×
Alejandro Pérez Cervantes
Alejandro Pérez Cervantes
ver +
Alejandro Pérez Cervantes (Saltillo, Coahuila, 1973) Periodista y narrador. Máster en Diseño Gráfico por la Universidad de Monterrey. Desde 1993 ha sido colaborador de diversos medios regionales en el área del periodismo cultural, además de medios nacionales como Día Siete, Tierra Adentro, Casa del Tiempo de la UAM, Punto de Partida de la UNAM, “La revista” de El Universal, Los perros del alba, Nostromo, Replicante y Rio Grande Review. Diversas antologías de cuento han recogido su obra narrativa en los últimos años. Con “Murania”, su primer volumen de cuento, obtuvo el Premio Nacional de Cuento Julio Torri en su edición 2006. Ha sido reconocido con el Premio Estatal de Periodismo en tres ocasiones. Actualmente, se desempeña como profesor en la Maestría en Arquitectura de la UAdeC y Maestro investigador en el área de Diseño, en la Escuela de Artes Plásticas Rubén Herrera de la UADEC. En 2008 y 2010 fue becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en el área de literatura.

" Comentar Imprimir
17 Julio 2011 03:00:21
Bolaño, el inconcluso
Hace ya ocho años, 14 de julio de 2003, que Roberto Bolaño dejó este mundo víctima de una insuficiencia renal. Desde antes de su deceso, su obra se ha impuesto como una de las fundamentales en la literatura hispanoamericana del siglo 20.

Joder la paciencia

Controversial hasta el último aliento, el narrador chileno-mexicano-español nos dejó dos fechas para su agonía. En la vieja Europa su deceso se cifró a las 2:30 a.m. del 15 de julio. Para su dolida Latinoamérica su último suspiro fue cuatro o cinco horas antes, la noche del 14 de julio. Pero esto es anécdota. El empecinado vagabundo había mantenido la muerte a raya mediante su proyecto más ambicioso; su novela de más de mil páginas titulada “2666”, año prefigurado en “Amuleto”, uno de sus primeros libros. No pudo terminar su novela. Desde entonces, en algunas calles de Barcelona, se puede leer el grafitti: “Le debemos un hígado a Bolaño.”

Arte de la fuga

Antes que narrador y viajero, Bolaño fue un redomado ladrón de libros. Primero en su natal Santiago. Luego en el DF, junto a su inseparable amigo, el poeta Mario Santiago, quien muriera atropellado a mediados de los 90’s, y de quién el FCE finalmente publicará en 2008 su antología póstuma “Jeta de Santo”.

Para Bolaño la escritura fue siempre, como la vida misma, un ejercicio de arrojo e inteligencia.

Quizá por ello, una de sus mejores novelas –”Nocturno de Chile”– consta de sólo dos párrafos. El primero, de más de cien páginas, y el segundo en forma de la frase final.

O uno de sus últimos cuentos, donde la víctima sigue al asesino, es una serie de acciones numeradas, como si se tratase de un guión de cine.

En los libros de Bolaño los nazis escriben poemas en el cielo, los poetas se pierden entre las dunas, el arte es otra cara del horror, el amor es un detective de homicidios o una moto negra por los caminos del desierto.

Despedida

En su discurso al recibir el Premio Rómulo Gallegos por “Los Detectives Salvajes”, leyó lo que no era mas que una carta dirigida a sí mismo: “Todo lo que he escrito es una carta de amor o de despedida a mi propia generación, los que nacimos en la década del 50 y los que escogimos en un momento dado el ejercicio de la milicia, en este caso sería más correcto decir la militancia, y entregamos lo poco que teníamos, lo mucho que tenía mos, que era nuestra juventud, a una causa

que creímos la más generosa de las causas del mundo y que en cierta forma lo era, pero que en la realidad no lo era, y ahora de esos jóvenes ya no queda nada, los que no murieron en Bolivia murieron en Argentina o en Perú, y los que sobrevivieron se fueron a morir a Chile o a México, y a los que no mataron allí los mataron después en Nicaragua, en Colombia, en El Salvador. Toda Latinoamérica está sembrada con los huesos de estos jóvenes olvidados.”

El primer deslumbramiento

Y si quedara alguna duda del poder de la ficción sobre la trama de la vida —él mismo lo rememoró en muchas entrevistas— Bolaño eligió vivir en la ciudad costera de Blanes, a raíz de la descripción que Juan Marsé hiciera de ese lugar de veraneo en su novela “Últimas tardes con Teresa”. La misma playa donde un ladrón de motos velara el sueño de una doncella. Una playa que acogía a los prófugos y a los derrotados. Un lugar donde se erigían las nubes y las máscaras. Un lugar donde todo, absolutamente todo, se volvía posible.

Bardo de las bardas

“Uno tiene la obligación moral de ser responsable de sus actos y también de sus palabras e incluso de sus silencios, sí, de sus silencios, así que mucho cuidado con los silencios. Yo soy responsable de mis silencios. Yo soy responsable de todo. Mis silencios son inmaculados”.

“Nocturno de Chile”. Roberto Bolaño
10 Julio 2011 03:00:36
Yo no estoy aquí
Aunque Humberto Juan Dalera Alonso nació en la provincia argentina de Tres Arroyos y su juventud se forjó en Tandil, fue un ciudadano del mundo.

Pasajero

Hace seis años, en mayo de 2005, cuando terminó su existencia física, una hermosa luna creciendo se dejó ver hacia el poniente. Apenas una uña de luz circundando una zona de rojiza y misteriosa penumbra. Juan ya no la alcanzó a ver. Me gusta pensar que él, como una luna creciendo, salía de una zona de sombra para arribar hacia una zona de resplandor, cuerpo celeste cumpliendo sus fases.

Juan Dalera no sólo dejó acá infinidad de amigos y seguidores, sino un puñado de estupendas canciones y gestos invaluables para quienes tuvimos la fortuna de alumbrarnos con su fuego.

Ya lo veo con su mirada escéptica desautorizando estas palabras.

Sin embargo, Juan Dalera fue el menos argentino de los argentinos que me tocó conocer. Lejos de la afectación, con una vigorosa parsimonia, iba como una portentosa nube de esto a aquello: instrumentista y compositor, pintor y caricaturista, cocinero y cantautor, era un artista integral.

Reflejo y conmoción

Desde su implacable lucidez, otro músico me comentaba que cada vez que un creador se va, la ciudad pierde algo. Me gusta pensar que con Juan esa dura sentencia tendrá su excepción. Quedarán sus palabras y su música, interpretadas por Lupita Vega, su mujer, columna ejemplar. Queda su hija, Lupita Dalera, a quien le gustaba cantarle “No Hago Otra Cosa que Pensar en ti”. Quedamos la intensa mayoría de beneficiarios de su ejemplo y de su arte, los que en el teatro, la peña o la cocina de su hogar ambulante, lo escuchamos cantar, desgranar como no queriendo sus andanzas, reafirmando ese oráculo de la nostalgia que en los espejos retrovisores nos reitera que “Los Objetos (Y los Otros) Están Más Cerca de lo Que Aparentan”.
 
Acto de presencia

Tocando con Andrés Calamaro o Mercedes Sosa, amante empedernido del rock más sicodélico, o riéndose juguetonamente de los enjuagues de su paisano Facundo Cabral, alias “Joe Twist Gasparino” lo recordaremos siempre, perdido en Tokio junto a Paul Simon comprando radios, grabando en una rudimentaria grabadora una canción para la amada ausente desde un sótano de Queens; en una limosina con Piero; tocando para las gaviotas, descalzo sobre la arena, en una playa de Córcega, jodiendo la paciencia de Ástor Piazzolla, o alimentando a los peces de Janitzio con pizzas hechas por sus manos, pero más, mucho más, como el gigante austral que con la enfermedad a cuestas tuvo el valor inaudito de emprender el primer óleo de su vida, escribir letras fluidas (filudas) y transparentes como un diamante, o salir por el rumbo de la Iglesia San Esteban a comprar cuerdas para su guitarra.

Desdiciendo siempre en su lucha sorda, hecha de actos mínimos, el título de esa canción suya que su gran amigo Lito Nebbia grabara: “Yo no estoy aquí”.

Juan Dalera sigue aquí.
 
Bardo de las bardas

”El jarrón da forma al vacío y la música da forma al silencio”. Georges Braque
03 Julio 2011 03:00:37
La imaginación y el poder
¿Qué criterios rigen la colocación de esculturas en los espacios públicos?

¿Son significativas estas obras para la población que ve transcurrir su experiencia vital en esos espacios?

Tesis

En días pasados viví uno de los momentos más significativos en mi vida académica: ser sinodal, junto a los maestros Jaime Torres Mendoza y Alejandro Cerecero, en la presentación de la primera tesis de licenciatura dedicada a las artes plásticas en la ciudad de Saltillo. Se trató del estupendo proyecto de la escultora Anabel Fuentes González: “Escultura Pública en Saltillo Coahuila. Análisis”. La exhaustiva investigación de esta artista partió de la inquietud de plantear sugerencias a la instancias encargadas de sembrar de pétreos personajes la faz de la ciudad, encontrándse ante un contundente abismo: hasta la fecha de hoy no existía un registro cabal y exhaustivo de las piezas escultóricas plantadas a lo largo y ancho de nuestra capital.

Motivos

En ese y otros sentidos el trabajo de Anabel resultó en una aportación inédita. Sentar las bases para un registro preciso de la naturaleza, orígenes,

motivaciones y discursos detrás de las piezas erigidas en nuestro espacio público. Y cómo lo mencionó el maestro Jaime Torres, aunque Anabel no analiza el componente político en la selección de personajes, la clasificación por sí sola da cuenta de estos motivos. Es tan evidente la tendencia que sería redundante un comentario. Anabel Fuentes González establece un marco de diferenciación para su registro. Se tomó en cuenta sólo las esculturas públicas que presentan figuras completas. El total de éstas suma 53. El 62% cumple una función conmemorativa, y el 38% restante, las considera como ornamentales.

Fuga y misterio

Aquí es donde llegamos al punto de los claroscuros. Nuestra ciudad cuenta con un acervo escultórico lleno de matices: desde la obra en honor a Manuel Acuña, situada en la plaza del mismo nombre -una pieza sobre la que se han inventado demasiados mitos-, hecha por el escultor hidrocálido Jesús Fructuoso Contreras, autor también de la pieza ecuestre dedicada a Ignacio Zaragoza, en la Alameda de Saltillo, y el maravilloso mármol titulado “Malgré Tout (A pesar de todo)”, en la Alameda Central de la Ciudad de México, justo a un lado del Palacio de Bellas Artes. Sobre este escultor decimonónico que legó su arte en poco más de 20 piezas, situadas casi todas en el Paseo de la Reforma capitalino, se sabe poco, el dato que se tiene a ciencia cierta, es que al momento de esculpir la pieza donde un ángel guía al malogrado poeta saltillense, el escultor había sido ya amputado de su brazo derecho.

Discursos

Al glorioso nombre de Fructuoso Contreras, muerto a los 36 años, le siguieron en la factura de las piezas escultóricas de nuestra ciudad nombres como el de Cuauhtémoc Zamudio, César Ledesma Bonilla –autor de “El Indio”, que se encontraba en la salida a México-, y autores más recientes como Juan Antonio Lugo y Alejandro Fuentes Gil.

Y aquí llegamos a las preguntas:

¿Qué hace la figura de un ex gobernador -Óscar Flores Tapia- a la entrada del Teatro Fernando Soler? ¿Era historiador? Eso dicen. ¿Fue nuestro más grande dramaturgo? Definitivamente no.

Mientras, Julio Torri, el más grande escritor que han dado estas tierras, permanece bajo la penumbra arbórea, en la figura de un olvidado y modesto busto de no más de un metro, detrás del flamante Palacio del Congreso Municipal.

¿Por qué la estatua ecuestre del revolucionario Francisco Coss está sobre un embudo de metal?

¿Qué conmemora una nueva estatua de cinco metros dedicada al mismo ex gobernador -Óscar Flores Tapia- en el libramiento del mismo nombre?

¿Dónde el homenaje a nuestro Diógenes urbano, Adrián Rodríguez?

¿Quiénes son los “enanitos” del Paseo de la Reforma?

¿Dónde el recuerdo al compositor saltillense Felipe Valdés Leal, responsable junto a José Alfredo Jiménez, Tomás Méndez y Cuco Sánchez, del cancionero popular mexicano?

Indudablemente, el discurso vertido a través de las piezas escultóricas en la ciudad de Saltillo ha sido de un componente eminentemente político. Formas de pensamiento que buscan perpetuarse, ajenas, como siempre, a las necesidades, los intereses y la vida colectivos.


Bardo de las bardas “La escultura no consiste en el simple labrado de la forma de una cosa, sino el labrado de su efecto”. John Ruskin

19 Junio 2011 03:00:50
El envés y la trama
¿En dónde termina lo artesanal y dónde empieza lo artístico?

Armando Meza es quizá el más necio, implacable y prolífico artista de la comarca.

El renacentista caso del hombre que vive de y para su arte.

Ingeniero químico, grabador, dibujante, peatón; son décadas de un ministerio erguido entre el veneno de las calles, la dulce niebla de los ácidos y la fatiga del metal dominado en aras de la propia supervivencia.

Arando el aire

A través de una obra dispersa hacia cada rincón de la ciudad y todos los cuadrantes del orbe –el populoso Caribe, el Norte magnético más allá de América y allende el mar Atlántico– pocos creadores como el nativo de Sanguijuelas, Michoacán, han sido capaces de acercar el objeto artístico al consumo masivo.

Una especie de tesonero tráfico hormiga que ha desdicho el reinado aséptico de los museos y ha acercado el proceso creativo al ciudadano de a pie.
Como artesano y como artista, Armando ha compartido su oficio como un pan para el que quiera tomarlo. Ahí están las nuevas generaciones afanadas en el ancestral oficio del grabado, confirmándolo.

Al mismo tiempo, la demanda multifuncional de la modernidad lo ha empujado a ser su propio representante, un clon implacable cuadriculando la ciudad en pos de la venta.

A creadores como Armando Meza les debemos la existencia de un Mercado del Arte en la ciudad de Saltillo. Ni los adormilados museos, ni las galerías para señoras han llegado a tanto.

Por Armando, las amas de casa, los comerciantes, los políticos, los empresarios y los estudiantes tuvieron por primera vez en sus manos una estampa, un grabado, una cerámica, una pieza textil: arribaron a la compra venta del arte.

El camello y la aguja

En el rito propiciatorio de la metamorfosis, hoy Armando Meza ofrece su arte en un soporte textil. Manteles, gráficas sobre camisetas e incluso algún pantalón decorado: reminiscencia de aquella deslavada prenda que vuelta lienzo del artista causara furor en La Habana.

El artista reinventa el mundo, lo corrige.

Objetos utilitarios vueltos superficies a donde pudiera aterrizar la belleza.

Parapetado tras una aviesa sonrisa, Armando explica así su rotundo éxito: ”El ejército de mis detractores dice que en mi obra sigue habiendo los mismos motivos, la única defensa que tengo, cínica, por supuesto, es que hago lo que se vende”.

La obra textil de este ubicuo creador estará expuesta en los subterráneos del Bar Dublín –ese espacio como calcado de la cinta unglorious basterds– hasta el 17 de julio, fecha en que Nuestro Hombre en La Habana parte hacia los claroscuros del Caribe a fomentar el intercambio de obra y de experiencias con una avezada comunidad de artistas.

Pero, ¿qué hay tras el latido de sus obras?

Dolencias que se vuelven grafías, mujeres que se esfuman y se vuelven una sola cosa con la penumbra, soledades y esperas que se petrifican, lugares rotos vueltos un paisaje común.
Qué fácil decirlo y qué de edades atravesar para entenderlo: semioculto entre los trazos de su dibujo, el luminoso palpitar de la vida misma.

Bardo de las bardas

”La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir”. Gabriel García Márquez
12 Junio 2011 03:00:56
Borges, el idiota
¿Pueden los libros, la cultura, la erudición, vacunar al hombre contra la estupidez política?

Álvaro Vargas Llosa y el biógrafo del ‘Gabo’, Plinio Apuleyo Mendoza, han hablado en “El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” acerca de los lastres ideológicos a los que sucumbiera la izquierda ilustrada, y la no tanto. Sin embargo, dichas taras no son exclusivas de una parte del espectro ideológico.

Cementerio de papel

Éste no un juicio sobre el Borges escritor. Se trata de consignar hechos concretos: luego de que hacia finales de los 90 los archivos gubernamentales de los servicios de inteligencia política fueran puestos a disposición de investigadores y periodistas en el Archivo General de la Nación. Sergio Aguayo, que buscaba material para documentar su libro “Los Archivos de la Violencia”, dio con un significativo telegrama: apenas unas semanas de transcurridos los hechos del 2 de octubre de 1968, el escritor argentino manifestaba su adhesión a las sangrientas acciones del entonces presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz.

Yo, el otro

El documento, fechado el 23 de octubre de 1968, iba dirigido al entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez. Junto a la firma del celebrado autor, estaba también la de Adolfo Bioy Casares. El controvertido y póstumo libro “Borges”, de Bioy, ha echado por tierra el mito de la amistad invulnerable. En el volumen, tempranamente retirado de las librerías, el autor de “La Invención de Morel” consigna a un personaje capaz de las peores mezquindades y bajezas. En él, revela el origen del gesto de apoyo hacia el régimen genocida: Borges había sido acicateado a distancia por la neurosis convenenciera de la escritora Elena Garro, quien lo habría convencido de la existencia de una conjura comunista que amenazaba la paz del estado mexicano. El historiador Lorenzo Meyer ha explicado ese oportunismo con un ejemplo en el otro extremo: “Todo el prestigio de Borges se trasladó a Díaz Ordaz en ese momento. Es como ahora ocurre con Gabriel García Márquez cuando apoya al presidente cubano Fidel Castro. Un aval indirecto”.

Ensayo sobre la ceguera

Borges no fue el único. Otros que cobraban y comían de la providencia estatal defendieron su parcela de beneficios aplaudiendo la sangre derramada: los enormes escritores Martín Luis Guzmán, Salvador Novo, Luis Spota, Agustín Yáñez.
Y hasta el supremo acomodaticio de Carlos Fuentes —echeverrista, salinista y foxista, sucesivamente— se expresó consternado, casi arrancándose la lengua a mordidas: “Es verdaderamente lamentable para la memoria de Borges, pero como también felicitó a Pinochet en su momento, es probable. Se puede ser un genio literario y un idiota político”. La miopía y progresiva ceguera del argentino no fue sólo física.

¿Cómo un hombre cosmopolita, con una amplísima visión de la historia y de la lengua, del transcurrir humano y creador de pasmos y bellezas absolutas era capaz lo mismo de calificar al padre de su admirado Alfonso Reyes, el general golpista Bernardo Reyes, como “un valiente” o burlarse del escritor Pedro Henríquez Ureña por el hecho de tener ascendencia africana?
Pregunta que nos lleva a un hecho innegable. Hace mucho más que la sola cultura o la más deslumbrante de las inteligencias para ver más allá del estadio de la inmediata circunstancia histórica, del accidente personal de fobias y filias, de la mezquindad del pragmatismo material, que ha desbarrancado a tantos y tantos intelectuales en los abismos de la conveniencia.

Bardo de las bardas

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.
“El Aleph”. Jorge Luis Borges
05 Junio 2011 03:00:49
La soledad del corredor de fondo
Hoy se corre en nuestra ciudad la tradicional carrera Coahuila 21K, ocasión que da pretexto para revirar a los nebulosos puentes tendidos entre la más solitaria de las disciplinas atléticas y el no menos exigente ejercicio de la literatura.

Working class hero

Ya otros han planteado la invisible parentela entre el acto de correr y el de escribir: la disposición hacia un esfuerzo concentrado. El planteamiento de un recorrido que no siempre es lo que parece ser, y sobre todo una fluida, escalable y llena de matices confrontación con la propia soledad.

Pero quizá nadie ha descrito mejor esta mecánica que el escritor Alan Sillitoe. Hijo socarrón del centro del Reino Unido, miembro de una estirpe de trabajadores de fundiciones y minas de carbón, infatigable lector de Hemingway y Salinger —algo que se nota mucho en la factura de sus textos— Sillitoe viajaba por el norte de España con su amante, una poeta norteamericana, cuando se puso a recordar los avatares de los vagos y delincuentes que conformaron el paisaje de su niñez para erguir la épica picaresca y voluntariosa de “La Soledad del Corredor de Fondo”.

Volar entre paredes

El breve relato, aparentemente sencillo, pero cargado de poder y múltiples lecturas, fue calcado al cine en una magistral versión en blanco y negro del cineasta Tony Richardson, en 1962. Aunque luego Sillitoe escribió novelas y libros de poesía, su identidad de escritor quedó indisolublemente unida al nombre de su relato.

Profundo y taimado conocedor de los subterráneos de la conciencia humana, supo plasmar en el breve cuento la gesta de un delincuente juvenil dentro de un reformatorio. Una rémora social cuya única virtud es su velocidad y resistencia para correr, derivada de sus cuitas como ocasional ladrón. Habilidad que le permite habituales salidas con el fin de entrenarlo para una importante carrera a campo traviesa que elevará el nombre de su condado. Un triunfo que buscarán capitalizar todos, menos él: desde las autoridades del reformatorio, hasta el pueblo que lo detesta, pasando por el cura y el alcalde.
Pero el rebelde tiene para sus habilidades y su vida otros planes.

Respiración

Más allá de las peripecias del joven amigo de lo ajeno, narradas a manera de monólogo interior, el corredor obligado va describiendo junto a los paisajes de la madrugada y el hielo, la quemadura del aire en los pulmones fatigados, los campos y el fango de los caminos, la ruta hacia su propia liberación. Un contrapunto entre las demandas sociales de la colectividad y los anhelos más esenciales de cualquier individuo.

Porque el autor usó los procesos de implícitos en la carrera, como el Dustin Hoffman de la cinta “Marathon Man”, corriendo sin zapatos y torturado bajo las luces de Nueva York, huyendo de los nazis —un claro homenaje al corredor etíope Abebe Bikila que ganara descalzo el oro en las olimpiadas de Roma—, para hablarnos de otras cosas: del largo y sinuoso camino hacia nuestra autoconciencia, del oxígeno achacoso del libre albedrío y las fabulosas posibilidades de aquel capaz de reconocerse en su tránsito y en su destino.

Bardo de las bardas

“La mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿Cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿Hasta dónde llega la adecuada coherencia y a partir de dónde empieza la mezquindad? ¿Cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrarme profundamente en mi interior? ¿Hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella?”.

Haruki Murakami
29 Mayo 2011 03:00:56
I’m not there
Siete décadas de vida y más de medio siglo de un quehacer musical que han sido un fecundo referente de diversos géneros musicales y literarios. 10 momentos del profeta múltiple, 10 postales del viejo Bob.

1.- Zigmann y Anna Zimmerman huyendo a causa de la persecución contra los judíos en la Ucrania de principios del siglo 20: sus abuelos.

2.- Su ídolo woody Guthrie escribiendo una de las canciones que cimbraron para siempre al adolescente y cifrarían su vocación: “Plane Wreck at Los Gatos, Deportee”, sobre la muerte de un grupo de jornaleros mexicanos. Robert Zimmerman abandonando la universidad para visitar al cantante enfermo: “puedes escuchar sus canciones y aprender a vivir.”

3.- 1965: durante el Festival de Newport, después de un par de años como figura indiscutible, abucheado por atreverse al sacrilegio: tocar sus piezas para un recalcitrante público folk armado con guitarra eléctrica.

4.- la dulce venganza: Highway 61 revisited, una obra perfecta donde incluyó “Like a Rolling Stone”, además de “Desolation row”, una apocalíptica pieza de 11 minutos donde revisita a decenas de figuras de la cultura occidental desde una perspectiva grotesca y melancólica.

5.- DYLAN TRABAJANDO para el cine: “Lay Lady Lay” grabada para la maravillosa cinta sobre las peripecias de un cándido prostituto en una ciudad implacable, “Midnight Cowboy”, estelarizada por Dustin Hoffman y John Voight, padre de la inefable Angelina Jolie. La pieza nunca sería incluida en el soundtrack de la cinta.

6.- dylan aún dolido con su público: rechaza participar en el célebre festival de Woodstock.

7.- encarnando a un trovador llamado “Alias” para un western, la trágica versión de la muerte del pistolero Billy, el niño en“Pat Garret & Billy The Kid” filmada por Sam Peckinpah entre Durango y Coahuila en el año 1972. Vecinos de Parras aún recuerdan las parrandas protagonizadas por un trío insólito: Kris Kristoferson, “El Indio” Fernández, y Dylan, quien musicalizara la película, componiendo para el clímax de la misma “Knockin’ on Heaven’s Door”, donde berreaba: “Mamá, pon mis armas en el suelo”.
8.- RECHAZADO POR su publicitada conversión al cristianismo. Dicen que poco antes de ser asesinado, John Lennon compuso “Serve Yourself” como una respuesta a la dylaniana “Gotta Serve Somebody”.

9.- El falso documental de 2007, “I’m not There”, donde se pretendió capturar su multiplicidad a través de distintos actores y personajes: Christian Bale, Richard Gere, Cate Blanchet y el extinto Heath Ledger. Para el soundtrack, sus éxitos versionados por músicos de la talla de Eddie Vedder, Willie Nelson y Cat Power.

10.- PREMIO PRÍNCIPE de Asturias 2007. Desde unos años para acá, en un anómalo caso de un primer candidato músico al galardón, su nombre empezó a sonar para el Premio Nobel de Literatura.

Bardo de las bardas “El vagabundo que está llamando a tu puerta tiene puestas las ropas que tú llevaste una vez”. Bob Dylan.
22 Mayo 2011 03:00:30
Voluntad y representación
Federico Jordán es quizá el ilustrador mexicano con mayor proyección en el mundo. Nacido en Torreón y saltillense por elección, a través de un taller, el ubicuo artista compartió esta semana su quehacer y su visión con los estudiantes de la Licenciatura en Diseño Gráfico de la UADEC.

Lo rudo / lo técnico

Maestro en la UANE, UDEM, UAdeC, UASLP, desde las calles de San Luis, Monterrey, Saltillo o Nueva York, este joven ilustrador ha erigido una efectiva capacidad de producción y de gestión que lo ha llevado a publicar en muchas de las publicaciones más influyentes en Occidente: The New York Times, Forbes, The New Yorker, Harvard Bussiness Review, Newsweek… Hoy que el éxito está constantemente bajo sospecha, atribuido muchas veces a la buena suerte o a turbias complicidades, se nos olvida que detrás del triunfo también puede estar el trabajo constante, lo invisible de la disciplina y una ardua actividad intelectual. Escucho los argumentos y atestiguo los procesos creativos de este poliédrico dibujante y su trazo me alude inmediatamente al título del inabarcable libro de Arthur Schopenhauer: “El mundo como voluntad y representación”: Jordán se explica y nos revela el mundo al dibujarlo. Como López Velarde, su crónica es la de un flaneur que sueña la realidad con los ojos nuevos del convaleciente.

Intertexto

El poeta zacatecano Daniel Bencomo abre en su libro “Morder la piedra” una pregunta resplandeciente y abisal: ¿Usar la imagen como artificio o artefacto? Es decir, la imagen como mera figura, como acrobacia erguida en el aire, o la imagen como vehículo depositario de contenidos, casa de mil puertas. Pues bien, en Jordán la imagen es camino bifronte. Con una educación formal como arquitecto en la Autónoma de Nuevo León y como pintor en la Academia de San Carlos, la universidad de este ilustrador es la propia existencia: las esperas de los aeropuertos, las sesiones de dibujo en las cafeterías, las morgues o los cementerios. “Hay que ser como un niño, mirar como un niño”, resume en su enfoque. “divertirse al crear, desconfiar de las autopistas”, habla el que buscó sus epifanías por las rutas del extravío: bajo la máscara de las capas de pintura corporal, el vagabundeo a través de ciudades extrañas, o mirando de frente al sol, hasta que uno de los dos parpadee. Sin importar que sus dibujos vuelan con alas propias por todos los cielos del mundo, Jordán aspira a la candidez del provinciano, advirtiéndonos como en esa pieza del grupo Arcade Fire: “He lavado mi rostro en las aguas del Imperio.”

Diálogos

Lo sabemos cuando contemplamos el producto de los grandes artistas de la historia. Al mirar sus obras podemos establecer a través de ellas un diálogo con la historia del hombre y con la tradición de todos los tiempos. Es lo que las vuelve atemporales, verdaderas.

En las páginas de las más sofisticadas revistas del orbe, como parte de un mural, el fragmento de un mosaico o el más basto de los lienzos, las imágenes de Jordán son un bautizo de fuego; un intertexto: si miramos atentamente atisbaremos en el palimpsesto invisible; ese Aleph donde todos las visiones se bifurcan, en una sola imagen confluyen uno y todos los dibujos: en esas extremidades desmesuradas rastrearemos los trazos hechos en la Cueva de Altamira, los terribles grabados de Doré o la pedagogía monstruosa del “Humani Corporis Fabrica” de Vesalio, cuyo último tomo completo resguarda la Biblioteca Palafoxiana de Puebla. Repito, si miramos bien ese spread en papel couché podremos entrar a la Caverna de Platón convertida en un Auto Cinema, nos burlaremos con los tzompantlis de Manilla, nos abanicará el ángel de la extrañeza en la Catrina de Posada, las penumbras de Edward Hopper, los sensuales ángulos de Tamara de Lempicka, las abstracciones de Milton Glaser, los tótems de los indígenas americanos o las imposibles perspectivas de Mauricio Cornelio Escher como un kung fu absoluto; el zen final de un estilo perfecto, ese impacto de luz surgido desde una mano vacía.

Bardo de las bardas

“Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario.”
Arthur Schopenhauer
15 Mayo 2011 03:00:28
Planeta escándalo
Los premios literarios serán siempre terreno fértil de controversia y de suspicacias. Es harto sabido la mecánica de ciertas editoriales para promover a autores de casa previamente seleccionados, a través de ruidosas campañas de publicidad disfrazadas de concursos literarios.

Renuncia

En medio de una tremenda crisis para la industria en todo Hispanoamérica, muchas editoriales han elegido asegurar el consumo de su producto a través de nombres reconocidos, que arriesgarse al albur de “nuevos valores literarios”.

El Premio Planeta, uno de los más reconocidos, sufrió su primer revés cuando hace algunos años Juan Marsé, presidente de su jurado, anunció su renuncia luego de criticar la escasa calidad de las obras que llegaban a la final, además de denunciar la cláusula de obligatoriedad que forzaba al jurado a conceder el galardón, cerrando la imposiblidad de declararlo desierto. En aquel tiempo el narrador catalán se alejó furibundo de una literatura que el adjetivó como “prêt-a-porter”. Es decir, propuestas que se pretendían de altos vuelos, pero que no eran más que moditas pasajeras.

‘Plata quemada’

En busca de la salvaguarda de su flanco comercial, las casas malbarataron un capital de años; el premio Planeta había sido establecido en 1952, posicionándose inmediatamente como un certamen masivo y de gran importancia; libros destinados al gran público, que con el premio llevaban un cierto aval de excelencia. Un galardón que reafirmó plumas como la de Juan Marsé, Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Camilo José Cela o Zoé Valdés. Pero todo cambió en la década de los 90. En 1994 los escritores Miguel Delibes y Ernesto Sábato renunciaron de antemano al Premio, denunciando que se les había ofrecido ganar la edición de ese mismo año.

Al siguiente, el gran narrador argentino Ricardo Piglia hizo lo suyo con la epopeya policial de “Plata Quemada”. Todo iba bien hasta que un compatriota suyo, el cuasi desconocido Gustavo Nielsen se enteró y denunció lo siguiente: la novela ganadora ya había sido contratada previamente por el grupo Planeta, quien había buscado saldar una deuda previa con el escritor a través del monto del premio. Nielsen, que estaba entre los 10 finalistas, decidió hacer respetar su parte. Hubo juicios consecutivos y patadas por debajo de la mesa. Lo llamaron “resentido” y hasta un grupo de intelectuales firmó una multitudinaria carta donde se acusaba a una campaña de difamación contra Piglia de estar tras la denuncia.

En 2005, un tribunal argentino condenó a Piglia y a la editorial Planeta a pagar a Nielsen 10 mil pesos por prejuicios, después de encontrar que hubo fraude en la entrega argentina del premio del 95.

Tiempos

Lo mismo se especuló cuando primero el chileno Antonio Skármeta obtuvo el Premio Alfaguara con “El Baile de la Victoria”, Tomás Eloy Martínez con “El Vuelo de la Reina”, y después Poniatowska con “La Piel del Cielo”. Novelas bien escritas, aunque regulares. Más parte de un catálogo editorial que referentes de uno de los más importantes galardones literarios en castellano.

Hoy la controversia se enciende de nuevo cuando el Premio Grijalbo de Novela se adjudica por canales no oficiales. El anuncio del galardón, dotado con 300mil pesos, y convocado por la casa Random House Mondadori presentó serias irregularidades. A pesar de que se había publicado una ronda de semifinalistas y el aviso de un triunfador único para fines de este mes, la librería Gandhi, en su catálogo online ya anunciaba a la novela “Hielo Negro”, del narrador capitalino BEF, como “Premio Grijalbo de Novela”.

Entre exabruptos de los finalistas en las redes sociales, el silencio y el retiro del anuncio online por parte de la librería y una rueda de prensa relámpago de la editorial, se hizo oficial el fallo.

Lo que dejó sin respuesta muchas preguntas. ¿Por qué si aun no se daba a conocer el dictamen, ya existía desde hace semanas el libro con ISBN, portada y como parte de un catálogo de una de las librerías más importantes del país? ¿Por qué, si según actas publicadas por la editorial, el fallo se había dado en los últimos días de enero, se seguían anunciando “semifinalistas” y se había pedido tiempo para ampliar el dictamen? Misterios del mundo editorial.

Bardo de las bardas

“Planear: preocuparse por encontrar el mejor método para lograr un resultado accidental”.

Ambrose Bierce
08 Mayo 2011 03:00:31
La palabra precisa
Un día como hoy, hace 131 años, murió Gustave Flaubert, uno de los grandes novelistas de todos los tiempos. Tanto, que su estilo fue ampliamente estudiado por dispares gigantes de la literatura que le sucedieron como Roland Barthes, Vladimir Nabokov, o el recién extinto sabio argentino, Ernesto Sábato.

Cuestión de escrúpulos

El filósofo Jean-Paul Sartre afirmó que si bien su origen fue la burguesía, hubo y hay muy pocos burgueses como Flaubert.

El autor de “La Educación Sentimental” hizo de su descarnada objetividad un hacha terrible con que diseccionar de manera implacable un mundo que odiaba y lo fascinaba, un mundo al que sin embargo pertenecía.

Incluso al escribir una historia de amor “una historia moral de los hombres de mi tiempo”, Flaubert utilizó los exhaustivos instrumentos propios de los investigadores: interminables visitas a las bibliotecas, viajes a lugares donde ocurrieron los hechos, minuciosas entrevistas con sus protagonistas, sólo con el afán de contextualizar históricamente su drama.

Extravíos

A Flaubert le interesaba la historia y los vaivenes políticos, preocupado porque en el universo de sus ficciones, sus personajes se desbarrancaban tanto en el plano de los sentimientos como en su contexto social. Todos los hechos se acomodaban hacia un inevitable derrumbe de todas las certezas: un democrático absurdo y una desazón inminente lo mismo para los monarquistas como para revolucionarios.

Había conocido a Víctor Hugo en 1840 y se había amistado con él. Realizó algunos cortos viajes, viviendo de las rentas de su patrimonio. Nunca se casó.

Al regreso de un viaje por Oriente, en 1851, inició la escritura de “Madame Bovary”. Tardó 56 meses en su redacción. Al ser publicada, seis años más tarde, la autoridad de su tiempo ordenó acciones legales contra el autor y la editorial, acusándoles de atentados contra la moralidad, aunque poco después sería absuelto. No corrió con la misma suerte Charles Baudelaire, quien a causa de “Las flores del mal”, había sido condenado ese mismo año y por las mismas razones por el mismo tribunal.

Diccionario de los lugares comunes

“La Educación Sentimental” fue publicada en 1869. Su incipiente éxito no apartó a Flaubert de su escrupulosa disciplina; preocupado por el filo del realismo y la elegancia estética en cada una de sus obras, sometía a prueba sus textos leyéndolos en voz alta.

Así llegó a una de sus últimas y más importantes obras: “El Diccionario de los Lugares Comunes”, donde pretendía antologar los tópicos fabricados por la burguesía francesa del siglo 19.

Tardó casi 30 años en su proceso. Y aunque a través de su mirada irónica y pesimista hacia la humanidad se planteó como un moralista, Flaubert padeció también casi todos los males de sus héroes novelescos a lo largo de su vida: la falta de claridad, la ausencia de un destino claro, una vida llena de interrogantes.

Envejecido prematuramente, murió a los 58 años, de una hemorragia cerebral.

Bardo de las bardas

“A los ídolos no hay que tocarlos: se queda el dorado en las manos”. Gustave Flaubert.
01 Mayo 2011 03:00:15
Generación ipod
¿Qué es un hipster? ¿Qué tan cercana es la actitud moderna a su sentido original? ¿Se trata sólo de una apariencia intelectual aderezada con lentes de pasta gruesa, comida orgánica, tenis de lona, coquetos sombreritos y rock indie?

EN EL PRINCIPIO FUE EL VERBO

Hace más de 70 años el término “hipster” fue acuñado para designar a los amantes del jazz, sobre todo, a los que no eran de raza negra. Se presume que, etimológicamente, la palabra “hip” habrían descendido del vocablo africano “hipi”, que significaba: “para ver”, que derivado en el uso en “hep”, entre el argot de los jazzistas servía para designar a todo aquel interesado en las culturas emergentes. De ahí que los músicos y fans del jazz de entonces fueran conocidos como “Hepcats”. La eclosión de géneros como el swing reemplazó al “hep” por “hip”. Fue entonces que muchos blancos buscaron desclasarse y hallar nuevos horizontes por medio de la música. Se decían a sí mismos “los despiertos”.

Soltar todo y largarse

El hipster de entonces buscó adoptar la experiencia vital de sus ídolos en su vestimenta, su forma de hablar, una humildad material autoimpuesta, el uso de la mariguana y una cierta libertad sexual. Si se quiere un retrato consistente del hipster de ese tiempo véase la fábula antibélica escrita por Ted Hughes y luego animada para cine: “The Iron Man”.
En el libro “Historia del Jazz Moderno” se le esboza así: “El hipster es un hombre subterráneo. Él es para la Segunda Guerra lo que el dadaísta fue para la primera. Es amoral, anarquista, cortés y sobrecivilizado al punto de la decadencia. Él conoce la hipocresía de la burocracia y el odio implícito en la religión, por eso busca algo que trascienda toda esta sandez”. De ahí que haya quien emparente a los hipsters con el surgimiento de la Generación Beat: mientras los primeros eran una especie de dandis urbanos y los beats gustaban calzar gastadas sandalias y un estilo de vestir más descuidado, florecieron ciertas coincidencias.
Neo lengua

Luego, autores Beats como Kerouac y Ginsberg llegaron a renegar de los primeros, a quienes veían más como seres tan desconfiados de lo ordinario que apenas eran capaces de soportar la realidad. Algo late detrás del término “hippie”: hipsters que envejecieron y en venganza acuñaron el peyorativo “hippy”, para mofarse de sus jóvenes sucesores. Muchos años después de la muerte consecutiva del ideal hipster, beat y hippie, en la década de los 90, algún ocurrente nostálgico empezó a describir a los jóvenes urbanos de clase media y alta con intereses culturales alejados de lo promedio como “hipsters”: manadas enamoradas de la música y el cine independiente, la comida orgánica, la defensa del medio ambiente, ropa nueva con apariencia desgastada, autonombrados “alternativos” y progresistas.
Como toda moda que se toma demasiado en serio, aquello derivó en caricatura: los “hipsters” o muchos de los que pretendían serlo se asumieron como una minoría educada que organizaba fiestas exclusivas, se ponían irónicos y condescendientes con las “clases inferiores”, lo que los fue identificando ante la percepción general como seres superficiales, pretenciosos y ensimismados.

Rebelión edulcorada

Sobre todo para quienes vivieron los años 70 y el punk de los 80, el hipster resumió a gente vistiendo modas “alternativas” costosas, que no se inclinaban por una filosofía en particular. Mercenarios apropiándose de cualquier cosa que fuera popular y despojándola de su sentido original. Así, la mayoría de ellos construyeron su identidad a la manera de un playlist en su iPod, aleatoria, desinteresada y negligentemente: cualquier ideología quedó descartada, eligiendo un esmerado desaliño por bandera. Hay quien ha ido más lejos y ha visto en el metrosexual la apropiación hipster de la cultura gay. Paradojas del consumismo: hipsters actuales que son a la poesía beat lo que Avril Lavigne al anarquismo de Bakunin o Proudhon.
De ser un movimiento que buscó hace décadas otros caminos para una sociedad represora y anquilosada, el hipster de hoy terminó muchas veces como esclavo del mass media –aprendiz de todo y oficial de nada– sonámbulo y consumidor de la cultura moderna como quien bebe un coctel de realidad deslactosada.

BARDO DE LAS BARDAS

“La vida es mi arte, protección frente a la muerte, así sin autorización vivo”.

Jack Kerouac
24 Abril 2011 03:00:40
Pasión de Gabriel Levario
A mi padre.

Hace ya 45 abriles que ingresó para siempre en la sombra. El peruano Víctor Hurtado ha sido uno de sus más precisos retratistas: “Había un abolengo pálido y remoto en la cara de Javier Solís. Su pelo cerrado, de luz negra y radiante, oprimía una frente exigua sobre cejas dispersas. Los ojos orientales, las colinas de los pómulos y los bigotes nimios historiaban su estirpe antigua, migrante y gloriosa. Todos los cuerpos hablan; el de Javier Solís dictaba una conferencia sobre el estrecho de Bering”.

PRIMERA ESTACIÓN

Es condenado: el arduo barrio de Tacubaya lo ve nacer en 1931. Alcohólico terminal, el padre abandona a su familia de cinco hermanos. Poco después, su madre lo encarga con unos tíos, que toda su vida considerará sus únicos padres. Estudia hasta quinto año de primaria. A los 8 años fallece Valentina Levario, su madre adoptiva.

Carga con su cruz: empieza a trabajar transportando legumbres en los mercados. Al mismo tiempo, participa en festivales escolares de canto donde el primer premio era un par de zapatos. Recolecta huesos y vidrios para vender. También se ocupa como panadero, carnicero, payaso de circo y boxeador amateur: oficios que encarnará más tarde en sus películas.

Cae por primera vez: en el Teatro Salón Obrero adopta el alias de “Javier Luquín” y se presenta como cantante de tangos. Ya dentro del género ranchero, en 1955, muta su nombre a “Javier Solís”. Julito Rodríguez, primera voz del trío Los Panchos, lo escucha y lo recomienda para grabar su primer LP. Un extraño suceso retrasa su lanzamiento: durante el sepelio de Pedro Infante, sube a una cripta y a manera de homenaje entona una canción imitando al ídolo de Guamúchil. El gesto es mal visto por productores que retrasan el lanzamiento de su carrera durante varios años.

Se encuentra con su madre: luego de su éxito, ella lo busca y él la reniega. La disquera Columbia promueve el mito de su origen en Sonora, descendiente de una tribu yaqui.

QUINTA ESTACIÓN

Es ayudado: en 1959, por consejo del compositor saltillense Felipe Valdés Leal, abandona su afán imitativo y su carrera experimenta un meteórico ascenso gracias al éxito de “Llorarás, Llorarás”. Se impone como “el Rey del bolero ranchero”, género que había nacido un 23 de abril con “Amorcito Corazón”, tema insignia de su ídolo.

La Verónica le limpia el rostro: tímido hasta la misantropía, se casa por primera vez a los 20 años. Cae otra vez: durante su primera gira por Estados Unidos, graba su primer disco con banda sinfónica. Un álbum que no tiene la mejor aceptación. Consuela a las mujeres: fiel a fidelidades consecutivas, se casa cinco veces, y procrea nueve hijos, los últimos, Gabriel y Gabriela, con una muchacha de 17 años, a la que se une en un ritual yaqui: uniendo sus dos sangres.

Última estación

Cae por última vez: sus capacidades lo condenan; como personaje de Borges, es capaz de aprender una canción con sólo escucharla una vez. Ya entrado 1965 su carrera entra en un ritmo delirante: graba 320 piezas, a razón de un disco por mes, además de la filmación de 10 películas, incluyendo una versión de “Viaje al Centro de la Tierra”, rodada en las Grutas de Cacahuamilpa, al lado del gran José Elías Moreno y Kitty de Hoyos, donde su voz resuena desde el centro del mundo.

Es despojado de sus vestiduras: su quebradiza salud lo obliga a interrumpir sus discos emblemáticos: “Javier Solís en Nueva York” y “Tributo a Rafael Hernández”, el boricua autor de “Perfume de Gardenias”.

Ascenso a la cruz y descenso: el 13 de abril de 1966 es ingresado al hospital para ser operado de la vesícula biliar. Extrañamente, existen cuatro versiones no comprobadas acerca de su fallecimiento: la operación, una apendicitis mal curada, el olvido de una pinza dentro de su cuerpo, y la más extendida: la omisión del cantante a la prohibición de tomar agua fría tras su operación, causante de un infarto. En la cumbre de su fama, a los 34 años, un testimonio: “rieguen con mucha agua mi tumba, sé que me voy a morir, esto no tiene remedio”.

Resurrección

Admirado por monstruos de la talla de Frank Sinatra, sus grabaciones interrumpidas son rescatadas del olvido y remezcladas por su disquera: así surgen celebrados discos como “Valses”, donde el mariachi de Arcadio Elías acompañó a su portentosa voz, una fuerza de la naturaleza que atravesó la sombra para cimbrar el alma de sus creyentes futuros.

Bardo de las bardas

“No importa: el rey inderrocable del bolero ranchero nos legó el viento poderoso de su voz, su timbre de hierro dulce, y su caudal de lágrimas y gozos sobre el que muchos lanzamos la nave valiente y aterrada de la adolescencia”.
Víctor Hurtado
17 Abril 2011 03:00:23
Acero inexorable
La narrativa norteamericana ha incidido siempre en un afán totalizador: piénsese en el eco bíblico de “Moby Dick”, el mosaico costumbrista de Mark Twain, las oscuras sagas de Cormac McCarthy o la desmesura formal y cuantitativa en los ladrillos del esquivo Thomas Pynchon.

Lo que natura da

En esta genealogía está inscrita la más poderosa reflexión acerca del poder, de sus destellos y sus monstruosidades, en la literatura norteamericana del siglo 20. Baste decir que esta novela es una suma de rarezas. Un libro acerca del Sur de casi mil páginas escrito desde la frontera con Canadá. Un tratado sobre la política y la naturaleza humana hecho por un poeta que se ganaba la vida como profesor. El único autor que ha sido reconocido con el Premio Pulitzer en el género de novela (1946) y dos veces en el de poesía (1957 y 1979). Se ha dicho ya que el poder no corrompe al hombre, sino que sólo revela lo que el hombre en el fondo es.
Robert Penn Warren utilizó la política como ruido de fondo para hablar acerca del idealismo y la culpa, del amor y la corrupción, y sobre todo, del poder, la redención y la inevitable caída.

Ascenso a la cruz y Descenso

“Todos los Hombres del Rey fue publicada por Robert Penn Warren en 1946. Ahí cuenta la vida de un self made man (otra obsesión americana), las peripecias de un humilde profesor pueblerino que mediante una voluntad implacable llega a la cumbre del poder político, volviéndose gobernador de su estado, sólo para contemplar cómo la fuerza destructiva de la ambición irá demoliendo su espíritu. El autor refirió que su personaje fue inspirado en un personaje real, el controvertido gobernador de Louisiana Huey Long, que en la década de los 30 desplegara su eficaz retórica populista para ser idolatrado por las multitudes y al mismo tiempo acusado por sus adversarios de ser un personaje autoritario que buscaba mantener su poder sustentado en el chantaje y la corrupción. Esta crónica del ascenso y de la caída está contada a través de una eficiente voz narrativa, en un exquisito juego de inteligencia y belleza. Amparado en su finísima erudición, y mediante la figura de un narrador testigo, Warren logró un fascinante retrato de un personaje tan carismático como contradictorio, un seductor y un déspota, un defensor de las clases bajas capaz de los actos más nobles y también de las más aberrantes traiciones.

La boca del pez

El narrador catalán Juan Marsé lo ha dicho mejor: andamiar la ficción es como construir una fuente de verdad con ranas de cartón. Penn Warren sin duda lo sabía, la realidad son las penumbras y los fulgores de un circo demencial: en 1932 el gobernador de Louisiana Huey Long había apoyado a Franklin D. Roosevelt para la elección presidencial. Un año después rompió con él para armar su propia carrera a dirigir la nación. Se radicalizó. Creó el programa “compartamos nuestra riqueza” que con el eslogan “Cada hombre es un rey”, promovió la redistribución de los recursos en manos de las petroleras y grandes corporaciones en beneficio de los sectores más desprotegidos luego de la Gran Depresión. Medidas que sus enemigos tildaron de “socialistas”. En la cumbre de su inmensa popularidad un acero inexorable detuvo su voluntad de hierro: fue acribillado dentro del Capitolio del Estado. Dos días más tarde, a los 42 años, el orador implacable que en sus días luminosos pedía a las multitudes desarrapadas un martillo para demoler los poderes que los oprimían, balbuceó su último dicho: “Dios, no me dejes morir. Tengo tanto todavía que hacer”.
Su vida de claroscuros detonó la inmensa novela de Penn Warren, dos películas basadas en el libro: “El Político”, de 1949, merecedora de tres Oscares al siguiente año, donde su nombre mutó en “Willie Stark”, nombre también de la ópera del compositor americano Carlisle Ford, y la maravillosa adaptación a cine del 2006, “Todos los Hombres del Rey”, con un portentoso Sean Penn como el malogrado político, además de un maravilloso reparto conformado por Kate Winslet, Jude Law, James Gandolfini (“Los Sopranos”), Mark Ruffalo, Anthony Hopkins y una exquisita fotografía que resume lo dicho décadas atrás por el poeta Penn Warren: “en la sombra de la verdad, sólo la sombra es cierta”.

Bardo de las bardas

“Pero tú sabes que todo es imposible.

Que el glorioso pedestal, es también la sombra larga”.


Benito Taibo
10 Abril 2011 03:00:29
Agua removida
Un hombre que pierde a su pareja se le llama “viudo”. Un hijo que pierde a su padre se llama “huérfano” ¿Cómo se le llama a quien pierde a un hijo? “Nadie se ha atrevido a ponerle nombre al vacío insondable” responde ahora el poeta Javier Sicilia.

Hijo sin hijos

La escritura ha sido siempre un intento de bucear en esa tiniebla, como el tímido haz de una lámpara sorda a través de densas masas de sombra.

Cuatro años antes de morir, en 1938, Miguel Hernández escribió en su “Cancionero y Romancero de Ausencia” a propósito de la muerte de su pequeño hijo Manuel Ramón: “Tus ojos parecen / agua removida. / ¿Qué son?”.

Cronista de pesadillas y de los misterios del alma humana, autor de novelas fundamentales que se adelantaron al horror como “Sobre Héroes y Tumbas” (1961) y el experimento metaliterario “Abaddón, el Exterminador” (1974) Ernesto Sábato experimentó el manotazo duro en la pérdida de Jorge, su hijo mayor, durante un accidente automovilístico. Con más de 80 años y prófugo de todos los “ismos”, el argentino se dio a la tarea de explicarse a sí mismo su vida y su dolor en “Antes del Fin”, considerado desde entonces como su testamento literario. Ahí consignó: “Toda experiencia de dolor, de gran dolor, nos cuestiona enteramente la vida, hasta la misma existencia de Dios. Pero los grandes sufrimientos nos llevan a contemplar la vida con mayor hondura. Es un gran misterio, y por eso no lo podemos explicar. La razón logra abarcar el absurdo, pero no alcanza a penetrar los misterios. Pero no estoy abatido, no, porque siempre he sentido una enorme pasión por la vida. Creo, como dijo Camus, que “no hay amor de vivir sin desesperación de vivir.”

Una columna de fuego

En 1976, tres meses después de su hija de 26 años fuera abatida en la Argentina de la dictadura, Rodolfo Walsh, disfrazado, se enfrentó a un grupo paramilitar que pretendía secuestrarlo. Se supo después que fue herido. Su cuerpo nunca apareció. Antes, había escrito una carta a su hija Victoria: “Ahora el miedo es aflicción. Sé muy bien por qué cosas has vivido, combatido. Estoy orgulloso de esas cosas. Me quisiste, te quise. El día que te mataron cumpliste 26 años. Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizás te envidio, querida mía. Anoche tuve una pesadilla torrencial, en la que había una columna de fuego, poderosa, pero contenida en sus límites, que brotaba de alguna profundidad. Hoy en el tren un hombre me decía: “Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año”. Hablaba por él, pero también por mí.”

El dolor rompe el tiempo

A Juan Gelman, Premio Cervantes de Literatura 2008, también argentino, tambien durante la dictadura, en el aciago 1976, le arrebataron a su hijo y a su nuera embarazada de siete meses. En 1990 un equipo forense identificó los restos de Marcelo Gelman en un río, dentro de un tambo lleno de cemento. Había sido asesinado de un tiro en la nuca. Luego de largas pesquisas, pudo enterarse que su nuera habría sido mantenida con vida para dar a luz a una niña. En el año 2000 encontró a su nieta en Uruguay. Desde entonces, la joven decidió tomar los apellidos de sus verdaderos padres. En su libro “Valer la Pena”, Gelman había conversado con su hijo Marcelo: “Estas visitas que nos hacemos / vos desde la muerte / yo cerca de ahí / es la infancia que pone un dedo sobre el tiempo / ¿Por qué al doblar una esquina encuentro tu candor sorprendido? / ¿Tu soledad obediente a leyes de fierro?”

Bardo de las bardas

“Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios”. César Vallejo
27 Marzo 2011 03:00:15
Alimentar la mirada
Propuestas visuales que desbordan su contexto y forma habitual para responder a una realidad cambiante y caótica. Los medios tradicionales se abren camino para fijarse en discursos nuevos. Empirismo e intertextualidad: de esto se trata el proyecto colectivo “Comida Visual”, gestado por la voluntad y el talento del artista torreonense Norberto Treviño.

Luz portátil

Una rudimentaria máquina para fabricar tortillas de maíz en un mercado ambulante, una de esas famosas prensas de fierro vaciado presentes en casi todas las cocinas mexicanas. Eso y una idea. Un artista que piensa en la naturaleza compacta, portabilidad y nuevas posibilidades de un artefacto. Una máquina que no hace gorditas, pero sí grabados del tamaño de una tortilla.

Así surge el proyecto “Grabado Casero”, un taller que buscó conjuntar la parafernalia de la cocina mexicana con los protocolos del grabado. Estampas concebidas como “Comida visual”:

propuestas de 50 artistas coahuilenses que empezaron a cocinar sus visiones en pequeños grabados en un formato circular. “Probaditas de Gráfica Norteña” fue la primera exposición expuesta en el taller de “El Chanate”, en la ciudad de Torreón, y luego, en San Antonio, Texas.

Tortillas para ver

Rodando fue cobrando forma; se planteó juntar un kilo de grabados y aglutinarse en torno a paquetes, para ofrecerse como múltiple visión sobre la diversidad de la gráfica regional en torno a la cultura del maíz.

Ahora son 100 imágenes de una idea perfectamente cocinada, un vasto menú de exquisitas colaboraciones que van del grabado tradicional, heredero del famoso Taller de Gráfica Popular, hasta lo más contemporáneo del arte urbano y el street art hecho por artistas, ilustradores, diseñadores gráficos, tatuadores y estudiantes.
Imágenes acerca de la comida, los sueños, la ciudad, el dolor, el amor.

Agonía de los museos

Y si esto fuera poco, el proyecto propone una aportación más: el arte cabe en cualquier lugar.

Stickers que se apoderaron de fondas de barrio y esquinas. Etiquetas en mingitorios de bares, demoliendo la estúpida noción de que el consumo del arte es sólo para “público especializado”. Playeras, memoramas, calcas en la defensa de un autobús del transporte urbano.
Otra vez un proyecto colectivo, independiente, que propone nuevos lenguajes y vías de expresión. Un discurso que se agolpa y se contrapone, para el efímero comensal de gorditas, para el despistado peatón o el alevoso voyeurista, un modesto círculo encerrando una idea contundente, un grito pegado en la pared, una burla, una reflexión, un juego… una duda. Porque al fin de cuentas, de eso se trata el arte.

Bardo de las bardas

“A menudo, lo que nos niega el arte nos lo da gratuitamente el azar”.

Esopo
20 Marzo 2011 03:00:52
Orden y vorágine
Mañana 21 de marzo se celebra en casi todo el mundo el Día Mundial de la Poesía.

Pretexto más que válido para comentar “Lugar de Residencia”, deslumbrante libro del autor potosino Daniel Bencomo, merecedor del Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino” en su edición 2010. Las configuraciones erguidas a la luz del desierto son los polos geográficos que articulan la madurez ya avizorada en “De Maitines a Vísperas” (2005) y “Morder la Piedra” (2008) sus obras anteriores. “Lugar de Residencia” es una mutable bitácora de la erosión que fluye entre los espíritus de lo apolíneo y lo dionisiaco.

El sol y el dedo


Establecida como una división literaria y filosófica basada en caracteres provenientes de la mitología griega, fue Federico Nietzsche, en su libro “El Nacimiento de la Tragedia” de 1872, quien clasificó los impulsos artísticos en apolíneos y dionisíacos.

El llamado Filósofo del Martillo retomó a los hijos de Zeus para establecer características opuestas del quehacer artístico: Dionisio, dios de los sentidos, el éxtasis, el vino. Apolo, la inteligencia, la claridad, el sol. Contrarios como la razón y el instinto, la civilización y la barbarie, aun cuando los griegos antiguos nunca postularon esta contraparte.

De esta manera, el autor de “Así Habló Zaratustra” estableció dos caminos para el acto creativo, que muchas veces se volvieron tradición y forjaron la dialéctica de las vanguardias que buscaban enterrarse unas a otras: la disciplina o la pasión, el caos o el orden, la razón o la lógica, la realidad contra la ilusión.

La realidad y el deseo

En “Lugar de Residencia” confluyen de manera más que afortunada estos dos caminos: una inteligencia traslúcida e hiriente, disuelta en la música salvaje de la tradición y el paisaje. Un ir pensando el mundo y cantando al mismo tiempo su derrumbe. “Un libro de y para el desierto” como ha establecido su propio autor. El maestro en Filosofía e Historia de las Ideas por la Universidad Autónoma de Zacatecas macera su erudición a través de un fino cedazo del habla popular y demuestra un oído finísimo a la hora de concebir y escribir su poesía:
“Todo lo que miro es lo que mira el cielo cuando azula. Cuanto muere es un puñado de arroz que agita el viento. (…) Lo que fermenta y pudre miro, el resto se lo dejo al sueño.”

Letanía de la erosión

“Lugar…” presume una amplia variedad de registros, un afán poliédrico en el abordaje del habla. Baco cantando a la sed, o Heráclito impávido ante la sequía...

“Como buena hormiga cargo en múltiplos: el doble del peso de mis días, el ene del peso de mis dioses. En la sequedad del peso muerto saboreo una cerveza.”

Un mundo poblado por insectos, reptiles, aves, fieras, peces... registro minucioso de la perpetua erosión, y sin embargo una sutil preocupación, nunca militante, por la destrucción del medio ambiente. Uno de sus poemas enuncia:

“El tigre ya no está: su muerte eriza la espalda de los ríos, mientras lo llevan silencioso a la panza de la nada”
Daniel Bencomo hace de su libro un viaje alrededor del mundo y del incendio de la historia, un vagar a través de las ideas, la tradición, la blasfemia y el lenguaje... El zacatecano por adopción resume, acerca de su luminosa arena cribada en el corazón del monte: “Hasta en los desiertos más desolados, la vida empuja”.

Los desiertos, antes que un vacío o una “página en blanco”, son una zona de espera y de violencia. Zacarías, un padre del desierto, decía: “monje es aquél que se hace violencia en todo”. La vida en el desierto de Chihuahua, que empieza entre Querétaro y San Luis, y prosigue por Zacatecas, en muchas de sus zonas está atenta al milagro. Ahí está escrito el libro. Pero la espera por el milagro tiene en “Lugar de Residencia” una intención no metafísica. Al contrario, plantear la dificultad de lo que vive, de lo que es posible escribir sobre ello y sobre los milagros que igual acontecen así, “por puro azar de vida”.


Bardo de las bardas “Las palabras no caen en el vacío”. Zóhar
13 Marzo 2011 04:00:21
Libro abierto
Ciudades hechas a la medida del hombre, no sólo en función de su sobrevivencia, sino también de sus sueños y aspiraciones. Irnos alejando como ciudadanos de aquel funcionalismo arquitectónico que a lo largo del pasado siglo desterró la belleza de las edificaciones con el pretexto de la optimización. Cajas de multifamiliares donde se hacinaba a decenas de miles de personas. Supuestos portentos de la eficiencia que luego de cualquier temblor revelaron su fragilidad de castillo de naipes.

Destruir costumbres

El arquitecto Mario Pani fue uno de los principales impulsores de esta tendencia que generó proyectos como el Multifamiliar Juárez. O los complejos multifamiliares de Nonoalco-Tlatelolco. Aun con su estrepitoso fracaso, él insistió en la consigna: no sólo hacer arquitectura, sino también “hacer ciudad”. Proyectos que incorporaran un valor más allá de la plusvalía o especulación con el entorno, sino que impactaran positivamente en la vida de las personas. Me viene a la mente esto a raíz del proyecto del Biblioparque, al sur del municipio de Saltillo. Alegra y avasalla contemplar la avidez de los habitantes de la periferia sur (¿el sur también existe?) ante un espacio como éste.
Usuarios maravillados ante lo inédito de la experiencia: canchas de pasto sintético para distintos deportes, foros y gradas, pistas pavimentadas, aparatos para ejercitarse, áreas para skaters y en medio del destello múltiple, una gigantesca biblioteca de cuatro pisos, con la forma de un libro abierto.

Continuidad de los parques

Testimonio la forma en que un proyecto de esta naturaleza cambia la vida de la gente. Ofrece un respiro ante un ambiente muchas veces sofocante. Aire y cielo abierto. Movimiento. Juegos y libros. Deporte. Pero también veo aspectos irresueltos. Resbaladillas de caracol fuera de su eje. Juegos infantiles mal instalados, y por lo tanto, peligrosos. Materiales de baja calidad. Gradas de material tubular muy delgado, que el mismo día de su inauguración no se usaron ante el riesgo de un colapso. Una obra que ya fue entregada a la comunidad, pero aún no está concluida. ¿Qué determina las prisas, los tiempos de entrega? ¿Quién calcula los materiales? ¿Cómo se está midiendo el desgaste de cada uno de sus elementos ante el hacinamiento, el impacto multiplicado de una comunidad que se volcó a disfrutar esta parcela y esta novedad?

El afamado teórico Mies van der Rohe decía que “Dios está en los detalles.”

El Biblioparque es una obra estupenda, necesaria, inédita. Pero su enorme potencial benéfico podría diluirse ante la maraña de “detalles”: falta personal y orden. Articular la vigilancia. Regular el flujo de usuarios. Delimitar áreas. Dotar, equipar adecuadamente y organizar la Biblioteca. Darle continuidad a las obras y preservarlas. Para luego no ser testigos de multitudes que en un parpadeo pasaron como marabuntas sobre las obras dejando detrás de sí espacios yermos.

Recordemos el Parque el Chapulín, clausurado durante años. O las extensiones del Parque Ecológico de la Aurora, y en menor medida el Venustiano Carranza, llanuras donde se malbarató la expectativa ciudadana y hoy medra el abandono como la más tenaz de las yerbas.

Ahora se habla de más Biblioparques. Al oriente y al poniente. En terrenos de lo que fuera Zincamex (¿Cómo y hasta dónde se descontaminará el suelo?) Es una buena oportunidad para terminar bien el primero y mejorar los que vienen.

De articularse correcta –íntegramente–, la Ruta Urbana y el Biblioparque son proyectos con los que laactual administración municipal de Saltillo podría ser recordada como un Gobierno que devolvió y pensó los espacios para la vida y el bienestar de las personas.

Bardo de las bardas “Somos todas las ciudades que hemos perdido”. Rafael Pérez Gay
06 Marzo 2011 04:00:50
Espiral de polvo
Ya va a ser medio siglo de que José Luis Cuevas erigiera su mural efímero en el corazón de la Zona Rosa capitalina, para pretender borrar de un trazo los resabios de la escuela nacionalista y aquella famosa bravata resumida por Siqueiros: “no hay más ruta que la nuestra”. Hoy sabemos que las vanguardias se vuelven decrépitas en un parpadeo: sólo lo elemental permanece.

Pasear una línea


La referencia anterior como punto de partida para abordar el estupendo proyecto colectivo “Ah Carbón”, convocado por la Coordinación de Artes Visuales del Icocult, en su galería principal. El pintor Toño Herrera, titular de la misma, se dio a la tarea de convocar a artistas de diversas tendencias y generaciones para plasmar su quehacer y visión en las paredes de ese extenso espacio con la técnica del carboncillo. Un concepto valioso en muchos sentidos. Primero: lo efímero que desacraliza con su levedad un espacio reservado y solemne. El poder del dibujo construyendo un discurso polivalente y multirreferencial.
El gran artista Jorge Chuey ha definido la técnica como “sacar a pasear una línea”. La pureza de este inquieto trazo atravesando las paredes de la galería más importante del estado para plantear discursos que se complementan y se contradicen.

Procesos


Un acierto más de este interesante experimento es el de conjugar miradas disímbolas a partir de una misma técnica para distintas “escuelas” o abordajes generacionales: participan desde una Blanca Sotelo, referente indiscutible en la academia de la plástica coahuilense, lo contemporáneo y las vanguardias en Alejandro Cerecero, el oficio decantado de un Otilio Peña, el estilo inigualable de un Armando Meza, artistas consolidados como Ignacio Valdez, los recién incorporados a la localidad Zenén Vizcaíno y Antonio Fernández Luna, o emergentes talentos jóvenes como Adalberto Montes, Vinicio Fabila, Carlos Vielma y María Alfaro. Quizá es la primera vez que conviven en una exposición gran parte de las tendencias de lo mejor del arte coahuilense. Curiosamente, lo que se muestra en esta colectiva no son piezas acabadas, sino lo procesos. Pocas veces le es dado al público invadir el espacio vital del artista, y apreciar sus avances y retrocesos, sus dudas, sus requiebros. La construcción misma de una obra y, sobre todo, el poder que subyace en el esqueleto de una idea desnuda.

Obra negra

Aunque concebida para estar terminada en la primera semana de marzo, respetando los ritmos propios de cada autor, acérquese a la galería del Icocult a presenciar de cerca esta polifonía del dibujo: inquietantes rostros que emergen desde los muros como desprendidos de una pesadilla. Experimentos que remiten al desenfado del esténcil o al muralismo tradicional. Críticas políticas y sociales, viajes autorreferenciales o exploraciones en torno a lo abstracto y la geometría; un extremo ejercicio de humildad; propuestas todas fundidas a una certeza única e ineludible: afanes humanos —creativos o morales, emocionales o cerebrales, filosóficos o mercantiles— afanes todos hechos de polvo, espirales de ceniza, obras y acciones en el pálido lienzo del tiempo; gestos tan efímeros como un aleteo, animosos trabajos que temprano o tarde borrará el viento.

Bardo de las bardas

“Quiero dibujar tu forma para encontrar mi forma en ti”.


Mahmud Darwish

27 Febrero 2011 05:00:43
Descalzos al paraíso
Un día como hoy, hace poco más de un siglo nació en California el escritor John Steinbeck.

Identificado desde su infancia con las problemáticas sociales de su tiempo, el quehacer de este ganador de los premios Pulitzer y Nobel inspiró obras del mejor cine del siglo pasado y también sin quererlo, a distintas generaciones de creadores y géneros musicales .

Causas y azares

Huérfano de padre y madre, sus tempranos reportajes sobre la vida y las penurias de los trabajadores indocumentados irían conformando la que con los años sería su obra esencial: “Las Uvas de la Ira”, libro que por su crítica a las costumbres laborales americanas llegó a ser prohibido en algunas ciudades de California.

Steinbeck llegó al cine por caminos azarosos en un país que no era el suyo.

Por esos años, en México, la productora Clasa Films había contratado al escritor venezolano Rómulo Gallegos para que adaptara su propia novela “Doña Bárbara”, en 1943. Entonces, Águila Films, su contraparte, se arriesgó a coproducir con la RKO, de Hollywood. Así, su historia sobre un humilde pescador que al encontrar una valiosa perla atrae para sí las desgracias, se convirtió en la punta de lanza para la internacionalización del cine mexicano.

Dulces nombres

Años atrás, después de haberla conocido como co protagonista de “Lo que el Viento se Llevó”, Emilio “El Indio” Fernández quedó prendado de la actriz norteamericana Olivia de Havilland. Entonces, hizo hasta lo imposible para convencer a los productores de que su musa protagonizara el drama campirano escrito por Steinbeck. Fotografiada por Gabriel Figueroa y encarnada finalmente por Pedro Armendáriz y María Elena Marqués, la película se convirtió en un rotundo éxito internacional. Para muchos, “La Perla” sigue siendo considerada uno de los mejores relatos del californiano.

Por otro lado, los planes de “El Indio” para su amor imposible nunca se cristalizaron. La actriz americana nunca supo de la fijación del polémico cineasta, mucho menos que gracias a sus tenaces gestiones ante el Ayuntamiento de la ciudad, la calle donde Fernández vivió y murió en Coyoacán fue rebautizada como “Dulce Olivia” en su honor, nombre que conserva hasta la actualidad.

Ecos

Así llegó Steinbeck al cine. Tuvo el lujo de trabajar con dos de los grandes directores norteamericanos de todos los tiempos: John Ford, que adaptó “Las Uvas de la Ira”, y Elia Kazan, que en “Al Este del Edén” erigió el mito de James Dean. Con el director de origen turco trabajaría también el guión de “Viva Zapata”, donde Marlon Brando y Anthony Quinn personificaron al malogrado caudillo del sur y su hermano Eufemio.

Steinbeck, que siempre se definió a sí mismo como “un cerdo atado a la tierra, pero aspirando a volar” fue reconocido por el Premio Nobel de Literatura en 1962. Moriría seis años después en Nueva York, dejando resonancias de su arte no sólo en las letras y el cine, sino en la música: la misma noche en que vio la película de Ford, Woody Guthrie, el legendario padre del folk americano, a quien el primer Dylan le debe demasiado, compuso una de sus mejores piezas, en homenaje al protagonista de “Las Uvas de la Ira”: “La Balada de Tom Joad”. Ese eco llegó hasta Bruce Springsteen, quien ya en la bisagra del segundo milenio compuso “El Fantasma de Tom Joad”, popularizada luego en la versión del grupo de rap metal Rage Against The Machine.

Bardo de las bardas

“De todos los animales de la creación, el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir”.

John Steinbeck
20 Febrero 2011 04:00:28
Apóstoles y bandidos
La relación de la literatura con el género western en nuestro país fue un amasiato fructífero e insospechado. Tres cintas mexicanas marcaron con su poderío y su rareza la década de los 60, para no ser superadas jamás por sus sucesoras.

Un crepúsculo en el sombrero

Esta es la historia de un hombre que se entrenó como escritor haciendo guiones para cine.

Ricardo Garibay pensaba que ese ingrato oficio lo dotaría de la disciplina para afinar su escritura y con el paso del tiempo volverse un dialoguista implacable. Con una redomada confianza en su oído, llegó hasta él la historia de una dinastía de jóvenes asesinos que a principios del siglo pasado habían sido educados como pistoleros por su madre para vengar el asesinato de su esposo. La historia pertenecía al norte. Luego escuchó otra igual, pero transcurría en Veracruz. Muchas versiones de un mismo drama. Niños capaces de colocar 11 balas en la frente de un hombre. Así nació la idea para la película “Los Hermanos Del Hierro”, con guión del autor hidalguense.

ALAS Y BALAS

Protagonizada por Antonio Aguilar y Julio Alemán, y bajo la dirección de Ismael Rodríguez, la cinta fue planteada como un “anti western” y se enfocó en el estudio psicológico de Martín y Reinaldo del Hierro, encarnaciones, en propias palabras del autor, de “la alegría, la crueldad inocente y la melancolía. La melancolía es la pasión más secreta que hay en el alma del hombre”. La película fue presentada en el Primer Concurso de Cine Experimental de 1964, que ganaría la cinta “La Fórmula Secreta” o “Coca Cola en la Sangre” del one hit wonder Rubén Gámez, con guión de Juan Rulfo. Éste es el extrañísimo caso de una historia que primero fue película y luego libro. Melindroso como era, Garibay trabajó la novela durante décadas para ser publicada en 1983 como “Par de Reyes”. Tres años antes, también para Ismael Rodríguez, había facturado el guión de “Ánimas Trujano”, protagonizada por el gran Toshiro Mifune, actor fetiche de Kurosawa, otro artesano del western.

EL REVÓLVER DE SÓFOCLES

Hecha en 1965, “Tiempo de Morir” fue la ópera prima de un jovencísimo Arturo Ripstein y contó en clave de tragedia griega la historia de Juan Sáyago (Jorge Martínez de Hoyos), un hombre que vuelve de la cárcel buscando a Marina Sampedro (Marga López), el amor de su vida, sin saber que los hijos de su extinto rival han crecido esperando para asesinarle. Es como si la historia de “Los Hermanos del Hierro” se contara desde el otro lado: desde la vida del asesino redimido y acechado. El guión es de Gabriel García Márquez. Carlos Fuentes le ayudó. García Márquez y Garibay lograron sin saberlo un extraño juego de espejos a partir de una misma historia, con el cine como pretexto. Curiosidades o déjà vu: aparece de extra un gatillero culpable de muchas deshonras: el polémico crítico cinematográfico Emilio García Riera.
Desde hace un par de años, el famoso cineasta colombiano Rodrigo García, aclamado director de algunos capítulos de “Six Feet Under” y “The Sopranos”, hijo de Gabo para más señas, planea el remake de la cinta.

LA PRÉDICA SUBTERRÁNEA

Alumno bastardo de Buñuel y Fellini, Alejandro Jodorowsky utilizó el género para cerrar la década con una cinta plena de blasfemia y alegorías. Un western-gore-espiritualista que fue aclamado mundialmente. El chileno compuso además una música memorable, como telón sonoro para la historia de un personaje que a través de una larga cadena de asesinatos arma un viaje iniciático para ir tras los siete maestros del conocimiento infinito, a los cuales debe liquidar ayudado con su revólver, su voluntad impecable y filosofía zen. Dicen que el karateca norteamericano Chuck Norris hizo casting, pero no pasó la prueba del plomo. Dos años después, en “The Way of the Dragon”, el felino filósofo Bruce Lee machacaría el perfil del siete veces campeón mundial en pleno Coliseo Romano.

BARDO DE LAS BARDAS

“El hombre de la llanura siempre ha sido bárbaro, frontal, sí, inmisericorde, porque expone tanto como da y el hombre de la selva se esconde siempre, se embosca, se emboza siempre... Para narrar ‘Los hermanos Del Hierro’ escogí el norte por la barbarie y por la inocencia”.

Ricardo Garibay
13 Febrero 2011 04:00:41
Soledad y sol
El western fue ante todo una mitología, un paisaje espiritual y geográfico: una concepción del mundo. Es opinión unánime su deceso hace mucho tiempo. Aunque muy de vez en cuando, algún terco genio desentierra los irredentos huesos para lanzarlos una vez más a conquistar el horizonte.

Una red de agujeros

El gran escritor mexicano Javier García-Galiano ha afirmado que el western era entre los géneros cinematográficos el más minimalista: bastaba un caballo, un atardecer, un ajado sombrero, un callejón de tierra, un sórdido salón y un hombre al límite de sí mismo para narrar bien una historia. Era poderoso en el sentido de decir mucho con muy poco. Pero más que eso, su valor era la recreación de un paisaje: el viento y el sol sobre las colinas, el clima como un cincel sobre el rostro y las almas de los hombres. Los mejores westerns fueron siempre una épica intimista y una narrativa del espacio. Todo hablaba de la intemperie.

Un mismo río

Rico en historias y tramas, también fue un diálogo a través del tiempo. El más autorreferencial de los géneros. Kurosawa clonando la mirada occidental de John Ford para “Los Siete Samuráis” (con su plano inicial como declaración de principios: una extensísima llanura que, bajo el presagio de un amenazador cielo nublado, es cruzada por unos jinetes cuya silueta se recorta contra el horizonte); John Sturges homenajeando al japonés con “Los Siete Magníficos”. Kurosawa replicando con “Yojimbo”, para ser casi calcado al detalle por Sergio Leone en “Por un Puñado de Dólares”, quien reinventó su estética a través de novedosos recursos de edición y música incidental: látigos y campanas, armónicas disueltas en la lejanía; instrumentaciones que ilustraban emociones, intenciones, pensamientos. El director italiano planificaba sus encuadres de acuerdo con la música previamente escrita por el maestro Ennio Morricone. Asimismo, el género resignificó al villano cinematográfico. Le dio matices; lo volvió humano. Fue territorio fértil para malvados inolvidables: un maquiavélico Lee Van Cleeff, o un pintoresco “Indio” Fernández como el General Mapache en “La Pandilla Salvaje”, la obra cumbre de Sam Peckinpah filmada en Parras, Coahuila.

Héroes convocados

Todos los protagonistas del género fueron hombres maltrechos, desde el melancólico Gary Cooper en “High Noon” hasta el rabioso Clint Eastwood de los “Spaghetti Western”. Todo hablaba de soledad. Es cierto que las películas de vaqueros ya no son una industria -“Se fue John Wayne y el pueblo es un fantasma”, lamenta burlón Jaime López- pero es un género que sigue vivo con “Unforgiven”(1992) de un Eastwood en su mejor momento. Mantuvo el respiro con la hiperviolenta “La Propuesta” (2005) situada en Australia y escrita por el gran músico Nick Cave, y se irguió y echó a andar con la maravillosa “El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford” (2007). Ahora, cabalga de nuevo con la artesanal, humorística y amarga visión de los hermanos Coen en “Valor de Ley”. Curiosidades del género: la cinta está basada directamente de la novela de Charles Portis que inspirara la primera versión para cine y diera el único Óscar al legendario John Wayne, en 1969. Lo autorreferencial: Josh Brolin, quien personifica al torpe y desalmado villano Tom Chaney en esta versión, recién encarnó al confundido protagonista de “No es País para Viejos” y a Jonah Hex, el desfigurado jinete extraído de los cómics, personaje que al igual que esta película con sus antecesoras, resume su poder y su valor –su sobrevivencia– en su don para dialogar con los muertos.

Bardo de las bardas

”Llegamos hasta aquí, no lo arruinemos pensando”.

Clint Eastwood
06 Febrero 2011 04:00:56
El fabricante de máscaras
Titiritero, dramaturgo, director de cine, escritor, guionista de cómics, terapeuta, tarotólogo. Para unos atinado gurú; para otros, redomado farsante: el polifacético chileno francés arriba mañana a su octava década.

Dios Pan

De origen judeo ruso, como él mismo cuenta en su autobiografía imaginaria “La Danza de la Realidad”, Alejandro Jodorowsky tuvo que reinventarse al quemar todas sus fotografías y huir muy joven a París, donde sus tempranos happenings y su acercamiento a las artes escénicas lo llevaron a la compañía de Marcel Marceau –afirma ser autor de la famosísima rutina “El Fabricante de Máscaras”– y a fundar el “Grupo Pánico” junto al dibujante francés Roland Topor y el dramaturgo español Fernando Arrabal, quien definió el espíritu de este movimiento como “La crítica de la razón pura, la explosión de pan (todo) el respeto irrespetuoso al dios Pan, el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar”. No fueron los primeros: antes que ellos, Juan José Arreola había fundado con Rulfo y el recién fallecido Antonio Alatorre, en los 40, una revista llamada “Pan”. Y mucho atrás, el galés Arthur Machen tituló a uno de sus mejores libros “El Gran Dios Pan”.

En México

A finales de los 60, y ya en nuestro país, discípulo de personajes como el filósofo zen Ejo Takata y el psicólogo alemán Erich Fromm (fundador de la rama siconanalítica en la UNAM) se daría a la tarea de conmocionar a la sociedad de su tiempo con obras y películas como “Fando y Lis”, “El Topo” (que entusiasmó tanto a John Lennon, que terminó participando en la producción) “La Montaña Sagrada” y “Santa Sangre”. El cúlmen de su provocación llegó cuando se atrevió a romper un piano a hachazos en cadena nacional. El escándalo dio pie a que funcionarios de la Secretaría de Gobernación lo tacharan de “indeseable” expulsándolo del país. Para Alejandro Jodorowsky cada crisis trajo una oportunidad. Ese exilio lo devolvió a la literatura y al tarot. Empezó a escribir guiones para cómics que le dieron de comer durante muchos años, luego de sonados fracasos como el haber sido separado de la dirección de “Dune”, el clásico de Frank Herbert que había concebido filmar de la mano de Orson Welles, Salvador Dalí, H. R. Giger, con música de Pink Floyd, y que finalmente terminaría rodando en las afueras de Durango el afamado director David Lynch.

El hombre elástico

Más allá de su desmesurado ego, Jodorowsky recuperó para nuestro tiempo la idea del artista integral, del hombre multifacético, además de la idea del arte como parte esencial de la vida diaria y herramienta de auto curación. Fundió y confundió el saber antiguo con dosis atrevidas de ciencia sicoanalítica, sincretismo posmoderno y humor. Hombre de claroscuros, fue cercano a gigantes como Nicanor Parra, André Breton o George Harrison, pero odiado visceralmente también por otros, como “El Indio” Fernandez, quien insultado por imágenes de su cinta “Fando y Lis” intentó asesinarlo durante un festival de cine. Descrito como tiránico, manipulador, mentiroso, genio, santo o mercader; muchos de los escenarios de su fallida producción de “Dune” terminaron reciclándose para sagas como “Star Wars” o “Alien”. Incansable hombre de proyectos y perdidos los derechos de su cinta “El Topo”, planea a la brevedad una secuela llamada “Abelcaín”, protagonizada por Marilyn Manson.
Héroe de nuestro tiempo y visionario en el uso de las nuevas tecnologías para la difusión de su pensamiento, es indudablemente uno de los personajes esenciales de la cultura del siglo 20, multifacético, contradictorio, en una de las vertientes de su psicomagia lo ha dicho; los nombres encierran un destino, y el suyo esconde su propia desmesura: Ojo de oro.

Bardo de las bardas

“Un filósofo que no podía caminar porque pisaba su barba, se cortó los pies”.
Alejandro Jodorowsky
30 Enero 2011 04:00:57
Lord Byron: diez postales
Personaje de sí mismo, precursor del arquetipo del artista extravagante y del antihéroe, fue el modelo literario a seguir de personajes tan dispares como Dumas, Allan Poe, Bécquer o Víctor Hugo. Ya casi nadie lee a Byron, el supremo rebelde, el enamorado de la belleza, el ostentoso, el autodestructivo.

1.
El hijo del capitán John Byron llegando al mundo un 22 de enero con una deformidad en el pie derecho. Un self-made man que a través de los años refinaría sus modales para exaltar su cojera, volviéndola parte de una personalidad excéntrica y distinguida.

2.
El niño de 9 años perdiendo la inocencia en brazos de una joven institutriz escocesa, una devota calvinista que lo inició en las revelaciones de la carne y la fe. Con los años, la recordaría como su primer gran amor, su guía primigenia hacia el sentimiento de la melancolía.

3.
El viajero del siglo 17, a través de España, Portugal, Albania, Turquía, Grecia... Un joven cojo cruzando el Helesponto a nado. Un arqueólogo lírico buscando las ruinas de Troya. Un ser con ansias del mundo, explorando su sexualidad tanto con hombres como con mujeres.

4.
El estudiante de Cambridge amante de los animales, con un pequeño oso como mascota. Adoptando también monos, un águila, un halcón, un tejón, una grulla egipcia y una garza. El que en la tumba de su perro escribió:

“Aquí reposan / los restos de una criatura / que fue bella sin vanidad / fuerte sin insolencia / valiente sin ferocidad / y tuvo todas las virtudes del hombre / y ninguno de sus defectos”.

5. El escritor de 23 años desbancando en fama y éxito a Sir Walter Scott, el narrador más importante de Inglaterra hacia 1812, al vender en un solo día 10 mil ejemplares de su primer libro semiautobiográfico, un melancólico poema narrativo dividido en cuatro cantos: “Las Peregrinaciones de Childe Harold”.

6.
Ya vuelto el personaje enamorado de los disfraces, reconocido como un genio poético y redomado polígrafo, visitando Waterloo, un año después de la derrota de Napoleón. De esa época data el famoso cuadro realizado por Thomas Phillips, donde se hizo retratar con un atuendo tradicional albanés.

7. El amigo del poeta Percy Shelley, en una mansión a orillas de un lago suizo, en una noche de relámpagos, retando a sus huéspedes a escribir la mejor historia de terror. Oscuro fruto de aquella noche, a partir de una pesadilla, Mary W. Shelley legaría a la posteridad “El moderno prometeo”, después conocida como “Frankenstein”.

8.
En Venecia, ufanándose de haber seducido a más de 250 mujeres, carteándose con Goethe, quien lo admiraba profundamente y lo llegó a describir como “el poeta del presente”.

9. Enfermo de epilepsia en Grecia, negándose a ser atendido por los médicos, a quienes gritaba: “asesinos”. Ácido y cruel, muchos siglos después los especialistas atribuirían sus sorprendentes capacidades y su inadaptabilidad a un trastorno bipolar. Muerto a los 36 años.

10. Un monumento sin sus restos –a causa de su dudosa moralidad– inaugurado el año de la separación de los Beatles en la Abadía de Westminster. Siglos atrás, Goethe lo había despedido de otra manera: “Descansa en paz, amigo mío; tu corazón y tu vida han sido grandes y hermosos”.

Bardo de las bardas

“Sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo”.

Lord Byron
23 Enero 2011 04:00:09
Cultura y silencio
Crecí leyendo los periódicos que me quedaban sin vender. Noticias de crisis recurrentes. Políticos riendo. Carteles donde rumberas de sedosas curvas convivían con marcianos de hule espuma y enmascarados que achicharraban a las momias con lanzallamas de juguete. También los clásicos ilustrados que editaba Editorial Novaro.

Viejos tiempos

Entre la necedad y la necesidad se gestó una compulsión. Pero en mis tiempos, (tiempos de presidencialismo mental y fútbol, de Raúl Velasco y Festival OTI) no había publicaciones hechas por jóvenes. Tampoco todo era malo; había muchas huertas. Tuvieron que pasar muchos años, cuando al fin pude vivir de lo que escribía y le dije adiós para siempre a los talleres, (de enderezado y mecánicos, no literarios) así viví la fortuna de ser partícipe de entrañables proyectos que le dieron voz a nuestras obsesiones y a nuestro legítimo derecho a expresarnos. Proyectos donde publicaron todos, hasta los que se decían nuestros enemigos. Ahora veo que fuimos muy ingenuos, pero ya vislumbrábamos que había que abolir tanta solemnidad y tanta presunción.

Lo invisible

Años después, junto a Víctor Palomo y Martín Molina iniciamos otro proyecto, “La Linterna Mágica”, publicación independiente que llegó a tirar mil ejemplares por mes y se repartía gratuitamente. Empezamos a darnos cuenta que entre la diagramación y la impresión las ideas y las tendencias envejecían; que corrían tiempos feroces, donde ya todo era de pronto viejo apenas se enunciaba. Queríamos escribir, publicar, conversar, conocer a más gente con las mismas inquietudes. Compartir el pasmo, o la ira, o la duda. De las cenizas de aquella lámpara aporreada surgió “Azimuth”, un experimento maravilloso por la cantidad de visiones que integró; había ingenieros hablando de políticas laborales o de jazz, locutores de poesía, poetas reseñando, caricaturistas, fotógrafos, grabadores, hombres de la calle.

Un punto en el cielo

Con “Azimuth” descubrimos asombrados que había una urgente necesidad de espacios de expresión. Muchos jóvenes nos escribían y se empezaron a integrar. Entendimos que se podía trabajar a un lado de las instituciones; que la diversidad nos enriquecía. Volteo hacia atrás y veo con orgullo que “Azimuth” no nos salía nada mal. Pero ahora miro alrededor y todo arde. Crear es jugar. Y Umberto Eco nos repite en “El Nombre de la Rosa” que según Aristóteles, la risa es un arma. Un arma cargada de futuro. Miro a estos jóvenes y lo confirmo. Miro hacia adelante, y alrededor de mí, y mientras salgo de la juventud por una puerta lateral, de esas que dicen con luz roja “salida de emergencia”, y me miro rodeado de más juventud (quién sabe de dónde salen tantos) cada vez más impetuosos, más llenos de talento y de preguntas; más llenos de agallas, y me retiro contento, al verlos felices, plenos, como en aquel poema de Jaime Gil, dispuestos a “llevarse la vida por delante…”

Respirar

Es entonces cuando entiendo que la cultura es la que hace la gente. Cultura: Cultivo. Los afanes de los creadores y de los consumidores. Procesos todos que gracias a Dios casi siempre están más allá y por encima de las disposiciones tan contraproducentes, absurdas y politiqueras como la del “silencio electoral” que supuestamente obliga a las ciertas instituciones gubernamentales a dejar de difundir sus eventos, incluso a suspenderlos, dizque con el afán de no “politizar” la cultura.
Sin embargo, la vida, es decir, la cultura, sigue. Ni modo que después surja una ley para que el pintor suelte el pincel, el escritor no escriba, el actor no actúe, la bailarina se quede inmóvil y se sienten todos, juntos y quietecitos, a contemplar los maravillosos, originalísimos y cívicos spots para televisión que pretenden invitarnos al supremo ejercicio de la democracia.

Bardo de las bardas

”El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”.

Ambrose Bierce
16 Enero 2011 05:00:28
La balada del vampiro
Este 2011 conmemora un siglo el amargo pensador de origen rumano Emil Michel Cioran, quien rumió en francés al mundo su amarga visión sobre la futilidad y la sinrazón de casi todas las empresas humanas.

Vampyr

Nacido en un pueblo de la región transilvana e influenciado indudablemente por la dura mirada de los filósofos alemanes Federico Nietzsche y Arthur Schopenhauer, Cioran conocería en la Universidad de Bucarest a personajes que fueron fundamentales en su formación, como el padre del teatro del absurdo Eugene Ionesco y el estudioso de la historia de los mitos Mircea Eliade. Fue en esa época cuando tuvo sus coqueteos con las tendencias fascistas y los grupos de derecha, hechos de los que no se cansaría de arrepentirse en su madurez.
Y aunque nunca se propuso ser un filósofo formal, abordó en sus obras la cara negra de la existencia humana: reflexionó sobre el imperio del absurdo, la inevitable decadencia, la presunta validez de la historia, los mecanismos del aburrimiento, o los sutiles resortes de la soledad, convirtiéndose en uno de los pensadores más pesimistas de todos los tiempos

La razón como enfermedad

Cioran utilizó su afilada lucidez para desgarrar y cuestionar todas y cada una de las supuestas conquistas del espíritu y del desarrollo humano. Bautizado por sus críticos como un filósofo “lírico” o “sin sistema”, nadie fue mejor para refutarlo que él mismo, quien llegó a establecer agudos razonamientos andamiados en un puñado de premisas contradictorias. Curiosamente, uno de los personajes más opuestos en el espectro de su pesimismo, fue el filósofo peninsular Fernando Savater, uno de sus primeros traductores al español. Como un Diógenes moderno, el rumano fue un intenso agitador intelectual, ávido siempre de la polémica y la discusión, amparado en la espinosa doctrina de su cinismo.

Los abismos cotidianos

La sensación de vacío y sinsentido que cifró toda su vida, se vio aligerada por el oficio de escribir. Sin embargo, y a pesar de su amargura, su obra parece animada por una nerviosa energía que quiso agotarse en infinidad de temas. Como una enciclopedia hundida en vinagre o un diálogo a latigazos. Armado con aforismos como dardos envenenados, se jactó alguna vez de que sus libros estaban hechos para “hacer despertar” ¿Pero a qué? ¿A quiénes?
Crítico acérrimo de la cultura occidental clásica, su pensamiento y su discurso siempre prefirieron ser fragmentarios, discontinuos, contradictorios… de ahí quizá su predilección por comunicarse a través de las compactas y punzantes púas del aforismo.
Nihilista amargo e irónico, se dio permiso para amar la música –Bach sobre todo– y mostrar su admiración por autores como Mallarmé o Jorge Luis Borges, a quien dedicó uno de sus postreros ensayos “El Último Delicado”, donde realiza un abordaje filosófico del argentino a través de un inusitado sentido del humor.
Rabioso agnóstico, aunque toda la vida reflexionó y bravuconeó en torno a la idea del suicidio como una posibilidad legítima y deseable, a la larga, su prolongada existencia acabó por desdecirlo: vivió y murió hasta los 84 años.

Bardo de las bardas

”Cada ser es un himno destruido”.
Emil Michel Cioran
09 Enero 2011 04:00:18
El patriota y el hereje
El 10 de enero, hace exactamente medio siglo, murió Samuel Dashiell Hammett, hombre polifacético y padre de la novela negra mode

La balada del hombre delgado

Frecuentemente confundido con su nombre de pila, el apellido Dashiell es una contracción americana del francés De Chiel. Antes de convertirse en un autor famosamente tardío, su vida se nutrió de diversas peripecias laborales, como encarnar el sueño infantil de ser un agente de la famosa Agencia de Detectives Pinkerton. Fueron esos años los que nutrieron sus arquetipos literarios, que luego se filtrarían al cine: los claroscuros del héroe ligeramente corrupto, la peligrosa y sensual dama en apuros, las encomiendas extravagantes a investigar. Como una deformación profesional, igual que B. Traven, el natal de Maryland fue hombre de muchos nombres: escribió bajo las identidades de Samuel Dashiell, Daghull Hammett, Mary Jane Hammett y Peter Collinson.

El poder y el deber

Pero muchos años antes de prefigurar al detective Sam Spade y la tortuosa trama de “El Halcón Maltés” –anclada para siempre en el inconsciente colectivo en el duro rostro de Humprey Bogart y la maestría cinematográfica de John Huston– o su exitosa “Cosecha Roja”, Hammett se alistaría como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Igual que su compatriota Hemingway, viviría los sobresaltos del azaroso servicio de ambulancias en el bando aliado. Los rebrotes de una tuberculosis contraída en la guerra y el alcohol debilitarían su salud para el resto de su vida. Luego de la conflagración, probó suerte en el mundo de la publicidad, antes de convertirse en detective y publicar su primer cuento, en 1922.

El ídolo negro

Un oficio cuentístico de una década ininterrumpida consolidó lo que redundaría en sus obras maestras: “Cosecha Roja”, de 1929, y “El Halcón Maltés”, de 1930; donde llevó más allá las tramas de la novela negra, presa de sus habituales y previsibles modelos para explorar a sus anchas en los equívocos de la ambición y los matices de la condición humana.
Pero si la literatura lo llevó por un camino de miel, su activismo político fue hacia un rastro de espinas: ferviente antifascista en la década de los 30 se afilió al Partido Comunista. Ello no le impidió presentarse como voluntario al ejército una vez más, en 1942. Enfermo y rechazado por su precaria salud, insistió para ser admitido con el rango de sargento en unas remotas islas del Pacífico, donde se dedicó a editar una publicación periódica dirigida a las tropas.

El bosque de piedra

Al regresar de la guerra, durante la cruzada Macartista contra la izquierda americana, su activismo se intensificó: escribió proclamas, reunió fondos para liberar a compañeros encarcelados y fue llamado a testificar. En 1951, a diferencia de muchos trabajadores de la industria cinematográfica que delataron las actividades “subversivas” de muchos compañeros del gremio –el caso más tristemente célebre fue el del gran director Elia Kazan– Hammett fue recluído en la cárcel durante casi un año por negarse a acusar a sus camaradas.
Y aunque al final de su vida fue constantemente investigado por una comisión del Congreso, perseguido, incluido en las listas negras que le negaban el trabajo, se mantuvo firme hasta la muerte.
Paradojas americanas: al morir en 1961 –en el cúlmen de la Guerra Fría– como veterano de dos guerras mundiales, el celebrado autor, ex guionista de Hollywood y comunista recalcitrante fue sepultado con honores en el cementerio militar de Arlington.

Bardo de las bardas

”No es tan sencillo decir la verdad, cuando se ha perdido la costumbre”.

Dashiell Hammet
02 Enero 2011 04:00:08
Los pasos del juglar
En un contexto de macrocifras y de proyectos de cultura institucionales muchas veces acertados, otras tantas deleznables; de discursos apoyados en el vacío del aire y escasos proyectos independientes suficientemente sólidos, ocurren de pronto pequeños milagros.

Lucha libre

Son proyectos que crecen contra la imposibilidad y desde la sombra. Obras que se nutren del sol diario, y van amasándose en pequeñas joyas de sobrevivencia; sencillas formas de resistir, como el enjuagar una gastada cuchara en un grifo que escupe aire. Igual que regar y salvar del polvo una maceta de geranios en el epicentro de la tolvanera nuestra de cada día.

Proyectos útiles y bellos. Obras auténticas hechas desde la entraña. Formas que gastan años en tomar su apariencia final. Casas erigidas en el aire. Amor que existe sólo en sus actos.

Ixtle y sol

Hablo de estos pequeños milagros y estoy hablando del disco “Crónicas”, del cantautor saltillense Arturo Marines. Un trabajo producido por Sergio “Timo” Quintana, uno de los músicos más sensibles y oficiosos de la región. Once canciones que nos platican una ciudad que de pronto existe y de pronto ya no es: Arturo recupera el trabajo autoral y el oficio de décadas –desde los lejanos 80, cuando lideraba el grupo Bola Cuadrada- y el tacto de los propios pies; el registro y el testimonio de cuando la idea de ciudad era sueño colectivo y no propiedad privada: la épica a contrapié de danzantes sordomudos y corredores epilépticos, de serenatas y entrañables personajes del barrio, leyendas de crímenes coloniales con resonancias góticas e indomables guerreros convertidos en montañas.

Ciudad Luz

Arturo, como un auténtico juglar, testigo, vago y poeta lírico, usando el tiempo como arteria, desenreda el hilo de historias y voces que se vuelven espirales. Campanas dialogando en el aire. Acequias que cuadriculaban con su canto este valle de cemento.
Y así, por encima de la telaraña de tantas naderías que nos cercan, pervive el testimonio de lo concreto: “Con mis ojos yo lo vi”, afirma el que documentó todo con sus ojos de jardinero, de mecánico o de chofer; el cronista que tejió la enredadera de sus días con el único capital de sus propias manos.
En la maraña de registros y timbres de este disco que es todo un documento, pervive un latido y un legado. La proclama de nuestro Diógenes urbano, don Adrián Rodríguez se pasea a través de las notas con sus claveles y su condena a los enanos mentales, sus tempranos happenings y sus eternos papeleos: su intemperie y su paraguas de palabras.

“Crónicas” es un logro del arte en estas tierras del semidesierto. Una planta cosechada al fuego de la amistad. Un canto de amor a un espacio geográfico y a su historia remota y reciente. Pero sobre todo, una hazaña de lo concreto: no las palabras grandilocuentes, ni las frases en letras doradas, no los sentimientos abstractos ni las placas inmóviles: un gran fresco en movimiento de la vida y las gestas de personajes pequeños. Parpadeo de breves luciérnagas en existencias frágiles y esquivas, palabras venidas de penumbras y zaguanes: décadas de procesiones y de soledades, de multitud y de orfandad, de alegrías agridulces y rostros expuestos a esa luz que desde el sol nos ilumina y nos ciega.

Bardo de las bardas

“Los pendejos no opinan”.

Adrián Rodríguez
26 Diciembre 2010 04:00:53
Hermosos y malditos
Este 21 de diciembre se cumplieron 70 años sin Francis Scott Fitzgerald, autor fundamental del siglo 20, y miembro de la Generación Perdida, un grupo de autores arrojados a crecer de golpe con el fin de la Bella Época y la irrupción de la primera guerra a escala mundial.

Ponte un sombrero dorado
Mucho más que el novelista americano del bullicioso tiempo del jazz y el derroche, el autor de “El Misterioso Caso de Benjamín Button” fue un hombre complejo y un cronista del desencanto latente detrás de la máscara del triunfalismo y la pujanza modernos. Más allá de sus ambientes, sus amores contrariados y sus personajes tan multimillonarios como excéntricos, el periodista cazando el ascenso social —en algún texto autobiográfico recuerda: “es lo que siempre fui: un joven pobre en una ciudad rica, un joven pobre en una escuela de ricos”- el eterno wanna be, habló sobre todo de la desilusión.

El dulce abismo
El futuro de Fitzgerald se signó en su encuentro con Zelda Sayre, derrochadora diva que lo espoleó para generar su precoz obra maestra: “A Este Lado del Paraíso”, libro que tuvo un gran éxito, llevándolos a la ilusión de la anhelada escalada social. De ahí en delante, se dedicaron a vivir más allá de sus posibilidades, en una vorágine de lujos, excesos, peleas, reconciliaciones y deslumbramiento. La verdadera tragedia de la pareja Fitzgerald fue quizá la desesperada atracción de dos almas gemelas en el punto de la colisión. Amantes que no supieron amarse. Y aunque el escritor quería ser un reputado novelista, nunca pudo generar los suficientes ingresos que le ayudaran a mantener su opulento estilo de vida.

Leyenda
Así, se dedicó a escribir historias cortas para las revistas más leídas de la época, además de vender al demonio de Hollywood el alma —los derechos— de su obra literaria: la primera versión —perdida— de “El Gran Gatsby” para cine data de 1926. En 1959 Gregory Peck personificó a Fitzgerald en su etapa final, en “Días sin Vida”. La última versión de “El Gran Gatsby” es de 1974, con Robert Redford como protagonista. En 1976, el Nobel Harold Pinter adaptó su novela inconclusa “The Love of the Last Tycoon”, para ser dirigida y rebautizada como “El Último Magnate” por el gran Elia Kazan y protagonizada por Robert De Niro.
Shigeru Miyamoto, creador de la popular serie de videojuegos “The Legend of Zelda” bautizó así su exitosa saga en un homenaje a la musa del escritor americano.

Barcos hundidos
Todo se acabó con la década de los 20. Después de publicar “Hermosos y Malditos” en 1922 y su cumbre “El Gran Gatsby” en 1925, viajó a Europa y arrancó su cuarta novela que tuvo que abandonar para hacerse cargo de la esquizofrenia de su mujer. En la miseria y la enfermedad terminó y publicó “Suave es la Noche”. El escritor y la diva fueron alejándose. Ella, en centros siquiátricos de ciudades lejanas. Él, alcoholizado, buscando tercamente la grandeza en Hollywood. Murió el 21 de diciembre de 1940 en su segundo ataque al corazón. Ella, 8 años después, durante un incendio en un manicomio de Carolina del Norte. Escrita en francés, la frase que signa la tumba de Fitzgerald y Zelda en Maryland, es también la última línea de su obra cumbre, “El Gran Gatsby”:
“Porque así es como vamos, los barcos que luchan contra una corriente que nos lleva de vuelta sin cesar hacia el pasado”.

Bardo de las bardas
”El dinero ha aniquilado más almas que el hierro cuerpos”.

Scott Fitzgerald
19 Diciembre 2010 04:00:02
Tres dimensiones. Dos discursos
El escritor inglés George Orwell sostenía que todo arte es propaganda. No parece una definición descabellada viniendo de la voz del padre de “El Gran Hermano”, un intelectual que defendió con su sangre la causa republicana en la Guerra Civil Española.

Sin embargo ¿Puede el producto artístico desbordar las propias implicaciones ideológicas del autor, o del entorno donde se gesta dicha obra?

Mirar: tocar

La pregunta se vuelve pertinente al tener en las manos el volumen que recopila la visión sobre la ciudad que propone el fotógrafo Germán Siller, editada por el Municipio de Saltillo y el Gobierno del Estado de Coahuila.

En su libro “Saltillo 3d”, Siller, respaldado con estudios de fotografía en Boston y un oficio de casi tres décadas en el fotoperiodismo, el retrato y ahora la fotografía arquitectónica, ofrece un producto novedoso, con un conjunto de imágenes concebidas para apreciarse con un efecto de tercera dimensión por medio de anaglifos —imágenes en dos dimensiones con un efecto de solidez a través de filtros especiales— profundizando en la aspiración de lo táctil buscada muchas veces por la técnica.

Cazar, colectar

Lo más relevante de la fotografía como medio es su carácter indicial. Un documento que ofrece indicios: huellas. El mito sobre el nacimiento de la pintura, a través del relato de Plinio el Viejo nos lo recuerda: la sombra, la silueta que sirve a la hija del alfarero Butades como manera de preservar de manera muy precaria la imagen ante la inminente pérdida del ser amado. Esta necesidad de registro y preservación se completó siglos después con la invención de la fotografía.

La foto siempre ha sido una forma de alquimia. Un hecho anómalo. Piénsese en un objeto que no tiene un valor en sí mismo, si no por la imagen que ofrece hacia dentro de sus contornos. Una suerte de ventana mágica. Un recuerdo portátil. En ese sentido, la fotografía siempre ha tenido una intención de engañar, de sorprender; es decir, de maravillar. De comunicar la percepción del autor, pero también sus sensaciones, su emoción, su construcción mental. Esta vez la intención se potencía. Las imágenes no sólo pueden ver. Los planos se desplazan. Los volúmenes se confunden. Las texturas flotan en al aire. Los espacios de la ciudad se pueden tocar. Todos conocemos la anécdota citada por Frazer en “La Rama Dorada”: nativos que se resisten a ser retratados por temor a perder el alma. A pesar de sus implicaciones tecnológicas, la fotografía sigue siendo un dispositivo mágico: Germán Siller captura el alma de la ciudad.

Imagen e idea

La profundidad de este proyecto no culmina en sus innovaciones técnicas. Más allá de los magistrales encuadres, las miradas novedosas, el ritmo de las formas y la adecuada medición de la luz, subyace una marcada intención de proyectar una idea particular de ciudad. Están los barrios y las iglesias, la faz pétrea de los héroes, pero también los puentes y los museos. Muchos museos. Un registro del registro. El latido de los mercados y la penumbra geométrica de los institutos. Centros de gobierno, es decir, centros de poder. Vistas aéreas y cúpulas y escalinatas. Los bustos de los próceres. Se filtra una visión oficial de la ciudad. Se extraña la presencia humana, pero pervive su huella. El latido anónimo que transita y erige los ángulos, las perspectivas que se pierden en las brumas de la historia y de la lejanía. Las vidas que en su azar y su asombro dibujan el trazo del laberinto.

Las imágenes son activos importantes en la construcción de un aparato ideológico: pienso en la cineasta alemana Leni Riefenstahl y su mirada sobre Berlín. En Robert Capa y su foto del miliciano Federico Borrel, en la efigie del Che vía Alberto Korda, en la Norteamérica negra de Gordon Parks: imágenes todas vueltas símbolo. Miro las fotos de mi ciudad hechas por Germán Siller y sostengo que se supera el reto: el arte rebasa a las ideas. Más allá de una intención mitificadora, surge la mirada de un hombre sensible, el oficio de un profesional: el alquimista que mide en una balanza invisible el filo de los ángulos y la espuma de los follajes, el que sabe dibujar con luz, pero también dibuja con sombra.

Bardo de las bardas

”Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”.

Henri Cartier-Bressos
12 Diciembre 2010 04:00:43
El mejor pintor de Saltillo
Últimamente he escuchado dicha aseveración para referirse a la obra del artista saltillense Gerardo Rodríguez Canales, quien firmando como Geroca ha mantenido una presencia indiscutible a través de sus cartones periodísticos e innumerables exposiciones.

Este texto no pretende ser una elegía. Tampoco una denostación, más bien un punto de partida para una discusión más amplia.

Cosa rara

El de Geroca es un caso radical: en el año que termina, fue el único artista saltillense sujeto de dos publicaciones que recopilan parte de su obra; una, por parte de la UANL, donde críticos, amigos e intelectuales se rinden ante su peculiar visión de la ciudad. Meses después, la editorial saltillense Cerdo de Babel –donde expone actualmente – realizó un estupendo volumen titulado “Marranos”.

El legado plástico del pintor peatón que trabaja como pocos –pinta a diario- cimentado en una aguda observación, un grito que se convierte en caricatura, a medio camino entre la línea de la gráfica y la mancha de la pintura, me recuerda al poderoso y equívoco trazo del austriaco Egon Schiele, y en esa mancha que difumina los objetos, las perspectivas torcidas, y los planos inverosímiles, a los dibujos pornográficos del pintor alemán George Grosz. En la ciudad de ayer o de hoy pintada por este artista hay un registro que se vuelve una suerte de oralidad. Como un testigo que atravesara las calles del Apocalipsis y lo mirara y lo contara todo en una confesión pública, una ristra de anécdotas frente a frías lámparas de líquido ámbar.

Plurinominales

El extinto músico argentino Juan Dalera, también artista plástico, dijo que son las propias deficiencias técnicas del autor las que generan un estilo. Eso es lo que ha construido Geroca. Y en un medio de carreras abandonadas a la mitad o de vidas dormidas en sus marchitos laureles, eso no es cualquier cosa. Sin embargo, de eso a decir que se trata del mejor pintor de la ciudad, existe un gran trecho. Me parece una aseveración aventurada, dichos que se van repitiendo y haciendo eco sin reflexión ni sustento. Explico a continuación en qué sentido disiento de este juicio: si el arte contemporáneo es un fenómeno que tiene más de 40 años y aún le siguen llamando “contemporáneo”, y de pronto aglutina el land art, lo conceptual, lo minimalista, lo accional, lo inmaterial o lo posmoderno, tratar de definir categorías o jerarquías es imposible: lo que hay, en todo caso, es un concepto móvil, una serie de formas “alternativas” que constantemente se renuevan. Erigir primeros o segundos lugares es convertir el mundo de la plástica en un top ten, en un remedo de los candidatos plurinominales o del concurso Nuestra Belleza.

Me gusta Geroca, pero no caeré en el autoritarismo de Siqueiros, cuando envalentonado en la ola del muralismo oficialista, bramó aquello de “No hay más ruta que la nuestra”.

Lo informe

El problema es mucho más amplio y más profundo. La clasificación (la jerarquización) es imposible, cuando hay artistas preocupados sólo de La Obra o de la Conexión con un contexto o una serie de referencias: el discurso, la acción, la situación y el sentido. Además de la horda de jóvenes que con todo derecho y talento han reclamado los espacios en los últimos años, ahí sigue la pericia hiperrealista de Alejandro Garcés y del exiliado en Texas, Héctor Marines; del abstracto y cosmopolita Álvaro Orta (único artista coahuilense en ser reseñado por la revista “Art News”), del telúrico Horacio Rosas, de la persistencia y las reinterpretaciones intelectuales de Alejandro Cerecero, o la disciplina del joven Daniel Alcalá –hasta donde sé, el único artista plástico de la región miembro del Sistema Nacional de Creadores. Es por lo anterior que los juicios absolutos me parecen riesgosos: ni todos los egresados de la educación formal son artistas mediocres –como recién lo aseveró un reseñista local– ni lo marginal como eje temático o reducto existencial es valioso por si mismo.

Se sobrevalora la sordidez y se confunde con la verdad. De pronto el artista plástico promedio cayó en la trampa de muchos poetas: el paisaje vital de una ciudad es mucho más que sus cantinas, sus travestis, sus putas y sus policías.

La vida (y los motivos del arte también) están en otra parte.

Bardo de las bardas

“La belleza forma parte de la historia de la idealización, que es a su vez parte de la historia de la consolación. Pero la belleza no siempre consuela”.   
05 Diciembre 2010 04:00:34
La vanidad y el horror
¿Cuáles son las preocupaciones temáticas de los artistas plásticos de la región?

Un respuesta panorámica a esta pregunta es la muestra con los trabajos ganadores y seleccionados de la Primera Bienal Regional de Pintura y Grabado “Ángel Zárraga”, albergada actualmente en la

Galería del Icocult.

Sentencia

Ya se había comentado en este espacio la avasalladora presencia de creadores coahuilenses en este premio que convocó además a artistas de Chihuahua, Durango y Nuevo León. Sin embargo, una observación acuciosa de la muestra nos ofrece material para una reflexión más amplia: para comenzar, cito el trabajo de los ganadores de ambas categorías.

En pintura, Baldomero Hernández, pintor nacido en Allende, Coahuila, pero avecindado en Nuevo León se alzó con el triunfo al presentar su tríptico “Registro Post Mortem”, en el cual realiza una revisitación postmoderna al olvidado género pictórico de las “vanitas”.

Vanitas es un término del latín que se traduce como “vanidad”, utilizado para designar un tipo específico de bodegón, de alto valor simbólico. Un género muy recurrido, sobre todo en la Holanda de la época barroca. Indudablemente, su concepción deriva del famoso pasaje bíblico del Eclesiastés: “vanidad de vanidades”, en el cual se proyecta la inutilidad de los afanes humanos frente al absoluto devenir de la muerte. Las vanitas buscaban denunciar la relatividad del conocimiento humano y el valor de las aspiraciones frente a la única certeza absoluta.

Un elemento constante a este género es el cráneo. Elemento que Baldomero Hernández recupera conteniendo una bolsa negra de basura para agudizar aún más la cruel sentencia del final.

Mirar dos veces

En grabado, el artista Jesús Soto Molina se alzó con el primer lugar con su estupenda pieza titulada “La toma de Torreón”, donde actualiza el episodio revolucionario encabezado por Francisco Villa en un tratamiento humorístico, lúcido y tremendamente amargo. Y es a partir de estas dos piezas donde se demarcan los ejes temáticos de la muestra toda.

Lejos de regodearse en los derroches técnicos del hiperrealismo, los artistas no se agotan en lo autoreferencial, como muchas veces sucedió en los 90, sino que quitan los ojos de su ombligo para mirar hacia fuera. Y lo que ven allá afuera, no es para nada agradable.

Ex presidentes en blanco y negro convertidos en monstruos de película. Nubes atómicas. Ovejas que pastan apacibles entre minas antipersonales. Gigantes de caricatura que arrojan rayos por los ojos. Niños hombres armados hasta los dientes. Y uno de los cuadros más terribles y poderosos de la muestra: una fiesta infantil que nunca ocurrirá. Niños que gracias a la corrupción, la injusticia y la indolencia, jamás festejarán su cumpleaños.

Olvidar lo sagrado

Así, esta colectiva se convierte en una muestra indudable de que el arte regional, juguetona u oblicuamente se convierte en un reflejo fiel de su tiempo. Obras que no se contentan con “desacralizar”, pretenciosa divisa que agotó a tantos genios tempranos de las artes visuales y la literatura. Estos autores vuelven a lo clásico para ser modernos. Son artesanos rabiosamente políticos. Ciudadanos en una época de desencanto. Hombres que apuestan por el arte como un reflejo necesario para un tiempo de sombras.

Bardo de las bardas

”El arte es una mentira que nos acerca a la verdad.”   

Pablo Ruiz Picasso
28 Noviembre 2010 04:00:29
El gesticulador
Un 17 de noviembre de 1905 nació el dramaturgo, poeta y ensayista mexicano Rodolfo Usigli.

Considerado de manera unánime como el padre del teatro mexicano moderno, su vasta obra se ha ido disolviendo en el olvido de las nuevas generaciones.

Ser o no ser

Hijo de la astrohúngara Carlota Waimer y del italiano nacido en Argelia, Alberto Usigli, el futuro dramaturgo nació en la populosa calle de San Juan de Letrán, en una vecindad donde luego se habilitaría el famoso Cine Teresa.

Miope de nacimiento y huérfano temprano de padre, aprendió el idioma inglés de manera autodidacta: así pudo leer en su lengua a Shakespeare, George Bernard Shaw y T. S. Eliot. Representante de una apuesta radical por la formación, en alguna parte de sus memorias recordó haber leído “entre 1925 y 1931 un promedio de cuatro piezas diarias originales o traducidas del francés, además de Shakespeare y los clásicos griegos.” Disciplina que se antoja descabellada hoy que cualquiera se siente con las ínfulas para escribir sin conocer siquiera lo más básico del teatro universal.

Hacia un teatro de ideas

Desde joven, cuando quería ser novelista, se dispersó por las compañías y las puestas en escena. Ya como un autor maduro alcanzó a vislumbrar: “Vivimos en una época poco favorable al teatro porque es una época poco favorable al hombre.”
Usigli fue un reformador radical del arte dramático en el sentido de primero conocer, y luego sacudir sus anquilosadas formas.

En sus obras nunca se propuso poner palabras en los labios de sus personajes, sino ir más allá: insertar pensamientos. No cayó en la trampa de pensar por los personajes, sino de pensar en ellos. A través de sus obras –como Paz en sus ensayos– logró uno de los más profundos análisis del ser mexicano. Quizá esa agudeza provino de sus orígenes. Sólo así pudo mirar a México como si fuera y no fuera mexicano.

El novelista

Reconocido unánimemente como dramaturgo, con una obra poética cuasi olvidada, también fue narrador. Su novela “Ensayo de un Crimen”, llevada al cine luego por Luis Buñuel con Miroslava y Ernesto Alonso en los papeles estelares, es la primera novela urbana que logró reconstruir los espacios de la Ciudad de México.

El mismo año de su edición publicó “El Gesticulador”. La había escrito en 1938 y tendría que esperar hasta 1947 para verla en escena, debido a la censura. Como él mismo lo cuenta, el día de su estreno, Diego Rivera lo elogió con su áspera lengua: “Usté tiene unos … que le arrastran.” Pocas obras, incluso de la novela posrevolucionaria, ahondaron tanto en los sótanos del alma de los caudillos embelesados en la locura del poder. Se sabe que inició una novela sobre el grupo de “Los Contemporáneos” que se llamaría “Inteligencias Estériles”, Octavio Paz –siempre tan omnisciente, siempre tan truculento– lo disuadió para que no continuara con su escritura. La obra nunca fue publicada.

Epitafios

A Usigli le preocupó la muerte desde muy temprano. Espíritu teatral como era, escribió varios epitafios buscando el que mejor lo dijera. En 1979, año de su muerte escribió: “Rodolfo Usigli nació a pesar suyo y del mundo entero. Vivió, dio todo lo que pudo en la vida. Murió sin haber hecho lo que quería. Muchas gentes lo odiaron sin conocerlo. Unas cuantas, muy pocas, lo amaron conociéndolo. Quiso volver a la tierra y espera de pie el fallo del futuro.”

Inquieto, tiempo después, pidió que éste fuera el definitivo: “Aquí yace y espera R. U. Ciudadano del Teatro.”
Una vez más, el mundo se interpuso entre la poesía y la voluntad, desde el 18 de julio de 1979, sus restos reposan desnudos de palabras en un panteón horizontal donde están prohibidos los epitafios.

Bardo de las bardas

”Tenemos que abrir los ojos y que hacer frente a los obstáculos que nos impiden edificar un presente habitable, sin lo cual habremos pasado por la vida como esos huéspedes no invitados a los que la cortante habla popular del mexicano califica con el pintoresco nombre de gorrones. Si alguna dignidad nos queda, no debemos gorrear la vida.”


Rodolfo Usigli.
21 Noviembre 2010 04:00:11
El viajero inmóvil
Hace ya 160 años que nació en Edimburgo Robert Louis Stevenson, uno de los fabuladores más influyentes en la literatura de todos los tiempos.

Disnea

Rehén de un síndrome común a muchos escritores, el escocés fue arrojado desde la infancia a la vida contemplativa por el sinuoso camino de la enfermedad. Un muchacho común que por seguir el dictado familiar estudió ingeniería para luego definirse por el camino de las leyes.
Fue alrededor de los 20 años cuando los síntomas de la tuberculosis que lo seguiría toda la vida empezaron a manifestarse. En el vendaval de la enfermedad, en un viaje por Francia, conocería al amor de su vida. Una mujer casada originaria de Indianápolis, de nombre Fanny Osbourne. Una aventurera cómo él que regresaría a su país para divorciarse y casarse dos años más tarde con el incipiente escritor.

Convalecencia

La literatura fue el mayor consuelo y la medicina de Stevenson, quien no dejó de escribir ni cuando apenas podía mantenerse en pie. Tuberculosis y alcohol, fueron la combinación que destruiría su cerebro muchos años después.
Y paradójicamente, fue la enfermedad el estado que detonara el territorio mental que comenzó entre las sábanas de la convalecencia para escapar de su habitación, para inventarse otra vida más allá de esa vida de hombre postrado –como un indomable pirata- allende los límites físicos y los traicioneros mapas del cuerpo, como un navegante en el blanco espacio de la primera página del mundo.

Viaje

Así, antes de morir en Samoa a los 44 años –hasta allá iría a visitar su tumba muchos años después un agonizante admirador suyo, el escritor francés Marcel Schwob– Stevenson dejó sus crónicas de viaje, sus ensayos, sus novelas históricas y de aventuras. Su amplia obra tuvo continuidad en autores como el ruso Joseph Conrad, los ingleses Chesterton y Herbert George Wells, y en ese escritor argentino partido en dos: Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.
Stevenson fue un viajero de la mente, un aventurero de la fabulación. En su novela “El extraño caso del Dr Jekyll & Mr Hyde” habló entre otras cosas de la escisión de la personalidad, como sublimando en esa oscura fabulación el drama del hombre derrotado por la enfermedad que era y el aventurero incansable que siempre quiso ser.
Eligiendo la literatura como una indomable nave para un viajero inmóvil.

Bardo de las bardas

”Entonces, ¿quién o quiénes le quitaron a esa chica el deseo de disfrutar con un libro, dejándole sólo la obligación de aprender? ¿Aprender qué, además? ¿Sociología, semiótica y semiología, estructuralismo, sentido y forma, relaciones metalingüísticas, perspectiva exógena y estructura interna?
¿Quieres un consejo? Tira por la borda ese cuaderno y ese bolígrafo y ponte a leer, sobre estas rodillas sojuzgadas de estudiante aplicada, y con ojos infantiles a ser posible, renovada la capacidad de asombro, el sentido de la vida y la imaginación penetrante, otra vez, ‘La Isla del Tesoro’. Callarán los bobos tambores eruditos y recobrarás el tesoro de leer.”


Juan Marsé
14 Noviembre 2010 04:00:06
Intelectuales
¿Cuál es el papel más común de los intelectuales frente a la realidad del país? Según una de sus acepciones más conocidas, un intelectual es quien “dedica una parte importante de su actividad vital al estudio y a la reflexión crítica sobre la realidad.”

El término, creado en Francia, a partir del Caso Dreyfus, capitán francés acusado de espionaje y traición a finales del siglo 19, aglutinó al grupo de artistas, filósofos y científicos, que encabezado por Emile Zola, y entre los que se contaban Marcel Proust, Claude Monet y Jules Renard, quedaron convertidos en conciencia de la nación, por defender a un personaje acusado injustamente, en medio de turbias implicaciones políticas y xenofóbicas.

Un espejo humeante

Desde entonces, el término quedó dotado de un valor de prestigio. Entendiéndose que esa actividad dedicada al pensamiento derivaba por sí misma en repercusiones públicas de gran valor. Pero no siempre pasa así. La cuestión es que la aplicación de dicho término empezó a depender del grado de afinidad ideológica o política que tuviera la persona que lo aplica respecto a quien distinguiera con dicho atributo.

De ahí que surgieran malpensados como el italiano Antonio Gramsci, que armado de su razón marxista afirmaran que muchas veces la labor del intelectual se reduce a apuntalar la maquinaria ideológica de la superestructura político-ideológica reinante. En otras palabras, Gramsci mostró la otra función del intelectual: la del alfil que le hace el juego al poder. Ingenuo como era, planteó la posibilidad del intelectual “desclasado”, ese que proviniendo de una clase social superior optaría por un compromiso con los más desfavorecidos. El garbanzo de a libra sería el propio Carlos Marx. Desgraciadamente, este desclasamiento lo vemos más común en un sentido inverso: el caso del intelectual proveniente de una clase social inferior que “sube” a identificarse y “trabajar” de acuerdo a los intereses de la cúpula dominante.

Un mundo feliz

De ahí que con el tiempo viniera un descrédito del adjetivo. Ya que en un mundo ideal, éste debía analizar de forma crítica y objetiva la realidad de las naciones y del devenir del hombre. Desarrollar su intelecto no como mera vanagloria, sino como una minúscula contribución al progreso del mundo. Entre las funciones que debiera cumplir el intelectual serían las de meditar, reflexionar, discurrir, inspirar, investigar, analizar, discernir, razonar, filosofar, organizar las ideas, proyectar, imaginar, especular, interconectar fenómenos... hacer uso de las limitadas pero a su vez vastas capacidades de la mente humana. ¿Cómo es el pensamiento de los intelectuales mexicanos?
Lo importante –lo peligroso– es que el pensamiento de los intelectuales trata de producir efectos en el mundo.
Bardo de las bardas

“En México, y puede que el ejemplo sea extensible a toda Latinoamérica, salvo Argentina, los intelectuales trabajan para el Estado. Esto era así con el PRI y sigue siendo así con el PAN. El intelectual, por su parte, puede ser un fervoroso defensor del Estado o un crítico del Estado. Al Estado no le importa. El Estado lo alimenta y lo observa en silencio. Esta mecánica, de alguna manera, desoreja a los intelectuales mexicanos. Los vuelve locos. Algunos por ejemplo, se ponen a traducir poesía japonesa sin saber japonés y otros, ya de plano, se dedican a la bebida. Almendro, sin ir más lejos, creo que hace ambas cosas. Emplean la retórica allí donde se intuye un huracán, tratan de ser elocuentes allí donde intuyen la furia desatada, procuran ceñirse a la disciplina de la métrica allí donde sólo queda un silencio ensordecedor e inútil.”

Roberto Bolaño
07 Noviembre 2010 04:00:50
Desierto y celuloide
Westerns espirituales, dramas gastronómicos, acción retro futurista, adaptaciones del cómic y de la historia: cada uno de estos géneros fílmicos ha gestado sus imágenes en tierras coahuilenses.

El reposo del vaquero

Los que saben cuentan que la bonanza fílmica de nuestro estado tuvo que ver con la diversidad de sus paisajes, y el hecho de compartir ciertos rasgos de su territorio con su vecino Durango, preferido durante décadas para rodajes extranjeros. Ahí, en el auge de los sesentas se llegaron a hacer hasta 10 cintas al año.
Luego del renacimiento del género, a través del spaghetti western que se rodaba en los desiertos de Almería, España, las cintas de vaqueros cobraron un nuevo impulso. John Wayne fue su estrella y gran impulsor. Enamorado de nuestro país, incluso llegó a tener un rancho en las afueras de Durango.
Lo agreste de la región fue paisaje de cintas como “Un Hombre Llamado Caballo”, de 1970, “Los Invencibles” con el mismo Wayne y Rock Hudson, o “Lucha de Gigantes”, donde lo acompañó el legendario actor de origen soviético, Kirk Douglas.

Tocando las puertas del cielo

Otro apasionado del paisaje mexicano fue el cineasta texano Sam Peckinpah.

Sus películas más importantes fueron rodadas acá. “La Pandilla Salvaje”, su cinta más conocida, protagonizada por William Holden, Ernest Borgnine y Emilio “El Indio” Fernández, fue rodada entre Durango, Torreón, y mayormente en Parras, en el año de 1968. Asimismo, su trágica versión de la muerte del pistolero Billy, el niño; “Pat Garret & Billy The Kid” protagonizada por James Coburn y Katty Jurado, fue filmada entre Durango y Coahuila en el año de 1973. Algunos vecinos de Parras aún recuerdan los paseos y parrandas protagonizadas por un trío insólito: Kris Kristoferson, “El Indio” Fernández, y Bob Dylan, quien actuara y musicalizara la película, componiendo para el clímax de la misma su obra cumbre “Knockin’ on Heaven’s Door”, donde berreaba: “Mamá, pon mis armas en el suelo”.

Dragones, balas y chocolate

Muchos años después, con la muerte del género, la temática de los rodajes en nuestro estado se diversificó. Ya entrados los 90, en la ciudad de Piedras Negras se erigió la versión fílmica de “Como Agua para Chocolate”, dirigida por Alfonso Arau, todavía esposo de su autora Laura Esquivel. Por las mismas fechas, un entonces desconocido Robert Rodríguez rodaba en tierras coahuilenses, en unas pocas semanas y con sólo 7 mil dólares su ópera prima “El Mariachi”, que lo catapultaría a la fama. Luego, haría un remake de la misma: “Desperado”, con Antonio Banderas y Salma Hayek, cinta que le abriría las puertas del mainstream hollywdense.

Recientemente, el desierto atrajo producciones de diversa índole: en 2002, “Blueberry”, posmoderno western y versión fílmica del aclamado cómic europeo, estelarizado por Juliette Lewis y el francés Vincent Cassel —cónyuge de Mónica Belluci—, “Los Tres Entierros de Melquíades Estrada” con guión de Guillermo Arriaga y dirigida por Tommy Lee Jones y “No es País para Viejos”, rodada a ambos lados de la frontera por el reconocido oficio de los hermanos Joel y Ethan Cohen (basada en la novela homónima de Cormac Mc Carthy, quien se ha obsesionado con el territorio coahuilense en sus libros: baste leer “Todos los Hermosos Caballos” con su violento clímax en la cárcel de Saltillo) y más recientemente, la adaptación de la popular saga japonesa de “Dragon Ball Z”, filmada entre Durango y las Dunas de Bilbao.

Montaña, desierto y oasis, nuestro paisaje ha sido un referente constante en el imaginario cinematográfico; un entorno, una luz en el aire y una textura en el suelo: un inagotable venero de imágenes.

Bardo de las bardas

“Nuestros sueños son nuestra única vida real”.

Federico Fellin
24 Octubre 2010 03:00:52
El muro y la grieta
EL PAPÁ DE LAS CALACAS

Dice el condescendiente mito que los mexicanos no tememos a la muerte. Que es más, nos pela los dientes, nos burlamos de ella y hasta la festejamos. ¿Es esto cierto? ¿Cómo miran y plasman hoy, los jóvenes artistas, el concepto de la muerte?

LOS MURMULLOS

La iconografía plástica referente al tema se hunde en nuestras más profundas raíces: desde los diversos cultos prehispánicos hasta el oscurantista legado católico de la Colonia.
Apenas a finales del siglo 19 e inicios del 20, autores como el zacatecano Julio Ruelas y el gran José Guadalupe Posada retomaron el mito como punto central de su propuesta plástica.

El primero, cosmopolita, heredero de los simbolistas y alumno de verdaderos blasfemos como Félicien Rops, apoyado de la tradición clásica y los mitos griegos, dejó un fecundo legado en la gráfica mexicana, construyendo un inquietante y oscuro discurso, amparado siempre en una solvencia técnica, que aun en nuestra época, llena de novedosos recursos y tecnología, resulta insuperable.

EL HEREDERO

José Guadalupe Posada, todos lo sabemos, es un referente indiscutible de la plástica mexicana. Su percursora versión caricaturizada de la muerte es ya todo un símbolo. Pero no fue el primero. Quien originalmente planteó las caricaturas con armazón de huesos fue el dibujante mexicano Manuel Manilla. Manilla se basó en los tzompantlis aztecas –esas pirámides o túmulos de cráneos que casi un siglo después harían famoso al régimen Indonesio. El cuasi anónimo dibujante grabó una Torre Eiffel hecha de huesos. Catrines. Hacendados. Señoras de sociedad. La vida de Manuel Manilla es un como un esqueleto a medio armar: no se conservan documentos legales ni retratos que nos cuenten más de su paso por este mundo. Se ignora sobre su familia y su descendencia. Sólo algunos breves testimonios que lo señalan a él y a su hijo con oficio de grabadores.

LIBERTAD DE IMPRESIÓN

De su paso por la vida sólo hay certeza de cuatro fechas: se dice que nace en 1830, desde 1882 trabaja para el impresor Antonio Vanegas Arroyo. En 1892 decide retirarse dejándole la estafeta a un joven y talentoso grabador de nombre José Guadalupe Posada.
Tres años después muere de tifoidea, en 1895.
Sería injusto resumir el legado de Manilla en el sencillo papel de ser la base sobre la cual Posada cimentara su obra. Aparte de ello, el maestro fue el primer grabador especializado en publicaciones infantiles, enfocado también en la impresión periódica de calaveras y en la ilustración y divulgación de cancioneros populares. Trabajó además diseñando portadas de libros, experimentando nuevos materiales para la encuadernación rústica y las ediciones económicas. Además de producir de lo que vivía cualquier grabador en ese tiempo: carteles de espectáculos, ilustraciones para textos escolares y materiales con fines publicitarios.

Pocos creadores de la época impactaron de una forma tan rica y diversa el arte gráfico mexicano. Heredero de un oficio que venía de los tiempos de la Colonia, Manilla fue el guardián de un estilo y de un espíritu artesanal que derivó al mismo tiempo en una expresión arraigada en las preocupaciones sociales de la época. Se conocen 600 trabajos de este grabador semidesconocido, contra casi 15 mil documentados de su heredero Posada.
Es curioso, el creador no tuvo pretensiones de gran artista. Era un simple grabador que se concibió a sí mismo como un artesano.
Un observador minucioso de la vida. Un disciplinado trabajador manual. Un artista olvidado.

BARDO DE LAS BARDAS

“La vida es corta. Viviendo todo falta, muriendo todo sobra”.
Lope de Vega
17 Octubre 2010 03:00:44
La máquina de vivir
Para Víctor Ruiz y Paco Padilla, arquitectos.

La arquitectura es una disciplina extraña en el sentido de ser al mismo tiempo fruto de un cálculo riguroso, propuesta estética y técnica, discurso público y espacio de interacción humana.
No por nada, Le Corbusier definió certeramente los espacios dispuestos a ser habitados como “la máquina de vivir”.

Espacio y forma

Esto a cuento por que actualmente se exhibe en la Galería de la Escuela de Artes Plásticas “Rubén Herrera” la exposición fotográfica “Estructuras Arquitectónicas”, obra de Eduardo Santos Perales, Doctor en Diseño por la Universidad de Barcelona y catedrático de la misma disciplina en la UA de C. La muestra recoge parte del recorrido visual por el paisaje arquitectónico de la región de Cataluña y la ciudad de Valencia, donde se agradece una nueva mirada a sitios emblemáticos como la Iglesia del Sagrado Corazón, la Sagrada Familia, el Parque Guell, y todo el legado gaudiano desde una perspectiva diferente, lejos del habitual pintoresquismo. Y si se ha hablado de la Arquitectura como una correcta conjunción de los volúmenes y la luz y los espacios, estas visiones se tornan ventanas para hablar del contexto urbano en un sentido estético y funcional.

Mirar sin ver

El también investigador en diseño afirma en la presentación de su muestra que estamos a acostumbrados a mirar sin observar, a vivir sin realmente “estar”, habitantes de entornos alienados, presos de la prisa, la rutina o la percepción viciada, vueltos de pronto incapaces para valorar la riqueza de nuestro entorno.
La serie de imágenes, vueltas junto a la música y su propuesta museográfica una experiencia sensorial, ofrece un recorrido por lo más representativo de urbes como Barcelona, espacio donde convive lo mismo el legado multiforme de Gaudí junto a los geométricos espacios de la arquitectura contemporánea, miradas sobre detalles y formas como claves escondidas en cada rincón del mundo.

Civilización y barbarie

Fue el antropólogo francés Mar Augé quien definió los “No lugares” como espacios donde ocurre la “transitoriedad”. Puntos geográficos sin la importancia para ser llamados “lugares”: autopistas, habitaciones de hotel. Supermercados. Salas de aeropuerto. Sobra decir que nuestra vida se ha llenado de “No lugares”.

Los espacios públicos van perdiendo significado. Los barrios son arrasados. Se impone la noción de ganancia o de plusvalía sobre las ideas de planificación, funcionalidad o belleza. Las ciudades son planeadas más para los autos que para las personas. Se alienta la reclusión, la competencia, el hacinamiento, la soledad.
Hemos aprendido a vivir y a ver la civilización como un legado de la hostilidad, un espacio de lo
inhabitable.

Lamentando como Walter Benjamín que “No existe un solo documento sobre la civilización que no sea al mismo tiempo un documento sobre la barbarie”.

Sí lugares

Hemos expulsado o vuelto invisible a la belleza en la noción de ciudad. Los espacios, las texturas. Raramente conjuntamos de manera equilibrada lo artificial con lo natural, lo natural con lo cultural. Se nos olvida que todo cabe en el espacio que se presume como cúlmen del desarrollo. Tendrían que caber, como en las visiones de Eduardo Santos, acero y granito, mosaicos y vidrio de espejo. Superficies metálicas reflejando el cielo. Gigantescas manos de ángeles posando su sombra sobre los transeúntes. Texturas de agua viva y volúmenes de grávida piedra. Parques y senderos para caminar o perderse. Gradaciones de cielo enmarcadas por edificios como huellas del legado y el desarrollo humano. Ciudades para disfrutarse. Espacios para ser
vividos.

Bardo de las bardas

“La arquitectura es la voluntad de la época traducida a espacio”.

Mies Van der Rohe
10 Octubre 2010 03:00:06
Contra el Nobel
El premio más municipal de la tierra”, dicen que decía el poeta salvadoreño Roque Dalton no sin cierto resentimiento. Aunque hay quien atribuye la frasecita a Borges. Hoy que Vargas Llosa, el controvertido escritor peruano ha ganado el Nobel de Literatura 2010, es un buen momento para revisitar las contradicciones del celebrado galardón.

Dicen los ingenuos que un escritor son sus libros y no sus opiniones ¿Pero qué pasa cuando la concepción del mundo de un autor se filtra hacia su obra, y hasta en la ficción se involucran sus tomas de posición y sus ideas políticas?

Es el caso de Vargas Llosa. Un escritor al que sus repentinos entusiastas tildan hoy de renovador de la lengua. Pero que al igual que el mexicano Carlos Fuentes, en sus últimos libros, el autor de “La Casa Verde” ya no es ni la sombra del poderoso autor que fuera en su remota juventud. ¿El premio es para aquel muchacho impaciente que escribiera “La Ciudad y los Perros”? ¿O del magistral tejedor que construyó “La
Guerra del fin del Mundo” y “Conversación en la catedral”? Al igual que Varguitas, el personaje de su novela cumbre, sólo él ha de saber “el momento en que se jodió todo”.

Virajes

El peruano, nacionalizado español, devino de autor portentoso a político de oportunidad e ideólogo de la reacción. Un derechista que ha condenado “lo popular” por confundirlo con lo populista. Un autor que mete a toda la izquierda en el mismo saco de los folclóricos dictadores latinoamericanos como Castro o Chávez, o que en la estrechez de criterios que decía combatir justificó la aberrante invasión de Irak. Representante de un carácter etnocéntrico y autoritario-patriarcal basado en la primacía de la cultura europea. Como Fuentes, juzgando siempre la “realidad latinoamericana” desde Europa o desde la cátedra de las universidades
norteamericanas.

Miopía

Aunque el galardón ha devenido en una suerte de tómbola geopolítica, un año Oriente, otro Europa o las antípodas australianas, la Academia Sueca no le dio el Nobel de literatura a los rusos Tolstoi y Gorki, ni al irlandés Joyce, ni al nicaragüense Darío. No se lo dieron al japonés Mishima, ni a los latinoamericanos Borges, Cortázar o Jorge Amado. Pero sí recién terminada la Segunda Guerra al político e historiador autodidacta Winston Churchill, quien se dio su tiempo para escribir acerca de la historia del idioma inglés.
Pero la aberración no se redujo sólo al campo de las letras: Mahatma Gandhi, considerado unánimemente como el pacifista más importante del siglo 20, y que pagó con su vida la coherencia, no fue reconocido con el Nobel de la Paz, pero sí el truculento Secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger, artífice del Golpe Militar en Chile, o ya entrados los 90, otro terrorista devenido en político, el árabe Yasser Arafat.

Criterios

Se dice que la Academia posee un exhaustivo mecanismo de selección. Que se investiga la vida y obra de los candidatos durante un largo año. Pese a todo, sigue siendo el reconocimiento más prestigioso que puede recibir un intelectual o un científico por su quehacer. La desidia no se ha reducido a cuestiones raciales, no se lo dieron a Chejov, ni a Kafka, ni a Proust, ni a Henry James, ni a Nabokov, o a Graham Greene.
Dicen que el testamento de Alfred Nobel especificaba entregar el reconocimiento a personajes de “tendencia idealista”, o por sus valiosas aportaciones al mundo. Aún así, Nikola Tesla, que propugnaba por la distribución gratuita de la energía eléctrica, padre de la modernidad, vía la corriente alterna y las ondas electromagnéticas, y su acérrimo enemigo, el centavero Tomás Alva Edison, quien patentara más de mil inventos -entre los que se cuentan el fonógrafo, el altavoz y el micrófono, el precursor del cinematógrafo y el foco- fueron nominados y descartados en la terna de 1915, debido al dudoso linaje de ser científicos autodidactas.

Bardo de las bardas

“La política es una forma de la maldad. El mayor error que he cometido en mi vida”.
Mario Vargas Llosa
03 Octubre 2010 03:00:52
Bitzkrieg
Hace unos días se entregaron los premios de la Primer Bienal Regional de Pintura y Grabado “Ángel Zárraga”, evento donde jóvenes artistas plásticos originarios de Coahuila dieron una muestra inusual de presencia y poderío.

La bienal, organizada por el Instituto Cultural de Durango, seleccionó lo mejor de entre casi un centenar de piezas provenientes de diversos estados: Coahuila, Nuevo León, Chihuahua.

Una segunda fase de la convocatoria eligió 47 piezas de 31 artistas para una exposición colectiva.

La gran sorpresa fue que los artistas coahuilenses no sólo arrasaron con los premios, sino que de las 47 piezas seleccionadas, casi la mitad de ellas pertenecen a creadores originarios de Torreón, o avecindados en Saltillo.

La mano y la mirada

Así, los representantes de la cultura en Durango reconocieron con el primer lugar en la categoría de pintura al artista neoleonense Baldomero Hernández. El segundo lugar fue para el saltillense Roy Carrum, con su obra “Naturaleza Muerta con Teléfono” —quien mostró gran parte de su obra reciente en las galerías de Casa Purcell— y el tercero para un artista procedente de Nuevo León.

En grabado la cosa no fue muy diferente: el primer lugar correspondió al duranguense Jesús Soto, el segundo para Rodolfo Ramírez, artista originario de Puebla pero avecindado desde hace algunos años en nuestra ciudad. Y el tercero para la dibujante saltillense Magda Dávila.

Entre la menciones y los seleccionados en ambas disciplinas destacaron los nombres de los coahuilenses Norberto Treviño, Vinicio Fabila, Adalberto Montes y Otilio Peña.

Generaciones

No es casual el resultado. De pocos años hasta aquí, la propuesta de la plástica coahuilense ha ido diversificando sus contenidos y sus formas. Articulada por la fuerza de artistas cada vez más inquietos, informados e inconformes, ha abandonado su nicho de temas agotados: la acuarela ya no son sólo bodegones. Lo confirma el estupendo trabajo de Adalberto Montes. El grabado ya no son sólo magueyes, lo grita la evolución tridimensional de Vinicio Fabila y Norberto Treviño. El óleo abandona para siempre los motivos del siglo 19; nos lo dicen las posmodernas naturalezas muertas de Roy Carrum, el dibujo cosmopolita de Carlos Vielma o las fotografías de Marcelo Ascacio. El arte se sitúa en su momento actual, contemporáneo del futuro y sus preocupaciones: no el realismo que se agota en lo provinciano. Lo universal en lo local: la soledad, la alienación, las otras cadenas de la libertad, lo móvil, lo mutable, es decir, la calma del vértigo y la ternura que aún es posible en el vientre de la violencia.

Bardo de las bardas

“La inspiración es trabajar todos los días”.

Charles Baudelaire
26 Septiembre 2010 03:00:07
La sombra del coloso
¿Cómo se construye la efigie de un héroe? No cabe duda que el nacionalismo es muchas veces el territorio del oportunismo, la miopía, el derroche y el mal gusto.

Siempre me ha provocado curiosidad la fascinación de los regímenes políticos por la representación monumental: el temible rostro de José Stalin repartido a lo largo y lo ancho de la extinta Rusia. Los demenciales planes de Adolfo Hitler para la refundación de Berlín, de la mano del renombrado arquitecto Albert Speer. Incluso existen infinidad de testimonios fotográficos del líder nazi ensorbecido como un gigante entre maquetas de su sueño milenario, mientras las tropas enemigas lo cercaban por aire y por tierra. O la apropiación del estilo griego como una manera de apuntalar la “grandeza” en los edificios de las instituciones norteamericanas.

Pequeño

Hay algo de inhumano en la arquitectura monumental. Una aspiración que busca desprenderse de la escala personal para confundirse con el cielo de lo abstracto. Lo he sentido lo mismo al pie del Monumento a La Revolución, donde descansan los restos de caudillos mexicanos que en la vida fueron acérrimos enemigos, que ante las gigantescas barbas de Abraham Lincoln, o al pie del Capitolio, en La Habana. Una mole bellísima y monstruosa, como un vórtice de piedra para una ciudad moribunda. Cuenta la leyenda que el Coloso de Rodas era tan grande, que cualquier humano era incapaz de abarcar con su abrazo uno sólo de sus dedos.

Y quizá para entender la configuración de nuestra iconografía patria, habría que recordar que muchos de los artistas de la escuela del muralismo mexicano fueran hijastros del realismo socialista. Todos ellos mamaron esa iconografía grandilocuente. O nuestra imagen infantil de la patria. La inescrutable mujer de los libros de texto. El pétreo rostro de Victoria Dorantes, la amante indígena del muralista Jorge González Camarena.
Forma y contenido.

Por eso no es casual que ahora, un régimen de derecha haya optado por la efigie de un contrarrevolucionario como figura central en los festejos del Centenario de la Revolución.
Obra del escultor Juan Carlos Canfield, la figura hecha de poliuretano y acero de más de veinte metros, protagonista del día del festejo, basó sus rasgos en la figura de un partidario del usurpador Victoriano Huerta, el general Benjamín Argumedo, a quien Francisco Villa derrotó en Torreón y en Zacatecas. Aunque luego los voceros se desdijeran, aduciendo que se trataba de un “héroe anónimo”. Lo más extraño de todo esto es que en múltiples entrevistas, el autor ha declarado que escogió las facciones del caudillo originario de Matamoros, Coahuila, por la fuerza de su rostro y sus “bigotes súper revolucionarios” (sic).

Ni-ni

En las redes sociales dijeron que se parecía a Malverde, a Stalin y a Jeremías Springfield, el personaje de la serie los Simpson. El periodista Ricardo Rocha afirmó que se trataba de un “ni-ni”. Sin embargo, detrás del evidente despropósito en una obra de millones de pesos, no creo que haya pizca de inocencia. No hay que olvidar los orígenes del partido en el poder. El sinarquismo surgido como una reacción al régimen cardenista. ¿Cómo iba a festejar un partido de esta naturaleza un movimiento que precisamente venía a demoler las instituciones de su tiempo?

En el mundo de la comunicación visual decimos siempre que “forma no antecede a contenido”. Y esta vez, por omisión o por intención, parece que lo que importó más en dicho festejo fue la forma.

Para tener una idea del tamaño de la afrenta, extrapolemos el caso a los EU: imaginen un desfile en la Quinta Avenida, de esos que organizan las grandes tiendas departamentales, rebosantes de patriotismo y bastoneras, donde aparecieran de pronto gigantescos globos con la figura de Hitler, Osama Bin Laden o Mohamar Kadafi.
Será que la vacuidad es un símbolo de nuestro tiempo, o que así de triste es el destino de todas y cada una de las revoluciones: empezar como entelequias (un fantasma recorre el mundo) y terminar como momias y discurso de mausoleos, o lo que es peor, escenografías vacías de cualquier contenido.

Bardo de las bardas

“Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible”.
Bertrand Russell
12 Septiembre 2010 03:00:11
En las ruinas del futuro
Otro misterio de la fama: ¿Por qué autores como Paul Auster o Phillip Roth son más conocidos para el lector hispano que la gigantesca obra del imprescindible Don DeLillo? ¿Será que los dos primeros son rabiosamente contemporáneos y el segundo participa de lo atemporal?

El hoy y el ayer

Ayer se cumplió justo una década de los atentados terroristas al corazón blanco de América.

Un plan elaborado por una mente diabólica y también viraje radical de numerosas concepciones acerca del mundo. Hasta entonces, nunca nadie había considerado los factores de la arquitectura y el transporte de pasajeros como un arma de destrucción masiva. El asesinato multitudinario concebido como parte de un elocuente y oscuro discurso.
El mundo ha cambiado demasiado desde entonces.
Y mucho se ha escrito también.

Pero sólo un escritor como el que nos ocupa ha sido capaz de escribir una portentosa novela acerca de ello.
El hombre del salto

A partir de la imagen de un hombre lanzado a la más terrible de las elecciones –morir quemado en las torres colapsadas o lanzarse al vacío– el autor neoyorquino desenreda la intriga y la reflexión a propósito de temas constantes a su inmensa obra: el derrumbe de los valores individuales, la pérdida de rumbo de una sociedad. La fragilidad de la civilización misma. Y quizá uno de sus mayores méritos sea utilizar la tragedia sólo para contextualizar y narrar la sacudida vital de un individuo en el vórtice mismo de dicha fractura histórica.

Desde una perspectiva narrativa, confrontar el trauma masivo, la paranoia imperante, y el shock anímico y visual de aquel martes negro debe de haber sido un reto mayúsculo. El choque de esas dos naves contra las estructuras de acero y cristal –símbolo del poder financiero y cultural de occidente– aun no pueden abordarse con el rigor que daría una distancia temporal, al menos para un narrador común –remítase a la fallida cinta de Oliver Stone. Pero no para Don DeLillo.

Prosa y blasfemia

Quizá una de las razones por las que “el gran público” no conecte con la narrativa de este autor americano es que salvo ciertas excepciones, vivimos una especie de siglo diecinueve en lo literario: Hugo, Dostoievski, Flaubert, siguen marcando la pauta. En esta especie de asincronía es razonable la incapacidad de procesar a un autor que ha contado en sus novelas lo mismo cincuenta años de una nación –“Submundo”– que una trama acontecida en un solo día (“Cosmópolis”, en planes para ser adaptada al cine por David Cronemberg).
A DeLillo no le interesan los recursos comunes de la novela: el trazo psicológico, los antecedentes de un suceso. El futuro es una materia maleable y la realidad una red hecha de sucesos sin conexión aparente. En ese continuum todo aparece y desaparece. Una entropía que lo mismo se yergue como se deshace.

DeLillo es el novelista del presente que al momento mismo de nombrarse ya no es, es decir, una voz proyectada hacia un futuro que tal vez no alcancemos a ver.

Bardo de las bardas

“El dinero ha perdido sus cualidades narrativas, tal como sucediera en la pintura hace tiempo. El dinero habla sólo para sí mismo”.
Don DeLillo

05 Septiembre 2010 03:00:38
El último maldito
Esta es la historia de un sociólogo convertido en escritor tardíamente. Alguien que empezó a publicar después de los 38. Un maledicente que desconfiaba de Borges y al que no le gustaba nadita esa otra invención del poeta ciego: Macedonio Fernández.

Esta es la historia del recién fallecido Rodolfo Fogwill, el último maldito de la literatura argentina.

La oveja negra

Rodolfo Enrique Fogwill nació como hijo único en 1941. Estudiante desertor de las carreras de Medicina y Letras, terminó de sociólogo. Desde los 60 hasta entrada la siguiente década trabajó en el mundo de la publicidad, concibiendo infinidad de campañas y eslóganes.

El viraje de timón vino mucho más tarde, cuando con casi 40 años, ganó un concurso de cuento organizado por la Coca-Cola. Fue ahí cuando eligió ser escritor. Envalentonado, publicó algunos libros de poemas y fundó una fugaz editorial: Tierra Baldía, donde publicó autores de la talla de Osvaldo Lamborghini.

Fuckland

Fue a principios de 1983 cuando el escritor de extraña formación (sociólogo, publicista, adicto y editor) después de que su madre mirando la tele le dijera: “Mira, hijito, hundimos un barco”, se encerrara durante unos pocos días para escribir una de las novelas más inquietantes y poderosas de la reciente narrativa latinoamericana: “Los Pichiciegos”.

Y mientras afuera, en el tiempo real de la escritura, los generales de la última junta militar argentina se las veían negras con la inflexibilidad de la entonces ministra Margaret Tatcher, peleando “por honor” una ínfima isla en los confines del mundo —para los sudamericanos eran las Malvinas, para los ingleses, las Falklands. Después de la guerra, los jóvenes sacrificados en esa batalla absurda las bautizaron como las “fucklands” —Fogwill se puso a imaginar a un grupo de desertores fundando una sociedad entre la nieve, el lodo y el miedo. Su minuciosa prosa profetizó la derrota.

Subterráneos

Fue entonces que contó como nadie del pavor y de la autoridad y de la locura. Del frío y de conscriptos extraviados mirando los aviones ingleses como alucinaciones entre el cielo de acero. Al igual que William Golding con “El Señor de las Moscas”, el argentino, a partir de un grupo de apátridas que buscan resolver sus necesidades más elementales como no caer prisioneros o morir de frío y hambre, erigió una portentosa fábula sobre el mal y sobre lo absurdo del patriotismo. Sobre la juventud y la muerte, sobre los podridos cimientos en los que se funda cualquier forma de sociedad.

Después, como si fuera una consigna, Fogwill se dedicó a generar polémica; aceptó la beca Guggenheim, hizo algunas apariciones en cine (“El Artista”, “Rosa Patria”) y a pelearse con todo mundo: con colegas como Ricardo Piglia o Alan Pauls. Contra las Madres de Plaza de Mayo, con los partidiarios del aborto, los promotores del matrimonio gay, y paradójicamente, con quienes apoyaban la legalización de la droga, la adicción con la que luchó toda su vida.

Rodolfo Enrique Fogwill, un escritor portentoso. Un héroe que derribó a mazazos su propia estatua.

Bardo de las bardas

“La sociedad es un texto mal redactado”.

Rodolfo Fogwil


29 Agosto 2010 03:00:52
La pasarela del asfalto
Una de las vertientes más complejas del arte fotográfico es el registro de los gestos.

Una labor de la que no todos salen avante. Son pocos los capaces de interpretar sin imposturas las mil variantes de la expresión humana. Remitámonos al trabajo de Robert Doisneau, a la obra del maestro Pedro Meyer o más recientemente, a las series del regiomontano Juan Rodrigo Llaguno.

La vida de los otros

Una tendencia local para parecer “creativo” en la disciplina de la fotografía es “componer”: generar espacios y situaciones que sean más manejables para el autor. Generación de mundos o narrativas en las cuales el fotógrafo puede sentirse más cómodo y con un mayor control sobre las infinitas variables que inciden en el momento de oprimir el obturador.

Ya pocos se arriesgan a lo inesperado. Son contados quienes abrevan en la cambiante realidad que muta sus caras cada microsegundo.

Es curioso también que aun construyendo estos espacios donde el fotógrafo genera su discurso, sean pocos los que se atrevan a trabajar con el rostro. Quizá Germán Siller en su primer libro “A través del Postigo” o más recientemente, el notable técnico Francisco Lubbert con su serie sobre creadores. Quizá por que el hacer retratos implica no sólo manejar los rudimentos técnicos, sino algo más allá: una aguda capacidad e observación, la conformación de una “química” entre modelo y autor; y sobre todo, un profundo conocimiento de la naturaleza humana.

Hablar como un árbol

Por eso llama la atención y resulta notable que un joven fotógrafo elija para su primera exposición individual el arduo camino del retrato. En su serie de 10 fotografías “Human Trees”, expuesta actualmente en el ático de Casa Purcell, Marcelo Ascacio propone la afortunada intuición de relacionar la evidente huella de lo vivido en el rostro de hombres y mujeres con la vida secreta de los árboles.
La escritora Marlén Carrillo Ferman lo dice mejor a manera de cuento:

“Próceres anónimos que adquirieron tal rango por el hecho de sobrevivir a su pedazo de mundo, en esta ciudad amarilla”. Y echando mano de una retórica contradictoria, elegir el lenguaje científico para su descripción, (“Pinus Longaeva”, “Agathis Alba”) como si la ciencia bastara para señalar lo que es evidente a la mirada. Otro acierto de esta serie es el manejo del color y del contraste, que acentúan el poder de los gestos, otra vez Marlén Carrillo: “El registro visual de esa historia en tres tonos (azul enero, ocres post cincuentas y grises de humo de camiones y beisbol)”.

Gestas y gestos

Percibo dos cuadrantes opuestos en el arte del retrato: George Hurrell, elevando a una dimensión mítica la imaginería de Hollywood a través de su magistral manejo de los claroscuros en el control absoluto del estudio. Del otro lado, más salvaje y circunstancial, más inexacta, pero por lo mismo más real, la suicida neoyorquina Diane Arbus. La que pasó de las vacuas pasarelas de la moda, a la hostil pasarela del asfalto.
Veo muchos ecos de Arbus en el trabajo de Ascacio.

Un cierto asombro y una cierta transparencia ante la naturaleza extraña de todos nosotros. Un reflejo claro de lo que sobre las personas dicen sus gestos. Porque un buen retrato se trata de contar. Una narrativa de la luz y de la sombra. No una foto obstinada en mostrar lo bello, sino lo verdadero: árboles inconclusos, o podados de golpe. Árboles en llamas o floreciendo. Madera concéntrica sobre la que la vida balbucea sus desatinos a punta de navaja.

Bardo de las Bardas

“Un buen retrato es una biografía”.
Anatole France
22 Agosto 2010 03:00:02
De lo que se trata (2)
A Claudia Luna

Se trata de encontrar palabras como un espejo donde puedo hundir el peso específico del dolor de mi cuerpo o lavarme todas las noches del rostro.

De llevar conmigo calles que me sangran por cada poro y por ambos costados, auroras rosadas y amarillos colmillos de perros, juguetes envejecidos sosteniendo la penumbra del zaguán.

De percibir ese sordo latido, siempre a punto de ocurrir.

De volver a ese pantano vibrante de luz donde agonizaban las chicharras.
Del cielo cableado por un afán misterioso.

De innumerables peces boqueando sobre las calles de acero y de calvarios bordados por cruces invisibles.

De besos con sabor a higo y terrenos baldíos sepultados en la maleza de la memoria.

Se trata de la bóveda de tu cabeza. Del perfecto triángulo de tus omóplatos. Del fuelle perfumado de los pulmones. Una maquinaria erguida contra el sol, a prueba de sus todos y cada uno de sus cuchillos.

Se trata, amiga, de reparar durante meses autos volcados y volver en ellos a las carreteras. Se trata de destrabar bisagras hacia la aurora. De ser palabras como ruedas.

Se trata de comer en un plato vacío y al alba sentirse lleno.

De vidas como equipajes perdidos, de la exhalación de un dios metálico cubriendo los días.De atravesar los oscuros ejércitos que erigen sus bardas de vidrio. Se trata de escuchar el eco de los pasos que guarda la tierra.

Se trata de nuestros hijos, tenues lámparas. Ligeros barcos a través de la noche.

De manos que de alumbrar tanto, crepitan. De miradas que entrechocan su esgrima de silencio.

Se trata de volver al bosque, y descubrir en tu nuca el olor de la tierra.
Se trata del grito de las cañadas anidando en tus ojos. Se trata de confiar en las proezas de la sangre, de desarmar y armar el corazón como un recluta ante un fusil: con los ojos vendados.

Se trata de leñadores sembrando, del sueño del fakir con sus manos sucias, acurrucado sobre los rascacielos.

Se trata de los laberintos de la sangre -de sus gestas y de sus gestos- del futbol bajo la llovizna. De ser persistencia: rumor de abeja a través del herrumbre y la cerradura.

Se trata de permanecer: ser esas porterías hundidas en el lodo, saciando todas las hambres: de faldas con ímpetu de banderas, de respirar junto al otro con la claridad del corredor solitario, ese que sabe por fin que el dolor es un niño arrullado en el ritmo de su zancada y la curva de su empeine.

Bardo de las Bardas

“De lo que se trata es de lo que hay detrás del tiempo; de nuestros esqueletos temblando frente al cine de la eternidad; de nuestro rastro de carbón”.
Claudia Luna
15 Agosto 2010 03:00:57
Ucronías
Los que imaginaron otros futuros. No la utopía. Sino el porvenir entre sombras. Tres testigos esenciales de la distopía, Huxley: “Un Mundo Feliz”, Orwell: “1984”. Bradbury: “Fahrenheit 451”. ¿Tienen algo que ver con el cine? Definitivamente sí.

Mirar adelante

El inquieto Aldous Huxley fue el primero en plantear un futuro como un cielo forrado de hierro. Ciudadanos alienados por el soma. Felicidad química. Hijastro del colonialismo, el desencanto socialista y la posguerra, el también inglés Orwell fue un poco más allá: vislumbró la aspiración totalitaria de los gobiernos. El deseo de control absoluto y los medios audiovisuales como instrumentos de la esclavización. Escrita a mediados de los cuarentas, en la oscura visión del también autor de “Animal Farm”, el remoto año de 1984 era la cárcel perfecta, donde la individualidad y la libertad se volvían una aspiración imposible.

La nostalgia del astronauta
Huxley y Orwell sucumbieron al tiempo, a la enfermedad, al desencanto. Bradbury cumple la próxima semana 90 años. Sobrevive ahora en su hogar de Los Ángeles, un limbo lleno de dinosaurios de peluche, robots y juguetes. En sus cada vez más escasas entrevistas, el autor de “Crónicas Marcianas” revela que desde ahí convoca noche a noche a “sus monstruos y a sus ángeles”. El Nonagenario no detiene el abundante ejercicio que ha dejado más de seiscientos cuentos, un montón de libros e infinidad de predicciones que primero fueron ficción y hoy son tangible realidad.

Cueva de luz
El nativo de Illinois, avecindado en California desde niño, se ha definido a sí mismo como un “Religioso Delicatessen”, ecléctico, lúdico. Lúcido. Aunque ha sido calificado como “demasiado religioso” debido al papel de la fe en sus narraciones, como aquel famoso cuento donde un grupo de astronautas aterrizan en la luna sólo para encontrarse con una figura muy similar a la de Jesucristo, o algunas otras de sus historias, donde los sacerdotes o personas ligadas a la religión buscan su propia forma de redención.
“Fahrenheit 451” fue llevada al cine por François Truffaut. “Un Mundo Feliz” fue adaptada a la televisión, y Michael Radford, director de “El Paciente Inglés” dirigió “1984” de manera afortunada a mediados de los 90.
Muy recientemente, el director Kart Wimmer lanzó “Equilibrium”, una desapercibida película situada en futuro, donde un estricto régimen ha eliminado las guerras al haber superado las emociones. Los libros, el arte y la música están prohibidos, y los sentimientos se consideran un crimen castigado con la muerte. El clérigo John Preston (Christian Bale) es un agente de élite, responsable de aniquilar a todos aquellos que osen desafiar las reglas. Pero todo se revierte cuando pierde su dosis de “Prozium”, una droga destinada a reprimir las emociones. Una estupenda cinta de acción que no es más que un resumen de “Un Mundo Feliz”, “1984” y “Fahrenheit 451”.

Bardo de las bardas
“Continuamos siendo imperfectos, peligrosos y terribles, y también maravillosos y fantásticos. Pero estamos aprendiendo a cambiar”.

RAY BRADBURY
08 Agosto 2010 03:50:34
Dinastías subterráneas
Los ocultos veneros de la literatura –sus remansos, sus bifurcaciones- van generando su cuota de estirpes involuntarias, de relaciones insospechadas, de familias bastardas. Si no ¿Cómo sería posible la relación entre un reputado autor de la literatura norteamericana y su contraparte geográfica, un arquetipo del escritor comprometido, separados ambos por la bisagra de un siglo?
Abecedario

Al primero, muchos lo consideran el heredero inmediato de Hawthorne, Melville y Poe. Magistral tejedor de contundentes atmósferas del desasosiego, Ambrose Bierce sobrevivió a la muerte de todos sus hijos. Ante todo cuentista, en su primera etapa fue el precursor más evidente en la obra de Lovecraft. Debido a la enorme carga de ironía y sarcasmo de sus últimos trabajos -“Cuentos de soldados y civiles” y “El Diccionario del Diablo”- se ganó a pulso el apodo de “Bitter Bierce”: el amargo Bierce.
Disolvencia

Acosado por una decepción amorosa, la extinción de su familia y la oscura promesa de una vejez decadente, septuagenario ya, Bierce dejó Washington en octubre de 1913 dispuesto a recorrer otros campos de batalla. Dicen que en diciembre cruzó a México por El Paso. En Juárez se unió al ejército de Villa como observador, con quien llegó hasta Chihuahua, donde su rastro se disolvió.

La última noticia que se tuvo de él es una carta fechada el 26 de diciembre. Bierce tenía claro su destino: antes de largarse rumbo al sur, había escrito a sus familiares: “Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que es una muy buena manera de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!”

Los oficios terrestres

El segundo, nació muchas décadas después, del otro lado del hemisferio. Descendiente de irlandeses, Rodolfo Walsh fue periodista, guionista y narrador, aunque en la última etapa de su vida se definió ante todo como militante. Justo tres años antes que Truman Capote, Walsh inauguró la narrativa de no ficción con su reportaje “Operación Masacre”, con base en el testimonio de los sobrevivientes de un fusilamiento clandestino. Pero Gabriel García Márquez, con quien fundó la Agencia de Noticias Prensa Latina, cuenta su más grande hazaña: “Una noche, por un accidente mecánico, se encontró en su oficina con un rollo de teletipo que no tenía noticias sino un mensaje muy largo en clave intrincada.

Era en realidad un despacho de tráfico comercial de la “Tropical Cable” de Guatemala. Walsh se empeñó en descifrar el mensaje con ayuda de unos manuales de criptografía recreativa. El cable estaba dirigido a Washington por el jefe de la CIA en Guatemala, y era un informe de los preparativos de un desembarco en Cuba por cuenta del gobierno norteamericano. Se revelaba el lugar donde se preparaban los reclutas: un antiguo cafetal al norte de Guatemala”.
Senderos que se
bifurcan

Rodolfo Walsh tampoco se quedó a esperar la vejez. Tres meses después de que el ejército había abatido a su hija de 26 años en la Argentina de la dictadura, se enfrentó a un grupo paramilitar que pretendía detenerlo. Se sabe que fue herido.

Su cuerpo nunca apareció. Podría decirse de él exactamente lo mismo que había escrito para su amigo Ricardo Massetti:

”Él no aparece nunca. Se ha disuelto en la selva, en la lluvia, en el tiempo. En algún lugar desconocido su cadáver empuña un fusil herrumbrado”.

Curiosamente, la mejor traducción al español que tenemos de “El Diccionario del Diablo”, de Ambrose Bierce, se la debemos a Walsh.

Mucho más al norte, en el poblado coahuilense de Sierra Mojada, hay una vieja tumba que consigna: “Testigos muy confiables suponen que aquí yacen los restos de Ambrose Gwynett Bierce (1842-1914) famoso escritor y periodista americano que por sospecha de ser espía fue fusilado y enterrado en este lugar.”

Dos padres sobrevivientes de sus hijos. Dos hombres eligiendo vivir y morir a su manera. Dos personajes disueltos inmersos en un extraño diálogo a través del tiempo y el lenguaje: un escritor perdido traduciendo a otro escritor perdido.

Bardo de las bardas

“La literatura es, entre otras cosas, un laborioso avance a través de la propia estupidez.”


Rodolfo Walsh
01 Agosto 2010 03:00:57
Melville, el escribiente
Un día como hoy nació Hermann Melville, marinero del Pacífico y los Mares del Sur, oscuro oficinista y mediano profesor, pero sobre todo, incansable navegante del alma humana, anónimo ciudadano con oficio de escribiente.

Islas para naufragar
¿Tienen algo en común la actual música electrónica y las antiguas aventuras de un ballenero en los Mares del Sur? Veamos...

Sabiendo que nunca podría ir a la universidad, el autor de “Billy Bud” se embarcó a los 19 años, decisión que lo alejaría durante mucho tiempo de tierra firme y lo acercó a la desmesura de esa forma de vida. En 1841, dejó para siempre el ballenero donde había navegado durante más de un año y medio para irse a vivir entre caníbales. De ahí escapó en un barco mercante para alcanzar las costas paradisíacas de Tahití, donde estuvo preso antes de poder regresar a América, tres años después.

Derivas de tierra firme
Para el precoz marinero no fue el agua sino el fuego el elemento que le ofreció su primer naufragio: luego de un puñado de libros sobre sus aventuras en el mar que le redituaron un regular éxito económico y un fugaz reconocimiento como autor, un incendio en los talleres de su editor lo alejó de nuevo de la literatura, llevándole a desempeñarse como un modesto empleado en la aduana de Nueva York.
Contrario a lo que se piensa ahora, su obra cumbre, “Moby Dick” —dedicada a su amigo y mentor Nathaniel Hawthorne, autor de “La Letra Escarlata”— fue un estrepitoso fracaso comercial.
Nadie supo o quiso ver que detrás de aquel capitán empecinado en pos de un animal monstruoso se encerraba una exploración de las profundidades de la maldad tan inabarcable como incomprensible, una historia que usaba como telón de fondo el mar para reflexionar acerca de la inutilidad de la venganza y los extraños resortes de la locura.

Al país donde los sabios se retiran.

Su obstinación de proseguir en las reflexiones en torno a los temas metafísicos y la soledad absorbieron sus preocupaciones literarias, apartándolo aún más de un público ávido de sencillas novelas de aventuras. Al igual que su personaje Bartleby, Melville fue disolviéndose poco a poco entre el feroz rumor de la ciudad, el anonimato y el silencio. El entierro de quien ahora se considera un autor fundamental de las letras americanas, en 1891, pasó desapercibido.

Exceptuando su bíblica saga sobre la gran ballena blanca, el resto de su obra permaneció sumida en el olvido hasta entrada la segunda mitad del siglo 20.
Hoy, más de un siglo después de su muerte, su bisnieto, un ex dj neoyorquino dedicado a la música, centrado en las fusiones y posibilidades de los sonidos sintéticos —como un ballenero a través de un inabarcable mar sonoro— triunfa en la industria llamándose a sí mismo Moby, a manera de homenaje a su malhadado abuelo.

Bardo de las bardas
“Existen algunos momentos y ocasiones extrañas en este complejo y difícil asunto que llamamos vida, en que el hombre toma el universo entero por una broma pesada, aunque no pueda ver en ella gracia alguna y esté totalmente persuadido de que la broma corre a expensas suya”.
Hermann Melville
25 Julio 2010 03:00:26
El siglo de Sábato
Autor de la famosa reflexión: “La razón no sirve para la existencia” y prófugo de la ciencia, el marxismo, el existencialismo, y demás “ismos” que contaminaron la literatura del pasado siglo, el casi centenario escritor argentino cumplió este 24 de julio 99 años.

El lado oscuro
Nacido en la provincia argentina, este sombrío personaje fue un escritor tardío. Publicó su primera novela después de los 30 años. Hacia 1948, la tenebrosa trama de “El Túnel”, historia que engarzó como nunca antes la delicada frontera entre el arte, la locura y el crimen, fue festejada con entusiasmo por autores como Albert Camus. Existen hasta donde sé, dos versiones cinematográficas de este libro: una argentina, de alrededor de 1950. Y una norteamericana, de los 80, donde el actor Peter Weller (que luego haría de Robocop) encarna al desquiciado pintor Juan Pablo Castel.

Volver Jamás
Dicen que uno se debe también a sus renuncias.
Como muchos escritores de su tiempo, Sábato se vio influenciado por el triunfo de la Revolución Rusa y la esperanza que traía consigo la Guerra Civil Española. Aterrado ante los crímenes de Stalin, fue de los primeros en denunciar las monstruosidades incubadas con los pretextos de la ideología. Pero ahí no terminaron las dimisiones, Doctorado en Física y ayudante en el laboratorio Curie de París, el escritor austral empezó a cuestionarse el sinsentido de la ciencia en un mundo cada vez más vulnerable a la amenaza nuclear y el culto a la tecnología. Fue la segunda abdicación.

Informe Negro
Tuvo sus acercamientos con Borges y con Bioy, por quienes siempre demostró admiración a pesar de sus diferencias políticas. Tardó muchos años en publicar su segundo novela: la sombría “Sobre Héroes y Tumbas” (1961), calificada por muchos como la mejor novela argentina del siglo 20. Alejado del esteticismo, provisto de una prosa desnuda, y hasta cierto punto fría, Sábato buceó en las alcantarillas de la maldad humana a partir de una anécdota policial. En alguna ocasión declaró que su libro había sido publicado gracias a que su mujer salvó varias veces el manuscrito del fuego, a donde lo había condenado el autor.

Sábato siempre dijo que toda esa oscuridad, toda esa terrible historia de incesto y asesinato padecida por el clan Vidal provenía de las regiones más oscuras del subconsciente.

Exterminio
Luego de volcarse al ensayo, donde cuestionaba el incipiente culto a la tecnología, tachado de retardatario —“Hombres y Engranajes”, “Uno y el Universo”— en 1974 volvió para contar su última y apocalíptica profecía de ficción: “Abaddón el Exterminador”. Fue ahí donde se volcó a la experimentación de la metaliteratura, y donde a medio camino entre el ensayo filosófico y la novela histórica predijo el baño de sangre en que se sumiría su país en los años subsiguientes.

La resistencia
Candidateado en muchas ocasiones al Nobel —del que ha dicho que es “el premio más municipal del planeta”— en sus últimos años Sábato renunció de nuevo.

Abandonó la literatura para dedicarse a una de sus pasiones más tempranas, la pintura. Y sólo volvió a escribir una especie de testamento literario dedicado a su público más amplio, los jóvenes: “Antes del Fin” y “La Resistencia”.

Hoy, sumido en una especie de anarquismo cristiano y casi ciego, este autor fundamental sobrevive alejado, sólo para emerger de vez en cuando y sacudirnos con sus palabras: “La vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados”.

Bardo de las bardas
“Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia”.

Ernesto Sábato
17 Julio 2010 04:00:51
Diálogo en el infierno
Dos peatones. Dos sabios del lenguaje. Dos señores llenos de agilidad y ocurrencias.

Dos autores que de haberlos leído bien, junto a Saramago, hubieran sido condenados por los voceros eclesiásticos al fuego de las hogueras eternas. Dos lenguas muy afiladas en un no lugar. Esto es algo de lo que se les oyó platicar:


El yo supremo
Monsi: Acepté esta suerte de autobiografía con el mezquino fin de hacerme ver como una mezcla de Albert Camus y Ringo Starr.

Armando Jiménez: No hay crudo que no sea humilde ni pendejo sin portafolios.

M: Soy un gato sin gracia y sin siete vidas...

AJ: Yo viví y comí como si lo mereciera.
M: La autocrítica está muy bien, mientras no tenga que ver con uno mismo.
Yo no puedo hacer un resumen de mi vida, porque está conformada por varias épocas y circunstancias, libros, amistades y pleitos, y eso, sólo admite resúmenes parciales.

Política

M: Este país no tolera a sus genios. O los expulsa o los hace presidentes de la República.

AJ: Son como el abarrotero gachupín. ¿Conoces el de un abarrotero gachupín?

Empacar un kilo de frijoles en un saco de 900 gramos.

M: Muchos dicen que han cumplido con su deber, y a mí, me da mucho gusto no haber cumplido ni con la mínima parte de él, para desgracia o fortuna de esta patria.

AJ: Yo por eso, mejor salgo a caminar. Con los altos me detengo pero con las curvas me entretengo.

La verdad
AJ: ¿Cuál es el colmo de un ganadero?

¿Y el de un albañil?

¿Y conocen el del carnicero? ¿No? Pues es de este tamaño.
M: No a decir la verdad, porque ese es un terreno al que pocos tienen acceso. No, mentir, es a lo más que uno aspira. Si me pronuncio ante un tema, no creo estar diciendo la verdad, sino no estar mintiendo, de acuerdo con lo que yo conozco.

Los murmullos

AJ: Ábranla piojos que ahí les va el peine.

M: ¿A quién convence el juego de las décadas?
No haremos obra perdurable. La voluntad tenaz de la mosca tal y como lo dijo el gran Renato Leduc, se da o no. Yo creo que a estas alturas ya pocos disponen de obra perdurable: Jaime Sabines, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Alfonso Reyes, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, Fernando del Paso, tienen una obra perdurable.
Y te digo Armando lo que miré en el primer día del milenio tercero de nuestra era... Y vi una puerta abierta, y entré, y escuché sonidos arcangélicos .... y vi la Ciudad de México (que ya llegaba por un costado a Guadalajara y por otro a Oaxaca) y no estaba alumbrada de gloria y de pavor, y si era distinta desde luego, más populosa, con legiones columpiándose en el abismo de cada metro cuadrado, y videoclips que exaltan a las parejas a la bendición demográfica de la esterilidad o al edén de los unigénitos, y un litro de agua costaba mil dólares, y se pagan por meter la cabeza unos segundo en el tanque de oxígeno, y en las puertas de las estaciones del Metro se elegía por sorteo a quienes si habrían de viajar...

AJ: Barriga llena, corazón ¿qué hacemos?...
11 Julio 2010 03:00:17
Tiempo infame
Días como heraldos negros: bastaron apenas unas semanas para que la naturaleza nos volcara su lado de sombra. Su rostro de destrucción. Y nos quedamos un poco más temerosos.

Un poco más huérfanos.

El largo adiós

Primero se fue Saramago, ese viejo de voz dulce al que la Iglesia condenó al infierno. Un día después, Armando Sánchez Quintanilla, director de Bibliotecas de Coahuila, uno de los más entusiastas y dinámicos promotores culturales que se pudieron ver en los últimos años.

Sin la fuerza motriz del gran admirador de Gabo, la Feria del Libro de Saltillo se quedó un poco huérfana.

Al día siguiente de ese fin de semana terrible, se fue también Carlos Monsiváis. Ese peatón multifacético del cual decía el exquisito Paz que “no tenía ideas, sino ocurrencias”. Era como si un viento negro soplara sobre todas las velas.

Podar las lenguas

Pero la cosa no paró ahí. Apenas semanas antes se había ido don Gabriel Vargas, creador de “La Familia Burrón”, todos lo lloraron en el Callejón del Cuajo.

Después de Monsi, el Día de la Independencia gringa, don Armando Jiménez, otro sabio de a pie, autor de la “Picardía Mexicana”, el libro que según Alfonso Reyes, él había soñado con escribir. Una fiesta del lenguaje que en sus diversas ediciones estuvo prologada por apóstoles y bandidos de todas las tendencias: desde el obscenísimo y monárquico Camilo José Cela, el erudito Octavio Paz, el socialista Neruda, o el santón realista mágico Gabriel García Márquez. Un libro con 143 ediciones y más de 4 millones de ejemplares vendidos desde su aparición, a finales de la década de los 50.

La tempestad

Y la guadaña prosiguió su tarea, como afilada por el canto del agua.

En Torreón murió un autor fundamental de las letras coahuilenses. Francisco José Amparán.

Escritor polifacético y controvertido, legó una obra abundante, siendo uno de los primeros autores regionales en incursionar en el género policiaco.

No sé por qué lo recuerdo ahora por uno de sus cuentos más anómalos. El año del Lemming: una pareja al borde, y una epidemia de animales que sin razón aparente, se arrojan en manadas al mar.

Quizás otros labios

De niño Juan Hernández Luna quería ser portero del Cruz Azul.

Terminó siendo narrador policiaco.

Ganador del desaparecido concurso Puebla de Cuento, prófugo de empleos infames, el autor de “Yodo” acabó siendo uno de los grandes narradores del género.

Su amigo Paco Taibo II lo había calificado como “el más duro, el mejor, el relevo en la novela negra mexicana”.

Hernández Luna había sido el único autor nacional en ganar en dos ocasiones el Premio Internacional de Novela Dashiell Hammett con el cuasi desconocido clásico de novela policiaca-histórica “Tabaco para el Puma” y hace un par de años con “Cadáver de Ciudad”.

Apenas hace algunos años, como funcionario cultural de la Ciudad de México, había instaurado un programa de lecturas para policías.

Es extraño pensar que apenas el año pasado Armando Sánchez Quintanilla , Francisco Amparán y Hernández Luna convivían juntos en la Feria del Libro de Saltillo, y ahora no estarán jamás.

Bardo de las bardas

“Me consuela el asunto de tener amigos generosos, disponer de mi tiempo, despertarme a medio día, ir y venir, escribir hijos, plantar libros, criar árboles”.

Juan Hernández Luna


04 Julio 2010 03:00:46
El libro de las mutaciones
“Decidí que mi tema eran las transformaciones…

Ahora me siento ganado por lo inmóvil.” Así signa la voz de su más reciente obra el poeta Julián Herbert. Un libro deslumbrante, donde cada palabra es un túnel desembocando en distintos parajes, una perpetua mutación, una manera agridulce de enunciar la orfandad del soldado, la intemperie del amante. Arte marcial Desde hace años, ya es deporte del mundillo cultural despotricar contra Julián Herbert:

“Nos disparan por disciplina”: describe el autor de “Pastilla Camaleón” como quien mira pasar una nube. En un entorno cifrado por el ninguneo y la mezquindad, donde es rarísimo y hasta anómalo que un creador manifieste la profunda admiración por la obra de uno u otro autor, en fin, dentro de esa suerte de farándula ranchera del arte, libros como “Pastilla Camaleón” vienen a devolver la fe en la escritura, y más aún en un género tan abusado y tan traicionado como el de la poesía.

Hasta la sobriedad Desde la voz que busca a su padre, el huérfano que mastica el silencio de las musas y la maldición de los pájaros, o el padre ausente que como en aquel cuento de Bradbury mira sus tatuajes cobrar vida, el autor de “Un Mundo Infiel”, dueño de un oficio decantado hasta la transparencia de la oralidad diaria, trasmuta sus preocupaciones como soldado y alquimista, como turista del caos y asesino de los propios recuerdos. Porque escribir es cribar:

“Ahora que vivo, fumando En la sala de espera de una revelación.” Suburbio de una bala Alguno dijo que sólo había dos temas en la escritura: el amor y la muerte. Deambulando en los laberintos circulares del estupendo volumen cuidado por editorial Bonobos, el poeta fragua el espejismo y la asfixia: canta el resplandor y la ceguera resultante:

“Helena es una mortaja, lo notamos casi nunca. Su belleza conmemora su coartada.”

Esto no es una elegía

Porque el poeta se atraviesa y se traviste. Peatón y fabricante de máscaras. Un jinete cabalgando hacia la noche, con su bata de loco bajo la armadura abollada por los sables mongoles, el rencor del fuego griego y los arcabuces del rey católico. El poeta mira la historia desde un estadio de ruinas. La cima del libro: “Batallón San Patricio” un canto que pudiera ser lo mismo el balbuceo moribundo del domador de caballos –domador de cabellos- arrastrado ante las murallas de Troya, el soldado ruso entre los escombros de Berlín, o el adolescente latinoamericano en las guerras de hace 30 años, en las guerras del ahora:

“Capitanes y tenientes travestidos de doctores curan mapas. Trazan parques de atracciones en el tiempo.” (…)

Yo soy la soga, larga almendra de la asfixia, deshielo de gravedad (…)

De mi todo se tensa, Todo vuela hacia abajo todo es yodo labial, todo babea. Ideas baten el aire como si el balanceo fuera a sanarlas. (…)

Ahora mi cuello sabe cuánto pesa una canción.


Bardo de las bardas “Sueño que he muerto, y para que me hable, tengo que aprender a creer en fantasmas.” Julián Herbert
21 Junio 2010 03:00:35
El cardo en la voz
Murió el Nobel portugués José Saramago -no novel, como aseguran algunos eruditos- lo que trae a cuento la eterna discusión entre la literatura y el compromiso político. Esas ideas que hunden en la miopía aún a las mentes más brillantes. La política es el opio de los intelectuales.

En sus muchas entrevistas, mismas que se multiplicaron exponencialmente luego del Nobel, el autor aprovechó para demarcar su visión del mundo, y aunque muchas veces resbaló en apreciaciones sesgadas o cuando no ingenuas, fue lúcido al definir su visión de la borrosa frontera entre la literatura y el compromiso:

“Hay que reconocer que la literatura no transforma socialmente el mundo, que el mundo es el que va transformando, y no sólo socialmente, a la literatura. Es ingenuo incluir la literatura entre los agentes de transformación social. Reconozcamos que las obras de los grandes creadores del pasado no parecen haber originado, en sentido pleno, ninguna transformación social efectiva, aun teniendo una fuerte influencia en comportamientos individuales y de generación. La humanidad sería hoy exactamente lo mismo que es aunque Goethe no hubiera nacido. La literatura es irresponsable, porque no se le puede imputar ni el bien ni el mal de la humanidad.”

Más guapa que cualquiera

Aunque alguna vez definió a la ética como “la mujer más guapa del universo”, en sus últimas épocas el portugués fue del idealismo al realismo: “La literatura no es un compromiso. Nunca. El compromiso, si existe, será el de esa persona que es el escritor. La literatura no puede ser instrumentalizada. No se puede decir que sirva para esto o aquello. Empezar a leer fue para mí como entrar en un bosque por primera vez y encontrarme de pronto con todos los árboles, todas las flores, todos los pájaros. Cuando haces eso, lo que te deslumbra es el conjunto. No dices: me gusta este árbol más que los demás. Cada libro en que yo entraba lo tomaba como algo único.”

Casi un objeto

A diferencia de gigantes de la literatura que sucumbieron a miopía de sus preferencias políticas, Saramago tuvo tiempo de virar de la efervescencia socialista al humanismo de lo concreto. Lejos, muy lejos de Pablo Neruda y sus odas a al genocida Stalin, o la vergonzante defensa de Jean Paul Sastre, quien renunciaba al Nobel de literatura argumentando que ésta no evitaba la muerte por hambre de niños en el mundo, mientras al mismo tiempo defendía el sangriento régimen de Pol Pot en Camboya –responsable de la muerte de mas de 2 millones de personas. O al inefable Borges, elevando a la estatura de héroe al general golpista mexicano Bernardo Reyes, padre de su amigo Alfonso, apoyando entusiastamente a los chacales de la dictadura argentina o recibiendo de Pinochet la Gran Cruz de la Orden del Mérito. Será que Saramago empezó a publicar muy tarde. Y empezó a desdecirse, es decir a redimirse, a tiempo.
13 Junio 2010 03:00:38
El sonido es mi pastor
Dicen que la mayoría de los creadores –fotógrafos, pintores, escritores– somos músicos frustrados. No sé qué tan cierta sea esta afirmación, tan sólo diré que conozco a más de uno que cambiaría todos sus libros o sus cuadros por un regular talento para la instrumentación o el canto.

Canciones de sol

Lo anterior a cuento porque escucho el cd “La Ruta Natural” de la agrupación saltillense Paseo de Ovejas, edición posterior a su triunfo en el Primer Concurso Estatal de Bandas de Rock, organizado por el Instituto Coahuilense de Cultura. Pero ¿qué es Paseo de Ovejas? ¿Cuál su genealogía sonora?

Aventuro unas hipótesis...

Paseo de Ovejas es un cuarteto conformado por Adalberto Montes, Roy Carrum, Joselo Muerto y Ángel Bosquez. Una de las tantas particularidades de esta sólida agrupación es que dos de sus integrantes –Carrum y Montes– se dedican de manera paralela a las artes visuales, asunto aún más anómalo cuando se desempeñan de manera destacada en su doble faceta de creadores.

Pero no se trata sólo de un grupo que descansa en el talento de dos artistas plásticos, ya que desde el track inicial se nota la solidez de un conjunto dueño ya de un estilo propio.

Huellas

Aun siendo una propuesta que fusiona diversos géneros, yo situaría el sonido de Paseo en el Norte; esa melódica y esos sintetizadores que recorren el disco no son otras cosa que una resonancia posmoderna del acordeón norteño que por igual remite a la juglaría de Mario Saucedo –“ese mar lo forjé sin que nadie supiera”– que a la desmesura de un jovencísimo Cornelio Reyna cuando recorría las cantinas de Saltillo armado de su guitarra y su revólver.

Mucho más allá de un pop juguetón, “La Marcha y la Mar”, la primera pista del disco recuerda a The Beatles en su etapa más desenfadada, a un neo cardenche (escuchen la voz de la “marrana” en los coros) pero también a los mejores Flaming Lips y un origen insospechado: la agrupación noventera Bola Cuadrada.

No sé si los integrantes de Paseo escucharon alguna vez a esta banda integrada allá por inicios de los noventa. Conformada por Arturo Marines (Quién trabaja ya en su primer disco) Manuel Samaniego, el “Show Banana”, Gustavo Morales y el excelente músico Daniel Arizpe, Bola fue una de las bandas más propositivas de su época: fusionaron el rock con la polka, la trova con la cumbia, lo orgánico con lo eléctrico; a la manera de Sangre Azteca, grupo precursor de La Barranca.

La conquista

Paseo de Ovejas es una banda posmoderna en muchos sentidos, anclada en una cierta tradición –texturas del rock ochentero que se filtran junto a la sencillez y los juegos vocales del dueto Belle & Sebastian– dan pie a un disco redondo: desde la agridulce “San Pedro” hasta la dylaniana “Naty” el grupo explora con los juegos del idioma y de los recuerdos, erigiendo un edificio sonoro, rico en matices y texturas que dan cuenta de los alcances de esta banda.

Veo a “La Ruta Natural” como un edificio de habitaciones infinitas, un no-lugar donde conviven las irreales atmósferas de lo circense (ojo con el estupendo arte del disco a cargo de Adal Montes y Roy Carrum), los resabios filtrados y vueltos a filtrar de la polka más desnuda junto a las preocupaciones estéticas de cualquier hombre al inicio de este milenio. Y dentro de todo esto, los músicos saltillenses no aspiran a la grandilocuencia: no quieren sonar como Nirvana, ni como los engendros de la movida regia; sus letras ahondan en los abismos de lo cotidiano, los recuerdos familiares y los pormenores de la distancia, el desamor, la alegría o la confusión del hombre común.

Estas ovejas juegan al pastar: balidos electrónicos explorando el tiempo y el espacio. Y si el sonido es su pastor, nada les faltará.
06 Junio 2010 03:00:42
Palabras sin nombre
En un momento del país en que múltiples plagas asolan al ciudadano común; indigente de trabajo, de paz y de información, existe la urgente necesidad de que el periodismo replantee su papel y asuma un rol de servicio, abandonando una constante en la que suele caer: el mesianismo y la demagogia.

Que vuelva a lo esencial; dejando atrás la vacuidad, así como el doble discurso de libertinaje y de manipulación.

Pavor y control

En su libro “La Doctrina del Shock”, la periodista canadiense Naomi Klein compara la situación de una sociedad desinformada con el desconcierto y la fragilidad de un prisionero de guerra. Una entidad que, aislada de una percepción objetiva de la realidad, se vuelve manipulable y débil. Así sobrevive la sociedad de hoy; maniatada en un rol de espectador o lector pasivo, con cada vez más reducidos espacios de participación real: “Vote”. “Llame”. “Compre”. Vapuleada por notas “de relleno”; reina del consumo, tuerta de infomerciales; sorda de futbol, empalagada de estupidez, apabullada por el graznido de bizarros analistas.

Hombres y mujeres que antes de dormir se acostarán con su dosis de terror y cifras ominosas; los mismos que al despertar al nuevo día, prepararán a sus hijos para la escuela mientras se enterarán de los nuevos crímenes, los recientes desfalcos, la desmemoria de ayer, la injusticia de mañana.

La hoguera de las vanidades

En la tele estilistas y candidatos; analfabetas chicas del clima –vientres inútiles y perfectos– y somnolientos comentaristas de deportes. Mesmerizados analistas graznando sus alabanzas al vacío del desierto. En los medios escritos el asunto no va diferente. Baste ver la orientación noticiosa para darnos cuenta que la noción de relevancia de muchos editores raras veces coincide con las preocupaciones reales del ciudadano. Abismos crecen entre el redactor y el lector.

Algunas páginas de cultura donde artistas y personajes asumen ser profundos, originales, interesantes. Frases ingeniosas y claves sólo para iniciados. Poses, compromisos y supuestos.

Pequeños feudos en los que deciden lo que se publica y no; como si de esa manera construyeran la realidad misma. Sin saber que el periódico, después del mediodía, sirve para envolver las vísceras y las verduras.

Pasado mañana

Para su mal, los medios de comunicación se han ido alejando del hombre de a pie. Apuestan ahora a los analfabetas de Internet: los que tasan con igual relevancia la reciente travesura de Paris Hilton y los nuevos niños muertos que no importarán a nadie. Es la hora feliz: el asfixiante, el soñoliento espejismo de lo virtual. 

El lenguaje se ha vaciado de sus significados netos. Las palabras han perdido su peso. Muchos columnistas muerden el aire con sus colmillos blandos. Ahora el redactor se preocupa más que por decir, por no decir. Porno decir.
Mientras allá afuera la realidad arde.

Bardo de las bardas

“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias“.


Ryszard Kapuscinski.
30 Mayo 2010 03:00:41
Matar un poeta
75 años de Roque Dalton. 35 desde su asesinato.

El salvadoreño, según cuenta Eduardo Galeano en “Días y Noches de Amor y de Guerra”, hijo pródigo de la providencia, escapó dos veces de un fusilamiento.

La primera, porque en los últimos momentos de su encierro cayó el gobierno que lo condenara; y la segunda, cuando un terremoto cuarteara la pared de su
celda.

Salvedades


Prófugo de torturadores poco eficaces, de futbolistas resentidos que le apedrearon la cara, o de maridos agraviados, el autor de “Taberna y Otros Lugares” no pudo huir de sus propios compañeros militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo, quienes lo ejecutaron bajo la acusación de ser “muy moderado, “revisionista”, “vendido al imperialismo” y “al servicio de la CIA”. Y aunque siempre hubo un componente de alegría y antisolemnidad en su obra, prófugo también de la grandilocuencia de la poesía latinoamericana, el viajero incansable no se salvó de la mitificación, de su inclusión postmortem en el santoral de la izquierda. Triste destino de un hombre que buscó siempre una individualidad rabiosa: a Roque Dalton lo condenaron dos veces sus compañeros. En vida, los guerrilleros. En la muerte, los poetas.

El turno del ofendido

La leyenda de Roque Dalton –poeta y guerrillero- no ha dejado ver cabalmente la totalidad de su obra. Por ejemplo, sus más de 4 mil páginas escritas sólo en el género poético. La tragedia de su militancia, la picaresca de sus anécdotas y su historial político empañaron de ideología el cristal de sus palabras. Esos escritores que lo condenaron al panteón de la izquierda militante, antepusieron siempre su compromiso político al gran oficio del poeta que abjuró siempre de clasificaciones y banderas.
Malentendido en la vida y en la muerte, sus empalagosos admiradores lo situaron como un escritor coloquial y autoreferencial, cuando el salvadoreño nunca se planteó como un catequista de la doctrina comunista. Sólo un poeta, una garganta construida de viajes y deslumbramientos, de amores y terremotos, un hombre lúdico y multicultural.

El destino final


Según el comunicado del ERP, Dalton fue ejecutado el 10 de mayo de 1975. Según Paco Taibo II, en su novela “Cuatro Manos”, la muerte del poeta fue un operativo planificado desde la CIA para dividir y golpear a la izquierda latinoamericana. Su cuerpo nunca apareció. Entonces surgió el mito: unos lo hicieron perdido en Europa del Este, prendado de una rubia “más bella que una fábrica checoslovaca”. Otros, lo vieron bajo la llovizna eterna de las junglas asiáticas, peleando junto al Vietcong. Yo quiero pensar, que al igual que Miguel Hernández, el salvadoreño y el español, en la enorme hondura de su poesía trocaron a la guerra, la miseria y la muerte apenas en un paisaje anecdótico, una circunstancia secundaria, un ruido de fondo para su portentoso canto.


Bardo de las bardas


”Yo sería un gran muerto.
Mis vicios entonces lucirían como joyas antiguascon esos deliciosos colores del veneno.
Habría flores de todos los aromas en mi tumba e imitarían los adolescentes mis gestos de júbilo,
mis ocultas palabras de congoja.
“Tal vez alguien diría que fui leal y fui bueno. Pero solamente tú recordarías mi manera de mirar a los ojos.”


Roque Dalton
23 Mayo 2010 03:00:03
Magisterio (2)
15 de mayo, Día del Maestro. 16 de mayo, natalicio de Juan Rulfo. 1918 para mayores señas.

Pero ¿qué tiene que ver la gigantesca figura del parco escritor mexicano y este oficio hoy tan denostado?

En algún momento de su vida, cuando desde todas partes lo presionaban para publicar, Rulfo rompió su terco silencio para hablar en torno al oficio literario:

“Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación.”

Recetario del polvo

Ajeno a los grupos y los reflectores, misterioso y ensimismado, el silencioso fotógrafo reveló ciertos pasajes de su método:

“Considero que hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar. Esos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia: ahora, yo le tengo temor a la hoja en blanco, y sobre todo al lápiz, porque yo escribo a mano; pero quiero decir, más o menos, cuáles son mis procedimientos en una forma muy personal. Cuando yo empiezo a escribir no creo en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello. A veces resulta que escribo cinco, seis o 10 páginas y no aparece el personaje que yo quería que apareciera, aquél personaje vivo que tiene que moverse por sí mismo. De pronto, aparece y surge, uno lo va siguiendo, uno va tras él…”

Mentiras verdaderas

Parco hasta la misantropía, autor de “El Gallo de Oro” suscribió: “Para mí lo primero es la imaginación; la imaginación es infinita, no tiene límites, y hay que romper donde cierra el círculo; hay una puerta, puede haber una puerta de escape y por esa puerta hay que desembocar, hay que irse. Así aparece otra cosa que se llama intuición: la intuición lo lleva a uno a pensar algo que no ha sucedido, pero que está sucediendo en la escritura. Concretando, se trabaja con: imaginación, intuición y una aparente verdad.

Lo pasado, pasado

Instalado en un silencio editorial del cual saldría póstumamente en sus cartas a Clara Aparicio –El aire sobre las colinas- su relación con lo publicado era así:  

“Conforme se publica un cuento o un libro, ese libro está muerto; el autor no vuelve a pensar en él. Antes, en cambio, si no está completamente terminado, aquello le da vueltas en la cabeza constantemente: el tema sigue rondando hasta que uno se da cuenta, por experiencia propia, de que no está concluido, de que algo se ha quedado dentro; entonces hay que volver a iniciar la historia, hay que ver dónde está la falla, hay que ver cuál es el personaje que no se movió por sí mismo.

Borrarse

“Una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer, precisamente, es la eliminación del autor, eliminarme a mí mismo. Para mí el cuento es un género realmente más importante que la novela porque hay que concentrarse en unas cuantas páginas para decir muchas cosas, hay que sintetizar, hay que frenarse; en eso el cuentista se parece un poco al poeta, al buen poeta. El poeta tiene que ir frenando el caballo y no desbocarse; si se desboca y escribe por escribir, le salen las palabras una tras otra y, entonces, simplemente fracasa.”


16 Mayo 2010 03:00:09
Magisterio
Sopla un viento con tierra esta tarde amarilla en que entro por primera vez al panteón.

Mazapil es un pueblo que poco a poco muere también. Ya son más de 60 años desde que te trajeron aquí. Nunca he visto tu rostro. Pero creo conocerlo. Mi padre ha contado de fotografías, postales hoy perdidas donde imagino tu cara con un gesto duro y a la vez dulce. Fotos verdosas que revelan el resplandor de tus 20 años, recién graduada como maestra normalista. Tengo 35 años y soy más viejo que tú en esas fotos que nunca he visto y que llevo en la memoria.

Son tiempos duros, abuela; ásperos como los cerros de Zacatecas que elegiste para ejercer tu magisterio. “Providencia”, “Salaverna”, “Nochebuena”, “Cedros”, “Novillos”, “Terminal”: son nombres que suenan en la memoria de nuestra sangre con un eco áspero y familiar.

Por esas veredas anduviste en años de la expropiación petrolera, madre sola, con tu hilera de chiquillos bajo el sol, librando tu batalla silenciosa entre el polvo. Dice mi padre que tu valentía era como una casa. Casa que era al mismo tiempo un aula en una loma del pueblo minero de “Novillos”. Un edificio de muros gruesos y tibios. Una casa que reconocí en la imagen de mis sueños cuando hace años pude viajar con mi padre a la ruina de lo que fue tu escuela. Ahí, entre esas paredes ahumadas y rotas, imaginé tu magisterio de soledad y espinas. Tus lecturas febriles al calor de una chimenea alimentada con olotes. Tus hijos cobijados de la tempestad bajo tu ala junto a niños morenos que deletreaban por primera vez palabras como “mesa”, “árbol” y “mamá” bajo el águila bordada en la bandera de tu salón.

Eran años difíciles también cuando te fuiste. De guerra y racionamiento. Tiempos duros para una mujer sola con cuatro hijos e ideas propias, arrojada por elección a la quimera de educar niños en el desierto. Mi padre cuenta que fue por tiempos de Navidad. A lo largo de mi vida, he sentido una doble orfandad; la suya y la mía; construyéndote a pedazos en los dichos de mi viejo.

Un hombre áspero y malhablado al que se le ablandan los ojos y su voz de caverna cuando recuerda un viaje contigo: un niño orinando de madrugada las ruedas de un tren detenido que iba hacia Guanajuato; o la vez que de noche lo despertaste para planear frente a sus ojos soñolientos un pequeño avión de plomo que le habías traído de un pueblo lejano.

Ahora soy maestro, abuela, y aunque es casi un siglo que empezó la enorme tarea de abatir la ignorancia en nuestro país, el trabajo aún no termina. A veces me desespero, y el desaliento es como un perro que ladra en el páramo de mis sueños. Y las líneas de mi boca forman un paréntesis, como si llevara los labios atrapados en una pausa proverbial, un mayúsculo paréntesis de silencio. Un silencio roto a duras penas por el inútil fervor de la cátedra. Pero luego pienso en tus años respirando el gis, en tu entrega como una coraza. Una armadura alumbrada por dentro con un tibio fuego.

En mi padre huérfano. En tu imagen guiándolo a través del abismo como un estandarte.

Y aquel día en tu salón, en esa pared cansada, cuando toqué tu pizarrón estrellado -un rectángulo de cemento pulido- y lo que me transmitió su tacto: rostros de niños iluminados por el fulgor de las palabras; lecturas en voz alta que se desgranaban como un rumor de hierba mecida por el viento; atardeceres imposibles y el resplandor eterno de tu entereza.

Me dijeron que al morir aquel diciembre de 1943 tus amigos te trajeron aquí, y por más que busco no encuentro el sitio de tu descanso. Pero tu voz viene a tocarme, como esas manos que acomodan la manta en la madrugada de un infante, o el tibio resplandor del sol acariciando a un hombre que murmura solo entre las tumbas.

Fuiste la rama sola, la rama más fuerte de nuestro árbol. Soy lento y desesperado, pero intento aprender tu paciencia y tu fuerza, aunque sea un poco, abuela Aurelia.
09 Mayo 2010 03:00:22
Sangre, sudor y máquinas
¿Puede el artista jugar y al mismo tiempo cuestionar su universo por medio de intuiciones que se materialicen en obras de arte?

La muestra “Los Clásicos” del joven artista Vinicio Fabila —acogida actualmente en Casa Purcell— da cuenta de este oscuro juego hecho de inquietantes preguntas.

El emblemático grabador Armando Meza ha descrito así la obra de este artista plástico: “A Vinicio le sienta bien la nostalgia [...] cuatro placas atacadas con esa rabia dulce que es el percloruro férrico en ese metal ultra reciclable nos muestran cuatro divertimentos sobre aluminio, un metal dúctil que se deja rayar y que se corrompe a golpe de baños, de bruñidos y de líneas que lo ennegrecen.”

El alma dúctil

Meza dice casi todo al definir las cualidades del metal elegido por Vinicio para realizar las placas de su serie, parecería que habla también del alma: un espíritu sometido a las rayaduras de la intemperie, a la corrosión de los días, a líneas que la atraviesan y al herirla la definen.

Vinicio propone una exposición sustanciosa en el sentido de mostrar el proceso todo de las placas impresas, y cómo éstas, recortadas y armadas, conforman una legión de coches que vagan a través de un desierto en miniatura.


Lo quieto y lo móvil

En una muestra que por su oficio y su minuciosidad rebasa el promedio facilista del artista joven (apropiaciones e instalaciones instantáneas, poemas robados y happenings que devienen en celebración social), Fabila recurre a la imagen del viejo automóvil para divagar en torno a las identidades del hombre en el desierto: carrocerías reptílicas, somnolientos ojos de lagarto que indagan desde el epicentro de las temibles llantas; capotes donde la muerte sonríe con suficiencia o el amor en forma de rosa abre sus fauces de suavidad y espinas.

Esos autos de papel que ruedan por un microcosmos con palmas de tinta y papel, nubes que se arraciman en una penumbra, provocan un extraño desasosiego. La mente empieza como una llanta de cara blanca a rodar: los autos como imagen del encierro en la “Autopista del Sur” de Cortázar; los protagonistas de “Los Detectives Salvajes” encontrando su destino final a bordo de un viejo auto en el corazón del desierto; el vértigo y la colisión como aliciente erótico en alguna película de Cronenberg; los carritos que todos rodamos en la infancia, los viejos taxis en las películas en blanco y negro o el yellow cab neoyorquino que en su cíclico rumor, según su propio testimonio, diera a Octavio Paz el ritmo para “Piedra de Sol”.


Dormidos vértigos

Armando Meza, grabador, maledicente y poeta, lo ha dicho mejor: “estampas tridimensionales listas para la colisión de una nocturnidad que no termina de extinguirse”.

Miro los pequeños autos de Vinicio y recuerdo todo lo que nos susurran los cementerios de automóviles. Limbos donde se sepulta a la prisa. Paradas últimas de la soberbia y la civilización, panteones donde se manifiesta en su forma más implacable la victoria del tiempo.

Y colisionan muchas cosas en la azarosa autopista donde se pierden “Los Clásicos”: la inocencia y el agobio, lo veleidoso del amor y lo concreto de la muerte. Una obra perturbadoramente madura, juguetonamente inquietante, para un artista de poco más de 20 años.


Bardo de las bardas

“Como los automóviles que pasaban rápidos por las carreteras con risas de muchachas y música de radios... / Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos y las canciones de los radios que pasaron de moda. /Y no ha quedado nada de aquellos días, nada, más que latas vacías y colillas apagadas, risas en fotos marchitas, boletos rotos, y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.”

Ernesto Cardenal
02 Mayo 2010 03:00:14
La impostura
El pasado 23 de abril se conmemoró el Día Internacional del Libro. Por esos días empezó a circular a través de correos y redes sociales una petición de firmas para impulsar una supuesta Ley de Fomento a la Lectura en Coahuila.

Según una cándida nota periodística, “Cientos de amantes de la lectura” se sumaron a la propuesta. Por más esfuerzo que haga, nunca he podido imaginar cómo se es “amante” de la lectura.
Así, inocente y estúpidamente, comienza la perversión del sentido de las palabras.

Libros sin canto


Los repentinos entusiastas afirman que urge esa ley, porque “varios estados la tienen ya”. Como si el desarrollo cultural fuera una carrera de perros tras una liebre mecánica. O tras un hueso.
¿Qué busca esta ley? Se busca “la integración de un consejo estatal y de consejos regionales.
Además de registrar, enriquecer y preservar el acervo bibliográfico del estado de Coahuila.”
Pregunto ¿Qué ésto no se hace ya a través de las múltiples instancias? Si hay un Instituto Coahuilense de la Cultura, con un Fondo Editorial, un Consejo Editorial del Gobierno del Estado, una Red Estatal de Bibliotecas Públicas, un Instituto Municipal de Cultura y un Consejo Editorial de la Universidad Autónoma de Coahuila, entonces, quienes impulsan esta ley, afirman implícitamente que estas instituciones no están cumpliendo cabalmente con su función.

Amorosos fantasmas

Otro argumento que se ha usado como justificación, es que esta “ley” permitiría formar un acervo y darle difusión a todo lo que se edita en el Estado. No dudo que gente de buena fe haya apoyado esta iniciativa, pero visto lo anterior, esto suena más bien a urgencia de burócratas en fin de sexenio, buscando una liana nueva de la cual columpiarse.
Si tanto les interesa promover desinteresadamente la lectura, invito a todos esos luminosos y barbados profetas a que se apronten a las bodegas de las instituciones públicas, instalen un campamento en las aceras y se pongan en huelga de hambre hasta rescatar los miles de tomos que se pudren en el olvido y los empiecen a repartir como peces multiplicados. A ver cuánto les dura lo “amante” de la lectura.
O que saquen de la sombra tantas y tantas colecciones fantasmas, como la “Siglo XXI. Escritores Coahuilenses”, a la cual sólo se le vio aparecer para la foto del periódico, pero nunca en la mano de un lector.

Buenas intenciones


Creo que la ley de fomento a la lectura en Coahuila es un recurso oportunista y demagógico que no resolverá las graves carencias de difusión y distribución padecidas por los libros hoy y siempre.
Yo no le dejaría la tarea de impulsar la lectura a un grupo de políticos queriendo vestirse de progresistas. Sigo pensando en la lectura como una elección individual y no como una lesgislación que concibe al lector como una entidad pasiva a la que hay que “redimir”.

Basta de visiones paternalistas y verticales. Que cada quien lea lo que quiera y cómo pueda. No se puede leer por decreto, por imposición. No me veo como padre, leyéndole a mis hijos 15 minutos diarios porque una ley me lo dicta. Considero a la lectura como un gozo privado, una iluminación más allá de las reglamentaciones y las burocracias, una libertad inaccesible a las más torpes politiquerías.
Al rato me vendrán con una ley para besar. Decreto número 4156 para pensar.  O una ley de orgasmos.

No abuses de mi inspiración

En un país donde el ciudadano está indefenso ante los atropellos del transporte público, la burocracia como un pulpo con artritis, un sistema de educativo que permite los monopolios de comida chatarra frente a las escuelas, legiones de niños obesos por un puñado de dólares, salarios insuficientes y vulnerabilidad, una ley para promover la lectura se antoja una broma macabra.
Otro peligro derivado de leer por decreto sería la sacralización del libro. Entonces nos vamos al ideal abstracto, a escribir con letras mayúsculas el Amor, la Verdad, el Conocimiento, el Hombre.
Alá me libre de los redentores que no pedí; con la tabla de la ley en una mano y la factura escondida en la otra.
Si yo no les pregunto cuánto cobran por ser amantes del libro, por favor no quieran legislar sobre uno de los últimos reductos donde puedo ser yo.
Si quieren fama de bienhechores o la quincena segura, elijan mejor otros pretextos: salven al unicornio, liberen a Willy, curen la sarna de los perros callejeros, dénle cobijo a los poetas desvalidos o al perrito de la pradera, pero dejen mi pulgada de libertad en paz.

Bardo de las bardas

“Donde se quiere a los libros también se quiere a los hombres.” Heinrich Heine

25 Abril 2010 03:00:15
AG
Para León

El oro estará siempre bajo sospecha. Contraria a esta condición protagónica, es en la plata donde existe otra forma de nobleza.

Hablo de plata como la de los espejos, ésa que reconstruye luminosos espacios más allá del tacto. No la plata de las fotografías, esa sal mezquina que los días van oxidando, destruyendo en ella, no un reflejo cambiante, sino una luz condenada a la quietud, como avergonzada de su brillo atrapado de repente. Pero volvamos a la plata y su sobriedad ubicua, no por nada, es su proporción la que da al oro su kilataje.

Reflejos

Esa superficie es plano de magias y de conjuros, en ella se inscriben verdaderos oráculos, como aquel que en los retrovisores -multiplicado en millones y millones de automóviles- dice que “Los objetos están más cerca de lo que aparentan”. Ya los antiguos chinos recomendaban no dormir frente a un espejo, asegurando que ante su reflejo el alma corría el riesgo de confundirse y perderse para siempre.

Laberintos

El espejo es conjuro y misteriosa magia: ya es lugar común la abominación borgiana ante el espejo y la cópula debido a su capacidad de multiplicar a las criaturas. Es de plata el infinito delirio de los espejos
enfrentados.

De plata, en la leyenda, el cielorraso de los hoteles clandestinos. Y hasta en el universo de lo monstruoso, de plata la bala para abatir al hombre lobo y al vampiro. De plata la luna menguante que apuñala las sombras.

De plata las sienes de la madurez.

De plata los circuitos que hacen posible la transmisión de un viejo bolero cualquier madrugada.

De plata el desvanecido rostro de los fantasmas.

De plata

Los crucifijos, las mandas y los milagros prendados a una vana esperanza. De plata la joyería más popular, la máscara que en el ser colectivo conquistó su nicho junto a los símbolos de la patria. De plata la emulsión estriada donde corrían los hombres hoy muertos de las viejas películas. De plata sus voces, de plata el murmullo de las parejas entre las butacas. De plata las rubias fatales del cine negro.

De plata mi madre a los 19 años. De plata mi abuela a los 16.

Fulgor

De plata los coches de la infancia, los astronautas, los rines de los cochecitos, los robots imbéciles.

De plata el crucifijo, el mango del puñal, la nube de la tarde.

Sin la vulgaridad del cobre que pronto se muestra, ni la desmesura del plomo -balas de cañón, suelas de buzo, soldados de juguete- la plata es flexible, dulce, mansa.

De plata los sueños, la faz de la luna, el mango de los bastones, la móvil pupila de la lagartija, la tela de la araña, la armadura del pe, el pecho de las aves, las rejas de la lluvia, la niebla y sus murallas móviles, las lágrimas, el sudor, las cascadas.

De plata

Las entrañas donde se levantaron ciudades sublimes. De plata la mina donde trabajó mi padre.

De plata un trozo de espejo, un niño escondido en la sombra; la palma de mi mano a los 8 años, arrojando un suave venero de luz, un parpadeo del sol para rasgar la penumbra.

Bardo de las bardas

“La palabra es plata y el silencio es oro”.

Anónimo
18 Abril 2010 03:00:58
El circo de la luz
¿Qué es dibujar si no ser consciente de la luz o de su ausencia? Miro los dibujos de Adalberto Montes –a partir del próximo jueves en Casa Purcell- y lo primero que percibo es la luz. Eso que los científicos no han alcanzado a definir, pero que algún poeta ha descrito como la piel del mundo.

La mano y la mirada
El dibujante igual cartografía las sombras que persigue lo inasible. Los habitantes del universo de Adalberto Montes son dueños de texturas propias, espejismos erguidos contra el resplandor hostil de estas regiones:

despreocupados payasos, como esos misteriosos y coloridos papeles que cualquier tarde de viento vemos volar en lo más lejano del cielo. Muchachas parcas que algo tienen de cactáceas, sensuales a la manera de ciertas serpientes.

Texturas desdibujadas y manchas de humedades sobrepuestas, difuminaciones que recuerdan esta tierra amarilla y este cielo cruel, pero también a la mejor tradición de los cartelistas polacos.

El tiempo es otro personaje en la obra de este dibujante que hace música, de este músico que dibuja: Adal se detiene a contabilizar el deterioro; a fotografiar lo que de pronto se hace viejo: las cosas, el mobiliario, las visiones, los sentimientos…

El tiempo.

Las aves.

El silencio.

Solitarios ojos que miran a través de un telescopio. Melancólicas mujeres que conceden a la vida o a la muerte. Y pájaros: muchos pájaros. Alas sobre la mirada y sobre la memoria. Un cuervo picoteando un Raleigh. Parvadas de alas negras que emergen de un viejo magnetófono. Gallos cantando sobre el silencio de los amantes.

Actriz principal de esta colorida tragicomedia es la melancolía: personajes pensativos o a un paso de actos fundamentales: los que se abren al precario equilibrio del amor, o a las populosas rutas del abandono. Los que se miran y callan. Los que esperan.

Nada más lejos de la tristeza que este sentimiento: se trata de una nostalgia luminosa y esperanzadora; como esos atardeceres de un dorado inimaginable tras la más oscurecida llovizna.

Jugar por jugar
Porque todos somos un circo ambulante. Pero ¿de qué diablos habla el circo? El circo habla de lo eterno y de lo fugaz. De la luz y de la ilusión y del juego.

Porque todos somos esos letreros mal escritos, globos rojos que reventará alguna espina, antenas torcidas; esas sábanas rotas, banderas de la República del Silencio, muebles de patas cojas, tapetes desmadrados, raídos de soledad y de abandono, pero también vuelo de pájaros que reta al cielo en su caligrafía, payasos abofeteados sobre el polvo, risas como trompetas en sordina, huérfanos y gandallas, trapecistas con una promesa por red, solitarios y resucitados, es decir, perros en equilibrio sobre la rueda del mundo, en pos de la prenda más querida.

Bardo de las bardas
“Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma /lanzando gritos y bromeando acerca de la vida: y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre cómo se balancean los trapecios”.

Leopoldo María Panero
11 Abril 2010 03:00:02
Las máscaras de Dios (2)
¿Caucásico o árabe? ¿Furibundo o pacífico? ¿Trivial o comprometido? Como en una caverna de Platón multiplicada, el séptimo arte ha dibujado con sus sombras los atisbos del misterio supremo.

Jesús de Montreal (1989)

Jesús es actor de teatro y tentado en un rascacielos por un demonio de traje gris. El templo es el escenario; los mercaderes, la industria del espectáculo. El mesías es prendido de noche, durante una actuación, para luego de agonizar crucificado de sondas en un hospital, resucitar a través de sus órganos donados. Se trata de la novedosa relectura a la Pasión protagonizada por el actor canadiense Lothaire Bluteau. A pesar de la polémica desatada debido a la desacralización del personaje, la refrescante transposición del drama milenario a un contexto moderno, dio a esta cinta numerosos premios alrededor del mundo.

Jesucristo Superestrella (1973)

El colmo. Una ensalada de parábolas bíblicas y ajustados leotardos. Judas trama su traición por Broadway. La Magdalena levita como Olivia Newton John sobre la duela. Dirigida por Norman Jewinson, esta gringuísima versión aportó lo suyo a la historia universal de la infamia. Además de la blandengue encarnación del Cristo bailarín en la edulcorada persona del texano Ted Neeley.

De Galilea a Iztapalapa

En nuestro país, el asunto fue más o menos irregular: desde los tiempos del cine silente hasta “Cristo 70” de Alejandro Galindo (encarnado por el galán telenovelero Carlos Piñar, y con un jovencísimo Gabriel Retes como Judas hippie) pasando por “Jesús, Nuestro Señor” (dirigida por Miguel Zacarías y protagonizada por Claudio Brook) hasta la oscura fábula de “Nazarín”, dirigida por Luis Buñuel y encarnada magistralmente por Paco Rabal, la veta celestial de nuestra cinematografía ha ido casi siempre a ras de tierra.

Corazón valiente vs Sagrado Corazón


Luego de un largo rosario de Cristos caucásicos, en marzo de 2001, la BBC de Londres propuso su nueva versión del “Mesías”, apelando a sesudos estudios antropológicos. Por medio de reconstrucciones óseas y mediante lo más avanzado de los gráficos 3D, el rostro del aludido dio una pinta más o menos palestina: moreno, barbado, el mentón salido y dos dedos de frente. Más cerca del Hombre de Cromagnon que del Cristo gore de Mel Gibson. Con el agravante de parecer demasiado árabe, y aun más en los tiempos que corren, fue calificado como un fiasco por los misteriosos mecanismos de la predilección masiva.

Bardo de las bardas

“La única iglesia que ilumina es la que arde.”

Piotr Kropotkin
04 Abril 2010 05:00:39
Las máscaras de Dios (1)
En una era donde la imagen es moneda corriente, resulta innegable la influencia del cine en la configuración del imaginario colectivo.

Desde hace más de un siglo, el celuloide ha dibujado gestos repudiados o entrañables, semblantes anudados a la memoria de generaciones. Una de las más recurrentes representaciones de la fábrica de quimeras es y seguirá siendo el cambiante rostro de Cristo. Actores que han aportado un carácter distintivo al esquivo rostro del Ungido. Esta es una mirada a las caras, las tramas secretas y las cambiantes expresiones de ese Jesucristo elevado al colorido cielo del Technicolor.

Rey de Reyes
(1961) Protagonizada por el actor norteamericano Jeffrey Hunter, es quizá la cinta más popular y con mayor carga ideológica acerca de la figura de Jesús.

Dirigida por Phillip Ray en el caliente contexto de la Guerra Fría y bajo la advocación del polémico productor Cecil B. de Mille, esta superproducción aportó una versión maniquea de los evangelios, vistiendo la figura de Barrabás con una inusitada carga de subversión guerrillera, contrapuesta a la pacifista postura del Mesías, en una implícita condena a los focos insurgentes que durante esa época se dispersaban alrededor del globo contra las formas del imperialismo.

Para el limbo eterno de la trivia queda decir que este actor nacido en Nueva Orleans personificó también al célebre bandolero Joaquín Murrieta, realizando durante su breve carrera algunos westerns –el más notable, junto a John Wayne, intitulado “The Searchers”- además de su participación en algunos capítulos de la serie “Viaje a las Estrellas”, poco antes de su prematura muerte, acaecida en 1969.

Jesús de Nazareth
(1977) Encarnada por el actor inglés Robert Powell y producida por Franco Zefirelli, esta megaproducción se preocupó ante todo por una exhaustiva investigación histórica para respaldar su ambientación y vestuario, hecho que se nota de sobra en el resultado final; además de contar con un súper reparto:

Lawrence Olivier como Nicodemo, Christopher Plummer como Herodes Antipas, Claudia Cardinale como María Magdalena, Anthony Quinn como Barrabás, James Earl Jones como Baltasar, y párenle de contar…

Transmitida anualmente en nuestro país desde el año mismo de su estreno, la expresiva interpretación de Powell es quizá la imagen que más ha permeado en el inconsciente colectivo, al grado de instalarse como canon en gran parte de la iconografía católica popular, que ha retomado este arquetipo morfológico –guapo, triste y ojiazul- para la manufactura de pósters, imágenes e ilustraciones diversas.

La última tentación de Cristo
(1988) La obra maestra del cineasta neoyorquino Martin Scorsese participa de un destino paradójico: es considerada una de las cintas más polémicas de la historia, y simultáneamente una de las menos difundidas y malinterpretadas.

Basada en la novela homónima de Nikos Kazantzakis, la adaptación provocó desde el momento mismo de su rodaje una explosiva polémica que afectaría enormemente su difusión en el mundo.

Un Willem Dafoe (“Pelotón”, el “Green Goblin” en Spiderman) en la cúspide de sus facultades actorales ofrece una de las más desgarradoras e inquietantes encarnaciones del Hijo de Dios en Celuloide.

Bardo de las bardas
“A Dios le sobran propagandistas y le faltan testigos.”
R.Trossero
03 Abril 2010 03:00:17
Las máscaras de Dios (1)
El muro y la grieta

En una era donde la imagen es moneda corriente, resulta innegable la influencia del cine en la configuración del imaginario colectivo.

Desde hace más de un siglo, el celuloide ha dibujado gestos repudiados o entrañables, semblantes anudados a la memoria de generaciones. Una de las más recurrentes representaciones de la fábrica de quimeras es y seguirá siendo el cambiante rostro de Cristo. Actores que han aportado un carácter distintivo al esquivo rostro del Ungido. Esta es una mirada a las caras, las tramas secretas y las cambiantes expresiones de ese Jesucristo elevado al colorido cielo del Technicolor.

Rey de Reyes (1961)

Protagonizada por el actor norteamericano Jeffrey Hunter, es quizá la cinta más popular y con mayor carga ideológica acerca de la figura de Jesús. Dirigida por Phillip Ray en el caliente contexto de la Guerra Fría y bajo la advocación del polémico productor Cecil B. de Mille, esta superproducción aportó una versión maniquea de los evangelios, vistiendo la figura de Barrabás con una inusitada carga de subversión guerrillera, contrapuesta a la pacifista postura del Mesías, en una implícita condena a los focos insurgentes que durante esa época se dispersaban alrededor del globo contra las formas del imperialismo.

Para el limbo eterno de la trivia queda decir que este actor nacido en Nueva Orleans personificó también al célebre bandolero Joaquín Murrieta, realizando durante su breve carrera algunos westerns –el más notable, junto a John Wayne, intitulado “The Searchers”- además de su participación en algunos capítulos de la serie “Viaje a las Estrellas”, poco antes de su prematura muerte, acaecida en 1969.

Jesús de Nazareth (1977)

Encarnada por el actor inglés Robert Powell y producida por Franco Zefirelli, esta megaproducción se preocupó ante todo por una exhaustiva investigación histórica para respaldar su ambientación y vestuario, hecho que se nota de sobra en el resultado final; además de contar con un súper reparto: Lawrence Olivier como Nicodemo, Christopher Plummer como Herodes Antipas, Claudia Cardinale como María Magdalena, Anthony Quinn como Barrabás, James Earl Jones como Baltasar, y párenle de contar…

Transmitida anualmente en nuestro país desde el año mismo de su estreno, la expresiva interpretación de Powell es quizá la imagen que más ha permeado en el inconsciente colectivo, al grado de instalarse como canon en gran parte de la iconografía católica popular, que ha retomado este arquetipo morfológico –guapo, triste y ojiazul- para la manufactura de pósters, imágenes e ilustraciones diversas.

La última tentación de Cristo (1988)

La obra maestra del cineasta neoyorquino Martin Scorsese participa de un destino paradójico: es considerada una de las cintas más polémicas de la historia, y simultáneamente una de las menos difundidas y malinterpretadas.

Basada en la novela homónima de Nikos Kazantzakis, la adaptación provocó desde el momento mismo de su rodaje una explosiva polémica que afectaría enormemente su difusión en el mundo.

Un Willem Dafoe (“Pelotón”, el “Green Goblin” en Spiderman) en la cúspide de sus facultades actorales ofrece una de las más desgarradoras e inquietantes encarnaciones del Hijo de Dios en Celuloide.

Bardo de las bardas

“A Dios le sobran propagandistas y le faltan testigos.”
R.Trossero

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
28 Marzo 2010 03:50:35
Mirada y blasfemia
El pintor Mark Rothko contaba que la marca era resultado del latigazo de un jinete cosaco en la Rusia de su infancia. Cicatrices en el rostro. Jackson Pollock sudaba su “action painting” al ritmo de la enfebrecida batería del jazzista Gene Kruppa: percusiones que dejaban cicatrices en el aire. Ezra Pound, quien terminaría enjaulado al final de la Segunda Guerra por su adhesión al fascismo, describió en su poema “Estación del Metro” a la multitud de rostros como “pétalos en una rama negra y mojada”. Rostros como cicatrices en el árbol incendiado de la ciudad.

Vi un rostro

Hablo de Rothko y de Pollock cuando hablo de Ramiro Rivera, porque al ver este trazo salvaje percibo la palpitación del colorista ruso. Colores y cicatrices.

Miro el goteo sobre las telas del monclovense y veo la pintura ocurriendo en dos tiempos paralelos; el americano apaciguando su furia en el dropping y el jazz mientras Ramiro chispea el bastidor a ritmo de Manu Chao, los Flaming Lips o una áspera norteña como libro de las mutaciones, un hombre que mira surgir nuevas devastaciones en el propio rostro: “cielo azul / cielo nublado: cielo de mi pensamiento”.

El cielo a dentelladas


Ramiro es uno de los artistas más polifacéticos que conozco: escritor y modelo, performancero y actor, pintor y futbolista, ha sabido nutrir su propuesta pictórica del sincretismo contemporáneo y volátil con una inusitada dosis de humor e inteligencia.

Joyce atribuyó a la obra de arte la cualidad de lo “inexpresable”; parpadeos que son apenas atisbos de una verdad más inescrutable. Como mirar una incandescencia de frente –los “Altos Hornos del sol”, escribió el poeta Alfredo García.

Entendida así, la pintura no es más que un pretexto para hablar de otras cosas.

Es aquí donde cobra sentido la propuesta de Ramiro. Un trabajo intuitivo, salvaje, y al mismo tiempo rebosante de fuerza.

No más jarros hechos para el consumo turista, no más magueyes en rosa pastel.

Por qué no rostros que interroguen, retratos que saquen la lengua. Caras que sangren y desafíen el látigo del cosaco. Piernas fibrosas de corredor como raíces retorcidas. Lepra de carteles devorando los muros. Vida como un rabioso jazz, grandeza que será polvo.

Las ciudades destruyen las costumbres

Estamos ante una obra construida por el hombre que camina la ciudad y se la apropia, que consume la música y se consume en ella; alguien que observa su entorno como quien respira. Lo curioso es que detrás de esta naturalidad no hay improvisación: pocos artistas asimilan sus influencias de una forma tan natural.

No obstante, ese saber no se muestra como la presunción de un pedigrí en la propia obra; pervive en la forma de un latido primordial, rupestre.

Ésta es una mirada que aspira a la pluralidad, el que devora el mundo al mirarlo.

Las gotas de pintura son migajas de Hansen y Grettel: una cartografía propia. Un rastro para no perdernos.

Esta es la crónica de una ciudad, torcida rama de frutos negros.

Una zarza que siempre arde y que de vez en cuando reverdece. Una herida que fructifica.

Y estos rostros, pétalos frágiles, sus frutos ásperos, sus cicatrices.

Bardo de las bardas

“La pintura no trata de una experiencia. Es una experiencia.”
Mark Rothko
21 Marzo 2010 03:00:55
Primum Ver
¿Por qué hay escritores que calan profundamente en el ánimo de un alma joven?

¿Qué hálito misterioso habita en esas palabras para conectar con la impaciencia y el caos de una vida apenas en formación, volviéndolos entrañables?

Beber otras palabras
Recuerdo los tiempos furiosos de los primeros años, cuando uno iba como un sediento, escarbando aquí y allá los libros y los veneros donde hallar las palabras fundamentales. Uno pateaba las calles y recorría el arco de la noche buscando el absoluto que toda alma de veinte años pretende como lejano faro. Cada uno trazaba las coordenadas de su desamparo, cada uno,
como dice Juan Marsé en “Rabos de lagartija” iba “en busca del primer deslumbramiento”.

Genealogías
Muchos leían a Herman Hesse, que pontificaba de la soledad y de la pureza; historias de la primera guerra que a nosotros nos parecían de otra era. En los cínicos noventa mi primer hallazgo fue Sábato. Primero “El Túnel” que describía la entrega al arte y al amor visceral, además del brutal desajuste con el mundo.

Luego “Sobre Héroes y Tumbas” que habló como pocos libros a mi ser joven sobre el origen del mal, el desencuentro y la epifanía después de los sueños triturados. Luego “Abaddón el Exterminador”, complejo coro polifónico, de donde se derivó la carta “Querido y Remoto Muchacho”, que a mí, como a miles de jóvenes en todo el mundo, nos reveló al escritor argentino como un interlocutor que nos miraba por primera vez a los ojos.

Hombres negros y rojos
Trabajaba en un taller, jugaba futbol. Mientras, juntaba dinero para entrar a la universidad. Y escribía -“Eso no lo pudo haber escrito un mecánico!” -juzgaría luego en un taller literario un reputado narrador policiaco. En la hora del lonche leía a Stendhal. El Julian Sorel de “Rojo y Negro” como el arquetipo del joven que ansía devorar al mundo, el que pretende moldear desde la sombra su destino como si fuera de arcilla. Juan Marsé ha reconocido que el modelo para su “Pijoaparte” –otro joven impaciente arañando el polvo dorado de los sueños- personaje fundamental en “Últimas Tardes con Teresa”, es el Sorel de Stendhal, sólo que en vez de aspirar a sacerdote o soldado, el hijo del catalán no sea más que un guapo ladrón de motos.

Los perros románticos
Guillermo Samperio puede decir todo lo que quiera sobre la obra y la persona de Roberto Bolaño:

que si su obra es “literatura de albañal” o que es “protonazi”, o que el chileno era una persona maleducada, o que los infrarrealistas irrumpían en las lecturas aterrorizando al mismísimo Octavio Paz. No sé de donde vendrá tanto encono. ¿Algún pleito de la juventud? ¿O porque Bolaño llamó “escribidora” a Ángeles Mastretta, mujer de Aguilar Camín, capo del grupo Nexos, de donde Samperio es cercano? Conjeturas.

Lo que nunca va a poder negar el narrador mexicano es que por misteriosas razones, Roberto Bolaño es el autor que más ha calado en el alma de los lectores jóvenes en los últimos años. El más entrañable. Lo han dicho Fresán, Villoro y Volpi, el chileno se ha erigido como un tótem y como una referencia. Goza de la popularidad de un rockstar. Y ¿por qué Bolaño? Quizá porque sus novelas y sus cuentos, desde “Putas Asesinas” a “Los Detectives Salvajes” abordan siempre lo mismo, historias de muchachos inadaptados “Persiguiendo un sueño innombrable, inclasificable, el sueño de nuestra juventud, es decir el sueño más valiente de todos”.

Bardo de las bardas
“La juventud es una estafa”.
Roberto Bolaño
14 Marzo 2010 03:00:26
La senda del perdedor
“Señálame un escritor, y te mostraré un borracho”, sentenciaba Juan José Arreola. Un estigma que aun hoy, desgraciadamente, legiones de creadores siguen arrastrando consigo. Y esto a cuento porque un nueve de marzo de hace 16 años murió de leucemia Charles Bukowski.

MÚSICA DE CAÑERÍAS

Relacionado de manera errónea en la cultura popular con los miembros de la llamada “Generación Beat”, debido a la idea común de abrevar en las fuentes de lo vivencial para alimentar su literatura, Heinrich Karl Bukowski se distinguió siempre por el uso de un estilo desenfadado, crudo, radicalmente lírico.

Quizá nadie como él supo encarnar en el Siglo 20 el arquetipo de escritor bohemio y derrotado, el pendenciero inadaptado que consumía su vida en los excesos.

EL ALCOHOL ES UN PERRO INFERNAL

Respaldados en una obra muy amplia pero regular, tanto en su prosa como en poesía, los editores que se enriquecieron con los derechos del autor de “Escritos de un Viejo Indecente” supieron tejer alrededor de su vida un halo de estridencia y desajuste: la vida de un hombre común al margen de todo: la familia, las relaciones, rechazado por la sociedad y huyendo siempre para construir otra historia, es decir, otra faceta de su derrota; cronista de su propia aniquilación, historiador burlón de su propia caída.

EXHIBICIONES

No toda la obra de Charles Bukowski es mala. Tampoco fue el único alcohólico y escritor notable. Antes y después que él se encuentran Malcolm Lowry, Juan Rulfo, José Revueltas… Bukowski tene cuentos y poemas notables.

Ése no es el problema.

LO PEOR NO ES ÉL, SINO SUS IMITADORES.

Muchachillos que empiezan a escribir o cincuentones sumidos para siempre en una adolescencia perpetua, viviendo a expensas de otros su particular visión del “realismo sucio”.

Se incluye aquí el manual para alzarse como todo un “escritor maldito”:

1.- No le des sentido ni valor a nada. Escribe como se te pegue la gana.

2.- Si rechazan tus manuscritos, no publiques y échale la culpa a los demás de su cortedad de miras y su“aburguesamiento” Grita a los vientos que te bloquean. Vuélvete pendenciero y temido. Habla a gritos, ve a donde no te llaman.

3.- Escribe crudamente sobre vómito y prostitutas. Radiografía y muestra a detalle tus fornicaciones. Entre más evidencies la supuesta sordidez de tu vida, mucho mejor. Usa veinte expresiones soeces por línea.

4.- Usa un look cuidadosamente desaliñado. Barba aguerrida, ropa rota, colonia con un toque de orina. Bebe siempre que puedas, y si es a expensas de otros, mucho mejor.

5.- Y si un día algún infame reclama tu proceder, sentencia que cuando hayas muerto y sea demasiado tarde -como pasó con Bukowski- todos entenderán por fin tu malogrado genio.

BARDO DE LAS BARDAS

“He desperdiciado mis manos. Pude haberlas ocupado tocando algún instrumento, o algo así.

Sin embargo, las ocupo para golpear, agarrar botellas, sostener porros, tirar la cadena del inodoro, y escribir poesía difusa... He desperdiciado mis manos, mi mente, y quizás mi vida”.

Charles Bukowski
07 Marzo 2010 04:00:01
La vida de los otros
Un 5 de marzo, pero de hace 60 años, murió Édgar Lee Masters. Pocos ejemplos tan controversiales acerca del tipo de escritor que hace historia con un solo libro. Imaginen un exitoso abogado de Chicago que escribe en sus ratos libres, casi por pasatiempo.

Hacia 1914 da un giro en su búsqueda y decide concentrarse en las experiencias que vivió de niño en la zona rural de Illinois. Y empieza publicando bajo el nombre de Webster Ford en un diario de San Luis.

Éste sería el germen de la “Antología de Spoon River”, publicada por primera vez en 1915.

Las voces del río
La antología consta de más de 200 poemas escritos como epitafios de un cementerio ubicado en la colina de un ignoto y tradicional pueblo del Medio Oeste.

Escrito en verso libre, cada muerto relata en primera persona cómo fue su vida, en un lenguaje llano, sarcástico, cruel y a la vez humorístico. De forma desnuda, como un monólogo amargo, el conjunto se convierte en un revelador fresco sobre el paisaje, las costumbres y las personas. El autor enfrenta opiniones cáusticas de cada personaje, enhebra diecinueve historias y más de doscientos cuarenta y cuatro personajes con sucesos entretejidos, a través de observaciones psicológicas, morales y religiosas, que desembocan siempre en la miseria y la vanidad de casi todas las empresas humanas.

Mirada y memoria
El impacto del libro fue inmediato y sorprendente. La crítica estadounidense de entonces no dudó en calificar a Lee Masters como un “hijo natural de Walt Whitman”, hasta el pendenciero Ezra Pound, quien declaró que “finalmente, América habia descubierto un poeta”.

Otro de los logros del libro es que se volvió inmensamente popular no sólo en los medios literarios, sino que también atrapó al lector común, algo inusual para el género poético.

Lo insólito – aquí empieza el misterio y la controversia- es que luego de 1915 y durante el resto de su longeva vida, Lee Masters volvió a la mediocridad inicial, por más que intentó sin éxito una continuación del “Nuevo Spoon River” en 1924 ¿Qué fue lo que sucedió?

Conjeturas
1: La “Antología de Spoon River” fue escrita en un estado de trance, al estilo de Yeats, que le valió según la leyenda, varios colapsos nerviosos.

2: Se sospecha también la apropiación de un manuscrito de un autor desconocido.

Según sus críticos, Masters habría transcrito y recreado un trabajo encontrado en alguna de sus diligencias legales. Por su profesión de abogado, se mudaba de pueblo en pueblo, estando en contacto con papeles sucesorios, con lo cual no sería nada extraño un hallazgo de esa naturaleza. Esto explicaría la infructuosa continuación que quiso darle a la “Antología” en 1924, fallida y sin el poderío de la primera versión.

Aquí es donde empieza la leyenda, donde se sitúa el misterio y el trance de la literatura; si Masters no fue un ladrón, quiero pensar que abrevó en ese río, en esas voces venidas de misteriosas regiones, maceradas en oscuros procesos, corrientes subterráneas de música.

Contar cantando o hablar como se habla en los sueños, un palpitar venido de quién sabe dónde.

Bardo de las bardas
“¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,el abúlico, el forzudo, el bufón, el borracho, el peleador?
Todos están durmiendo en la colina”.
Edgar Lee Masters
28 Febrero 2010 04:00:21
El cuerpo: paisaje y proceso
Desde Rembrandt a Lucien Freud, de Caravaggio a Bacon, la figura humana ha sido una manantial inagotable de percepciones e interpretaciones.

A partir del cuerpo como sujeto pictórico, nuestro país ha tenido diversos y maravillosos intérpretes. Desde el discurso monolítico de Diego Rivera, la fragmentación neo figurativa de José Luis Cuevas –plagiario de sí mismo- hasta la ambigüedad inquietante del maestro Arturo Rivera.

Quizá son dos pintores quienes han llevado al límite la manifestación del cuerpo en la pintura mexicana: Rafael Cauduro y Daniel Lezama. Cauduro, de la mano de un oscuro erotismo y de un dibujo insuperable, ha planteado el cuerpo como un espejo de la demolición del paisaje: fantasmas de mujeres recostados en bañeras y en esquinas. Paredes descascaradas que repiten el proceso de decadencia de los amantes. Mitos llevados a través de vecindades y estaciones. Lágrimas de óxido en los vagones viejos que trazan la ruta de un rímel corrido, una herida en la piel.

Mirada y blasfemia

Lezama ha utilizado un trazo grueso y furioso para reinventar el reverso oscuro de la patria. Los mitos y la solemne iconografía de la historia oficial son sacudidos y reinterpretados desde violentas alegorías. En el universo de Lezama no hay contención, no hay pausa. La faz de mármol de los héroes está salpicada de sangre. En la obra de Cauduro el tiempo, fabricante de fantasmas, aniquila lentamente. En cambio, en el cosmos delirante de Lezama el tiempo es un leñador sin piedad que trunca todo con su hacha mellada.

Cuatro visiones

Todo esto a propósito de la exposición que actualmente alberga el Centro Cultural Casa Purcell, donde Ignacio Valdez se estrena como coordinador de artes visuales del IMC, y donde es posible asomarse a la forma en que los pintores locales abordan el cuerpo. Élfego Alor, Américo Pugliese, Carlos Vielma y Otilio Peña, quien desde hace décadas ha decantado su oficio, convirtiéndose en destacado paisajista.

Es interesante contrastar el abordaje y la diversidad de herramientas con que cada autor se acerca al cuerpo, origen y nudo del misterio.

Exploración y mito

Ingeniero y pintor, Élfego Alor, quizá junto Héctor Marines el más sólido dibujante de la región, reinterpreta las mitologías para hacer derroche de una técnica puesta al servicio de una intención narrativa y alegórica, con obras de primerísimo nivel como resultado. Pugliese toma la figura humana como punto de partida para exploraciones en torno a la forma y al color que van a la búsqueda de un ritmo y un lenguaje propio.

Carlos Vielma, arquitecto de profesión, recurre a la curiosidad inagotable del cronista urbano, el que mira los contrastes y los colores. Los detalles, las perspectivas y los planos generales. El que guarda para narrar luego lo que ha visto mediante un atinado sentido del color y del dibujo. Cuatro miradas. Vale la pena ver la visión de cuatro excelentes artistas saltillenses.

Bardo de las bardas

“No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace”.

David Hockney
21 Febrero 2010 04:00:18
La serpiente y el arcoíris
Se ha hablado tanto y hasta el hartazgo de la tragedia de Haití, y se olvida que cuando el temblor de las entrañas de la tierra despertó, el desastre ya estaba instalado ahí.

Ese derrumbe ya llevaba siglos.

El reino de este mundo
Rapiña gubernamental, superstición extendida, violencia cotidiana, desinterés mundial, (¿les suena?) conformaron un coctel que volvió a esa mitad de la isla La Española la región más miserable del Hemisferio. Antigua colonia francesa, Haití fue el segundo país en el continente americano en declarar su Independencia: la brutalidad de lo tangible desmiente lo abstracto de las conmemoraciones.

Playa limbo
El dolor humano vuelto circo mediático, ese infierno empedrado de intenciones tan emotivas como instantáneas, ha olvidado que durante décadas, con anuencia de los Estados Unidos, el dictador Francois Duvalier, con el apoyo de sociedades secretas, reivindicó al vudú como “religión oficial”. Su policía política, los Tonton Macoute, es recordada por las graves violaciones a los Derechos Humanos (torturas, muertes, secuestros, extorsiones) contra la población civil. El uso de una extrema violencia y de la superstición y brujería, muy extendida entre la población haitiana, volvió muy débil oposición a estas actividades, permitiendo la continuidad de la dictadura de los Duvalier en la figura de su hijo Jean Claude, hasta inicios de 1980.

Los muertos vivientes
Con una esperanza de vida de 50 años y una infraestructura gubernamental en ruinas, aun antes del temblor, asediada por el índice más alto de enfermos de VIH y de muertes por desnutrición infantil en el Hemisferio Occidental, el nulo desarrollo tecnológico, ese abismo en el corazón del mapa ha sido motivo literario al menos para dos grandes escritores. Hay más formas de entender a Haití, además de los tendenciosos noticieros, locutores alarmistas chapoteando en los pantanos de lo superficial.

Uno: se cuenta que el cubano universal Alejo Carpentier asistió alguna vez a una ceremonia vudú, experiencia que despertó su interés por la influencia africana en el Caribe. Y fue en el prólogo de su novela “El reino de este mundo” donde acuñó su término “lo real maravilloso”, que algunos críticos han interpretado erróneamente como sinónimo del “realismo mágico” garciamarquiano.

En “El reino de este mundo” habita la génesis de lo que es hoy Haití.

Esperando a los bárbaros
El agudo Graham Greene quedó tan impactado por los terribles contrastes de la realidad haitiana a mediados del siglo pasado, que ambientó su novela “Los comediantes” durante la dictadura de Duvalier; un hotel donde se hospedó Mick Jagger, dos amantes que se encuentran en un país convulsionado donde la policía política arranca cabezas a machetazos, son un el telón de fondo para una trepidante historia sumergida en el absurdo delirante de una violencia sin límites, un mosaico que se vuelve continuación y reverso del espejo transparente de “lo real maravilloso” del erudito Carpentier . Años después, Richard Burton y Elizabeth Taylor harían suya la versión cinematográfica, titulada en español como “Los Farsantes”.

Bardo de las bardas
“Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados.”
Alejo Carpentier
14 Febrero 2010 04:00:36
Un día sin sombra
La conocí en un temblor.
Era una doble función en el Cine Mercurio. Había acabado apenas la proyección de “La Sal de la Tierra” cuando su rostro apareció magnificado en la pantalla, erguido en el aire por el ensalmo de un chorro de luz proveniente de una cabina mágica que flotaba entre las tinieblas. Su mirada perforaba las sombras. Se dirigía a todos y a cada uno, hipnotizando a la legión de hombres solos que a esa hora conformábamos el doble ritual de huir de la lluvia y mirar por enésima vez los extraños ángulos de sus facciones, como hechos en el equívoco trazo de un espejo estrellado.

Esa altivez que rozaba lo monstruoso, insuflaba a cada uno de sus gestos un aire único; como si los espectadores estuviéramos a las puertas de un prodigio; abatidos viajeros que al borde de un abismo interrogaba La Esfinge. Años después pude saber que su nombre era Antonia Romano.

También supe que Antonia Romano amaba las imágenes pero no a las personas.

Antonia Romano vivía fascinada por el poder evocador de las fotografías. Los productores que la asediaban infructuosamente y las actrices lesbianas que le envidiaban en secreto coincidían en que Antonia Romano miraba “con muchos huevos”. Su mirada parecía de otro siglo. De otro tiempo: unos ojos moros que siempre se proyectaban hacia el frente, como inquiriéndolo todo.

Su boca era un corazón afilado, dentro de un rostro cuasi cubista que no siendo bello resultaba fascinante. Dueña de una irradiación autoritaria y sexual;
aquellos globos oculares casi sin párpados se posaban sobre el mundo para devorarlo y reinar sobre él a través de un efluvio brutal e inconsciente.

Ese poder que hacía bajar los ojos de coprotagonistas consagradas y abarcaba retadora a las multitudes anónimas desde la pantalla de plata, sólo se ablandaba en la contemplación de ciertas fotografías: la gravedad de ciertos gestos y ciertos cielos en el parpadeo eterno de su amigo Álvarez Bravo.

Aquella noche en el viejo cine su áspera voz de animal afiebrado empezaba a construir el drama cuando una mano invisible nos sacudió en el aire... las luces del pasillo murieron una a una y una explosión de vidrio nos avisó que los candiles del lobby habían saltado en pedazos.

El letrero de “no fumar” parpadeó hasta apagarse.

Entonces la vi. La pared detrás de la pantalla cayó hacia adelante. Partió su cara en dos, que siguió proyectada a medias en la tela rasgada que ondeaba como una bandera.

Luego el techo cayó sobre mí. Luego la noche.
Aún soñaba su rostro proyectado sobre ruinas cuando fui rescatado por los bomberos.

Bardo de las bardas
“Para sobrevivirme te forjé como un arma, / como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.”

Pablo Neruda
07 Febrero 2010 04:00:32
Una idea en cada párrafo
Décadas antes de que Norteamérica reclamara la paternidad del New journalism, vía la obra del refinado Tom Wolfe o el polémico Capote, existía ya en Latinoamérica una poderosa tradición de la crónica como un género literario que le tomaba el pulso a la terrible realidad de la época.

Todas las voces
Antes que novelista, académico o ensayista, Tomás Eloy Martínez fue un periodista imantado por una insaciable sed de narrar. De consignar por medio de sus novelas y reportajes, de sus terribles visiones del continente y de Argentina, un país que padeció fascinado, revelando para sus lectores la intuición de que la Historia no es sólo aquello que se cuenta del pasado, sino también los detalles de los que se calla, los territorios marginales que aguardan las claves secretas de un suceso. Es importante lo que vemos, pero más importante, lo que no vemos.

Consignarlo todo
Para el autor de Santa Evita, su concepción del periodismo escrito se reveló primordialmente como una responsabilidad para con el lenguaje, es ya famoso su aforismo: “Un dato en cada línea. Una idea en cada párrafo.” Agudo observador de su tiempo, asumía sin embargo que si de la redacción de “el más anónimo de los boletines” podría resultar una poética, con más razón era relevante informar con la más transparente precisión acerca de los acontecimientos fundamentales de cada día.

Mirar desde el vórtice
Apasionado seguidor de Borges, suscribía al lado del poeta ciego que “en algún instante decisivo, la suerte de un hombre resume la de todos los demás”.

Porque para el autor de “La mano del amo”, el periodismo se trataba de eso; de encontrar el conflicto de fuerzas que desatan las acciones y reacciones del hombre implicado en el acontecimiento real, una mirada que revelaría las verdaderas implicaciones sociales, políticas y culturales de cualquier hecho. Como consignar el aleteo de una frágil mariposa para revelar la fuerza feroz de la tormenta.

Obsesión
En las novelas y reportajes del cronista convergieron siempre temas esenciales y recurrentes: el exilio, las cloacas comunicantes del ejercicio del poder, los espacios abandonados después del exilio; símbolos de una memoria.

Y sobre todo, los procesos de derrumbe de sus personajes, convertidos en una especie de tránsito o “pasión”; ejemplo de sus últimas novelas “El cantor de Tango” de 2004, y “Purgatorio” de 2009, reflejo también de su propia enfermedad.
En esta oscura época en que legiones de personajes entienden el ejercicio periodístico como el tráfico del elogio fácil, de una retórica tan abstracta como hueca, o del dulce arte de no decir nada, declaró durante su curso en la Fundación Para el Nuevo Periodismo, apenas en abril pasado:


“El periodismo no es un acto de narcisismo, es un acto de servicio, servicio a la comunidad, servicio a los demás, de servicio a la verdad.”

Bardo de las bardas
“¿Cómo imaginar el futuro inmediato entre las brumas de un país a la deriva?”
Tomás Eloy Martínez
31 Enero 2010 04:00:04
El muro y la grieta
Jerome David Salinger ha muerto esta semana como si se tratara del final de una de las historias surgidas de su escritura silenciosa; hombres confrontados consigo mismos dentro una penumbra como un huracán íntimo.

El acecho
Rabioso defensor de su derecho al anonimato, luego del atroz éxito de “El Guardián en el Centeno”, Salinger alguna vez se definió a sí mismo como un hombre que “estaba en este mundo, pero no era de él”.

El silencio final alcanzó al también ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial en la misma casa de New Hampshire donde decidió recluirse en 1953, espantado por el contrasentido derivado del éxito de su novela fundamental, publicada en 1951.

Antihéroes
En tiempos de la posguerra, el desgarrado retrato de Salinger sobre la soledad y el desajuste, convirtió a Holden Caulfield, como al Julien Sorel de Stendhal o al Pijoaparte de Juan Marsé, en algo mucho más que un personaje literario: la síntesis pura de la deriva y la rabia, el estandarte de una feroz individualidad y la autarquía.

Y así como Charles Manson responsabilizó a los Beatles y su pieza “Helter Skelter”, de poseerlo para asesinar a la mujer de Roman Polanski, “El Guardián en el Centeno” vivió su segundo reflujo de fama, cuando el sicótico hawaiano Mark David Chapman, aseguró basarse en el personaje de Salinger para asesinar a quemarropa a John Lennon. Un pretexto que se repitió John Hinckley para atentar contra el ex presidente Ronald Reagan; en su delirio donde se mezclaban fragmentos de “El Guardián…” y la película “Taxi Driver”, como lo ha contado José Emilio Pacheco en su metaficción “Para que Eternamente Estés Conmigo”, incluida en su volumen de cuentos “La Sangre de Medusa”.

Cerco invisible
A pesar de ser un ermitaño radical, de levantar una valla en torno a su casa y amenazar a punta de escopeta a la prensa que lo buscaba infructuosamente, Salinger forjó una presencia fundamental en las letras americanas del siglo 20.

Una obra fundida a su leyenda de escritor oculto, forjada a través de más de cinco décadas de silencio editorial. Obligó a sus editores a no publicar imágenes de su rostro, a quemar las cartas de sus fans. A pesar de las infamias e indiscreciones vertidas por su ex esposa y una de sus hijas, al igual que Thomas Pynchon, y en menor medida, Cormac Mc Carthy, el viejo huraño mantuvo firmemente su aura de misterio: en una de sus últimas entrevistas en 1980, afirmó: “Me niego a publicar. Hay una paz maravillosa en no publicar. Hay tranquilidad. Cuando publicas, el mundo piensa que le debes algo. Si no publicas, no saben lo que estás haciendo, puedes guardártelo para ti”.

Salinger, los dos lados del lápiz: la furia de escribir y al mismo tiempo la voluntad de borrarse. Ahora, descansa en paz.

Bardo de las bardas
“La voz humana conspira para profanar todo en la Tierra.
Jerome David Salinger.
24 Enero 2010 04:00:11
Sabios de Gomorra
Libros que te sumen en un torbellino feroz e indescriptible. Páginas que te cuestionan como escritor y sacuden todos tus paradigmas. Escasos brillos de un oficio magistral entre una avalancha de lodo. Contados libros así a lo largo de la vida.

Volverse sal
Acabo de encontrar un libro así. Libros que te devuelven la fe en la literatura y al mismo tiempo te vuelven descreído ante los escritores.

Ya muchos han ponderado la valentía del joven escritor Roberto Saviano para escribir un libro como “Gomorra”. El observador acucioso que mira de cerca los espirales de lo terrible y los consigna uno a uno de una manera impecable. Sin embargo, siento que todo el ruido mediático en torno a la condena fatal sobre el autor, como en su tiempo sucedió con Salman Rushdie, una espada de Damócles que lo obligó a vivir huyendo durante años, ha ocultado el valor fundamental de un libro como éste.

Lluvias de azufre
Uno mira las fotos de Roberto Saviano y ve el rostro imborrable de un hombre que ha contemplado de frente el caos y el horror, una mirada directa y plena de resignación, una cierta hermosura resultante de la orfandad ante el absurdo. Él mismo lo ha dicho: “He tenido que ir hasta esos lugares no para mirar la verdad de cerca, sino para que la verdad me mire a mí.”

“Gomorra” es mucho más que una novela o un puntilloso reportaje. Es como contemplar el inmenso fresco de la Capilla Sixtina; una panorámica que pretende consignarlo todo, pero que se reveladora a través de sus actos mínimos.

Volver, jamás
Ante libros como “Gomorra”, todo palidece: nuestras mitologías y lugares comunes de la literatura norteña quedan convertidas en torpes decorados donde la vida está ausente. El que mira nos obliga a escuchar el ruido sordo de las detonaciones, el olor de la gasolina quemada, el sol como un ojo implacable, ajeno a tanta y tanta desgracia. Es el caso de un narrador que nace viejo; un cronista portentoso dueño de una malicia para contrastar y señalar los detalles más imperceptibles, los más fundamentales.

El sol y el dedo
No es casual que en nuestro país mucha de la mejor narrativa la estén haciendo cronistas y reporteros: Fabrizio Mejía Madrid, Héctor de Mauleón, AlejandroAlmazán…“Gomorra” es un libro terrible, necesario, como el filo del mediodía diseccionando nuestros ojos:

“Puedes ducharte decenas de veces, poner la carne en remojo en la bañera durante horas…como si existiera en el cuerpo algo capaz de señalarte cuando estás mirando la verdad. Con todos los sentidos. Sin mediaciones. Una verdad no contada, no filmada, no fotografiada, pero que está ahí. Como si hubieras sido tú el único que has visto o sufrido, como si alguien estuviera preparado para señalarte con el dedo y decir “No es verdad”.” Roberto Saviano
17 Enero 2010 04:30:37
En tierra extraña
Conocido por novelas como “El Extranjero” o “La Peste”, este autor francés nacido en Argelia postuló en su obra la mirada cargada de extrañeza y descreimiento del hombre común de la posguerra ante un mundo cada vez más inhóspito e impredecible.

La cuesta y la roca


Uno de sus textos más bellos y alumbradores es “El Mito de Sísifo”, en él, el veterano futbolista desenreda el mito y reflexiona:

“Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

“Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es en tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia”.

Destino y desprecio

Albert Camus propone invertir el sentido de la tragedia en el héroe, es su destino el que cifra la grandeza en cada obstáculo:

“Pero no es trágico sino en los raros momentos en que se hace consciente.

Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no venza con el desprecio.

“Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de más. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma.

“Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga.

Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.

“Hay que imaginarse a Sísifo dichoso“.

Bardo de las bardas

“Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría.”

Albert Camus.

" Comentar Imprimir
columnistas