la economía necesita sino las que la política real posibilita. La sociedad es un tejido diverso y complejo de seres humanos, y no un conjunto de variables financieras que emanan de un documento en Excel o de la sobremesa de un restaurante de Polanco.


25 Agosto 2013 04:06:31
CNTE, ¿hora de reprimir?
La tentación es enorme. Portadas de los diarios y noticieros de televisión muestran a los maestros de la CNTE flagelar las calles de la capital, agraviar a sus habitantes y desafiar abiertamente a las autoridades. Cientos de personas que perdieron su avión ofrecen testimonios desgarradores: El joven que desperdició sus ahorros y la oportunidad de vida al llegar tarde al vuelo a Tijuana y al empleo que le esperaba en California; la mujer que acudía a una terapia desesperada; el empresario que no llegó a cerrar un negocio en Chiapas; la chica que perdió sus vacaciones.

Los desplazamientos de millones de capitalinos han resultado afectados a lo largo de la última semana. Los comentaristas de radio, prensa y televisión claman contra el hecho de que un grupo político sea capaz de boicotear al poder legislativo; un atentado inadmisible a la democracia, dicen. Otros aseguran que este será el “Atenco” de Peña Nieto, similar al caso de los macheteros que impidieron a Fox construir su aeropuerto para la capital. Otros acusan a Miguel Ángel Mancera, el jefe de gobierno de la capital, de ser un blandengue, incluso cómplice involuntario, por su incapacidad o negativa a reprimir a los protestantes y dar garantías a los poderes federales para actuar con independencia de la presión de provocadores.

Y sin embargo, mal harían autoridades locales y nacionales si intentan resolver el problema a palos. Por razones éticas, desde luego, pero también por razones de cálculo político.

Por razones éticas: Un movimiento social no puede ser sofocado con la represión indiscriminada (y sin duda, pese a la caricaturización, lo del CNTE es un movimiento social y no sólo por los 10 mil que lograron traer a la capital).

Atacar a la multitud es generar víctimas aleatorias, algunas de las cuales podrían pagar con su vida el crimen de defender lo que creían era su derecho.

Por razones de cálculo político: Generar mártires es un pésimo negocio político; produce un efecto bumerang y con frecuencia hace las veces de gasolina sobre el fuego que intenta apagarse. Mubarak lo descubrió muy tarde, luego de echar al ejército a la plaza Tahrir, en el Cairo.

Lo que hasta ahora es un conflicto unilateral y puntual, podría convertirse en una efervescencia multilateral por obra y magia de la represión indiscriminada.

Las exigencias de los maestros fácilmente podrían contaminar otras reivindicaciones que están en plataforma de salida. El 8 de septiembre Andrés Manuel López Obrador intentará una marcha multitudinaria para protestar por la apertura de Pemex a la iniciativa privada. Los grupos de autodefensa han proliferado justamente en zonas donde la CNTE es poderosa (Oaxaca ,Guerrero y colindancias con Michoacán); ya están armadas y predispuestas contra los cuerpos de seguridad. Y, finalmente, la economía en retroceso es una pésima noticia para las cuentas nacionales, pero una tragedia para la microeconomía de los mexicanos de a pie. Eso y la disminución de remesas procedentes de Estados Unidos, empeorarán las condiciones de los que menos tienen. En suma, un caldo de cultivo para una escalada social de alcances insospechados.

Que la represión sea desaconsejable no significa que los poderes y la ciudad deban ser rehén de todo grupo que opte por la violencia para conseguir sus fines (y sí, admitámoslo, pretender colapsar el aeropuerto es un acto de violencia indiscriminado en contra del resto de la comunidad). Pero sí significa que el Estado deba operar con todos los recursos políticos y económicos antes de acudir a la “violencia legitima”, como dicen los clásicos.

Ricardo Raphael, especialista en temas de educación, señaló que la Ley del Servicio Profesional Docente, mal llamada de “Evaluación”, origen del conflicto, es una iniciativa apresurada, llena de parches y mal comunicada por el Gobierno (ver
http://bit.ly/1f6g7Rb). El proyecto de ley tendría que ser reformado para incorporar un verdadero servicio profesional de carrera, de tal forma que constituya un aliciente para los profesores y no sólo un aparente castigo para el sindicato.

Por otro lado, el Estado requiere de un trabajo de inteligencia entre los cuadros del CNTE. Como en toda organización existen matices de concepción y radicalidad. Si en algún momento va a aplicarse la ley para castigar a los más violentos, las autoridades necesitarán operar con una gran mano izquierda para negociar con las porciones moderadas. Una batalla frontal con la toda la organización como tal es absurda.

Finalmente, no podemos dejar de lado que la CNTE surge en una región históricamente abandonada por el crecimiento; la más atrasada del país. Hoy buena parte de ese territorio escapa al control del Estado por la proliferación de poderes ilegales. Ninguna negociación será de largo plazo si no se atenúan las duras condiciones que viven los habitantes de estas zonas y no se detiene la acumulación de agravios económicos, políticos y sociales que experimentan.

@jorgezepedap
http://www.jorgezepeda.net
18 Agosto 2013 04:00:14
Pemex, la biblia y los aztecas
Las cifras sobre Pemex son como los versículos bíblicos o los refranes, sirven lo mismo para un barrido que para un regado. Hay para todos los gustos.

¿Prefiere usted la apertura de Pemex? Sobran razones vestidas de números. ¿Le preocupa la intervención de las trasnacionales en nuestro petróleo? Allí están los datos para corroborar sus peores inquietudes.

Una cifra mata a la otra y viceversa, aunque las dos sean parcialmente ciertas.

Igual que los refranes: “Al que madruga Dios le ayuda” y “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Dos dichos sabios, mutuamente excluyentes.

El problema reside en citar cifras o dichos fuera de contexto. Y ciertamente en el debate actual sobre la reforma energética los polemistas han recurrido a los números menos con el afán de informarse y más con el de apertrecharse para la pelea. Se esgrimen escenarios con la contundencia absoluta del que ya viajó al futuro y vivió en carne propia lo que nos espera. Unos para hacernos saber el edén de prosperidad que descenderá sobre nosotros si Exxon y Shell siembran sus fracking instalaciones por todo el Golfo (no es adjetivo, sino el nombre de la nueva técnica de perforación profunda); otros, para comunicarnos el valle de miseria y despojo que sobrevendrá si dejamos entrar a estos jinetes del apocalipsis.

Los argumentos se han ido deslavando para terminar convertidos en actos de fe.

“Mi Dios es más bueno, generoso y justo, y lo demostraré aunque para hacerlo tenga que matarte”. La izquierda se envuelve en la bandera del nacionalismo aun cuando su negativa a toda reforma en Pemex condene a la paraestatal a mantenerse como lo que ha sido: El gran bastión del PRI y el sindicalismo corrupto.

La apertura de Pemex a otras tecnologías y la exclusión de trabajadores sindicalizados en los pozos por abrirse, podrían ser el principio del fin de ese corporativismo. La comparación entre las formas de organización y producción de un empleado de una trasnacional y uno de Pemex son contundentes: Tres a uno, medido en ventas por cada trabajador (también acabé citando cifras). Si Romero Deschamps actuara conforme a lo que su corazoncito le dice seguramente estaría en la marcha convocada por Andrés Manuel López Obrador el 8 de septiembre para rechazar los cambios en Pemex.

Por su parte, Enrique Peña Nieto ha vendido la apertura energética como la panacea inminente, el cuerno de la abundancia, la llave que nos permitirá crecer a ritmo de 6 por ciento anual. No dice el cómo ni los por qué. Tuvo su epifanía y trata de llevarnos a la tierra prometida con un planteamiento vago y ambiguo, que no es mucho mejor que un simple “por allá”. Incluso los aztecas tenían algo más concreto en su manual de viaje, encontrar un águila devorando a la serpiente, que ese proyecto que dice todo y nada: No a la concesión ni a la producción compartida con la iniciativa privada, sí a celebrar contratos de utilidad compartida. A saber. Gracias a eso, informó Peña Nieto, pasaremos de una producción de 2.5 millones de barriles diarios hoy, a 3.0 millones en 2018.

O sea, 20 por ciento de incremento en cinco años. ¿Ésa es la panacea?
Que a Pemex le falta modernizarse y requiere cuantiosas sumas de inversión en tecnología es un hecho. El Gobierno insiste en que eso sólo será posible con la intervención de la empresa privada. Pero también es cierto que nunca le han permitido una reinversión de sus recursos por la enorme ordeña que padece por parte del fisco y tampoco ha podido tener una estructura sana y productiva por la corrupción política de un sindicato que opera bajo criterios de lealtad y no de eficiencia. Peña Nieto prometió transparencia y reforma fiscal para Pemex, pero da la sensación de que se trata de argumentos de venta para lograr su objetivo central que es abrirla al capital privado.

Yo no he visitado el futuro ni sé con certeza lo que nos depara. Pero sí puedo ver que los actores se han atrincherado demasiado pronto en escenarios más cercanos al dogma que a la búsqueda de soluciones de fondo. La apertura podría ser complementaria, no habría que satanizarla per se. Pero complementaria de un Pemex sano y eficiente; ninguna solución es válida si no pasa primero por una verdadera refundación de la paraestatal. Ni los refranes, ni la biblia, ni las cifras aisladas nos van a sacar del atolladero. Sí, Pemex está mal. ¿Por qué no comenzamos por allí? @jorgezepedap
http://www.jorgezepeda.net
18 Agosto 2013 03:00:51
Pemex, la Biblia y los aztecas

Las cifras sobre Pemex son como los versículos bíblicos o los refranes: sirven lo mismo para un barrido que para un regado. Hay para todos los gustos. ¿Prefiere usted la apertura de Pemex? Sobran razones vestidas de números. ¿Le preocupa la intervención de las transnacionales en nuestro petróleo? Allí están los datos para corroborar sus peores inquietudes.

Una cifra mata a la otra y viceversa, aunque las dos sean parcialmente ciertas. Igual que los refranes: “Al que madruga Dios le ayuda” y “No por madrugar amanece más temprano”. Dos dichos sabios, mutuamente excluyentes.

El problema reside en citar cifras o dichos fuera de contexto. Y ciertamente en el debate actual sobre la reforma energética los polemistas han recurrido a los números menos con el afán de informarse y más con el de apertrecharse para la pelea. Se esgrimen escenarios con la contundencia absoluta del que ya viajó al futuro y vivió en carne propia lo que nos espera. Unos para hacernos saber el edén de prosperidad que descenderá sobre nosotros si Exxon y Shell siembran sus fracking instalaciones por todo el Golfo (no es adjetivo, sino el nombre de la nueva técnica de perforación profunda); otros, para comunicarnos el valle de miseria y despojo que sobrevendrá si dejamos entrar a estos jinetes del apocalipsis.

Los argumentos se han ido deslavando para terminar convertidos en actos de fe. “Mi Dios es más bueno, generoso y justo, y lo demostraré aunque para hacerlo tenga que matarte”. La izquierda se envuelve en la bandera del nacionalismo aun cuando su negativa a toda reforma en Pemex condene a la paraestatal a mantenerse como lo que ha sido: el gran bastión del PRI y el sindicalismo corrupto.

La apertura de Pemex a otras tecnologías y la exclusión de trabajadores sindicalizados en los pozos por abrirse podrían ser el principio del fin de ese corporativismo. La comparación entre las formas de organización y producción de un empleado de una trasnacional y uno de Pemex son contundentes: tres a uno, medido en ventas por cada trabajador (también acabé citando cifras). Si Romero Deschamps actuara conforme a lo que su corazoncito le dice, seguramente estaría en la marcha convocada por Andrés Manuel López Obrador el 8 de septiembre para rechazar los cambios en Pemex.

Por su parte, Enrique Peña Nieto ha vendido la apertura energética como la panacea inminente, el cuerno de la abundancia, la llave que nos permitirá crecer a ritmo de 6 por ciento. No dice el cómo ni los por qué. Tuvo su epifanía y trata de llevarnos a la tierra prometida con un planteamiento vago y ambiguo, que no es mucho mejor que un simple “por allá”. Incluso los aztecas tenían algo más concreto en su manual de viaje, encontrar un águila devorando a la serpiente, que ese proyecto que dice todo y nada: no a la concesión ni a la producción compartida con la iniciativa privada, sí a celebrar contratos de utilidad compartida. A saber. Gracias a eso, informó Peña Nieto, pasaremos de una producción de 2.5 millones de barriles diarios hoy, a 3.0 millones en 2018. O sea, 20% de incremento en cinco años. ¿Esa es la panacea?

Que a Pemex le falta modernizarse y requiere cuantiosas sumas de inversión en tecnología es un hecho. El Gobierno insiste en que eso sólo será posible con la intervención de la empresa privada. Pero también es cierto que nunca le han permitido una reinversión de sus recursos por la enorme ordeña que padece por parte del fisco y tampoco ha podido tener una estructura sana y productiva por la corrupción política de un sindicato que opera bajo criterios de lealtad y no de eficiencia. Peña Nieto prometió transparencia y reforma fiscal para Pemex, pero da la sensación de que se trata de argumentos de venta para lograr su objetivo central, que es abrirla al capital privado.

Yo no he visitado el futuro ni sé con certeza lo que nos depara. Pero sí puedo ver que los actores se han atrincherado demasiado pronto en escenarios más cercanos al dogma que a la búsqueda de soluciones de fondo. La apertura podría ser complementaria, no habría que satanizarla per se. Pero complementaria de un Pemex sano y eficiente; ninguna solución es válida si no pasa primero por una verdadera refundación de la paraestatal. Ni los refranes, ni la Biblia, ni las cifras aisladas nos van a sacar del atolladero. Sí, Pemex está mal. ¿Por qué no comenzamos por allí?
11 Agosto 2013 04:00:15
PAN: 2da. vuelta a cambio de Pemex
Aun cuando Gustavo Madero, presidente del PAN, parece haber capoteado lo peor de la tormenta interna, la relación del partido con el electorado está fracturada. Quizá hayan parado el pleito (por lo menos frente a la opinión pública), pero no hay manera en que esta fuerza política pueda ser un fuerte contendiente en una elección nacional. La corrupción de tantos funcionarios panistas, la falta de oficio y la mediocridad del gobierno de Calderón dejaron una huella difícil de ignorar. La crisis pegó debajo de la línea de flotación del blanquiazul y tundió el componente ético del partido, el principal activo político acumulado en los cincuenta años previos a su llegada al poder.

Sin embargo hay una extraordinaria coyuntura que favorece al PAN. Gracias a la reforma energética gozará de un bono extraordinario. Peña Nieto necesita de la anuencia de los azules para alcanzar la mayoría calificada (dos tercios) que se requiere para hacer cambios en la constitución. Y como está claro que el PRD no va a acceder a modificar el patrimonio de Pemex ni nada que se le parezca, el PAN está en condiciones de exigir las perlas de la virgen a cambio de su amor.

Gracias a este cheque en blanco Madero ha logrado conjuntar a las distintas corrientes y venderles la noción de una tregua que postergue el fratricidio hasta las elecciones internas de fin de año cuando se elija al dirigente nacional. Mientras tanto, les ha concitado a un debate para decidir qué cifra van a colocar en ese cheque en blanco.

El tema es importante porque le permitiría al partido obtener algún trofeo político para ostentar frente al electorado. Se asume que el PAN exigirá alguna conquista histórica en la reforma política, a cambio de su voto en la reforma energética.

¿Cuál podría ser la moneda de cambio? Se habla, por supuesto, de la reelección de algunos puestos de elección popular (alcaldes y legisladores), de mayores candados el uso electoral del presupuesto y de fortalecer el poder del Legislativo frente al Ejecutivo. Pero lo que verdaderamente interesa al PAN es la segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

El argumento formal es correcto. En la mayoría de las sociedades en las que existen tres o más fuerzas políticas dominantes, los presidentes no son elegidos por la mayoría de los ciudadanos. Es decir, Enrique Peña Nieto ganó gracias al 38 por ciento de los votos; esto significa que 62 por ciento de los mexicanos que votaron lo hicieron por otro. En teoría, tal esquema provoca un mandato débil y un presidente sin apoyo popular. La segunda vuelta, por el contrario, obliga a cerrar la elección entre los dos candidatos más votados, hasta que alguno de los dos obtiene el 50 por ciento más uno.

¿Por qué el interés del PAN en la segunda vuelta? Porque es la única posibilidad de regresar al poder en algún futuro inmediato. En 2012 cayó hasta la tercera posición. Con el esquema actual se ve difícil superar a los otros dos partidos en 2018. Pero no sería una tarea imposible bajo la sombra protectora de la segunda vuelta: si López Obrador insiste en presentarse en la boleta dentro de cinco años y si el PRI resulta muy raspado por el ejercicio de gobierno, le bastará presentar un candidato moderado y con buena imagen (¿Margarita Zavala?)
El voto anti PRI sigue siendo mayoritario en el país, pero para fortuna del tricolor es un voto que se divide entre izquierda y derecha. La segunda vuelta obliga a concentrar este voto, o por lo menos parte de él. Bastaría que el candidato del PAN no provocara la repulsa de la izquierda (como sí lo hace López Obrador para la derecha).

Por supuesto que el PRI sabe que esta es su verdadera kryptonita, su talón de Aquiles. Pero Peña Nieto también sabe que sin reformas su gobierno estaría condenado a una gestión mediocre y quizá al fracaso. Y para esas reformas necesitará al PAN.

¿Entregará la segunda vuelta a cambio del apoyo blanquiazul? Ése es el tema de fondo en las comidas del Palm y restaurantes equivalentes. Probablemente Peña Nieto ofrezca una contrapropuesta: sí, pero en el 2024, no en el 2018. Él necesita que el PRI repita en Los Pinos. Tan importante son las reformas como asegurar que un sucesor leal le cuide las espaldas. Y si no, pregúntenle a Arturo Montiel.

@jorgezepedap
http://www.jorgezepeda.net
04 Agosto 2013 04:08:51
Quién es quién en la reforma de Pemex
En política, como en muchos otros aspectos en la vida, lo decisivo es lo que no está a la vista. Tal es el caso de Andrés Manuel López Obrador y la reforma de Pemex. Una reforma energética de fondo requiere de una mayoría constitucional en las cámaras, es decir, tres cuartas partes de los votos. Es decir, el PRI necesita el respaldo de la oposición para sacar adelante la reforma; sus votos no le alcanzan.

De allí que la atención se haya centrado en los proyectos del PAN y del PRD con respecto a Pemex. El del PAN es una carta abierta para la incorporación del capital privado a la paraestatal, aunque en lo formal no toque el tema de la propiedad. Se parece mucho a lo que desearía el gobierno, aún cuando Peña Nieto no haya anunciado su proyecto (lo hará la próxima semana). Desde una perspectiva simplista, el PRI lo tendría fácil: Le bastaría proponer un proyecto parecido al del PAN y con la suma de las dos fuerzas políticas tendría el margen para aprobar la reforma constitucional. Y colorín colorado.

Pero, la realidad es más caprichosa y enredada que los cables dentro de un cajón. Una aprobación unilateral por parte del centro y la derecha sobre un tema tan delicado como el patrimonio de los mexicanos sobre el gas y el petróleo, pondría poner al país al borde del fuego.

Tal “imposición” le ofrecería el premio gordo a López Obrador para encender la indignación de muchos mexicanos al grito de “vende patrias”. Al margen de ideologías, el nacionalismo sigue siendo uno de los escasos sentimientos que cruzan transversalmente a gruesos segmentos de la población mexicana. La expropiación petrolera por parte de Lázaro Cárdenas, es uno de los hitos de la historia patria. Una generación de mexicanos tras otra lo mamó en los libros de texto y en la narrativa oficial de los actos escolares de nuestra educación primaria.

No importa cuan sofisticados puedan ser los planteamientos del PRI y del PAN, para evitar la enajenación formal del combustible que se encuentra en el subsuelo, el discurso de López Obrador va a borrar cualquier sutileza. El mitin y la plaza pública no analizan ni la letra chica ni la grande; entre más simplista es al idea que se difunde más fuerte su impacto.

Dentro del equipo de Peña Nieto se advierten dos posiciones frente a este reto.

Uno, centrado en la Secretaría de Hacienda que considera que cualquier riesgo político es preferible a la parálisis que enfrenta Pemex. Otra, sostenido en Gobernación, que advierte el riesgo de que el tema energético desencadene una crisis política de alcances insospechados.

Esto explica la demora de Peña Nieto para dar a conocer su propuesta.

Gobernación pide que sea lo menos incandescente posible frente al discurso del nacionalismo incendiario; Hacienda quiere una reforma de fondo, capaz de convertir a Pemex en una empresa sana, fondeada con recursos internacionales.

Para el gobierno sería fundamental que el PRD respaldara su propuesta, de tal modo que la votación en el Congreso fuera el resultado del acuerdo de las tres fuerzas políticas. Eso le permitiría rechazar la noción de que la reforma fue resultado de una imposición del capital privado y los monopolios.

Esto pone al PRD entre la espada y la pared. La dirigencia del partido está en manos de Los Chuchos, la corriente más moderada de la izquierda, que no oculta su convicción de que el partido debe colaborar con el gobierno para influir en las reformas. Y probablemente no estarían en contra de un proyecto de apertura de Pemex modulado o atenuado. El problema para ellos es que cualquier actitud que pueda ser leída como entreguista los deja en calidad de cadáver político frente al radicalismo nacionalista de López Obrador.

Por todo lo anterior, se espera que la propuesta de Peña Nieto se ubique a la izquierda del PAN, por así decirlo, y que contenga guiños favorables al PRD. En algún momento este partido tendrá que jugarse el todo o nada, porque no habrá posiciones intermedias. Uno de los atenuantes que buscará el PRD, a cambio de su voto, es exigir una reforma fiscal más severa para con el gran capital. Eso le permitiría lucir un trofeo de conciliación frente a su electorado.

No hay duda de que López Obrador será el protagonista de lo que se avecina.

Buscará hacer de esta coyuntura el relanzamiento de Morena y convertirse en el gran líder social que reivindique “el patrimonio de los mexicanos para los mexicanos”. El desenlace es de pronóstico reservado.

@jorgezepedap
http://www.jorgezepeda.net
04 Agosto 2013 03:00:27
Quién es quién en la reforma de Pemex
En política, como en muchos otros aspectos en la vida, lo decisivo es lo que no está a la vista. Tal es el caso de Andrés Manuel López Obrador y la reforma de Pemex. Una reforma energética de fondo requiere de una mayoría constitucional en las cámaras; es decir: tres cuartas partes de los votos. O sea: el PRI necesita el respaldo de la oposición para sacar adelante la reforma; sus votos no le alcanzan.

De allí que la atención se haya centrado en los proyectos del PAN y del PRD con respecto a Pemex. El del PAN es una carta abierta para la incorporación del capital privado a la paraestatal, aunque en lo formal no toque el tema de la propiedad. Se parece mucho a lo que desearía el gobierno, aun cuando Enrique Peña Nieto no haya anunciado su proyecto (lo hará la próxima semana). Desde una perspectiva simplista, el PRI lo tendría fácil: le bastaría proponer un proyecto parecido al del PAN y con la suma de las dos fuerzas políticas tendría el margen para aprobar la reforma constitucional. Y colorín colorado.

Pero la realidad es más caprichosa y enredada que los cables dentro de un cajón. Una aprobación unilateral por parte del centro y la derecha sobre un tema tan delicado como el patrimonio de los mexicanos sobre el gas y el petróleo podría poner al país al borde del fuego.

Tal “imposición” le ofrecería el premio gordo a López Obrador para encender la indignación de muchos mexicanos al grito de “vende patrias”. Al margen de ideologías, el nacionalismo sigue siendo uno de los escasos sentimientos que cruzan transversalmente a gruesos segmentos de la población mexicana. La expropiación petrolera por parte de Lázaro Cárdenas es uno de los hitos de la historia patria. Una generación de mexicanos tras otra lo mamó en los libros de texto y en la narrativa oficial de los actos escolares de nuestra educación primaria.

No importa cuán sofisticados puedan ser los planteamientos del PRI y del PAN, para evitar la enajenación formal del combustible que se encuentra en el subsuelo, el discurso de López Obrador va a borrar cualquier sutileza. El mitin y la plaza pública no analizan ni la letra chica ni la grande; entre más simplista es la idea que se difunde, más fuerte su impacto.

Dentro del equipo de Peña Nieto se advierten dos posiciones frente a este reto. Una centrada en la Secretaría de Hacienda, que considera que cualquier riesgo político es preferible a la parálisis que enfrenta Pemex. Otra, sostenida en Gobernación, que advierte el riesgo de que el tema energético desencadene una crisis política de alcances insospechados.

Esto explica la demora de Enrique Peña Nieto para dar a conocer su propuesta. Gobernación pide que sea lo menos incandescente posible frente al discurso del nacionalismo incendiario; Hacienda quiere una reforma de fondo, capaz de convertir a Pemex en una empresa sana, fondeada con recursos internacionales.

Para el gobierno sería fundamental que el PRD respaldara su propuesta, de tal modo que la votación en el Congreso fuera el resultado del acuerdo de las tres fuerzas políticas. Eso le permitiría rechazar la noción de que la reforma fue resultado de una imposición del capital privado y los monopolios.

Esto pone al PRD entre la espada y la pared. La dirigencia del partido está en manos de Los Chuchos, la corriente más moderada de la izquierda, que no oculta su convicción de que el partido debe colaborar con el gobierno para influir en las reformas. Y probablemente no estarían en contra de un proyecto de apertura de Pemex modulado o atenuado. El problema para ellos es que cualquier actitud que pueda ser leída como entreguista los deja en calidad de cadáver político frente al radicalismo nacionalista de López Obrador.

Por todo lo anterior, se espera que la propuesta de Peña Nieto se ubique a la izquierda del PAN, por así decirlo, y que contenga guiños favorables al PRD. En algún momento este partido tendrá que jugarse el todo o nada, porque no habrá posiciones intermedias. Uno de los atenuantes que buscará el PRD, a cambio de su voto, es exigir una reforma fiscal más severa para con el gran capital. Eso le permitiría lucir un trofeo de conciliación frente a su electorado.

No hay duda de que López Obrador será el protagonista de lo que se avecina. Buscará hacer de esta coyuntura el relanzamiento de Morena y convertirse en el gran líder social que reivindique “el patrimonio de los mexicanos para los mexicanos”. El desenlace es de pronóstico reservado.
21 Julio 2013 04:06:06
Nostradamus corrige a Peña
Díganme aguafiestas, acúsenme de receloso y suspicaz, pero me parece que la realidad ha comenzado a morder el sueño de Peña Nieto de convertir el regreso del PRI en una época dorada. Los datos vacunan contra cualquier optimismo, incluso de aquellos que hayan crecido en las juventudes del tricolor.

Las últimas previsiones sobre la economía mexicana sitúan en 2.7% de incremento del PIB en 2013 para el año uno de la nueva era del PRI. Una cifra decepcionante si consideramos que Peña Nieto prometió durante la campaña electoral que México llegaría a 6% de crecimiento anual a finales del sexenio. Para ello confiaba que este, su primer año, aportara casi un 4%.

La diferencia entre crecer 2.7 y no hacerlo a un ritmo de 4% entraña enormes contrastes en la salud de una sociedad. En primer término en materia de empleo. Recordemos que 2.7% es un promedio de todas las ramas económicas. Significa que algunos crecen a 4% (servicios y telecomunicaciones) y otros apenas crecen o incluso decrecen (construcción). La realidad duele cuando observamos que son los sectores intensivos en mano de obra los que tienen el peor desempeño (agricultura, comercio al menudeo, construcción). Ello explica que en el primer semestre de 2013 se crearon apenas 295 mil empleos, 35.3% menos que en el mismo semestre del año pasado, el último completo de Felipe Calderón. No es casual que en junio el desempleo abierto haya aumentado a 4.9%. El problema cuando se crece tan poco es que la economía no “desparrama”. Vivimos en una sociedad tan distorsionada que los sectores privilegiados absorben prácticamente el exiguo excedente que se genera. Para no ir más lejos, América Móvil (Telcel, Prodigy) crecerá 34% más el segundo trimestre de este año que el mismo periodo del año pasado. Mientras tanto decrecen sectores y actividades en los cuales la mayoría de la población encuentra sustento.

En efecto, se requiere de tasas de 5 y 6% de crecimiento para impactar favorablemente a los bolsillos de una porción importante de la sociedad mexicana. De otra forma, lo único que se consigue es acentuar los desniveles y la desigualdad social. Lo anterior no significa que la responsabilidad sea de Peña Nieto. De alguna forma él hizo parte del trabajo generando las expectativas de un cambio drástico e inminente, de un salto hacia delante luego de la atonía panista. Y digo que hizo su trabajo porque el primer factor para generar un cambio es convencer a otros de que hay condiciones para lograrlo. El problema es que no sólo es un asunto de voluntarismo. Hay también un tema de realidades.

Lo cierto es que el PRI no ha resultado ser el motor de la modernización. A lo largo de estos ocho meses el gobierno de Peña Nieto se ha caracterizado por dar dos pasos adelante y uno atrás. Legislación aparentemente democrática que nunca aterriza en leyes secundarias viables y fieles al espíritu de su letra; reformas que buscan acotar los excesos de los monopolios pero rápidamente contrarrestadas en la administración pública; intentos de impedir el abuso de los gobernadores neutralizados por la tibieza y por el creciente control de los mandatarios sobre sus congresos locales (tal es el saldo de las elecciones de hace dos semanas). Y la tan cacareada eficiencia administrativa, núcleo de su discurso electoral (“nosotros sí sabemos cómo hacerlo”) todavía está por verse. En el primer semestre de este año la administración pública exhibe un subejercicio de 100 mil millones de pesos, casi un crimen cuando la economía da bocanadas en busca de recursos frescos. Inversión y gasto que duerme el sueño de los justos en las arcas oficiales por incapacidad administrativa.

Desde luego que hay un contexto internacional desfavorable. Pero eso no agota la explicación ni disculpa los pobres desempeños de este primer año de regreso priísta. Apenas ha transcurrido la novena parte del sexenio de Peña Nieto, pero hoy por hoy tenemos un país más desigual que el primero de diciembre pasado, creciendo a un ritmo menor que como lo dejó Calderón (3.9% en sus dos últimos años) y con niveles de inseguridad similares.

No se necesitaba ser Nostradamus para pronosticar que había algo de ingenuidad en creer que el PRI sería radicalmente distinto a lo que nos mostró durante 70 años. No se ha cumplido el primer año de su regreso y ya comienza a experimentarse una sensación de déjà vu. Recuerdos del porvenir, pues.
21 Julio 2013 04:00:27
Nostradamus corrige a Peña Nieto
Díganme aguafiestas, acúsenme de receloso y suspicaz, pero me parece que la realidad ha comenzado a morder el sueño de Peña Nieto de convertir el regreso del PRI en una época dorada. Los datos vacunan contra cualquier optimismo incluso de aquellos que hayan crecido en las juventudes del tricolor.

Las últimas previsiones sobre la economía mexicana sitúan en 2.7 por ciento de incremento del PIB en 2013 para el año uno de la nueva era del PRI. Una cifra decepcionante si consideramos que Peña Nieto prometió durante la campaña electoral que México llegaría a 6 por ciento de crecimiento anual a finales del sexenio. Para ello confiaba que éste, su primer año, aportara casi el 4 por ciento.

La diferencia entre crecer 2.7 y no hacerlo a un ritmo de 4 por ciento entraña enormes contrastes en la salud de una sociedad. En primer término en materia de empleo. Recordemos que 2.7 es un promedio de todas las ramas económicas.

Significa que algunos crecen a 4 por ciento (servicios y telecomunicaciones) y otros apenas crecen o incluso decrecen (construcción). La realidad duele cuando observamos que son los sectores intensivos en mano de obra los que tienen el peor desempeño (agricultura, comercio al menudeo, construcción). Ello explica que en el primer semestre de 2013 se crearon apenas 295 mil empleos, 35.3 por ciento menos que en el mismo semestre del año pasado, el último completo de Felipe Calderón. No es casual que en junio el desempleo abierto haya aumentado a 4.9%.

El problema cuando se crece tan poco es que la economía no “desparrama”. Vivimos en una sociedad tan distorsionada que los sectores privilegiados absorben prácticamente el exiguo excedente que se genera. Para no ir más lejos, American Móvil (Telcel, Prodigy) crecerá 34 por ciento más el segundo trimestre de este año que el mismo período del año pasado. Mientras tanto decrecen sectores y actividades en los cuales la mayoría de la población encuentra sustento.

En efecto, se requiere de tasas de 5 y 6 por ciento de crecimiento para impactar favorablemente a los bolsillos de una porción importante de la sociedad mexicana. De otra forma, lo único que se consigue es acentuar los desniveles y la desigualdad social.

Lo anterior no significa que la responsabilidad sea de Peña Nieto. De alguna forma él hizo parte del trabajo generando las expectativas de un cambio drástico e inminente, de un salto hacia delante luego de la atonía panista. Y digo que hizo su trabajo porque el primer factor para generar un cambio es convencer a otros de que hay condiciones para lograrlo. El problema es que no sólo es un asunto de voluntarismo. Hay también un tema de realidades.

Lo cierto es que el PRI no ha resultado ser el motor de la modernización. A lo largo de estos ocho meses el gobierno de Peña Nieto se ha caracterizado por dar dos pasos adelante y uno atrás. Legislación aparentemente democrática que nunca aterriza en leyes secundarias viables y fieles al espíritu de su letra; reformas que buscan acotar los excesos de los monopolios, pero rápidamente contrarrestadas en la administración pública; intentos de impedir el abuso de los gobernadores neutralizados por la tibieza y por el creciente control de los mandatarios sobre sus congresos locales (tal es el saldo de las elecciones de hace dos semanas). Y la tan cacareada eficiencia administrativa, núcleo de su discurso electoral (“nosotros sí sabemos cómo hacerlo”) todavía está por verse.

En el primer semestre de este año la administración pública exhibe un subejercicio de 100 mil millones de pesos, casi un crimen cuando la economía da bocanadas en busca de recursos frescos. Inversión y gasto que duerme el sueño de los justos en las arcas oficiales por incapacidad administrativa.

Desde luego que hay un contexto internacional desfavorable. Pero eso no agota la explicación ni disculpa los pobres desempeños de este primer año de regreso priísta. Apenas ha transcurrido la novena parte del sexenio de Peña Nieto, pero hoy por hoy tenemos un país más desigual que el primero de diciembre pasado, creciendo a un ritmo menor que como lo dejó Calderón (3.9% en sus dos últimos años) y con niveles de inseguridad similares.

No se necesitaba ser Nostradamus para pronosticar que había algo de ingenuidad en creer que el PRI sería radicalmente distinto a lo que nos mostró durante 70 años. No se ha cumplido el primer año de su regreso y ya comienza a experimentarse una sensación de déjà vu. Recuerdos del porvenir, pues.
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14 Julio 2013 04:00:44
Furia en la calle
En la pelotera de las elecciones estatales del domingo anterior, pasaron poco menos que inadvertidos dos hechos que me parecen son un síntoma de un fenómeno soterrado, profundo y creciente que experimenta la vida diaria: La exasperación ciudadana, que roza ya con la violencia, ante la incapacidad de la autoridad.

El lunes pasado amanecimos con la noticia de que en Tultepec, Estado de México, los pobladores dañaron doce patrullas y quemaron cuatro de ellas cuando se enfrentaron a un grupo de policías. Protestaban por la muerte de dos jóvenes en condiciones poco claras, unas horas antes. El caso aún se encuentra bajo investigación. Yo simplemente me pregunto cuán intensa debe ser la furia ciudadana para que algunas docenas de personas pongan en fuga a un grupo de policías armados. Sobre todo porque los agentes dispararon sus armas al aire para amedrentar, sin éxito, a los vecinos.

No habían pasado tres días cuando en otro sitio, el poblado Kilómetro 30, en la carretera federal a Acapulco, los habitantes protagonizaron un incidente casi calcado de Tultepec. Varios patrullas acudieron al lugar a detener a presuntos delincuentes que se habrían refugiado en esta población de siete mil habitantes.

En el proceso catearon algunos domicilios y golpearon a algún joven que opuso resistencia. Un hombre con altoparlante notificó a los vecinos lo que estaba sucediendo y en poco tiempo se reunión una multitud que impidió la salida del comando. La reyerta duró un rato y dejó docenas de casquillos en el suelo; varios policías salieron con heridas de distinta índole. Poco más tarde 3 mil personas tomaron la carretera federal a Acapulco y la mantuvieron bloqueada durante 18 horas.

La prepotencia policíaca no es cosa nueva, ni tampoco la indignación que provoca en la gente. Los linchamientos de autoridades por una turba de vecinos es una imagen que periódicamente invade los noticieros de televisión. Lo que me llama la atención es la aceleración del proceso, la frecuencia reiterada con que ahora lo estamos viviendo. Eso, y la proliferación de las guardias de auto defensa, más allá de que algunas de ellas puedan ser coartadas del crimen organizado, nos tiene que llevar a pensar que estamos ante un fenómeno de alcances insospechados.

No sólo se trata de una ruptura cada vez más profunda en la relación entre la población y las autoridades en lo que toca a la imposición y acatamiento de la ley. El problema es que para muchos ciudadanos la intervención de la autoridad no significa la aplicación de la ley.

Pero incluso me parece que hay algo más de fondo en el tema. Quisiera equivocarme pero tengo la impresión de que está aumentando la incapacidad del Estado para procesar y resolver problemas básicos de la población. Temas como agua potable, pavimentación, educación de calidad, salud.

Ciertamente los servicios públicos han mejorado en términos de eficiencia en los trámites, mejor atención e incluso, en algunas oficinas, una actitud de servicio “al cliente” que antes no existía. Pero esos son los temas superficiales.

En cambio lo que tiene que ver con el largo plazo, con las obras de largo aliento que resuelven temas de agua potable, transporte público, campañas ambiciosas de salud pública, etcétera, brillan por su ausencia. Podríamos observar, por ejemplo, que las principales obras públicas están vinculadas a las inversiones de la iniciativa privada, como las carreteras. La concesión de grandes obras a las constructoras importantes se ha convertido en un excelente negocio entre la clase política y la empresarial. De allí la proliferación de puentes y caminos. Pero no ha sido el caso en ferrocarriles, obra portuaria, Metro en las grandes ciudades, centros universitarios, presas y agua potable y alcantarillado. Nuestras ciudades grandes y medias emprenden la construcción de pasos a desnivel al menor pretexto; pero son incapaces de construir un transporte público medianamente eficaz.

La competencia entre los partidos y la alternancia política en gobierno estatales y municipales en teoría debería haber provocado los incentivos para lograr una administración pública más eficiente. Pero no es el caso. Todos operan para el corto plazo en busca de la siguiente elección; la obra de largo plazo no luce en los comicios del siguiente año. La oposición estorba al que gobierna, y el que gobierna lo hace para reelegirse unos meses más tarde.

Mala mezcla pues entre un entramado político incapaz de resolver los problemas de fondo de la población y una exasperación creciente de la ciudadanía. ¿Cuántos incidentes fugaces pero explosivos se necesitan antes de que se incendie la pradera?.

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07 Julio 2013 04:06:21
Narcos y su domingo siete
Los cárteles ofrecen la mejor constatación de la frase aquella de que lo que está mal siempre puede empeorar. Nos habíamos acostumbrado a que los narcos hicieran peligrosas nuestras carreteras o las salidas nocturnas en nuestras ciudades algún viernes por la noche. Pero asumíamos que las elecciones se encontraban en una zona intocada por el crimen organizado. No obstante, los comicios en 14 entidades que culminan este domingo revelan que por vez primera los intereses de los cárteles han intervenido de manera sensible en el proceso electoral.

No documentaré aquí las estadísticas a lo largo de estas últimas semanas en las que han proliferado asesinatos, violencia, amenazas y suspensiones de campañas. Hace un año, durante las elecciones presidenciales el país se sacudió con el asesinato del candidato panista a la presidencia municipal de La Piedad. Y desde luego en varios sitios de Tierra Caliente, Michoacán, desde hace años que los narcos condicionan la política de los alcaldes; en los peores casos participan en su designación misma. Pero de alguna forma se asumía que eran focos puntuales, circunscritos a regiones periféricas en las que La Familia tiene una presencia conspicua.

Algunos pensarán que “los incidentes” todavía son poco significativos frente a los cientos de alcaldías que están en juego este domingo. Pero el asesinato o amedrentamiento de candidatos no sigue una lógica cuantitativa para ser efectiva. Ya hemos visto que basta asesinar a varias docenas de periodistas para silenciar la prensa crítica en buena parte del territorio nacional; no se requiere más que quemar un restaurante para que todo los de la cuadra se sometan a la extorsión. ¿A cuántos jueces locales tiene que atacar el crimen organizado, antes de que el resto de los magistrados se la piense mil veces para emitir un fallo severo o desfavorable a los que golpean?

Periódicamente llega la noticia de que algún alcalde de un pequeño municipio fue asesinado luego de desafiar a los narcos locales (curiosamente en muchos casos han sido mujeres). Recuerdo una charla de sobremesa sobre María Santos Gorrostieta, ex alcalde de Tiquicheo, Michoacán, quien desafío abiertamente a los cárteles y sobrevivió a un ataque en el que perdió la vida su marido y le dejó a ella un cuerpo cosido a balazos. Lejos de arredrarse, la valiente mujer mantuvo una posición firme que varios años después provocaría su tortura y ejecución. Más allá del respeto que inspiraba el valor de María Santos, la mayoría de los comensales consideraban que su comportamiento había sido poco menos que suicida. En otras palabras, según mis amigos, el sentido común obligaba a abandonar la lucha luego de las primeras amenazas.

El problema es que con ese “sentido común” los narcos acabarán dueños del país. O, para no ir más lejos, dueños de las posiciones políticas de todos los comicios en los que intervengan. Y queda claro, luego de este domingo, que están interesados en participar en todos ellos.

Hace tiempo sospechamos que en varias entidades del país los narcos han amenazado a candidatos a gobernador, y en más de uno hay más que sospechas de que han participado en el financiamiento a sus campañas. El asesinato del candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas no deja ninguna especulación sobre el involucramiento del crimen organizado en los temas electorales.

Pero lo que vivimos ahora es distinto por su escala y difusión territorial. Estas elecciones revelan que un nuevo actor inesperado e ilegítimo ha llegado ya, con intención de quedarse, en los procesos que definen a quiénes elegimos para gobernarnos.

Suficientes problemas padece nuestra precaria democracia electoral para encima echarle la violencia criminal. Parece el destino manifiesto de países como el nuestro que han puesto un pie en la modernidad pero aún no logran sacar el otro de la zanja del subdesarrollo. En nuestro país conviven en falso maridaje anacronismos absurdos propios del atraso con vicios del desarrollo: no hemos salido del flagelo de la desnutrición cuando nos ha caído la epidemia de la obesidad; no somos un país industrial pero contaminamos como si lo fuéramos.

Y ahora esto. Como cualquier sociedad aspirante a la democracia seguimos bregando con problemas no resueltos como el financiamiento a las campañas o la credibilidad del voto. Pero ahora resulta que tendremos que batallar con algo mucho más primario: evitar que los poderes de facto de carácter violento e ilegítimo hagan de las elecciones una farsa. Me temo que la violencia electoral de origen criminal que ahora vimos pueda generalizarse en el futuro. Espero equivocarme.


07 Julio 2013 04:00:56
Narcos y su domingo siete
Los Cárteles ofrecen la mejor constatación de la frase aquella de que lo que está mal siempre puede empeorar. Nos habíamos acostumbrado a que los narcos hicieran peligrosas nuestras carreteras o las salidas nocturnas en nuestras ciudades algún viernes por la noche. Pero asumíamos que las elecciones se encontraban en una zona intocada por el crimen organizado. No obstante los comicios en 14 entidades que culminan este domingo revelan que por vez primera los intereses de los cárteles han intervenido de manera sensible en el proceso electoral.

No documentaré aquí las estadísticas a lo largo de estas últimas semanas en las que han proliferado asesinatos, violencia, amenazas y suspensiones de campañas.

Hace un año, durante las elecciones presidenciales el país se sacudió con el asesinato del candidato panista a la Presidencia Municipal de La Piedad. Y desde luego en varios sitios de Tierra Caliente, Michoacán, desde hace años que los narcos condicionan la política de los alcaldes; en los peores casos participan en su designación misma. Pero de alguna forma se asumía que eran focos puntuales, circunscritos a regiones periféricas en las que La Familia tiene una presencia conspicua.

Algunos pensarán que “los incidentes” todavía son poco significativos frente a los cientos de alcaldías que están en juego este domingo. Pero el asesinato o amedrentamiento de candidatos no sigue una lógica cuantitativa para ser efectiva. Ya hemos visto que basta asesinar a varias docenas de periodistas para silenciar la prensa crítica en buena parte del territorio nacional; no se requiere más que quemar un restaurante para que todo los de la cuadra se sometan a la extorsión. ¿A cuántos jueces locales tiene que atacar el crimen organizado, antes de que el resto de los magistrados se la piense mil veces para emitir un fallo severo o desfavorable a los que golpean?

Periódicamente llega la noticia de que algún alcalde de un pequeño municipio fue asesinado luego de desafiar a los narcos locales (curiosamente en muchos casos han sido mujeres). Recuerdo una charla de sobremesa sobre María Santos Gorrostieta, ex alcaldesa de Tiquicheo, Michoacán, quien desafió abiertamente a los cárteles y sobrevivió a un ataque en el que perdió la vida su marido y le dejó a ella un cuerpo cosido a balazos. Lejos de arredrarse, la valiente mujer mantuvo una posición firme que varios años después provocarían su tortura y ejecución. Más allá del respeto que inspiraba el valor de María Santos, la mayoría de los comensales consideraban que su comportamiento había sido poco menos que suicida. En otras palabras, según mis amigos, el sentido común obligaba a abandonar la lucha luego de las primeras amenazas.

El problema es que con ese “sentido común” los narcos acabarán dueños del país.

O para no ir más lejos, dueños de las posiciones políticas de todos los comicios en los que intervengan. Y queda claro, luego de este domingo, que están interesados en participar en todos ellos. Hace tiempo sospechamos que en varias entidades del país los narcos han amenazado a candidatos a gobernador, y en más de uno hay más que sospechas de que han participado en el financiamiento a sus campañas. El asesinato del candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas no deja ninguna especulación sobre el involucramiento del crimen organizado en los temas electorales.

Pero lo que vivimos ahora es distinto por su escala y difusión territorial.

Estas elecciones revelan que un nuevo actor inesperado e ilegítimo ha llegado ya, con intención de quedarse, en los procesos que definen a quienes elegimos para gobernarnos.

Suficientes problemas padece nuestra precaria democracia electoral para encima echarle la violencia criminal. Parece el destino manifiesto de países como el nuestro que han puesto un pie en la modernidad, pero aún no logran sacar el otro de la zanja del subdesarrollo. En nuestro país conviven en falso maridaje anacronismos absurdos propios del atraso con vicios del desarrollo: no hemos salido del flagelo de la desnutrición, cuando nos ha caído la epidemia de la obesidad; no somos un país industrial, pero contaminamos como si lo fuéramos. Y ahora esto. Como cualquier sociedad aspirante a la democracia seguimos bregando con problemas no resueltos como el financiamiento a las campañas o la credibilidad del voto. Pero ahora resulta que tendremos que batallar con algo mucho más primario: evitar que los poderes de facto de carácter violento e ilegítimo hagan de las elecciones una farsa. Me temo que la violencia electoral de origen criminal que ahora vimos pueda generalizarse en el futuro. Espero equivocarme.

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30 Junio 2013 04:06:27
¿Quién puede salvar al PAN?
¿Margarita Zavala, Diego Fernández, Felipe Calderón, Luis H. Álvarez? ¿Quién puede poner orden o, al menos, convocar a la cordura en este pleito de verduleros en el que se ha convertido el PAN? Sin duda, el blanquiazul vive la experiencia más traumática de su historia. Escisiones y pleitos los ha tenido siempre, pero hasta ahora las grandes confrontaciones habían sido de orden ideológico o doctrinario. Diferencias sobre la cercanía con el PRI Gobierno, incorporación o no de empresarios de manera masiva, etc.

Pero el pleito actual se origina en pasiones mucho más mundanas y vergonzantes: el control de los dineros y las posiciones de poder. A diferencia de los conflictos del pasado, la rebatinga de los últimos días por los recursos ha trascendido a la opinión pública y exhibido a un partido que había hecho del discurso moral su bandera durante más de sesenta años. Ahora se desgañitan por los 200 millones que controla el coordinador de la fracción en el Senado. Nunca una disputa al interior del PAN había acarreado tal desprestigio entre el resto de la sociedad mexicana.

Alguien podrÍa decir que estas luchas fratricidas son resultado natural de la experiencia dolorosa de haber llegado al poder y luego perderlo. Y en efecto, hay derrotas que producen consecuencias devastadoras en los seres humanos. Pero a mi juicio, hay otros ingredientes que provocan esta tragedia panista. Después de todo, nada puede compararse a la expulsión de Los Pinos que experimentó el PRI en el 2000, luego de casi ocho décadas en el poder. Y sin embargo, en aquella ocasión el PRI no ofreció tan lamentable espectáculo.

Desde mi perspectiva, el verdadero responsable de la crisis que vive el PAN tiene nombre y apellido: Felipe Calderón. El principio y el final de este vía crucis se origina en el ego de este hombre cargado de fobias y filias. Primero, porque desde Los Pinos boicoteó la autonomía de su partido e intentó convertirlo en una extensión de su oficina, de la misma manera que lo había hecho el PRI durante décadas. La militancia honesta por las candidaturas y la circulación de ideas que habían caracterizado al partido, acusaron el golpe de los manotazos presidenciales para imponer dirigentes del partido y candidatos, y para marginar a sus enemigos. La cultura política que había caracterizado al PAN durante décadas se hizo trizas a lo largo de un sexenio.

Pero el segundo punto me parece aún más relevante. Calderón creí que su sobrevivencia como ex presidente (y quedar blindado frente a futuros juicios políticos) pasaba por mantener su influencia. Calderón creí que al controlar a los senadores y los diputados de su partido, se convertiría en el verdadero interlocutor de Peña Nieto. Es decir, en el hombre que decidiría el voto blanquiazul a favor o en contra de las reformas constitucionales del nuevo mandatario priísta. Y sin duda, eso lo habría convertido en uno de los miembros más poderosos de la clase política, aun residiendo en Harvard. Aunque infame, su cálculo político no andaba errado. Los 23 senadores que controla Cordero a los que se suman un número importante de diputados, son aritméticamente indispensables para cubrir la cuota de votos que requieren las reformas constitucionales.

El problema para Felipe es que el resto de los panistas no se iba a quedar de brazos cruzados. En una especie de conglomerado TUCOC (Todos Unidos Contra Calderón), ex gobernadores, yunquistas, sectores tradicionales como el del propio Madero, radicales como Javier Corral, hicieron una extraña amalgama para sacudirse el pretendido cacicazgo de Felipe Calderón. Desde luego la inconsistente amalgama no ha resistido ni quince minutos, lo cual ha permitido el contraataque de los calderonistas. Y es que el ex presidente se aseguró de colocar a sus alfiles en posiciones de poder (legislativo, mayormente; pero también “simpatizantes” en organismos como la Suprema Corte, el IFAI, las embajadas, Trife e IFE, entre otras muchas).

Imposible saber en qué terminarÍa todo esto. Josefina Vázquez Mota, Luis H. Álvarez y hasta el propio Diego Fernández de Cevallos han exhortado a sus compañeros a buscar una salida pacífica y honrosa, y anteponer los intereses del partido a los intereses de fracción. Pero muy poco podrán lograr, mientras no resuelvan el tema de fondo: A ¿qué hacer con Felipe Calderón?
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23 Junio 2013 04:04:28
La inutilidad de los superhéroes
Los mártires son muy llamativos pero, salvo escasas excepciones, constituyen efímeras fumarolas intensas y llamativas que se extinguen pronto en la noche de la historia. Por cada Jesucristo hay miles de sacrificados en vano. Y los superhéroes en muchas ocasiones terminan haciendo más mal que bien, salvo a los estudios de Hollywood y a Marvel Cómics.

La escasa utilidad de mártires y superhéroes ya la sospechaba desde hace tiempo, pero tuve la certeza luego de escuchar una frase de Julián Assange, el afamado y polémico director de Wikileaks. ‘El primer deber de un luchador social no es convertirse en mártir, sino en colocarse en una situación en la que puedar luchar una y otra vez, y otra vez, y otra vez’. Y eso no se puede lograr muriéndose o encerrado en una prisión.

En esta semana publiquó una entrevista a Assange con quien tuve la oportunidad de hablar por teléfono a través de la embajada de Ecuador en Londres, en donde el activista australiano está cumpliendo un año de exilio y encierro forzado. Si bien los cargos que enfrenta en Suecia  por delitos sexuales han ido disolviéndose por la inconsistencia de las acusaciones y convirtiéndose en faltas de orden menor, la defensa de Assange teme que su deportación al país escandinavo sea un mero pretexto para ser inmediatamente extraditado a Estados Unidos, país en el que pretenden aplicarle la legislación destinada a un terrorista. Eso supone un proceso penal que podría culminar con una sentencia a cadena perpetua.

La entrevista resultó interesante por varias razones, pero una de ellas tiene que ver con la reacción de muchos lectores. A mis reiterados esfuerzos de polemizar con algunos de los puntos de vista de Assange a lo largo de nuestra charla, algunos admiradores del activista reaccionaron indignados por la profanación que representa poner en duda algunos argumentos de su profeta. En realidad debo decir que coincido con buena parte de las tesis de Assange y desde luego que admiro la lucha que está dando en contra de algunos de los intereses más poderosos del Planeta, pero juzgué que la mejor manera de exhibir su tesis de que “un mundo nos vigila” era justamente jugar al abogado del diablo.

El ejercicio generó una buena andanada de críticas y no tanto por el contenido de los objeciones sino por el mero hecho de hacerlas. Parecería que mucha gente confunde respeto y admiración por devoción ciega y acrítica. Me parece que el propio Assange habría defendido la necesidad de plantear una polémica sobre su propio pensamiento, al menos por dos razones.

Primero, porque el mundo no necesita más religiones ni textos sagrados, sino ideas motoras que sean discutidas, transformadas y asumidas por la propia gente de acuerdo a sus realidades. Y eso pasa, necesariamente, por la compresión pero también por el debate honesto y la necesidad de elaborar segundas y terceras ediciones de cada tesis. La velocidad del cambio hace anacrénicas a las verdades absolutas más pronto de lo que canta un gallo (para citar un refrán originado por Jesús mismo).

Segundo, y más importante, es impostergable a enfatizar que todos estos héroes cívicos como Assange y Mandela en el plano internacional, o toda proporción guardada, Javier Sicilia y Lydia Cacho en el nacional, son seres humanos cargados de claroscuros. Se hace un mal servicio a la comunidad cuando se “canoniza” a un protagonista de la vida pública que ha tenido el valor y el talento para enfrentar una lucha contra los intereses de los podres factuales.

¿Por qué? Porque parecería que sólo los superhombres y supermujeres son capaces de dar esta lucha. Y esa noción se convierte en la mayor coartada para la pasividad y la inacción: ¿Cómo voy a resistir (protestar, defender mis derechos, exigir una mejor vida pública) si yo no soy un superhéroe?

Me parece que, al contrario, hay que dar cuenta que estos nuevos héroes cívicos son seres humanos con virtudes y defectos, como los son muchos otras personas, salvo que ellos han tenido el arrojo de dar un paso adelante. No son superhéroes; simplemente son ciudadanos que decidieron no quedarse cruzados de brazos. Los mártires y los superhombres sirven de poco. Lo que se sirven son los ciudadanos como Julián Assange, que con virtudes y defectos en su espalda, han decidido hacer algo por el resto de la comunidad en su paso por el mundo.

@jorgezepedap
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16 Junio 2013 04:06:36
La censura no es como la pintan
Preferimos oír de Ladys y Mirreyes que de reforma fiscal o la educación de nuestros hijos. El tema de fondo no es la muerte de periodistas, sino el asesinato de los lectores y las audiencias críticas. La represión es terrible por la dosis de dolor y las vidas truncadas que entraña, pero el impacto de las otras formas de censura es infinitamente más impactante. El resultado es una opinión pública adicta a los escándalos, a la noticia espectáculo, al video bochornoso. Peor aún, el resultado es una opinión pública desarmada para participar en los temas de fondo que afectan su vida presente y futura.

La censura es como una pirámide con varias capas, dice Julian Assange en su libro Cypherpunks. En su nivel más básico se encuentra la represión descarada: El asesinato de periodistas, las demanda por difamación para amedrentar a la crítica, las cámaras de reporteros que son confiscadas. Pero esa es una capa ínfima que propicia una segunda, mucho más amplia: Todos aquellos que se autocensuran para no ser reprimidos y evitarse las situaciones anteriores. Me consta que por cada amenaza y cada periodista muerto, hay muchos espacios críticos que se silencian, como esas series luminosas de los árboles de navidad: Se rompe sólo un foco, pero se apaga toda una serie.

La tercera capa la conforman todas las formas de incentivo económico o trato de favor que se dispensa a determinadas personas para que escriban de esto o aquello. Y aquí habría que hablar no sólo del chayote descarado; el sobre entregado a los periodistas y a los medios más execrables del oficio. En México hay formas mucho más extendidas y sutiles: Contratos millonarios para hacer libros “aniversario” entregados a empresas que pertenecen a periodistas afamados o a sus familiares; concesiones de proveeduría disfrazadas, etc. En los últimos años la versión más socorrida son los blogs personales que algunos periodistas y conductores de noticieros inauguran para captar la publicidad oficial. Su tráfico es mínimo pero exhiben anuncios de gobiernos estatales y dependencias públicas entregados como prebendas.

Todavía más sutil es la siguiente etapa, aquello que hacen los medios y periodistas porque es inducida por las leyes del mercado. Es rentable escribir sobre esto y no sobre aquello; los públicos y anunciantes premian unos temas y castigan otros. Es más popular para un columnista o un noticiero hablar sobre el escándalo del momento y las imágenes de los abusos de los juniors, que sobre los temas estructurales que afectan la vida de todos. Si bien esto es explicable, lo grave es que esta práctica va reforzando el empobrecimiento del mercado y los hábitos de consumo de la información. Una círculo perverso que profundiza la irresponsabilidad de medios de comunicación y mercado. Cada vez menos personas (y anunciantes) se interesan en revistas como Nexos o Letras Libres, y cada vez más en aquellas tipo Quien o TVyNotas. Los noticieros mismos, incluso los críticos y profesionales, poco a poco van cambiando sus contenidos en respuesta a esta exigencia creciente por la nota espectáculo, la noticia escandalosa, el video chocante.

Medios y públicos se relacionan simbióticamente como el huevo y la gallina; uno propicia al otro y viceversa, el problema es que se trata de un proceso involutivo en el que uno degenera al otro en una secuencia interminable.
Las redes sociales (blogs, Facebook, Twitter) rompen estos círculos y a la vez los acentúan. Por un lado, en efecto rompen el cerco de la censura de los medios, y divulgan abusos y excesos de la vida pública. Hacen una opinión pública más crítica e independiente, sin la mediación de ese “curador” que son los periodistas. Pero del otro, profundizan el gusto por la nota escándalo y la crítica ocurrente pero desinformada.

Y, como lo muestran el nuevo affair de Obama y el espionaje en Facebook y otros sitios, o los innumerables “motores” de políticos y cabilderos para impulsar hashtags y trending topics, el supuesto reino de libertad está en camino de convertirse en un ámbito de manipulación tan grave o más que el que padece la prensa. Vivimos una explosión de libertad aparente para opinar y consumir información; y a la vez, nunca habíamos estado tan cerca del Hermano Mayor y de la peor censura: aquella que no se ve. @

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16 Junio 2013 03:00:50
La censura no es como la pintan
Preferimos oír de ladies y mirreyes que de reforma fiscal o la educación de nuestros hijos. El tema de fondo no es la muerte de periodistas, sino el asesinato de los lectores y las audiencias críticas. La represión es terrible por la dosis de dolor y las vidas truncadas que entraña, pero el impacto de las otras formas de censura es infinitamente más impactante. El resultado es una opinión pública adicta a los escándalos, a la noticia espectáculo, al video bochornoso. Peor aún, el resultado es una opinión pública desarmada para participar en los temas de fondo que afectan su vida presente y futura.

La censura es como una pirámide con varias capas, dice Julian Assange en su libro “Cypherpunks”. En su nivel más básico se encuentra la represión descarada: el asesinato de periodistas, las demandas por difamación para amedrentar a la crítica, las cámaras de reporteros que son confiscadas. Pero esa es una capa ínfima que propicia una segunda, mucho más amplia: todos aquellos que se autocensuran para no ser reprimidos y evitarse las situaciones anteriores. Me consta que por cada amenaza y cada periodista muerto, hay muchos espacios críticos que se silencian, como esas series luminosas de los árboles de navidad: se rompe sólo un foco, pero se apaga toda una serie.

La tercera capa la conforman todas las formas de incentivo económico o trato de favor que se dispensa a determinadas personas para que escriban de esto o aquello. Y aquí habría que hablar no sólo del chayote descarado; el sobre entregado a los periodistas y a los medios más execrables del oficio. En México hay formas mucho más extendidas y sutiles: contratos millonarios para hacer libros “aniversario” entregados a empresas que pertenecen a periodistas afamados o a sus familiares; concesiones de proveeduría disfrazadas, etcétera. En los últimos años la versión más socorrida son los blogs personales que algunos periodistas y conductores de noticieros inauguran para captar la publicidad oficial. Su tráfico es mínimo pero exhiben anuncios de gobiernos estatales y dependencias públicas entregados como prebendas.

Todavía más sutil es la siguiente etapa, aquello que hacen los medios y periodistas porque es inducido por las leyes del mercado. Es rentable escribir sobre esto y no sobre aquello; los públicos y anunciantes premian unos temas y castigan otros. Es más popular para un columnista o un noticiero hablar sobre el escándalo del momento y las imágenes de los abusos de los juniors, que sobre los temas estructurales que afectan la vida de todos. Si bien esto es explicable, lo grave es que esta práctica va reforzando el empobrecimiento del mercado y los hábitos de consumo de la información. Una círculo perverso que profundiza la irresponsabilidad de medios de comunicación y mercado. Cada vez menos personas (y anunciantes) se interesan en revistas como “Nexos” o “Letras Libres”, y cada vez más en aquellas tipo “Quién” o “TVyNotas”. Los noticieros mismos, incluso los críticos y profesionales, poco a poco van cambiando sus contenidos en respuesta a esta exigencia creciente por la nota espectáculo, la noticia escandalosa, el video chocante.

Medios y públicos se relacionan simbióticamente, como el huevo y la gallina; uno propicia al otro y viceversa, el problema es que se trata de un proceso involutivo en el que uno degenera al otro en una secuencia interminable.

Las redes sociales rompen estos círculos y a la vez los acentúan. Por un lado, en efecto rompen el cerco de la censura de los medios, y divulgan abusos y excesos de la vida pública. Hacen una opinión pública más crítica e independiente, sin la mediación de ese “curador” que son los periodistas. Pero del otro, profundizan el gusto por la nota escándalo y la crítica ocurrente pero desinformada.

Y, como lo muestran el nuevo affaire de Obama y el espionaje en Facebook y otros sitios, o los innumerables “motores” de políticos y cabilderos para impulsar hashtags y trending topics, el supuesto reino de libertad está en camino de convertirse en un ámbito de manipulación tan grave o más que el que padece la prensa. Vivimos una explosión de libertad aparente para opinar y consumir información; y, a la vez, nunca habíamos estado tan cerca del Hermano Mayor y de la peor censura: aquella que no se ve.



09 Junio 2013 04:00:40
Mancera y Peña Nieto, ¿inicia la decepción?
Ambos están a seis meses de haber arrancado, ambos generaron grandes expectativas, Enrique Peña Nieto por el regreso del “oficio” a Los Pinos, Miguel Ángel Mancera por su enorme margen de triunfo; ambos exhiben los primeros síntomas de que su luna de miel ha quedado atrás (no entre ellos, aunque más de algún lector suspicaz así podría pensarlo). Y ¿Hasta que punto sería justo decir que comienzan los primeros síntomas de un Presidente y un jefe de Gobierno en proceso de convertirse en decepción?

Y De los dos, me parece que Mancera es el que ha enseñado el cobre más pronto.

Entre otras razones porque a diferencia de Peña Nieto no ha sabido aglutinar a las distintas fracciones de su partido. Más bien todo lo contrario. Hizo una alianza precaria con Los Chuchos, (Jesús Zambrano y Jesús Ortega) quienes controlan la dirigencia del PRD, pero se alejó del resto de las fuerzas de la izquierda, comenzando con el propio Marcelo Ebrard.

Para ser justos con Mancera habría que reconocer que nunca fue el candidato de Ebrard, quien de manera obtusa insistió en encumbrar a su tesorero Mario Delgado. Sin embargo, una vez en el poder Mancera tenía todo a su favor para restaurar heridas y hacer mancuerna con su ex jefe. Después de todo, fue Ebrard quien lo promovió a la primera línea de su gabinete. Pero Mancera hizo todo lo contrario: Dio la espalda a los equipos de Marcelo y se echó en brazos de Peña Nieto. Por otro lado, se enfrentó a René Bejarano por el control de la Asamblea, y aunque logró imponerse en una victoria pírrica, acabó más aislado que nunca.

El principal error de Mancera es haber entregado su manejo de comunicación social a una fracción periodística que está reñida con buena parte de los medios de información de la ciudad. El jefe de Gobierno se echó en las espaldas rencillas viejas entre periodistas y medios de comunicación, que le resultaban ajenas, pero que le han cargado la factura.

Hasta hace algunas semanas su equipo ignoraba estas señales cegados por el buen comportamiento de su jefe en las encuestas de popularidad. Pero en la primera crisis de información real, la desaparición de los jóvenes de Tepito en el Heaven de la Zona Rosa, la figura de Mancera se ha desmoronado. Las pésimas relaciones de su gente de comunicación con muchos medios y los errores en el manejo de la crisis han puesto en verdadero aprieto al alcalde de la Ciudad de México. Indeciso, mentiroso, débil, carente de oficio, son algunos de los apelativos que han circulado profusamente en columnas y noticieros en los últimos días.

El tema va más allá de una crisis momentánea. El telón de fondo tienen que ver la enorme batalla que se avecina entre el PRD y el PRI por la Ciudad de México.

El tricolor no esconde su intención (y está en todo su derecho, como partido político que es) de recuperar el control de este bastión que se encuentra en manos de la izquierda desde 1997. Sin proponérselo, Mancera está siendo el mejor cómplice de esta estrategia del PRI.

Hasta ahora el PRD había mantenido el control de la capital gracias a que Andrés Manuel López Obrador (2000-2006) y Marcelo Ebrard (2006-2012) lograron convertirse en aglutinadores y jefes de facto de las fuerzas políticas de la izquierda en la capital, pese a la ferocidad de las tribus internas. De alguna forma encontraron la manera de respetar la diversidad y generar los acuerdos para convivir bajo un liderazgo común. Y no se trató sólo de una estrategia política para impedir la infiltración de las bases priístas en el tejido de organizaciones metropolitanas. Fue la parte medular para lograr un gobierno relativamente eficaz durante cerca de 15 años. La recuperación del Centro Histórico, por ejemplo, es impensable sin la capacidad para negociar con las organizaciones de vendedores ambulantes, por ejemplo.

El pésimo manejo de la tragedia del Heaven no es un evento aislado; refleja el inicio de una fractura con aliados que resultan vitales (en este caso Tepito) para el buen gobierno de la ciudad.

Mancera no sólo está en camino de convertirse en una decepción. Podría ser al caballo de Troya, voluntario o involuntario, para la recuperación por parte del PRI de la Ciudad de México. El trabajo de zapa ya ha
comenzado.

@jorgezepedap
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02 Junio 2013 04:00:01
Ladys y Mirreyes: Aristocracia mexicana
Para un aristócrata no hay peor ofensa que ser confundido con un plebeyo. O peor aún, ser tratado como tal por otro plebeyo. Con justa indignación, #LadySenadora reclamó a la empleada de VivaAerobús “¿Por qué me hablas al tú por tú?” Como ha dicho Ricardo Raphael, la legisladora Luz María Beristáin Navarrete, concibe que el hecho de ser autoridad la convierte en un ser superior al resto de los mortales. Poco faltó para que presumiera que también ella compra en Rodeo Drive, como lo hizo Andrés Granier cuando ufano inventarió el enorme repertorio de su guardarropa.

Y es que si repasamos los casos de las Ladys y Mirreyes veremos que el común denominador es la indignación de cada uno de ellos por el hecho de ser tratados como si fueran “un hijo de vecino”, es decir como plebeyos. Desde las LadysPolanco irritadas porque unos policías morenos y chaparritos las estaban deteniendo por borrachas; o LadyProfeco porque los “imbéciles” de un restaurante no entendieron que ella no está para esperar mesa y sí para exigir donde sentarse; o el empresario exasperado que tiene que golpear a un conserje de su edificio porque este se rehúsa a lavarle el auto como ha sido ordenado. Y así indefinidamente.

Y nada describe mejor la arraigada noción de que estos mirreyes se conciben como una especie humana superior que el famoso twitter del novio de la hija de Peña Nieto: “Pau un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole, y critican a quienes envidian…” Un revelador mensaje de solidaridad de clase y estamento. Faltó decir, “no te preocupes, somos superiores”. Aunque quizá estaba demás; para él eso era evidente.

Tienen tan internalizada esta noción del derecho propio ajeno a las códigos que aplican a los de a pie, que el nieto de Jesús Murillo Karam, titular de la PGR, es capaz de invadir la casa de su novia durante la noche, romperle la cara y saber que puede hacerlo con total impunidad. Una especie de derecho de pernada del siglo XXI.

Y sólo la hija de Romero Deschamps y los que son como ella son incapaces de ver la enorme incongruencia de presumir en Facebook viajes faraónicos por el viejo continente en aviones privados y perros horrorosos cuando su padre es un líder “obrero” con sueldo nominal que permite vacacionar en Uruapan, no en Europa. Y ella no es capaz de verlo porque divide al mundo entre los que se hablan al tú por tú, una minoría privilegiada, y la chusma que existe para servir. Por eso es tan frecuente que estos hijos de funcionarios explicablemente enriquecidos exhiban en Redes sociales sus excesos y privilegios: porque ya no los ven como tales. Desde pequeños se han rosado sólo con otros como ellos de tal forma que cuando envían mensajes o suben imágenes al ciberespacio, sólo existen personas como ellos. El resto de la humanidad está ausente porque, después de todo, somos de utilería; mera escenografía para su aristocrático vivir.

La división del mundo entre los que puedan hablar de tú, y los que tienen que hablar con un respetuoso usted (y sólo cuando se les dirige la palabra) no se limita a los juniors, desde luego. Basta ver a las señoras de las Lomas y Polanco que cuando conducen el auto acompañadas de su “sirvienta” la mandan al asiento trasero para que nadie vaya a creer que es su amiga o su igual. O las parejas con hijos pequeños que vuelan a Cancún acompañadas de nodrizas que caminan dos metros detrás de sus patrones.

Ante la profusión de Ladys y Mirreyes y la velocidad casi semanal con la que las redes nos alertan de un miembros más de sangre azul, quizá tendríamos que recuperar los viejas nomenclaturas de la realeza europea. Condes y condesas, barones y baronesas, duques y duquesas, príncipes y princesas, reyes y reinas.

Todo eso en lugar de líderes sindicales, legisladores y legisladoras, funcionarios y funcionarias. Digo, no es lo mismo ser hijo de gobernador (que es momentáneo) que hijo de dueño de partido verde (que es de por vida). Si ellos mismos se consideran la nueva aristocracia mexicana lo menos que podemos hacer es comenzar a examinarlos, catalogarlos por subespecie y, cuando sea posible, guillotinarlos en las redes sociales.


@jorgezepedap
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26 Mayo 2013 04:00:40
Granier, un regalo para Peña
Sin ganas de oírme como libro de autoayuda, me parece que Peña Nieto no tiene una amenaza en la corrupción del ex gobernador priísta de Tabasco, sino una oportunidad. Los costos políticos para procesarlo y llevarlo a la cárcel son mínimos mientras que la ganancia política sería considerable.

Primero abordemos las ventajas. Luego de perdonar a  Rosario Robles pese al uso electoral de la Sedesol, de machucar a César Nava, ex presidente del PAN, con una demanda en Estados Unidos por parte de Pemex, y del anuncio que el ex gobernador panista de Aguascalientes, Luis Fernando Reynoso Femat, está siendo investigado, a Peña Nieto le urge emparejar el marcador y ostentarse como un Presidente que no sólo favorece al PRI.

Se me dirá que la remoción de su amigo Benítez Treviño en la Profeco habría abonado en esa dirección, pero en realidad se trató de un gesto dirigido a las redes sociales. Lo de Rosario Robles, Nava y Reynoso Femat en cambio, es un golpe a los partidos de oposición que habían venido apoyando su Pacto Político.

Tanto Jesús Zambrano en el PRD, como Gustavo Madero en el PAN quedaron en mala posición frente a sus bases con el apapacho de Peña Nieto a su secretaria (“Rosario, no te preocupes”) cuando la Sedesol fue sorprendida operando en contra del PAN y del PRD. Meter a Granier a la cárcel le permitiría congraciarse con sus colegas firmantes del Pacto y ayudarles a éstos a contentarse con sus bases (difícil tarea, por lo demás).

Por otro lado, procesar a Granier le daría al Gobierno federal un bono importante frente a la opinión pública. Las redes sociales y los medios de comunicación se han cebado en los datos morbosos de la riqueza del ex gobernador durante toda la semana. La foto de los casi 100 mdp encontrados al ex tesorero fue la imagen de portada de todos los diarios. Las mil camisas y los 400 zapatos se han prestado para todo tipo de memes, hashtags y trading topics en Tuiter y Facebook. No encarar este abuso quedaría como un monumento a la impunidad en la historia del sexenio.

Y desde luego, las desventajas o costos son mínimos. Para empezar, Granier no pertenece a la cúpula del PRI ni forma parte de alguna fracción en la estructura de poder. “El Químico” llegó al gobierno de Tabasco por el PRI sin ser el candidato de la élite del partido; simplemente se le escogió por ser un funcionario con buena imagen y la amenaza que representaba el PRD en esas elecciones locales en caso de que el PRI optara por un candidato impopular.

Granier es y ha sido un externo, un out sider en las filas locales o nacionales del tricolor.
 
Un cero a la izquierda

En otras palabras, emprenderla en contra de Granier no deja huellas ni grietas dentro del edificio priísta, como sí lo haría, por ejemplo, cargarse a ex gobernadores tales como Humberto Moreira o Tomás Yarrington, ya no digamos gobernadores en activo tan impresentables como Javier Duarte en Veracruz o Roberto Borge en Quintana Roo. Incluso emprenderla en contra de figuras no priístas como Rafael Moreno Valle en Puebla o Juan Sabines, ex en Chiapas, tendría más repercusiones políticas indeseables que procesar al bocazas de Granier.

Por lo demás, nadie necesita al ex gobernador tabasqueño. Vamos, no es Carlos Romero Deschamps, quien ha hecho más méritos para ser enjuiciado pero cuya detención podría desestabilizar al gremio petrolero justo cuando se viene encima la reforma energética. En cambio el torpemente enriquecido Granier es un cero a la izquierda para el PRI. A Peña Nieto le resulta más útil que la piel del Químico se decolore en la cárcel a que se broncee en una playa de Miami.

La política es cruel y ya hemos visto que el Presidente la aplica sin tocarse el corazón. Como Andrés Granier está a punto de descubrir, la política te puede encumbrar a ritmo acelerado, pero cuando te tumba lo hace de manera fulminante.

Las fieras del circo necesitan alimentarse y el tabasqueño es la víctima perfecta.

@jorgezepedap
26 Mayo 2013 03:00:23
Granier, un regalo para Peña
Sin ganas de oírme como libro de autoayuda, me parece que Peña Nieto no tiene una amenaza en la corrupción del ex gobernador priista de Tabasco, sino una oportunidad. Los costos políticos para procesarlo y llevarlo a la cárcel son mínimos mientras que la ganancia política sería considerable.
Primero, abordemos las ventajas. Luego de perdonar a Rosario Robles, pese al uso electoral de la Sedesol, de machucar a César Nava, ex presidente del PAN, con una demanda en Estados Unidos por parte de Pemex, y del anuncio de que el ex gobernador panista de Aguascalientes, Luis Fernando Reynoso Femat, está siendo investigado, a Peña Nieto le urge emparejar el mercador y ostentarse como un presidente que no sólo favorece al PRI.

Se dirá que la remoción de su amigo Benítez Treviño en la Profeco habría abonado en esa dirección, pero en realidad se trató de un gesto dirigido a las redes sociales. Lo de Rosario Robles, Nava y Reynoso Femat, en cambio, es un golpe a los partidos de oposición que habían venido apoyando su Pacto político. Tanto Jesús Zambrano en el PRD, como Gustavo Madero en el PAN quedaron en mala posición frente a sus bases con el apapacho de Peña Nieto a su secretaria (“Rosario, no te preocupes”) cuando la Sedesol fue sorprendida operando en contra del PAN y del PRD. Meter a Granier a la cárcel le permitiría congraciarse con sus colegas firmantes del Pacto y ayudarles a estos a contentarse con sus bases (difícil tarea, por lo demás).

Por otro lado, procesar a Granier le daría al Gobierno federal un bono importante frente a la opinión pública. Las redes sociales y los medios de comunicación se han cebado en los datos de la riqueza del ex gobernador durante toda la semana. La foto de los casi 100 millones de pesos encontrados al ex tesorero fue la imagen de portada de todos los diarios. Las mil camisas y los 400 zapatos se han prestado para todo tipo de memes, hashtags y trading topics en Twitter y Facebook. No encarar este abuso quedaría como un monumento a la impunidad en la historia del sexenio.

Y desde luego, las desventajas o costos son mínimos. Para empezar, Granier no pertenece a la cúpula del PRI ni forma parte de alguna fracción en la estructura de poder. “El Químico” llegó al Gobierno de Tabasco por el PRI sin ser el candidato de la élite del partido; simplemente se le escogió por ser un funcionario con buena imagen y la amenaza que representaba el PRD en esas elecciones locales en caso de que el PRI optara por un candidato impopular. Granier es y ha sido un externo, un outsider en las filas locales o nacionales del tricolor.

Un cero a la izquierda

En otras palabras, emprenderla en contra de Granier no deja huellas ni grietas dentro del edificio priista, como sí lo haría, por ejemplo, cargarse a ex gobernadores tales como Humberto Moreira o Tomás Yarrington, ya no digamos gobernadores en activo tan impresentables como Javier Duarte en Veracruz o Roberto Borge en Quintana Roo. Incluso emprenderla en contra de figuras no priístas como Rafael Moreno Valle en Puebla o Juan Sabines, en Chiapas, tendría más repercusiones políticas indeseables que procesar al bocazas de Granier.

Por lo demás, nadie necesita al ex gobernador tabasqueño. Vamos, no es Carlos Romero Deschamps, quien ha hecho más méritos para ser enjuiciado pero cuya detención podría desestabilizar al gremio petrolero justo cuando se viene encima la reforma energética. En cambio el torpemente enriquecido Granier es un cero a la izquierda para el PRI. A Peña Nieto le resulta más útil que la piel de “El Químico” se decolore en la cárcel a que se broncee en una playa de Miami.

La política es cruel y ya hemos visto que el Presidente la aplica sin tocarse el corazón. Como Andrés Granier está a punto de descubrir, la política te puede encumbrar a ritmo acelerado, pero cuando te tumba lo hace de manera fulminante. Las fieras del circo necesitan alimentarse y el tabasqueño es la víctima perfecta.
19 Mayo 2013 04:00:55
El PAN: Kramer vs Kramer
Es el momento de preparar palomitas, sentarse en primera fila al lado del ring y contemplar la enconada pelea entre Madero y Cordero por el control del PAN (con tal rima en los apellidos deberían llevarse mejor, pero así­ es la polí­tica).

Muchas cosas dividen a Gustavo Madero, presidente del PAN y a Ernesto Cordero, coordinador de los senadores de ese partido. Para empezar el arranque de los apellidos, que en este caso parecen destino. Cordero, es fiel cordero del rebaño de Felipe Calderón quien desde su inventada cátedra en Harvard pretende mantener el control del partido que lo llevó a la presidencia. Del lado opuesto, Madero, un débil presidente del partido, consecuente heredero del Francisco I. Madero, quien a pesar de ser prócer de la patria era un hombre de carácter endeble pero imbuido de magníficas intenciones.

En realidad ambos representan diferentes tendencias dentro del panismo. Aunque para ser claros tendrí­amos que hablar de facciones de interés más que de corrientes ideológicas. O dicho de otra manera, no son las convicciones las que están en juego sino la lucha por el poder.

El pretexto para la contienda es la cercaní­a con Peña Nieto. Como se sabe, Madero ha firmado el Pacto polí­tico con la presidencia y apoyado las reformas que impulsa el PRI. Al igual que la dirigencia del PRD, que también firmó, Madero juzgó que más valí­a participar en el proceso para influir en él, que quedarse fuera de la posibilidad de incidir en los cambios como sucedí­a en el pasado.

Desde el senado, donde tienen que aprobarse tales reformas, Ernesto Cordero ha cuestionado el “entreguismo” de Madero, acusándolo de estar haciendo el juego al PRI. La pugna frontal ha estallado a propósito de la reforma en materia electoral. Madero exigió y obtuvo por parte de Peña Nieto varias concesiones para evitar el uso electoral de los recursos asistenciales oficiales (léase Sedesol y Rosario Robles). Cordero desconoció tales acuerdos y pretende impulsar un proyecto de reforma electoral muy distinto y más radical. Es decir, el PAN estaría proponiendo dos proyectos de reforma polí­tica. Algo que las dos partes encuentran inadmisible.

Ése fue el primer round (en realidad hubo otros anteriores, pero consistieron más bien en boxeo de sombra). En el segundo round Madero contraatacó amenazando con hacer uso de su prerrogativa y remover a Cordero como coordinador de los senadores panistas. Y en efecto es una atribución del presidente del partido, aunque por lo general se permite a los propios senadores la elección de su representante. “¿Puedo tomar la decisión de removerlo? Sí­. La puedo tomar hoy, mañana, el martes o después del martes o el año que entra. Es una facultad irrenunciable y es una responsabilidad”, dijo el viernes pasado. “Hay hechos declaraciones y posicionamientos que nos están mostrando como un partido débil”, concluyó.

Pero en cuanto sonÓ la campaña, en el tercer round Cordero salió al centro del ring decidido al intercambio de golpes, y amenazó con una rebelión de los senadores en contra del presidente de su partido. Obvio decir que cuenta con el respaldo de los calderonistas como Luisa Marí­a, la hermana del ex mandatario, Javier Lozano, Francisco Domí­nguez y Roberto Gil, entre otros.

En el fondo ni siquiera se trata de un conflicto dentro del PAN por el posicionamiento con respecto a Peña Nieto. En realidad Felipe Calderón fue el primer colaborador del ahora presidente priísta. Basta recordar el boicot soterrado que se hací­a desde Los Pinos a la propia campaña de la abandera panista, Josefina Vázquez Mota, o la luna de miel entre los dos equipos de transición, entre julio y diciembre pasados.

El problema fue que CalderÓn quiso ser el hombre que negociara la relación entre el PAN y Peña Nieto. Eso lo habrí­a convertido, tras bambalinas, en uno de los figuras más poderosas de este sexenio. Pero se le atravesó Madero. Peña Nieto entabló diálogo directo con el presidente del partido y marginaron al belicoso michoacano. Eso, y el desdén de Peña Nieto sobre la guerra contra el narco sostenida por su predecesor, terminaron por envenenar a Calderón.

La respuesta de los calderonistas ha sido enarbolar la bandera de la autonomí­a del PAN frente al PRI y la crítica a todo acuerdo de Madero con el Gobierno. Con esta bandera intentan tumbar al dirigente y recuperar el control de la presidencia del partido. Habrá que esperar hasta el décimo round para conocer el desenlace de esta pelea. A menos que un nocaut la precipite. Haga sus apuestas.
19 Mayo 2013 03:00:32
El PAN: Kramer vs. Kramer
Es el momento de preparar palomitas, sentarse en primera fila al lado del ring y contemplar la enconada pelea entre Madero y Cordero por el control del PAN (con tal rima en los apellidos deberían llevarse mejor, pero así es la política).
Muchas cosas dividen a Gustavo Madero, presidente del PAN, y a Ernesto Cordero, coordinador de los senadores de ese partido. Para empezar el arranque de los apellidos, que en este caso parecen destino. Cordero, es fiel cordero del rebaño de Felipe Calderón, quien desde su inventada cátedra en Harvard pretende mantener el control del partido que lo llevó a la Presidencia. Del lado opuesto, Madero, un débil presidente del partido, consecuente heredero del Francisco I. Madero, quien a pesar de ser prócer de la patria era un hombre de carácter endeble pero imbuido de magníficas intenciones.
En realidad ambos representan diferentes tendencias dentro del panismo. Aunque para ser claros tendríamos que hablar de facciones de interés más que de corrientes ideológicas. O dicho de otra manera, no son las convicciones las que están en juego, sino la lucha por el poder.
El pretexto para la contienda es la cercanía con Peña Nieto. Como se sabe, Madero ha firmado el pacto político con la Presidencia y apoyado las reformas que impulsa el PRI. Al igual que la dirigencia del PRD, que también firmó, Madero juzgó que más valía participar en el proceso para influir en él, que quedarse fuera de la posibilidad de incidir en los cambios, como sucedía en el pasado.
Desde el Senado, donde tienen que aprobarse tales reformas, Ernesto Cordero ha cuestionado el “entreguismo” de Madero, acusándolo de estarle haciendo el juego al PRI. La pugna frontal ha estallado a propósito de la reforma en materia electoral. Madero exigió y obtuvo por parte de Peña Nieto varias concesiones para evitar el uso electoral de los recursos asistenciales oficiales (léase Sedesol y Rosario Robles). Cordero desconoció tales acuerdos y pretende impulsar un proyecto de reforma electoral muy distinto y más radical. Es decir, el PAN estaría proponiendo dos proyectos de reforma política. Algo que las dos partes encuentran inadmisible.
Ese fue el primer round (en realidad hubo anteriores, pero consistieron en boxeo de sombra). En el segundo round Madero contraatacó amenazando con hacer uso de su prerrogativa y remover a Cordero como coordinador de los senadores panistas. Y en efecto, es una atribución del presidente del partido, aunque por lo general se permite a los propios senadores la elección de su representante. “¿Puedo tomar la decisión de removerlo? Sí. La puedo tomar hoy, mañana, el martes o después del martes o el año que entra. Es una facultad irrenunciable y es una responsabilidad”, dijo el viernes pasado. “Hay hechos, declaraciones y posicionamientos que nos están mostrando como un partido débil”, concluyó.
Pero en cuanto sonó la campaña, en el tercer round Cordero salió al centro del ring decidido al intercambio de golpes, y amenazó con una rebelión de los senadores en contra del presidente de su partido. Obvio decir que cuenta con el respaldo de calderonistas como Luisa María, la hermana del ex mandatario, Javier Lozano, Francisco Domínguez y Roberto Gil, entre otros.
En el fondo ni siquiera se trata de un conflicto dentro del PAN por el posicionamiento con respecto a Peña Nieto. En realidad Felipe Calderón fue el primer colaborador del ahora presidente priista. Basta recordar el boicot soterrado que se hacía desde Los Pinos a la propia campaña de la abandera panista, Josefina Vázquez Mota, o la luna de miel entre los dos equipos de transición, entre julio y diciembre pasados. El problema fue que Calderón quiso ser el hombre que negociara la relación entre el PAN y Peña Nieto. Eso lo habría convertido, tras bambalinas, en uno de los figuras más poderosas de este sexenio. Pero se le atravesó Madero. Peña Nieto entabló diálogo directo con el presidente del partido y marginaron al belicoso michoacano. Eso, y el desdén de Peña Nieto sobre la guerra contra el narco sostenida por su predecesor, terminaron por envenenar a Calderón.
La respuesta de los calderonistas ha sido enarbolar la bandera de la autonomía del PAN frente al PRI y la crítica a todo acuerdo de Madero con el Gobierno. Con esta bandera intentan tumbar al dirigente y recuperar el control de la presidencia del partido. Habrá que esperar hasta el décimo round para conocer el desenlace de esta pelea. A menos que un nocaut la precipite. Haga sus apuestas.
12 Mayo 2013 03:00:32
Los Imecas no son una etnia
Tengo un amigo que hace algunos años creía que los Imecas habían sido una civilización prehispánica del Altiplano. Su ignorancia fue premiada con el apodo de “El Imeca”, que le asestamos desde entonces. Tengo tres días acordándome de él, gracias a la contaminación que atosiga al Valle de México.

El aire está irrespirable desde el jueves, según las autoridades que han decretado la precontingencia a partir del momento en que superamos los 150 puntos Imeca. Los especialistas han definido que tal marca está asociada a la presencia más que preocupante de altos niveles de ozono en el ambiente. Pese al prefijo “pre” que le antecede, las medidas que contempla son draconianas: “La suspensión de actividades deportivas, cívicas, de recreo u otras que expongan a la población al aire libre”. O sea, quédese en su casa. De cualquier manera es probable que su auto sea uno de los 950 mil que tengan el holograma prohibido para circular, o se trate de algún auto con placas de una entidad foránea.

No está claro qué sucederá si la precontingencia continúa durante varios días más. Todos los esfuerzos que hice para abrir la página de la Secretaría del Medio Ambiente del DF o descargar el folleto de Medidas de contingencia en PDF resultaron infructuosos. Quiero pensar que muchos ciudadanos estaban interesados en hacer la misma consulta y terminamos por saturar la página electrónica. Pero la primera “contingencia” que el Distrito Federal tendría que resolver es cómo ampliar su capacidad de ancho de banda cuando se presenta una contingencia.
Lo claro es que, si somos congruentes con nuestra salud, este fin de semana tendría que parecerse a la experiencia de vivir un estado de queda climático. Salir a respirar a un parque, ya no digamos correr o hacer deporte, equivale a comenzar a fumar.

El problema es que nos hemos acostumbrado a vivir (o mal vivir) con la contaminación. Si hace 30 años hubiéramos leído la nota de ocho columnas de este sábado habríamos pensado que se trataba de un titular de ciencia ficción catastrofista. Que la principal nota del día informe que quedan prohibidas las actividades al aire libre, y que su auto no puede circular por razones climáticas, parece más propio de una novela de Aldous Huxley o Ray Bradbury. Para un observador externo (si lo hubiera) el mero titular le haría pensar que se trata de una especie biológica que se encuentra en proceso de extinción.

Y desde luego no se trata de un problema local. “The New York Times” publicó esta semana que el nivel de dióxido de carbono (clave en el calentamiento global) sigue aumentando, pese a los esfuerzos planetarios para mantenerlo bajo control. La estación de monitoreo ubicada en Hawaii, que toma muestras de aire limpio y fresco que ha circulado por el Océano Pacífico y a miles de kilómetros de las grandes ciudades, informó que se superó el índice de más de 400 partes por millón de dióxido de carbono. Una marca sin precedente en este sitio, y una mojonera internacional para expertos de medio ambiente.

En otras palabras, el calentamiento global sigue su marcha y será un contexto acelerador del smog en nuestras ciudades, ayudado además por nuestra propia incapacidad para controlar lo factores locales de contaminación. En efecto, los Imecas no son una etnia extinta, pero sí un indicador de la extinción a la que están condenadas muchas de las actividades de la vida diaria.


#YoSoy132 un año

Ciertamente el movimiento #YoSoy132 está en agonía, pero un balance en su primer aniversario tendría que ser positivo. César Alan Ruiz García, uno de sus protagonistas, lo dice de manera categórica: “Siendo autocríticos, mucho de lo que rechazamos sigue igual, pero los que participamos nos sentimos totalmente diferentes… Encontrarnos nos salvó de nunca llegar a conocernos”.
Los movimientos sociales no deben ser evaluados por su permanencia o estabilidad, sino por el efecto acumulativo que genera en la cultura de la participación y protagonismo de la sociedad en los asuntos públicos. #YoSoy132 o el movimiento de Sicilia podrán haber sido emergencias efímeras, pero el efecto acumulativo va fortaleciendo el músculo de la sociedad para participar en la construcción de la historia. Gracias por ello.
05 Mayo 2013 04:10:58
El bronceado de Obama
Obama, ah sí, dijo Berlusconi, “ese joven apuesto y bien bronceado que vive en la Casa Blanca”. Y en efecto, no fue cosa fácil que un hombre “tan bronceado” llegase a la presidencia de Estados Unidos, y menos aún con un nombre tan tercermundista como Barack Obama, y con un islámico Hussein entre medio.

Le tomó a Estado Unidos más de 200 años aceptar la posibilidad de un presidente de raza negra; algo que muchos consideraban que tomaría varias generaciones más. Se requirió padecer los excesos de ocho años de esa derecha radical y obtusa encabezada por George Bush para precipitar como efecto pendular lo que parecía inimaginable. En realidad el hito que representa tener un presidente afroamericano en la Casa Blanca posee un efecto más simbólico que efectivo. Es tal el equilibrio de poderes de una sociedad moderna, que el mandatario norteamericano se encuentra maniatado para hacer cambios verdaderamente significativos en los temas estructurales.

Una y otra vez las propuestas más importantes de Obama se han estrellado contra las posiciones del Congreso y la fuerza de los poderosos lobbies que operan en Washington. Basta decir que la prisión de Guantánamo sigue en pie, pese a las reiteradas promesas de Obama; o podemos recordar su intención fallida de endurecer las condiciones de compra de armas largas entre los particulares en Estados Unidos. (En su más reciente libro, “El fin del Poder”, Moisés Naim asegura que los poderosos son cada vez menos, tienen menos poder y el poder que tienen es frágil y transitorio. El poder es ahora más difícil de usar y mucho más fácil de perder, en los campos científico, educacional, político, religioso, filantrópico, artístico).

Y pese a todo, los márgenes de maniobra con los que cuenta Obama no pueden, no deben, ser desaprovechados por México. Nada en la biografía personal del líder nacido en Hawaii lo vincula a temas latinos, pero sin duda sus convicciones democráticas y progresistas le hacen mucho más sensible a la agenda de los migrantes y a las condiciones desfavorables de nuestro país en las relaciones con su poderoso vecino. De hecho, hoy por vez primera, y gracias al apoyo de la Casa Blanca, los casi 12 millones de ilegales de origen latino en Estados Unidos contemplan la posibilidad de una amnistía que regularice su situación.

Me parece que los casi cuatro años que le quedan a Obama como presidente deberían ser objeto de una cuidadosa estrategia de parte del Gobierno mexicano para avanzar en una agenda histórica y resolver problemas ancestrales vinculados a la compleja relación entre ambos países en materia económica, financiera y social.

México y Estados Unidos comparten la frontera con mayor tráfico y simbiosis en el mundo. De hecho, como en el caso de cualquier pareja, alrededor de la frontera ha surgido una especie de tercer “país” que no es ni Estados Unidos ni México. Una tercera entidad que parece tener vida propia y sólo parcialmente evoca a sus progenitores.

Fue una verdadera lástima que Felipe Calderón desperdiciara los cuatro años del primer periodo de Obama, obsesionado como estaba con su guerrita contra el narco. Bastó este encuentro entre Peña Nieto y el estadounidense para evidenciar la intensidad de la agenda económica y política pendiente, y el enorme desperdicio que significó reducirla durante tanto tiempo a un asunto de pistolas y maleantes.

28 Abril 2013 04:08:03
Duarte, el gobernador incómodo
¿Será Javier Duarte de Veracruz el gober precioso de este sexenio? Difícil decirlo a estas alturas pero está haciendo todos los méritos para que no extrañemos a Mario Marín el impresentable ex gobernador de Puebla.

En poco más de dos años Duarte se las ha arreglado para saltar a las ocho columnas de la prensa nacional por lo menos en tres ocasiones, que no es poca cosa, en cada ocasión en circunstancias más penosas que la anterior. El viernes 28 de enero la Policía Federal detuvo en el aeropuerto de Toluca a funcionarios del estado de Veracruz con dos maletines que contenían 25 millones de pesos en efectivo, en un traslado en condiciones oscuras e irregulares.

Posteriormente el gobierno de Veracruz argumentaría que el dinero estaba destinado a financiar la organización del festival de Tajín y obtendría el correspondiente reembolso, pero el affair le costó el puesto al tesorero de Duarte, Tomás Ruiz, quien nunca pudo justificar las razones para un envío clandestino y en efectivo, en lugar de hacerlo por cheque o transferencia bancaria. La factura que “amparaba” tal egreso fue emitida 19 horas después de haber sido incautado el dinero.

La persecución del gobierno de Javier Duarte a periodistas veracruzanos ha provocado denuncias de organismos internacionales e indignación en la prensa nacional. Durante su gestión, Veracruz se ha convertido en el estado de mayor riesgo para ejercer el periodismo, por las amenazas reiteradas, el asesinato y las desapariciones. Nueve reporteros han sido asesinados y hay dos desaparecidos. Un puñado de profesionales ha tenido que emigrar del estado frente a la hostilidad abierta de las autoridades. Si bien algunas de las agresiones a la prensa proceden del crimen organizado, Duarte ha tenido el mal tino de encabezar una cruzada en contra del periodismo crítico, y ha impuesto una rígida ley en contra de la prensa que acabó con dos periodistas en la cárcel. El reclamo nacional e internacional le obligó a introducir enmiendas a su autoritaria ley para poder extraer a los periodistas de la prisión, pero la belicosidad ante los medios de comunicación independientes no ha menguado.

El último incidente es el más bochornoso y sin duda el más costoso para el PRI.

El audio que muestra la utilización de la estructura de la Sedesol para apuntalar el voto a favor del PRI en las elecciones veracruzanas paró en seco los acuerdos del Pacto Político que habrían de firmase en torno a la reforma financiera esta misma semana. Si bien las baterías críticas se orientaron en contra de Rosario Robles, titular de la Sedesol, el papel de los funcionarios de Javier Duarte no es menos comprometedor.

Javier Duarte se ha convertido en una rémora para el PRI de Peña Nieto, que intenta lavarse la cara y vender la noción de un PRI modernizante y empático con la transparencia y la tolerancia. Justo los atributos opuestos que hoy exhibe Duarte. En el sexenio anterior Mario Marín en Puebla y Ulises Ruiz en Oaxaca fueron los gobernadores incómodos y terminaron costando al partido la derrota en las elecciones en esas entidades.

Pero la factura de un gobernador impresentable es ahora mucho más alta que eso.

Peña Nieto ha tenido la enorme fortuna de contar con una oposición moderada. La firma del pacto político fue en buena medida una muestra de capacidad política del PRI, pero también resultado de una buena estrella: la salida de López Obrador del PRD, permitió a los dirigentes participar en una firma que el tabasqueño habría abortado de haber seguido en el partido. De igual forma, la confrontación de Madero, presidente del PAN, con los calderonistas, opuestos a esa firma, permitió a Peña Nieto contar con el apoyo de la
derecha.

Pero los abusos de Javier Duarte torpedean la posición de Los Chuchos y de Madero en la dirigencia del PRD y del PAN respectivamente. El gobernador de Veracruz da la razón a los radicales dentro de la oposición, quienes argumentan que apoyar a Peña Nieto y el Pacto, lleva a fortalecer al PRI que ha comenzado a implementar las viejas artes de la manipulación y la compra de votos para sostenerse en el poder.

Desde el sexenio de Carlos Salinas ningún presidente ha sido capaz de deshacerse de un gobernador incómodo. Ernesto Zedillo lo intentó con Roberto Madrazo en Tabasco y fracasó. Peña Nieto tendrá que decidir si prefiere erradicar de un zarpazo este foco de incertidumbre o aguantar cuatro años más de ocurrencias del gobernador veracruzano con los costos que ello representa. Haga sus apuestas.

@jorgezepedap
http://www.jorgezepeda.net
21 Abril 2013 04:10:16
Peña Nieto y los 99
No sorprende que la revista “Time” lo haya designado como una de las 100 personas más importantes en el mundo. Después de todo, Enrique Peña Nieto es el presidente de un país cuya economía ocupa la posición 11 en el mundo, por encima de España o Canadá y otros actores de primer nivel internacional. El hecho de que se encuentre en su primer año de gobierno lo convierte en una figura novedosa y atractiva para los que construyen hit parades de personalidades.

Lo que sí sorprende son los adjetivos utilizados para describir a Peña Nieto en el perfil publicado por Time. Cualquiera diría que Nelson Mandela se ha instalado en Palacio Nacional: “combina el carisma de Reagan, el intelecto de Obama y las habilidades políticas de Clinton”, escribe un entusiasta Bill Richardson, ex gobernador de Nuevo México. Y en efecto se tiene que ser un verdadero fan del mexiquense, con muy poco sentido crítico, para considerar que sus capacidades intelectuales son equivalentes a las de Obama, un egresado de Harvard con máximas calificaciones y lector voraz toda su vida. Algo de lo cual Peña Nieto no puede ser acusado ni siquiera por sus admiradores.

Confieso que el priista ha mostrado algunas cualidades que no le habíamos adivinado, pero la del intelecto no es una de ellas. En todo caso, las referencias de Richardson me parece que están invertidas: Peña Nieto combinaría el intelecto de Reagan con el carisma de Obama… y el gusto por las mujeres de Clinton.

La pieza del semanario norteamericano culmina una andanada de publicaciones internacionales muy favorables al presidente mexicano y al retorno del PRI al poder. Le están dando a México el beneficio de la duda y un tratamiento de estrella ascendente que antes sólo se destinaban a Brasil y a Corea.

Me parece que estas visiones tan optimistas obedecen a la combinación de tres factores. Por un lado, las terribles expectativas que muchos nos habíamos hecho con respecto al PRI. La presencia de dinosaurios políticos en su equipo de operadores, la relación del candidato con Televisa y los poderes factuales, y su pertenencia al añejo grupo de Atlacomulco hacían prever el regreso de un PRI viejo y anquilosado.

Por el contrario, desde su triunfo electoral Peña Nieto ha hecho lo indecible para que dentro y afuera se le perciba como un gobernante sensible y democrático. Yo sigo creyendo que cinco meses es muy pronto para saber si tal rasgo es simplemente cosmético o se convertirá en una característica definitiva de su sexenio. Por ahora baste decir que su narrativa ha sido muy exitosa para vender la noción de que ha llegado un equipo profesional y moderno, capaz de poner en movimiento reformas y pactos que se habían atorado en la administración anterior.

Y justamente este es el segundo factor. Peña Nieto luce gracias a la opacidad de Calderón. El mundo estaba harto de escuchar la cantaleta de este Rambo y su cruzada solitaria en contra de los cárteles. Funcionó para los dos primeros años de gobierno, cuando el panista hizo giras internacionales en medio de palmadas de admiración y reconocimiento. Todos preferían que la guerra se hiciera en territorio mexicano y no en el suyo. Pero a la larga eso no alcanza para cubrir las responsabilidades y la importancia de México en la economía internacional. Súbitamente escuchar a Peña Nieto hablar de acuerdos comerciales, reformas fiscales, laborales y energéticas, e inversión extranjera ha sido mucho más reconfortante que el lastimero discurso calderonista del número de capos muertos o detenidos en el último trimestre.

El tercer factor tiene que ver con el wishfull thinking. Todos quisieran que México fuera el nuevo Brasil. Ahora que el país amazónico ha comenzado una lenta declinación, y el PIB de Estados Unidos y de Canadá crece a ritmos modestos (2.1 y 1.7 respectivamente en 2013), la promesa de Enrique Peña Nieto de alcanzar tasas de 6% al final de su sexenio es sumamente atractivo para el hemisferio norte. México y China se disputan la primera posición como socio comercial de Estados Unidos. Una alta tasa de crecimiento nacional provocaría un muy favorable impulso para la industria norteamericana. Los elogios a Peña Nieto por parte de la crítica internacional son también una forma de invocar a la fortuna en provecho propio. Se vale: si comienzan a creerlo ayudarán a hacerlo posible.

Eso está bien, pero hay límites. Deberíamos desconfiar cuando un vendedor nos asegura que somos un portento intelectual simplemente porque citamos (incorrectamente) un pasaje bíblico. ¿No creen?
14 Abril 2013 04:10:16
Moreno Valle y la noria del infortunio
En su afán de emular el éxito político de las piscinas, pistas de hielo y conciertos en el Zócalo, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, se ha metido en una espiral de infortunios. O, mejor dicho, en una rueda de la fortuna plagada de mala suerte. La intención del gobernador era inaugurar para los festejos del 5 de mayo una “noria-mirador” (supongo que similar al famoso London Eye, pero sin el Támesis ni el palacio de Westminster). Para empezar, el costo de la ocurrencia ha sido objeto de críticas. Un medio local reportó que ascendería a cerca de 400 millones de pesos, aunque fuentes oficiales aseguran que la adquisición de la maquinaria en Alemania no pasaría de 100 millones (“dos dígitos seguidos de seis ceros” dijeron). No está claro si tales presupuestos incluían los terrenos y obras de construcción que implica la instalación de la rueda. Pero más allá del costo, el problema es que algunos poblanos no parecen muy entusiasmados con la idea.

Primero expulsaron el proyecto de la zona del centro histórico de Puebla por considerar que podría afectar el abigarrado y remodelado espacio colonial del primer cuadro de la ciudad. Y ahora padres de familia y estudiantes se oponen a que sea construido en Los Viveros, un terreno vinculado a un centro escolar. Los jóvenes aseguran que no permitirán que se derriben los árboles para hacer sitio a la inmensa noria y enarbolan mantas en las que exigen “inversión para la educación no para la diversión”.

No sé en qué vaya a terminar el culebrón, pero el asunto pone sobre la mesa dos temas dignos de reflexión. Por una parte la reciente inclinación de los gobernantes a buscar golpes mediáticos a través de obras más cercanas al rubro de “pan y circo” que al de políticas públicas de mayor trascendencia. Y no es que en sí mismas sean deleznables, ni mucho menos. Tienen qué ver con el costo-beneficio, y con la manera en que el público haga suyo el resultado de tales acciones.

Me parece, por ejemplo, un acierto la celebración de conciertos en el Zócalo o su conversión momentánea en piscina o pista de hielo. El costo es relativamente bajo y permite que decenas de miles de personas tengan acceso a servicios culturales y de esparcimiento que no están a su alcance por razones económicas y de otra índole. Por cada capitalino que se aventura en la pista de hielo hay varias decenas que sólo van a atestiguar, por primera vez en su vida, el sonido y los trazos que provoca en la superficie helada el roce de las navajas de los patinadores.

Lo cual conduce al segundo tema. La diferencia entre una oferta atractiva e ingeniosa y una ocurrencia disparatada estriba (además de en la prudencia del costo) en la sensibilidad frente a las necesidades de la gente. La infame Estela de Luz no sólo estaba condenada por el derroche disparatado y las malas prácticas que evidencian su construcción. También porque se hizo con la pretensión de convertirlo en el nuevo Ángel de la Independencia, para destronar al angelito como punto de encuentro espontáneo de los capitalinos. Para desgracia de Felipe Calderón, verdadero promotor del adefesio, el público sólo se interesó en la obra para ridiculizarla.

De manera creciente la opinión pública, los vecinos y las organizaciones sociales no están dispuestos a quedarse cruzados de brazos frente a tales ocurrencias. Los ciudadanos han entendido que el espacio urbano es suyo, no de los funcionarios que están de paso. Las obras se realizan con recursos del erario y desplazan usos del suelo que compete a la población decidir.

Por lo demás, como lo mostró el escándalo de la Estela de Luz o el misterioso portafolio con 25 millones en efectivo del gobierno de Veracruz presuntamente enviados para financiar el Festival de Tajín, estas obras se prestan a un gasto discrecional por los servicios intangibles y consultorías que entrañan. Razón de más para cuidar de cerca su aplicación.

Ciertamente es responsabilidad de las autoridades ofrecer el mobiliario urbano que requiere la población, incluyendo obras insignia que dan identidad y prestigio a una ciudad. Pero hacerlo sin entender que son los ciudadanos los que convierten los espacios públicos en espacios vivos o en elefantes i nútiles equivale a convertir una ocurrencia en una tragicomedia. Algo parecido a lo que hoy padece el gobernador de Puebla y su rueda del infortunio.
14 Abril 2013 04:00:15
Moreno Valle y la noria del infortunio
En su afán de emular el éxito político de las piscinas, pistas de hielo y conciertos en el Zócalo, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, se ha metido en una espiral de infortunios. O, mejor dicho, en una Rueda de la Fortuna plagada de mala suerte.

La intención del gobernador era inaugurar para los festejos del 5 de mayo una “noria-mirador” (supongo que similar al famoso London Eye o Millennium Wheel, pero sin el Támesis ni el palacio de Westminster).

Para empezar, el costo de la ocurrencia ha sido objeto de críticas. Un medio local reportó que ascendería a cerca de 400 millones de pesos, aunque fuentes oficiales aseguran que la adquisición de la maquinaria en Alemania no pasaría de 100 millones (“dos dígitos seguidos de seis ceros” dijeron a la prensa haciéndole al misterio). No está claro si tales presupuestos incluían los terrenos y las obras de construcción que implica la instalación de la Rueda.

Pero más allá del costo, el problema es que algunos poblanos no parecen muy entusiasmados con la idea.

Primero expulsaron el proyecto de la zona del Centro Histórico de Puebla por considerar que podría afectar el abigarrado y remodelado espacio colonial del primer cuadro de la ciudad. Y ahora padres de familia y estudiantes se oponen a que sea construido en Los Viveros, un terreno vinculado a un centro escolar. Los jóvenes aseguran que no permitirán que se derriben los árboles para hacer sitio a la inmensa noria y enarbolan mantas en las que exigen “inversión para la educación no para la diversión”.

No sé en que vaya a terminar el culebrón, pero el asunto pone sobre la mesa dos temas dignos de reflexión. Por una parte la reciente inclinación de los gobernantes a buscar golpes mediáticos a través de obras más cercanas al rubro de “pan y circo” que al de políticas públicas de mayor trascendencia.

Y no es que en sí mismas sean deleznables, ni mucho menos. Tienen que ver con el costo beneficio, y con la manera en que el público haga suyo el resultado de tales acciones.

Me parece, por ejemplo, un acierto la celebración de conciertos en el Zócalo o su conversión momentánea en piscina o pista de hielo. El costo es relativamente bajo y permite que decenas de miles de personas tengan acceso a servicios culturales y de esparcimiento que no están a su alcance por razones económicas y de otra índole. Por cada capitalino que se aventura en la pista de hielo hay varias decenas que sólo van a atestiguar, por primera vez en su vida, el sonido y los trazos que provoca en la superficie helada el roce de las navajas de los patinadores.

Lo cual conduce al segundo tema. La diferencia entre una oferta atractiva e ingeniosa y una ocurrencia disparatada, estriba (además de la prudencia en el costo) en la sensibilidad frente a las necesidades de la gente. La infame Estela de Luz no sólo estaba condenada por el derroche disparatado y las malas prácticas que evidencian su construcción. También porque se hizo con la pretensión de convertirlo en el nuevo “Ángel de la Independencia”, para destronar al angelito como punto de encuentro espontáneo de los capitalinos.

Para desgracia de Felipe Calderón, verdadero promotor del adefesio, el público sólo se interesó en la obra para
ridiculizarla.

De manera creciente la opinión pública, los vecinos y las organizaciones sociales no están dispuestas a quedarse cruzados de brazos frente a tales ocurrencias. Los ciudadanos han entendido que el espacio urbano es suyo no de los funcionarios que están de paso. Las obras se realizan con recursos del erario público y desplazan usos del suelo que compete a la población decidir.

Por lo demás, como lo mostró el escándalo de la Estela de Luz o el misterioso portafolio con 25 millones en efectivo del gobierno de Veracruz presuntamente enviados para financiar el Festival de Tajín, estas obras se prestan a un gasto discrecional por los servicios intangibles y consultorías que entrañan. Razón de más para cuidar de cerca su aplicación.

Ciertamente es responsabilidad de las autoridades ofrecer el amueblamiento urbano que requiere la población, incluyendo las obras insignia que dan identidad y prestigio a una ciudad. Pero hacerlo sin entender que son los ciudadanos los que convierten los espacios públicos en espacios vivos o en elefantes inútiles, equivale a convertir una ocurrencia en una tragicomedia.

Algo parecido a lo que hoy padece el gobernador de Puebla y su rueda del infortunio.
07 Abril 2013 04:10:22
Autopistas: buenos y malos
Quizá sea políticamente incorrecto aceptarlo, pero el desalojo del bloqueo de la autopista del Sol era necesario. Ni las causas ni los métodos de los maestros de Guerrero justifican el daño que representa para la región la interrupción de la vía de comunicación más rápida entre Acapulco y el DF.

Ciertamente las imágenes de granaderos embistiendo a los manifestantes no son fáciles de asimilar para alguien como su servidor, quien ha buscado estar al lado de las causas de los desesperanzados y los débiles en su eterna brega frente a los poderosos. Pero hace tiempo que el mundo dejó de proporcionarnos imágenes en blanco y negro en las que los buenos siempre estaban del mismo lado y los malos no escondían sus pérfidas intenciones.

Para empezar, cuesta trabajo entender las buenas causas en el movimiento de los maestros de Guerrero y Oaxaca. Su rechazo a un sistema profesional de evaluación de los docentes no concita simpatías. La protección de supuestos derechos laborales perpetúan la ineptidud en detrimento de un bien común mucho más importante para la sociedad: la calidad de la educación de las nuevas generaciones. La reforma educativa es perfectible, por donde se le mire, pero hay amplios consensos entre críticos y especialistas de que constituye un avance importante para remover obstáculos y mejorar la calidad del magisterio.

Y si las causas son cuestionables, los métodos tampoco parecen adecuados. Afectar la vida cotidiana de miles de ciudadanos que transitan por esta vía pública no me parece un recurso aceptable para exigir una reivindicación gremial. Otra vez, la imposición unilateral de una exigencia particular sobre el interés general. Recuerdo el caso, hace varios años, de una mujer que murió en una ambulancia que quedo atrapada durante horas en un bloqueo de carretera por un tema de aumento de becas a normalistas rurales. ¿Cómo explicar a sus familiares que su muerte había sido un sacrificio político en aras de una causa sobre la que no tenían vela, pero sí entierro?

Hace muchos años impartí clases en la escuela de Economía de la Nicolaita, en Morelia, Michoacán, atraído por un proyecto piloto de “excelencia académica”. Entre otras cosas, incluía un gobierno a través de un comité académico formado por cuatro profesores y cuatro alumnos. Las cosas resultaron interesantes hasta el momento en que terminó el primer ciclo y los delegados estudiantiles exigieron que desapareciera la posibilidad de reprobar a cualquier alumno sin importar su desempeño académico. El argumento era que muchos de los malos estudiantes eran de extracción social humilde, arrastraban infancias de desnutrición y años de escolaridad con nivel paupérrimo. En su lógica la Escuela de Economía debía mostrar sensibilidad social y no “castigar” a estudiantes que hasta ahora habían sido víctimas del sistema.

No había manera de hacerles ver que con la desaparición de toda exigencia de calidad todos nos hacíamos daño, comenzando por ellos mismos. Quizá lograrían un ascenso social momentáneo al obtener un título, pero dañábamos a la sociedad entregando profesionales ineptos y perjudicábamos a todo egresado porque convertíamos a ese título en un papel sin valor.

Por otro lado, una vez más el gobierno de Peña Nieto supo aprovechar la ocasión para seguir embolsándose ahorros y créditos para los malos tiempos políticos. Dejó que el bloqueo provocara malestar en la opinión pública, esperó a que los medios ventilaran la pobreza de los argumentos de los maestros movilizados, y preparó el operativo con un ojo en la logística y otro en la venta de la pulcritud del desbloqueo.

Habría que ver las reacciones de la izquierda que van desde Andrés Manuel López Obrador hasta Los Chuchos, pasando por Ebrard y otras tribus del perredismo. Son temas delicados, pero no pueden dejar al gobierno de Peña Nieto toda la iniciativa y, por ende, el usufructo político. La izquierda tendría que comenzar a hacer propuestas de fondo y no sólo a reivindicaciones de intereses específicos que afectan el bien común. En todo caso, no puede ni debe defender o apoyar con su silencio a grupos que no tienen otro mérito que oponerse al Estado con argumentos espurios.
07 Abril 2013 04:00:34
Autopista: Los buenos y los malos
Quizá sea polÍticamente incorrecto aceptarlo, pero el desalojo del bloqueo de la autopista del Sol era necesario. Ni las causas ni los métodos de los maestros de Guerrero justifican el daño que representa para la región la interrupción de la vía de comunicación más rápida entre Acapulco y el Distrito Federal.

Ciertamente las imÁgenes de granaderos embistiendo a los manifestantes no es fácil de asimilar para alguien como su servidor, quien ha buscado estar al lado de las causas de los desesperanzados y los débiles en su eterna brega frente a los poderosos. Pero hace tiempo que el mundo dejó de proporcionarnos imágenes en blanco y negro en las que los buenos siempre estaban del mismo lado y los malos no escondían sus pérfidas intenciones.

Para empezar, cuesta trabajo entender las buenas causas en el movimiento de los maestros de Guerrero y Oaxaca. Su rechazo a un sistema profesional de evaluación de los docentes no concita simpatías. La protección de supuestos derechos laborales perpetúan la ineptitud en detrimento de un bien común mucho más importante para la sociedad: la calidad de la educación de las nuevas generaciones. La reforma educativa es perfectible, por donde se le mire, pero hay amplios consensos entre críticos y especialistas de que constituye un avance importante para remover obstáculos y mejorar la calidad del magisterio.

Y si las causas son cuestionables, los métodos tampoco parecen adecuados.

Afectar la vida cotidiana de miles de ciudadanos que transitan por esta vía pública no me parece un recurso aceptable para exigir una reivindicación gremial. Otra vez, la imposición unilateral de una exigencia particular sobre el interés general. Recuerdo el caso, hace varios años, de una mujer que murió en una ambulancia que quedó atrapada durante horas en un bloqueo de carretera por un tema de aumento de becas a normalistas rurales. ¿Cómo explicar a sus familiares que su muerte había sido un sacrificio político en aras de una causa sobre la que no tenían vela, pero sí entierro?

Hace muchos aÑos impartÍ clases en la escuela de Economía de la Nicolaita, en Morelia, atraído por un proyecto piloto de “excelencia académica”. Entre otras cosas, incluía un gobierno a través de un comité académico formado por 4 profesores y 4 alumnos. Las cosas resultaron interesantes hasta el momento en que terminó el primer ciclo y lo delegados estudiantiles exigieron que desapareciera la posibilidad de reprobar a cualquier alumno sin importar su desempeño académico. El argumento era que muchos de los malos estudiantes eran de extracción social humilde, arrastraban infancias de desnutrición y años de escolaridad con nivel paupérrimo. En su lógica la Escuela de Economía debía mostrar sensibilidad social y no “castigar” a estudiantes que hasta ahora habían sido víctimas del sistema.

No habÍa manera de hacerles ver que con la desaparición de toda exigencia de calidad nos hacíamos daño todos, comenzando por ellos mismos. Quizá lograrían un ascenso social momentáneo al obtener un título, pero dañábamos a la sociedad entregando profesionales ineptos y perjudicábamos a todo egresado porque convertíamos a ese título en un papel sin valor. Equivalía a ofrecer odontólogos que no sabían sacar dientes e ingenieros a los que se les caían los puentes. Los profesores que nos oponíamos a ese populismo absurdo fuimos acusados de ser elementos clasistas al servicio del sistema.

Quisiera pensar que una izquierda auténtica es capaz de ofrecer respuestas de cara al interés de la sociedad en su conjunto y trascender reivindicaciones puntuales a favor de intereses específicos, así sea de sectores desprotegidos.

No siempre es fácil entenderlo.

Por otro lado, una vez más el gobierno de Peña Nieto supo aprovechar la ocasión para seguir embolsándose ahorros y créditos para los malos tiempos políticos.

Dejó que el bloqueo provocara malestar en la opinión pública, esperó a que los medios ventilaran la pobreza de los argumentos de los maestros movilizados, y preparó el operativo con un ojo en la logística y otro en la venta de la pulcritud del desbloqueo.

HabrÍa que ver las reacciones de la izquierda que van desde Andrés Manuel LÓpez Obrador hasta Los Chuchos, pasando por Ebrard y otras tribus del perredismo. Son temas delicados, pero no pueden dejar al gobierno de Peña Nieto toda la iniciativa y, por ende, el usufructo político. La izquierda tendría que comenzar a hacer propuestas de fondo y no sólo a reivindicaciones de intereses específicos que afectan el bien común. En todo caso, no puede ni debe defender o apoyar con su silencio a grupos que no tienen otro mérito que oponerse al Estado con argumentos espurios.
31 Marzo 2013 04:08:53
Peña Nieto, ni tanto que queme al santo
Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre. ¿Es Enrique Peña Nieto el nuevo líder reformador capaz de poner en movimiento al país, impulsar la democracia y doblar la tasa de crecimiento de la economía nacional, como dicen muchos? ¿O simplemente es el político frívolo y de cara bonita fabricado por la maquinaria priista y las élites para imponer el regreso del presidencialismo a base de golpes mediáticos y demagógicos, como aseguran sus críticos?

Mi impresión es, como dirían los clásicos, que ni uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Me parece que el gobierno de Peña Nieto ya ha dado suficientes muestras de que no será un mero títere de los poderes factuales ni se tirará a la fiesta como muchos suponían. En cuatro meses ha generado media docena de propuestas ambiciosas, algunas inesperadas, además del contundente y aplaudido encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, líder del magisterio.

Tales medidas revelan no sólo oficio político, sino también una estrategia muchos más sofisticada de lo que podría desprenderse de la lectura de su desempeño como gobernador del Estado de México. Peña Nieto no se caracterizó por sus propuestas democráticas, por su devoción por los derechos humanos o por su interés en las prácticas de rendición de cuentas cuando gobernó en su entidad natal. Tampoco se inclinó por una reforma importante del sistema de justicia local o el combate a la corrupción. El Estado de México no fue un “laboratorio” de lo que ahora este equipo está intentando en el país.

Pero eso no quiere decir que las medidas anunciadas sean falsas o un mero maquillaje. Lo que sí revela su paso por el Estado de México es la extraordinaria eficiencia mostrada por este equipo para alcanzar sus objetivos. Esto es, convertir la gubernatura en una plataforma invencible para conquistar la candidatura priísta y, posteriormente, la Presidencia.

El balance sobre los seis años de gobierno de Enrique Peña Nieto en el Estado de México no sirve para comprender el contenido ideológico o la verdadera agenda del ahora presidente. Y no sirven porque no tiene “per se” ni lo uno ni lo otro. Pero son sumamente reveladores de la extraordinaria capacidad de Peña Nieto y su equipo para lograr lo que se proponen.

Del hecho que el candidato se haya convertido en casi un producto de Televisa durante más de dos años como precandidato no debe concluirse que será un títere del consorcio al llegar a la Presidencia. La interpretación es otra: si actuó con Televisa como mejor convino a sus intereses de precandidato, volverá a hacerlo como presidente. Salvo que lo que más le conviene como huésped de Los Pinos es muy diferente de lo necesitaba como candidato.

Hoy día muchos de los poderes fácticos, incluyendo a Televisa, son rivales para la Presidencia. Mientras no amplíe su margen de maniobra frente a gobernadores, monopolios, líderes sindicales o crimen organizado, el PRI no tendrá la legitimidad que necesita para asegurar su permanencia en el poder. Como gobernador del Estado de México su objetivo era llegar a Los Pinos y actuó en consecuencia. Como presidente, sus objetivos son distintos (credibilidad y popularidad para permanecer en el poder durante varios sexenios), y para ello necesita una agenda sensible a los intereses de la opinión pública y un mayor margen de maniobra frente a los poderes que le rivalizan el control de México.

Tales fines y los objetivos para alcanzarlos pueden coincidir con cualquiera de las dos preguntas de arranque. Sólo el tiempo dirá cuál de las dos perspectivas se impone. Mientras tanto me parece que resulta absurdo descalificar a Peña Nieto simplemente por su pasado o criticar sus medidas como meras acciones de maquillaje porque proceden del PRI. Pero tampoco echaría las campanas al vuelo para festejar las propuestas como una respuesta a los verdaderos problemas del país y mucho menos como una muestra de la envergadura de Peña Nieto como un jefe de Estado.

Hasta ahora el nuevo gobierno ha sorprendido por su capacidad para imponer la agenda en la conversación pública gracias a una serie de anuncios que responde a una lectura adecuada a las expectativas de la comunidad. Eso por sí mismo no es síntoma de una voluntad democrática, pero tampoco de una operación de manipulación vacía. Revela, simplemente el oficio para gobernar del equipo que llegó a la Presidencia. Esto obliga a hacer una interpretación que trascienda el maniqueísmo que se limita a satanizar a Peña Nieto o, su contrario, a elogiarlo reverencialmente. Si la estrategia del nuevo gobierno es sofisticada, también tendrán que serlo los intentos para interpretarla. Esto apenas comienza.
24 Marzo 2013 04:10:29
Mancera contra Marcelo
M&M no es un dulce. El gobierno de la Ciudad de México es el principal y único real bastión de la izquierda en el país, aunque muchos se preguntan si sigue siendo de izquierda. El PRD que gobierna a la capital ha experimentado un progresivo “deslavado” desde Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador hasta llegar a Miguel Ángel Mancera, pasando antes por Marcelo Ebrard.

A ojos de Ebrard, incluso, el gobierno actual de Mancera se ha acercado demasiado al PRI de Peña Nieto. Otros analistas consideran que la divergencia tiene que ver menos con temas ideológicos y más con cuestiones de poder. Quizá: los cuatro jefes de gobierno que ha tenido el PRD se encuentran distanciados entre sí, lo cual refleja claramente la rivalidad en torno al papel estratégico que tiene el Distrito Federal en la carrera política de todos ellos.

Por lo pronto, la competencia se ha centrado en los dos últimos jefes de gobierno. Para nadie es un secreto que Mancera no era el candidato de Ebrard (quien se inclinó por su ex tesorero Mario Delgado). No fue gracias a su ex jefe, sino a pesar de él que llegó al poder. El problema es que Mancera considera que tampoco le debe mucho al PRD, a juzgar por el abrumador voto popular con el que conquistó los comicios de verano pasado (63% de la votación).

Ebrard y Mancera no se han reunido en privado en más de tres meses, y antes de eso lo hicieron incluso con menor frecuencia de Calderón y Peña Nieto, a pesar de que los primeros pertenecen al mismo partido. La distancia se ha acentuado por las modificaciones asumidas por el nuevo Gobierno con respecto al paquete fiscal 2013 que dan marcha atrás a posiciones de Marcelo.

Pero las amistosas relaciones de Mancera con Peña Nieto son las que han descolocado a buena parte de la izquierda. Ebrard, MORENA y los bejaranistas, cada uno por su lado, consideran que el alcalde ha ido mucho más allá de la distancia que debe existir entre gobiernos de distintos partidos.

Ellos consideran que la actitud de Mancera con el PRI es un coqueteo con el tricolor. Un coqueteo que por demás recíproco. El PRI quiere recuperar el Gobierno del DF luego de 21 años de preeminencia perredista (se cumplirán en 2018) y Mancera y un delfín de éste podrían ser la carta para conseguirlo.

Sin embargo, Los Chuchos, corriente que domina la cúpula del PRD, no han querido quedarse con los brazos cruzados. En las últimas semanas se han acercado a Mancera y, en esa proporción, alejado de Ebrard de quien habían sido aliados. Hasta hace poco, Jesús Zambrano, presidente del partido y representante de esa corriente, no ocultaban su preferencia por Ebrard, pensando en que éste era la única alternativa frente al liderazgo radical de López Obrador. La separación de AMLO hacía inevitable que Ebrard se convirtiera en la más sólida promesa de cara a las candidaturas presidenciales de 2018, que en realidad detonan en 2017. Son cuatro años.

Para desgracia de Los Chuchos y Ebrard, la cúspide del partido es demasiado estrecha para ambas fuerzas. Sintiendo la carencia de una plataforma visible una vez que dejó la jefatura de Gobierno, Marcelo Ebrard pretendía convertirse en el próximo presidente del PRD lo cual haría de él un actor político de primera línea los próximos años. Pero los Chuchos consideraron que eso significaría perder el único patrimonio político que poseen. Una cosa era recibir en casa a un huésped atractivo y otra cederle las llaves y el control de la cocina.

Por lo pronto, los actuales dirigentes del partido han expresado ya su negativa a la candidatura de Ebrard a la presidencia del PRD. Con ello Marcelo queda colgado de una brocha y sin plataforma que le haga de escalera. Esto no significa que todo esté perdido, pero tendrá que esperar las elecciones intermedias al Congreso, en 2015, cuando busque la coordinación de los diputados perredistas, para llegar al cierre del sexenio en una posición visible que permita su candidatura a la presidencia de la república.

Mientras tanto, PRD y PRI cortejan a Mancera. Esto ha permitido al Alcalde ocultar su escasa experiencia en temas de gobierno que no sean los de seguridad pública. Mancera no tiene el oficio de AMLO o de Ebrard, y se nota. La pregunta es si su carisma y el arropamiento de los dos partidos le permitirán superar la curva de aprendizaje, o si su gobierno terminará entre el descrédito y las expectativas frustradas. Tomará un par de años descubrirlo.
17 Marzo 2013 03:05:29
La impunidad que mata
El lector se preguntará por qué tanta alharaca con el asesinato o desaparición de más de 70 periodistas en los últimos años; después de todo es un número que palidece frente a los 70 mil muertos de la guerra contra el narco. No se trata de que unas personas tengan más importancia que otras, desde luego. Se trata de la función que cumplen. Bastaría la muerte de una veintena de jueces en asuntos vinculados al crimen organizado, por ejemplo, para que la justicia quedara absolutamente comprometida. De igual forma, ha bastado el asesinato de unas docenas de comunicadores para silenciar a la prensa de gran parte del país. En amplias regiones la sociedad ha perdido su derecho a enterarse de abusos y corruptelas en todo lo que involucra a cuerpos policiacos y funcionarios públicos. En última instancia, no sólo son los periodistas las víctimas, sino la sociedad en su conjunto, la transparencia y la democracia.

Cada reporte anual sobre las agresiones a la prensa en México es como el resultado de una mala biopsia: mata la esperanza y confirma que el cáncer ha invadido una zona más del cuerpo social. Trátese de un documento de Human Rights Watch, de CPJ (Comité de Protección a Periodistas), de la SIP o de la organización mundial Artículo 19, el diagnóstico es el mismo: Cada año la situación empeora.

El más reciente, de Artículo 19, presentado esta semana arroja mucho más que eso. Además de dar cuenta del incremento de agresiones (la mayoría perpetrado no por el narco, como se piensa, sino por autoridades del Gobierno en los tres niveles), hace un implacable repaso del fracaso de los esfuerzos para combatir el cáncer. Una aspirina lo había hecho mejor.

El informe “Doble Asesinato, la prensa entre la violencia y la impunidad” examina la ineptitud de la Comisión Nacional de Derechos Humanos para procesar las agresiones y amenazas documentadas por parte de funcionarios. A mi juicio tal ineptitud es aún más deplorable porque parecería una estrategia voluntaria de la CNDH para ser cómplice de los abusos.

Por su parte, la actuación de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra Periodistas, FEADLE, es como sus siglas involuntariamente indican, bastante fea. O al menos anodina. Sin dientes para operar y con un presupuesto que apenas rebasa el millón de pesos anual, constituye una tomadura de pelo por parte de los legisladores.

Tampoco lo ha hecho mejor la Ley de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, aprobada en abril del año pasado. Desde entonces seis comunicadores han sido asesinados, 14 huyeron de su lugar de residencia y 42 han sido amenazados. Mientras tanto la aplicación de esta ley no avanza porque la Segob no se toma la molestia de elaborar los protocolos que requiere.

Para vergüenza de los propios periodistas, el informe de Artículo 19 también revisa la ausencia de solidaridad entre los colegas. Con frecuencia gana en los periodistas su identificación con el medio en el que trabajan en detrimento de la identidad de gremio. Esto provoca que terminen “comprando” las rivalidades entre las empresas de comunicación. Decía Raymond Chandler que los periodistas son como los actores de cine: Tienen el mismo ego, aunque carecen de la belleza física y el carisma. Quizá el ego, la rivalidad y la pertenencia a las capillas expliquen la falta de una organización profesional capaz de enfrentarse unida al ataque del que son víctimas.

Con todo, habría un par de factores que están cambiando a nuestro favor. Por un lado, el papel de las redes sociales que pese a la censura sobre los medios tradicionales, logra colar información sobre estos temas. Particularmente en algunas regiones en las que incluso las agresiones a medios y periodistas son silenciadas. Ahora mismo la organización internacional HYPERLINK “http://change.org” \o “http://change.org” change.org ha lanzado una campaña para promover la firma de una carta dirigida a Peña Nieto para convertir a la Fiscalía de periodistas en una institución con capacidad real para actuar ( HYPERLINK “http://www.change.org/impunidadmata” \o “http://www.change.org/impunidadmata”
http://www.change.org/impunidadmata) .

Del otro, el actual gobierno busca legitimarse con acciones que sean valoradas por la opinión pública. Las medidas anunciadas en estos primeros 100 días lo muestran. Me parece que es la oportunidad para elevar la voz y lograr que el Gobierno federal asuma en su agenda la importancia de preservar el derecho de la sociedad a ser informada sobre temas de política e inseguridad pública. No sea una graciosa concesión. Dependerá de todos nosotros mostrar que no es el número de víctimas lo que importa, sino la importancia que la libertad de prensa tiene en la construcción de una opinión pública informada y participante.

http://www.jorgezepeda.net
10 Marzo 2013 04:06:00
El elefante en el cuarto
El gobierno de Enrique Peña Nieto ha disminuido el problema de la inseguridad mediante el sencillo expediente de no hablar de él. Desde luego la realidad suele ser más terca que las palabras que la describen; las cifras de criminalidad y asesinatos no han disminuido, simplemente no se mencionan. Los sicarios siguen derramando sangre y extorsionado negocios sin ninguna consideración a los tiempos políticos y han dejado en claro que les tiene muy sin cuidado que el Presidente los ignore en sus discursos. Ellos a lo suyo.

Pero eso no quiere decir que los silencios no funcionen. Están resultando sumamente eficaces para atenuar la enorme crispación que el tema de la inseguridad había alcanzado en la conversación pública. Buena parte de la sensación de alivio que ha provocado el arribo del PRI a Los Pinos reside exclusivamente en la construcción de una nueva narrativa por parte de la autoridad. Convencernos de ignorar al elefante que está dentro del cuarto, aunque sea por un rato, propicia un ambiente más relajado (mientras no sea uno el que resulte aplastado en el siguiente desplazamiento del elefante, claro).

Lo que ha hecho el PRI es ganar tiempo. Tarde o temprano la métrica de la criminalidad nos estallará en la cara, porque en última instancia no es una cuestión de apreciaciones, sino de números. Pero el tarde o temprano puede llevarse el resto del año. El Gobierno federal apuesta a que para entonces la aplicación de los programas de prevención y las nuevas medidas de combate al crimen organizado hagan sus primeros efectos. Si logran que para noviembre o diciembre comiencen por fin a disminuir sistemáticamente las cifras de la criminalidad habrán conseguido su objetivo. Incluso si 2013 arroja un saldo rojo similar a 2012. Al aparato de comunicación oficial le bastará con que la punta de la tendencia se haya inclinado, para festinar el éxito de su estrategia y el inicio de la pacificación de México.

O sea, oficio hay. Basta decir que el silencio del gobierno de Peña Nieto en materia de inseguridad se ha contagiado a buena parte de la sociedad. La opinión pública se ha comprado este argumento en más de un sentido. En las últimas semanas los periodistas y medios de comunicación recibimos reproches del público cuando publicamos notas sobre ejecuciones multitudinarias, violaciones a extranjeras en sitios turísticos o balaceras entre bandas del crimen organizado. Comenzamos a sentirnos como “aguafiestas” por el simple hecho de reportar lo que está pasando. Parecería que es políticamente incorrecto hablar de asesinatos de migrantes centroamericanos, ejecuciones de ediles y notas similares.

El gran cómplice de este silencio comodino es el propio hartazgo de la sociedad. En éste, como en otros temas, el PRI se está luciendo gracias a la torpeza del gobierno panista que se fue. La obsesión de Felipe Calderón para restregarnos en la cara todos y cada uno de los días el peligro en que vivíamos terminó por saturarnos. Y en esa saturación ha encontrado Peña Nieto el principal aliado para la tarea de prestidigitación de desaparecer al elefante del cuarto.

El problema con la magia escénica es que ésta dura mientras el público se la crea. Las guardias de autodefensa que han surgido, con razón jurídica o sin ella, por diversas zonas rurales revelan que los que están junto al elefante no se pueden permitir el lujo de ignorarlo. Desde la lejanía es muy fácil criticar la inconveniencia de la justicia por mano propia, así sea preventiva. Pero la proliferación de este tipo de grupos de autodefensa muestra que el Estado simplemente no es capaz de garantizar los mínimos de protección a los habitantes de amplias zonas del país.

Algunos aseguran que este nuevo fenómeno es resultado de la disminución de tropas federales desplegadas en el territorio. Quizá. El Gobierno tendrá que hacer un balance cuidadoso para desmilitarizar el conflicto y, al mismo tiempo, no perder la batalla. Pero ése es tema para otro artículo.

Por lo pronto, lo que llama la atención es el enorme éxito del Gobierno priísta para dominar la agenda de la conversación pública. Ha ganado un tiempo muy valioso para atacar el problema de fondo. Pero a la larga sobrevendrá lo inevitable: entregar resultados aceptables o enfrentar las reacciones de las expectativas desengañadas. El problema de los elefantes ignorados dentro del cuarto es como el de los astros de Galileo: y sin embargo, se mueven.


03 Marzo 2013 05:10:08
La vida después de Elba
Alguien redactó un tuit que lo describe todo: “Calderón se debe estar diciendo: Ah, ¡sí se podía!”. Y en efecto, lo más sorprendente de todo el “elbazo”, “quinazo” o como le quiera usted llamar, es que resultó muy fácil de aplicar.

Hace cuatro meses varios colegas periodistas hicimos una quiniela para escoger el candidato más propicio para un posible quinazo en el sexenio de Peña Nieto. La mayoría apostamos por algún ex gobernador. Sólo uno de nosotros señaló a la maestra Elba Esther Gordillo. Los demás contra argumentamos sobre el costo político que eso supondría: la necesidad de los votos del Panal, el probable regreso al PRI de La Maestra, el riesgo de inestabilidad entre las filas del magisterio, etcétera. Pues nada de eso sucedió. El sindicato ya dobló las manos, el Panal quedará como satélite del PRI y colorín colorado. Desde luego el gran ganador de esta maniobra es Enrique Peña Nieto. A partir de este lunes la figura presidencial amanecerá con una luminosidad de la que carecía hace una semana. Las razones son muchas.

Primero, incluso los detractores del PRI reconocen el oficio de los que operaron la maniobra. Un trabajo de microcirugía en materia política y jurídica. Llevaron el asunto en absoluto sigilo durante meses, neutralizaron de antemano o simultáneamente los focos de potencial peligro y escogieron el momento con precisión de relojero. Ni siquiera tuvieron que apagar fuegos porque antes se habían asegurado de eliminar todo material inflamable. Después de esta jugada, la cabeza de la Presidencia sobresale varios centímetros sobre el resto de los poderes fácticos. Desde finales del zedillismo, y durante los sexenios panistas, el Ejecutivo había perdido capacidad de arbitrar al resto de los actores políticos y económicos. Pero a partir de esta muestra de poder, Peña adquiere un margen de maniobra y negociación del que carecían sus inmediatos predecesores.

Ahora los gobernadores saben que Los Pinos tiene la fuerza y la habilidad para hacerles morder el polvo si se lo propone. Los monopolios y los dueños del dinero serán un poco menos soberbios que hace algunos días, y los líderes sindicales… bueno, ellos se lo pensarán mil veces antes de desafiar al PRI, luego de lo que le sucedió a Elba Esther. El mensaje es claro: “el poder no es personal sino del sistema, no te confundas”.

La principal motivación para el elbazo era justamente esa. Darle al árbitro tarjetas amarillas y rojas frente a la rudeza de los jugadores. Podemos estar seguros de que la negociación de las reformas fiscal y energética (por no hablar de la educativa) transitará por caminos menos pedregosos de lo que hubieran sido sin este manotazo presidencial.

Pero hay otros beneficios colaterales. Recuperar el activo político que representa el SNTE no es poca cosa para el PRI. 1.4 millones de agremiados repartidos en todo el territorio nacional no sólo son muchos votos, sino una base social y geográfica formidable, sobre todo en zonas rurales, donde la influencia del maestro va mucho más allá de los confines de una aula.

Otro favorable efecto secundario es el prestigio político que genera en la opinión pública ir en contra de un personaje tan denostado y repudiado popularmente como Gordillo. Una villana perfecta para ventilar esta operación como un golpe en contra de la corrupción. De hecho, me parece que se les pasó la mano en la venta a la opinión pública.

No era necesario que el Presidente apareciera la misma noche en cadena nacional para afirmar que era una medida en contra del abuso y la corrupción. Decir que los líderes deben saber que el dinero es de sus agremiados, y dejar intocado a Romero Deschamps del sindicato de Pemex, hace bastante cínico el llamado a la honestidad.

Una frase que se le recordará al Presidente cuando se haga público el siguiente abuso de un líder o sus familiares en las redes y los periódicos. Los operadores de Peña Nieto deberían estar convenciendo a cuatro o cinco líderes conspicuos (Pemex, burócratas, ferrocarrileros) de desaparecer de los reflectores y jubilarse. Su sola presencia es una burla a cualquier intento presidencial de atribuirse un compromiso de lucha en contra de la corrupción.

Con todo, las ganancias están a la vista. El PAN más bocabajeado que nunca, el PRD en guerra civil soterrada, el PRI demostrando con hechos el oficio que se le presumía. Y Peña Nieto arrancando, ahora sí, el sexenio. En su tablero de control han aparecido botones y palancas que antes no tenía. Veremos que hace con ellas.
03 Febrero 2013 05:10:44
Pemex podrido
Melón o sandía, accidente o atentado, la explosión en el edificio B2 en las oficinas centrales de Pemex es una muestra de la necesidad de los cambios radicales que requiere la paraestatal y, al mismo tiempo, la dificultad para hacerlo.

“Sea cual sea, si se trata de un accidente, si se trata de una imprudencia, si se trata de un atentado, sea lo que sea”, las causas de la explosión serán investigadas, dijo Jesús Murillo Karam, titular de la PGR.

Pero vaya usted a saber si alguna vez nos enteraremos de lo que realmente pasó. En las explosiones de los colectores de Guadalajara por las descargas de Pemex en 1992, el gobierno mexicano decidió que por razones de Estado no convenía que se supiera que la responsable había sido la paraestatal, y adujo razones inverosímiles. La tragedia costó cientos de vidas, miles de casas destruidas o afectadas y ocho kilómetros de calles evaporadas. Hasta la fecha, la versión oficial es un galimatías. Algunas evidencias nos han llevado a concluir, a varios periodistas, que aquella explosión fue ocasionada por la corrupción: frente a una auditoría inminente, funcionarios de la planta de Guadalajara habrían echado al drenaje toneladas de combustible no registradas que se vendían en el mercado negro.

No sé si ahora se trata de un acto de corrupción, de negligencia o de sabotaje. Pero en cualquiera de los casos el hecho revela la podredumbre de Pemex. En el fondo el problema no está en la apertura o no al capital privado, cosa que desde luego es importante, sino en el control que ejerce el sindicato sobre los procesos internos en la empresa. La hija de Romero Deschamps puede ser fotografiada emulando a Paris Hilton y trasladando a sus perros en jets privados por todo el mundo, y el sindicato puede ser exhibido haciendo transferencias multimillonarias e ilegales a campañas del PRI, y no pasa nada: el líder es protegido con un escaño en el Senado.

Incluso las modificaciones positivas en las prácticas de la paraestatal terminan comprometidas por el cáncer de corrupción que la invade. Hoy nos enteramos de que los verdaderos beneficiarios de las transferencias de Pemex a territorio tabasqueño han sido miembros de la familia del ex gobernador Andrés Granier. Las cuentas bancarias de su hija han sido congeladas por la CNBV por la cuantía y el origen inexplicable (la prensa regional afirma que los montos ascienden a 3 mil millones de pesos).

El gobierno de Peña Nieto habla hoy de la necesidad de una reforma energética de fondo. El tema es incuestionable; no podemos seguir como estamos. Pemex es ineficiente bajo parámetros internacionales, nos hemos convertido en importadores de gasolina y otros combustibles y la explotación de petróleo tendencialmente va a la baja.

El tema es si eso se va a resolver simplemente con la apertura al capital privado y mayores niveles de inversión. La explosión de la torre B2 revela que hay una estructura anacrónica y excesiva que ha dejado de ser útil, pero no se irá fácilmente.

Si el Gobierno quiere una política energética sana necesitará ventilar los cimientos sobre los que está construida la paraestatal. El problema es que esos cimientos son también los del propio PRI.

Y esa es la paradoja del discurso modernizante de Peña. Se habla de transparencia, de rendición de cuentas, de mayor competitividad de los mercados, de acotar monopolios, de evitar excesos de gobernadores y de hacer reformas económicas de fondo. Pero todas y cada una de esas iniciativas topa con factores de poder que integran la alianza que llevó al poder al actual presidente y que forman parte constitutiva de la fortaleza del PRI.

Ni los líderes sindicales cederán graciosamente sus privilegios, ni los gobernadores renunciarán de la noche a la mañana a su autonomía. Tampoco veo a Televisa o a TV Azteca muy dispuestos a renunciar a sus espacios y prebendas. Los poderes factuales están de acuerdo con las reformas que les benefician. El problema de fondo es que son ellos en buena medida los obstáculos que impiden el diseño y puesta en marcha de esas reformas.

Con todo, el escándalo suscitado por la tragedia ofrece un argumento político al gobierno para emprender una campaña real de saneamiento de Pemex. Primero habrá que ver si la investigación de la PGR es, en efecto, transparente y profunda. Y segundo, si Peña Nieto y su gobierno se deciden a actuar en consecuencia y a hacer de la paraestatal una empresa moderna. Es decir, si quieren tocar a Romero Deschamps y compañía.
03 Febrero 2013 05:00:54
Pemex podrido
Melón o sandía, accidente o atentado, la explosión en el edificio B2 en las oficinas centrales de Pemex es una muestra de la necesidad de los cambios radicales que requiere la paraestatal y, al mismo tiempo, la dificultad para hacerlo.

“Sea cual sea, si se trata de un accidente, si se trata de una imprudencia, si se trata de un atentado, sea lo que sea”, las causas de la explosión serán investigadas dijo Jesús Murillo Karam, titular de la PGR.

Pero vaya usted a saber si alguna vez nos enteraremos de lo que realmente pasó.

En las explosiones de los colectores de Guadalajara por las descargas de Pemex en 1992, el Gobierno mexicano decidió que por razones de Estado no convenía que se supiera que la responsable había sido la paraestatal, y adujo razones inverosímiles. La tragedia costó cientos de vidas, miles de casas destruidas o afectadas y 8 kilómetros de calles evaporadas. Hasta la fecha, la versión oficial es un galimatías. Algunas evidencias nos han llevado a concluir, a varios periodistas, que aquella explosión fue ocasionada por la corrupción: frente a una auditoría inminente, funcionarios de la planta de Guadalajara habrían echado al drenaje toneladas de combustible no registradas que se vendían en el mercado negro.

No sé si ahora se trata de un acto de corrupción, de negligencia o de sabotaje.

Pero en cualquiera de los casos, el hecho revela la podredumbre de Pemex. En el fondo el problema no está en la apertura o no al capital privado, cosa que desde luego es importante, sino el control que ejerce el sindicato sobre los procesos internos en la empresa.

La hija de Romero Deschamps puede ser fotografiada emulando a Paris Hilton y trasladando a sus perros en jets privados por todo el mundo, y el sindicato puede ser exhibido haciendo transferencias multimillonarias e ilegales a campañas del PRI, y no pasa nada: el líder es protegido con un escaño en el Senado.

Incluso las modificaciones positivas en las prácticas de la paraestatal terminan comprometidas por el cáncer de corrupción que la invade. Hoy nos enteramos que los verdaderos beneficiarios de las transferencias de Pemex a territorio tabasqueño han sido miembros de la familia del ex gobernador Andrés Granier. Las cuentas bancarias de su hija han sido congeladas por la CNBV por la cuantía y el origen inexplicable (la prensa regional afirma que los montos ascienden a 3 mil millones de pesos).

El gobierno de Peña Nieto habla hoy de la necesidad de una reforma energética de fondo. El tema es incuestionable; no podemos seguir como estamos. Pemex es ineficiente bajo parámetros internacionales, nos hemos convertido en importadores de gasolina y otros combustibles y la explotación de petróleo tendencialmente va a la baja.

El tema es si eso se va a resolver simplemente con la apertura al capital privado y mayores niveles de inversión. La explosión de la torre B2 revela que hay una estructura anacrónica y excesiva que ha dejado de ser útil, pero no se irá fácilmente.

Si el gobierno quiere una política energética sana, necesitará ventilar los cimientos sobre los que está construida la paraestatal. El problema es que esos cimientos son también los del propio PRI.

Y Ésa es la paradoja del discurso modernizante de Peña Nieto. Se habla de transparencia, de rendición de cuentas, de mayor competitividad de los mercados, de acotar monopolios, de evitar excesos de gobernadores y de hacer reformas económicas de fondo. Pero todas y cada una de esas iniciativas topa con factores de poder que integran la alianza que llevó al poder al actual presidente y que forman parte constitutiva de la fortaleza del PRI.

Ni los lÍderes sindicales cederán graciosamente sus privilegios, ni los gobernadores renunciarán de la noche a la mañana a su autonomía. Tampoco veo a Televisa o a TV Azteca muy dispuestos a renunciar a sus espacios y prebendas.

Los poderes factuales están de acuerdo con las reformas que les benefician. El problema de fondo es que son ellos en buena medida los obstáculos que impiden el diseño y puesta en marcha de esas reformas.

Con todo, el escándalo suscitado por la tragedia ofrece un argumento político al gobierno para emprender una campaña real de saneamiento de Pemex. Primero, habrá que ver si la investigación de la PGR es en efecto transparente y profunda. Y segundo, si Peña Nieto y su gobierno se deciden a actuar en consecuencia y a hacer de la paraestatal una empresa moderna. Es decir, si quieren tocar a Romero Deschamps y compañía.
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20 Enero 2013 05:08:02
Peña Nieto Vs. poderes de facto
El título de arriba parecería una contradicción de términos, si asumimos que el arribo de Enrique Peña Nieto a Los Pinos es el resultado de una puesta en común entre las élites. Empresarios, medios televisivos y clase política coincidieron que los 12 años de panismo habían sido de escasa eficacia en la marcha del país.

El apoyo de los poderes factuales en torno al candidato priísta fue abrumador y consensuado.

Como he señalado antes en este espacio, las élites se vieron muy favorecidas por el debilitamiento que provocó la llegada del panismo al poder. El vacío que se generó permitió la expansión de los grandes monopolios y empresarios (nunca habían subido tanto en la lista de Forbes, por ejemplo), de los gobernadores que se convirtieron en virreyes, de líderes sindicales capaces de fundar su propio partido, de los cárteles de la droga haciéndose del control de regiones completas.

Pero tras 12 años de ese vacío, la falta de un árbitro o regulador general comenzó a ser disfuncional, incluso para los propios poderes. Slim Vs.

Azcárra-Salinas Pliego entrampados en tribunales, los gobernadores colapsando las finanzas de sus entidades, los cárteles desangrados en una disputa interminable de territorios, los líderes sindicales convertidos en vergüenza pública.

El sistema extrañaba al árbitro general capaz de negociar entre los actores, establecer restricciones y garantizar acuerdos. La llegada de Peña Nieto, en principio, permitiría la hegemonía de los poderes de facto sin necesidad del degaste y la confrontación.

El problema es que los jugadores aceptan la necesidad del árbitro, salvo cuando las decisiones de éste les parecen adversas a sus intereses. En tal caso los afectados suelen repudiar los fallos presidenciales que no les convienen. Y allí es donde comienzan las dificultades.

Peña NiEto tendrá que sacar amonestaciones y eventualmente alguna expulsión, si no quiere que la rebatinga por el balón se le salga de las manos. Eso está intentando con los gobernadores y con el poder de Elba Esther Gordillo, por ejemplo.

Las medidas tomadas en educación para evitar el control de plazas por parte del sindicato o la eliminación en el gabinete de las posiciones que tenía la Maestra, no me parecen que estén encaminadas a tumbar a Elba Esther Gordillo, como se ha dicho. Simplemente son una tarjeta amarilla para redimensionar el papel de este actor político, que iba por la libre.

De hecho, al status quo tampoco le conviene que Gordillo deje el poder intempestivamente. Para el sistema, el SNTE es, pese a sus excesos, el sindicato “bueno” si se le compara con la Coordinadora que controla a los maestros disidentes de Oaxaca, capaces de parar clases durante meses. Lo que se busca es que el magisterio se someta a las reglas y abandone prácticas que son absolutamente disfuncionales con la modernización del país y las necesidades del aparato productivo. Elba Esther será reemplazada cuando tenga un sucesor confiable. Lo más probable es que veamos una lenta transición del liderazgo de la Maestra y un retiro en puente de oro.

Lo mismo sucederá con los gobernadores. Los proyectos de ley en marcha pretenden acotar el libertinaje de los mandatarios estatales en materia de endeudamiento y opacidad. Pero no olvidemos que Peña Nieto llegó al poder como resultado de una serie de alianzas entre gobernadores contra la cúpula priísta del centro. El poder político mismo, hoy en día, está tomado por los equipos que provienen de Hidalgo y el Estado de México. Es el gabinete que más ex gobernadores tiene en la historia reciente de México.

Con Televisa hay una sociedad de intereses políticos fraguada desde hace tiempo.

Sin embargo, el presidente necesita tomar una distancia razonable tanto por razones de imagen frente a la opinión pública, como de legitimidad frente al resto de los poderes. Si el árbitro quiere tener credibilidad necesita que los muchos adversarios del monopolio televisivo, entre ellos Slim, lo vean como un negociador neutro. No será un tema sencillo, y probablemente las relaciones con Televisa puedan pasar por algunos roces importantes.

En suma, si Peña Nieto quiere gobernar necesita hacerse de un espacio entre la apretujada maraña de intereses de los poderes de facto. Necesitará de una enorme habilidad para que éstos cedan porciones de sus prebendas y conquistas, en aras del bien común. En más de una ocasión tendrá que dar codazos o pistones, porque algunos no cederán de buena manera. Peor aún, podrían devolvérselos. Veremos.

¿Y los cárteles de la droga? Bueno, esa es otra historia.

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13 Enero 2013 05:08:38
Sánchez Cordero, Cassez y Wallace
Como final de una serie de televisión, el final de temporada será protagonizado en gran medida por tres mujeres fuertes, pero radicalmente distintas: la ministra Olga Sánchez Cordero, la activista Isabel Miranda de Wallace y la bella prisionera Florence Cassez.

Por distintas razones la trayectoria de estas tres mujeres revela los alcances y limitaciones de la justicia mexicana, sus avances y retrocesos. Cada una de ellas por derecho propio ofrece un panorama de los claroscuros de la vida pública. Ahora los caminos de las tres se entrecruzarán en lo que, todo indica, será el capítulo final de una tormentosa historia.

Isabel Miranda de Wallace representa, a mi juicio, lo mejor y lo peor del activismo ciudadano en materia de seguridad. Nadie puede escatimarle el valor a esta mujer, que le llevó a desafiar la corrupción e ineptitud en las investigaciones sobre el secuestro de su hijo. Fue una ciudadana que no aceptó un no por respuesta y lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Al final terminó convertida en detective y fiscal de los asesinos del hijo, exhibió a las autoridades y les obligó a impartir justicia.

Pero Miranda Wallace fue incapaz de vivir su propio éxito. Convertida en celebridad y sin experiencia política, fue presa fácil del halago de Genaro García Luna y posteriormente del propio presidente Calderón. Agradecida por el enorme protagonismo que le concedieron las altas esferas, la señora terminó convertida en vocero oficioso, que no oficial, de la defensa de las políticas de seguridad del sexenio anterior. En particular, fue el alfil utilizado en contra de Florence Cassez, para descalificar a los críticos de las irregularidades jurídicas del caso. Nunca alcanzó el escaño al senado que ella buscaba, pero obtuvo por el PAN la candidatura a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, con desastrosos resultados.

El arribo de la ministra Olga Sánchez Cordero a la Suprema Corte en 1995 fue interpretado como uno de los primeros pasos para lograr un poder judicial con mayor independencia del Ejecutivo. La trayectoria de la abogada por la UNAM y sus intervenciones en la Corte pronto contrastaron con el oficialismo de ministros como Guillermo Ortiz Mayagoitia y Salvador Aguirre Anguiano, siempre prestos a votar a favor de la “institucionalidad”. Olga Sánchez en particular, aportó a la Corte el punto de vista de sectores minoritarios de la población, en particular en temas de género, tradicionalmente ninguneados por la misoginia de los ministros.

Por ello fue una sorpresa su voto negativo en el caso de Lydia Cacho y a favor del gobernador Mario Marín. El caso había dividido a la Corte en dos bloques, claramente diferenciados entre el grupo oficialista y el grupo con mayor distancia crítica. Cuatro ministros votaron a favor de la activista y se daba por sentado que el de Olga Sánchez sería el quinto de la cuenta. No fue así. La defensa de Lydia Cacho asumió que la dura ronda de presiones efectuada sobre los ministros, y encabezada por Emilio Gamboa, había hecho mella en la abogada.

Nunca sabremos el involucramiento real de Florence Cassez en las actividades de Israel Vallarta, su novio, durante aquel aciago 2005. La puesta en escena y la fabricación de testimonios y pruebas en su contra por parte de las autoridades hacen prácticamente imposible deslindar la inocencia o culpabilidad en su caso.

A estas alturas, incluso se duda que buena parte de los delitos que se imputan al propio Vallarta sean verídicos. Lo que está fuera de duda es que las irregularidades ostensibles habrían invalidado el juicio en contra de la francesa en cualquier sociedad con estado de derecho. Pero Genaro García Luna lo convirtió en un caso emblemático y arrastró al Gobierno mexicano en una vergonzosa cruzada en su contra.

Ahora Olga Sánchez Cordero es el ministro responsable de llevar el asunto en la Corte. Tiene en sus manos la posibilidad de reivindicar a la justicia mexicana en este asunto y, en cierta manera, su propia trayectoria. Por su parte, Isabel Miranda de Wallace muy probablemente realice una postrera y lastimosa defensa del calderonismo. Así lo ha hecho en el caso de la Ley de Víctimas. Lo sabremos pronto.

Por su parte, Florence Cassez, más allá de quien haya sido en el 2005, se ha ganado a pulso el respeto de cuantos la han conocido en la cárcel, por su entereza y su actuación impecable a lo largo de siete durísimos años. El desenlace está por llegar.

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06 Enero 2013 05:08:52
¿Narcos buenos y narcos malos?
Nadie avisó a los cárteles mexicanos de la droga que había comenzado un nuevo sexenio. O, por lo menos, éstos no se dieron por enterados. Las estadísticas del primer mes de gobierno de Enrique Peña Nieto muestran que el número de ejecutados se mantiene al mismo ritmo que en el pasado.

Desde luego es demasiado pronto para exigir algún cambio en el comportamiento de este cáncer tan arraigado en la sociedad mexicana. 30 días no alcanzan para cambiar no sólo el tema de la inseguridad sino cualquier otro. Las tasas de empleo no saben de nombramientos sexenales. Pero es cierto que en política mucho tiene que ver con percepciones. Y, sin duda, la llegada de la locomotora priísta al gobierno generó la sensación de que algo había cambiado. Las estadísticas de la nota roja han sido un baño de agua fría para mostrar que lo importante sigue allí.

Calderón se equivocó en muchas cosas, pero estuvo en lo cierto cuando escogió el tema del narcotráfico para intentar dar un campanazo en la opinión pública al principio de su sexenio. En los diarios los temas de violencia ocupan la mitad de las páginas dedicadas a las noticias nacionales. Impactar en la agenda de inseguridad es la manera más rápida de hacerse notar. Y la más peligrosa, como muy a su pesar descubrió Calderón, porque en lugar de reducir el avispero lo alborotó. Para desgracia del nuevo presidente, el número de muertos constituye una métrica difícil de ignorar. El Gobierno ha dicho que la única solución a fondo al problema de la inseguridad pasa por la prevención, la mejoría a fondo de las policías y el saneamiento del sistema de justicia. Tiene razón. Pero todo ello constituyen procesos de largo plazo.

Me temo que el Gobierno estará presionado a ofrecer resultados mucho antes que eso, lo cual nos lleva a un plan B de emergencia. Y eso, a su vez, al terreno de lo posible e inmediato. Las nuevas autoridades encaran el viejo tema de concentrar el combate allá donde sea más efectivo de cara a encontrar resultados expeditos.

En otras palabras, el gobierno tendrá que preguntarse, como lo hicieron antes los panistas, si hay narcos buenos y narcos malos. ¿Es posible negociar una tregua con el Cártel de Sinaloa, mientras se libra una batalla frontal en contra de Los Zetas? En teoría este último cártel se caracteriza por métodos más salvajes y llamativos, incluyendo la ejecución masiva de inmigrantes, el secuestro de empresarios y la extorsión indiscriminada de comercios. O eso se supone. Primero habría que ver si la data real soporta tal mito. ¿Hay narcos malos y narcos buenos? O quizá no “buenos” pero tolerables. Se afirma que mientras Los Zetas expolian el territorio y a la población civil, los sinaloenses se integran al tejido social, se codean con el empresariado local, son aceptados en bodas y cumpleaños, y financian obras sociales y hacen donaciones a los curas de pueblo.

Mi impresión es que muchas de las diferencias entre ambos cárteles han ido desapareciendo con la feroz lucha. No hay que perder de vista que del Cártel de Sinaloa salieron el Güero Palma o los Beltrán Leyva, no precisamente delincuentes de guante blanco. En los últimos años ha aumentado la violencia en las zonas controladas por El Chapo Guzmán, incluyendo Sinaloa. Sobre todo cuando tal control ha sido amenazado por sus rivales. El segundo tema es saber si realmente una negociación es factible. Y no me refiero a la existencia o ausencia de canales de conversación. No tengo duda de que hay muchas formas de hacer contacto con los capos, si se quiere. El asunto, más bien, es si existen condiciones para garantizar algún pacto con la supuesta porción “civilizada” del narco. La fragmentación del territorio es tal, que incluso si se llegase a un acuerdo hay pocas posibilidades de cumplirlo. Para ello habría que meter en cintura a los gobernadores, sus procuradores y jefes de policía. Y eso está por verse.

Y finalmente, incluso si hubiese forma de hacer un pacto con otros cárteles para consolidar zonas exclusivas, terminar la lucha cruenta por las plazas, y concentrar la guerra en la eliminación de Los Zetas, habría que preguntarse si tal cosa es posible. Todos sospechamos que Felipe Calderón jugó justamente a eso y perdió. Atacó a La Familia en Michoacán y al ex cártel del Golfo en el noreste, y no pudo con ellos.

¿Podrá Peña Nieto? ¿O será este tema el principio del fin de su luna de miel con la opinión pública?

30 Diciembre 2012 05:08:19
Un exilio en series de TV
Hace una semana en este mismo espacio sugerí algunos libros para pasar estos días en un reparador exilio vacacional de la política. Por fortuna nos queda otra semana antes de tener que regresar a la realidad de la nota diaria, los ejecutados de la jornada y las promesas de los políticos.

Para contribuir a esta sana negación de la cruda realidad, propongo enzarzarnos en otra modalidad de ficción, distinta a la de los libros pero igualmente interesante: las series de televisión. Y para no apartarme demasiado de los temas que usualmente ocupan estas líneas, me limito a cuatro obras que bordan asuntos políticos. Salvo que en este caso son para divertirnos y ocasionalmente ilustrarnos, no para preocuparnos (o fastidiarnos, como a veces sucede con la política real).

El clásico en la materia es la serie “West Wing”, del talentoso Aaron Sorking. Sé que María Marván, la ahora comisionada del IFE, mostraba a sus alumnos algunos capítulos de esta producción cuando daba clases de ciencia política. Y no se equivocaba. Está centrada en la Casa Blanca (la Oficina Oval se encuentra en el ala occidental, west wing) y constituye una verdadera sumersión en las maneras de hacer del equipo que rodea al presidente de Estados Unidos, interpretado en este caso por Martin Sheen.

“West Wing”, que se transmitió de 1999 a 2006, a lo largo de siete temporadas, fue ampliamente aclamada por ex funcionarios de la Casa Blanca y por académicos. La capacidad para reflejar las tripas del entramado político de Washington, la enorme calidad de los diálogos y la habilidad para convertir en suspenso complicadas negociaciones y crisis internacionales, convirtieron a la serie en una de las más premiadas en la historia de la televisión. Vea la primera temporada, al menos, le aseguro que aprenderá más que leyendo las columnas políticas de los diarios durante esta semana.

Si prefiere series más dramáticas, “Homeland” no lo va a decepcionar. También está ambientada en Washington, pero enfocada en la CIA y sus infructuosos intentos para descubrir y detener un atentado de proporciones mayúsculas. Hasta aquí la trama podría parecer una versión más de las innumerables películas de presupuesto B que ya existen. No es así; en 2012, su primera temporada, ganó seis Emmy y el Globo de Oro como mejor serie del año. Las actuaciones son soberbias y el guión nos sorprende una y otra vez, sin necesidad de recurrir a las trampas y obviedades a las que nos sometía Jack Bauer en “24”. Los personajes están dibujados acuciosamente a partir de una paleta de grises; ni los presuntos terroristas carecen de razones, ni los agentes policiacos son alter egos de la libertad y la democracia. Los dos personajes centrales, “Carrie Mathison” y “Nicholas Brody”, son almas atormentadas. La primera es analista de la CIA y padece un desorden bipolar; el segundo es un ex prisionero de la guerra de Irak convertido al islam. Lo demás tienen que verlo.

“Treme” no es propiamente una serie política y no tiene mucho que ver con Washington. Aparentemente. Está ambientada en Nueva Orleáns en los siguientes meses de la destrucción de la ciudad por “Katrina”. A través de una docena de personajes, cuyas vidas se entrelazan, la serie es una fascinante visión antropológica de las distintas especies que habitan esta peculiar ciudad y la manera en que intentan reconstruir sus vidas: los músicos de la calle que tratan de revivir los ritmos que parecen anacrónicos en el nuevo orden; la chef que se resiste a cerrar su restaurante en ruinas; el intelectual que se indigna por el desprecio de los bárbaros llegados del norte; la abogada que lucha contra una burocracia que trata a Nueva Orleáns como territorio ocupado; los habitantes todos que buscan acomodarse a las decisiones absurdas e ignorantes de un proyecto de reconstrucción enviado desde Washington y plagado de corrupción.

“Treme” es una serie profundamente humana y absolutamente corrosiva sobre el supuesto encanto del American way of life.

Si nada de esto le convence, vaya a la segura. Hágase aficionado a “The Wire”, con mucho la mejor serie policiaca en la historia de la televisión. Una sola temporada (son cinco) le permitirá a usted entender el fenómeno del narcomenudeo con mucha mayor claridad que los cientos de discursos que Calderón nos endilgó a lo largo de un sexenio. Y, ya enrrachados, procure las primeras temporadas de “Breaking Bad”, sobre un profesor de química con cáncer que decide meterse a hacer metanfetaminas. Entre ambas series, al final usted sabrá más sobre el tema que el propio Genaro García Luna.

23 Diciembre 2012 05:10:37
Tequila o llano en llamas
Al día de hoy hemos sobrevivido a los primeros dos días de la nueva era maya y a 23 días de gobierno peñanietista. Hasta aquí las cosas no se ven mal. No parece estar precipitándose un meteorito sobre el planeta ni tampoco un “error de diciembre”, como el que arruinó la Navidad del 94. En otras palabras, podemos irnos de vacaciones con la tranquilidad de que ni el cambio climático ni la alternancia política desbaratarán la vida en las próximas dos semanas. Mirado así, podemos, con cierta impunidad, desviar momentáneamente la atención de los malabares de los políticos y dedicarnos a tareas más edificantes. Por lo menos en materia de lectura: pasemos de noticias y crítica política, a la lectura de placer. Para tal efecto, quisiera compartirles algunas sugerencias.

Al que guste del baile, del ajedrez y de una buena y cínica historia de amor recomiendo el último libro de Arturo Pérez-Reverte, “El Tango de la Guardia Vieja” (Alfaguara). Un bailarín profesional que opera en cruceros por el Atlántico, robando corazones y alguna alhaja ocasional de parte de mujeres que buscan consuelo pasajero. Eso hasta que encuentra a la bailarina perfecta, fría y distante que trastocará su vida. O sea, un guión más propio de Corín Tellado que de un ex corresponsal de guerra como Reverte. Pero no es así. El marido de la dama es un millonario que gusta de explorar todo tipo de excesos eróticos con ella; y el bailarín es un canalla que la quiere pero la despoja de sus joyas. Entremedio de esta historia de amor hay una intriga de espías, las entrañas de un campeonato mundial de ajedrez y una larga reflexión de la experiencia íntima que el acto de bailar puede tener para una pareja.

Y para aeropuertos, autobuses y horas de playa no está nada mal el último libro de Stephen King intitulado “11/22/63” (Plaza Janés), fecha del asesinato de John F. Kennedy. Contra su costumbre, King no escribió un relato de horror, sino de exploración histórica. Salvo por el elemento fantasioso de una brecha en el tiempo por la cual un joven profesor de literatura retrocede sorpresivamente hasta 1958, el resto de la novela es un detectivesco esfuerzo del protagonista central para conocer a Lee Harvey Oswald e intentar abortar el asesinato de Kennedy. La novela tiene ritmo y la recuperación que hace el autor de la vida real de Oswald y su esposa Marina es digna de un historiador. Pero no le diré si Kennedy se salva.

Tampoco le diré el final de la maravillosa “Rosa Cándida” (Alfaguara) de Audur Ava Olafsdottir. La escritora noruega nos regala un bello relato que seguramente le permitirá a usted resistir mejor la sobredosis familiar de los próximos días. La sabiduría sencilla y desarmante de un jardinero que hace crecer rosas en su jardín y en el ánimo de cuantos le rodean. Pese a lo empalagoso de la frase anterior y el florido título del libro, la cursilería no está presente en esta hermosa historia.

Si usted no gusta de la ficción o de ninguna de las opciones anteriores, puede incursionar con seguridad en la muy buena biografía del cantante y poeta Leonard Cohen escrita por Sylvie Simmons (“Soy tu hombre. Biografía de L. Cohen”). Todo cabe en esta larga y accidentada vida que va desde los barrios bohemios de Montreal hasta su exilio en un convento budista, el cual abandona para reponer con conciertos en vivo el desfalco ocasionado por su representante, pasando por una peligrosa estancia en la Cuba castrista, largas temporadas en una isla griega y los brazos de las más bellas musas beatniks de su generación. Leonard Cohen bien podría decir, como el famoso futbolista inglés George Best: “el 90% de lo que gané lo gasté en mujeres y en fiestas, el resto sí lo derroché”.

Si nada de lo anterior es de su agrado o le parecen libros demasiado largos para tan pocos días, me remitiré a los clásicos. Releer los cuentos de Juan Rulfo, “El llano en llamas”, o de Raymond Carver (“Anagrama, todo, cualquier texto”) le permitirá reconciliarse con la mejor literatura en los breves ratos de respiro entre los apremios que provoca Santa Clos y los Tres Reyes Magos. Bueno, también está el tequila.
23 Diciembre 2012 04:59:59
Tequila o llano en llamas
Al día de hoy hemos sobrevivido a los primeros dos días de la nueva Era Maya, y a 23 días de gobierno peñanietista. Hasta aquí las cosas no se ven mal. No parece estar precipitándose un meteorito sobre el planeta ni tampoco un “error de diciembre”, como el que arruinó la Navidad del 94. En otras palabras, podemos irnos de vacaciones con la tranquilidad de que ni el cambio climático ni la alternancia política desbaratarán la vida en las próximas dos semanas.

Mirado así, podemos con cierta impunidad desviar momentáneamente la atención de los malabares de los políticos y dedicarnos a tareas mas edificantes. Por lo menos en materia de lectura: pasemos de noticias y crítica política, a la lectura de placer. Para tal efecto, quisiera compartirles algunas sugerencias.

Al que guste del baile, del ajedrez y de una buena y cínica historia de amor recomiendo el último libro de Arturo Pérez-Reverte, El Tango de la Guardia Vieja (edit. Alfaguara). Un bailarín profesional que opera en cruceros por el Atlántico, robando corazones y alguna alhaja ocasional de parte de mujeres que buscan consuelo pasajero. Eso, hasta que encuentra a la bailarina perfecta, fría y distante que trastocará su vida. O sea, un guión más propio de Corín Tellado que de un ex corresponsal de guerra como Reverte. Pero no es así. El marido de la dama es un millonario que gusta de explorar todo tipo de excesos eróticos con ella; y el bailarín es un canalla que la quiere pero la despoja de sus joyas.

Entremedio de esta historia de amor hay una intriga de espías, las entrañas de un campeonato mundial de ajedrez y una larga reflexión de la experiencia íntima que el acto de bailar puede tener para una pareja.

Y para aeropuertos, autobuses y horas de playa no está nada mal el último libro de Stephen King intitulado 11/22/63 (Plaza Janés), fecha del asesinato de John F. Kennedy. Contra su costumbre, King no escribió un relato de horror, sino de exploración histórica. Salvo por el elemento fantasioso de una brecha en el tiempo por la cual un joven profesor de literatura retrocede sorpresivamente hasta 1958, el resto de la novela es un detectivesco esfuerzo del protagonista central para conocer a Lee Harvey Oswald e intentar abortar el asesinato de Kennedy. La novela tiene ritmo y la recuperación que hace el autor de la vida real de Oswald y su esposa Marina, es digna de un historiador. Pero no le diré si Kennedy se salva.

Tampoco le diré el final de la maravillosa Rosa Cándida (Alfaguara) de Audur Ava Olafsdottir. La escritora noruega nos regala un bello relato que seguramente le permitirá a usted resistir mejor la sobredosis familiar de los próximos días. La sabiduría sencilla y desarmante de un jardinero que hace crecer rosas en su jardín y en el ánimo de cuantos le rodean. Pese a lo empalagoso de la frase anterior y el florido título del libro, la cursilería no está presente en esta hermosa historia.

Si usted no gusta de la ficción o de ninguna de las opciones anteriores, puede incursionar con seguridad en la muy buena biografía del cantante y poeta Leonard Cohen escrita por Sylvie Simmons (Soy tu hombre. Biografía de L. Cohen). Todo cabe en esta larga y accidentada vida que va desde los barrios bohemios de Montreal, hasta su exilio en un convento budista el cual abandona para reponer con conciertos en vivo el desfalco ocasionado por su representante, pasando por una peligrosa estancia en la cuba castrista, largas temporadas en una isla griega y los brazos de las más bellas musas beatniks de su generación. Leonard Cohen bien podría decir, como el famoso futbolista inglés George Best: “el 90% de lo que gané lo gasté en mujeres y en fiestas, el resto sí lo derroché”.

Si nada de lo anterior es de su agrado o le parecen libros demasiado largos para tan pocos días, me remitiré a los clásicos. Releer los cuentos de Juan Rulfo, El Llano en Llamas, o de Raymond Carver (edit. Anagrama, todo, cualquier texto) le permitirá reconciliarse con la mejor literatura en los breves ratos de respiro entre los apremios que provoca Santa Clause y los Tres Reyes Magos. Bueno, también está el tequila.

@jorgezepedap
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16 Diciembre 2012 05:10:19
EL PAN, entre Calderón y El Yunque
El Partido Acción Nacional ha pasado de la gloria al infierno. No sólo porque se degradó de primera a tercera fuerza política, también porque la derrota ha dejado un terreno minado en su propio cuartel. Están divididos y están débiles. Les quedan apenas cuatro gubernaturas de las 32 (Guanajuato, Sonora, Baja California, Baja California Sur, aunque esta última el gobernador es panista sólo de nombre; similar caso al de Puebla y Sinaloa). Y este año podrían perder Baja California. Peor aún, la hegemonía del partido podría pasar del calderonismo al yunquismo.

Calderón jugó a hacerse del control político para mantenerse como hombre fuerte del partido, y en esa medida, ser el interlocutor estratégico para Peña Nieto como garante de la “oposición responsable”. El cálculo no era equivocado: pese a sus magras cuotas en la cámara de diputados y senadores, el PAN tiene suficiente para darle al PRI y sus aliados la mayoría calificada que requieren las reformas constitucionales del Presidente. Si Calderón era capaz de ofrecer eso, se convertiría, en las sombras, en uno de los políticos más poderosos del sexenio.

Y desde luego se aseguraba la protección del gobierno de Peña Nieto en contra de cualquier intento de llevarlo a juicio a él y a los miembros su círculo inmediato.

Pero al michoacano le fallaron dos cosas. Primero, que la actitud negociadora de la actual dirigencia del PRD le ofrece a Peña Nieto otra vía para negociar mayorías. No depende exclusivamente del PAN y eso abarata la factura política. Incluso los intentos de la oposición para hacer un frente común PAN-PRD han naufragado por la desconfianza mutua. Si me apuran, hay más coincidencias de fondo entre el PRI y el PRD que cualquiera de ellos con los blanquiazules. Recordemos que muchas cabezas de la izquierda fueron priístas en sus orígenes. Por mencionar algunos: Andrés Manuel López Obrador, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Manuel Camacho y un largo etcétera.

Y segundo, y más delicado, no está muy claro que Calderón pueda mantener el control del partido. Ciertamente colocó a varios de sus leales en posiciones claves, particularmente en el senado: su hermana Luisa María “La Cocoa”, Ernesto Cordero, Mariana Gómez del Campo, entre otros. Y muchos de su corriente ocupan posiciones en las segundas y terceras parrillas del gobierno federal. Su peso es aún mayor en el Consejo Nacional, integrado por 300 miembros.
Pero todo esto podría cambiar. El gobierno federal ha comenzado una reestructuración que limpiaría esas segundas y terceras parrillas, y a su vez, el PAN se encuentra en medio de un refrendo de militantes para aligerar el padrón inflado con el que venía operando en los últimos años. En todo caso, se anticipa que muchos que se decían calderonistas en el Consejo Nacional, dejarán de serlo en las próximas elecciones internas

El actual dirigente del partido, Gustavo Madero, ya comenzó a sacudirse la presencia de Calderón. Está claro que en la firma del pacto negociado entre PRI, PAN y PRD, el ex presidente fue avisado, pero no consultado. La mejor indicación fue el berrinche de su alfil, Ernesto Cordero, quien en principio se rehusaba a acatar el acuerdo, por considerar que algunos puntos del pacto eran de inspiración calderonista y en su momento no fueron apoyados por el PRI.

Es una buena noticia que el PAN pueda sacudirse el cacicazgo de Calderón. La mala es que El Yunque podría ser el ganador de ese desplazamiento. Constituyen la corriente más orgánica y sólida para buscar la presidencia del partido en noviembre del próximo año. Gustavo Madero intentará reelegirse, pero enfrentará las candidaturas de Juan Manuel Oliva o de Marco Antoni Adame, ex gobernadores de Guanajuato y de Morelos, ambos de El Yunque.

Por el momento, Santiago Creel, Molinar Horcasitas (ahora ex calderonista), Roberto Gil (vinculado a Josefina) han comenzado a operar en alianza con Madero. La propia Josefina Vázquez Mota y otras corrientes disidentes como las de Javier Corral y Manuel Clouthier (formalmente no está en el PAN, pero influye) podrían hace un bloque común para oponerse a El Yunque. No son alianzas imposibles, pero tiene mucho de fragilidad. Podrían quedar emparedados entre calderonistas y yunquistas, quienes poseen mucho mayor peso entre las bases internas dentro del partido.

A este grupo tutifruti le quedan once meses para derrotar al calderonismo y preparar la batalla frente al yunquismo. En el camino habrá muertos y heridos, deserciones y traiciones. Un desenlace de pronóstico reservado. Pero algo me dice que los operadores de Peña Nieto podrían ser decisivos para el triunfo de una u otra corriente. ¿Madero, Josefina, Calderón o El Yunque?

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09 Diciembre 2012 05:10:05
El regreso de la política
La pregunta de fondo es ¿cómo un gabinete conservador podrá sacar adelante una agenda progresista? Oírle a Osorio Chong hablar de reducción de poderes factuales es como imaginarse a un carnicero vegetariano o a un director de cine invidente. Nada en las gubernaturas o las biografías de Enrique Peña Nieto, Murillo Karam (PGR) o el propio Osorio revelan un antiguo idilio con los derechos humanos. El Peña Nieto orgulloso de la represión en Atenco no parece emparentado con el Peña Nieto gandhiano del paradigma de seguridad pública basada en la prevención social y el respeto a los derechos humanos. El Presidente, quien había sido acusado de ser un títere de Televisa, se apresuró a anunciar una tercera y cuarta cadena de televisión.

¿Esquizofrenia política? ¿Surrealismo? ¿Engaño sofisticado? Creo que en el fondo el asunto remite al regreso de la política, como escribió recientemente Liébano Sáenz (por cierto, la única corriente no incorporada en la avalancha priísta son los zedillistas, por si quedara duda del peso de Salinas, quien “colocó” varias figuras en la administración: Francisco Rojas en CFE, Claudia Ruiz Massieu en Turismo, Emilio Lozoya en Pemex, entre otros. Y no, Emilio Chuayffet, en Educación Pública, no es zedillista).

Lo que estuvo ausente a lo largo del sexenio de Calderón fue la política, entendida en este caso como la capacidad de lograr acuerdos y consensos entre actores que tienen posiciones heterogéneas y divergentes. Y estuvo ausente por dos razones: primero, por la falta de capacidad de los operadores panistas elegidos por el presidente anterior. A mi juicio la inseguridad de Calderón era tal que prefirió rodearse de personajes de segundo nivel a los que podía manotear y reprender. Quizá por eso, Gómez Mont un hombre tan inteligente y capaz como arrogante, duró tan poco como secretario de Gobernación. Lo cierto es que los operadores del sexenio anterior quedaron muy por debajo del nivel que exigía una sociedad con tantos vacíos de poder y cruzada por intereses tan contradictorios.

La segunda razón por la que estuvo ausente la política en los últimos años remite a la soberbia del Presidente. Calderón se atrincheró en sus propias razones y las defendió con un ahínco digno de mejores causas. En su inseguridad personal el mandatario creyó que rectificar o ceder equivalía a debilidad. Ni 100 mil bajas civiles, entre muertos y desaparecidos, pudieron generar un gesto de duda: su negativa a publicar la ley general de víctimas, más allá de los pretextos jurídicos, revela una negación digna de diván psicoanalítico. Con tal talante hay muy poco espacio para la negociación de fondo con todos los actores que no sean subordinados sumisos.

Lo que estamos viendo es el regreso de la política. Eruviel Ávila no era el sucesor que Peña Nieto hubiera querido en el Edomex, pero era el que más convenía a la causa. Buena parte de los temas de democratización, ciudadanización y rendición de cuentas que están en el pacto político no se encuentran en el ADN priísta, pero saben que es la única manera de afirmar el liderazgo presidencial y mejorar su margen de gobernabilidad. Rectificar en materia de horas el tema de Inmujeres (para que se mantuviera independiente de Sedesol) o retirar el cerco sobre San Lázaro previo a la toma de posesión muestran el oficio de estos políticos profesionales.

El único negro en el arroz a una semana fueron los excesos contra estudiantes y provocadores del 1D. El tema está en manos de las autoridades de la capital, pero encontrar a los autores intelectuales de la provocación beneficiaría a todo el gobierno, además del capitalino.

Hay algo que no acaba de convencer del todo en esta reconversión de dinosaurios a agentes de Matrix. El salto a la pista de baile en un antro de tecno por parte de un sesentón suele ser un espectáculo poco grato. Y, sin embargo, lo están haciendo con resultados más que aceptables hasta ahora.

Difícil de predecir el resultado final de un gabinete conservador que impulsa una agenda progresista (la frase es de Jorge Castañeda). En el camino puede ganar la vocación autoritaria de los operadores y terminar distorsionado, maquillando o vaciando de contenido las propuestas democráticas. Pero bien podría suceder que la presión de la comunidad, el aplauso del público, termine convenciendo a los actores de la obra de teatro a encarnar a sus personajes. Convertirlos en democratizadores a pesar de sí mismos. Está en ellos, pero también en todos nosotros, el auditorio, que suceda una cosa o la otra.
02 Diciembre 2012 05:10:11
El gabinete
Si fuera equipo de futbol sería una alineación plagada de medios de contención y defensa superreforzada (dinos), que cifra sus esperanzas de futbol creativo en las habilidades de un joven prometedor a quien el 10 le podría quedar grande (Videgaray).

No es el gabinete de chile y de dulce que le propusieron los head hunters a Fox, ni el grupo Montessori de Calderón, integrado por sus amigos del cuarto de guerra. El equipo de Enrique Peña Nieto es una mezcla de pesos pesados en lo político y técnicos modernizantes en lo económico, diseñado para dos tareas urgentes: asegurar y mejorar la gobernabilidad e impulsar las reformas económicas. Uno a cargo de Miguel Ángel Osorio Chong (Gobernación) y otro de Luis Videgaray (Hacienda). Brillan por su ausencia los cuadros orientados a los temas de cambio social o reducción de la inequidad.

Comencemos por la economía. Videgaray controla a un equipo formado por José Antonio Meade (Relaciones Exteriores), Emilio Lozoya (Pemex) e Ildelfonso Guajardo (Economía). Se trata de economistas formados en universidades del extranjero, muy jóvenes los dos primeros. Meade, quien había sido secretario de Hacienda, tratará de hacer de la Cancillería un agente económico para la atracción de inversiones y la participación de México en los temas de la globalización. Esperemos que resulte mejor que el intento de Fox con Luis Ernesto Derbez.

Llama la atención que Videgaray no haya podido colocar a sus piezas en otras carteras del gabinete económico. Algunas quedarán en manos de veteranos operadores políticos: Energía (Pedro Joaquín Coldwell, ex presidente del PRI), Agricultura (Enrique Martínez, ex gobernador de Coahuila), Comunicaciones y Transportes (Gerardo Ruiz Esparza), CFE (Francisco Rojas, salinista ex de muchas cosas) y Turismo en manos de Claudia Ruiz Massieu, sobrina de Salinas sin experiencia en el ramo. Mi impresión es que el presidente prefirió pagar compromisos y contar con operadores políticos experimentados en áreas sensibles como Comunicaciones o Energía. Es notorio que el tema de telecomunicaciones se lo reserva personalmente Peña Nieto, colocando a su ex secretario de comunicaciones en el gobierno de Edomex. El propio presidente será el árbitro final entre el choque de Slim vs. Azcárraga-Salinas Pliego.

Con todo, es muy probable que Videgaray, como antes lo hizo Camilo Mouriño, sea clave en la designación de subsecretarios y cabezas de organismos paraestatales. El caso en el tema de energéticos lo ilustra: Joaquín Coldwell, con 62 años, a cargo de la Secretaría, pero Emilio Lozoya, de 38, a cargo de Pemex. El primero con su veteranía capaz de arbitrar y negociar entuertos, pero el segundo, “hombre de Videgaray”, será el operador del petróleo.

En el gabinete político las cosas son más complejas. Miguel Ángel Osorio Chong no es Jesús Reyes Heroles, el arquitecto de la apertura desde Bucareli con López Portillo. El tema es preocupante porque como gobernador de Hidalgo no se caracterizó por su dotes reformadores. Con todo, habría que reconocer que ha sido un intérprete fiel de las necesidades del grupo: ha cedido y negociado cada que se lo han pedido. Tendrá menos autonomía que Videgaray en Hacienda, toda vez que la política es un tema que Peña Nieto y quienes le rodean prefieren tener al alcance de su mano. El tema de Seguridad Pública y Justicia está en plena conformación, pero Murillo Karam (PGR) y Manuel Mondragón (Secretaría de Seguridad Pública, o lo que quede de ella) son personalidades por sí mismos.

Llama la atención la ausencia de especialistas en los temas vinculados al sector social. Con Emilio Chuayffet en Educación Pública y Rosario Robles en Sedesol queda claro que priva el criterio político. Es sintomática, incluso, la designación de un personaje menor para Salud, dicho con todo respeto: la doctora Mercedes Juan López (se había mencionado a Julio Frenk). Rosario Robles tiene experiencia en la administración pública y recientemente se dedicó a la formación de cuadros políticos para campañas electorales. Carece de experiencia en temas de pobreza o inequidad. Por el contrario, su actual pésima imagen con la izquierda no augura las mejores relaciones con organizaciones no gubernamentales y activistas que operan entre los sectores pauperizados. Y en cambio sí introduce sospechas del uso político-electoral que podría tener, otra vez, la Sedesol.

Emilio Chuayffet tampoco es Vasconcelos. Pero se dice que sólo un tiburón como él sería capaz de enfrentarse a la maestra Gordillo, mandamás del SNTE. Quizá, aunque el tema merecería una columna per se.

En resumen, un gabinete interesante. Más orientado al control político y a procesar las reformas económicas con estabilidad, que aliviar la situación social del otro 50% de la población. Un equipo diseñado para recibir pocos goles, que cifrará en Videgaray la posibilidad de anotar. ¿Podrá?
25 Noviembre 2012 05:10:01
Calderón, telonero de Peña Nieto
Felipe Calderón me recuerda a los teloneros de los conciertos, esos que tocan antes de que aparezca la estrella del evento. La desesperación por alargar su permanencia sobre el escenario le ha llevado a giras de inauguraciones maratónicas y a eternizarse en el uso de cada micrófono que le ponen enfrente. Como los malos teloneros, que no terminan por entusiasmar a la audiencia, pocos ponen atención a su presencia. La mayoría contempla distraída e impaciente los intentos del Presidente por justificar su sexenio y estirar sus últimos 15 minutos de gloria.

Alguna vez señalé que la mala suerte persiguió a Calderón en su sexenio. La increíble fortuna que había tenido para colarse a la Presidencia contra todo pronóstico se tornó adversa en cuanto puso un pie en Los Pinos. A los errores cometidos se sumaron infortunios que terminaron siendo lluvia sobre mojado: la crisis económica de Estados Unidos —que tumbó a la economía mexicana—, el estallido de la epidemia de influenza, la muerte de dos secretarios de Gobernación, entre ellos su mano derecha y delfín para la sucesión: Camilo Mouriño.

Incluso el tema del narcotráfico estalló en su sexenio. Cierto que su estrategia fue equivocada, pero nadie puede negar que el poder de los cárteles y la disputa por las plazas se encontraban en espiral ascendente. Otra cosa es que Calderón haya querido combatir el fuego echándole gasolina.

Hablar de la suerte en una columna de análisis político es como hablar de beisbol en Argentina. Pero en los últimos días se ha dicho tanto de la alineación de circunstancias en favor de Peña, que la astrología parece haberse apoderado de las prospectivas económicas y políticas que se hacen sobre México.

El largo reporte especial que “The Economist” publicó esta semana al respecto asegura que nuestro país será “el Brasil” de los próximos años (de hecho creceremos al doble que el país amazónico). Olvídense de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, y Sudáfrica); nosotros seremos la estrella ascendente de la economía mundial. “Hecho en México” desplazará a “Made in China” en los mercados de Estados Unidos. Nuestro crecimiento económico y niveles de empleo provocarán que la migración se revierta; más latinos y norteamericanos estarán cruzando la frontera de norte a sur que viceversa.

Y todo este favorable panorama se vaticina sin que Peña Nieto haya movido un dedo. Sin duda una venturosa y providencial alineación de astros.

Al análisis de la prestigiada revista inglesa yo añadiría otro activo con el que contará el presidente entrante: el hartazgo de la opinión pública, de la élite y los actores sociales por la parálisis institucional y política de los últimos años. Incluso los poderes de facto están urgidos de un árbitro general con capacidad de ordenar el juego. Pese a que todos los poderosos han sacado ganancia a río revuelto, el desorden se ha vuelto ineficaz para todos. Como esos embotellamientos en cruceros colapsados que suelen resolverse cuando aparece un moderador del tráfico (sea policía o espontáneo). Hasta el pleito Slim vs Azcárraga-Salinas Pliego, los hombres más poderosos del país, comienza a ser incómodo para las partes. Y si me apuran, yo diría que incluso los cárteles de la droga están fatigados de su propia guerra civil.

El problema para todos, empresarios, gobernadores o jefes del narco, es que no ha habido un árbitro con la fuerza o la legitimidad para garantizar acuerdos, asegurar recompensas y castigar violaciones a lo pactado. Pienso que ahora todos lo extrañan, aun cuando lo quisieran acotado y servicial.

Hay, pues, una inercia de la sociedad mexicana que favorecería una presidencia con un poco más de margen de maniobra de la que han gozado los últimos mandatarios. Si a eso se añade un crecimiento económico importante, si hemos de creerle a “The Economist”, tendríamos que concluir que a Peña Nieto le espera una continuación de lo que ha sido su biografía: una vida entre algodones.

Algo me dice que no será así. Hay demasiados imponderables en el camino. Empezando por saber si el equipo entrante estará a la altura de las expectativas que se han generado o si la economía de Estados Unidos cumplirá lo prometido. Los pobres no leen “The Economist” y algunos no se quedarán cruzados de brazos a esperar que la situación cambie algún día. Y peor aún, corremos el riesgo, como reconoce la mencionada revista, de que el árbitro termine a las órdenes de los poderosos grupos que lo llevaron al poder. Pero esa es otra historia. Por lo pronto, urge que se vaya el telonero y comience la función.


18 Noviembre 2012 05:00:08
Lo que importa no está aquí
Lo que verdaderamente importa no está en esta sección del periódico sino en otra. Es en las páginas llamadas de negocios o de economía, y no en las de política, en donde se decide el destino de la gente. Su empleo, la velocidad a la que se dispara su tarjeta de crédito, la posibilidad de ser desalojado de su casa, lo que sus hijos ven, oyen y actúan, como tantas otras cosas importantes de la vida no las va a decidir Peña Nieto, ni su gobernador. Lo definirán operadores anónimos enfrente de una pantalla con gráficos en Nueva York, Londres, Madrid y, ocasionalmente, en México.

Las políticas de los gobernantes ayudan o perjudican en la misma medida en que una gabardina hace alguna diferencia en un domingo de tormenta. Pero es la lluvia la que decide si la jornada es de picnic y recorridos en bicicleta, o de encierro apertrechado en casa o en un cine. Eso es justamente lo que están viviendo los españoles y los griegos, y hace dos años los norteamericanos. Y con menos dramatismo el resto de los habitantes del planeta, por ahora.

Y esto apenas comienza. Capitales internacionales están comprando la tierra de cultivo en África y partes de América Latina; el servicio del agua para abastecer las ciudades se está concentrando en un puñado de trasnacionales; el valor de los alimentos depende en gran medida de las operaciones de futuros que realizan los especuladores en los mercados de Chicago. El estado de los mares y los bosques no lo decide precisamente la Semarnat y sus equivalentes
internacionales.

Los capitales financieros están fuera de control por parte de los gobiernos.

Generan burbujas inmobiliarias artificiosas que terminan por pincharse solas. La calificación de Standard & Poors convierte en impagable la deuda de un país. En resumen, hay una enorme transferencia de valor a escala internacional del capital productivo al capital financiero, por no decir especulador. Y no hay Estado nacional capaz de hacerle frente. Ni siquiera las mejores intenciones del G20 o el G8 han servido de mucho para frenar las veleidades de la globalización financiera (Los Grupos G-algo, como el punto G, parecen ser más una leyenda urbana que una realidad).

Los periodistas nos hemos obsesionado con los políticos, al grado de convertirnos en una especie de subclase política. Las columnas describen con mínimo detalle con quien comió Manlio Fabio Beltrones y los chistines de Felipe Calderón, pero en el proceso nos hemos olvidado de lo que están haciendo los verdaderos amos del planeta. Es en los consejos de BBVA en Madrid o de CityGroup (Banamex) en Nueva York donde se definen las posibilidades de que usted o su empleador reciban el crédito para sobrevivir o expandirse, y es en el Deutsche Bank que financia a las armadoras alemanas donde se decide el empleo de muchos poblanos. Un especulador ruso puede ser el factor que determine si el exportador de tomate sinaloense tenga ganancias o pérdidas este año. Y es un consejo de empresa de Bailleres (el dueño de Palacio de Hierro y Peñoles) el que definirá en última instancia la calidad del agua que beberán los cancunenses y los capitalinos.

El problema es que los periodistas no estamos cubriendo estos temas. A muchos lectores pueden parecerles agresivas las investigaciones de Jenaro Villamil sobre Televisa, pero es lo que tendríamos que estar haciendo muchos colegas con otras compañías. No se trata de satanizarlas, pero sí de transparentar el impacto que sus decisiones tienen en la vida de los mortales.

Por desgracia la cobertura de negocios en prensa y noticieros suele ser la más obsequiosa. El nivel crítico que se lee en la sección de deportes o en la de política no existe en las páginas de economía.

El dueño de un diario argentino solía exigir a sus periodistas que fuesen de izquierda en temas sociales, de centro en materia política y de derecha en asuntos de negocios. No sé lo primero, pero esta última parte es universalmente obedecida. No es casual que los periodistas y columnistas de negocios no sólo sean los mejor vestidos en toda redacción; son también los que terminan con las mejores remuneraciones.

No necesariamente significa que estén vendidos (ciertamente no todos). Pero son muy comunes los viajes internacionales pagados por empresas, la atención que reciben de los P.R. con oficinas en Las Lomas y la enorme efectividad de los boletines de prensa de los consorcios (muchos más profesionales que los del sector público). En todo caso, los medios de comunicación suelen pensárselo dos veces antes de cuestionar a un anunciante.

Lo que importa está en otro lado, y no lo estamos viendo.


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11 Noviembre 2012 05:08:07
PAN, el patiño ideal
Parecía demasiado bueno para creerlo: que el PAN y el PRD iban a hacer un frente común para obligar al PRI a introducir cambios democráticos en la vida sindical: voto secreto en las elecciones sindicales y rendición de cuentas por parte de los líderes de los dineros de los trabajadores. Ajá. El jueves los panistas recularon y permitieron que la reforma laboral fuese aprobada a modo para los líderes sempiternos. Larga vida a Los Napitos, las Gordillo y los Romero Deschamps.

Los mexicanos perdimos una oportunidad histórica para sanear una de las áreas más anacrónicas, vergonzosas e injustas de la vida política. Seguiremos viendo viajar al extranjero en avión privado a los perros de la hija del líder petrolero, las bolsas de colección de Elba Esther valoradas en cientos de cuotas sindicales y las orgías ostentosas de la cúpula del sindicato ferroviario en un país en el que los ferrocarriles están de rodillas.

Los trabajadores obtuvieron lo peor de los dos mundos; una reforma laboral que en aras de la modernidad y la competitividad facilita el despido y propicia modalidades de contratación sin contraprestaciones, y una vida interna sindical premoderna que seguirá lesionando sus derechos de organización.

El tema es preocupante no sólo por su impacto puntual en el mundo de las relaciones laborales del país. También porque deja dos moralejas por demás inquietantes para las reformas que habrán de venir.

Primero, el papel del PAN. En la política mexicana avanzan aquellos que no permiten que sus convicciones se interpongan en su camino. Todo indica que el partido azul regresará a cumplir su papel de oposición leal y responsable. Lo que en plata pura significa palero del PRI en todo aquello que represente la defensa del sistema de privilegios. Pese a sus banderas históricas en defensa de la democracia y en su crítica a la corrupción, cuando fue gobierno el PAN dejó atrás sus reivindicaciones en aras de la “estabilidad”. Y en materia de corrupción ya no sabe uno cuál fue peor, si el pinto o el colorado.

En teoría fue el propio presidente Calderón quien envió un proyecto de reforma laboral que pugnaba tanto por la modernización económica (que acota los derechos de los trabajadores en materia de contraprestaciones) como por la apertura sindical (democratización de los sindicatos). Los legisladores panistas se rasgaron las vestiduras y juraron que no cederían ante los líderes charros que pegaron gritos al cielo en defensa de sus privilegios. Al final, por supuesto, el PAN le dio la mayoría al PRI para que se aprobara lo primero y se eliminara lo segundo.

Podemos suponer que el resto del sexenio el PAN estará jugando a ser esa oposición servicial a cambio, supongo, de negociaciones políticas juradas en lo oscurito.

La segunda conclusión tiene que ver con el proyecto de reformas del PRI. Desde los años 80 los presidentes tecnócratas buscaron modernizar las estructuras económicas pero manteniendo reglas del juego pre modernas. La mezcla de modernidad y anacronismo hace del sistema un frankenstein. La apertura económica está llena de exclusas y minas para mantener los privilegios, con lo cual nuestra pretendida mejora en la competitividad internacional es un mito. El resultado es que crecemos a medias o a saltibajos.

En las privatizaciones de los 80 y 90, De la Madrid, Salinas y Zedillo aplicaron a rajatabla la agenda neoliberal, pero sólo la parte que le convenía al gran capital, no al mercado libre. Privatizaron empresas como Telmex o los bancos, de acuerdo con las tesis neoliberales. Pero privatizaron de cara al fortalecimiento de viejos y nuevos monopolios que dificultaron el crecimiento de la mediana empresa, la competitividad y el combate a la corrupción. Justamente lo contrario para el florecimiento de un mercado libre capaz de incentivar la creatividad y la competencia.

En otras palabras, cargamos con la peor parte de la neoliberalización: la eliminación de criterios sociales en el ejercicio del gasto público, pero sin las ventajas de una apertura en oportunidades para todos ni vigencia de un estado de derecho. Neoliberalismo sin competitividad y plagado de privilegios. De nuevo, lo peor de los mundos.

La reforma laboral ha seguido exactamente la misma pauta. Nos han puesto como ejemplo la situación en Estados Unidos en donde el empresario goza de mayor flexibilidad en la contratación y despido de los trabajadores, pero nos quedamos con la vida sindical de una república de tercera. Modernización económica, privilegios decimonónicos, estado de derecho diferenciado por estratos sociales.

Algo me dice que la reforma energética, la fiscal y la política de telecomunicaciones podrían seguir el mismo camino. Es el estilo del PRI de las últimas décadas, y tiene en el PAN el cómplice ideal para conseguirlas.

04 Noviembre 2012 05:10:48
Calaveras y diablitos
Ahora que leía las calaveras de los políticos a propósito del día de muertos, me preguntaba qué sería de ellos antes de que, en efecto, se conviertan en difuntos. O dicho de otra manera, ya sabemos que al largo plazo todos estaremos muertos, pero ¿qué será de ellos en el corto y mediano plazo? ¿Qué les depara el futuro a Ebrard, Calderón, López Obrador, Mancera, Cordero, Peña Nieto y otros que como ellos han sido los protagonistas de la historia reciente? A continuación una especie de “calaveras” pero para los próximos meses.

Felipe Calderón.- Nadie está tan contento como Calderón. Él está convencido de que obtuvo lo mejor de los dos mundos. Si no iba a lograr imponer a su delfín, Ernesto Cordero, lo que más le convenía es que perdiera el PAN. De esa manera él seguiría siendo el hombre fuerte de su partido, capaz de negociar con el nuevo régimen en calidad de gerente de la derecha. Eso, y la luna de miel que vive con Peña Nieto, le hacen creer que tiene garantizado seis años de protagonismo y protección. Pero hay dos factores que podrían destruir sus planes: Uno, que los panistas se sacudan su liderazgo (lo cual seguramente intentarán). Dos, que Peña Nieto quiera seguirlo defendiendo si la presión de la opinión pública crece para llevar a juicio a Calderón. Al final será un asunto de correlación de fuerzas.

Marcelo Ebrard.- Sin duda es la carta fuerte de muchos sectores progresistas para el 2018. Pero el todavía regente caminará entre dos peligrosos desfiladeros. De un lado López Obrador, quien querrá emular a Lula convencido de que a la tercera va la vencida, y del otro Miguel Mancera, próximo jefe de gobierno del DF. Recordemos que Mancera no era el candidato de Ebrard; ganó la candidatura no gracias sino a pesar de su jefe. Y no faltarán funcionarios y asesores de Mancera que lo convencerán de que él puedo ser el bueno para el 2018. Ebrard tendrá que cerrar muy fuerte la segunda parte del próximo sexenio para no perder su ventaja. Presidente del PRD, coordinador de la fracción en la Cámara de Diputados o ambas posiciones.

Ernesto Cordero. No sÉ cuÁnto vaya a sostenerse el coordinador de los senadores panistas en la Cámara. La figura de el economista y ex secretario de Hacienda ha desaparecido frente al enorme oficio de los operadores priístas, encabezados por Emilio Gamboa. Dependerá de la fuerza que mantenga Calderón dentro del PAN, y del costo que represente para este partido ofrecer tantas ventajas al PRI en el poder legislativo.

Andrés Manuel López Obrador. La conversión de MORENA en un partido político le ofrecerá al tabasqueño una enorme tribuna a lo largo de los próximos años. Sobre todo si su organización se convierte en un actor movilizado en contra de algunas políticas públicas del gobierno de Peña Nieto (Pemex, sindicatos, etc.). Por lo demás si MORENA obtiene su registro, AMLO se convierte de nuevo en candidato presidencial para las próximas elecciones. En teoría López Obrador le dejaría el camino abierto a Ebrard para el 2018, luego de que este retiró su candidatura en el 2012. Pero, ya sabemos, las multitudes en el Zócalo no tienen palabra y el tabasqueño suele ser un devoto fiel de lo que quiere “el pueblo”.

Josefina Vázquez Mota. La ex candidata ha decidido mantenerse alejada de la esfera política, mientas Calderón tenga el control del PAN. El mandatario no sólo le retiró su apoyo durante la campaña presidencial, sino también la culpó de la estrepitosa derrota del blanquiazul en las elecciones. Con roda razón, Josefina se siente doblemente agraviada. Pero eventualmente la ex secretaria de Educación y de la Sedesol podría volver al ruedo. Si otros liderazgos dentro del PAN deciden sacudirse el cacicazgo de Calderón, es seguro que pueden contar con ella.

Enrique Peña Nieto. Todo marcha sobre ruedas para el presidente electo. Panistas y perredistas hacen fila para tomarse la foto. Priístas de todas las corrientes pasan lista para ser incluidos en la próxima administración. Empresarios y líderes sindicales envían tarjetas y personeros para ponerse a las órdenes del nuevo inquilino de Los Pinos. Peña Nieto goza efectivamente de una esplendorosa luna de miel. El tema de fondo es la duración del periodo de gracia. Los cercanos a Peña Nieto saben que el 1 de diciembre inicia una cuenta regresiva contra las expectativas de los mexicanos. Y están conscientes de que ninguno de los problemas del país son de los que se resuelven en 15 minutos. El corto plazo de Peña Nieto está asegurado. Es el mediano plazo el que les quita el sueño.

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28 Octubre 2012 04:10:50
Reforma laboral: radiografía del futuro
El empantanamiento de la reforma laboral, atrapada en el ping pong entre el Senado y la Cámara de Diputados, ofrece atisbos de lo que será la política en el siguiente sexenio.

1) La alianza del PRD y del PAN. Mientras el presidente Calderón se mofaba de las empanadas de pejelagarto que había ingerido, las bancadas de la izquierda y de la derecha fueron capaces de llegar a un acuerdo puntual y sostenerse unidos en contra del sindicalismo corporativo. El acuerdo entre las dos fuerzas no es menor, considerando el antagonismo visceral que se profesan los dos hombres fuertes de cada corriente: Calderón y AMLO. Si lo pudieron conseguir ahora, cuando el PAN aún es gobierno, será más fácil cuando ambas fuerzas constituyan la oposición frente a un priísmo avasallador.

2) La disposición de Peña en favor de las reformas económicas y su desinterés sobre las reformas democráticas. Ciertamente, el equipo de transición apoyó los cambios en la legislación laboral presentados por el gobierno calderonista al Legislativo. Pero tan pronto como los líderes sindicales mostraron los dientes en contra de la apertura, los operadores de Peña no tuvieron objeción para eliminar los aspectos democráticos de la reforma. Siempre y cuando se mantuviesen las modificaciones económicas (flexibilización de las condiciones de contratación y despido en el empleo). Lo anterior me parece que será el tono de la gestión peñanietista en materia de reformas. El próximo gobierno necesitará impulsar los cambios estructurales capaces de activar la economía nacional y hacer de México un país más competitivo. De otra manera no alcanzará su promesa de crecimiento anual promedio de 6% durante su sexenio. Pero dejará al libre juego de las fuerzas políticas el avance o empantanamiento de las reformas vinculadas a la democratización y la rendición de cuentas. No son ésas las que le quitarán el sueño.

3) Si lo que sucedió ahora entre Legislativo y Ejecutivo es un anticipo del futuro, no hay condiciones inmediatas para la instauración del temido autoritarismo presidencial. Desde luego habrá inercias que convoquen a un liderazgo vertical luego de la parálisis política de los últimos años, pero hay muchos actores políticos y económicos en juego, algunos de ellos atrincherados en posiciones encontradas.

4) Los poderes de facto llegaron a la política para quedarse. Nunca como ahora los grandes intereses habían poseído tal representación directa en la esfera política, lo cual los convierte en modificadores de los proyectos públicos. La reforma laboral es buen ejemplo de lo anterior. Los líderes charros siempre han gozado de posiciones en Legislativo. Pero nunca con la autonomía y peso que ahora poseen. Para no ir más lejos, el sindicato de maestros tiene un partido propio, el Panal (cuyos 10 diputados le permiten al PRI y sus aliados alcanzar la cifra mágica de 251 votos). No es casual que el líder cetemista en la cámara haya criticado a Peña Nieto por su desinterés hacia los trabajadores. Una crítica impensable en otros tiempos en contra del “primer priísta del país”.

No es difícil imaginar la reacción de la poderosa telebancada cuando el gobierno de Peña Nieto intente hacer algo respecto a los monopolios de la comunicación. Probablemente ni siquiera se intente una verdadera acción antimonopólica en el sexenio que viene. Pero incluso una reforma fiscal como la que pretende el próximo Ejecutivo pisará los callos de los grandes consorcios (como se sabe, cualquier empleado contribuye con una tasa de impuestos más alta que la equivalente de las grandes empresas).

No sólo es el hecho de que los intereses empresariales están reflejados en el Congreso de una manera más nítida que en el pasado. La vida pública misma está más diversificada que antes. La Secretaría de Hacienda y el Banxico están dominados por economistas formados en el Itam y equivalentes, universidades privadas con un pensamiento vinculado a los intereses de la iniciativa privada. Los empresarios forman parte de consejos ciudadanos y patronatos. La clase política nunca había sido tan vulnerable a los medios de comunicación, particularmente la televisión. El poder desmesurado de multimillonarios mexicanos influye en el comportamiento de gobernadores: inversiones de Slim, Germán Larrea o Salinas Pliego pueden ser determinantes en la prosperidad o bancarrota de una región.

No está claro en qué va a terminar la reformar laboral. Es obvio que tarde o temprano tendremos alguna versión aprobada. Cuándo y cómo es materia de especulación. Eso podría ser una alegoría del próximo gobierno.


21 Octubre 2012 04:08:25
La utilidad de la kriptonita
Supermán tenía todos los atributos posibles, salvo por dos puntos vulnerables: uno era Luisa Lane, el otro la kriptonita. El héroe era capaz de resistir el frío espacial o el fragor de un volcán, volar a la velocidad de la luz o desviar la trayectoria del planeta. Pero frente a la sustancia verde o las pestañas de Luisa solía desvanecerse.

Estos días he estado pensando en Súper-Peña Nieto. Nunca se había visto tan poderoso como ahora que se pasea entre los reyes de España y los mandatarios de Alemania, Inglaterra y Francia. Nuestra tendencia a reverenciar al tlatoani ha hecho el resto. En corrillos y charlas de sobremesa ya no se habla tanto del regreso del PRI, como se hacía durante la campaña electoral. Ahora se habla de Peña Nieto, de las reformas inminentes, de la posibilidad de crecer a 6%, de la capacidad de Videgaray, su poderoso brazo derecho o, mejor dicho, su hemisferio izquierdo (la porción del cerebro que analiza, abstrae, cuenta, verbaliza, piensa en palabras y en números, y permite leer y escribir).

Vamos, ahora hasta Calderón parece feliz con el advenimiento de Peña Nieto y disputa con otros políticos la oportunidad de hacerle favores al presidente electo. Los gobernadores del PRD y del PAN buscan la fotografía, los grandes empresarios esperan el momento para ser recibidos a solas, a su paso las multitudes quieren tocarlo como si fuese, en efecto, el Luis Miguel de la política.

Y yo me pregunto, ¿cuál será la kriptonita del nuevo superhéroe? Y no son ganas de aguar la fiesta, sino simplemente precaución. Es bien sabido que todo superhéroe necesita un antídoto o termina por convertirse en un peligro para la sociedad.

La kriptonita de los presidentes mexicanos ha cambiado con el tiempo. En otras épocas pudo haber sido Washington; hoy día se llamaría “legitimidad”. En el pasado la clase política estaba contenida en sí misma; operaba con enormes márgenes de autonomía frente a los grupos de poder. Era una gerencia plegable a los intereses de los dueños del negocio (grandes capitales, intereses transnacionales), por supuesto, pero la conducción del día a día era atribución del administrador general, el presidente.

Ya no. La complejidad de la sociedad mexicana ha hecho vulnerables a los gerentes. El poder de los clientes, por así decirlo, es un factor que no puede ser desechado. La opinión pública es el nuevo factor de vulnerabilidad del mandatario, su muy particular kriptonita. Curiosamente las propuestas más democráticas no las hizo Peña Nieto durante la campaña, sino inmediatamente después de ganar las elecciones: 1) crear una Comisión Nacional Anticorrupción; 2) ampliar facultades del IFAI para transparentar la información de estados y municipios; 3) crear una instancia ciudadana para supervisar contratación de publicidad oficial.

Tales propuestas no iban encaminadas a ganar votos, sino a obtener legitimidad frente al ruido que estaba provocando la campaña #YoSoy132, que cuestionaba la legalidad de una presidencia ganada a billetazos y el riesgo del advenimiento del autoritarismo de antaño. Tales críticas constituyeron una kriptonita que debía ser neutralizada.

Tres meses más tarde, una vez debilitado el movimiento de repulsa, en medio de la espuma que generan sus viajes y el reacomodo de los poderes que buscan acercarse al presidente electo, la necesidad de legitimación se ha hecho menos evidente. El riesgo de la kriptonita se ha alejado.

No es casual que ahora comience a matizarse el alcance de tales propuestas democráticas. Ha trascendido que en el equipo de transición se estudia la posibilidad de que la cabeza del IFAI pueda ser designada desde la Presidencia; en otras palabras, más autonomía formal, pero dependencia en la práctica.

En cuanto disminuye el riesgo de brotes de ilegitimidad, la agenda democrática de los gobernantes pasa a segundo plano e imponen la agenda de gobernabilidad. La necesidad de control gana a la de apertura. Invariablemente los mandatarios buscan mayor libertad para tomar decisiones sin “sufrir” la presión de la opinión pública. Sujetarse a mecanismos de rendición de cuentas o a espacios de intervención ciudadana va contra todos sus instintos. A menos, claro, que la kriptonita les obligue a ceder, a buscar legitimidad.

La crítica por parte de la opinión pública, la conversación en las redes, la presión ciudadana es la única manera en que podemos impedir que el Gobierno se cierre y expropie el poder público. Sólo la kriptonita que representa la participación ciudadana puede impedir que el “superhéroe” se convierta en villano. Por lo demás, Luisa Lane no será de mucha ayuda en este caso.

@jorgezepedap
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Economista y sociólogo
14 Octubre 2012 04:07:59
Las caras de Peña Nieto
Ni autoritario ni democrático, sino todo lo contrario. Las primeras iniciativas, giras y decisiones del presidente electo esbozan una actitud más modernizante y abierta de la que podría haberse anticipado, habida cuenta su procedencia de un grupo político tan tradicional y cerrado como el de Atlacomulco. Peña Nieto parece dispuesto a encarar con presteza varias reformas imprescindibles para activar la economía, pero al mismo tiempo ha mostrado sensibilidad para abordar los impactos sociales y políticos de tales medidas. O por lo menos así lo parece.

Pero una lectura más acuciosa de sus proyectos y la manera en que se están instrumentando revela la identidad esencialmente práctica y eficientista de su estilo de gobierno. No es una regresión política lo que se nos viene, ni una restauración del viejo régimen. Lo que tendremos es una tripulación al mando de una locomotora cuyas calderas de leña serán reemplazadas por motores de diesel. Avisarán de las partidas del tren a los distintos vagones de la sociedad mexicana, y dejarán que unos y otros se suban como puedan o se queden en el camino.

Reducirán su marcha implacable sólo cuando el costo político o la crítica social sea tal que ponga en riesgo los objetivos de su reforma o el crecimiento económico. Preferirán ceder y negociar que reprimir, salvo cuando se trate de asuntos absolutamente clave de su matriz reformista.

Las primeras acciones muestran claramente ese derrotero. El equipo de transición apoyó la reforma laboral de Calderón, que anticipaba en buena medida la del propio Peña Nieto. No es cosa menor, porque entre sus propuestas la reforma incluía el combate a la opacidad sindical, clave de la sobrevivencia de los liderazgos sempiternos. El propio dirigente de la CTM, perteneciente al PRI, criticó a Peña por apoyar esta reforma y señaló que en sus viajes internacionales el presidente electo sólo se reúne con mandatarios y empresarios, pero no con trabajadores.

Me parece que tales declaraciones van para la tribuna. En la práctica, los operadores de Peña Nieto en el Congreso, Manlio Fabio Beltrones (diputados) y Emilio Gamboa (senadores), han tomado el punto de vista de los líderes sindicales y están a punto de lograr que la reforma laboral sea lastrada de los contenidos democratizantes, y en cambio sí incorpore la flexibilidad de contratación y despido que exigían empresarios e inversionistas.

Ni siquiera creo que esta actitud (una reforma laboral deslactosada) haya sido una estrategia puntualmente planeada por el equipo de Peña Nieto. Estoy seguro de que algunos tecnócratas que le rodean habrían visto con simpatía cambios sindicales que permitieran al sistema deshacerse de los estratos momificados que controlan la mano de obra organizada en México. Pero tampoco era su prioridad. Buscaban modificaciones en la Ley del Trabajo sobre las que no iban a transigir (temas de contratación y despido), y dejarían a la correlaciones de fuerzas políticas la definición de los alcances de la democracia sindical. En otras palabras, echaron andar la locomotora hacia los objetivos buscados, y dejaron que los actores políticos resolvieran los aspectos que, a su juicio, resultan complementarios (en este caso los temas de democracia sindical).

Creo que ésa será la tónica del nuevo gobierno. Implacable en los objetivos, es decir la dirección y la velocidad de la marcha, y tolerante en la manera en que los pasajeros se acomoden en los vagones. Claro, siempre y cuando tales acomodos o desacomodos no amenacen la estabilidad y el destino del tren.

Algo similar sucederá con el programa sobre inseguridad pública, la reforma energética (léase apertura de Pemex) y la reforma fiscal que están en preparación. Peña Nieto ha prometido un crecimiento anual promedio de 6% durante su sexenio. Y para eso requiere fuerte inversión privada, de allí la necesidad de las reformas económicas y la disminución de la violencia. Pero también necesita condiciones mínimas de estabilidad social y recursos ingentes para mejorar la infraestructura económica. Por eso la urgencia de una reforma fiscal.

En estos temas serán categóricos e inflexibles, pero con mucha mano izquierda para negociar los detalles. Esto significa que están dispuestos a tocar los intereses monopólicos sólo en aquello que beneficie la acumulación en su conjunto. En todo lo demás, como fue el caso de las cúpulas sindicales, terminarán cediendo antes los poderes de facto.

No será fácil calificar al régimen peñanietista. No será un gobierno autoritario, pero tampoco inaugurará un régimen democrático. Me temo que lo decisivo sucederá en los vagones. O dicho de otro modo, el diablo está en los detalles.
07 Octubre 2012 04:10:27
La doble infamia
Al principio los periodistas asesinados sólo eran hombres. Igual que en la guerra contra el narcotráfico, se trataba de una violencia masculina ejercida por varones contra varones. Ocasionalmente había una agresión contra alguna mujer periodista, pero parecía más la excepción que la regla. Los colegas que cubrían la fuente política y de nota roja, usualmente hombres, comenzaron a ser asesinados y desaparecer en mayor número desde el año 2000 e in crescendo.

En los últimos dos años esto ha cambiado radicalmente. Las mujeres periodistas comenzaron a ser amenazadas y ejecutadas de manera alarmante a partir de 2010. En ese año se triplicaron las agresiones respecto al año anterior y la cifra ha seguido aumentando. En los últimos meses las amenazas y asesinatos de periodistas hombres y mujeres prácticamente se han emparejado. En el último año dos reporteras han sido asesinadas y una más está desaparecida. ¿Qué cosas cambiaron para que sucediera esto? El reporte que acaba de publicar CIMAC (la agencia de noticias con especial énfasis en temas de género) ofrece algunas claves para entender el fenómeno y sus alcances. El extraordinario documento “Violencia contra mujeres periodistas en México, 2010-2011” no sólo detalla minuciosamente la naturaleza de estas agresiones, sino que avanza la metodología hasta ahora aplicada para entender las razones por las cuales los periodistas, hombres y mujeres, están siendo agredidos.

El reporte revela, por ejemplo, qué temas de investigación estaban trabajando las colegas en el momento de ser agredidas o amenazadas, el cargo que ocupaban dentro de sus redacciones, la fuente que cubrían. Esto permite confirmar y avanzar hipótesis que ya adelantaban reportes anteriores, como el de la organización Artículo 19.

La revelación más importante es el hecho de que la mayoría de las agresiones no proceden del crimen organizado, sino del entorno político. De los 30 casos documentados en 2011 en contra de mujeres periodistas, sólo en dos de ellos las reporteras cubrían temas relacionados con el narcotráfico o similares. En la mayoría de los casos fueron amenazadas, violentadas o de plano desaparecidas cuando trabajaban sobre asuntos de corrupción política, desvíos de fondos, derechos humanos, violencia sexual institucional. En otras palabras: las autoridades regionales están utilizando el pretexto del crimen organizado para acallar o desaparecer a periodistas incómodos.

¿Y por qué cada vez son más mujeres? Primero, porque, en efecto, las periodistas han ido aumentando su presencia en la cobertura de las fuentes “duras”. Los directores y editores de medios descubrimos que las mujeres, que tradicionalmente habían cubierto temas sociales, pobreza, desarraigo familiar, cultura, etcétera, estaban mucho mejor calificadas para entender y cronicar el tema de las víctimas en asuntos relacionados con política, guerra y crimen organizado, escándalos del poder. Fue Sanjuana Martínez quien dio voz a las víctimas de los abusos de los curas pederastas y la complicidad del alto clero en el encubrimiento; Lydia Cacho denunció a los políticos y empresarios que abusaban de niñas y niños; fueron reporteras, en su mayoría, quienes nunca se rindieron para documentar los feminicidios en Ciudad Juárez y su impacto en el tejido social.

En los últimos años, una y otra vez, las redacciones de diarios y noticieros fueron incorporando cada vez más mujeres para dar cuenta de los estragos sociales y familiares de las grandes tragedias. No es casual que una colega posea una mirada más compasiva o más comprensiva para entender el testimonio de alguien que ha sido objeto de una injusticia. Ser mujer entraña ser víctima de una sociedad patriarcal. Para no ir más lejos: en las redacciones las mujeres suelen ser la mitad o más de los trabajadores. Pero en las reuniones de dirección editorial de cada día, en el que se toman las decisiones importantes, suele haber sólo dos o tres mujeres en una mesa con una docena de varones. Es decir, los jefes siguen siendo hombres en su abrumadora mayoría.

Por lo demás, las agresiones a periodistas mujeres tienen agravantes adicionales sobre las que sufren sus colegas. Parte desde el ninguneo o cintureada de parte de funcionarios y jefes hasta la violación y abuso sexual en casos de violencia física, pasando por la desacreditación, que rara vez se utiliza contra un hombre: acusaciones de promiscuidad sexual, imputaciones del tipo “está inventando por protagonismo”, “se hace la víctima”. Etcétera.

Las agresiones a periodistas, de cualquier sexo, son una ofensa a la sociedad en su conjunto porque atentan contra el derecho de toda comunidad a estar informada. Las agresiones a mujeres periodistas, además de lo anterior, son una infamia porque atentan contra las víctimas a las que intentan dar voz.


30 Septiembre 2012 04:08:41
Peña Nieto y la paella
¿Dinos o técnicos? El equipo de Peña Nieto es como la paella; para algunos calificada como platillo único o principal en una comida, para otros no es más que una entrada sobreestimada. Para muchos mexicanos se trata de una sopa de arroz recargada, para otros un plato banquete. Lo mismo pasa con las sensaciones que inspira el grupo que rodea a Peña Nieto. ¿Viejo PRI? ¿o un núcleo modernizante envuelto momentáneamente en viejos oropeles?
Emilio Gamboa, Manlio Fabio Beltrones y Murillo Karam son sus alfiles a cargo del poder legislativo y Osorio Chong el responsable de la parte política en el equipo de transición. Entre los cuatro acumulan más sexenios y puestos que un politburó soviético de los de antaño. Si a ello añadimos senadores como Romero Deschamps, líder de los petroleros, a cargo de la Comisión de Energía, y senadores de la telebancada a cargo de comisiones clave, queda claro que no estamos precisamente frente a un renacimiento del PRI, sino a uno vinculado a los viejos intereses.

Pero del otro lado, a nadie escapa el protagonismo de Luis Videgaray, la mano derecha de Peña Nieto, un cuadro técnico quien ha logrado colocar una serie de jóvenes economistas en posiciones claves del equipo de transición. Incluso habría que decir que los cuadros del gobierno del Estado de México que el presidente electo ha recuperado son los más jóvenes y menos montielistas.

¿Qué pensar de toda esta mezcla? ¿Ofrece alguna indicación del tipo de gobierno que podemos esperar? Bien a bien sólo lo sabremos sobre la marcha, aunque la designación del gabinete dentro de un par de meses ofrecerá mayores claves.

Hasta ahora, Peña Nieto mismo ha mostrado, aunque de manera tibia, más indicios de inclinarse a una agenda moderna que a un discurso autoritario. Sus propuestas para dejar en manos de la ciudadanía el combate a la corrupción y la supervisión de la publicidad oficial, no suenan mal, por lo menos en papel. De igual forma, se sabe que estaba de acuerdo en lo esencial con el proyecto de Reforma Laboral que Calderón pasó al Congreso (que entre otras cosas exigía el voto secreto en asambleas y la transparencia en las cuotas sindicales).

Pero eso no significa nada. Podría ser simplemente un recurso discursivo para mejorar su imagen frente a ese 62% de electorado que no votó por él. Por lo demás, la Reforma Laboral fue rasurada por los propios priístas para proteger a los líderes sindicales, y sobre las reformas ciudadanas queda un largo trecho para verlas concretadas.

Lo cual llevaría quizá a cambiar la pregunta de entrada. No se trata tanto de saber si Peña Nieto posee en el fondo una vocación republicana y modernizante, o autoritaria y restauradora de un viejo orden. La pregunta es si teniendo una o la otra, posee los márgenes de maniobra para imponerla.

Porque lo cierto es que cualquiera de los dos impulsos que le gobiernen (autoritarismo o aperturismo, por llamarle de alguna manera), enfrenta evidentes contrapesos y acotamientos.

Contra el autoritarismo existe ya una sociedad cada vez más participante y un contexto internacional desfavorable. Las redes sociales llegaron para quedarse y cada vez son más activas no sólo en el universo digital pero también en la configuración de la conversación pública y en el activismo protagónico. Eso hace que cualquier acto autoritario paga una factura política que antes era mínima.

ONG’s y sectores empresariales están más involucrados que nunca en la conversación pública. No será fácil que admitan un presidencialismo de viejo cuño.

Pero tampoco podemos ser optimistas incluso frente a un presidente que, sorpresivamente, intente caminar por una vía más moderna, democrática o liberal.

El protagonismo de la telebancada, el enorme peso de los gobernadores, de los capitanes del dinero, de los líderes sindicales, todos ellos aliados de las fuerzas que llevaron a Peña Nieto al poder, no verán con buenos ojos los intentos de apertura, rendición de cuentas o eliminación de privilegios de los que gozan los poderes de facto en nuestro país. Y para modernizar a México eso es justamente lo que se necesita: Mejorar la competitividad, hacer a todos iguales frente a la ley o frente al fisco, eliminar la impunidad de los poderosos.

¿Está Peña Nieto en condiciones de hacerlo, asumiendo que quiera pasar a la historia como un presidente modernizador? Lo dudo. Me temo que la división entre “Dinos” y “Tecnos” será más una cuestión de estilos que de fondo. ¿No le parece?
23 Septiembre 2012 04:08:25
La farsa
Nuestra identidad Latinoamérica es una farsa. Ni somos norteamericanos ni somos sudamericanos, estamos en una zona ambigua que nos otorga una intensa personalidad, a fuerza de no compartir pertenencias e identidades regionales. A menos, claro, que tenga un uso político como es el caso del viaje de Peña Nieto por el sur del continente para abrazar a nuestros “pueblos hermanos”. Pero vamos, se publican más notas sobre Argentina en el diario El País de España que en cualquier otro rotativo mexicano. Hay más noticias sobre Brasil en el New York Times que en nuestros periódicos. Dicho de otro modo, los viejos centros de poder que controlaban a América Latina siguen siendo mucho más el común denominador en la región que las relaciones entre los propios países.

Peña Nieto se encuentra de viaje por América Latina más por un tema de imagen que de estrategia geopolítica. Más allá del intercambio de discursos la gira servirá simplemente para que el priísta adquiera proporciones presidenciales luego de tomarse la foto, como iguales, con Cristina Fernández de Kirchner, Sebastián Piñera, Ollanta Humala o Dilma Russeff, mandatarios de Argentina, Chile, Perú y Brasil,
respectivamente.

Como lo demostró Calderón, durante sus seis años, las giras que verdaderamente importan son a Washington y algunas capitales de Europa.

Pero, obviamente, para Peña Nieto habría sido políticamente incorrecto acudir a la “metrópoli” en su primera gira como presidente electo.

Habría parecido un acto de vasallaje, o un equivalente a presentar credenciales frente a los poderes mundiales. Era mucho más conveniente una foto “entre iguales” con los mandatarios sudamericanos arriba
mencionados.

Por desgracia la latinoamericanidad es un asunto más de narrativa histórica y cultural que de realidades económicas y políticas. La globalización ha generado un mayor intercambio con las potencias, incluida China, que entre los países periféricos. Y los principales foros internacionales, el G-8, G-20, o la OCDE, impulsados por las potencias, son más importantes en el concierto internacional que los grandes organismos multilaterales como la ONU.

Incluso las alianzas comerciales entre países aledaños como el pacto andino o el Mercosur ha tenido menos desarrollo que el esperado, por las intensas relaciones bilaterales de Perú o Chile con la Cuenca del Pacífico, o de Brasil con China. Y la economía mexicana, aunque nos pese, sigue siendo un vagón dependiente en gran medida de la locomotora norteamericana.

Con todo, hubo algo prometedor en la gira de Peña Nieto. El hecho de que comenzara por Centroamérica. Aunque resultó fallida la reunión colectiva con varios mandatarios de la región (no acudieron), me parece que un cambio en la estrategia hasta ahora seguida con Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica es lo más urgente en la agenda de la política exterior presidencial.
Por lo menos aquélla en la que Los Pinos tiene un cierto margen de maniobra.

Hay temas de seguridad nacional que guardan una relación simbiótica con estos países que no existía antes. La migración centroamericana de paso por México, los estrechos y complicados vínculos fronterizos con Guatemala, y los temas de delincuencia y crimen organizado han adquirido una intensidad desconocida en el pasado. Para efectos prácticos los gobiernos han ignorado lo que está sucediendo con sus habitantes en estos temas.

No sólo es un asunto humanitario o policiaco. La economía centroamericana está creciendo en mayor proporción que la
mexicana.

Atender las verdaderas causas de los flujos migratorios y o de la inseguridad pública requieren una aproximación integral a la sustentabilidad económica y al comercio. Ha llegado el momento de abordar el problema de una manera distinta que ofrecer disculpas por el asesinato y violación de hondureños de paso por nuestras tierras, o de quejarnos de la influencia de los Mara Salvatrucha en la frontera sur.

Se requiere en efecto una visión regional de conjunto que desarrolle estrategias de mediano y largo plazo para mejorar el empleo, los niveles educativos y las cadenas de interdependencia económica en la región. Bien podría el gobierno de Peña Nieto comenzar a poner su impronta atendiendo este rezago histórico en nuestra política internacional. Dicen los maestros zen que el amor a la humanidad se demuestra en la actitud hacia el vecino, y no en la grandiosidad de las declaraciones y buenos deseos. Nuestra supuesta latinoamericanidad debería comenzar con el acercamiento a Centroamérica, una región que nos necesita tanto como nosotros a ella.

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16 Septiembre 2012 04:06:42
El problema con AMLO
¿Existe la izquierda en este país? ¿Está en el populismo justiciero de López Obrador? ¿Está en la burocracia partidista de la cúpula del PRD? ¿En alguna de las tribus y sus respectivas clientelas sociales? ¿O estará en el eficientismo administrativo y modernizante de Ebrard?

¿Está un poco en todos ellos, o ni siquiera la suma de las partes termina por cuajar una izquierda capaz de representar políticamente los intereses de los desposeídos? La pregunta cabe porque coincido con quien dijo que si no hubiera una izquierda habría que inventarla, parafraseando a Voltaire (si Dios no existiera sería preciso inventarlo, había dicho el filósofo francés). Un país con tanta desigualdad como el nuestro no puede permitirse el lujo de dejar sin representación los intereses genuinos de 50% de la población. No sólo es poco democrático y moralmente inaceptable. Es, sobre todo, peligroso.

Me parece que el éxito de López Obrador reside en buena medida en que él ha sido el político mexicano más consciente de esta necesidad de hablar por los desesperados, por los que consideran que el sistema es corrupto y les ignora o está en contra de ellos.

Desde luego que se equivoca todo aquel que cree representar al pueblo (y él genuinamente está convencido de ello). Pero sin duda alguna las banderas y reivindicaciones que sostiene coinciden con los sentimientos de muchos, aunque no sean los sentimientos de la nación, como él afirma.

El problema de Andrés Manuel para convertirse en el abanderado de la izquierda es que una representación supone dos mitades o, si se quiere, un camino de ida y vuelta. Por un lado, el de efectivamente interpretar los intereses de un sector social, en este caso los pobres del país, y ser reconocido por ellos como tal, o al menos una gran parte de ellos. Esto sí que lo ha logrado López Obrador o de otra manera no habría conseguido 15 millones de votos en dos elecciones seguidas. Mucho más de lo que puede presumir cualquiera de los otros protagonistas de “la izquierda” mencionados arriba.

Para ser un representante político real se necesita también la capacidad de operar los intereses de su sector social en el contexto de una comunidad donde también existen los representantes de otros sectores. Para ser embajador de algo se requiere representar legítimamente a alguien, pero también ser reconocido como tal por el resto de los protagonistas. Este ha sido el problema de Andrés Manuel, su dificultad para incorporar las reivindicaciones que representa en el sistema político vigente.

Pero en esto no hay más que de dos sopas: o destruyes el sistema o lo modificas desde adentro y desde afuera mediante la acción. Revolución o reforma, un dilema tan viejo como inexorable históricamente para la izquierda.

Si consideramos que el contexto internacional y nacional hacen imposible una revolución, la reforma no sólo sería el camino obvio, sino el único. Lo cual supone operar con lo que se tiene, con los aliados que hay, no los que se quisiera que hubiera. La narrativa política de AMLO se mueve en ambos universos, el de la revolución y el de la reforma. Pero la primera invoca a lo imposible, la segunda requiere de compromisos que no está dispuesto a hacer, acostumbrado a un liderazgo unipersonal y vertical.

Puedo entender el hartazgo de Andrés Manuel, su impaciencia frente al infantilismo de las tribus o ante el oportunismo de las burocracias de la izquierda. Pero si ha negociado con las mafias deleznables que fundaron al PT y a Convergencia, tendría que haber encontrado la manera de trabajar con las corrientes históricas de la llamada izquierda.

Su ruptura, me temo, tiene que ver menos con razones morales o políticas, como él quisiera convencerse o convencernos, y más con el hecho práctico de que unos reconocieron su liderazgo unilateral y otros no. Incluso eso se vale, si en su cálculo político considera que puede vencer él solo al sistema. Pero no lo creo. Al dividir a las fuerzas de lo que podría ser una izquierda integrada, al renunciar a las alianzas en nombre de un supuesto integrismo, en realidad Andrés Manuel está dinamitando sus propias convicciones: la posibilidad de modificar al sistema. Lo que no pudieron lograr unidos difícilmente lograrán hacerlo separados. Espero equivocarme.
09 Septiembre 2012 04:06:45
Rosario Robles, ¿primer error?
Hay que concederle a Rosario Robles la capacidad de reinventarse. De lo que no estoy muy seguro es si también haya que concederle la Sedesol. Es cierto que la mujer se levantó desde las cenizas luego del escándalo de los videos de Carlos Ahumada y de su expulsión del PRD, del que había sido presidenta.

También hay que concederle a Rosario Robles su valor para reconocer su relación con Carlos Ahumada cuando el personaje era la pluma de vomitar de la opinión pública y enfrentaba cárcel por cargos de fraude.

Robles publicó el libro Con todo el corazón. Una historia personal desde la izquierda. En el texto asume que cometió un error al enamorarse y que nunca tuvo que ver con los negocios de Ahumada, pero se abstiene de relatar la red que éste tejió con el poder público o las razones que lo llevaron a grabar y exhibir el video de compañeros y rivales de Robles. Nunca podrá comprobarse si ella estuvo metida en esos enredos de tráfico de influencias en los que Ahumada entregaba dinero y obtenía contratos de obra pública. Pero cuesta trabajo creer que ella no se haya enterado de los videos que terminarían dañando al partido del que fue presidenta en 2002 y a la institución, el gobierno de la ciudad, que ella había precedido.

Con todo, el libro no carece de valentía. “Soy una mujer como todas. Que se equivoca... que se enamora, que tiene afectos y desapegos... soy una mujer que ha puesto el corazón en todo. Eso a veces es bueno, a veces no. Pero al igual que todos exijo que se me juzgue por mis actos. Por mis hechos. No por los de los demás”.

Vale. Rosario Robles salió “ahumada” del PRD, literalmente en 2004 y en 2005 buscó ser candidata a la Presidencia del país por el Partido Socialdemócrata, que la rechazó. Luego de dos años en el ostracismo político, se alió a María de las Heras, entre otras, para fundar Sosten, una organización que bajo el lema “mejor juntas que difuntas”, ofrecía servicios de asesoría a mujeres interesadas en participar en campañas electorales. A partir de ese momento comenzó a relacionarse cada vez más con las campañas del PRI en la formación política de las candidatas a diputaciones locales y federales.

Pese a que Peña Nieto ha señalado que pertenecer al equipo de transición no necesariamente asegura un puesto en el futuro gabinete, la designación de Rosario Robles en una de las cinco vicecoordinaciones, y específicamente a cargo de la política social, la convierte en la candidata obvia para ocupar la titularidad de la Sedesol. A mi juicio tal designación sería un error enorme. Primero, porque Rosario Robles ha operado esencialmente como un cuadro político y salvo de manera indirecta carece de mayor experiencia en temas de la agenda social.

Uno de los grandes problemas de la Sedesol es el uso político de los programas sociales y la utilización de las delegaciones estatales como red territorial de influencia partidaria. Solidaridad fue un programa político en su momento, y posteriormente el PAN utilizó a las delegaciones de la secretaría para la colocación de cuadros políticos. El precio a pagar es la falta de profesionalismo en la ejecución de los programas sociales. Algunos de ellos, como Oportunidades, han sido extraordinariamente exitosos y constituyen un ejemplo internacional por su diseño y concepción. Pero la ejecución en ocasiones ha carecido del profesionalismo necesario justamente por la contaminación que suponen los operadores políticos.

En los últimos años México ha retrocedido en los indicadores de pobreza extrema y patrimonial. La desigualdad ha aumentado y la tensión social resultante será uno de los retos del gobierno de Peña.

El segundo problema con la designación de Rosario Robles es que su controvertida carrera la convierte en una mala opción para convocar consensos entre el sector social. Ha sido una crítica feroz de algunas corrientes de la izquierda incluyendo al lopezobradorismo. Y quiérase o no, buena parte de las ONG, activistas sociales y promotores harían cortocircuito con una militante que ha tratado de ganar su posición en el PRI polemizando con la izquierda.

El gobierno no tendrá muchas posibilidades de combatir o atenuar los rezagos sociales sin el involucramiento de la sociedad civil. Cancelar, de entrada, su relación con una parte de ella por una designación equivocada es un primer mal paso, por donde se le mire. Seguramente Rosario Robles puede ser de utilidad en el equipo de Peña Nieto. No en la Sedesol.
02 Septiembre 2012 04:08:35
El dilema de Andrés Manuel
López Obrador sabe que ya perdió esta batalla. Su dilema es cómo salir dignamente de ella. Él está convencido de que la verdad y la ética están de su lado, pero lleva demasiados años en esto como para saber que, salvo en las películas, tener la razón no es algo que por sí solo gane batallas.

Sabe que perdió por seis puntos porcentuales, pero asume que son resultado de la compra del voto y la construcción de un candidato desde el poder de la cúpula. Las pruebas presentadas por el Movimiento Progresista muestran evidencias que a juicio del tabasqueño deberían ser concluyentes. Pero no lo fueron para las instancias electorales.

Y en eso hay dos problemas. Primero, coincido con AMLO en que el Trife dista de ser un órgano imparcial. Está compuesto por hombres y mujeres cuyas carreras son parte de un sistema de ascensos y recompensas. No son títeres, pero sí son actores del entramado institucional. Para haber fallado en contra de los intereses del sistema tendrían que haber sido confrontados con pruebas inapelables.

Y ése es el segundo problema. Las pruebas presentadas distaban de ser categóricas. Había algunas piezas sólidas mezcladas con otras meramente anecdóticas. Demasiado poco para un árbitro parcial.

Además de jurídica, la batalla es por la opinión pública. Aquí también López Obrador sabe que perdió ganando. Muchos mexicanos saben que Enrique Peña Nieto es el candidato del dinero y que la exposición legítima e ilegítima fue parte consustancial de su triunfo por la Presidencia. En ese sentido, AMLO ya ganó ese argumento. Pero le sirve de muy poco. Para la mayoría de los mexicanos no hace diferencia saber que el PRI ganó gracias a recursos de campaña y coberturas mediáticas extralegales. De hecho, muchos que lo saben votaron por él de igual forma. Por desgracia, ni la honestidad ni la vocación democrática son los rasgos más exigidos a los políticos mexicanos.

López Obrador ha convocado a una estrategia de resistencia civil, pero pacífica y con responsabilidad. Eso es decir todo y decir nada. Lo más significativo es que se ha tomado nueve días, desde el viernes que lo anunció hasta el próximo domingo, para explicar en el Zócalo en qué consistirá dicha resistencia. Una decisión anticlimática, por el compás de espera, que revela una indignación contenida, casi burocrática, frente al fallo del Tribunal Electoral.

Se entiende que el Movimiento Progresista necesite de algunos días para preparar un acto masivo en el Zócalo. Después de todo, el tamaño de la multitud será decisivo para dimensionar el músculo que sostendría un conflicto postelectoral. Pero son nueve días durante los cuales la noticia de la resolución del Trife se hará nota vieja y un lapso que Peña Nieto aprovechará para consolidar su imagen presidencial: dará a conocer su equipo de transición (el martes), y se tomará la foto con factores de poder, empresarios y actores políticos y sociales. Algunos miembros del PRD ya han señalado que reconocerán al nuevo mandatario.

El breve discurso de López Obrador el viernes pasado fue el de la dignidad moral, más que el del guerrero dispuesto a inmolarse. No salió disparado, como sí lo hizo el #YoSoy132, a una marcha inmediata a las instalaciones del Trife para repudiar el fallo. La reacción de Andrés Manuel fue más bien una reflexión de ética política frente a una resolución adversa esperada e inexorable. Más que indignación es de confirmación de los males del sistema.

En términos políticos de mediano plazo es quizá lo mejor que podría suceder con el movimiento. La resistencia pacífica tendrá sentido si sus banderas buscan el mejoramiento de los procesos electorales futuros, el endurecimiento de las penas a los excesos de campaña y la exhibición de deficiencias en las prácticas del IFE y el Trife. Si tal es el caso, buena parte de la opinión pública podría ver con buenos ojos las protestas de la izquierda. Muchos mexicanos desearían procesos electorales más limpios y auténticos, aunque no les vaya la vida en ello.

Pero si las protestas tienen como propósito la anulación de las elecciones y el boicot al futuro gobierno, la derrota será estrepitosa. López Obrador lo sabe.

PRI y PAN ya están trabajando en su futuro, el suyo. La izquierda tendrá que decidir si se queda enganchada con el pasado o participa en la construcción del México que viene.

A López Obrador le queda una semana para concebir una salida digna del conflicto; una salida que conecte con el porvenir del Movimiento Progresista. Rumiar el pasado y lamentar las heridas o construirse como protagonista del futuro. Ese es el dilema de Andrés Manuel.

@jorgezepedap
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26 Agosto 2012 04:08:16
Emboscada: ¿estupidez o corrupción?
Balaceras hay en todos lados. Lo que sólo se ve en México es la predisposición de las corporaciones policíacas para emprender a tiros unas con otras. La emboscada a la camioneta de la embajada estadounidense por parte de la Policía Federal, el viernes pasado, tripulada por un oficial de la Marina mexicana, es el enésimo caso en los últimos meses. Hace ocho semanas agentes federales se enfrentaron a balazos en el aeropuerto de la Ciudad de México, ante turistas y viajeros.

Estos incidentes alcanzaron las ocho columnas y tuvieron una amplia y dañina repercusión internacional, en especial el del aeropuerto. Casi cada semana hay un enfrentamiento menor entre policías municipales y estatales; entre estatales y federales, entre militares y todas las anteriores. Estos enfrentamientos se explican básicamente por tres motivos:

Primero, y el más importante, la corrupción. El problema es que para los propios cuerpos de seguridad resulta imposible saber quién trabaja para “los buenos” y quién para “los malos”. El grado de infiltración del crimen organizado es muy elevado entre las corporaciones y a todos los niveles. Basta recordar la detención reciente de cuatro generales por presuntos vínculos con el narcotráfico. En cada banda de secuestradores, en toda red de extorsión, suele haber judiciales o ex judiciales involucrados.

Y no se trata sólo de una batalla de policías buenos y policías malos. La tesis más probable en el caso del aeropuerto es que se dio un enfrentamiento entre “malos contra malos”, por así decirlo. Agentes federales que se disputaban el botín de cocaína incautado. Con frecuencia estos enfrentamientos son ejecuciones o emboscadas de policías que trabajan para un cártel, por parte de policías que trabajan para una organización rival.

La primera hipótesis sobre lo que sucedió con la camioneta negra y blindada de la embajada es que fue confundida con el vehículo de algún mando del narco al que se intentó liquidar. El que fuera emboscado y baleado revela que no iban por la detención, sino por la ejecución. Esta hipótesis se refuerza si consideramos que, ante la aparición de los miembros de la Marina, los federales prefirieron darse a la fuga en lugar de aclarar la naturaleza del operativo.

El segundo motivo remite a la ineficiencia. Primero disparo, luego averiguo. La guerra contra el narco no se caracteriza precisamente por sus dotes detectivescas. La inteligencia estuvo ausente desde el primer momento, en su doble acepción: ni mucho sentido común, ni captación o procesamiento de información sensible. O, dicho de otro modo, nuestros comandantes policíacos no son precisamente Wallander o Sherlock Holmes, su paradigma profesional está más cerca de Harry “El Sucio”.

Esto conduce a una segunda hipótesis para el caso que nos ocupa. Si descartamos la corrupción (asumiendo, sin conceder) tendríamos que concluir que se trata de un caso inaudito de torpeza, por no decirlo de otra manera. Agentes federales que no reconocen placas diplomáticas y que disparan a matar sin haber sido agredidos, muestran fehacientemente la pobreza profesional de nuestras corporaciones policiacas.

Métodos que revelan claramente una estrategia de guerra que no pasa por el respeto a los derechos humanos. Dice Ana Magaloni que “no hay en México peor ejercicio despótico del poder que los miles de muertos anónimos que, en la versión gubernamental, se han matado unos a otros y que quizá por ello ya no vale la pena siquiera investigar esos crímenes ni generar los datos estadísticos que nos permiten saber qué ha pasado o quiénes son”. Es en ese contexto que los policías pueden disparar y ejecutar a los ocupantes de un vehículo sospechoso. Saben que al final, incluso si se equivocan, las víctimas pasarán a ocupar una estadística anónima, mediante el sencillo recurso de clasificarlas como personas vinculadas al crimen organizado. No habrá investigación. Punto.

La tercera de las hipótesis, el miedo, está asociada a la anterior, la ineficacia. Justamente porque están infiltrados y pueden ser objeto de una ejecución en cualquier momento, los buenos y los malos viven en permanente zozobra, por no decir terror. Eso les hace presa fácil del síndrome de gatillo nervioso, presto a activarse frente a cualquier signo sospechoso.

El problema es que ahora se trata de dos agentes de la embajada y un vehículo oficial, lo cual impide que el caso pueda archivarse como un incidente más del crimen organizado. ¿Corrupción o simple estupidez? ¿Cuál le parece a usted más grave?
19 Agosto 2012 04:06:53
Aristegui, MVS y Calderón
Los desencuentros entre Aristegui y Los Pinos, datan de hace buen tiempo. Las declaraciones recientes de Joaquín Vargas, presidente de MVS, que transmite el noticiero de la periodista, no hace sino confirmar el hecho de que detrás del intento de quitarle la concesión de la banda 2.5 HGz subyacen razones políticas además de económicas.

En parte tendría que ver con la animadversión que genera el noticiero de Carmen Aristegui, pero aún más importante es la estrategia de Calderón para ganar favores frente al gobierno de Peña Nieto y comprar protección personal para el próximo sexenio.

Ciertamente hay un tema económico de fondo. Cuando Vargas obtuvo esa concesión nadie podía adivinar el valor de mercado que llegaría a tener. Hace algunos años la banda 2.5 HGz era un páramo grande e infértil, pero el avance tecnológico lo ha convertido en un yacimiento de valor incalculable. Un espectro mucho más eficiente para la transmisión de televisión e Internet en el futuro. El Estado desea quitárselo para ponerlo en licitación y estima un valor de inicio de 2 mil millones de dólares. En ese sentido, habría razones de Estado por encima de los intereses de un particular.

Vargas es consciente de ello, y desde hace tiempo hace contraofertas para entregar una parte del ancho de esa banda. El asunto se encontraba en revisión por parte de la Cofetel, el organismo responsable de regular los temas de monopolios y utilidad pública en materia de telecomunicaciones.

La decisión sorpresiva por parte de la SCT, sin esperar el fallo de la Cofetel, a tres meses del final del sexenio se presta a muchas suspicacias. Por un lado, porque la decisión favorecería a Televisa, el gran aspirante a quedarse con buena parte de la concesión en disputa. Por otro, por la franca repulsa que genera en Los Pinos el noticiero matutino de Aristegui, sin duda el más influyente entre la clase política y en la conformación de la agenda periodística del país.

Como se recordará, en febrero del año pasado Aristegui fue despedida de MVS luego de hacer alusión a diversos señalamientos que hablaban de la inclinación presidencial por los brindis y las noches de música y bohemia. Ella no afirmaba nada, simplemente destacaba la importancia de que Los Pinos hiciera una aclaración al respecto, toda vez que se trataba de un rumor insistente entre clase política y empresarios. Carmen fue reinstalada algunos días más tarde, luego de que la presión de la opinión pública hizo demasiada cara la factura política de su despido tanto para la propia empresa (que vivió manifestaciones de protesta en sus instalaciones) como para la propia Presidencia que fue acusada de intolerancia y censura.

Hoy Vargas confirma que a cambio de la concesión de la banda en disputa se había pedido la cabeza de la periodista. El empresario señaló, con nombre y apellido, a dos funcionarios del Gobierno federal: Alejandra Sota, directora de Comunicación Social de Los Pinos y a Javier Lozano entonces secretario del Trabajo.

En una primera reacción el boletín de respuesta de Comunicación Social de la Presidencia no tiene desperdicio. Afirma que la titular no habla con Vargas desde febrero de 2011, lo cual confirma dos cosas: a) que justamente Alejandra Sota se comunicó con el empresario en las fechas en que Carmen fue despedida y b) que en año y medio la responsable de información del gobierno no ha tenido contacto con uno de los grupos de comunicación más importantes del país, lo cual revela que la línea editorial de MVS mantenía marginada a esta empresa de comunicación.

Pero me parece que la decisión actual en contra de Vargas tiene que ver sólo en parte con el tema editorial. Mucho más importante es el beneficio político que Felipe Calderón obtiene con este manotazo sobre la banda 2.5 GHz.

En el fondo, me parece que es un favor del presidente saliente al presidente entrante. Para Enrique Peña Nieto habría sido muy caro en términos políticos quitarle a Vargas su concesión porque habría sido visto como un operador de Televisa. Calderón le ofrece este regalo al final de su administración como parte de una estrategia para galvanizar su seguridad jurídica y política en el siguiente sexenio.

En el mismo sentido había sido la solicitud de un avión de precio de escándalo para el nuevo presidente. Calderón decidió asumir el costo político del anuncio de esas decisiones, a pesar de que no podrán concretizarse en lo que resta del año. Juan Gabriel diría ¿Pero que necesidad? ¿Para que tanto problema? Calderón preferiría enviar a Peña Nieto un mensaje de Carole King: “Would you still love me tomorrow?”
12 Agosto 2012 04:06:15
Una de oro por las que van de arena
Quería escribir sobre el Tucoc (Todos Unidos Contra Calderón) o sobre los generales detenidos, lo cual echa por tierra aquello de que el Ejército era necesario por ser incorruptible a diferencia de las policías. Pero desgracias nunca faltan para las otras 50 semanas del año, en cambio, rara vez se puede celebrar una noticia nacional tan buena como el triunfo de México sobre Brasil.

No nos incrementará el PIB, ni resolverá las dudas electorales ni muchos menos disminuirá la desigualdad social pero, carajo, nadie nos quitará la sonrisa de satisfacción este fin de semana. Sobre todo porque nadie anticipaba este triunfo.

El periódico “El País” afirmaba en la crónica previa al partido, que Brasil saldría a la cancha a cosechar por fin el dorado que el futbol olímpico le había negado al scratch du oro. De México apenas se hablaba, como si fuesen un convidado de piedra, un retraso de 90 minutos previos al ungimiento de los amazónicos. Horas más tarde, simplemente encabezaba la nota del resultado con un titular categórico “Viva México”. Tampoco es que se pudiera culpar a los periodistas españoles. Aquí mismo no se le daban muchas posibilidades al Tri frente a la estrellas como Neymar, Marcelo, y compañía. Francamente nuestros Marcos Fabián y Chatones no impresionaban ni a propios ni a extraños.

Lo que resultó del juego de este sábado constituye la mayor satisfacción que el futbol le ha dado a México. A diferencia de otros triunfos en finales contra Brasil (Copa Confederaciones, Sub17), en esta ocasión se jugaba en cancha neutral, con un equipo del mismo nivel y en el segundo torneo más importante de selecciones nacionales.

Lo mejor de este partido es que el resultado no fue un triunfo ratonero y sufrido, ni un chiripazo en contra de un equipo que jugó mejor. El propio diario “El País” tuvo que reconocer más tarde: “El Tri reinó en Wembley de principio a fin. No hubo debate. México gobernó el duelo con humildad y convicción. La intensidad presidió tanto su ataque como su defensa. Maltrató a los brasileños como si fueran unos niñatos”.

Sin grandes estrellas, pero con un juego colectivo que a ratos ofreció triangulaciones muy disfrutables y un parado defensivo impecable, México se impuso a un equipo plagado de estrellas. El valor de mercado de los jugadores de ambas escuadras seguramente supera el 10 a 1, a favor de los brasileños. Sólo el fichaje de Naymar, cotizado en más de 40 millones de dólares, debe superar varias veces el valor de contratación de todo el colectivo mexicano.

En cierta forma lo mejor del triunfo es que carecíamos de “Chicharito”, Vela, Giovani dos Santos o cualquier otro jugador insignia. El Tri ganó gracias a su juego colectivo, lo cual en sí mismo es ya una noticia. Se decía que los mexicanos carecemos de la disciplina y la madurez para sobresalir en una competencia de equipos.

Las pocas disciplinas en las que habíamos sobresalido como la caminata, los clavados y el tae kwon do, son deportes individuales, más relacionados con el empeño familiar y personal de entrenadores y atletas aislados que resultado de una vocación nacional e institucional. En realidad ninguna de las tres disciplinas mencionadas es de popularidad masiva.

Pero una medalla de oro en futbol, el deporte con mayor afición nacional y mundial, sabe a gloria. No avanzaremos gran cosa en el medallero, pero este triunfo ante 90 mil espectadores en Wembley no la cambiaríamos por 10 de oro en tiro con arco, esgrima, nado sincronizado, bádminton, levantamiento de pesas o ping-pong.

México nunca ha sido una potencia deportiva. Carecemos de los tres factores que, según los expertos, permiten cosechar medallas: a) alto desarrollo económico; b) factores bioétnicos propicios para alguna disciplina en particular (Jamaica en carreras cortas, Kenia y Etiopía en carreras largas, por ejemplo); o c) Un Estado dictatorial capaz de volcar recursos ingentes sobre algunas disciplinas deportivas (Europa del Este antes de la caída del muro). Somos un país de media tabla prácticamente en los tres factores. Y, sin embargo, logramos alzarnos con la medalla más cotizada de todas.

No quiero extraer de aquí conclusiones simplistas o moralinas, tipo “yes, we can”. Ciertamente lo que hicieron estos jóvenes corrobora lo que ya sucedió en la Sub17. Algo bueno deben estar haciendo varios equipos en la formación de semilleros y algo mejor los entrenadores y sus programas de trabajo que los directivos han respetado. Quizá el éxito que hemos tenido con las selecciones “sub” es que todavía no atraen la atención de los grandes intereses económicos que caracterizan al futbol de primera división. A saber.

Por lo pronto, disfrutemos un fin de semana con el extraño y embelesado sabor de boca que deja un triunfo contundente y absoluto del equipo nacional. No hay muchos de éstos.
05 Agosto 2012 04:07:48
Gobernadores, el quinazo de Peña Nieto
¿Cuál será el “quinazo” de Enrique Peña Nieto? La tradición no escrita señala que todo presidente debe establecer su autoridad mediante un golpe de timón, un manotazo sobre la mesa, una señal inequívoca de que hay un nuevo piloto en la cabina de control. Es una medida que los mandatarios entrantes creen necesaria para notificar al resto de la clase política que hay un nuevo jefe de plaza.

Me parece que el equipo de Peña Nieto tendrá aún más presión que lo usual para establecer su liderazgo. Luego de la parálisis política que caracterizó a los gobiernos de alternancia, existe una enorme expectativa sobre la necesidad de un presidencialismo más proactivo y eficaz.

Nunca como ahora el nuevo inquilino de Los Pinos está en la necesidad de comunicar a los poderes de facto, que han tomado el control de buena parte del espacio político, económico y legal, que hay un árbitro con capacidad para dirigir las acciones y sancionar a los participantes.

¿Cuál podría ser este manotazo? Difícilmente podría ser en contra de un líder sindical, como lo hizo Salinas en contra del charro petrolero. Entre otras cosas porque forman parte constitutiva de las columnas tradicionales del PRI. Y podemos olvidarnos de un embate en contra de la maestra Elba Esther Gordillo, toda vez que sus 10 diputados en el Congreso le permiten al PRI alcanzar la cifra mágica de 250 (incluyendo, claro, los legisladores de su partido parásito el PVEM).

Tampoco se ve que Peña Nieto pueda recurrir a la estrategia de Ernesto Zedillo quien escogió al hermano del mandatario saliente para darle un “estate quieto” al poderoso grupo de Carlos Salinas. No creo que Peña Nieto pueda emprenderla en contra de Felipe Calderón o alguno de sus colaboradores cercanos (aunque motivo tendría). Sin el apoyo de los legisladores del PAN al nuevo gobierno le sería prácticamente imposible sacar adelante las reformas constitucionales que requiere el país. Si Los Pinos se lanzan en contra del PAN estaría condenándose a un sexenio de parálisis.

Desde luego, tampoco le queda el recurso del que echó mano Felipe Calderón cuando sacó al Ejército a las calles para combatir el narcotráfico. En todo caso podría regresar a los militares a los cuarteles, pero sería una medida más anticlimática que espectacular. Podría ser incluso contraproducente. Hay un consenso generalizado de que el Gobierno tendría que hacer una mejoría sustancial en las policías antes de poder recuperar, sin ayuda del Ejército, los territorios actualmente perdidos.

Vladimir Putin recurrió a un recurso extremo para afirmarse en el poder: metió a la cárcel a Mijaíl Jodorkovski, el “Slim” de Rusia, en una medida arbitraria y muy repudiada internacionalmente. Es un camino muy poco probable para Peña Nieto. No sólo por sus estrechas alianzas con los capitanes del dinero, sino por la enorme necesidad de México de las inversiones extranjeras y la gran movilidad del dinero que exhiben los capitales nacionales. A diferencia de Putin, Peña Nieto no tendrá los ingresos de gas y petróleo con los que ha contado Rusia en los últimos años, que le permiten desafiar cualquier boicot internacional de los mercados financieros.

En suma, sólo le quedan los gobernadores. Deponer algún mandatario estatal por vía política y legal tendría varios beneficios importantes. Primero, el ya señalado de informar a la clase política de que hay un centro de poder por encima de todos. Segundo, volver a colocar a la Federación por encima de la arbitrariedad de la que han abusado los gobernadores, convertidos en verdaderos señores feudales.

Calos Salinas “depuso” por una vía u otra a 16 gobernadores durante su sexenio. Zedillo lo intentó en contra de Roberto Madrazo en Tabasco y fracasó. Fox y Calderón tuvieron que tragarse los excesos de Ulises Ruiz en Oaxaca, Mario Marín en Puebla o Emilio González en Jalisco, por mencionar algunos. Enrique Peña Nieto mostraría su músculo si es capaz de lograr la renuncia de algún gobernador, preferentemente priísta. ¿Por qué priísta? Porque un panista o perredista simplemente parecería abuso presidencial faccioso y partidista, mientras que contra un correligionario haría ver a la Presidencia institucionalmente eficaz y poderosa.

Por lo demás, la recuperación del territorio, el combate al narcotráfico y la posibilidad de reintentar políticas de desarrollo regional, pasa por una nueva preeminencia del Ejecutivo federal sobre la fragmentación geográfica que hoy vivimos. La tragedia de seguridad pública que padecemos está muy relacionada con la fragmentación política del territorio nacional.

¿Quiénes serían los candidatos propicios para este manotazo institucional? Ofrezco tres posibilidades: Javier Duarte de Veracruz, Roberto Borge de Quintana Roo y Egidio Torre de Tamaulipas. En los dos últimos el PRI perdió las elecciones federales. Los tres son un desastre cotidiano. ¿Tiene usted otro candidato?

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@jorgezepedap

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