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Jaime Alcántara Silva
Jaime Alcántara Silva
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05 Julio 2009 04:00:20
Ineficiencia y voto infructuoso
Es difícil entender que nos esté yendo tan mal teniendo tantos recursos. Para no ser farragoso mencionaré sólo uno, que es liquidez pura: El petróleo. 64.25 dólares por barril, al jueves pasado. ¿Qué harán con tanto dinero, proveniente de ese generosísimo oro negro? Lo bueno es que aquí no meten la mano, más que para sacarlo de las entrañas de la tierra, que si no… Vale, por tanto, hacer referencia de un analista (Enrique Quintana, en el Reforma) sobre los comparativos (siempre odiosos y a veces tan apetecibles). El profesional nos refiere: “Mientras que el PIB de nuestro país caerá en alrededor de ocho por ciento, por ejemplo en Brasil se estima un descenso de 1.3, y en Argentina de 1.5 por ciento, por citar sólo a dos de los países más grandes de la zona. En Centroamérica casi todos crecerán poco más de uno por ciento y Perú lo hará en 3.5… Incluso, a México le irá mucho peor que al país que fue el epicentro de esta crisis global, los Estados Unidos, pues la economía de nuestros vecinos del norte retrocederá alrededor de tres por ciento”.

A partir de allí hace una serie de cuestionamientos acerca de los porqués, que en ello cada quien tiene su opinión. Pero sigue uno leyendo las noticias (si se quiere ser feliz no hay que leer, dijera Fox): Caen 20 por ciento las ventas de la industria zapatera… Cayeron 19.87 por ciento las remesas durante mayo… Disminuye 13 por ciento la colocación de créditos a vivienda… Se perderán 656 mil empleos durante el año… Estiman analistas que se contraiga 9.5 por ciento el PIB en el segundo trimestre. (El Sol de México, 02 jul 09). Paren el mundo que quiero bajarme. Dios nos libre, de no ser porque hay de dónde, producto de la construcción de este país, por décadas, seguro que estaríamos rodando hacia una revuelta social.

Hemos escuchado de alguno de los responsables del sector público que el origen no fue México. Que nadie es causante. Que el diagnóstico de la crisis fue el adecuado. Que no hubo equivocaciones. Lo que pasa es que el coletazo fue mayor. Ver para creer. Aquí ocurre como con los policías que se ponen en algún crucero o que, montados en sus patrullas o motocicletas, se dedican a todo menos a tratar de hacerle la vida menos infeliz al ciudadano, a aquel que les paga sus salarios. Hallamos en este símil el asunto perfecto de lo que se quiere evadir. Veamos. El gendarme es el responsable de prever, de adelantarse a la infracción, al delito, al posible accidente.

Esto es, que, mirando la probabilidad, debería ser quien avise de lo que pudiera ocurrir. En concreto, el asunto no es morder, exaccionar, timar, defraudar al ciudadano. Su labor es la de auxiliar, la de hacer la vida más amable de aquellos que transitan todos los días rumbo a su trabajo, al estudio, a la diversión, a las responsabilidades. Si se viera así, en vez de andar mirando la calcomanía del “Hoy no Circula” tendría que poner un letrero en lugar visible donde recuerde qué terminaciones no deberían entrar a la ciudad. Tendrían que conminar al automovilista a regresar al lugar donde supuesta o realmente se pasó un “ámbar” o un “alto”.

Con ello no sólo contribuiría a quitar el estrés diario sino mejoraría sustancialmente la educación vial de la gente. Claro que en esta ciudad-capital sería pedirle peras al olmo. Así están las autoridades encargadas de nuestra seguridad, de nuestra economía, de nuestro confort, de nuestro futuro. Su obligación es no sólo velar por lo que hay, en todos los rubros, colectivos e individuales.

El compromiso, al jurar el cargo, es buscar que el patrimonio se incremente, que la salud se conserve y/o mejore, que la vida, en concreto, sea más amable. Pero si en lugar de eso empiezan las justificaciones, los pretextos, las disculpas, las evasivas, pareciera que hubo un gran equívoco en el 2006. Y no se trata de hacerse el omiso o de dar prebendas. No. El asunto es únicamente hacer que la aplicación de la ley beneficie a quienes estamos a su merced.

Por eso aquellos que hablan del “voto en blanco” no sólo dañan la democracia. También están tratando de impedir que el ciudadano exprese su sentir acerca del estado que guardan las cosas del hacer público. Votar para nada sólo conduce al anarquismo, o a satisfacer los deseos morbosos de quienes encabezan esa intención. Porque, suponiendo que se anulara alguna elección, lo que dudo, de qué serviría. ¿Algún deseo insatisfecho, algún trauma? Digo.

Militante del PRI
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01 Marzo 2009 05:00:25
La paz perdida
Es lastimoso lo que vemos en el país. No sólo por los crímenes, el desempleo, la economía. Tal pareciera que ocurren las cosas al revés de lo que se quisiera para los 105 millones de mexicanos. No contentos con lo que pasa (o, tal vez por eso), ahora los prohombres del partido en el Gobierno dan a entender que no basta con la guerra contra los facinerosos. También hay que llevarla a la política. Total, todo se está ensuciando, qué más da que la ciudadanía se encone más contra las figuras públicas. De por sí hay animadversión: Que los diputados viajan mucho. Que los consejeros del IFE quieren un gran aumento a sus ingresos pecuniarios. Que algunos ex funcionarios han incrementado ostensiblemente su riqueza visible, etcétera.

Era septiembre de 1995. Todo mundo esperaba que fuera Mario Moya Palencia el ganador en la contienda rumbo a la Presidencia. Era casi lógico. A lo largo de todo el sexenio había sido el todopoderoso secretario de Gobernación. Un rumor empezó a correr: Es López Portillo. Entre el asombro y el desconcierto, el cuchicheo se volvió noticia. El desconcierto era porque el secretario de Hacienda “sólo” tenía 20 años de experiencia en la cosa pública. Por tanto, dado lo complejo del encargo, era casi impensable que alguien así pudiera aspirar a tal puesto. Hay sus razones. Esto que voy a escribir no es nuevo, por supuesto, pero vale. Dice Sartori que toda ciencia crea su propio ambiente, su propio lenguaje.

Y es lo mínimo, aunque se trata de epidermis no de torrente sanguíneo. Pues bien, el político (de a de veras) tiene que ser un conocedor, un iniciado, un instruido. Por qué, pudiera ser una pregunta casi normal. Veamos. Para que un médico sea confiable, precisa no sólo de buenas calificaciones. Como forma de su preparación es enviado a trabajo social, como una manera de entronizarlo en el mundo real, de su disciplina. Al concluir, empero, únicamente podrá tener acceso a un título de médico general. Es decir, de todo y nada.

Para medio ser competitivo en este mundo global tendrá que estudiar una “especialidad”, es decir una maestría. Pero, para acceder verdaderamente a los núcleos selectos de los que saben un poco más, será preciso tener una “subespecialidad”. Esto es, un doctorado. Y no termina todo allí. Hará falta la práctica. Por eso, repito lo escrito en otras colaboraciones, el Ejército, la Iglesia, son las instituciones que han perdurado a lo largo de la humanidad. Para ser Papa hay que empezar por el seminario. Para ser general habrá que ir al Colegio Militar o haber hecho muchos méritos.

El asunto de la política mexicana en estos tiempos es para escribir una tragedia griega. El muchacho pendenciero (el presidente del PAN, pues) se sabe hundido. No atina a dar pie con bola. Todas sus estrategias le han salido mal. Todas las encuestas lo ponen debajo, muy por debajo del PRI. Por ello, ante la desesperación, no ha dudado en involucrar a quién sabe cuántos en meterse a una guerra sucia. Lo que quizá no sepa es que para realizarla hay que saber. Porque todo tiene su chiste. De allí vimos que empezó por echarle la culpa de alguna ley a quienes, entiende, le ganarán la partida.

Culpa que no es de ellos. Su primer Presidente (del cambio) la vetó. También el secretario de Gobernación le entró al pleito, pidiendo que no se regatee apoyo al Ejecutivo, cuando casi todo lo que ha pedido, los priístas se lo han dado. Y sólo como reflexión, el secretario debe negociar no reñir. Ah, pero el pleito no podía terminar allí. El diseño negro llegó al equipo. Es demasiada la bilirrubina, la desesperación. Al secretario Téllez le grabaron conversaciones sus propios compañeros de trabajo. El mismo titular de Gobernación dijo que “… también Fox descuidó al narco” (Milenio 26/feb).

¿Estos enredos los hubiera hecho un profesional? Indudablemente que no. El Presidente, siempre lo he dicho, es un iniciado, un hombre preparado. Y... ¿su equipo?
24 Agosto 2008 04:00:00
Violencia y autoridad
No es Semana Santa. Quizá eso impida sentarse a hacer actos de contrición. Pero, dentro de lo malo (horroroso), debemos ver lo que está pasando. Algunos, efectivamente, pudieran sólo hacerse presentes para decir aquí estoy y lucrar con lo que pasa. Muchos otros, han arribado al poder con fines diferentes a lo que manda la ortodoxia política. Ya sea, ésta, lo que describen los libros o lo que prescribe el pragmatismo.

Tuve oportunidad de conocer a Alejandro Martí hace muchos años. Un convenio para publicidad de su marca en un equipo de futbol fue la razón. Era alegre, aunque un tanto introvertido. Lo volví a ver tiempo después, ya con algunas canas. Con su tragedia (nuestra solidaridad, la solidaridad de todos, es lo único que podemos proveerle) lo vi en la televisión. Su rostro de enojo (quién no lo estaría en su lugar), expresó lo que una gran parte de la sociedad piensa, ¿a qué llegan quienes están en el poder? Su enojo, el enojo de millones de personas, se debe a lo que nos pasa a diario. Esa irritación no es gratis. Nos ha costado hectolitros de adrenalina. Pero nada pasa, nada, hasta que pasa. Por qué, no obstante, mi simpatía por Alejandro, por qué hasta ahora reacciona la autoridad. Por qué, si a diario caen víctimas de la delincuencia miles y miles de ciudadanos que piensan, que sienten, que razonan, que pagan sus impuestos, que votaron, que siguen esperando. Alejandro tiene razón. Pero también tienen razón aquellos que han sido víctimas indirectas de la falta de profesionalismo en las políticas públicas. Aquellos que han sido abandonados a sólo pan (con unos cuantos pesos), producto de una especie de populismo electorero. Aquellos, condenados, porque los acostumbran a recibir migajas de algo más que merecen. Aquellos que han tenido que emigrar (millones en el sexenio que afortunadamente se fue) por no encontrar un espacio en el constreñido espacio del empleo. Aquellos que, empujados por la necesidad, han delinquido (delitos menores) y que han ido a parar a la cárcel, dejando en el abandono a los suyos; porque, víctimas de la desesperación, tomaron el camino del mal. Aquellos que sufrieron a éstos, porque de haber habido ingresos (sin pretextos) nunca habrían torcido el camino. También el Estado es culpable cuando no cumple, sobre todo habiendo recursos con qué. Aquellas mujeres que fueron abandonadas, con hijos y deudas, porque el marido o la pareja se fue “p’al otro lado”.

Aquellas que no supieron o no quisieron soportar las penurias y se metieron a prostituirse o a vender sustancias prohibidas en las famosísimas “tienditas, picaderos, etc”. Aquellas y aquellos que sufren porque sus menores (o sus mayores) cayeron en las garras de estas mercancías. Aquellos que nunca pensaron en equivocar el camino si un “amigo” no les hubiera dado aquella porquería que es dada a comisión por los infames que envenenan al mundo. Aquellos que sufrieron un accidente, porque el de al lado o el de atrás, o el de “dónde diablos salió” venía drogado y los arrolló con su transporte. Y muchos aquellos.

Claro que muchos no sólo deberían dejar el puesto que tienen. Ellos, jamás debieron ni siquiera tener la oportunidad de estar tras de un escritorio de decisiones. Debieron aprender lo que dice un texto elemental de administración: La diferencia en las políticas públicas y los negocios privados es el lucro. Eso es por un lado. Por el otro, infames seres que estaban agazapados esperando un momento propicio y se montaron sin reparar si, cuando menos, tenían sentido común. Que llegaron al poder por venganza. De un lado como de otro, marginados del quehacer público social, sentido, profesional; aquel que se demuestra sólo con el tiempo; están dañando a quienes deberían (pero no saben) servir y entregar buenos resultados. Quitaron a las policías “viejas, mañosas, viciadas, corrompidas, obsoletas” y dieron vida a nuevas. Nacieron de la nada “profesionales” a combatir el crimen palmo a palmo. Se compraron artefactos que costaron millones de pesos a costa de nosotros los contribuyentes, para detener lo que les era imposible parar. Diseñaron planes y proyectos para hacer lo que sólo la experiencia y el conocimiento de años puede dar.
De allí el enojo de Martí. Pero también la cólera popular porque les han asesinado su seguridad; les han violado sus pertenencias; les han secuestrado su confianza; les han mancillado su tranquilidad. Nada como la improvisación para no saber hacer. Nada como la soberbia de quien llega sin saber. Nada como la ignorancia, la torpeza, la estulticia, la arrogancia, la ineptitud, la incompetencia, la inutilidad, la ceguera, la cerrazón, la humildad para decir “no sé”: ¿Quién sabe? Haber hasta cuándo.
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