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Eliseo Mendoza Berrueto
Eliseo Mendoza Berrueto
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Eliseo Francisco Mendoza Berrueto (San Pedro de las Colonias, Coahuila, 13 de abril de 1931). Economista, profesor y político mexicano miembro del Partido Revolucionario Institucional. Radica en Saltillo. Presidente de la Gran Comisión de la H. Cámara de Diputados. Gobernador de Coahuila (1987 – 1993).

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02 Diciembre 2018 04:09:00
El desquite
Ayer se puso en marcha la cuarta reforma histórica de México. Meta pretenciosa del nuevo presidente de México que en su arenga a la nación nos permitió conocer con mayor claridad su ideología, sus aspiraciones, sus quereres y sus malqueridos.

Como mensaje a sus seguidores, fue una alocución retórica magistral. No sólo remachó sus pregones de campaña, sino que los amplió, aderezados ahora con una ácida y ventajosa crítica al gobierno de quien le acababa de pasar la banda presidencial y que ahí estaba, estoico, aguantando el chaparrón.

Podríamos señalar, a manera de decálogo, los puntos neurálgicos de tan singular discurso:

• Crítica frontal, cruda, al neoliberalismo prevaleciente en los últimos seis períodos presidenciales;

• Calificación al neoliberalismo como privatizador y corrupto. Su gobierno será el final de una “terrible historia”;

• Insistencia en sembrar confianza en el pueblo, sobre todo entre empresarios nacionales y extranjeros, garantizando la vigencia de un auténtico Estado de derecho;

• Lucha sin cuartel en contra de la corrupción;

• El gobierno jamás estará al servicio de las minorías “rapaces”;

• Gobierno austero: no gastará más de lo que ingrese, no habrá nuevos impuestos, ni aumentará la deuda nacional;

• A partir de una buena relación con el presidente Trump, llevar más adelante el nuevo tratado (T-MEC) para fomentar inversiones en Centroamérica;

• Primero los pobres;

• No reelección presidencial; antes bien, revocación del mandato;

• Renacimiento de México, será un país modelo de concordia y reconciliación. Será la cuarta
reforma.

Su crítica al neoliberalismo es justa, aunque quizá un tanto exagerada y poco oportuna. Lo cierto es que en las naciones donde prevalece este modelo, los gobiernos se preocupan más por arreglar las cosas de la política y de la economía para el mayor éxito de las empresas, que de resolver los problemas sociales, en particular la pobreza y la desigualdad.

Es exagerada porque el neoliberalismo en sí será injusto, pero no corrupto. En todo caso lo corrompen quienes gobiernan bajo sus banderas. La calificación no es oportuna porque si su propósito es sembrar la confianza del sector empresarial, que no se le olvide que todos los empresarios, cual más cual menos, se rigen bajo los principios neoliberales. El calificativo de “minorías rapaces” tampoco ayuda.

Cuando habla del “renacimiento” de México y de la cuarta reforma, uno podría aceptarla como un anhelo de extirpar o corregir todo lo que esté podrido, lo cual es encomiable. Pero si recordamos la grandeza y trascendencia de cada una de las tres reformas de la nación –la Independencia, la Reforma y la Revolución— y a los próceres que acaudillaron cada una, mejor sería guardar las
proporciones.

Cuando escuchaba el discurso de AMLO no sé por qué me vino a la memoria la figura del expresidente Luis Echeverría y sus peroratas en favor del Tercer Mundo. Mucho avanzó aquel presidente en su lucha tercermundista, inclusive la asamblea de la ONU aprobó su Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados. Al final de cuentas su cosecha fue magra y de ribete se echó encima la enemistad de todas las naciones del Primer Mundo, las que ya eran entonces ricas y poderosas, con el agravante de que ahora lo son más.


02 Diciembre 2018 04:07:00
El desquite
Ayer se puso en marcha la cuarta reforma histórica de México. Meta pretenciosa del nuevo presidente de México que en su arenga a la nación nos permitió conocer con mayor claridad su ideología, sus aspiraciones, sus quereres y sus malqueridos.

Como mensaje a sus seguidores, fue una alocución retórica magistral. No sólo remachó sus pregones de campaña, sino que los amplió, aderezados ahora con una ácida y ventajosa crítica al gobierno de quien le acababa de pasar la banda presidencial y que ahí estaba, estoico, aguantando el chaparrón.

Podríamos señalar, a manera de decálogo, los puntos neurálgicos de tan singular discurso:

• Crítica frontal, cruda, al neoliberalismo prevaleciente en los últimos seis períodos presidenciales;
• Calificación al neoliberalismo como privatizador y corrupto. Su gobierno será el final de una “terrible historia”;
• Insistencia en sembrar confianza en el pueblo, sobre todo entre empresarios nacionales y extranjeros, garantizando la vigencia de un auténtico Estado de Derecho;
• Lucha sin cuartel en contra de la corrupción;
• El gobierno jamás estará al servicio de las minorías “rapaces”
• Gobierno austero: no gastará más de lo que ingrese, no habrá nuevos impuestos, ni aumentará la deuda nacional;
• A partir de una buena relación con el presidente Trump, llevar más adelante el nuevo tratado (T-MEC) para fomentar inversiones en Centroamérica;
• Primero los pobres;
• No reelección presidencial; antes bien, revocación del mandato;
• Renacimiento de México, será un país modelo de concordia y reconciliación. Será la Cuarta Reforma.

Su crítica al neoliberalismo es justa, aunque quizá un tanto exagerada y poco oportuna. Lo cierto es que en las naciones donde prevalece este modelo, los gobiernos se preocupan más por arreglar las cosas de la política y de la economía para el mayor éxito de las empresas, que de resolver los problemas sociales, en particular la pobreza y la desigualdad.

Es exagerada porque el neoliberalismo en sí será injusto, pero no corrupto. En todo caso lo corrompen quienes gobiernan bajo sus banderas. La calificación no es oportuna porque si su propósito es sembrar la confianza del sector empresarial, que no se le olvide que todos los empresarios, cual más cual menos, se rigen bajo los principios neoliberales. El calificativo de “minorías rapaces” tampoco ayuda;

Cuando habla del “renacimiento” de México y de la Cuarta Reforma, uno podría aceptarla como un anhelo de extirpar o corregir todo lo que esté podrido, lo cual es encomiable. Pero si recordamos la grandeza y trascendencia de cada una de las tres reformas de la nación –la Independencia, la Reforma y la Revolución— y a los próceres que acaudillaron cada una, mejor sería guardar las proporciones.

Cuando escuchaba el discurso de AMLO no sé porqué me vino a la memoria la figura del ex presidente Luis Echeverría y sus peroratas en favor del Tercer Mundo. Mucho avanzó aquel presidente en su lucha tercermundista, inclusive la asamblea de la ONU aprobó su Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados. Al final de cuentas su cosecha fue magra y de ribete se echó encima la enemistad de todas las naciones del Primer Mundo, las que ya eran entonces ricas y poderosas , con el agravante de que ahora lo son más.
21 Diciembre 2015 04:00:27
A 50 años: bloqueo fallido
Cuando la revolución cubana encabezada por Fidel Castro Ruz se declaró comunista, Estados Unidos decidió cortar por lo sano y estableció un bloqueo económico en contra de Cuba, creyendo que tarde que temprano su gobierno socialista se rendiría y mansamente volvería al redil del capitalismo. Se equivocó completamente: el tiempo se encargaría de demostrarle su error histórico.

El bloqueo a Cuba ha sido uno de los peores fracasos de la política internacional norteamericana. Jamás se imaginó, lo que era obvio, que la revolución cubana que defenestró al desprestigiado gobierno del sargento mayor Fulgencio Batista, iba a despertar tanta simpatía universal entre los países, partidos, intelectuales y juventudes de izquierda y que la apoyaría de manera incondicional, política y económicamente, la Unión Soviética.

Fidel Castro estudió Leyes en La Habana. Cuando ejerció su profesión se dedicó a defender los intereses de la gente pobre, maltratada por los militares y funcionarios del gobierno corrupto de Batista.

Un día de 1953, con su hermano Raúl intentó organizar un golpe de Estado que fracasó. Los Castro fueron encarcelados. Liberados por un decreto de amnistía, salieron rumbo a Estados Unidos y de ahí se movieron a México, donde Fidel preparó su revolución.

En 1956, los Castro y un grupo de insurgentes desembarcaron en Cuba, pero fueron traicionados y emboscados, teniendo que refugiarse en la Sierra Maestra. De ahí salían las guerrillas que mantuvieron en jaque a las fuerzas del Gobierno. Dos años después, Fidel organizó un ataque formidable que resultó definitivo y Batista tuvo que huir despavorido.

Tres fueron los paladines revolucionarios: Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara. De ellos, Cienfuegos no comulgaba con las ideas socialistas de Fidel.

Un día, regresando a La Habana, su avión explotó en pleno vuelo. Las causas de aquel accidente nunca fueron aclaradas.

El “Che” era todo lo contrario. Más radical aún que el propio Fidel, estaba decidido a soliviantar a los pueblos oprimidos por el capitalismo, ansiaba excitarlos para rebelarse contra gobiernos conservadores y autoritarios.

Con esta idea Cuba había apoyado algunos movimientos revolucionarios en África.

Finalmente el “Che” partió rumbo a Bolivia decidido a organizar una revolución continental. Abandonado a su suerte, maltrecho y hambriento, el Ejército boliviano lo cazó en una lejana cañada de Bolivia.

Mientras tanto, Cuba vivía su drama: en 1961 su ejército repelió a una división norteamericana que desembarcó en Bahía de Cochinos. Con la certeza de que en cualquier momento podría repetirse semejante atentado, Cuba recibió un refuerzo insospechado: en sus playas los soviéticos colocaron misiles lanzacohetes que, se dijo, bien podrían lanzar una bomba atómica sobre Estados Unidos.

Washington entró en pánico. El presidente Kennedy estaba ante una disyuntiva: invadir a Cuba o negociar con Nikita Krushev, líder de la Unión Soviética, el retiro de aquellos amenazantes misiles. Krushev cedió.

Cuando regresaba de mis estudios en Holanda, en un barco carguero que hacía la ruta Roterdam-Veracruz, al pasar frente a Cuba nos cruzamos con el barco soviético que devolvía aquellas armas a su país de origen.

Quizá el gobierno norteamericano guardó por años la esperanza de que debido a su pobreza el pueblo cubano un día derrocaría a Castro. Por eso mantuvo el bloqueo y arrastró a los países del continente para expulsar a Cuba de la Organización de Estados Americanos, pues su gobierno socialista era “incompatible” con los gobiernos democráticos del continente.

México gallardamente se excluyó basado en los principios de su política exterior: no intervención y solución pacífica de las controversias.

Ante el fracaso de tan prolongado desencuentro, Obama ha reculado restableciendo relaciones diplomáticas. Sin embargo, a un año de estas promesas reconciliatorias, las cosas no avanzan porque mientras Cuba exige el término del bloqueo, Estados Unidos desea ver cambios políticos y sociales que tienen que ver con los derechos humanos y con la democracia.

Estados Unidos es el país hegemónico universal por excelencia y es innegable su enorme fuerza económica, política y militar, pero si quiere salir bien de esta histórica coyuntura, tiene que ponerse cataplasmas calientes contra la soberbia, tomar cápsulas de estafiate para la tolerancia, un té de hierbabuena para conciliar el sueño, ungüentos contra los raspones, chiquiadores de hojas de mastuerzo para los dolores de cabeza, unas barridas de pirul para el susto y un té de gordolobo para la indigestión.
14 Diciembre 2015 04:00:49
RIP por el populismo
La ley de la gravedad quizá sea la única que el hombre no ha podido violar. En el campo de la economía tenemos una que es algo así como la columna vertebral de dicha ciencia: la ley de la oferta y la demanda, que establece que a todo incremento de la oferta disminuirá el precio y viceversa, a toda contracción de la oferta aumentará el precio de un bien determinado o de un servicio. Por otra parte, si la demanda se eleva, aumentará el precio, si se contrae, el precio caerá.

Esta ley tiene plena vigencia en un mercado libre, es decir donde no haya interferencias que afecten a uno o a los dos elementos fundamentales, sea la oferta o la demanda. Del lado de la oferta no debe haber monopolios ni subsidios y por el lado de la demanda, debe prevalecer un libre acceso al mercado, sin obstrucción alguna.

Aunque pareciera exagerado, hay que reconocer que sobre esta ley tan simple se construye todo el aparato económico de una sociedad capitalista sea local, regional o nacional. Cuando se infringe, nadie puede ir ante la autoridad para exigir castigo para el violador, pues no existen instrumentos punitivos, salvo en el caso de los monopolios que se prohíben porque alteran el libre flujo de los bienes o los servicios, en contra de los intereses de los consumidores.

Pero el castigo mayor lo da el mismo mercado: si un oferente se excede en los precios de sus productos, su castigo será la disminución de sus ventas. Si un consumidor exige un descuento que los oferentes no están dispuestos a conceder, su castigo será que no podrá satisfacer su demanda.

Éste es un fenómeno propio de la microeconomía, es decir del comportamiento de una empresa o de un consumidor. Llevado al nivel de los grandes agregados, en el ámbito de la macroeconomía, o sea de la economía nacional, las cosas suceden de manera similar. Si la producción nacional no es suficiente para satisfacer la demanda social, se elevará el nivel general de los precios. Si el Gobierno gasta más de los recursos provenientes de sus ingresos por la vía fiscal, tendrá qué endeudarse y si el circulante monetario se multiplica de manera artificial para hacer frente al gasto, sobrevendrá una inevitable inflación, un aumento generalizado de los precios con el consecuente problema que cada vez será más difícil para las familias satisfacer sus necesidades. Un aumento de los salarios sería la respuesta justa, pero entonces se iniciará una carrera precios-salarios en la que los salarios siempre irán detrás, sin alcanzar a los precios.

Muchas naciones han pasado por esta fase. Cuando los gobiernos, con el deseo de cooptar voluntades populares se exceden en construir más obras o proveer más satisfactores de los que su capacidad económica les permite, caen en el malogrado populismo que tarde que temprano cobrará la cuenta en forma de una severa contracción de la economía.

Así sucedió en México cíclicamente, en varias ocasiones. Cada vez que la economía tropezó la sociedad sufrió los ajustes. Eso pasó en España y en Grecia y por esa complicada situación están pasando ahora Argentina y Venezuela.

En el mundo de las democracias los partidos en el poder, o sea los gobiernos, pagan el precio cuando el desorden económico se manifiesta en un encarecimiento de la vida, en una escasez de bienes, o en ambas formas. Entonces la ciudadanía les retira la confianza y votan por un cambio.

Véase lo sucedido recientemente en Argentina y en Venezuela, donde cayeron gobiernos que daban la impresión de gozar de una sólida fortaleza política. Vendrán otros políticos a gobernar quienes tendrán qué encontrar el equilibrio entre sanear la economía a base de dolorosos ajustes, sin provocar reacciones sociales adversas.

México lo logró a fines del siglo pasado y desde entonces el orden presupuestal, el ajuste monetario, el control de la inflación y un nivel manejable de la deuda pública nos han dado la estabilidad que el gobierno de Peña Nieto ha logrado mantener, sin descuidar el crecimiento de la economía.

Lo que todavía no logramos como país es abrirle un espacio suficiente a la economía del bienestar, a la construcción de una sociedad igualitaria, donde se cancelen las abismales diferencias entre pobres y ricos, donde todo el pueblo tenga acceso a una generosas canasta de bienes de consumo, a buenos servicios de salud, de educación, de cultura y de vivienda y oportunidades para desempeñarse eficiente y competitivamente en trabajos y empleos productivos. Esa debiera ser la bandera de todo político aspirante a gobernar. Que se comprometa y lo cumpla. Todo lo demás es demagogia.
30 Noviembre 2015 04:00:52
Cómo anda el pozole
No hay mexicano que no se apasione o cuando menos se interese en cierto grado por el tema de la sucesión presidencial. Desde que un presidente toma posesión, no faltan quienes comiencen a discutir sobre su sucesor. A medida que avanza el período presidencial, el tema se calienta y la ciudadanía se va alineando según le cuadre algún posible legatario.

Alinearse con uno u otro personaje responde a diversos factores: amistad, simpatía, carisma, afinidad ideológica, cultura, capacidad, fama pública, cercanía con el Presidente, experiencia, género, edad, lugar de nacimiento, apariencia personal, hobbies del aspirante, deporte que practica, etcétera. Son tantos y tan diversos los factores que intervienen en la formación de la proclividad popular hacia un personaje, que es difícil hacer previsiones sobre el nivel de preeminencia de un factor sobre los demás.

Para dilucidar tan embrollado asunto se inventaron las encuestas, aplicando métodos de consulta y de evaluación a cual más sofisticado, pero que suelen fallar cuando se compara el resultado de las encuestas con la suma electoral. Esos ejercicios fallan porque todavía no les han podido aplicar a los investigados el detector de mentiras.

¿Por qué mienten los encuestados? Por muchas razones: primero porque con aquello de que el voto es secreto al investigado no le da la gana declarar su voluntad electoral, o porque si va a votar por la oposición, tiene miedo de confesarlo, o por cualquier otra razón asociada a su carácter. Otra razón que desacredita a esta práctica es el hecho de que hay empresas que se contratan para hacer encuestas “a la medida”, es decir, de acuerdo con los intereses de quien las contrata. Lo cierto es que las encuestas y los encuestólogos andan de capa caída.

Cada partido político cuenta con votos “amarrados” y votos complementarios. Los primeros son los que sumados representan el voto “duro” del partido, los miembros con mayor identidad ideológica; los segundos son todos los que pueda agregar a la hora de la elección, compartan o no la ideología del partido o de su candidato. Estos últimos son los verdaderamente importantes a la hora de la elección, pues está comprobado que ningún partido gana con su voto duro.

En México las entidades con mayor padrón electoral son el Distrito Federal, Estado de México, Veracruz y Jalisco. Los más pequeños son los de Colima, Aguascalientes y Baja California Sur. Si un candidato logra ganar en los estados del primer grupo, tiene una gran probabilidad de triunfar en toda la elección.

El Distrito Federal es, quizá, la perla más preciada electoralmente, no sólo por su gran padrón sino porque ahí está radicada la capital nacional y los más importantes medios de comunicación. Y esa plaza la han ganado los partidos de izquierda a partir de haber sabido capitalizar en su beneficio dos hechos trascendentales: el movimiento estudiantil de 1968 y el sismo de 1985. En el primero porque se trató de una rebelión antigobiernista y ahí se treparon todas las oposiciones, sacando la mejor parte los partidos de izquierda por su radicalismo. En el segundo, porque supieron aprovechar la extemporaneidad con que el Presidente de la República atendió los problemas del terremoto y capitalizaron el hecho de que la sociedad entera respondió con un gran sentido de solidaridad frente a la tremenda hecatombe. Desde entonces el PRI no ha podido levantar cabeza en el Distrito Federal.

Respecto de la sucesión, poco se puede decir faltando tanto tiempo. Aunque se puede vislumbrar el hecho de que el Presidente, “fiel de la balanza”, como se reconocía López Portillo, tiene una buena baraja de prospectos a su disposición. Sin embargo, Peña sabe que no debe adelantarse a los tiempos porque, aparte de cometer pecado de antidemocracia, sería faltarle el respeto a la ciudadanía, aparte de que podría “quemar” a quien desde ahora se atreviera a apoyar.

La mayoría de los prospectos se agrupan en el gabinete presidencial. Allí hay algunos que sobresalen por su experiencia y capacidad, otros por su cercanía al Presidente, sin faltar quien le apuesta a su audacia y a un golpe de suerte. Fuera del Gabinete sobresalen tres: el líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones; el líder del Senado, Emilio Gamboa Patrón, y el coordinador priista en la Cámara de Diputados, César Camacho. Aún faltan tres inviernos para mantener fría la cabeza… pero caliente el corazón.
23 Noviembre 2015 04:00:26
Intolerancia, enemiga de la paz
La historia de la humanidad nos dice cómo, desde sus albores, el hombre luchó a brazo partido para sobrevivir. Tuvo que vencer a animales de cualquier especie para procurar su alimento y tuvo que luchar contra otros como él para asegurarse un territorio donde vivir. Hace 40 mil años el hombre de Cromañón, procedente del Cercano Oriente, entraba a Europa, y hace 35 mil años llegaban a América por el Estrecho de Behring, tribus provenientes de Asia. A fines del siglo 15 Cristóbal Colón, por casualidad, descubría para el Viejo Mundo un nuevo continente, iniciando así una larga etapa de conquista y colonización con el subsecuente resultado del surgimiento de nuevos pueblos mestizos.

Todos tuvieron que luchar para cumplir su destino. Todavía en pleno siglo 20 hubo pueblos que fueron a la guerra alentados por la ambición de conquista y sometimiento. Las pérdidas materiales y de vidas fueron tremendas. En las dos guerras mundiales, en Europa y en el Pacífico murieron cientos de miles alemanes, franceses, italianos, japoneses, rusos, norteamericanos, ingleses y franceses. Hubo que reconstruir Europa y Japón, y el mundo, perplejo ante aquella inconmensurable destrucción y atemorizado por las dos bombas nucleares que en un segundo arrasaron con miles de vidas, tuvo que hacer un alto para analizar cuál sería su destino si no lograba detener aquellos enfrentamientos brutales.

Entonces las naciones del mundo crearon una organización que no sólo iba a establecer normas de conducta internacional, sino a fomentar el mejor entendimiento entre los pueblos a base de considerar a cada nación con igualdad de derechos, deberes y responsabilidades, independientemente de su tamaño, sistema político o credo. Las Naciones Unidas han logrado resolver dificultades y problemas entre pueblos que pudieron haberse convertido en dolorosos enfrentamientos bélicos.

Pero no siempre las cosas han salido bien. El Medio Oriente ha sido, desde tiempos inmemoriales, una zona de conflictos que nadie ha podido resolver, ni siquiera Inglaterra o Estados Unidos, que fueron los que acabaron por echarle más leña a la hoguera. El problema se concentra en la vieja Palestina, en cuyo territorio se instaló el nuevo Estado de Israel. Desde fines del siglo 19 comenzó a integrarse un movimiento sionista para que el pueblo judío, disperso por todo el mundo, pudiera volver al territorio de sus ancestros, los hebreos. En 1897 en el Primer Congreso Sionista se creó un banco y un fondo sionista para financiar lo necesario a fin de establecer un hogar nacional, en Palestina, para los judíos. La idea fue ocupar tierras y bajo el sistema de trabajo cooperativo, formar comunidades sólidamente unidas; fue el origen de los kibutz, comunidades de vocación agropecuaria que se fueron extendiendo más allá de las fronteras originales para ir ganando cada vez más terreno.

Inglaterra recibió, en 1920, el mandato para organizar aquella migración masiva de judíos, sobre la base que se respetarían los derechos civiles y religiosos de los palestinos. Ingleses, árabes y hebreos tendrían el mismo estatus. Pero Inglaterra no quiso o no pudo cumplir su mandato, dada la fuerte hostilidad de los árabes. Años después se agravaría la persecución judía en el centro de Europa que culminó con millones de mártires judíos aniquilados por la locura hitleriana: el Gran Holocausto.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, la creación del Estado Judío recibió el apoyo de las Naciones Unidas, lo que activó al sionismo para recoger la diáspora judía. La respuesta no se hizo esperar. Integrantes del IRGUN, movimiento integrado por terroristas que actúan desde los tiempos del mandato inglés, explotaron una bomba en el King David Hotel y colgaron dos sargentos británicos. HAMAS, que se puede traducir como Movimiento Islámico de Resistencia, se creó en 1987 por La Hermandad Musulmana y desde entonces ha cometido frecuentes actos de terrorismo, como enemigo jurado que es de los judíos. Para cumplir con un mandato del Islam, se crea ISIS, (Islamic State of Iraq and Siria), con el propósito de crear el califato islámico bajo el liderazgo del califa Ibrahim, orientado a luchar en contra de Israel y sus aliados. Isis y Hamas han desatado una jihad (guerra santa) en el Medio Oriente y han declarado la guerra a Estados Unidos, Francia, Bélgica, Reino Unido e Israel.

Lo sucedido recientemente en París da cuenta de la capacidad de organización de ISIS, el poderío de su armamento, la decisión letal de sus soldados y la todavía impenetrable red de conspiradores y conjurados.

Esta semana, en el Museo de Historia de Cincinnati vi en uno de sus muros un diario de mayo de 1940 cuyo titular expresa: “Hitler afirma: derrotaré a todo el mundo”. Todos sabemos el destino final de tan desquiciado personaje. Al leer dicho titular me vino a la memoria lo sucedido en París y las subsecuentes declaraciones desde ISIS. Tal movimiento ha recurrido a la peor de las estrategias que puede haber en el arte de la guerra: luchar prácticamente contra todo el mundo, en particular contra las naciones más poderosas económica y militarmente. El reto que lanzó ISIS al mundo occidental, capitalista y cristiano, suena más a suicidio que a estrategia de guerra. Primero porque si Obama había mantenido una actitud de cierta contemporización, ahora tendrá que radicalizarse, so pena de que se le venga el mundo encima y pierdan los demócratas la próxima elección presidencial. Y algo inesperado: por primera vez en siglos, Estados Unidos y Rusia tendrán que luchar como verdaderos aliados frente a un enemigo común.

Desde los albores de la humanidad, cuando el hombre de Cromañón llegaba a Europa, hasta nuestros días, la historia de los pueblos tiene una alta incidencia de actos bélicos. Nuestra especie jamás habría sobrevivido si no hubiera desarrollado su capacidad de negociación y de tolerancia para construir caminos de paz y de concordia. Lo malo del asunto es que el fanatismo es incompatible con la tolerancia y la prudencia.
16 Noviembre 2015 04:00:08
Francisco, juez universal
Ya es oficial. Por fin vendrá el papa Francisco a México. La Secretaría de Relaciones Exteriores anunció oficialmente que en febrero próximo visitará tierras mexicanas el Obispo de Roma. Será una visita de Estado, con carácter pastoral.

Siendo México un país católico por excelencia –el segundo en cuanto a número de católicos– el pueblo ha reaccionado con enorme regocijo ante el anuncio oficial de esta visita. Y es que para cualquier católico no hay mejor expectativa que ver de cerca al Sumo Pontífice y, si hay suerte, hasta recibir la bendición de quien representa a Jesucristo Dios en la Tierra.

Por encima de esta muy justa complacencia popular, de la bonhomía y humanidad que proyecta su imagen, no hay que olvidar que el papa Francisco es un reformador de normas, prácticas y tradiciones. Que, inconforme con la injusticia y con el desapego a los principios cristianos que caracterizan al mundo contemporáneo, eleva su voz crítica con la esperanza de que se haga conciencia de los desvíos y del alejamiento de la justicia, la probidad y la humildad.

Por eso, el Vicario de Cristo rechaza la explotación laboral, el cáncer de la corrupción y el veneno de la ilegalidad. Es un crítico acerbo de la lógica perversa de la economía de mercado y del capitalismo. Anhela una Iglesia alejada del poder, de la imagen y del dinero. Quiere una Iglesia humilde, desinteresada, que ayude a los pobres.

Ahora que venga a México hay que estar muy atentos a sus mensajes. No sería extraño que, con el tono moderado, ya tradicional en sus alocuciones, nos echara en cara la barbarie que prevalece en algunas regiones del país, sea en Ciudad Juárez por los incontables feminicidios, la matanza de normalistas de Ayotzinapa, la desaparición de decenas de migrantes en San Fernando, Tamaulipas, los muertos de Acteal o las incontables fosas clandestinas de Guerrero y Michoacán.

El Papa pudiera mencionar problemas asociados a algunos gobiernos locales que no respetan los derechos humanos, donde el estado de derecho está ausente del ejercicio del poder público y la impunidad campea con la mayor naturalidad.

momentos difíciles para el pueblo, pero sobre todo para el Gobierno, superar semejante trance cuando quien condene estos problemas sea un juez moral cuya voz tiene resonancias universales. Claro que el Santo Padre sabe expresarse de forma comedida y conveniente. Cuando llegó a Cuba muchos esperaban que con voz más que tronante censurara el escaso margen que tiene la democracia en ese país, o preguntara sobre el destino de quienes disienten políticamente del régimen establecido. Pero el sucesor de San Pedro apenas si tocó una que otra de tales cuestiones. ¿Negoció el Gobierno de Castro? ¿Fue resultado de una actitud prudente del Papa no meterse en honduras para no entorpecer la reinstauración de las relaciones Cuba-EU? Sólo ellos lo saben. Pero lo cierto es que el Obispo de Roma navegó sobre las tranquilas aguas de la tolerancia y la prudencia.

En Roma tenemos a un excelente embajador ante el Vaticano en la persona del licenciado Mariano Palacios Alcocer. Hombre de talento, ha sabido conducirse con inteligencia y discreción, y hace poco trascendió que el subsecretario de Asuntos Religiosos, nuestro paisano Humberto Roque Villanueva, político de excepcional sensibilidad política, viajó a Roma para asegurar el mayor éxito de tan delicado como trascendental evento.

Recibamos al Santo Padre con la ya tradicional cálida hospitalidad que sabemos brindar a quienes visitan nuestra casa, pero que nos esmeramos aún más cuando se trata de personajes de tan elevada como respetable alcurnia. Y si con sus palabras nos reprocha alguna cuestión desagradable, que nos sirva por igual, a pueblo y a Gobierno para enmendar el camino, para superarnos y merecernos la indulgencia de tan ilustre hombre de fe.

09 Noviembre 2015 04:00:01
Ideología y política
Uno de los temas favoritos de conversación de muchos mexicanos es la política. En mis largos años de servidor público tuve la oportunidad de visitar todas las entidades de la República y me pude percatar del alto grado de politización de su gente. Sin embargo, no en todos los estados se da el fenómeno con la misma intensidad. Hay algunos donde la gente se alebresta sólo cuando se acerca un evento electoral, de preferencia cuando se trata de renovar poderes locales. Claro que cuando de elegir a un presidente de la República se trata, la cosa es diferente, pues entonces la intensidad de la polémica se agudiza.

Con el paso de los tiempos se ha dado un fenómeno muy peculiar. Cada vez se discuten menos cuestiones de fondo, ideológicas por ejemplo, como solía suceder antaño. Ahora son cosas más superficiales por las que se interesa la ciudadanía: si el candidato o candidata tiene buena presencia, cómo viste, cómo se expresa, su nivel social, y de tiempo acá, hasta cuestiones íntimas de su vida privada. En las redes sociales casi silba la rapidez con que se trasmite la información sobre un personaje determinado. Y de esa red pocos salen bien librados. Sin embargo, la información que fluye suele ser tan frívola y tan poco fehaciente que uno podría afirmar que se ha ahuecado la política.

Al inicio de mi carrera de servidor público, que a poco tiempo se convirtió en carrera política, se hablaba mucho de las derechas y de las izquierdas en la política. Es decir, acerca de una ideología progresista, de orientación social, libertaria y democrática frente a otra conservadora y hasta retrógrada.

Cuando el presidente Lázaro Cárdenas decide expropiar las compañías petroleras, enemigos del cambio progresista, defensores de lo indefendible, encabezados por el señor Gómez Morín, crearon el partido Acción Nacional. Entonces el pueblo supo distinguir qué era aquello de la izquierda, quénes sus practicantes, cómo pensaban y cómo actuaban.

La deducción era sencilla: los de derecha, azuzados por intereses contrarios al país, se oponían al cambio, veían en la expropiación petrolera un atentado a la propiedad privada, a pesar del grosero desacato de las empresas extranjeras a la máxima autoridad jurisdiccional del país. La gente supo distinguir entre quienes buscaban el beneficio de la nación a partir de un ejercicio de soberanía impecable y quienes anteponían intereses extranjeros a los de México.

Desde los tiempos de la Revolución Francesa quedaron acuñados los términos de izquierda y derecha, según del lado en que se sentaran en la Convención: a la izquierda los jacobinos y los girondinos a la derecha. Aquellos renovadores, impulsores del cambio y estos tradicionalistas y dogmáticos. Desde entonces, a quienes luchan por el cambio en beneficio de las mayorías son catalogados de izquierda, y quienes se oponen al cambio, que quisieran que nada cambiara para seguir gozando de prebendas y privilegios se ubican en el grupo de las derechas.

Esto no quiere decir que todo cambio es aceptable. Por ejemplo, está el caso del surgimiento y proliferación del neoliberalismo y la globalidad. Si el ala derecha del mundo está por la globalidad, y quienes se oponen son de izquierda, entonces estos son los dogmáticos. No es así. Lo que cuenta no es el cambio en sí mismo, sino a quién beneficia tal transformación.

Veamos: el neoliberalismo y la globalidad plantean el libre comercio a rajatabla. Pero la igualdad de trato entre desi-guales no es equitativa. En un mundo tan competido, la apertura indiscriminada de las fronteras es obvio que favorece a los de la industria más avanzada, a los de economía más productiva. Entonces la división internacional del trabajo destina fatalmente a los de economía emergente a malbaratar sus productos, en especial su mano de obra, por lo cual se van rezagando económica y socialmente. De modo que si el neoliberalismo y la globalidad favorecen privilegiadamente a las naciones más avanzadas, entonces tal cambio no es conveniente, dadas sus indeseables consecuencias para los países en vías de desarrollo.

De modo que no cualquier cambio es aceptable. Hay que fijarnos quién es el beneficiario: si es para bien de las mayorías, para cancelar la pobreza, la desigualdad y la injusticia y para fortalecer la democracia, la libertad y los derechos humanos, entonces estamos hablando de cambios inspirados en la ideología de la izquierda. Izquierdista es entonces aquel que no está satisfecho con el statu quo. Su rebeldía habrá de encauzarla para luchar por un mundo más justo y más libre.
02 Noviembre 2015 03:00:09
Anhelos malogrados
En México, siempre que se inicia un sexenio suben de nivel las expectativas respecto de lo promisorio que se aprecia el nuevo gobierno, tanto por el optimismo innato del pueblo, como por la propaganda exitosa que hayan realizado el candidato y el partido ganador.

Además, habrá gente que se haga este comentario: si la mayoría le dio el voto, quiere decir que algo bueno le espera al país.

Esa es la historia que se repite sexenalmente, aunque por desgracia no siempre la realidad corresponde a la esperanza.

Así sucedió en el año 2000, cuando Vicente Fox, quien de alguna manera se había “agandallado” la candidatura del PAN, llegó a la Presidencia rodeado de un enorme halo de optimismo en el cambio que prometía el candidato y que el pueblo esperaba con vehemencia, pero que nunca llegó.

Fox se perdió en fruslerías y frivolidades.

El PAN volvió a ganar, por una nariz, la presidencia con Felipe Calderón.

Gobernó entre rencores y agravios, y peleó hasta con sus propios correligionarios.

Poco reflexivo, tomó decisiones sin medir consecuencias mayores, como aquella de declararle la guerra al narcotráfico, haciéndole frente con las Fuerzas Armadas del país.

Para el pueblo, 12 años de aquel panismo frustrante fueron suficientes y volvió a votar mayoritariamente por el candidato del PRI, el joven licenciado Enrique Peña Nieto.

Desde el primer día de su presidencia, el nuevo Ejecutivo implantó una modalidad: gobernar sumando las fuerzas políticas más importantes del país.

Ahí nació el Pacto por México, con la decisión de instaurar reformas energéticas por muchos años diferidas.

Aquel cogobierno pintaba para mucho, sobre todo por la trascendencia de las reformas de gran calado que propuso el presidente Peña: educativa, energética, hacendaria, financiera y un programa de intenso trabajo en cada una de las dependencias del Gabinete presidencial.

Al paso del tiempo, históricamente miopes, los líderes del PAN y del PRD recularon en su alianza, con el argumento de que dentro del Pacto estaba perdiendo figura y carácter de oposición.

Algo que no correspondió a las expectativas sobre el nuevo Gobierno fue la reticencia a soltar la inversión pública de inmediato, lo que muchos considerábamos necesario para impulsar un mayor crecimiento de la economía y, sobre todo, para fortalecer el empleo y el consumo interno, en pro de un mejoramiento del bienestar de la población, Quizá los neoliberales que nunca faltan le aconsejaron al Presidente que tal medida movería en unas décimas la intocable y sacrosanta inflación, corriendo el riesgo de que se alteraran los ánimos de los jerarcas del Fondo Monetario Internacional.

Como quiera que sea, las reformas siguieron adelante.

Las más promisorias: la energética y la de educación.

La hacendaria, que a pocos satisfizo, fue oportuna por la posterior caída de los precios del petróleo, y la financiera, que prometía fortalecer a la banca de fomento para apoyar con generosos créditos al campo y a las pequeñas y medianas empresas, pero el problema fue que siguió sujeta a las reglas astringentes de la banca privada.

Así las cosas, la economía ha crecido muy por debajo de su verdadero potencial.

Y eso no tendría mayor repercusión en el pueblo, si no fuera porque no sólo hay desánimo, sino una tozuda actitud de reprobación a cuanta acción emprende el Gobierno.

Corrupción, impunidad, violencia, cárteles criminales, derechos humanos conculcados, endeudamientos estatales y municipales desorbitados, barbarie insólita, todo suma en contra de un Gobierno que no encuentra cómo apaciguar rencores y sumar voluntades.

Más que nunca, la unidad nacional sigue siendo un desiderátum. No es que se quieran acallar voces disonantes ni justos reclamos.

La disidencia política ha de manifestarse con toda la fuerza de sus convicciones, en el marco de las libertades constitucionales.

Dejarnos llevar por el derrotismo y la amargura no nos va a ayudar a salir de este ominoso marasmo.

Algunos conspicuos intelectuales hablan de un quiebre, de una reversión histórica hacia tiempos donde sólo se luchaba por el poder.

Creo que todavía hay tiempo para fortalecer los aciertos, para llenar los vacíos y para enmendar terrenos. La esperanza muere al último, dicen.
26 Octubre 2015 02:00:23
Encrucijada política
En este mundo contemporáneo suceden tantas cosas extraordinarias que uno podría pensar que ya nada debiera sorprendernos. Sin embargo, de repente sobreviene algo que jamás hubiéramos pensado que iba a ocurrir y eso nos saca de balance. Me refiero a un hecho actual, profundamente desagradable acaecido en el campo de las relaciones entre México y Estados Unidos. Por fortuna no se trata de un problema entre gobiernos, sino uno en que el autor es un particular. La cuestión es que en este caso se trata de un aspirante a la presidencia de aquel país, lo que a querer o no, cae en el terreno de las relaciones bilaterales.

Quien lee estas notas de seguro que ya adivinó a qué y a quién me estoy refiriendo. Si, al señor Donald Trump, conspicuo empresario norteamericano quien, a partir de un discurso estridente y grosero en contra de los migrantes mexicanos y de los mexicanos en general, ha conseguido colocarse como líder de los aspirantes a la candidatura presidencial de su partido, el republicano.

No es extraño que un representante del más rancio conservadurismo norteamericano nos agreda, lo que nos desconcierta es que no sólo lo siga un buen número de sus correligionarios, sino que tremolando esa bandera esté a punto de ganar la nominación de su partido para la liza presidencial.

Aparte de que el Partido Republicano representa la línea conservadora del sistema político norteamericano, hay a su interior una corriente más radical aún que se hace llamar el Tea Party, rememorando a aquel grupo de insurgentes que cuando la Corona inglesa aplicó a su colonia impuestos exorbitantes a la importación de té, se rebelaron y echaron al mar el famoso brebaje. Argüían que si no contaban con representantes en el Parlamento, no tenían la obligación de acatar sus acuerdos. “No representation, no taxation” fue el grito de batalla.

El republicano es un partido que se distingue por su ideología económica neoliberal a ultranza. La economía, su proceso de crecimiento, ha de darse de acuerdo con la inviolable ley de la oferta y la demanda, sin injerencia alguna del Gobierno. Privilegian el individualismo, la libre empresa y la competencia, a efecto de que el esfuerzo, la capacidad y el talento de cada individuo sea el pilar de su éxito, sin apoyo, subsidio o costo alguno para el Gobierno. En política exterior, en un ambiente de libre comercio, más que la ayuda internacional, postulan la colaboración.

Es claro que el Sr. Trump es un representante genuino de esta corriente ideológica. El problema es que en su afán por ganar simpatías lucra con el temor de los pequeños de espíritu que temen al avance de las minorías, en especial cuando las alienta otra cultura y otros principios, y que la raza blanca quede a su merced. Trump se ha dejado ver como un hombre segregacionista, racista e intolerante, hasta el extremo de prometer que, si gana, no sólo echará de su país a todo migrante indocumentado, sino que pondrá candado a su frontera y obligará a México a construir un muro de contención para evitar la migración centroamericana.

Por suerte, Trump comienza a perder ventaja frente al doctor Ben Carson –hombre también de color como Obama–, quien le va pisando los talones. Además, los republicanos no tienen muchas posibilidades de ganar la elección de su presidente número 45, debido, entre otros factores, a esta reaccionaria cerrazón.

En los siglos 20 y 21, o sea, de 1900 a la fecha, Estados Unidos ha tenido 20 presidentes, 12 republicanos y 8 demócratas. Algunos sobresalientes como Wilson, los Roosevelt, Eisenhower, Kennedy y el propio Obama, y cuando él termine, los republicanos habrán gobernado 61 años y los demócratas 56. A su liderazgo económico y militar y de la democracia, Estados Unidos está obligado a añadir otro liderazgo: el de los derechos humanos.
19 Octubre 2015 03:00:24
Contra los molinos de viento
Cada 15 años la elitista burocracia de esa Torre de Babel, que son las Naciones Unidas, les da por soñar utopías y enjaretárselas a las 194 naciones que la integran. En el año 2000 inventaron los Objetivos del Desarrollo del Milenio, entre los cuales incluyeron: 1) erradicar la pobreza extrema y el hambre; 2) lograr la enseñanza primaria universal; 3) promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer; 4) reducir la mortalidad infantil; 5) mejorar la salud materna; 6) combatir el VIH/sida, el paludismo y otras enfermedades; 7) garantizar la sostenibilidad del ambiente, y 8) fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

No se tiene registro de cuántos países del mundo trabajaron efectiva y eficazmente en pos de tan meritorios objetivos. Quizá en algunos se hayan logrado loables avances, aunque seguramente con diversos resultados según el objetivo. En México se están haciendo esfuerzos por generalizar y profundizar la reforma educativa e impulsar la igualdad de género. Las cuestiones relacionadas con la salud marchan lentamente no sólo de recursos, sino porque ha faltado coordinación entre los distintos órdenes de Gobierno y entra las instituciones del sector salud, y está pendiente el seguro médico universal prometido. Las políticas asistenciales han ayudado a disminuir los índices de pobreza extrema, pero todavía son muy altos los números correspondientes al sector del pueblo sumido en la pobreza.

Para el periodo 2015-30, las Naciones Unidas plantean ahora una plataforma más amplia y ambiciosa; el conjunto de propósitos se ha denominado Objetivos para el Desarrollo Sostenible que comprende tanto metas económicas como sociales y ambientales. Pero en este caso no son 8, sino 17 los objetivos: 1) cancelación definitiva en el mundo de la pobreza extrema; 2) que cada persona disponga del alimento necesario; 3) salud; 4) educación; 5) acceso al agua; 6) acceso a la energía disponible; 7) igualdad de género; 8) crecimiento económico inclusivo y sostenible, con empleo pleno, productivo y con derechos laborales garantizados; 9) fomentar la innovación y una industrialización inclusiva y sostenible; 10) reducir las desigualdades económicas entre los países; 11) que las ciudades sean inclusivas, seguras y sostenibles; 12) garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles; 13) combatir el cambio climático y sus efectos: 14) que los océanos, mares y recursos marinos sean aprovechados como fuente de recursos sostenibles; 15) restablecer el uso sostenible de los ecosistemas terrestres; 16) promover sociedades pacíficas con acceso a la justicia mediante instituciones eficaces a todos los niveles; 17) revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.

Como podrá apreciarse, algunos objetivos del triquinquenio anterior se repiten, lo que indica que poco o nada se ha logrado en esas áreas, cuando no se haya retrocedido. Tal es el caso de la pobreza y de las desigualdades sociales que se han generalizado por igual en todo en el mundo, así se trate de países ricos que de pobres. Justicia, agua, energía, cambio climático y desarrollo urbano equilibrado y un mayor énfasis en la sostenibilidad del proceso de desarrollo son nuevos propósitos para la humanidad.

Alcanzar tales objetivos se vuelve muy complicado por varias razones: una, el subdesarrollo que tercamente continúa prevaleciendo en gran parte del globo terráqueo; la pobreza no da para mejorar ni la educación ni la salud y cuidar el medio ambiente suele ser un lujo vedado para los pobres. Otro problema es la persistente violencia que prevalece en algunas regiones del mundo, particularmente en el Medio Oriente, donde el embrollo resulta del enfrentamiento de intereses económicos con actitudes racistas y fanáticas.

Por otra parte, la pobreza y la desigualdad económica y social al interior de los países en vías de desarrollo resultan del ejercicio de una política económica más comprometida con los designios del capitalismo que con la justicia social. Mientras los gobiernos no se convenzan de que tienen qué asumir una intervención más efectiva en la creación y en la distribución de la riqueza, seguiremos elaborando diagnósticos y proponiendo objetivos utópicos sin lograr cambios sociales trascendentes.

Un día, discutiendo estos temas con un colega economista neoliberal trataba de convencerme de que habría que seguir apoyando la producción y la creación de la riqueza, que al fin y al cabo ésta algún día “gotearía” hacia abajo y se iría logrando la igualdad social y económica. ¿Llegará ese día?
12 Octubre 2015 03:00:37
Candidaturas independientes
Las candidaturas independientes llegaron para quedarse… y para generalizarse. Cada quien explica la causa de este fenómeno de manera distinta. Unos la atribuyen al descrédito en que han caído algunos partidos políticos por su cerrazón y escasa democracia interna; otros al resultado del proceso de “ciudadanización” iniciado desde que el Gobierno se allanó de los organismos electorales.

Los del primer grupo son aquellos que reprueban lo oneroso que resultan los partidos, la opacidad con que suelen administrar sus finanzas y, en algunos casos, el nepotismo. Por otra parte, el autoritarismo con que suelen tomarse las decisiones en los partidos ha provocado que otrora fieles miembros abandonen sus filas para lanzarse a una aventura personal. Es una opción –extrema podríamos decir– que ahora puede tomar el ciudadano cuando es rechazado por su partido.

La simpatía por la llamada “ciudadanización” proviene del hecho de que hay gente que la identifica con la democracia, identidad aceptable, aunque no plenamente. Hubo un tiempo en que los partidos políticos eran verdaderas instituciones formadoras de políticos; se estudiaban y discutían ideologías, estrategias, gobierno y política. Se organizaban conferencias y foros de discusión. Eran auténticos puentes de comunicación entre la ciudadanía y el Gobierno, exigiendo soluciones a problemas de la sociedad. Los ciudadanos trabajaban por su partido en barrios y pueblos de manera desinteresada. En los partidos, la ciudadanía encontraba una trinchera desde donde luchaba por sus ideales. Hoy en día todo esto se ha ido desvaneciendo.

Ahora a los partidos van sólo quienes buscan una recomendación para un empleo o quizá alguna postulación. La gente de las colonias ya no se mueve si no es a cambio de algo, y lo de la formación de nuevos cuadros y la discusión sobre ideologías son materia muerta. Muchos partidos han perdido su esencia, mientras que la política carece de una dimensión ética, prevalece una crisis de valores y falta autenticidad. Hay dirigentes que de modestos burócratas, cuando llegaron a la dirigencia, pasaron a la elite económica y en poco tiempo se mudaron a costosas residencias. Hay diputados y senadores de distintos partidos que un día llegaron a confesar cuánto les había costado la candidatura.

Ante todo este proceso de descomposición de la política, surge ahora la alternativa de los candidatos independientes, los que aspiran a algún cargo sin el aval de un partido político. Ante este fenómeno, la reacción de los partidos es diversa: mientras unos pretenden facilitar esta “ciudadanización” electoral, otros se empeñan en obstruirla.

En un sistema como el nuestro hay que reconocer que de la madurez y fortaleza de los partidos depende la firmeza del sistema político nacional. Es urgente que los partidos que han perdido prestigio se apuren a recuperarlo, a efecto de que se conviertan en piezas robustas para el sostenimiento de la gobernabilidad y de la estabilidad política del país. La generalización de candidaturas al margen de los partidos puede convertirse en un factor disolutivo, anarquizante, políticamente riesgoso.

Bienvenidas las candidaturas independientes donde haya la percepción de algún gobierno descarriado y donde los partidos políticos no representen una garantía democrática. No les pongamos demasiados obstáculos, pero tampoco les facilitemos en exceso su camino, pues muchos candidatos independientes podrían fragmentar su fuerza neutralizándose sus efectos en lo electoral. Su proliferación equivaldría a menoscabar la solidez y estabilidad del sistema político. Pero obstaculizarlas sería cerrarle el paso a la ciudadanía despechada por la cerrazón de los partidos.

El INE podría imponer condiciones para que los candidatos independientes pasen una prueba de aceptación en función de su honorabilidad y capacidad política. Ya tenemos un gobernador que surgió de manera autónoma. De su desempeño dependerá en mucho el futuro de esta nueva modalidad.
05 Octubre 2015 04:05:33
Los sofismas de la política económica
Últimamente se viene hablando mucho del desencanto por la democracia, aquí en México y en otras partes del mundo, en especial en los países de nivel similar al nuestro. Se afirma que si bien México la ha perfeccionado a lo largo de casi tres décadas, ésta no ha logrado construir ni el bienestar ni la felicidad del pueblo. Claro que no, porque esa no es la función de la democracia. Su función es abrir las puertas de la política a todo ciudadano, cualquiera que sea su credo religioso, su ideología, su condición económica o su género; perfeccionar y transparentar los procesos electorales para que los hombres y las mujeres que por la vía de la elección popular lleguen a los cargos gubernamentales, sea con al respaldo del voto mayoritario de la ciudadanía. Por la vía democrática se legitiman los gobiernos. Logrado este desiderátum, la ciudadanía estará satisfecha políticamente, porque tendrá un gobierno al nivel de sus expectativas, de sus anhelos y su voto será la mejor defensa frente a cualquier ineptitud o infracción a la ley.

Pero la satisfacción política de la ciudadanía no equivale a la felicidad del pueblo en su conjunto. Son otros los satisfactores que construyen el bienestar de la gente: un buen empleo para vivir con dignidad, amplias oportunidades en el campo de la educación, la capacitación para superarse, buenos y accesibles servicios de salud, una vivienda decorosa, centros de recreación al alcance de sus recursos, en fin, todo aquello que le permita gozar de una buena calidad de vida.

Y es precisamente la carencia de esos satisfactores individuales y colectivos lo que le impide al mexicano de clase media y baja alcanzar su felicidad. La mitad de nuestra gente vive en la pobreza, y la desigualdad es tan profunda, que degrada a la nación. La política económica que desde hace tres décadas se aplica en México se identifica con las principios del neoliberalismo, en cuyo modelo la intervención del Gobierno es marginal, sólo para garantizar la libertad, la seguridad pública, la garantía de la propiedad privada, la democracia y la estabilidad de los componentes de la macroeconomía, pero también darle al sector de los negocios amplia autonomía para su mayor auge. Con el dogma de que con la aplicación irrestricta de la ley de la oferta y la demanda en el mercado de toda clase de bienes y servicios se logra la mejor asignación de los factores de la producción, nadie, y menos el Gobierno, debe interferir en los mercados, así se trate de la compraventa de tomates y calabazas, de terrenos rurales o urbanos que de obreros, de maestros o de médicos.

El problema es que un gobierno que se mantiene al margen del devenir de la sociedad, que deja correr libremente los intereses de los hombres de negocios, muchos de ellos extranjeros, se olvida de que la forma en que se desarrolla esta economía y el tipo de distribución de la riqueza que de ella se deriva se contrapone con los principios fundamentales de todo gobierno comprometido con la felicidad y el bienestar de las mayorías. Y es que una economía así diseñada no tiene compromiso alguno con la mejor distribución de la riqueza, ni le importa el empobrecimiento generalizado y menos aún que el pueblo no tenga oportunidades de capacitarse, de educarse, de asegurar una buena salud o de gozar de los bienes intangibles de la cultura y de la sana recreación.

México creció y se desarrolló durante varias décadas dentro del modelo de economía mixta, donde el Gobierno asumía la rectoría económica de la nación y su política económica se encuadraba dentro de un plan nacional de desarrollo, cuyos objetivos económicos y sociales procuraban el desarrollo y la igualdad. Este modelo se derogó cuando el Gobierno se excedió creando un sinnúmero de empresas ineficientes, sin faltar casos muy lamentables de corrupción.

Pero la principal causa de su cancelación fue la presión de los capitanes, criollos y extranjeros, del capitalismo, para dejar el campo de la economía exclusivamente a la iniciativa privada. Mientras menos intervención y más laxa fuera la regulación gubernamental, cuanto mejor.

Ningún programa de asistencia social va a resolver la miseria de los pobres, mientras el Gobierno no asuma un papel más efectivo en la orientación de la economía, en la creación de la riqueza y en su distribución. No se trata de volver al estatismo y a los gobiernos obesos, sino de que el Gobierno se decida a conducir la economía nacional más allá de la política monetaria; que no le tema tanto a la inflación y que sea más soberano en el diseño de su política económica. Con una intervención en la economía, prudente y sensata, podría reconstruirse una sociedad más igualitaria y más feliz.
28 Septiembre 2015 03:00:41
Un Presidente acosado
Cuando el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, contratado por la Presidencia de la República para revisar las investigaciones realizadas por la Procuraduría General en el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, dio a conocer su contradictorio informe, que por cierto costó millones de dólares, volvió a ensombrecerse el tema. Con base en dichos y suposiciones, la Comisión construyó un dictamen que nada aclaró, pero sí enredó más las cosas. Los padres de los desaparecidos y toda la cauda de opositores al presidente Peña y a su gobierno se valieron de lo que de manera poco fehaciente se dice en algunos de sus párrafos, para volver a acusar abierta y temerariamente al Presidente de todo lo ocurrido.

Cuando eso sucedía, escuché en la radio a un comentarista que afirmó: “Van tras la cabeza de Peña”.

Ciertos medios de comunicación, conscientes de la perversidad de algunos exaltados que desde hace un año vienen lucrando con el tema, comienzan a ver con mayor objetividad los sucesos acaecidos, sin dejar de mencionar los errores gubernamentales, y hacen un llamado a la prudencia y a la sensatez.

Esta semana hubo dos acontecimientos relacionados: una sesión del Senado de la República y la segunda reunión del presidente Peña con los padres de los normalistas. En el Senado el debate se convirtió en un reparto de culpas. El PRD, por ser el partido que gobernaba en el estado y en el municipio cuando sucedieron tan graves acontecimientos, recibió los más duros reclamos, pero, siguiendo su tradicional estrategia de “hacerse a un lado”, sus senadores exhibieron mantas exigiendo la presentación de los estudiantes.

¿Pues que acaso no dependían de ellos las policías involucradas directamente en tan grave acontecimiento?

Por razones de humana conmiseración, uno está obligado a entender y respetar el inmenso dolor de padres que han perdido irremisiblemente a sus hijos. Despreciables seríamos si no hacemos nuestra su pena. Pero alguien tiene que orientarlos para que se den cuenta de que ya entraron a una etapa en que están siendo instrumento de quienes, con aviesa intención política, intentan socavar las instituciones gubernamentales, empezando por la Presidencia de la República.

Aunque se ha comprobado que grupos involucrados con el narcotráfico estuvieron involucrados, el tema ha quedado al margen de las investigaciones e inclusive de cualquier especulación.

Cuando el presidente Peña se reunió por primera vez con los padres de los normalistas, estos se quejaron amargamente de que se comenzaba a asociar el caso con el narcotráfico y, airados exigieron que por respeto a sus hijos esa cuestión quedara totalmente al margen de las investigaciones. El Presidente accedió y desde entonces se abandonó esa línea de investigación, a pesar de que los principales actores involucrados estaban perfectamente identificados con tales grupos delincuenciales. Así las cosas, si bien quedó limpia la imagen de los normalistas, los narcos quedaron blindados.

En su última reunión con los padres de familia, el Presidente asumió una actitud por demás condescendiente, para no alterar más los ánimos de los ya de por sí exaltados y ahora premeditadamente desdeñosos interlocutores.

Es tan tozuda como irreflexiva su actitud que desde ahora puede afirmarse que Peña Nieto no va a convencer, ni con el más irrefutable argumento, a quienes no quieren dejarse convencer. Ya están en otra frecuencia y su objetivo de luchar por la verdad y la justicia se transformó en una vulgar intentona política.

La sagacidad de las autoridades perredistas locales para “hacerse a un lado” y la equívoca estrategia de la Procuraduría, permitieron que en el Presidente se concentraran todas las descargas no sólo de los justamente dolidos, sino de quienes andan tras la cabeza del Presidente, o, cuando menos con la esperanza de levantar una buena cosecha electoral en 2018.

Se va a crear una Fiscalía, se volverá a investigar y habrá nuevos dictámenes, todo en busca de la verdad. Pero a quienes lucran con la tragedia humana nadie los va a quitar de en medio.

Recordemos el 68. Todavía andan por ahí políticos de “izquierda” que a base de machacar sobre aquella infausta tragedia llegaron a ser diputados, senadores y hasta gobernadores. Al tiempo.
21 Septiembre 2015 03:00:34
El amor a México
El amor es la expresión suprema del sentimiento humano. Amor maternal, paternal, filial. Amar a una mujer, a un hombre, a un niño, a un desamparado. Amor al prójimo, sentencia un mandato divino. Amor es la excelsitud del alma.

Hay otra clase de amores. Amor al trabajo, a una expresión artística determinada. Hay un amor que infortunadamente se va diluyendo al ritmo de la modernidad, del materialismo, del pragmatismo rampante que predomina: el amor a la patria.

Estoy consciente de que en estos tiempos sobrarán quienes consideren esta expresión fuera de toda realidad, ilusoria, quimérica y quizá hasta demagógica. Arrostro el riesgo y pago el precio, pero en lo personal, como muchos mexicanos, guardo en mi pecho una indubitable querencia por México.

Al mirar sus abruptas montañas, sus verdes valles y sus amplios desiertos musito aquellos versos de López Velarde: “Patria, tu superficie es el maíz, tus minas el palacio del rey de oros y tu cielo las garzas en desliz y el relámpago verde de los loros” y, aunque los repita por enésima vez, se me hace un nudo en la garganta.

A esta nuestra patria la hemos hecho nosotros mismos, generación tras generación. Nuestra historia es como un eterno contrapunto, una sucesión de aciertos y de errores. Y a pesar de nuestros desvaríos y fracasos, como una amantísima madre, se nos entrega sin reserva alguna. Es nuestra sangre, nuestra felicidad, nuestro drama y, a veces, también nuestra tragedia.

México es lo que nosotros hemos hecho por él y será lo que de aquí en adelante construyamos para fortalecerlo. Y será próspero y feliz en la medida en que trabajemos con talento, perseverancia y honestidad. Con un sentido de unidad y de concordia, por encima de nuestras filias o fobias políticas o de cualquier otra naturaleza.

Sin embargo, pareciera que hay gente que se ha dejado llevar por sus antipatías políticas y ha asumido la costumbre de repudiar todo cuanto hacen los gobiernos de distintos órdenes. Cuando la crítica surge de un análisis objetivo y fehaciente, se vuelve constructiva y útil para corregir yerros y enmendar despropósitos. Pero cuando la crítica se construye sin base ni razón alguna y con la perversa intención de destruir, de impedir el avance, se vuelve un disolvente social.

Las redes sociales están llenas de gente que, desde al anonimato, ha tomado la costumbre de desacreditar cualquier acción del Gobierno, sea este federal, estatal o municipal. Si se toma alguna acción, malo, si se allana, peor. Todo cae en la desconfianza y la incredulidad. Aunque en Innsbruck se está comprobando que los residuos óseos encontrados en Ayotzinapa pertenecen a los infortunados estudiantes normalistas, todavía hay quienes se regodean en el “fracaso e ineptitud de las autoridades”. Si la novel secretaria de Relaciones Exteriores, en un acto de dignidad nacional, a unos cuantos días de haber asumido el cargo, se apersona ante el Primer Ministro de Egipto para exigir aclaración y castigo para los autores del infame ataque a turistas mexicanos, hay quienes afirman que no tiene la estatura para desempeñarse con eficiencia. Si Peña Nieto invita a Beltrones a hacerse cargo del PRI, no es por la capacidad y madurez del sonorense, necesarias para su partido, sino signo de la debilidad del Presidente. En el colmo de lo ramplón un amigo me espetó: “México está enfermo”. Vaya pues.

Claro que hay quienes no quieran ni al Gobierno ni al Presidente. Están en su derecho, como lo están cuando plantean sus críticas. Pero cuando estas expresiones las alienta, más que un anhelo de superación, un desprecio visceral, tales manifestaciones se pueden calificar como hostilidad social, lo que no es saludable para la unidad de la nación.

Habría que esperar un poco más de equilibrio emocional y de objetividad. Exijamos honradez, transparencia y eficacia a nuestros gobiernos, pero no permitamos que el odio y el desprecio fracturen a la sociedad. Con amor a México, con optimismo y confianza en nosotros mismos, hagamos todos los esfuerzos necesarios para dejarle a nuestros hijos una patria mejor, próspera y unida.
14 Septiembre 2015 03:00:58
La lección de Europa
No sólo la pobreza impulsa a la gente a migrar, sino también la guerra, el terrorismo, la inseguridad y la incertidumbre en el futuro. Se ha vuelto tan desigual la sociedad mundial, hay tantas diferencias materiales entre los pueblos del mundo y son tan violentos los enfrentamientos al interior de algunos países que las fuerzas centrífugas que operan en naciones atrasadas y violentadas por guerras intestinas, que miles de personas arriesgan todo, inclusive la vida misma, por salir de la pobreza, por escapar de la guerra, por alejarse del terrorismo y de la inseguridad, por asegurarse un futuro de paz.

Son tantos los pueblos atrasados y tan pocos los privilegiados, que bien puede afirmarse que el mundo se ha vuelto cada vez más injusto dada la tremenda desigualdad entre tantos pobres y tan pocos ricos, situación que se agrava día con día, tanto, que parece no existir posibilidad alguna de superar desajuste social tan abrupto.

Así como Estados Unidos es la tierra de promisión para migrantes mexicanos, centroamericanos, cubanos y de países del Lejano Oriente, Europa Occidental juega ese papel de paraíso prometido para países del continente africano, de Europa Oriental y del Medio Oriente. Miles de hombres y mujeres, familias enteras han salido de Siria, Afganistán, Turquía, Irán e Irak, huyendo de la pobreza, del terrorismo y de la guerra. Familias enteras se han ahogado en las aguas del Mediterráneo tratando de llegar a las costas de Francia, Italia o Grecia y multitudes atraviesan a pie Austria y Hungría para llegar a Alemania.

La lección que Europa está dando a otras naciones, en particular a Estados Unidos, es que en el viejo mundo no sólo no hay segregación ni mucho menos prejuicios racistas, sino que los gobiernos y la ciudadanía misma, ante problema tan grave como son las migraciones masivas, han asumido una actitud humanitaria, de solidaridad.

Los países de Europa Occidental han integrado una Comisión que asigna cuotas de refugiados para Alemania, Austria, Polonia, Eslovaquia, la República Checa y Suecia. A principios del verano pasado se distribuyeron entre algunas naciones 32 mil refugiados; ahora la cantidad ascenderá a 120 mil, que dada la cantidad real de migrantes, la cifra quedará corta. Algunos países no sólo los van a recibir en campamentos, sino en sus propios hogares, en escuelas, hospitales y en recintos adecuados. Ahí la población ha rebasado al Gobierno en un gesto generoso y humanitario. En Islandia el Gobierno había ofrecido recibir a 50 migrantes, pero la sociedad subió la cuota a 10 mil. En las redes sociales aparece un video que habla de que los migrantes serán sus amigos e inclusive sus “almas gemelas”. En Finlandia el Primer Ministro ofrece su casa de campo para albergar a refugiados. En Austria decenas de personas suben a sus automóviles para ir en busca de refugiados para ofrecerles su hospitalidad. En España, varios ayuntamientos como Barcelona, Madrid, Valencia, Cádiz y Pamplona se organizan para crear una red de ciudades refugio, independientemente de lo que vaya a resolver el Gobierno nacional. En París manifestantes urgen al Gobierno a abrir las fronteras para recibir migrantes.

Este desbarajuste mundial no tiene otra explicación que la imposición global de los términos en que se basa el modelo económico neoliberal, ese que postula la libertad del comercio internacional, la no intervención del Gobierno en el proceso económico, la menor inflación posible y la estabilidad de los grandes agregados de la economía. Todos los precios de todos los bienes, comprendido el costo de los factores de la producción, incluido el salario de los trabajadores, están dados por la ley de la oferta y la demanda. Así las cosas, la economía marchará bien, hacia un crecimiento sostenido.

El modelo está operando, sólo que al paso del tiempo se le van notando sus imperfecciones, pues el neoliberalismo está diseñado para favorecer los intereses de los países de avanzada economía y a su clase empresarial. El resto de la sociedad y los pueblos atrasados tienen que ajustarse tratando de sobrevivir en un sistema económico que poco se preocupa por la pobreza y hace caso omiso de la desigualdad, ya que, se asegura, la riqueza se irá filtrando a las capas bajas, hasta que se alcance la igualdad.

El fenómeno de las migraciones es resultado de la tremenda desigualdad social que prevalece en el mundo. No es necesario ser un socialista radical para condenar un modelo que si bien impulsa el crecimiento de algunas economías, deja en la marginación a los pueblos rehenes del perverso círculo vicioso de la pobreza: pobreza produce pobreza. Con tales limitaciones la sociedad se rezaga y no avanzan la educación, la ciencia y la tecnología.

El mundo está quebrado. Ojalá no llegue el día en que los pueblos hundidos en la pobreza se levanten a protestar por el injusto atraso y este mundo se vuelva un polvorín.

*Presidente de la Fundación Voluntades para Progresar
24 Febrero 2013 05:06:33
La Primera República Federal
En mayo de 1787, 55 delegados de los 13 estados fundadores de la nación norteamericana, se reunieron en Filadelfia a discutir la redacción de la Constitución que regiría los destinos del país naciente, que con el tiempo llegaría a colocarse como la más poderosa potencia económica y militar del mundo.

Dieciséis semanas después aquellos talentosos delegados habían producido uno de los documentos de mayor trascendencia que revolucionó la forma de organizar políticamente a las naciones del mundo. A diferencia de los gobiernos monárquicos, hereditarios, autoritarios, centralistas y unipersonales, que venían desde los tiempos del absolutismo ilustrado, los norteamericanos, celosos de la libertad y de la seguridad de la propiedad privada, y preocupados porque el gobierno pudiera ser un peligro para la salud de la democracia, crearon un sistema políticamente democrático y socialmente igualitario. Una república cuyo poder gubernamental se dividiría en tres ramas, cada una con poderes equilibrados y recíprocamente controlados: el poder legislativo para elaborar leyes, el ejecutivo que actuaría en consecuencia con las leyes creadas y el judicial para vigilar el cumplimiento de tal orden jurídico.

El país en gestación se organizaría como una república dividida en estados federados, soberanos en cuanto a su régimen interior, pero unidos como entidades con el mismo peso republicano, independientemente de su tamaño territorial, importancia económica o densidad demográfica. El gobierno se integraría por la vía de elecciones democráticas y cada entidad federada reproduciría en lo consecuente la organización republicana. Así nacieron las repúblicas presidenciales, bajo los principios del federalismo y de la división de poderes.

En su libro “The living U.S. Constitution, Saul K. Padover afirma: “Quizá sea la Constitución norteamericana uno de los más exitosos ejemplos en la historia de los instrumentos legales que hayan servido tanto como salvaguarda de la libertad individual, como un sólido vínculo de unidad nacional” y agrega que después de varias generaciones sigue siendo un documento viviente, que responde a las necesidades de una república autogobernada, con creciente poder y tecnológicamente avanzada.

A pesar del cuidado que desde un principio se tuvo de evitar la concentración de poder en una sola rama del gobierno, específicamente en la correspondiente al poder ejecutivo, lo cierto es que, según algunos autores, la presidencia no sólo quedo “subconceptualizada”, sino que si se hubiera respetado el débil diseño original, los Estados Unidos jamás hubieran sobrevivido a los tremendos avatares a que se enfrentaron durante largos años, particularmente en los momentos más críticos de su historia, comenzando con la Guerra Civil para abolir la esclavitud, las dos guerras mundiales y la superación de los ominosos años de la Gran Depresión Económica de los años 1929 a 1933.

De lo anterior se desprende que los presidentes norteamericanos a quienes les tocó gobernar en las etapas críticas señaladas, no hubieran podido con el paquete si se hubieran limitado a gobernar dentro de las estrecheces funcionales establecidas originalmente en la Constitución.

Entre ellos mencionaríamos a Abraham Lincoln, a Wodrow Wilson, a Franklin Delano Roosevelt, a Lyndon B. Johnson y a Richard Nixon. Los radicales de la división de poderes tildaron a Lincoln de “tirano” y a Roosevelt de socialista. Johnson se excedió en el ejercicio del poder presidencial durante la guerra contra Vietnam y Nixon renunció, antes de ser defenestrado, por haberse extralimitado cuando fue sorprendido en sus prácticas ilegales de espionaje político.

En Norteamérica compiten cíclicamente, en cuanto al ejercicio del poder, el legislativo y el ejecutivo, aunque la historia del poder presidencial ha sido la de su paulatino engrandecimiento, principalmente en las épocas señaladas anteriormente, aunque ha habido otros tiempos y otras causas que le han permitido al presidente acopiar mayor poder, como lo fue cuando se aplicó la Ley de Estabilización Económica en 1970 que le otorgó una enorme cantidad de facultades para estabilizar precios, rentas y salarios, intereses y dividendos de corporaciones. Otros casos fueron cuando Eisenhower y Kennedy movilizaron fuerzas militares para acabar con la segregación racial.

El ejercicio del poder presidencial ha de estudiarse en el contexto de su desarrollo histórico, constitucional y político. Mientras que en los Estados Unidos se discuten los vaivenes del poder presidencial, la experiencia mexicana nos habla de un presidencialismo que se exacerbó según tiempo y circunstancia, lo que analizaremos en la próxima entrega.


17 Febrero 2013 05:06:02
Carranza, el estadista de la Revolución
No es ocioso hacer algunas reflexiones sobre el movimiento revolucionario, ahora que se cumplen 100 años de tan trascendental movimiento. Podemos hacer algunas consideraciones sobre sus causas, los hombres que la hicieron posible y sus efectos en la vida nacional.

En los hechos, hay dos revoluciones: la de Madero quien luchó contra las interminables reelecciones de Porfirio Díaz, bajo la bandera “Sufragio Efectivo. No reelección”, y la de Carranza que, una vez inmolado el Apóstol de la Democracia se levantó en armas contra el usurpador Victoriano Huerta y por el restablecimiento del orden constitucional.

Varios años tuvieron que pasar y muchos sacrificios vivió Madero para sumar a su causa las fuerzas suficientes para derrocar al viejo régimen. Más que por las armas, la causa de Madero triunfó por la enorme suma de voluntades que levantó su lucha por la democracia y por las simpatías que despertaba tan singular líder social. El gobierno de Díaz cerraba su ciclo de largos años en cuyo lapso había impulsado la economía nacional, atraído capitales extranjeros y logrado proyectar al extranjero una imagen de estadista pacificador y destacado constructor. A pesar de logros tan señalados, la inmensa mayoría del pueblo vivía en la pobreza, la ignorancia y al margen de los servicios más primarios de salud. Los obreros eran explotados sin protección alguna, aunque los grupos más relegados eran los indígenas y los campesinos.

En tales condiciones no era difícil que fructificara la semilla de la rebelión. Díaz renunció y se embarcó hacia Europa, dejando un gobierno provisional con el compromiso de que a la brevedad convocaría a elecciones. Madero triunfó de manera arrolladora. Fue un gran candidato, pero un presidente que no pudo elevarse al nivel del estadista que se requería para encabezar el cambio que exigían la nación. Sencillo y noble como era, se dejó convencer de que debía licenciar a su ejército y preservar al que había servido al dictador. Aquellos viejos y mañosos militares encontraron la ocasión para acorralar a Madero, traicionarlo e inmolarlo.

Victoriano Huerta, quien comandaba el ejército bajo las órdenes del presidente Madero, fue el autor de tan aberrante magnicidio, apoyado por el embajador norteamericano. Fue quizá la etapa más negra no sólo del Ejército Mexicano, sino de la historia de las relaciones entre México y los Estados Unidos. La historia jamás podrá justificar crimen tan atroz.

Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, recibió, el 18 de febrero de 1913, un telegrama de Huerta en el que informaba que, autorizado por el Senado de la República, se hacía cargo de la Presidencia de la República. De inmediato el gobernador reunió a los diputados del Congreso Local, les expuso su total desacuerdo con las acciones de Huerta, que el Senado no tenía atribuciones para nombrar presidente de la república, agregando que Huerta no era más que un usurpador. Enseguida Carranza redactó un oficio dirigido al Congreso donde planteaba oficialmente su posición, la urgencia de luchar por el orden constitucional y pidiendo instrucciones para proceder en consecuencia. Los 11 diputados de la XXII Legislatura no sólo apoyaron a su gobernador, sino que lo instruyeron para que obtuviera recursos e integrara las fuerzas militares necesarias para iniciar la lucha contra el usurpador.

Carranza se dispone a encabezar una rebelión que pronto se convertiría en una auténtica revolución. Después de merodear por los alrededores de la capital, reúne en una hacienda, 100 kilómetros al norte de Saltillo, a un grupo de leales quienes firman el Plan de Guadalupe, cuyo propósito era derrocar al usurpador y restablecer el orden constitucional.

Es el momento en que Venustiano Carranza entra a la historia para escribir las más gloriosas páginas de una lucha que si bien se había iniciado sólo con la idea de derrocar al usurpador, pronto fue enriqueciendo sus objetivos económicos, políticos y sociales, hasta plasmarlos en el texto constitucional aprobado en Querétaro el 5 de febrero de 1917.

No sólo Carranza se alzó contra Huerta, ni fue el único líder revolucionario. Fueron muchos y muy destacados, tantos que, movidos por la ambición, algunos acabaron peleando entre sí. Pero sólo Carranza pudo coronar su lucha por su talento, su sagacidad, su temperamento y su recio carácter. Y triunfó sobre todo porque fue el único que tuvo los tamaños de estadista que requería la nación.

10 Febrero 2013 05:04:57
El Poder Presidencial
Cuando los norteamericanos se independizaron de Inglaterra se enfrentaron al reto de crear una nueva nación. Escamados con los excesos de los gobiernos autoritarios y absolutistas, así como con el lamentable desempeño de las últimas monarquías europeas, se vieron en la necesidad de diseñar una nación en la que el poder con que fuera investido el órgano gubernamental no se concentrara en una sola persona, sino que pudiera distribuirse equilibradamente entre varias ramas del poder, de manera tal que se preservara la igualdad de los diversos grupos sociales y de la diferentes regiones de la nueva nación y garantizara, asimismo, la participación democrática del pueblo en la conformación de sus órganos de gobierno, y, sobre todo, que todos los individuos gozaran de plena libertad y de justicia.

Así nació la primera república representativa, democrática y federal. Estas repúblicas se componen de estados libres y soberanos en lo concerniente a su régimen interior, pero unidos en una Federación. Sus poderes se dividen en tres ramas: legislativa, ejecutiva y judicial. Los dos primeros se eligen directa y democráticamente y el Judicial lo integra el Presidente. El Legislativo se divide, a su vez, en dos cámaras, la de diputados o representantes del pueblo y la de senadores, defensores de los intereses de los estados. Las dos cámaras tienen facultad para legislar, aunque para que una ley entre en vigor se requiere la aprobación de ambas, además de que sea proclamada y publicada por el Ejecutivo. El derecho de iniciar leyes o decretos compete al Presidente de la República, a los diputados y senadores y a las legislaturas de los estados.

El Poder judicial de la Federación se deposita en una Suprema Corte de Justicia que puede comprender también tribunales electorales, tribunales colegiados y unitarios de circuito y jueces de Distrito.

El Ejecutivo se deposita en una sola persona que se denomina Presidente de la República. A nivel nacional, es el actor político más destacado, por varias razones: a) porque lo desempeña una sola persona, mientras que los otros poderes se ejercen por cuerpos colegiados; b) por la importancia de las facultades que la Constitución le otorga: c) por las facultades adicionales --meta constitucionales— que puede llegar a ejercer, por encima del principio de la división de poderes y del federalismo. Este caso se ha dado tanto en los Estados Unidos de Norteamérica como en México. Allá principalmente en tiempos de guerra, haya sido civil (Abraham Lincoln) o internacional (Wodrow Wilson en la Primera Guerra Mundial, Francklin Delano Roosevelt en la Segunda Guerra Mundial o Lyndon B. Johnson en la guerra de Vietnam).

En México, al hecho de que el Presidente de la República ejerza un poder más allá de lo que la Constitución lo faculta, se le ha denominado “presidencialismo” y ese caso se ha dado cuando en los tiempos de Benito Juárez estalló la Guerra de Reforma y luego nos invadieron los franceses, o cuando Venustiano Carranza ejerció un poder de facto al frente del ejército constitucionalista durante la segunda etapa de la revolución.

A pesar de estas similitudes, el caso de México es diferente al norteamericano. Entre nosotros el Ejecutivo llegó a acumular tal fuerza que acabó por imponerse a los otros poderes, en desmedro de los principios del federalismo y de la división de poderes. Durante muchos años esto sucedió así por la hegemonía política que impuso por largos años el Partido Revolucionario Institucional al ganar elecciones presidenciales, agrupar la mayoría de los integrantes de ambas cámaras del Congreso de la Unión y de los gobernadores y alcaldes del país.

Cuando el PRI perdió la Presidencia, tanto los diputados como los senadores y los gobernadores de los estados pudieron actuar, políticamente, con mayor independencia.

A lo largo de los años, el Ejecutivo y el Legislativo han rivalizado en cuanto al ejercicio del poder. Este fenómeno pareciera ser cíclico en los Estados Unidos, mientras que en México más bien está asociado al hecho de que tanto el Presidente como la mayoría de los congresistas pertenezcan a un mismo partido político. Pero este tema mejor lo guardamos para la próxima entrega.
27 Enero 2013 05:10:55
Presidentes de dos naciones
Barack Obama acaba de tomar posesión como el Presidente número 44 de la Unión Americana. Un mes antes lo hizo Enrique Peña Nieto, como el Presidente número 52 de México. No es muy difícil hacer la cuenta de los norteamericanos, en tanto que en nuestro caso es harto complicada, dadas las difíciles épocas que hemos vivido y la inestabilidad política que hemos sufrido en largos periodos de nuestra historia.

En México nos han gobernado dos emperadores, presidentes electos democráticamente, caudillos revolucionarios, usurpadores del poder, triunviratos, regencias, ocho presuntos presidentes conservadores que así se ostentaban en la Guerra de Reforma, cuando presidía a la Nación Benito Juárez y los que prepararon el terreno para la asunción del emperador Maximiliano de Habsburgo. En la Revolución, una vez derrotadas las fuerzas del usurpador Victoriano Huerta, los generales rivales de Carranza se convocaron en Aguascalientes, de cuya Convención surgieron sucesivamente tres presidentes, quienes, sin ejército ni recurso alguno, jamás gobernaron.

De un análisis pormenorizado podríamos contar hasta 75 presidentes de México, aunque de ellos, 23 ocuparon la Presidencia menos de tres meses, lo que hace imposible considerarlos como verdaderos presidentes de la República. Hubo uno, Pedro Lascuráin, ministro de Relaciones Exteriores de Huerta, quien se prestó a la farsa de asumir la Presidencia durante 45 minutos para cedérsela inmediatamente al general Huerta, asesino del presidente Francisco I. Madero. Así, una vez depurada la lista, llegamos a la conclusión de que Peña Nieto es, legítimamente, el Presidente número 52 de los Estados Unidos Mexicanos.

La historia de los presidentes norteamericanos comienza con el general George Washington, Padre de la Patria, en 1789, y reelecto en 1793. La nuestra la inicia Agustín de Iturbide, Presidente de la Regencia del Imperio Mexicano el 27 de septiembre de 1821 y convertido el 18 de mayo de 1822 en el Primer Emperador de México. Ante la presión de los republicanos, hubo de dimitir el 19 de marzo de 1823. Reconstruido el Supremo Poder Ejecutivo el día 31, se integró un Triunvirato que habría de gobernar hasta el 10 de octubre de 1824, una vez aprobada el 4 de octubre la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos. Nuestro primer presidente fue don Guadalupe Victoria quien, excepcionalmente, logró terminar su periodo de gobierno que entonces era cuatrienal.

Inspirados en diversos autores y hechos históricos, los norteamericanos inventaron el sistema republicano federal, cuyo supremo poder se distribuye en tres ramas –Legislativo, Ejecutivo y Judicial. En Filadelfia, en junio de 1787, James Wilson planteó que el Poder Ejecutivo de su país se ubicaría en un individuo. A Washington le sucedieron, hasta antes de Obama, 42 presidentes, todos hombres, todos blancos y todos cristianos. De los 43 en total, 18 han logrado la reelección, dos han sido asesinados y dos baleados gravemente.

En México, si contamos a los 75 presidentes, independientemente del tiempo que hayan gobernado, encontramos que 27 repitieron en el cargo, haya sido por reelección, por golpe de Estado o por diversas circunstancias. Los mandatarios que más ocasiones estuvieron en el poder fueron: Santa Anna, 11 veces; Porfirio Díaz, 8 periodos; Nicolás Bravo, 6 ocasiones, y Benito Juárez, 5 periodos. Quienes más tiempo duraron en el cargo fueron: Porfirio Díaz, 30 años, 3 meses y 20 días; Benito Juárez, 14 años y 6 meses y, Venustiano Carranza, 7 años, un mes y 25 días.

Entre los presidentes más destacados de los Estados Unidos podríamos anotar a: George Washington, Abraham Lincoln, los dos Roosevelt –Teodoro y Franklin–, Woodrow Wilson y John F, Kennedy. De México, a Benito Juárez, Venustiano Carranza, Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos.

Ambas naciones son repúblicas federales, con sistema presidencial y división de poderes. El poder presidencial se ha destacado sobre los demás quizá por tratarse de que está encarnado en un solo individuo, pero sobre todo por las importantes atribuciones y facultades que le son encomendadas por sus respectivas constituciones, amén de las de carácter metaconstitucional que en ambas naciones ejercen. En México, por nuestra tendencia natural al caudillismo y a la permisividad del sistema, y en los Estados Unidos, tanto por las guerras en que se ha involucrado el país, como por el liderazgo internacional que se encarna en el Presidente.


20 Enero 2013 05:04:55
A propósito de la Educación
El próximo mes de febrero se cumplirán 125 años de que se fundó la Escuela Nacional de Maestros creada por decreto del 18 de febrero de 1885. Sin lugar a duda, dicha institución de educación normal, y las que le siguieron, representaron un legítimo legado del ideario y lucha de los próceres del liberalismo.

El Presidente Benito Juárez, una vez restaurada la República, se propuso organizar la administración del país, dándole especial énfasis a la enseñanza. La Ley Orgánica de Instrucción que promulgó Juárez en 1887 recoge el espíritu liberal: se le da unidad a la enseñanza y se declara obligatoria y gratuita la educación elemental, se organizan los estudios de nivel secundario mediante la fundación de la Escuela Secundaria para Señoritas y la Escuela Nacional Preparatoria y se hace un serio intento por reglamentar la enseñanza superior.

La idea fundamental que animó aquél proyecto educativo de la República Restaurada fue la convicción de que la educación laica y científica constituía el elemento indispensable para la emancipación del individuo, en la formación de un nuevo ciudadano y la construcción de una nación más libre y soberana.

La Revolución de 1910 reivindicó el proyecto educativo liberal juarista y lo enriqueció al incorporar las tesis sociales y políticas del movimiento revolucionario. La educación se exaltó como la vía más idónea para construir una sociedad democrática, entendida como estructura jurídica y práctica política y como sistema de vida fundado en el mejoramiento económico y social de los mexicanos. A partir de entonces, la educación sería la base para el fortalecimiento de los valores nacionales y de la convivencia humana en la que los intereses del individuo y de la familia pudieran alinearse en armonía con el interés general de la sociedad.

El régimen de la revolución, fiel a su compromiso de tutelar la emancipación de las mayorías marginadas, mantuvo incólumes los principios de la educación democrática, gratuita, popular, laica, nacionalista y liberal. Se construyeron miles de escuelas básicas y secundarias, cientos de preparatorias y numerosas normales urbanas y rurales, laboratorios, bibliotecas y universidades. Se editaron millones de libros de texto gratuitos y el magisterio avanzó en su nivel de vida.

El Estado se encargó de formar nuevas generaciones con una visión más amplia y moderna del mundo contemporáneo, mejor preparadas para fortalecer la economía nacional, con un criterio independiente y crítico y cada vez más conscientes de su papel como importantes actores del cambio.

A mí me tocó estudiar inspirado por tales paradigmas. Me gradué en la Benemérita Normal del Estado, tuve el honor de trabajar algunos años como maestro de banquillo y muchos años como maestro universitario; viví aquel tiempo en el que aún prevalecía el ánimo por el estudio, la exaltación de los valores humanos, el fortalecimiento de la unidad y de la identidad nacional y la consolidación de la nación soberana, única, indisoluble e independiente.

Así nació, avanzó y se desarrolló la educación nacional. Sin embargo, al paso de los años, la educación perdió sus ímpetus originales. ¿Qué fue lo que sucedió?

Quizá el Gobierno dejó de ver a la educación como el motor primario del desarrollo. Quizá los maestros se fueron por la vía fácil de la reivindicación de derechos y privilegios que jugaron en contra de la intensidad y de la calidad de la educación.

Si el Gobierno le hubiera dedicado más recursos a la educación no hubiera sido necesario cancelarle un turno a la docencia primaria. Si los maestros hubieran mantenido su nivel de conocimientos al paso de la evolución de las ciencias, del conocimiento en general y de la cultura, no se hubiera deteriorado tanto la educación. Si los padres nos hubiéramos involucrado seriamente en la educación de nuestros hijos, otro gallo nos cantaría.

Pero el hubiera no existe. La realidad es la que cuenta. Y esa realidad nos habla de intereses parciales, quizá legítimos, pero contrarios al propósito de reivindicar a la educación como el factor fundamental de apoyo a cualquier intento de desarrollo y progreso. La mayoría de los Congresos estatales acabamos de aprobar reformas constitucionales que tiene que ver con el avance de la educación. Y

13 Enero 2013 05:04:18
Una disyuntiva para el crecimiento económico
Desde mediados del siglo pasado, cuando andaban en boga las teorías del desarrollo económico y de la planeación, comenzaron a crearse las categorías de las naciones de acuerdo al tamaño de su economía. Años antes, al término de la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas habían contratado a un grupo de econometristas holandeses con el propósito de que se encontraran métodos y valores que sirvieran para medir con cierta exactitud el tamaño de cada economía nacional y, de ahí, elaborar tablas comparativas necesarias para hacer análisis económicos más objetivos, más científicos.

La investigación fue pródiga en resultados. En aquél grupo de economistas holandeses, comandados por Jan Tinbergen, segundo Premio Nobel de Economía, destacaron los economistas Van Os, Sandee, y Derksen, entre otros. Desde entonces podemos comparar a las economías nacionales por la vía del Producto Interno Bruto (PIB), el tamaño e importancia de cada uno de sus sectores y, mediante series anuales, se pueden calcular tendencias y niveles futuros.

A partir de entonces tuvo un gran auge la macroeconomía, es decir el estudio de los grandes agregados, los que integran el PIB (producción agrícola total, industrial, en cada uno de los servicios, inversión, gasto público, balanza comercial, productividad de cada empleado u obrero ocupado en cada sector, etcétera).

Con tan importantes instrumentos, los economistas de entonces diseñaron teorías del desarrollo, propusieron métodos para superar el subdesarrollo, inventaron la planeación económica, la programación por sectores y técnicas para la elaboración de proyectos. Dentro de las Naciones Unidas surgió, dentro de la Conferencia para el Comercio y el Desarrollo, UNCTAD, un gran movimiento del Grupo de los 77, que agrupaba a todos los subdesarrollados, del cual formaba parte México, que luchaba por la igualdad económica internacional.

Como quiera que sea, y a despecho de la fuerte corriente neoliberal, los desarrollistas ganaron terreno en el campo de la planeación económica, donde el gobierno iba teniendo un papel cada vez más activo.

Como prototipo de las tesis desarrollistas puede considerarse al economista inglés, John Maynard Keynes, quien fuera llamado por el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt para que lo ayudara a sacar de la Gran Depresión económica a su país (1929-1932).

La intervención del inglés fue histórica, pues puso de cabeza a los economistas liberales, quienes, de acuerdo a sus principios, no dejaban a Roosevelt intervenir en la economía, esperando que las “fuerzas del mercado” arreglaran, por sí solas, problema de tal magnitud. Aquella enorme economía jamás hubiera salido del atascadero depresivo si Keynes no convence a Roosevelt de que interviniera con un muy agresivo programa de inversiones públicas. Así se construyeron presas, carreteras, ferrocarriles destacando la planeación integral del Valle del Tennessee.

Ahora los economistas estamos divididos en dos grandes grupos: los neoliberales que no quieren ni oír hablar del gobierno, y los desarrollistas que pugnamos porque el gobierno asuma su papel de rector de la economía y participe activamente en el fomento económico, que defienda la soberanía alimentaria y resguarde para la nación los recursos estratégicos. En cambio, los neoliberales postulan que el gobierno está para garantizar la libertad y aplicar la ley, la seguridad pública y la seguridad de la propiedad privada. Hasta ahí.

En México, los últimos gobiernos se han empeñado en constreñir sus acciones a los términos del neoliberalismo, con lo cual la economía se ha estancado, la pobreza se ha generalizado y se ha ahondado la desigualdad económica y social.

El gobierno no puede limitar su acción a diseñar políticas asistenciales, de sobrevivencia, que, en lugar de estimular al beneficiario a mejorar su situación, le crea al beneficiario un ánimo de desidia y apatía que no le ayuda para reincorporarse al trabajo fecundo y creador, como postulaba don Adolfo Ruiz Cortines.

La solución a todo esto está en el desarrollo, entendido tanto como crecimiento económico y como desarrollo social; es decir más economía, mayor productividad, más empleo, una eficaz capacitación para el trabajo, mejor calidad en la educación y una cultura más amplia para el pueblo.

Ojalá que los neoliberales que rodean a Peña Nieto no le impidan cumplir con su histórica responsabilidad: impulsar a México hacia un nivel superior de crecimiento económico y desarrollo social.


30 Diciembre 2012 05:04:19
Un nuevo presidencialismo
Ahora que el PRI ha vuelto a Los Pinos con el irrefutable triunfo de Enrique Peña Nieto, han surgido voces que hablan de la “vuelta del viejo PRI”, con todo y su autoritarismo gubernamental, asociado a aquellas etapas cuando prevaleció, hegemónica e incontestable, la figura presidencial en la cúspide del poder político nacional. Fueron aquellas épocas en las que la voluntad presidencial se imponía no sólo en el área propia del Ejecutivo, sino sobre los otros Poderes de la Unión, en los estados de la República y aún en el destino de los municipios. En la larga era en que nuestro país prevaleció el presidencialismo hubo épocas en que, al excederse, rayó en un “presidencialismo exacerbado”.

Nuestro sistema político se estableció desde la primera Constitución, la de 1824, por cuyo mandato se creó una República federal, representativa y popular, cuyos poderes se distribuyeron en tres ramas: legislativa, ejecutiva y judicial. El Ejecutivo, unipersonal, fue asignado al Presidente de la República. Ratificado nuestro sistema presidencial por las constituciones de 1857 y de 1917, está próximo a cumplir ¡189 años!

A lo largo de ese período, el ejercicio del poder presidencial se ha caracterizado por sus vaivenes cíclicos. A veces el Poder Ejecutivo se ha ejercido con moderación, otras de manera exacerbada y no han faltado presidentes “institucionales” que se han desempeñado con respeto absoluto a los principios de la división de poderes y del federalismo. Si quisiéramos ejemplificar a algunos representantes de tales categorías podríamos mencionar, entre los moderados, a Ernesto Zedillo, entre los exacerbados, a Porfirio Díaz y entre los “institucionales” a Miguel de la Madrid.

La alternancia partidista en la Presidencia de la República del año 2000, abrió amplias expectativas sobre la cancelación definitiva del presidencialismo, las que si bien no se cumplieron, sí hay que reconocer que en los dos últimos sexenios los poderes Legislativo y Judicial recuperaron buena parte de su soberanía y que el nuevo equilibrio de las fuerzas políticas obligó al Ejecutivo a autoacotar parte de aquellas facultades meta constitucionales de que gozaba en los tiempos del presidencialismo.

En nuestro país la democracia se ha ido perfeccionando a lo largo de un prolongado proceso no exento de dificultades y con un alto costo financiero. En este proceso destacan el voto a las mujeres; la separación de la institución electoral del gobierno; su ciudadanización; la formación, políticamente, de un sistema cada vez más abierto y plural; la creación del Tribunal Federal Electoral y sus homólogos a nivel de cada uno de los estados de la República, etcétera.

Este proceso de democratización ha logrado penetrar en la mayoría de la conciencia ciudadana, la que cada vez confía más en los procesos electorales, cada vez está más consciente de sus derechos y más pendiente de la actuación de las instituciones de gobierno a través de la transparencia y de la rendición de cuentas. Así las cosas, esta concientización ciudadana está suficientemente madura como para no aceptar de manera alguna la vuelta a un presidencialismo depredador de los principios del federalismo y de la división de poderes.

Por otra parte, el Presidente Peña Nieto está muy consciente de este cambio ciudadano lo que, aunado a su madurez política jamás pensará en sobrepasarse en el ejercicio de sus funciones.

La cuestión es que ahora, más que nunca, se requiere de un Poder Ejecutivo fuerte, decidido a asumir la responsabilidad de conducir a la nación hacia mayores niveles de desarrollo y bienestar, para lo cual el Presidente habrá qué asumir un liderazgo cada vez más influyente en la promoción económica. Está comprobado que el pueblo ya no resistirá un sexenio más de gobiernos pasivos y marginados ante los problemas socioeconómicos, lo que ha provocado estancamiento, pobreza y desigualdad.

Un nuevo presidencialismo habrá de partir de la responsabilidad de reasumir la rectoría económica de la nación, gobernando con talento y ponderación, negociando su liderazgo dentro del mismo gobierno, con todos los sectores de la sociedad y con todas las fuerzas políticas del país.

¡Feliz Año Nuevo!
23 Diciembre 2012 05:03:00
Reflexiones navideñas
A mí, en esta época del año me da por la nostalgia. A otros los pone eufóricos y no faltan a los que les vale…

De vez en cuando me da por tratar de encontrar una razón para ésta, mi muy personal melancolía. Lo que es curioso es que este estado de ánimo no es de los que lastiman, sino que parece que resulta de invocar, con singular ternura, el recuerdo de quienes abrieron sus alas para refugiarse en algún lugar más cómodo y agradable que este mundo, ahora tan intranquilo y violento. Si así fue, qué bueno para ellos, qué triste para nosotros. Esas añoranzas sirven para evitar que se enmohezca esa parte del alma donde nacen el amor y la devoción al recuerdo de quienes aún echamos de menos.

En estos días navideños vuelven a aflorar sentimientos tan íntimos y profundos que se nos encoge el corazón. Es cuando se vive el absurdo de querer retrotraer mejores tiempos ya vividos, y volver a andar el camino de nuestros primeros quereres, de nuestras primeras ilusiones, o quizá para olvidarnos de la congoja de aquél desamor, de alguna ingratitud o deslealtad. Sustraernos al recuerdo de los días difíciles, de las pérdidas irreparables, de las pesadas faenas, de la dureza de la vida.

Cruzamos el mar de la vida, unos mirando el oleaje y atisbando sus corrientes, otros, atentos a la dirección de los vientos y no faltan los soñadores que cruzan el mar mirando las estrellas. Unos y otros llegamos al puerto de destino por haber sobrevivido a ciclones y tormentas, a ventiscas y maremotos, a riesgos y apuros de toda índole. Al acercarnos a la playa, el mar se calma, los vientos devienen en suave brisa y en el horizonte se dibuja el puerto del desembarque final.

La vida está llena de sorpresas. Es, como el hombre mismo, una complicada jornada de luces y sombras. Los claroscuros de la vida nos dieron la oportunidad de gratificarnos con la luz y la belleza. Las ingratitudes nos permitieron aquilatar el valor de los agradecidos. Las deslealtades nos concedieron la ocasión de apreciar el valor de la fidelidad y los olvidos y los desaires nos hicieron amar más a quienes con su cariño y afecto aún nos rodean.

Es en el otoño cuando se levanta la cosecha. En la juventud nos afanamos por preparar la tierra, escoger la mejor semilla, la plantamos con esmero y la cuidamos para que un día se convierta en producto generoso. Cada quien vio madurar los frutos de su esfuerzo y cada quien fue llenando su granero con lo que pudo cosechar.

No todos aspiramos al mismo tipo de bienes. La mayoría lucha por la riqueza material, lo que no está mal, siempre que no sea en desmedro de la dignidad o de la honestidad. Otros luchan por una riqueza menos tangible. Hay quienes buscan la sabiduría, por ejemplo, y hay quienes tienen el don de alcanzar ambas riquezas y esos serán los más afortunados, siempre que sepan invertir ambos capitales con sabiduría y altruismo.

Llegar a la edad madura es toda una proeza. Tal época podrá convertirse en el mayor bienestar si se acompaña de un íntimo enriquecimiento del alma, de una equilibrada prudencia y de una firme sensatez; de una madurez del talento y de un elevado espíritu. Quien logre alcanzar tal gracia ya podrá transitar con la mayor ventura el resto del camino.

No hay milagro más grande que la vida misma. No hay momento más placentero que el que se vive y se respira, ni esperanza más ansiada que vivir las 24 horas del día de mañana.

¡Feliz Navidad¡
16 Diciembre 2012 05:04:40
Un presidencialismo moderno
A raíz del triunfo innegable y rotundo del licenciado Enrique Peña Nieto, se propaló la especie de que, al asumir la Presidencia de la República un personaje emanado del Partido Revolucionario Institucional, el país y el pueblo mexicano volvería a sufrir del desmanes y excesos del viejo presidencialismo, autoritario y centralista. Que volverían a ejercerse aquellos poderes metaconstitucionales depredadores del federalismo y de los principios de la división de poderes, esencia fundamental de la República que constitucionalmente se fundó en 1824.

Dada la evolución de nuestra democracia, la más avanzada cultura política de quienes conformamos la clase social que a ella nos dedicamos y la madurez de nuestras instituciones republicanas, sería impensable que quien asume ahora la Presidencia de la República se atreviese siquiera a intentar ejercer el casi omnímodo poder que ejercieron algunos de sus antecesores de origen priísta.

Uno podría afirmar que el presidencialismo mexicano surgió desde el nacimiento mismo de nuestra nación como República federal, democrática, representativa y popular, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, pero unidos en un Pacto federal. Nuestra República asumió el régimen presidencial. Las atribuciones y facultades del Gobierno se distribuyeron entre tres Poderes, teóricamente balanceados y recíprocamente controlados entre sí. Sin embargo, por razones políticas, económicas y sociales, el Poder Ejecutivo, casi de inmediato, comenzó a ejercer un poder político que lo ubicaría en el centro hegemónico del sistema político y económico de la nación. Condiciones económicas, políticas y hasta permisivas de una sociedad complaciente propiciaron que este poderío presidencial se fuera fortaleciendo, al grado que en algunas etapas llegó a llamársele “presidencialismo exacerbado”.

De esta manera, el presidencialismo desvirtuó en la práctica dos pilares fundamentales que sostienen la estructura de la República: el pacto federal y la división de poderes.

Con los años, tanto el modelo político como el económico (de economía mixta) se fueron gastando. En un caso por hechos y actuaciones antidemocráticos y en el otro por el burocratismo y la ineficiencia del Gobierno como propietario-administrador. Así las cosas, llegó el momento en que el PRI perdió la Presidencia de la República, lo que en un régimen presidencial con preponderancia del Poder Ejecutivo, representa una pérdida política mayor. A pesar de las enormes expectativas que levantó tal hecho, la alternancia no llegó a convertirse en transición. Es decir, no solamente las cosas siguieron desarrollándose de manera muy similar a la de los gobiernos anteriores, sino que los nuevos gobernantes no tuvieron ni el talento suficiente ni las agallas necesarias para impulsar reformas estructurales que hubieran sido el principio de un cambio de fondo a las cosas del gobierno. Queda la impresión de que quienes nos gobernaron en los dos últimos sexenios, actuaron más con un criterio partidista, sin visión de conjunto ni de largo aliento. Se desempeñaron como simples administradores, no como estadistas comprometidos con el impulso al verdadero desarrollo integral de la sociedad.

Estoy seguro, que dado el talento y la sensibilidad que lo distinguen, el presidente Peña Nieto sabrá reconocer la madurez política que ha alcanzado el pueblo mexicano. Al Presidente le servirán mejor quienes desde el Congreso de la Unión, sin faltar a la lealtad partidaria, sepan actuar con criterio propio y objetivo a la hora de discutir y aprobar el nuevo cuerpo legislativo de la República, así como que los ministros de la Corte, al igual que los gobernadores, sepan honrar la soberanía de su investidura.

El presidencialismo mexicano moderno habrá de construirse sobre los nuevos cimientos de una sociedad moderna: democracia, apertura y pluralidad política. El nuevo orden jurídico nacional habrá de inspirarse en las frescas corrientes del constitucionalismo moderno: derechos humanos, transparencia y rendición de cuentas. Y las políticas públicas diseñadas en el contexto de la globalidad competitiva, habrán de construirse a partir de un serio compromiso por abatir la desigualdad, la pobreza y la injusticia.
25 Noviembre 2012 05:04:42
Ejemplos para la nación
En mi entrega anterior abordé el tema de las ideologías. Me gustaría ahora intentar un ejercicio que pudiera darnos algunas luces de cómo se fue integrando nuestro patrón de valores nacionales, --si así me fuera permitido decirlo--, como se fue gestando el cuerpo ideológico del primer gran partido político nacional y el proceso de su evolución hasta nuestros días. Para lograr tal intento será necesario referirnos a algunos de los próceres que con sus hechos y palabra fueron construyendo tan preciado legado.

De Miguel Hidalgo los mexicanos heredamos el amor a la libertad, el rechazo a la esclavitud, el respeto por nuestras etnias nacionales y la importancia irrecusable que para nuestro pueblo tiene la soberanía nacional.

Con Miguel Ramos Arizpe y los constitucionalistas de 1824 aprendimos el valor que para una nación representa contar con una carta-fundamento sobre la cual construir el edificio republicano. Ellos nos inculcaron el amor republicano y la vocación federalista.

Juárez, con su ejemplo de estoica serenidad nos dejó un legado de macizo patriotismo, de honestidad vertical, de justicia social al reprobar fueros y privilegios y de firme convicción de la legitimidad y preeminencia del Estado laico por encima de las instituciones confesionales.

El ejemplo más claro de la lucha por la democracia nos la dio Francisco I. Madero. Luchó contra la dictadura autoritaria, contra la pobreza, la ignorancia y la marginación. Nos legó el compromiso por la democracia. Su apotegma perdura: sufragio efectivo, no reelección.

De Emiliano Zapata heredamos el amor al campo, al hombre que trabaja la tierra, el respeto a las etnias nacionales, el valor del ejido y de las tierras comunales, en una palabra, el idealismo agrarista.

Francisco Villa nos legó el espíritu bronco del auténtico revolucionario. Siempre luchó contra la injusticia, a favor de los desposeídos, contra los privilegios, a favor de los marginados. Tan legendaria fue su valentía como su increíble talento militar.

Venustiano Carranza, a la caída de Madero, convoca a una lucha por la restauración del orden constitucional. Su voluntad de acero es el ariete con el que hace a un lado a los desviados y a los ambiciosos, y en la Constitución de Querétaro logra codificar los ideales de todas las corrientes y grupos que hicieron posible el triunfo de la revolución: el reparto agrario, los derechos laborales, la educación laica, obligatoria y gratuita, las garantías individuales, todo enmarcado en un acendrado nacionalismo.

Plutarco Elías Calles nos legó el interés por la creación y modernización de las instituciones que han impulsado la creación del México moderno.

Lázaro Cárdenas fue como un personaje polifacético que encarnó el patriotismo de Juárez, el agrarismo de Zapata, el obrerismo de Carranza y la valentía y la audacia de Pancho Villa. Fue un ejemplo de amor y respeto por los pobres, por los pueblos indígenas, defendió las conquistas de los obreros, impulsó al ejido y defendió la soberanía de la nación sobre sus recursos naturales.

Calles creó en 1929 el Partido Nacional Revolucionario, PNR, a efecto de consolidar en un sólo instituto partidos regionales y grupos políticos dispersos. Su declaración de principios amalgamó las principales banderas originales de la revolución. Cárdenas lo transformó en Partido de la Revolución Mexicana, PRM y le impuso una impronta socialista. Igual que a su gobierno. Finalmente Manuel Ávila Camacho, cuando Miguel Alemán andaba en su campaña presidencial, cambia a Partido Revolucionario Institucional, se cancela su orientación socialista y se le reconoce como un partido que habrá de privilegiar a las instituciones surgidas de la revolución.

Hace unos años, en Aguascalientes, el PRI decidió abrazar el ideario social demócrata, que integra principios que de alguna manera tienen parentesco con el sistema económico que prevaleció en el país por muchos años, especialmente en lo que respecta al sistema de economía mixta y a las políticas sociales.

Este repaso a vuelo de pájaro nos da la oportunidad de apreciar cómo, a través de los más relevantes hitos de nuestra historia y gracias a quienes con su lucha construyeron esta nación, se fue conformando el patrón de valores nacionales y los ideales que identifican lo que bien pudiéramos llamar, el “espíritu nacional”, nuestra más íntima identidad.
18 Noviembre 2012 05:10:19
De política y de ideología
En nuestro sistema, un político joven, decidido a hacer una buena, consistente y larga carrera política, ha de contar con buenas y sólidas bases profesionales: cuando menos haber obtenido una licenciatura de una universidad acreditada y con buenas calificaciones; tener muy claras sus metas, saber elegir el camino que debe tomar, qué acciones realizar, si ha de actuar por sí mismo o si se inscribe en algún partido político, seleccionar sus relaciones personales, con quien le conviene intimar, de qué personas deberá alejarse, etcétera. Hay que darle importancia al enriquecimiento de la cultura personal --incluyendo temas básicos de la historia universal, de la nacional y de la historia política en particular. Cualquier error que cometa, en su vida pública o privada, siempre lo tendrá en su cartuchera quien quiera perjudicarlo (de esos le van a sobrar).

Un viejo político me dio dos consejos: “La política no es una carrera de velocidad, es de resistencia” y otra: “En la política hay que ser honesto y honrado, pero no Quijote”. El primer apercibimiento tenía qué ver con el hecho de ser paciente, superar fracasos y volver a la lucha con mayor ánimo. El que porfía, mata venado. Hay que ser perseverante, mas no necio. Hay que ser tolerante, sin caer en el valemadrismo. Hay que defender creencias, convicciones y hasta conveniencias, pero hay que saber construir consensos.

El segundo consejo se refería a que uno debe conducirse con decencia y dignidad, con probidad y rectitud, pero sin desaprovechar los empleos y las comisiones más remunerativas, aunque no sean las de mayor agrado personal. Alguien dijo que una vez Carlos Hank González habría expresado: “Un político pobre, es un pobre político”. Conocí y admiré a dicho personaje. No creo que haya sido un cínico como para andar diciendo esos disparates. He conocido a muchos políticos honestos que jamás ambicionaron ser ricos, a pesar de que no falta quién los haya tildado de tarugos, pero que, precisamente por su honradez, se jubilaron como gente respetable. Don Nazario Ortiz Garza, más pragmático, aconsejaba: “Si le cae algún negocio decente y legal, no lo desaproveche, pero no le meta la mano a la caja, porque se quema”. Juárez planteaba que en el servicio público “no se pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio ni a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley señale”.

La política, ciencia o arte, es una tarea que ha de realizarse sobre una base de principios. De otra manera se vuelve una tarea inocua, intrascendente, vacía y fácilmente se puede pervertir, prostituir. Si la política no se ejerce dentro de un marco ideológico construido sobre principios éticos, que le sirva al político de permanente referencia, se traduce en un quehacer sin rumbo y sin brújula y termina en oficio de vivales y gandayas. La ideología, los principios y valores que represente, son el escudo y los blasones de un partido político en la lucha por el poder.

No es posible concebir a un partido político sin ideología. La requiere para sustentar sus principios éticos y normativos. Ha de ser la fuente de motivación que impulsa a la lucha por el poder, a su conquista, su defensa y su fortalecimiento. La ideología suele conformarse a partir del análisis crítico sobre la situación económica, política y social imperante. Si logra identificarse con los valores y las aspiraciones del pueblo y si además contiene una buena dosis de carga emotiva que impulse a la acción y a la lucha, puede convertirse en dínamo propulsor que facilite el logro del triunfo popular.

Porque la política ha perdido su papel misional, se ha desacreditado. Cuando el pueblo pierde confianza en los políticos y en los partidos, es porque aquellos se vuelven insensibles ante la injusticia y estos le dan la espalda al pueblo. Pero este también ha puesto su parte. Muchas veces se ha dejado engañar o ha sido cooptado y vende su conciencia al mejor postor.

La política está urgida de un exorcismo.
11 Noviembre 2012 05:04:12
Una agenda para México
Cada seis años, a la vista del cambio presidencial, a los mexicanos nos da por volver a pensar que ahora sí vamos a progresar, a resolver todos nuestros problemas, a superar obstáculos y vencer resistencias para que México vuelva a encaminarse por el sendero del desarrollo y del crecimiento. Somos, digámoslo así, optimistas incurables.

También cada seis años, en vísperas del cambio presidencial, un grupo de viejos amigos nos ha dado por reunirnos a discutir sobre algunos temas que consideramos importantes para lograr tales propósitos, con la peregrina idea de que quien vaya a asumir la Presidencia de la República, pueda tomarlos en cuenta a la hora de diseñar su programa de gobierno.

La primera ocasión que hicimos tal ejercicio fue cuando Luis Echeverría era candidato. Comenzamos por discutir en petit comité algunos temas que considerábamos importantes para quien estaba destinado a asumir la Presidencia de la República. Recuerdo que en aquél grupo trabajamos David Ibarra, Leopoldo Solís, Rodolfo Echeverría, Julián Gascón Mercado, entre otros, y acabamos por redactar un documento de unas 50 cuartillas que titulamos “La Gran Ponencia”. Nuestras propuestas se circunscribían al ámbito económico, principalmente y tenían que ver con la necesidad de que el gobierno incrementara la inversión pública, saneara las finanzas públicas, promoviera el arribo de capitales del exterior y asumiera un papel más activo en el ámbito internacional.

Seis años después, con el mismo objetivo, trabajamos un documento para el candidato José López Portillo. Ahora sí había que reordenar las finanzas públicas, atemperar la intervención del Estado en la vida económica, modernizar la administración pública y llevar a cabo un importante programa de inversiones en infraestructura.

Cuando Miguel de la Madrid fue nominado candidato presidencial la preocupación fundamental era controlar la inflación que se le había ido de las manos a López Portillo, evitar que la deuda pública se disparara, usar de manera más prudente los recursos provenientes del petróleo y sustentar la renovación moral.

Por razones que no recuerdo, al candidato Salinas de Gortari no le presentamos un documento sistémico. En cambio, a un grupo de demógrafos, urbanistas y economistas, nos dio por proponerle una idea por demás temeraria: preocupados como estábamos por el pesado y gravoso centralismo que ya desde entonces representaba la capital de la República, le sugeríamos a Salinas que viera la posibilidad de reubicar la sede de la capital de la República, que ya padecía una enorme concentración con graves problemas de calidad de vida, de seguridad pública y de hacinamiento. Pensábamos que Moroleón sería el mejor lugar, ya que se encuentra en el centro geográfico del país, con un clima envidiable y agua suficiente, ubicado al margen de dos hermosos lagos, Cuitzeo y Yuriria. Yo creo que Salinas pensó que andábamos mal de la cabeza, pues no tuvimos la menor respuesta.

El año pasado volvimos a las andadas, aunque ahora el grupo fue más numeroso. Noventa y dos especialistas trabajamos en seis temas diferentes y recién presentamos seis libros que contienen importantes propuestas, referidos al sector agropecuario, la educación, la salud, el cambio climático, la cultura y la economía. El evento fue en la Casa Lamm de la ciudad de México donde tuvimos gran éxito con casa llena y un vigorizante diálogo con un público de alto nivel intelectual.

En esta ocasión el grupo decidió integrar, por fin, una institución a la que le dimos el nombre de “Una Agenda para el México Contemporáneo, Asociación Civil”. Como siempre, no nos mueve otro propósito que sugerir políticas públicas que impulsen el desarrollo económico y social del país, que volvamos a la seguridad y a la tranquilidad, que se abatan las ominosas desigualdades y construyamos una sociedad más capacitada, educada y culta. Sin ninguna pretensión queremos desempeñarnos como un grupo de observadores honorarios del trabajo del Gobierno federal, ser portavoces de reclamos y críticos constructivos.

Somos un grupo de mexicanos comprometidos con México. Ciudadanos comunes cuya único propósito es trabajar por que el Gobierno de la República asuma su responsabilidad de fomentar la economía y el progreso, inspirado en los principios de un moderno nacionalismo y de ponderada soberanía.
04 Noviembre 2012 05:04:55
El Ateneo, en su 145 aniversario
En su sentido más amplio, la cultura de un pueblo se integra con sus valores humanos, convicciones religiosas, forma de pensar e interpretar el mundo, así como por su idiosincrasia y carácter. La cultura de un pueblo la podemos apreciar, además, por sus expresiones estéticas y la manera de enfrentar sus problemas cotidianos.

Una de las fuentes más fértiles para generar y fortalecer la cultura es la educación. La educación es a la cultura lo que el agua es a la vida. Un pueblo sólo podrá aspirar a un destino superior en la medida en que tenga mayores y mejores oportunidades educativas. Por ello es tan importante formar centros de enseñanza, capacitación y formación humana.

El nacimiento del Ateneo Fuente hace 145 años, representó uno de los sucesos más trascendentes en el desarrollo social no sólo de nuestro estado, sino de todo el noreste de México. El 11 de julio de 1867 se promulgaba la Ley de Instrucción Pública de Coahuila, por el entonces gobernador del estado, el general don Andrés S. Viesca. Esa ley fue el producto de las ideas federalistas y republicanas que alentaron a la generación más brillante de la historia mexicana, la de la Reforma, liderada por el talento y el férreo patriotismo del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez.

Auspiciado por dicha ley, nace el Ateneo Fuente, una de las primeras escuelas de bachilleres del país que toma el nombre de otro gran liberal, el abogado coahuilense don Juan Antonio de la Fuente, hombre de deslumbrante talento, vertical patriotismo y prístina honestidad. Entre muchos méritos, ocupó tres carteras en el gabinete juarista, incluyendo la de Relaciones Exteriores.

En 1861, ante la amenaza que para México representaba la Convención Tripartita de Londres –integrada por Francia, Inglaterra y España- pronunció ante Napoleón III (el pequeño) aquella frase admonitoria: “No luchéis contra mi Patria, mi Patria es invencible”. Otro coahuilense, el general Ignacio Zaragoza, iba a hacer efectiva aquella histórica advertencia, el 5 de mayo de 1862, en los fuertes de Loreto y Guadalupe, aledaños a Puebla.

El Ateneo Fuente fue la institución germinal de cuyo seno saldrían algunos de los fundadores de la Benemérita Escuela Normal, de la Escuela Superior de Agricultura “Antonio Narro”, hoy universidad, y más tarde de la propia Universidad Autónoma de Coahuila.

El bello edificio que ocupa el Ateneo fue inaugurado el 15 de septiembre de 1933, por el gobernador don Nazario Ortiz Garza, quien en su libro autobiográfico “Remembranzas” anotó: “Me llena de satisfacción el haber construido como alumno del Ateneo a que esta institución tuviera desde el último periodo de mi administración en el estado de Coahuila, un lugar perfectamente acondicionado, para que continuara iluminando con su luz creadora las aguas borrascosas de la incertidumbre, que abate a los pueblos que se hunden en el analfabetismo”.

En mi calidad de Subsecretario de Educación Superior del Gobierno federal, acudí al 50 aniversario de la construcción del edificio del Ateneo, con la honrosa representación del presidente de la República Miguel de la Madrid. En aquella ocasión afirmé: “Corresponde a los jóvenes ateneístas de hoy cuidar de la excelsa tradición de su alma mater. Tradición forjada con honor, disciplina, constancia y severidad moral. Preservando estos valores, los jóvenes de hoy templarán su espíritu para dar la batalla por un destino superior para México”.

Los nobles muros de tan espléndido edificio se antojan eternos gracias al eco fresco y recurrente de la algarabía de las nuevas generaciones que cada año se renuevan. Jóvenes que inspirados en ideales superiores, capacitados con el conocimiento científico y con un firme deseo de triunfo, se aprestan al enfrentamiento con la vida.

En memoria de quienes lo fundaron, de los que lo engrandecieron y de quienes ahora le entregan su esfuerzo y su talento para incrementar su prestigio legendario, el Congreso del Estado, a propuesta del ciudadano gobernador del estado, Rubén Moreira Valdez, aprobó inscribir en sus Muros de Honor, con letras de oro, el nombre del
Ateneo Fuente.
28 Octubre 2012 04:06:32
Políticos en la mira
En esto del crimen y la violencia, a los políticos ya nos llegó el fuego a los aparejos. De un interesante estudio de Jaime Guerrero, aparecido en la revista “Contralínea” y que amablemente me hiciera llegar mi amigo y antiguo compañero de trabajo el arquitecto Martínez Veloz, se desprende que el crimen a nadie respeta, que en la refriega caen malos e inocentes y que cada vez que se asesina a un periodista la noticia aparece en automático en todos los medios de comunicación y de inmediato se difunden airadas y muy justificadas reacciones de los miembros de sus asociaciones tanto nacionales como internacionales. En cambio, cuando se asesina a un funcionario público, si bien no deja de ser noticia, las protestas son un tanto difusas y como que nadie enarbola personalmente una lucha solidaria para acabar con tan despreciable acción.

En el estudio de referencia aparecen algunas estadísticas que nos dicen que el mayor número de crímenes políticos se ejecutan contra presidentes municipales y regidores; que Oaxaca, Tamaulipas, Durango y Michoacán son las entidades de mayor incidencia, y que en un gran número de casos aparecen implicados miembros de las fuerzas locales de seguridad, principalmente de nivel municipal.

El hecho de que estas estadísticas sean engrosadas principalmente por funcionarios municipales, nos habla de que se trata de delincuentes cuya actividad delictiva radica frecuentemente en violar leyes y reglamentos de jurisdicción municipal, tales como el cobro de cuotas “por piso”, venta clandestina de bebidas alcohólicas, narcomenudeo, horario de cantinas, funcionamiento ilegal de antros, etcétera. Su estrategia es la cooptación de funcionarios y, si no se logra, la extorsión y la amenaza, por decir lo menos. Si a este tipo de delitos sumamos otros de mayor calibre e incluimos la lucha de las Fuerzas Armadas contra el crimen organizado, el costo en número de vidas se vuelve estratosférico.

Todo esto nos habla de una verdadera catástrofe social. Se trata de un gravísimo problema que se ha generalizado a todas las regiones del país y que afecta a todas las clases sociales. Ante ello, es necesario que todos nos involucremos para hacer algo que nos lleve a superar esta tan aguda crisis social. Habrá qué demostrar un mínimo de interés por colaborar en el soñado propósito de volver a la paz, a la certidumbre y a la tranquilidad. Nos pasaríamos de cínicos y desvergonzados si no aportáramos algo para su erradicación. Nadie quiere que sus hijos vivan por siempre angustiados por la acechanza de los malos.

El Presidente Electo Peña Nieto ha prometido reorientar las políticas de seguridad pública. Ojalá que en esta nueva etapa no sólo se ataquen los efectos, sino las causas mismas de la violencia, de los homicidios, de los secuestros y de la extorsión. Al tiempo que se continúe con la depuración de las fuerzas policiacas, habrá que mejorar la capacidad y la calidad moral de quienes integren los nuevos cuerpos de seguridad, que estén mejor pagados y que sean más profesionales y que se involucren con la sociedad para que trabajen más cerca de la gente. No será fácil volver a ganarse la confianza de la sociedad, pero habrá que intentarlo.

Hay municipios tan pobres que no tienen la más mínima posibilidad de formar un cuerpo policiaco profesional. Ahí habrá que integrar cuerpos policiacos regionales y uno general, a nivel estatal.

Pero no todo el problema está en las policías. Habrá que modernizar también al sistema judicial, mejorar la capacidad de los ministerios públicos e independizarlos, construir más reclusorios de alta seguridad para los delincuentes del orden federal, evitando la grave contaminación que todavía se da en las cárceles.

También el crimen organizado se ha globalizado. Tramonta fronteras y actúa mundialmente. Por ello es necesario hacer alianzas internacionales para lograr apoyos recíprocos tanto en los servicios de inteligencia como en la persecución de los delincuentes.

Algo que no debemos soslayar: primero, la calidad, orientación y contenido de la educación; segundo, el fortalecimiento de la unidad familiar y del mayor involucramiento de los padres en la formación de sus hijos y, tercero, que el gobierno, en sus tres niveles, sea ejemplo de eficiencia y honestidad. Un buen ejemplo vale más que 100 leyes o mil consejos.
21 Octubre 2012 04:04:25
Constitucionalismo coahuilense
Según algunos teóricos, el constitucionalismo es un proceso mediante el cual el Estado se somete, finalmente, al derecho. Esta expresión, tan lacónica y sencilla, contiene en sí misma el drama de la humanidad en su lucha milenaria por sobreponer la democracia, la libertad, la igualdad y la justicia al absolutismo autoritario.

Por la vía del constitucionalismo, el poder se institucionaliza y se ejerce apegado a los términos de una carta, democráticamente aprobada, que codifica deberes y derechos de quienes integran las sociedades nacionales. El Estado, legal y legítimamente constituido, ha de someterse a la inviolable voluntad soberana del pueblo.

En la larga y cruenta lucha de la humanidad por su libertad y por la democracia, hay autores que coinciden en que, mientras los movimientos revolucionarios en Inglaterra del siglo 17 y en Francia en el siglo 18 se plantearon las bases teóricas y filosóficas de los movimientos libertarios, los norteamericanos supieron aplicarlas concretamente al momento de conformar su Estado nacional. La Carta de Filadelfia suscrita en la Convención de 1787, fue la primera Constitución moderna de un Estado federal y es, a estas alturas, el más antiguo documento constitucional aún en vigor.

Con tal antecedente, debemos reconocer que fueron los padres de la Constitución norteamericana quienes crearon el sistema republicano presidencial y federal, cuyos poderes habrían de dividirse en Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Este modelo se generalizó prácticamente en todas las naciones del continente americano, en la medida en que fueron surgiendo como estados independientes y soberanos.

Una de las primeras naciones que adoptaron tal sistema fue la nuestra, cuando el 31 de enero de 1824 se aprobó el Acta Constitutiva de la Federación, que estableció la República presidencial y federal y que otorgó soberanía a los estados federados para el manejo de sus asuntos internos. En esta trascendental etapa constitutiva de nuestra patria, tuvo brillante desempeño el diputado Miguel Ramos Arizpe, oriundo de estas tierras norestenses.

En Coahuila, nuestra historia constitucional comienza el 11 de marzo de 1827 con la “Constitución Política del Estado Libre de Coahuila y Tejas” (sic), que estuvo en vigor hasta que al inefable Santa Anna se le ocurrió, en 1836, derogar el sistema federal. Los texanos no aceptaron perder su soberanía estatal y se sublevaron. Santa Anna va a su encuentro y los derrota en El Álamo, para, días después, caer aniquilado por Sam Houston, en San Jacinto.

Además de perder Texas, Coahuila sufre otro suceso lamentable: su asimilación por el estado de Nuevo León, baldón histórico que aún lastima nuestro orgullo coahuilense. De entonces data la “Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Nuevo León y Coahuila”, promulgada en la ciudad de Monterrey el 4 de octubre de 1857.

Vidaurri, cacique de Nuevo León, antijuarista que acabó sirviendo al imperio de Maximiliano, niega su apoyo a Juárez, provocando que el presidente decretara la separación de Coahuila. Luego se promulgaría, el 31 de mayo de 1869, la “Constitución Política para el Régimen Interior del Estado Libre, Independiente y Soberano de Coahuila de Zaragoza”.

Hubo dos constituciones que jamás entraron en vigor: la del 21 de febrero de 1882, firmada por el gobernador Evaristo Madero, y la del 1 de febrero de 1913, signada por el gobernador Venustiano Carranza. Esta última refleja ya algunas ideas que más tarde aplicaría en su gobierno presidencial y que se plasmarían en la Constitución de la República de 1917. Finalmente, el 19 de febrero de 1918 entra en vigor la actual “Constitución Política Reformada del Estado de Coahuila de Zaragoza”.

Esta breve referencia a la historia de sus constituciones, da cuenta de la vitalidad política del pueblo coahuilense y de su interés por contemporizar nuestro régimen de derecho a la modernidad nacional y universal.

Es por ello que cobra enorme interés el proyecto del gobernador Rubén Moreira, que aspira a renovar y a actualizar nuestra Constitución estatal. El principal mérito de tal proyecto es que responde a las directrices del constitucionalismo moderno: garantizar plena y extensivamente los derechos humanos.

Con esta iniciativa se vislumbra una nueva era más humana y más justa en la noble lucha de los coahuilenses por la democracia y por la libertad.
14 Octubre 2012 04:04:09
La lengua castellana
El pasado 12, “Día de la Raza”, rememora la fecha en que Cristóbal Colón pisara tierras que años después se bautizarían como americanas, en honor del navegante italiano- español, Américo Vespucio, cuyas cartas de viaje sirvieron para que un cartógrafo alemán, Martin Waldseemuller, publicara un libro “Cuatro Viajes de Amerigo Vespucci”, lo que diera lugar a que al nuevo continente se le diera, fortuita y quizá injustamente, el nombre de “América”.

Esa misma fecha ha sido señalada también como “Día de la Lengua Española”, ya que el 12 de octubre de 1492, es la data simbólica en que se inicia el largo, penoso y fulgurante proceso de entronización, en el Nuevo Mundo, de una nueva cultura, con su bagaje lingüístico, religioso, político y social.

El español es una lengua romance, derivada del latín, como el italiano, el francés, el rumano y el portugués, muestra indeleble de la grandeza trascendental del imperio romano. El castellano surge como lengua cuando estaba por concluir el primer milenio de la era cristiana. Hace unos 20 años se celebraba precisamente su primer milenio.

Cuando los españoles llegan a estas tierras, el castellano, como lengua, andaba cumpliendo sus primeros 500 años y fue nada menos que don Miguel de Cervantes Saavedra quien con su obra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, publicada en 1605, editada por Don Juan de la Cuesta, quien le dio al español carta de autenticidad definitiva. Cervantes, al decir de Vargas Llosa “revolucionó las formas narrativas de su tiempo y sentó las bases sobre las que nacería la novela moderna”.

La historia de las lenguas –escribí alguna vez–, fantásticas y mágicas, no son otra cosa que la historia de los pueblos que las crearon, de su evolución, apogeo y declinación. El arameo que hablaba Jesucristo de Galilea dejó de hablarse cuando desapareció su pueblo. Y es que la historia de cada sociedad es como un nudo inextricable donde se enlazan –con su leyenda– su lengua, su religión y todas las expresiones de la cultura que haya sido capaz de crear el pueblo.

Algunos filólogos, al estudiar el origen de todas las lenguas, reconocen como tal al indoeuropeo que se habló quizá hace unos siete mil años, en alguna zona de Europa Central, según Antonio Alatorre, reconocido lingüista mexicano y antiguo compañero mío en el Colegio de México. Como remota raíz de nuestro idioma, el indoeuropeo devino en itálico- latín, luego en latín vulgar de donde se desprendieron las lenguas romances anotadas arriba.

En cada etapa de su devenir, los pueblos tienen su lengua y sus cronistas, historiadores, escritores y poetas. Ocho siglos antes de Cristo, Homero cantó en la Ilíada la epopeya de Troya y, en la Odisea, su reconstrucción. Virgilio, al término de la época pre cristiana, cantó al campo, a la serenidad y a la armonía.

La etapa de los visigodos acabó con el dominio romano en la península ibérica allá por el siglo V. Un poema de Fernán González cuenta la adopción del cristianismo romano por los visigodos. Luego los árabes llegaron por Gibraltar, apabullaron a los godos y dominaron la península por más de ocho siglos y la cultura islámica se adueñó del espíritu de los ibéricos.

Con los años, Cervantes, Góngora y Lope de Vega habrían rememorado, aún con nostalgia, al pueblo que en plena edad media habían fecundado la ciencia y la filosofía y habían mostrado “un tenaz gusto por las cosas buenas de la vida, los trajes hermosos, la rica comida, la música y las diversiones”.

La impronta de la lengua árabe en el español es irrefutable, se prolonga hasta nuestro tiempos como testimonio duradero de esa convivencia de siglos. Fernando III había ya reconquistado Córdoba, Murcia y Sevilla y, finalmente, en 1492, cuando Colón va al encuentro de la inmortalidad, capitula Granada con su fortaleza bermeja, que eso quiere decir Alhambra.

Una oleada de entusiasmo recorrió los territorios ya independientes y un coro de poetas cantó el triunfo de los reinos de Castilla y Aragón, de Isabel y de Fernando.

Y en Ávila, no por un principio de equidad de género sino como estrategia político-militar, se levantó un trono doble en cuyo capitel se inscribió: “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”.
07 Octubre 2012 04:06:16
Una sentida reflexión
La muerte es la conclusión definitiva, irrevocable. Es la clausura total que entristece, que acongoja. Sobre todo si sucede cuando la vida apenas comienza. Fuimos hasta Acuña a acompañar en su pena a un entrañable amigo quebrado por el dolor y la desesperanza, ante el absurdo término de la vida de su joven primogénito.

La muerte cancela vidas promisorias, destroza anhelantes esperanzas. En los tiempos que corren la violencia y la muerte son ya parte de un drama cotidiano. La tragedia nos acecha a cualquier hora, en el lugar más inesperado. Ante su asedio, la certeza se oscurece y la fe titubea.

Cierto, nos tocó vivir días aciagos y ásperos, pero nadie nos prometió un mundo terso y melodioso. No obstante, crecimos con la convicción de que la felicidad y el éxito serían alcanzables en la medida de nuestro esfuerzo y sacrificio por lograrlos. Alimentamos la creencia de que encontraríamos reciprocidad en el amor a los nuestros y al prójimo en general.

Pero, como todos los desengaños, lo que ahora sucede es de una inmensa brutalidad. ¡Qué difícil es reconstruir la fe en los valores humanos en medio de tanta violencia y tanta crueldad!

Mi madre, por las mañanas le pedía a Dios: “Dame luz, entendimiento y voluntad para seguir ayudándote a cuidar de mis hijos”. Y con infinita ternura le pedía paciencia y tolerancia para continuar su apostolado de bondad. Hay que tener presteza de ánimo, temple y carácter para impedir que los desvaríos antisociales socaven la substancia de estos valores.

El destino nos ha puesto a prueba. En nuestro barrio, en las calles, en las carreteras, las cosas son cada vez son más violentas. Nos dicen que los buenos van ganando, pero a veces los malos están tan entreverados que ya no sabemos con quien estamos hablando cuando nos aborda un policía. En las carreteras proliferan los retenes, pero ha habido muchos casos en que los malos clonan uniformes y levantan retenes para asaltar. En algunas casetas de cobro los mismos empleados informan a los malos cuando cruza por ahí alguna buena presa.

A nuestros celulares llegan voces groseras que nos amenazan y nos abstenemos de caminar por las calles y de salir de noche. Espero vivir para contar que todo esto fue una larga y absurda pesadilla.

En la Normal, mi inolvidable Maestra Victoria Garza, profesora de literatura, se empeñaba –por supuesto que infructuosamente– en hacer de cada alumno un poeta. Hurgando entre papeles viejos me encontré unos renglones de una elegía que jamás terminé:

“… Y si acaso se me niega tu presencia

para siempre, día llegará en que te encuentre otra vez tan alegre y venturoso.

Y otra vez andaremos, de la mano y por la tarde, el sendero del ensueño.

Y tus ojos y los míos otearán el horizonte y un pájaro trinando, cantará con nuestro abrazo…”

El sabio Einstein decía: “hay dos maneras de vivir la vida: una, como si no existieran los milagros; otra, como si todo en la vida fuera un milagro”.

A su vez, Confucio expresaba: “Me preguntas porqué compro arroz y flores. Compro arroz para vivir y flores para tener algo por qué vivir”.

La vida y la muerte son sólo dos fases de nuestro paso por el mundo. Al abrir el ciclo comienza la cuenta regresiva. Vivamos lejos del temor, tolerantes con el destino y resignados ante lo ineludible. Un abrazo, Humberto.
30 Septiembre 2012 04:00:28
Felipe se autopromueve
La reciente gira de Felipe Calderón a Estados Unidos no pareció tanto una despedida, sino fue más bien una autopromoción para cobrar más caro ahora que, se dice, la Universidad de Harvard piensa contratarlo como maestro e investigador. Y es que sería iluso pensar que el Gobierno o los empresarios tendrían interés en negociar algo con quien está a punto de entregar la oficina presidencial. Tampoco se trata de un personaje que vaya a gozar de gran prestigio nacional, ni se le ven posibilidades de convertirse en un líder con alguna influencia política post presidencial.

Si intentáramos un balance sobre los resultados de los esfuerzos de Calderón ante el Gobierno norteamericano a fin de obtener apoyos importantes en beneficio de México, la conclusión sería muy modesta, por no decir que negativa. La cuestión migratoria, que es el punto más álgido de las relaciones bilaterales, no sólo se estancó, sino que las medidas de rechazo se rigidizaron al grado que allá presumen de cifras récord de indocumentados capturados y regresados a México. Las draconianas leyes que Arizona implantó contra los indocumentados ya se generalizaron a otras entidades y son innumerables los casos de familias disueltas a causa de la expulsión de muchos jefes de familia. El mismo Obama declaró recientemente que a pesar de sus esfuerzos, no tuvo éxito en su intento de resolver satisfactoriamente la cuestión migratoria.

Esta declaración, al inicio de su campaña presidencial, es más falsa que un billete de tres pesos, ya que Obama, mientras pudo hacerlo, jamás le dio importancia alguna a la cuestión migratoria. Y es que los sólidos compromisos políticos de los demócratas con las grandes centrales obreras norteamericanas le impiden a cualquier presidente surgido de ese partido apoyar a los trabajadores “ilegales”, quienes a base de aceptar salarios inferiores y sin prestación alguna, restan oportunidades de empleo a los obreros norteamericanos.

Más que la armonía, lo que ha prevalecido entre México y Estados Unidos han sido los desencuentros, la hostilidad o, cuando bien nos va, el simple desinterés. Y es que la mayoría de nuestros gobernantes jamás han llegado a comprender la verdadera estructura económica y social norteamericana, el mecanismo de su sistema político, ni la idiosincrasia de su pueblo. Los norteamericanos tienen un gobierno descentralizado federalmente y democráticamente está bajo el control del ciudadano común. Su economía, abierta al juego de las fuerzas de un mercado libre, se finca en el respeto y la confianza en el individualismo y cualquier ciudadano tiene al alcance amplias oportunidades políticas, económicas y sociales. Los norteamericanos le guardan un respeto absoluto a la propiedad privada y sostienen, como cualidad intrínseca del hombre, las virtudes de la cultura capitalista.


La tradición norteamericana muestra también una fuerte inclinación a favor de la democracia igualitaria, pero ésta ha sido una democracia de ambición y de avidez, más que una democracia de fraternidad. Así lo señala Richard Hofstadter, quien agrega: “Por encima y más allá de conflictos temporales o locales, siempre han tenido una plataforma común, una unidad en la tradición cultural y política sobre la cual se ha erigido la civilización norteamericana. Esta cultura ha sido intensamente nacionalista y en gran parte aislacionista; pero siempre ha sido ferozmente individualista y capitalista”.

En los tiempos de Teodoro Roosevelt se popularizó el dogma del “big stick”, o sea el uso del garrote para someter a los pueblos contrarios a los intereses norteamericanos. En cambio, otro Roosevelt, Franklin Delano, planteó, en plena Segunda Guerra Mundial, la política del “Buen Vecino” y Kennedy lanzó su “Alianza por la Paz”. Ahora somos socios comerciales sin que podamos avanzar un milímetro en algo que pudiera significar apoyo para México. Antes bien, la operación “Rápido y Furioso”, que permitió exportar miles de armas y municiones a México, dizque para “detectar a los narcotraficantes”, argumento que a nadie convenció, ha recrudecido los enfrentamientos y la violencia en nuestro suelo.

Más parece un intento de alentar todo aquello que le impida a México consolidarse como nación estable y próspera, libre del tutelaje
norteamericano.

Con el tiempo, como afirma Borges, aprenderemos la malicia diplomática, a no confiar en nadie y a valernos por nosotros mismos. Con
el tiempo…
23 Septiembre 2012 04:03:59
Legalidad y legitimidad
El jueves 20 de los corrientes tuvimos en el Congreso del Estado el privilegio de que el doctor Salvador Nava Gomar, magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial, mejor conocido como Trife, nos explicara la sentencia mediante la cual dicho tribunal declaró infundados los agravios planteados por varios partidos de izquierda y, en consecuencia, reconociera como válidas las elecciones presidenciales del pasado mes de julio. Este hecho convirtió en presidente electo de la República a Enrique Peña Nieto, candidato de la Coalición Compromiso por México integrada por los partidos Revolucionario Institucional y Verde Ecologista de México.

Esta sentencia fue declarada una vez que culminó un juicio largo y difícil, dados los numerosos reclamos presentados por partidos de izquierda encabezados por su candidato Andrés Manuel López Obrador y que, machacona, mañosa e infundadamente, planteó una y otra vez, en su nombre, Ricardo Monreal, connotado ex priísta y ex jefe de su campaña.

La tarea jurisdiccional que llevó a cabo el Trife fue, por decir lo menos, histórica, trascendente y literalmente monumental. La sentencia está escrita en 1327 fojas, se analizaron más de 10 mil objetos “probatorios” para lo cual se integró un grupo de siete magistrados con el apoyo de dos equipos de especialistas, 12 para desahogar pruebas y nueve para elaborar el proyecto. El trabajo fue abrumador y exhaustivo gracias a lo cual la sentencia adquirió la categoría de convincente, fehaciente e incontestable.

La exposición del Doctor Nava fue espléndida. Nos dejó de una pieza cuando afirmó que los procesos electorales están excesivamente regulados y que la enorme cantidad de normas no favorecen a la cultura democrática, para advertir: “Con tantas normas, estamos matando a la política”.

Salvador Nava goza de un talento excepcional. A pesar de su juventud (anda en los cuarentas bajos) tiene magnífica preparación y amplia experiencia. Es doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, una de las universidades más antiguas y famosas de España. Su anfitrión en Saltillo fue el doctorando Luis Efrén Rios, licenciado en Derecho por nuestra Facultad de Jurisprudencia de la UA de C, con maestrías en Derecho Fiscal, Derecho Penal y Derechos Humanos, esta última por la Universidad madrileña Carlos III. Luis Efrén dirige el Centro de Derechos Políticos de su Alma Mater, aquí en Saltillo, y es miembro del Observatorio de la Elección Presidencial de México, auspiciado por el TRIFE. Así que, dada la elevada especialización y capacidad intelectual tanto del visitante como de su anfitrión, el evento no podría ser más que de excelencia.

El Trife es la máxima autoridad jurisdiccional electoral y órgano especializado del Poder Judicial de la Federación, al que le corresponde resolver, en forma definitiva e inatacable, sobre las impugnaciones que se presenten en la elección del Presidente de la República y, eventualmente, de los senadores y diputados federales. Sus magistrados son elegidos de manera escalonada por una mayoría calificada de la Cámara de Senadores (dos tercios de los senadores presentes) a propuesta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Dicho tribunal ejerce no sólo el control de la legalidad, sino de la constitucionalidad de los actos y resoluciones electorales, principalmente federales. Se trata de una institución con atribuciones constitucionales para proteger los derechos político-electorales de los ciudadanos.

De la exposición del Magistrado Nava destacan las siguientes afirmaciones: a) La sentencia del Trife se elaboró bajo la premisa de respetar escrupulosamente los derechos de la ciudadanía; b) fue un trabajo científico, pues se investigaron minuciosamente más de 10 mil objetos probatorios; c) todos y cada uno de los agravios planteados fueron rechazados por su inconsistencia y futilidad; d) las conductas inapropiadas de los partidos políticos no están vinculadas a la norma, sino a la cultura política; e) la elección fue una de las más observadas por propios y extraños y fue catalogada como un evento altamente democrático y competido.

La conferencia del Magistrado Salvador Nava dejó un grato sabor pues demostró el profesionalismo del Trife, el rigor analítico con que estudió todos y cada uno de los elementos en juego, el método científico aplicado y una atinada estrategia de comunicación. Peña Nieto se hará cargo de la Presidencia de la República ungido por la legalidad y arropado por la legitimidad.
16 Septiembre 2012 04:04:09
¡La Patria es primero!
Cuando hablamos de la Patria, dice la Enciclopedia del Idioma de Martín Alonso, nos estamos refiriendo a la “nación propia, con la suma de cosas materiales e inmateriales, pasadas, presentes y futuras, que cautivan la amorosa adhesión de los patriotas”.

Por su parte, Rodrigo Borja, en su Enciclopedia de la Política señala que Patria “es un término esencialmente subjetivo y sentimental con el cual nos referimos al país de nuestro nacimiento o al que le debemos lealtad”.

Marginada al campo de la emotividad, alejada de los conceptos mayores, la Patria ha sido objeto de expresiones prácticamente de todas las expresiones del arte, ya que, quienes gozan de algún don artístico tienen la sensibilidad que se requiere para sublimar los sentimientos, en especial el amor a la patria.

Los mexicanos podremos tener muchos defectos, pero el sentimiento patrio lo llevamos dentro del corazón. Por eso, inspirados poetas le han cantado a la Patria y a sus héroes. He aquí algunos ejemplos:

López Velarde dijo, con épica sordina: la Patria es impecable y diamantina” y la describió: “Patria: tu superficie es el maíz, tus minas, el Rey de Oros, y tu cielo, las garzas en desliz y el relámpago verde de los loros…”

Manuel Acuña, en hermosa metáfora le dijo: “Grande eres y a tu paso tienes abierto un porvenir de gloria con la dulce promesa de la historia, de que para tu sol nunca habrá ocaso…”.

Amado Nervo exclama: “¡Oh Patria! ¡oh! Dulce Patria, madre santa: Vuelvo a ti tras luenga romería y te encuentro, al posar en ti mi planta, con un arrullo nuevo en la garganta y más grande y más bella todavía”.

Al Padre de la Patria, Miguel Hidalgo, Juan de Dios Peza le escribió: “Si con mundos de luz tu santo nombre en el cielo de México está escrito, que vele al pueblo y al tirano asombre. Para ser libre te bastó ser hombre, para ser inmortal te bastó un grito”.

Rafael Ruiz Rivera le canta a Morelos: “…Se oye la voz del guerrero que increpando a la fortuna tan adversa a sus anhelos, jura jamás envainar avergonzado su acero, mientras estruje a la patria, mientras profane su suelo, la maldad de los hispanos, la ambición de los iberos”.

Al Jarabe Tapatío Martín Galas le escribe: “… porque en el terruño mío, con los cantos del bajío la gente se vuelve loca cuando una música toca el Jarabe Tapatío”.

Gregorio de Gante le canta al rebozo mexicano: “Rebozo que eres cuna para el niño, cabezal para el sueño, celosía para el amor, dogal para el cariño, banderola, mortaja y vida, y llanto y alegría, rebozo nacional, tu sombra sola cubre la Patria mía…” Y de la China Poblana dice: “…Baila con el donaire de un gallardete al aire; simula, taconeando, los tambores; remeda con los brazos suave cuna que es un nido de amores; finge el bronco bregar del jaripeo; copia de la sencilla chinampa, el contoneo; del arrimo y del celo hace un jaleo; borda al sombrero charro una toquilla…”

A Vicente Guerrero, a quien su padre le ruega. “Ten piedad de mi vida desgraciada; vengo en nombre del rey, tu dicha quiero; poderoso te hará, dame tu espada. ¡Jamás! Llorando respondió Guerrero; tu voz es, padre, para mí sagrada, mas la voz de mi Patria es lo primero!

A la Corregidora de Querétaro Manuel Gutiérrez Nájera le canta: “…al púgil que vence, la copa murrina; al mártir, las palmas; y a ti –la heroína- la hojas de acanto y el trébol en flor…” .

Roberto Guzmán Araujo sobre la bandera escribe: “Retrato de la Patria, Señora de Colores, presidencial arco-iris en el azul ceñido, cabellera del sol, lienzo de flores, insignia del decoro y los amores, escúchame tu oído: Yo te he visto sufrir bajo estos cielos desde el viejo pupitre de la historia con lágrima tenaz y giratoria por el bronce caído de Morelos”.

Al final de estos versos encontré una nota manuscrita que quizá escribió mi madre, lectora infatigable de poesía: “Retrato de la Patria, Señora de colores, insignia del decoro y los amores, penacho del amor, bandera mía, escúchame loarte”.

¡VIVA MÉXICO!

09 Septiembre 2012 03:00:40
Parlamentarismo y democracia
En esta ocasión quisiera dedicar estas notas para hacer algunas reflexiones sobre los parlamentos o congresos de representantes populares, lo que podría ayudarnos a comprender mejor las actividades que realizamos quienes, temporalmente, formamos parte de tales cuerpos colegiados.

A fuer de ser breves y sencillos, podríamos afirmar que los sistemas políticos democráticos se dividen en repúblicas con régimen presidencial y repúblicas parlamentarias, dividiéndose éstas últimas en repúblicas parlamentarias o monarquías parlamentarias. En el primer caso podríamos ubicar a países como Francia y Alemania y en el segundo a Inglaterra y a España. Es estas naciones, se dice, “el rey reina, pero no gobierna”.

En los países con sistema parlamentario, el Parlamento, cuyos miembros son elegidos universal y democráticamente, es el centro político por excelencia. Ahí se fragua la integración del gobierno, ya que el líder del partido victorioso asume el cargo de Primer Ministro y es quien integra su gabinete, con parlamentarios miembros de su partido. Las repúblicas parlamentarias suelen tener gobiernos centralistas, cuyas provincias son gobernadas por funcionarios designados por el gobierno central.

En tales sistemas no se da la división tradicional de poderes como nosotros la conocemos y la practicamos, ya que el poder ejecutivo emana del propio legislativo. Y es ahí, en el Parlamento, donde cotidianamente se discuten las políticas y las acciones de gobierno y, cuando en el Parlamento se conforma una desaprobación mayoritaria sobre la actuación gubernamental, se debe convocar a nuevas elecciones.

En las repúblicas de régimen presidencial, el voto popular elige, por separado, al Presidente de la República y a los integrantes del Parlamento o Congreso de la Unión. Esta última denominación responde al hecho de que la República se integra por estados libres y soberanos en cuanto a su régimen interior, pero que se mantienen unidos por un pacto federal que establece la Constitución General de la República. Así, las repúblicas presidenciales son federales, sujetas a un régimen popular, democrático, representativo y, en nuestro caso, recientemente, laico. Ya dijimos porqué son federales. Son populares y democráticas porque sus representantes asumen su cargo una vez que son electos popular y democráticamente. La laicidad republicana, ya expresada en diversos artículos constitucionales, se vio reforzada recientemente gracias a una reforma que la define y establece categóricamente.

Los Poderes de la Unión se depositan: el Ejecutivo en una persona que es el Presidente de la República, el Judicial en una Suprema Corte de Justicia y el legislativo, en dos cuerpos colegiados que son: el Senado y la Cámara de Diputados. El primero tiene su origen a partir de que los estados que integran a la República son de igual peso político, cualquiera que sea su tamaño geográfico, económico o demográfico. La otra Cámara se integra por diputados que son elegidos como representantes del pueblo, en cada uno de los 300 distritos federales.

En las entidades de la Federación se integran gobiernos que siguen una pauta similar: un ejecutivo que es el gobernador del estado y un Congreso Local integrado por diputados elegidos en cada uno de los distritos correspondientes. Aunque en otras repúblicas, como la norteamericana, el legislativo local se integra por dos cámaras, Senado y la Cámara de Representantes, en México los congresos locales son unicamerales, sólo hay Congreso de Diputados.

Los parlamentos o congresos legislativos son instituciones que emanan de los sistemas políticos democráticos, representativos y plurales. En los congresos se deliberan y discuten los temas de interés de la sociedad. Los parlamentos, si funcionan eficazmente y con altura de miras, pueden coadyuvar a la armonía social y a la mejor gobernabilidad. Al representar fielmente los intereses y las aspiraciones de los diversos grupos sociales, se convierten en un inmejorable puente de comunicación y entendimiento entre el pueblo y los poderes legítimos.

La calidad popular y plural del Congreso le da a los diputados el privilegio de escuchar planteamientos y exigencias de muy diversa índole, que tienen qué ver no sólo con su propio desempeño, sino con el del gobierno y el de las diversas instituciones públicas y privadas de la sociedad, a veces con intereses contrarios. Defender los intereses sociales mayoritarios por encima de todos, es el reto a vencer.
26 Agosto 2012 04:09:58
¡Qué huevos tan azules!
En estas mis reflexiones semanales he criticado, a veces, al modelo económico neoliberal que está de moda en todo el mundo, México incluido, por supuesto. Un día alguien me comentó que tal tema era un tanto obscuro y que, para mucha gente, no era de interés. Confieso que tan desalentador comentario lastimó mi ego de economista, pero no me quedó otra que hacerme el propósito de no volver a tocar tan abstruso asunto.

Sin embargo, ante la grosera como inhumana acción de quienes se dedican a comerciar el huevo en el país, tanto en pequeña como en gran escala, no puedo dejar de hacer algunos comentarios sobre la abulia irresponsable del gobierno neoliberal, al dejar en total indefensión a todos los mexicanos quienes, de acuerdo con las estadísticas, diariamente consumimos cuando menos ¡un huevo!

Aparentemente el repunte del precio del huevo fue resultado de la epidemia de fiebre aviar que atacó a las granjas de Jalisco, donde se obtiene alrededor del 52 % de tal producto. Según datos de la Unión Nacional de Avicultores, en dicha región fueron sacrificadas miles de gallinas, con el objeto de contener la epidemia. Tal sacrificio no fue más allá del 15 %, es decir la oferta de huevo no fue mayor a este porcentaje, pero en cambio, el precio del producto se aumentó a más del doble en apenas un par de semanas.

El año pasado en México se produjeron 2 millones 458 mil 730 toneladas de huevo y como no somos exportadores ni importadores, consumimos prácticamente la misma cantidad. La oferta y la demanda estaban equilibradas y el precio se mantenía en 17 pesos el kilo, contra alrededor de ¡40 pesos! a que se está vendiendo en muchas tiendas del país.

Si cada kilo trae unos 17 huevos, el peso que valía cada huevo, ahora nos cuesta 2 pesos 35 centavos. ¡Qué huevos tan azules!

Ante el descontento popular, los avicultores se defienden alegando que todo es producto de la especulación, de los intermediarios y acaparadores que, aprovechando la indolencia del Gobierno y la indefensión de los consumidores, hacen su agosto, literalmente.

¿Y qué tiene qué ver todo este desmadre con el neoliberalismo? Veamos: De tiempo atrás, algunos economistas del sistema capitalista, siempre sabihondos y ventajosos, convencieron al mundo de que cualquier intervención del gobierno en el desempeño económico distorsionaría la ley de la oferta y la demanda, cuya estricta vigencia es, según ellos, el único factor para determinar qué y cuánto se debe producir, cuánto debe costar y a cómo debe venderse. A partir de entonces los gobiernos dejaron de intervenir en la economía, así fuera para apoyar a la producción técnicamente o con créditos, o cerrando fronteras ante la competencia desleal de productos extranjeros, etcétera. Del mismo modo, se abandonó cualquier práctica que pudiera alterar el precio que fijara la oferta y la demanda, aunque se tratara de un precio especulativo en contra de la economía familiar, como sucede ahora con el huevo.

Si ante lo que está pasando usted le reclama a la Profeco –creada precisamente para proteger al consumidor– su nula acción, se va a dar cuenta de que, además de no contar con recursos para controlar la especulación de los precios, tiene terminantemente prohibido fijar precios tope a producto alguno. ¿Sabe usted cuánto nos cuesta tan aparatosa como inútil institución?

Este es un caso palpable de cómo los gobiernos neoliberales privilegian el libre mercado, el libertinaje de los especuladores, así se estén llevando de encargo a toda la sociedad, donde, como siempre, los más afectados son los que menos tienen.

Dado el afán de lucro que prevalece en el sistema económico y la recurrente voracidad de quienes medran a costa del pueblo, el nuevo gobierno de la República tendrá que revisar el modelo económico prevaleciente. Ningún mercado funciona a la perfección y sí, en cambio, está probado que en la medida en que los gobiernos se abstienen de orientar, apoyar y fomentar a la economía y se niegan a corregir sus desviaciones, los mercados se distorsionan, se generaliza la pobreza, las desigualdades se ahondan y se agrava la injusticia social.
19 Agosto 2012 03:00:30
Un gobierno empeñado en volver a la paz
El gobernador Rubén Moreira tiene un estilo muy personal de gobernar. Primero porque le gusta diseñar agendas donde son más las cosas por hacer que las horas del día. Se mueve por todos los rincones del estado. Amanece en Monclova, se va a Torreón y termina el día en Piedras Negras. En ese lapso seguro que inauguró obras y eventos, se reunió con grupos de empresarios o de campesinos, dio tres o cuatro conferencias de prensa. Le gusta conversar con gente de cualquier clase social, ante la que expone sus ideas con el ánimo de confrontarlas y discutirlas con entera libertad hasta llegar, las más de las veces, a un consenso constructivo. Sabe recular cuando se convence de la razón de los demás. Ante sus gobernados, ante sus colegas y a nivel nacional, le gusta ir a la vanguardia con planteamientos audaces, modernos y, sobre todo, con nuevos proyectos.

Ante el Congreso del Estado ha impuesto una nueva modalidad: presentar personalmente sus iniciativas, exponer con detalle sus motivos y explicarlas ampliamente con el deseo de que, con conocimiento de causa, sean discutidas y, en su caso, aprobadas. En este año el Gobernador ha visitado al Congreso en cinco ocasiones: el 1 de enero, con motivo de la instalación del Congreso; el 19 de febrero para presidir la Sesión Solemne en honor del Ejército; el 22 de mayo para presentar 11 iniciativas; el 6 de junio para celebrar un diálogo con los diputados, y el 6 de agosto para presentar un paquete de quince iniciativas. En total el Ejecutivo ha presentado treinta y siete iniciativas, de las cuales se han aprobado dieciocho estando el resto en discusión en las comisiones. Aunque oficialmente estamos en el período de receso, semanalmente nos reunimos once diputados miembros de la Comisión Permanente y, como tenemos muchas iniciativas en proceso, convocamos a un período extraordinario que reúne, también semanalmente, al pleno integrado por los veinticinco diputadas y diputados.

En cuanto a su contenido, puede afirmarse que las iniciativas cubren un amplio espectro de asuntos importantes para los coahuilenses, predominando las que tiene que ver con el fortalecimiento de las instituciones vinculadas a la seguridad pública y procuración de justicia, la protección del patrimonio de los coahuilenses, la educación, la salud, la administración pública, la vivienda, etcétera. Cada iniciativa responde a un problema específico, a una necesidad concreta que, para atenderla, es menester aprobar una nueva ley o reformar una existente.

No se necesita ser muy perspicaz para afirmar que estos son tiempos difíciles para gobernar, trátese del país, de un estado o de un municipio. La violencia se ha desatado; el crimen organizado, por encima de la autoridad y de las leyes, ha impuesto en algunos lugares su dominio; grupos de inconformes con su derrota electoral, intentan soliviantar el ánimo de quienes, incautos, caen en las redes de la confrontación demagógica; dada la austeridad a que obliga la escasez de recursos financieros los gobiernos cancelan miles de plazas, agravando el desempleo; paralelamente son corridos cientos de policías que no cumplen las normas de confianza, y la gente se queda con la certeza que muchos de ellos van a engrosar las filas de los malosos. En medio de todo esto, no son pocos los gobernantes que sufren el acecho de quienes se sienten menoscabados en sus acciones antisociales.

Por lo que toca a la seguridad pública, los diputados hemos apoyado unánimemente al Gobierno en su empeño de limitar las fuentes de “trabajo” y de ingreso de quienes actúan en contra de la sociedad. Se aumentan castigos, se controla el uso del suelo, se vigilan las operaciones de compraventa de muebles e inmuebles que puedan realizarse bajo presión, y se castiga severamente a quienes atenten contra la vida de militares, policías y periodistas o realicen secuestros o vendan clandestinamente bebida alcohólicas.

En este empeño, el Gobierno no hace otra cosa que responder al grito de auxilio de la sociedad. Llegarán mejores tiempos cuando podamos vivir en paz. Eso nos va costar mucho esfuerzo, pero en la medida en que todos actuemos solidaria y fraternalmente, más pronto llegaremos a la Tierra Prometida.
12 Agosto 2012 04:09:12
Un triunfo glorioso
Estas mis notas dominicales casi siempre las he dedicado a hacer comentarios sobre temas políticos. Al leer la prensa y escuchar la radio y la televisión, concluí que pareciera que hemos caído en un pozo discursivo, fútil y hueco del que nos es imposible salir. La verdad es que cada vez que se vuelve a tocar el tema, nos hundimos más en lo insubstancial.

Tengo la certeza de que mucha gente está cansada de tantos dimes y diretes fútiles y que ya está harta de escuchar una y otra vez la cantaleta antipeñista de López Obrador y de su comparsa Ricardo Monreal, otrora destacado pri’ista y ahora obstinado vociferante perredista.

Más que volver a extraviarnos por los erráticos caminos de la politiquería, hoy es día de celebrar el fabuloso triunfo de nuestro equipo de futbol olímpico, al ganar invicto la medalla de oro en Londres. Comenzamos empatando con Corea, pero le ganamos a Gabón, a Suiza a Senegal, a Japón y nada menos que a Brasil. México sumó 12 goles a favor y se dejó anotar sólo 4. Estos jóvenes mexicanos jugaron con talento, decisión y coraje. Jamás se dieron por derrotados, ni cuando Japón se adelantó metiéndonos un gol tempranero.

En los primeros tres juegos, nuestros rivales no pudieron violar la portería que defendió heroicamente Corona. El resto del equipo brilló intensamente, igual atacando que defendiendo. Demostraron que las ansias de triunfo no riñen con la limpieza y la caballerosidad.

Esta victoria de México nos emociona y nos conmueve intensamente, porque en futbol olímpico jamás habíamos llegado ni siquiera a cuartos de final. Pero más allá de su grandeza, este triunfo tiene un gran significado para un pueblo que, en su mayoría, pobre y humilde, arrastra secularmente algo parecido a cierto complejo de inferioridad. Así lo dijo el filósofo mexicano Samuel Ramos en su libro clásico “El Perfil del Hombre y la Cultura en México”.

Este triunfo es como si a ese pueblo humilde, en su largo e infructuoso caminar en busca de su felicidad, donde sólo ha encontrado injusticias y penuria, le llegara un maná del cielo, aquél milagroso manjar con que Dios supo alimentar al pueblo de Israel que, famélico y agotado, andaba extraviado en el desierto.

Ojalá esta inefable y rotunda victoria sirva para elevar el ánimo del pueblo. Que se convenza de que con esfuerzo, perseverancia e inteligencia podemos alcanzar la cumbre del éxito.

Que por más obstáculos que se nos opongan y más desengaños que suframos, el triunfo está ahí, a donde sólo se llega con decisión y firmeza de carácter. Así nos lo han demostrado estos valerosos jóvenes futbolistas mexicanos.

En un país donde son más los fregados que los pocos privilegiados, donde el pueblo carga a cuestas una historia milenaria de pobreza, injusticias y fracasos, una victoria tan valiosa como la obtención de una medalla de oro en Wembley, la más conspicua cancha de futbol del mundo, es como una bocanada de oxígeno en medio de la atmósfera más contaminada.

Es un nuevo aliento a la esperanza que nos permite volver a soñar que no están lejanos los días en que este país reencuentre la paz, la solidaridad humana y la fraternidad.

Lo mejor de todo es que esta medalla de oro nos comprueba que hay jóvenes de una nueva generación que, con su capacidad y entrega han demostrado ser de los mejores del mundo, colocándose en el pináculo de la gloria.

Sería ilusorio pensar que este memorable triunfo, por sí sólo, va a transformar a nuestra sociedad. Pero es un claro indicio de que no todo está perdido, que todavía podemos deshacer entuertos y enmendar equívocos. Que nuestros jóvenes constaten que el éxito está al alcance de su mano si se mantienen alejados del vicio y de la delincuencia.

Enhorabuena México.
05 Agosto 2012 04:10:18
Idealismo e ingenuidad
A raíz del triunfo del PRI en las recientes elecciones presidenciales, arreciaron los embates de los partidos de la llamada “izquierda” en contra del abanderado de los revolucionarios, Enrique Peña Nieto. En ese grupo destacan algunos jóvenes de la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México, quienes, en una visita del candidato priísta a sus instalaciones, lo maltrataron y lo agredieron verbal y físicamente.

Ante un desafortunado comentario surgido desde el interior del PRI, relativo a que se trataba de no más de 132 muchachos “acarreados” por el PRD, se soliviantaron los ánimos, respondieron airadamente y se le fueron a la yugular a Peña Nieto. En corto tiempo se sumaron estudiantes de otras universidades y se agudizó el encono antipeñista. Todo indicaba que el descontento podría convertirse en un movimiento universitario de gran trascendencia.

La lucha del #132 se enderezó contra algunos medios de comunicación por su parcialidad en el manejo de la información, contra las empresas encuestadoras acusadas de manipular sus datos y, abierta y descarnadamente en contra del candidato priista, triunfador en las elecciones. Según sus promotores, se trataba de un movimiento apartidista, sólo impulsado por un afán de justicia y limpieza electoral. Sin embargo al poco tiempo fueron apareciendo indicios de que tal movimiento contaba con recursos y apoyos de conspicuos perredistas.

Es desalentador que un movimiento estudiantil que se pensó idealista y limpio, se contaminara políticamente. A pesar de ello, no han faltado quienes, tras sesudas reflexiones, comparan a este movimiento con otros de verdadera trascendencia política.

El de 1968 fue un movimiento que acabó por cimbrar desde sus raíces al sistema político nacional. Con orgullo recuerdo mi personal participación en el Comité de Huelga como representante del profesorado del Colegio de México, acreditada institución de postgrado. Desde luego que aquél movimiento no estuvo exento de manipulaciones ni de interferencias de todo tipo, incluyendo intereses internacionales contrarios a la estabilidad del país. Pero hasta el último momento se mantuvieron firmes los objetivos originales: la lucha contra el autoritarismo y a favor de la democracia. Aquellos eran tiempos de un partido hegemónico, del presidencialismo exacerbado que arrollaba a los otros Poderes de la Unión y vulneraba los principios del federalismo, pues el país se gobernaba autárquica y centralmente.

Tanto por la claridad de sus objetivos como por su trágico desenlace, el movimiento del 68 no fue en vano. No tardó mucho en que el sistema político comenzara a transformarse y avanzara la democracia, empezando por una profunda reforma electoral cuyo proceso de perfeccionamiento aún continúa.

Sería bueno que los jóvenes de #132 analizaran los movimientos estudiantiles, a partir de la primavera del 68 en Francia. Recientemente surgió el de los llamados “indignados” cuyo bagaje ideológico y bandera de lucha está contra el liberalismo inhumano y promotor de enormes desigualdades económicas, políticas y sociales.

Me da por pensar que a veces van de la mano el idealismo y la ingenuidad. La última puede curarse con el tiempo y con los carajazos de la vida, pero es bueno mantener vivos los ideales. Aquellos que nos inspiran para luchar por la libertad y la justicia y por la igualdad social.

Si los jóvenes quieren realmente abanderar verdaderas causas, hay un campo enorme para seguir en la lucha por un mundo mejor. El sistema económico prevaleciente es el origen de muchos males e injusticias. Hay que cambiar desde sus raíces el modelo neoliberal que mantiene principios que privilegian al libre mercado y al capital y que nos conduce fatalmente a vivir en un mundo cada vez más inseguro, más contaminado y más empobrecido.

Esa sí es una verdadera causa para luchar. Levantar la bandera de los derechos humanos en un nuevo constitucionalismo construido a partir de los derechos fundamentales, que a todos nos obligue a proteger, fomentar, promover y respetar los derechos humanos, tal como lo expresa la última gran reforma de nuestra Constitución.
29 Julio 2012 03:00:39
En la coyuntura del desastre
Una vez más, a causa a una elección presidencial, México podría considerarse “país en vilo”, parafraseando aquella memorable obra maestra de la microhistoria de don Luis González, “Pueblo en Vilo”, deliciosa crónica de los avatares de la gente de San José de Gracia, Michoacán.

Manuel López Obrador, sofista consumado, vuelve de nueva cuenta a poner en entredicho la voluntad popular, a retar a las instituciones, a torpedear la gobernabilidad y a poner en riesgo la estabilidad de la nación. Habría que reconocerle, quién lo duda, su maestría para tergiversar hechos, convencer con calumnias, soliviantar los ánimos populares y manipular conciencias.

Inconforme ante su aplastante derrota en las urnas, el tabasqueño ha vuelto a las andadas. Sin el recurso del fraude, ahora exige la invalidez de las elecciones presidenciales, alegando compra de votos a favor de Peña Nieto y un gasto desorbitado en la campaña del priísta. Paja en el ojo ajeno, viga en el propio. Aunque ha prometido no salirse del marco legal, sus argumentos y su convocatoria al enfrentamiento anarquizante son una provocación que en muchos de sus seguidores se transforma en rechazo a las instituciones y en un odio irracional contra el PRI y su candidato presidencial.

El Tribunal Federal Electoral, máxima autoridad jurisdiccional en la materia, tiene en sus manos resolver las impugnaciones y emitir el fallo respecto al resultado electoral, ambos en forma definitiva e inatacable. De esta manera se da carácter definitorio a las distintas etapas del proceso electoral y se garantiza la protección de los derechos político-electorales de los ciudadanos.

Ante la desmesura del planteamiento de AMLO, habría que hacer varias consideraciones. Los organismos electorales y sus atribuciones, producto de una larga cadena de reformas, están planteados a partir de la desconfianza surgida desde los tiempos de la democracia “dirigida”, del partido hegemónico, del presidencialismo a ultranza. Fue ardua la lucha por crear, fuera del gobierno, un árbitro electoral, objetivo, justo y transparente. Luego ciudadanizarlo para más tarde despartidizarlo. Aunque esto último aún no se haya logrado, es evidente el avance democrático electoral. Quizá no haya en el mundo proceso electoral tan vigilado y observado como el nuestro, ya que miles de ciudadanos y de representantes de todos los partidos políticos intervienen directamente en las votaciones, especialmente en las presidenciales.

A pesar de todo, subsisten las acusaciones, se demanda transparencia, se exige el cumplimiento de la ley y… que se anulen las elecciones. Quiérase que no, esta exigencia pone al Tribunal en una disyuntiva histórica: si se desechan por inválidas o débiles las acusaciones, se levantará el encono de los radicales, con consecuencias imprevisibles. Si se aceptan los reclamos y se anulan las elecciones, el problema político será mayúsculo: el Congreso de la Unión tendría que elegir a un presidente interino quien, a los 14 meses tendría que convocar a nuevas elecciones.

La anulación de la elección presidencial equivaldría a reconocer el fracaso de todo un esfuerzo por perfeccionar nuestra democracia, que viene desde los tiempos de López Portillo. Sería un enorme desaliento para los millones de mexicanos que acudimos a votar libremente. Se daría origen a una etapa de incertidumbre jurídica y política que podría alterar brutalmente la paz pública. Ni siquiera imaginar la radicalización entre los partidos políticos, en el Congreso de la Unión y entre los diversos gobiernos estatales y municipales.

Las consecuencias económicas serían fatales. Si es cierto que el capital es uno de los factores de producción más pusilánimes, una vez anuladas las elecciones presidenciales, olvidémonos de las inversiones, nacionales o extranjeras, con el consecuente estancamiento económico, déficit presupuestal y de balanza comercial, pérdida de empleos y agravamiento de la pobreza.

Aunque el PRI haya ganado las elecciones, sin mayoría en el Congreso de la Unión, no le será fácil lograr que uno de sus correligionarios asuma, aunque fuera interinamente, la Presidencia de la República.

¿Quieren seguirle apostando a la anarquía y al derrumbe nacional?
08 Julio 2012 03:00:45
Es la hora de la sensatez
En otras circunstancias y con otros actores políticos, la cuestión electoral debiera ser ya capítulo cerrado. El presidente virtual estaría integrando su equipo de transición, amarrando alianzas, preparando su programa de gobierno, buscando a las y los mejores mexicanos para integrar su equipo de gobierno, todo en un ambiente de paz y tranquilidad.

Desgraciadamente en México las cosas no son así, en especial desde que entró al escenario político el señor Andrés Manuel López Obrador, hábil para construir mitos y sofismas y soliviantar ánimos, sembrar odios y discordias y lanzarse a una lucha ilegal exigiendo imparcialidad y equidad, con argumentos poco convincentes.

Una persona inteligente y ecuánime, equilibrada mental y emocionalmente, segura de sí misma, suele ser tolerante. Un buen político ha de ser hábil para interpretar los tiempos y comprender las circunstancias. Debe lanzarse a la lucha por la causa que le parezca justa y conveniente, pero, llegado el momento, debe saber cómo construir acuerdos y consensos, bajo la premisa de las conveniencias recíprocas.

López, sin duda alguna, es un hombre de temperamento tropical. Antes que reflexivo, le gana la fogosidad. Pero como viejo político, ya debería haber aprendido a soterrar sus defectos y a superar sus limitaciones. Su actitud contraria a toda lógica lo está llevando a una polarización tan extrema que llegará un momento en que a él mismo le impida encontrar una salida digna.

Andrés Manuel está en su derecho al pataleo. A lo que no tiene derecho es a sembrar el odio entre jóvenes que, dado su idealismo e inexperiencia, se dejan arrastrar a una lucha digna de mejor causa. Esos jóvenes, ahora engañados, mañana, cuando se den cuenta de su equivocación, quizá será demasiado tarde para incorporarse exitosamente a las instituciones del sistema político y del gobierno.

Tampoco tiene derecho a arrastrar tras de sí a miles de hombres y mujeres que integran ese amorfo grupo que se postula ideológicamente como el ala izquierda. Ahí hay intelectuales valiosos cuyos ideales siempre han sido respetables y que, en lugar de montarse en una lucha extra lógica, deberían continuar su batalla desde las trincheras que ha construido nuestra democracia.

México necesita que cada vez un mayor número de jóvenes se incorpore a la lucha política, con rebeldía ante la injusticia, con actitud crítica frente a las imperfecciones de nuestra democracia, pero que lo hagan cada vez mejor preparados culturalmente, políticamente, con actitud creativa.

Las mujeres y los hombres de izquierda son cada vez más necesarios en un mundo neoliberal en el que poco importan la pobreza y la desigualdad, donde la cultura se relega y se promueve una educación deshumanizada, cuyo único propósito pareciera ser el aumento de la eficiencia de los mercados globales del capitalismo contemporáneo.

Sería una desgracia que jóvenes mexicanos crecieran envenenados por el odio a las instituciones y a quienes, bien o mal, las representan. Sería fatal que los jóvenes de hoy, hombres de mañana, se formaran con la convicción de que la única manera de cambiar las cosas ha de ser por la vía del enfrentamiento y la anarquía. Esa lucha no tiene posibilidad alguna de éxito. Cuando se desengañen quizá sea demasiado tarde para incorporarse constructivamente a la lucha institucional y democrática.

Por otra parte, someter a una exagerada presión a las izquierdas del país equivale a hacerlas correr el riesgo de su marginación y hasta de su aniquilamiento. México los necesita. En muchas ocasiones, ellos han sido la conciencia que ha evitado desmanes autoritarios y trágicas injusticias.

Para los líderes sociales, para los partidos políticos y para todas las corrientes ideológicas, es la hora de actuar, sí con firmeza, pero con sensatez. Sí decididos a sacar adelante a algún candidato, pero sin abandonar la razón ni la ecuanimidad. Es la hora de los acuerdos, de los arreglos entre un gobierno que culmina y otro en gestación. Sus enfrentamientos de ayer deben disolverse bajo el influjo de la cordura y de la sensatez. Los gritos de la intolerancia son chillidos de la sinrazón y la impotencia. No provoquemos al México bronco.
01 Julio 2012 03:00:02
Como el ave Fénix
La historia –o quizá sea leyenda— habla de que los aztecas, raíz de nuestra raza, dividían el tiempo en siglos; cada siglo duraba 52 años, a cuyo término quemaban y destruían cosas, como símbolo de que se cerraba un período. El día inaugural del nuevo siglo encendían, con una renovada esperanza, el fuego nuevo.

Al paso de muchos años, los descendientes de aquella orgullosa estirpe conservamos aún, de alguna manera, tan singular tradición. Sólo que aquel siglo cincuentenario lo redujimos a un sexenio. Esto es así, porque los mexicanos de estos tiempos enterramos, para el olvido, al gobierno que termina y, en aras del nuevo, optimistas irredentos, volvemos a encender el nuevo fuego de la esperanza.

Cuando el entonces panista Vicente Fox se llevó de calle a Francisco Labastida, quienes votaron por la alternancia lo hicieron insuflados por el más vivo anhelo de que las cosas cambiarían. En cada ciudadano podía verse el vivo rostro de la esperanza en plenitud. “Habría menos corrupción”, pensaron, “más desarrollo, menos pobreza, más justicia, menos autoritarismo, más democracia…” y así, más de lo bueno y menos de todo lo malo que habíamos sufrido… “en 70 años de gobiernos priístas” (Fox dixit).

Sin embargo, el cocacolero confundió la Presidencia de la República con una gerencia de publicidad y las cosas no cambiaron para mejor, sino todo lo contrario. En lugar de un estadista nos resultó un hombre limitado de talento y lleno de ocurrencias que acabó sometido al dominio de una esposa a quien el poder le fascinaba. La alternancia no devino en transición y el fuego nuevo que encendieron sus votantes acabó en cenizas inútiles en el pebetero del desaliento.

Calderón, su sucesor, en la elección más cerrada de todos los tiempos, se impuso sobre un contrincante que había explotado con gran éxito tanto el fracaso del primer presidente panista, como la negra historia que han dado por endilgarle al PRI. Al candidato priísta le pasó lo mismo que a su antecesor: le faltó enjundia y se hundió en la mediocridad.

Ya con Calderón en la silla, los vientos que atizaban al fuego nuevo acabaron en ventarrones erráticos: la economía se estancó, la pobreza se generalizó, cundió el desempleo; muchos jóvenes, sin empleo ni oportunidad para el estudio abandonaron el país o engrosaron las filas de los malos. Decayeron la educación, la ciencia, la técnica y la cultura. La salud se mejoró publicitariamente, pero las instituciones encargadas de atenderla carecieron de recursos. El gobierno, en lugar de fortalecer a las instituciones de procuración de justicia, le declaró la guerra al crimen organizado, desatando tanta violencia que nos ha colocado como a uno de los países más inseguros del mundo.

Se cumple un ciclo. El que está por terminar se va convirtiendo en cenizas y, nuevamente esperanzados, nos aprestamos a juntar la leña para encender el fuego nuevo.

Sin duda alguna, llegará a la Presidencia un joven político que ya fue gobernador, diputado federal y líder indiscutible al frente de millones de mexicanos que esperan anhelantes su triunfo. Enrique Peña Nieto, al asumir la Presidencia, adquirirá un enorme compromiso no sólo con quienes votaron por él, sino con la historia. Y no es para menos: encabezar un gobierno emanado de un partido tan vituperado y al que tanto daño le han hecho propios y extraños, no es poca cosa.

El éxito será suyo en la medida en que cumpla sus compromisos de reconstruir la economía, gobernar con eficiencia y sentido humano, abatir la corrupción, rescatar la soberanía alimentaria, derrotar al crimen organizado e impulsar un nuevo modelo educativo integral que haga de cada mexicano un ser responsable y competitivo. Que el nuevo presidente vea en cada uno de nosotros, sin reparar por quien votó, y cualquiera que sea la clase social, al hermano a quien hay que apoyar. Que luche por la igualdad, la libertad y la justicia. Sus peores enemigos no serán sus rivales. Tendrá que descubrirlos entre la pléyade de acomodaticios y lambiscones que sólo lo buscarán para satisfacer su codicia.

¡Bienvenido el fuego nuevo! Bienvenido el nuevo gobierno. Que la esperanza que ahora nos anima, se convierta en una realidad de paz y bienestar para todos los mexicanos. Que así sea.
24 Junio 2012 03:00:13
El balance de una campaña
A una semana de las elecciones presidenciales, es oportuno hacer algunas reflexiones sobre hechos relevantes asociados a este proceso electoral. Cabe anotar que esta es la segunda ocasión en que el PRI compite sin el apoyo del aparato gubernamental y, a diferencia de lo que sucedió hace seis años en que no solamente perdió, sino que quedó en tercer lugar, en esta ocasión la mayoría de las encuestas prevén el triunfo que le permitirá recuperar el poder.

Enrique Peña Nieto ha punteado, de principio a fin, prácticamente en todas las encuestas. Ha sufrido, impertérrito, los ataques más feroces de sus rivales: le han organizado grupos que violentamente se han manifestado en su contra; lo han hecho culpable de los errores del “viejo PRI”; produjeron una película sobre el asesinato de Colosio con un propósito evidentemente electoral, más que artístico o cultural; otra película para soliviantar el ánimo de los católicos fue la de “La Cristiada”, aquella negra etapa cuando el clero y el Gobierno llegaron a las armas para dirimir sus diferencias; algunos interpretaron que el arreglo de la visita del Papa, a unos meses de las elecciones, tuvo el propósito de apretar las filas panistas, en el corazón de la región cristera; trajeron de Estados Unidos a un empresario impostor para que levantara una denuncia en su contra; en sus spots, asociaron a Peña Nieto con las figuras más polémicas del mundo político del pasado; publicaron libros, crónicas, columnas y libelos para deteriorar su imagen, y muchas cosas más de una lista interminable. Las guerras sucias denigran a la política, en especial a quienes las promueven. Son producto de la estulticia, la perversidad y la pequeñez.

Cabría la pregunta: ¿De qué está hecho Peña Nieto, que jamás pudieron desbancarlo del liderato? La respuesta tiene que ver con sus cualidades personales, su éxito como gobernador de estado, su juventud y la entereza con que ha hecho frente a los ataques en su contra; la amplia gama de propuestas, la fortaleza de su partido, la discutible calidad de sus adversarios, el descontento popular con el gobierno de Calderón, los casos de ineptitud y de corrupción de algunos colaboradores del Presidente, la debilidad de los partidos opositores al PRI, y un largo etcétera.

Veamos ahora el tema de los debates. En ambos Peña demostró ecuanimidad y sensatez. No desperdició el tiempo en ataques, lo aprovechó para hacer propuestas con miras al gobierno que aspira a encabezar. Habló de un cambio no sólo de estafeta, sino de fondo, desde una concepción diferente sobre el Estado mexicano, hasta el diseño de políticas públicas para superar problemas específicos en materia de empleo, educación, salud, medio ambiente, entre otras. Sus proyectos los planteó como una respuesta específica ante problemas concretos.

La candidata del PAN jamás se enteró que debería asumir el papel de una verdadera aspirante al máximo cargo político del país, cuando menos para guardar las apariencias. Si hubiera estudiado a mujeres estadistas como Golda Meier, Margaret Tatcher, la Bachelet, Miriam Cardoso, o inclusive a Cristina Kirchner, quizá hubiera hecho un papel más decoroso, en lugar de dedicarse a hacer impugnaciones groseras a sus contrincantes.

Andrés Manuel fue la viva incongruencia personificada. Consciente del mal sabor que su actitud belicosa y anarquizante provocó en su anterior campaña, ahora la comenzó bajo una piel de corderito, amoroso y tolerante. Pero en la medida en que vio que no repuntaba, volvió a aparecer el mesiánico, el intolerante, el demoledor de instituciones. Ahora sus correligionarios ya amenazan con el desconocimiento de los resultados electorales, si pierde su candidato.

El aspirante Quadri cumplirá su meta si logra conservar el registro de su partido, con un mínimo de 2% de la votación. Fuera de ello, todo lo que diga o haga, es intrascendente. Ahí la dejamos.

En fin, cada candidato sumó y restó lo que su habilidad política le permitió. Cuando Peña Nieto asuma el poder y nos gobierne como un estadista lúcido y valeroso, el pueblo comprobará que el regreso del viejo PRI autoritario y corrupto no fue más que una leyenda negra de quienes, sin talento ni actitud constructiva, sólo fueron capaces de atacar con agresiones vulgares.
17 Junio 2012 03:00:08
La plataforma ideológica del partido de los revolucionarios
La plataforma ideológica de los partidos políticos no es otra cosa que la doctrina política sobre la que se sustentan las creencias y los valores respecto de los fenómenos humano y social. Es el andamiaje sobre el cual cada partido construye su estrategia de lucha, plantea sus metas, diseña objetivos, propone políticas, adopta compromisos y, supuestamente, selecciona sus candidatos.

En la entrega anterior escribimos algo sobre la plataforma del primer partido de los revolucionarios, el PNR, fundado durante el maximato de Calles, en 1929, al término del primer sexenio presidencial durante el cual gobernaría Álvaro Obregón, quien no alcanzó a cumplirlo dado su asesinato, a manos de un católico fanático, en 1928.

En 1934, apoyado por el general Calles, asumió la presidencia el joven general Lázaro Cárdenas quien, al poco tiempo, se iba a desembarazar del Jefe Máximo para asumir a plenitud su poder presidencial. Para lograrlo, Cárdenas tenía que remover de sus puestos a todo aquél que, vinculado políticamente con Calles, desempeñara algún cargo estratégico. Así, muchos fueron despedidos, otros renunciaron y otros más pidieron licencia para separarse de sus cargos. Así sucedió con gobernadores, jefes de zona militar, diputados, senadores, secretarios de Estado, etcétera. Un cambio que no podría escapar a la renovación política era precisamente el del partido que había fundado Calles, el PNR. Así, impulsado por Cárdenas, se creó un nuevo partido, el PRM, Partido de la Revolución Mexicana, en 1938, durante el segundo trienio del período cardenista.

En la Declaración de Principios el nuevo partido reiteró la tendencia socialista del PNR: la lucha de clases, la unificación y emancipación proletaria, la huelga como derecho indeclinable de los obreros y la cancelación del arbitraje obligatorio, la educación socialista, el trabajo colectivo en el campo y la profundización del reparto agrario.

El PRM sobrevivió hasta enero de 1946, último año del sexenio del presidente general Manuel Ávila Camacho cuando ya andaba en plena campaña el candidato presidencial, licenciado Miguel Alemán Valdés, primer presidente civil que tendría México, después de la Revolución. Un grupo integrado por los más destacados líderes de todos los sectores del PRM se reunieron a efecto de declarar que era tiempo de crear un nuevo partido. Para el efecto, la Asamblea del PRM se convirtió en Convención Constituyente del Partido Revolucionario Institucional, cuyo lema sería “Democracia y Justicia Social” y que aprobó una Declaración de Principios que, en términos sucintos planteó: a) aceptar el sistema democrático como forma de gobierno; b) luchar permanentemente por la justicia social; c) fortalecer al ejido; d) reconocer el derecho de los trabajadores a la sindicalización, a la contratación colectiva, a la huelga y al seguro social; d) fortalecer la soberanía de la nación sobre los recursos del subsuelo; e) dirigir la educación pública; f) defender la libertad de pensamiento, de expresión, de asociación, de creencias y de acción política y económica; g) depurar al gobierno bajo principios de moralidad; h) reconocer la lucha de clases y el derecho de los trabajadores a contender por el poder político; i) colocar a la mujer en un plano de derecho y prerrogativas idénticas a las del hombre; j) incrementar la productividad del campo con base en la educación y capacitación técnica; k) impulsar a los grupos aborígenes integrándolos a la vida económica y social; l) desarrollar el sistema cooperativista; m) impulsar programas de vivienda para mejorar el bienestar y la salud de las clases populares; m) auspiciar la intervención del gobierno para evitar el alza inmoderada de los precios; n) impulsar las comunicaciones para el desarrollo de la economía y la cultura del país; o) orientar a la enseñanza con criterio avanzado y nacionalista, como lo establece la Constitución; p) mejorar la administración de justicia; q) apoyar a las democracias y a los pueblos débiles; r) mejorar técnica y económicamente a los miembros del ejército nacional; s) reconocer los derechos específicos del sector juvenil y apoyarlos en su organización y unificación; t) impulsar la instrucción militar de los jóvenes para capacitarlos en caso de que fuese necesario salvaguardar la integridad de la nación.

Hace tres años el PRI se declaró social demócrata. Ya explicaremos algo al respecto.
10 Junio 2012 03:00:36
Un poco de historia, no cae mal…
Ha sido tal el embate, en los últimos años, contra la política y contra los partidos políticos y sus ideologías, que hablar de tales temas a más de uno le parecería inútil. Sin embargo, a unas semanas de que se lleve a cabo la “madre de todas las elecciones”, no parece ocioso recapitular sobre lo que es la plataforma ideológica de los partidos contendientes, ya que es el documento que representa la base sobre la cual cada candidato de cada partido –se supone– construye la argumentación con la que pretende convencer a la ciudadanía para que voten por él, y no por otro. Tal tema es el asunto sobre el cual pretendo elucubrar, aunque sea someramente, en esta entrega.

Comenzaré por el históricamente más antiguo y más influyente que ha tenido México, el Partido Revolucionario Institucional, aunque por haber cambiado su nombre en dos ocasiones, la última en 1946, se le coloca después del Partido Acción Nacional, creado en 1938.

Aunque a veces se confunden la historia y la leyenda, se cuenta que el general Plutarco Elías Calles, quien había ocupado la Presidencia de la República de 1924 a 1928, creó, en marzo de 1929, el Partido Nacional Revolucionario, como una medida urgente para evitar la polarización política que por aquellos tiempos se agravaba, a raíz del asesinato del general Álvaro Obregón, quien había sido reelecto unos meses antes.

La voz del pueblo acusaba a Calles de haber sido el autor intelectual de aquel magnicidio. El mundo se le vino encima al presidente saliente, por lo que tuvo que echar mano de toda su sagacidad para superar aquella crisis, pues el pueblo entero amenazaba con levantarse en armas. Calles invitó a un político joven, cercano a Obregón para que se hiciera cargo, provisionalmente, de la Presidencia: el tamaulipeco Emilio Portes Gil. Las cosas se calmaron momentáneamente, aunque no era fácil manejar políticamente al país con la diversidad de partidos regionales, grupos políticos, poderosos caciques y un Congreso donde diversos bloques competían por el control de las cámaras.

El destino puso en manos de Calles todo el poder político. Como no faltó algún adulador que lo llamara “Jefe Máximo de la Revolución”, el interregno sexenal hasta 1934 fue conocido como “maximato callista”. Con esta autoridad superlativa, Calles decidió crear un partido político nacional que absorbiera a los partidos regionales, que aglutinara a las diversas corrientes y fuerzas políticas del país y que sometiera a su autoridad política a caciques, gobernadores, diputados y senadores. En poco tiempo, el que parecía ser un país ingobernable y anárquico, se fue serenando y las aguas, antes turbulentas, fueron tomando su cauce.

Dos años después, Portes Gil convocó a elecciones y asumió la Presidencia el ingeniero y general Pascual Ortiz Rubio quien, el mismo día que rendía su protesta en la Cámara de Diputados, sufrió un grave atentado. Era tan evidente el sometimiento de Ortiz Rubio a Calles que no resistió la presión, por lo que dejó la Presidencia en septiembre de 1932. Para concluir aquel sexenio fue llamado el general Abelardo L. Rodríguez, sonorense como Calles.

Habíamos quedado en que en 1929 fue creado, en Querétaro, el Partido Nacional Revolucionario, siendo electo como su primer presidente el general coahuilense Pérez Treviño. Ahí se aprobó su plataforma política que postulaba el régimen democrático, la construcción de una sociedad igualitaria, el acceso de la mujer a la vida cívica, la emancipación de los trabajadores, los derechos del proletariado, la lucha de clases y la soberanía nacional, base de nuestra política internacional. Planteó una nueva organización económica del país y una política financiera eficaz, a efecto de sanear las finanzas del país; expresa su lealtad a la Constitución de 1917 y proclama como fundamentales sus artículos 27 y 123.

En esta plataforma del primer partido político de los revolucionarios hay un trasfondo social demócrata, con cierta orientación socialista. Una ideología evidentemente de izquierda, definida y concisa que sería revisada nueve años después, en pleno ejercicio presidencial del general Lázaro Cárdenas, capítulo que abordaremos en la siguiente entrega, D. M.
03 Junio 2012 03:00:12
Estado de derecho y gobernabilidad
A partir de una convocatoria del Ejecutivo de Coahuila, los tres poderes del Estado habremos de iniciar esfuerzos coordinados, apoyados en una amplia consulta ciudadana para impulsar una “Reforma del Estado de Derecho y la Gobernabilidad Democrática”. Con tal propósito, esta semana se integrará un Consejo Interinstitucional y el Gobernador dará la voz de arranque para la realización de tan loable proyecto.

Cobra singular importancia que en la época en que el neoliberalismo ha sentado sus reales prácticamente en todos los rincones del mundo, un gobierno se preocupe por la consolidación del estado de derecho, a partir de una reforma integral y modernizadora.

En el mundo globalizado y neoliberal, con el pretexto de que los mercados y la economía en general funcionan mejor sin la intervención del Estado, los gobiernos han ido cediendo facultades y atribuciones, no sólo en el área de la economía, sino en un campo muy amplio de la vida social.

Por si fuera poco, a este proceso de minusvalía del Estado se suma el descrédito en que en muchas partes han caído los poderes públicos, no sólo por las ineficiencias y errores de algunos políticos, sino por la incesante campaña que contra las instituciones de gobierno se fraguan desde las filas de los partidos opositores y de sectores a los que les convienen gobiernos decaídos, incluyendo aquí al crimen organizado.

Un Estado débil sólo es conveniente para ciertos sectores, cuyo enriquecimiento y conductas antisociales han tenido éxito gracias a la ilegalidad, la desregulación, la corrupción y la impunidad.

Para superar estas distorsiones y robustecer al Estado dentro del contexto de la más sólida legitimidad y limpia legalidad, el proyecto es de la mayor importancia para el sano desarrollo de la sociedad. He ahí la trascendencia del esfuerzo a que nos convoca el gobernador Rubén Moreira. Es una decisión que va a autolimitar sus acciones a la norma jurídica, a organizar su gobierno ajustando a la ley todas sus instituciones y a conformar una seguridad jurídica sobre la cual construir la confianza y la credibilidad de la sociedad.

El Estado de Derecho es aquél en que todas las instituciones de Gobierno se someten sin condición alguna a la acción omnicomprensiva de la ley. Los primeros constitucionalistas plantearon: “Gobierno de leyes, no de hombres”. Según Rodrigo Borja, el Estado de Derecho es la obra maestra del proceso constitucionalista. Y agrega: “El Estado de Derecho se construye a partir de la total racionalización de su hacer político con arreglo a un esquema lógico jurídico”.

En esta tarea, el compromiso no sólo es del Ejecutivo. El Poder Judicial tiene la obligación de castigar a quienes vulneran las prerrogativas de las personas, de restablecer los derechos atropellados y de ordenar el resarcimiento de los daños causados, todo sin interferencia alguna.

Por su parte, el Legislativo tiene el compromiso ante la sociedad de aprobar leyes que coadyuven a construir el bienestar presente y a auspiciar un futuro más promisorio. Que su conducta y decisiones se fragüen desde el interior de la conciencia de sus diputados y de su compromiso con la sociedad.

En un sistema republicano y federal como el nuestro, es indeclinable el respeto al principio de la división de poderes, elemento consustancial para la mayor eficacia del estado de derecho y de la gobernabilidad democrática. Esto permite el equilibrio de las fuerzas de los poderes y una distribución equitativa de funciones, atribuciones y responsabilidades entre los principales órganos del gobierno. Impide, además, que algún poder supedite a otro, o que pueda coartar por sí solo la libertad del pueblo.

La gobernabilidad que se plantea se asocia, dentro de un contexto democrático, a la capacidad de mando y de conducción política que ha de resultar de un diálogo abierto, constructivo y plural, entre la sociedad y el gobierno.

La era constitucionalista que ahora se inaugura, habrá de garantizar mayor libertad y justicia para todos los coahuilenses.
27 Mayo 2012 03:00:31
Un llamado a la cordura
Las campañas por la presidencia de la República ya rebasaron medio camino. Según la gran mayoría de las encuestas, aún se mantienen las mismas tendencias que se plantearon desde el principio. Quizá fue por eso que muchos comentaristas empezaran a desesperarse por lo “aburrido del proceso”, pues, afirman, cada uno de los candidatos ha mantenido, sin variación alguna, el mismo método de trabajo y los mismos discursos.

Han dicho que, mientras Peña Nieto ha limitado su campaña a “administrar” su ventaja, Josefina Vázquez no ha encontrado la forma de despertar un verdadero interés por su candidatura y que López Obrador, a pesar de que en un principio hizo votos por construir una “república amorosa”, en el debate volvió a aparecer, aunque ahora matizadas, sus amargas y rencorosas críticas contra todo aquello que contraviene a su muy peculiar forma de entender y resolver los problemas del país. Quadri, por su parte, sin despeinarse (¿se habrá peinado alguna vez?) sólo ha limitado sus esfuerzos a alcanzar el porcentaje indispensable para que pueda sobrevivir su partido.

Ni siquiera el debate entre los cuatro agregó sorpresa alguna, fuera de que los panistas se quedaron con las ganas de que Peña desbarrara. Todo lo contrario. Actuó con tal acierto que dos días después vio aumentada su ventaja sobre Josefina. Ella ha vuelto a cambiar de estrategia. Ahora trata de sacar ventaja de su calidad de mujer y ha recrudecido sus ataques en contra de Peña, lo que, aparte de exhibirla como una mujer obcecada, rebaja su calidad moral sin sumarle simpatías ni reducírselas a Peña. Ante tales resultados uno se preguntaría ¿Porqué insistir en una estrategia que no rinde frutos? Es el “síndrome Calderón”: voy de frente, tope donde tope…

Cuando todas las cosas marchaban en su parsimoniosa ruta, repentina y sorpresivamente surge un hecho que nadie su hubiera imaginado. La visita de Peña Nieto a una universidad privada provocó una sobrereacción de un grupo de malquerientes que prácticamente lo echaron de su casa de estudios. Ante tan inesperado evento, las reacciones fueron erráticas. Desde el PRI salieron algunos comentarios despectivos contra los estudiantes y, lo que en otras ocasiones se hubiera tomado a la ligera, en esta ocasión provocó una airada reacción contra Peña y contra algunos medios de comunicación, que, según los manifestantes, han tratado de manipular a la opinión pública para favorecer al candidato del PRI.

Ante el riesgo de que la cuestión estudiantil confundiera a algunos priístas, y de que la opinión pública y sobre todo los estudiantes pensaran que el candidato priista no le da importancia al tema, en el Consejo Político del PRI del pasado viernes, Peña Nieto agarró el toro por los cuernos y dejó en claro: a) que el movimiento estudiantil es genuino y respetable; b) que así lo reconoce, porque lo considera apartidista, y c) que ha llegado el momento en que el PRI escuche y abra sus puertas a los jóvenes. Hizo otros planteamientos importantes, como que jamás responderá a los ataques violentando las cosas y que ante cada ataque él responderá con una propuesta concreta.

El discurso de Peña Nieto del viernes pasado no tiene desperdicio. Sobrio y breve, cada frase, por su precisión y claridad, sonó como un veredicto. Él mismo se impuso el compromiso de hacer un gobierno democrático respetando las libertades religiosa, de expresión y de manifestación, compromiso que comprendió a la no discriminación, la transparencia y la rendición de cuentas. Reconoció que hay una exigencia de la sociedad: el cambio y, categórico, expresó que quienes no se comprometan con la honestidad y la transparencia ni piensen que serán llamados a su gobierno.

Al término del evento me di cuenta de la magnífica oportunidad política de ese evento del Consejo Político Nacional del PRI y, en especial, de plantear con toda claridad el posicionamiento de Peña Nieto. Son tiempos de turbulencias y, ante la guerra sucia y las provocaciones, hay que aclarar lo confuso, asumir posiciones verticales y hacer planteamientos rotundos.

Peña afirmó: “Es la hora de romper con el pasado… La modernidad política exige partidos democráticos y competitivos… No vamos a dividir a México… Juntos y unidos, vamos a cambiar a México”.
20 Mayo 2012 03:00:36
Elecciones cruciales
La disputa por el poder político en la que estamos inmersos por ahora, es una lucha que habrá de definir el porvenir de México como nación. Es necesario repetir esto cuantas veces sea necesario, ya que para muchos, la importancia de las campañas políticas se agota en el triunfo individual de su candidato, sin esforzarse por reflexionar si tal triunfo electoral podría o no repercutir en el destino de México.

Para ahondar un poco más en este tema, sería necesario remitirnos al análisis de la personalidad de cada candidato presidencial, de sus principales y más allegados colaboradores, así como revisar la plataforma ideológica de cada partido.

En cuanto al primer indicador, nos consta que la candidata de Acción Nacional abandera causas muy similares a las que ha perseguido el gobierno saliente, lo cual es perfectamente explicable, dada la pertenencia al mismo partido, a su identificación ideológica y a su compromiso político con quien le dio la oportunidad de avanzar en su carrera política. Por tanto, no cabría alimentar expectativa alguna de cambio ni en el modelo económico ni en las políticas públicas prevalecientes. O sea que difícilmente podrían superarse problemas tan graves como el raquítico desempeño económico, la inseguridad rampante, la desigualdad y la pobreza, el desempleo y la expansiva economía informal.

Por lo que toca al candidato de los partidos que se autopostulan de “izquierda”, el problema comienza desde cómo catalogarlo con certeza, ya que su actitud belicosa y anárquica de hace seis años, comparada con su estrategia actual, nos habla de un serio problema de incongruencia, de personalidad difusa o, lo que es peor, de un viraje –poco creíble–, hacia la tolerancia, lo que despierta una enorme desconfianza en el electorado. Habría qué reconocerle que es quizá el único aspirante que ya recorrió todos los municipios del país y que ya hizo público “su gabinete”, integrado por mexicanos de reconocido prestigio. Sin embargo, a pesar de su cambio, a nadie se le olvida la insolencia de aquellos desplantes cuando contendió por primera vez por la presidencia de la República. Por eso, más que un rival para quien va a la cabeza de las encuestas, su lucha se concreta a pelear por la segunda posición.

Al candidato líder habrá que reconocerle su habilidad política y su certera visión de lo que es, en cada una de sus etapas, una campaña presidencial. Desde el momento en que se conocieron sus aspiraciones, logró ubicarse en un alto lugar en las preferencias de la ciudadanía, para iniciar un ascenso que no ha tenido pausa, superando cada uno de los obstáculos que le han salido al paso. El principal de ellos, la tozudez con la que se le enfrentó el líder de Senado, con una innegable fuerza política al interior de su partido y un amplio historial político. Ha superado cada problema, incluyendo sus propios errores y, aunque los otros candidatos han dedicado más tiempo en atacarlo que en hacer sus propias propuestas, todavía les saca una considerable ventaja.

Un problema que puede generalizarse lo representan los grupos de universitarios que se dicen ofendidos por unas declaraciones del presidente nacional del PRI, referidas a los grupos que increparon a su candidato presidencial cuando visitó la Universidad Iberoamericana. Aunque da la apariencia de ser un problema manipulado, como quiera que sea, faltando sólo seis semanas para el cierre de las campañas, difícilmente podrán alterarse las tendencias.

Esta disputa política se va a resolver en contra del partido gobernante, porque ahora hay más pobreza, mayor inseguridad, el desempleo no ceja y la economía se desempeña precariamente. La Comisión Económica para América Latina, CEPAL, afirma que es la hora de la igualdad, de cerrar brechas. Y en México la única forma de lograrlo es con un gobierno distinto, que impulse un crecimiento económico competitivo, autónomo, con una visión de igualdad, de solidaridad, de mayor democracia. Donde la cancelación de la pobreza sea el centro de cualquier política pública.

El nuevo gobierno, lejos de reconstruir un estatismo autoritario, tendrá que asumir la responsabilidad de reconducir el desarrollo de la sociedad para alcanzar metas concretas de bienestar y de justicia.
13 Mayo 2012 03:00:14
Golpe de timón
Ante el cambio inminente de la estafeta presidencial, con la seguridad de que vuelve a Los Pinos un gobierno emanado del Partido Revolucionario Institucional, es oportuno expresar algunas reflexiones sobre la trascendencia de este giro político.

Este cambio coyuntural puede llegar a ser un cambio estructural trascendente, en la medida en que el próximo gobierno se decida a dar un giro profundo no sólo al modo de operar, sino a replantear, desde sus bases ideológicas y conceptuales, las tesis sobre las que habrán de diseñarse las nuevas políticas públicas.

El año 2000 fue el de la alternancia política. La mayoría ciudadana le dio la espalda al PRI por muchas razones sobre las que no viene al caso especular. Baste decir que nuestro candidato no logró convencer y que hizo mella en la conciencia del pueblo la magnificación de los errores de los últimos gobiernos priístas. Los electores pusieron su esperanza en un candidato bronco y tozudo, que, muy diferente al prototipo del político tradicional, despertaba simpatía.

Aunque hay un refrán que dice que “el pueblo jamás se equivoca”, la verdad es que muchos mexicanos estaban seguros de que la alternancia sería garantía de cambio para mejorar. La esperanza se frustró porque las cosas empeoraron. Vicente Fox pasó a la historia con más pena que gloria. Fueron célebres sus ocurrencias, como lamentable fue el papel de la mayoría de su gabinete. Si bien se mantuvo la estabilidad macroeconómica, la mayoría del pueblo se fue empobreciendo, la economía redujo su paso, el desempleo se generalizó, la economía informal de subsistencia se adueñó de las calles y cientos de miles de jóvenes se aventuraron a emigrar al país del norte, dadas las muy escasas las oportunidades para llevar una vida decorosa.

Al aproximarse la fecha del siguiente relevo presidencial nuestro partido se dividió. Un grupo de gobernadores, inconformes con la autopostulación del presidente del partido, se organizó para descarrilar la candidatura de Roberto Madrazo. Aquello acabó en un sainete y, aunque descabezados los insurrectos, fue imposible restañar las heridas. Desunidos, volvimos a perder, con el agravante de que en esa ocasión el PRI quedó en tercer lugar.

El PAN repitió en el poder. Desde el Congreso, aún con minoría, los priístas dieron una bizarra batalla y el PRI fue reconquistando espacios perdidos. Se recuperaron gubernaturas y alcaldías y, en la segunda Legislatura del sexenio, recuperó la mayoría en la Cámara de Diputados.

El sexenio a punto de concluir ha sido fatal para los mexicanos: la pobreza se generalizó y se profundizó la desigualdad social; la inseguridad y la violencia se extendieron a todos los rincones del país; la economía tuvo un desempeño mediocre, el desempleo se agudizó y explotó la economía informal. Cientos de miles de jóvenes continuaron su éxodo hacia el país del norte y varios millones de los que aquí se quedaron engrosaron las filas de quienes ni trabajan ni estudian, convirtiéndose en un peligroso lastre para la sociedad. Algunos miembros del gabinete se caracterizaron por su impericia e insensibilidad y no fueron pocos los casos de corrupción.

La economía del país se caracterizó por su estancamiento. Débil como estaba, fue más vulnerable ante las crisis financieras internacionales, habiendo sido el nuestro el país más golpeado por tal crisis hace dos años.

Muy cerca del ocaso sexenal el pueblo tiene, a través de su voto, la oportunidad de reconducir a la nación; de analizar las posibilidades de cada candidato para responder a sus aspiraciones, a sus exigencias. Esa es la ventaja de la democracia. El pueblo, con su voto, premia o castiga, y define su destino.

06 Mayo 2012 04:07:02
Los retos de México: la educación
El momento actual en el devenir de México exige reflexionar sobre la historia, el pasado y el presente de la nación. 2012 constituye un año crucial para nuestro país, pues el inminente cambio de la estafeta presidencial ofrece la oportunidad histórica de reorientar no sólo el modelo de desarrollo, sino replantearnos cuestiones fundamentales que tienen que ver con la construcción de un México suficientemente preparado para la competitividad, dentro de la globalidad que campea en el mundo contemporáneo.

La educación es uno de esos temas, quizá el más trascendente de todos.

La educación, entendida en su más amplio sentido, comprende: el ciclo de la educación básica, la media superior y la de nivel universitario y tecnológico; la capacitación para el trabajo; el amor por la cultura en sus diversas manifestaciones; la formación de una filosofía frente a la vida; la investigación científica y tecnológica y la capacitación de los mexicanos para participar más activamente en el campo de la innovación científica y tecnológica. Educación, a partir del cultivo de los valores, la que imbuye en el mexicano el amor a su patria, el rechazo a los fanatismos, la discriminación y la injusticia; la que construye en el espíritu el compromiso por la democracia, el aprecio por la dignidad de las personas y por la integridad de la familia.

La educación es el factor fundamental para promover mayor productividad y mejor distribución del ingreso, la construcción de una nueva cultura, la preservación del ambiente, el abatimiento de la corrupción y la impunidad, la fórmula para consolidar la cultura de la legalidad y para resolver los problemas de la pobreza y la desigualdad. Por todo ello, la educación es el factor más importante para el desarrollo de la sociedad.

El año pasado nuestra máxima Casa de Estudios, la UNAM, llegó a un centenario de vida; se conmemoraron 90 años de la Secretaría de Educación Pública, 75 años del Instituto Politécnico Nacional y 40 años del Conafe. A pesar de los largos años de nuestras instituciones educativas, existen todavía grandes rezagos en materia educativa. Es desalentador corroborar que si bien en 1976 había 20 millones de mexicanos mayores de 15 años que no sabían leer ni escribir o que aún no terminaban la primaria, ahora, 36 años después, hay más de 30 millones en esta terrible situación.

Quizá el nivel que más deficiencias presenta es el de la educación básica que comprende desde el nivel preescolar hasta la secundaria. Prácticamente todos los muestreos y todas las evaluaciones nos hablan de imperfecciones y carencias fundamentales: los niños no comprenden lo que leen, no saben escribir con propiedad porque no dominan la gramática ni la sintaxis, andan mal en matemáticas, carecen de capacidad de reflexión y son muy limitadas sus facultades analíticas. Sin equipos de laboratorios, la experimentación es nula y la enseñanza no va más allá de los límites del verbalismo y la memorización. Cuando mejor les va se convierten en receptores pasivos de una voluminosa, indiscriminada e intrascendente masa de conocimientos.

En el reciente Congreso Infantil organizado por el Iepecc (Instituto Electoral…), la Secretaría de Educación del Estado, el DIF y el Congreso, participaron 24 niños seleccionados de diversas escuelas públicas del estado. Su desempeño fue excelente y pudimos apreciar en cada uno recursos intelectuales de excepción. Lo que quedó en duda fue la forma en que los seleccionaron, ya que todos recitaron temas que de seguro les escribieron en su escuela. ¿Escogieron a los que mejor memorizaron aquellas parrafadas? Si así fue, seguro que quedaron fuera otros niños que, aunque sin el don de la memoria y la declamación, hubieran participado más activamente en el desempeño parlamentario, que se distingue precisamente por la confrontación de ideas y la habilidad discursiva y de alegato.

Pareciera que nuestra educación se quedó estancada en el siglo 19 y no se atreve a dar el paso hacia un nuevo modelo que, además de enseñar, instruya, capacite y forme caracteres. Que el niño y el joven aprendan por la vía de la experimentación y el análisis, de la reflexión y el enfrentamiento de ideas. Educación que privilegie la formación de mujeres y hombres exitosos, quienes, con altruismo, sirvan generosamente a su comunidad.
29 Abril 2012 04:08:29
Los retos de México
Ese es el título de uno de los libros de una serie de siete titulada “Una Propuesta Para México” que será entregada próximamente al candidato Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional. Sin menoscabo de la excelente calidad de cada una de las obras que integran la serie, este libro es quizá el más representativo del compromiso que asumimos un grupo de profesionistas para elaborar propuestas de políticas públicas que, de ser incorporadas al programa del nuevo Gobierno federal, podrían coadyuvar a superar algunos de los más graves problemas que, hasta la fecha, han impedido el desarrollo político, económico y social del pueblo mexicano.

El crecimiento del producto nacional que se ha dado en el país durante los últimos 10 años, no sólo ha sido precario, sino que ha provocado serios desajustes en el aparato productivo y desigualdades tanto entre las diversas regiones del país como entre los muchos que viven con poco y los pocos que viven en la opulencia.

La apertura comercial, iniciada desde los 80 del siglo pasado, si bien nos entronizó en el mundo de la globalidad competitiva, se realizó a costa de un alto precio económico y social, pues miles de pequeñas y medianas industrias hubieron de desaparecer, sin tiempo suficiente ni apoyo para mejorar sus niveles de productividad y competitividad. Así se fracturaron cadenas productivas, se agudizó el desempleo y miles de modestos empresarios, en el mejor de los casos, pasaron a contratarse como simples obreros.

El desempleo se convirtió en un enorme e irreversible proceso cuando los gobiernos neoliberales, además de abrir indiscriminadamente las fronteras a toda clase de productos, fueron cancelando una a una las instituciones y los programas que durante muchos años se habían dedicado a fomentar, financiera y tecnológicamente, las actividades industriales, de servicios y, en especial del sector agropecuario.

El desempleo generalizado fue nutriendo las filas de los que, angustiados por la pobreza, decidieron salir del país en busca de mejores oportunidades. Los que se quedaron y no tuvieron la oportunidad de seguir estudiando, engrosaron los grupos de quienes, ya sin esperanza alguna, se convirtieron en la reserva del crimen organizado. De ese tamaño es la fractura social derivada de un modelo en el que el Gobierno abdica de su responsabilidad de fomentar y dirigir el desarrollo económico con sentido social, y en el que se antepone la estabilidad macroeconómica sobre cualquier objetivo de carácter social. Cuando el Estado abandona su papel de coordinador de los esfuerzos de la nación para que el crecimiento económico sea un proceso estrechamente vinculado al desarrollo social, equilibrado, sustentable y justo, la sociedad va a la deriva y los pobres y desempleados quedan en un estado de absoluta indefensión.

En este libro se plantean éstos y otros problemas cuya solución está intrínsecamente asociada al cambio del modelo económico de la nación. Un golpe de timón en aras de que el desarrollo se convierta en un verdadero círculo virtuoso de crecimiento económico, de empleo productivo, de distribución equitativa de la riqueza, de la paz y la justicia social, del respeto a los derechos humanos y al medio ambiente, de fortalecimiento de la soberanía nacional en su más amplio sentido y, en particular, de la soberanía alimentaria. Una nueva era en la que la voz de México vuelva a ser respetable y escuchada más allá de nuestras fronteras.

En los documentos que contiene este libro campea la convicción de que es tiempo de redefinir el rumbo de México y de replantear los paradigmas asociados al desarrollo nacional. Si bien es cierto que prevalece en el país un consenso generalizado sobre la necesidad de un cambio, también lo es que es muy dispersa y a veces divergente la finalidad que cada quien persigue a través del cambio propuesto.

En “Los Retos de México” prevalece la convicción de que el modelo económico neoliberal ha demostrado, a lo largo de los años, que sus alcances no van más allá de servirle al capitalismo a ultranza, deshumanizado y sin la menor preocupación por sus contradicciones internas que han provocado crisis financieras recurrentes, desigualdades sociales cada vez más agudas, desempleo y pobreza.
01 Abril 2012 06:10:29
Una constitución germinal
El pasado jueves 29 la 59 Legislatura del Congreso del Estado organizó un interesante panel para conmemorar el bicentenario de la Constitución de Cádiz, que representa el más remoto antecedente constitucional iberoamericano, a partir del cual sobrevinieron hechos por demás trascendentes tanto en los territorios colonizados por España como en el mismo país de origen. En el panel intervinieron los doctores Abraham Nuncio, Rafael Aguilera y nuestro amigo Luis Efrén Ríos y la moderadora fue la talentosa diputada Azucena Ramos.

A principios del siglo 19, en el Nuevo Mundo avanzaban los movimientos independentistas, mientras que en España el pueblo luchaba por liberarse del dominio francés que había obligado a abdicar a Fernando VII, ocasionando una enorme confusión y un vacío de poder. Las juntas ciudadanas organizadas bajo la autoridad de la Junta Suprema y Gubernativa del Reino trataban de mantener viva la llama de la libertad. De esa Junta surge la convocatoria para integrar un Congreso Constituyente que se reuniría en Cádiz, España, a partir de 1810.

La convocatoria incluyó a todas las provincias tanto de la metrópoli como de ultramar. En la Nueva Extremadura salió electo el licenciado José Miguel Ramos Arizpe, quien con otros 17 coterráneos participaría notablemente en empresa de tan notable trascendencia. Dado el período de inestabilidad y de lejanía en que se encontraban los territorios del reino, fue notable la capacidad de convocatoria. Fueron en total 182 diputados originarios de Perú, Ecuador, Venezuela, Filipinas, Canarias, Guatemala, Chile, Panamá, Costa Rica, Mallorca, Nicaragua, Uruguay, Argentina, y desde luego prácticamente de todas las provincias de España. De los territorios bajo la hegemonía española, el que más diputados aportó fue la Nueva España, o sea nosotros.

Curiosamente, es de observar la popularidad del nombre José, ya que fueron nada menos que 40 los diputados con ese nombre. Además, a la Constitución gaditana se le conoce como la “Pepa”, pues fue promulgada el 19 de marzo, precisamente el día de San José.

Ya en cosas más serias, es de destacarse la gran trascendencia que tuvo la Constitución de Cádiz, pues prácticamente fue la semilla de un largo y fructífero período constitucionalista. A raíz de las revoluciones independentistas, a pocos años se desgranaría el reino español. Cada país que se iba independizando iba promulgando su respectiva Ley Fundamental. La de Cádiz fue un referente obligado, aunque en no pocos casos, como el nuestro, la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica fue base para redactar buena parte del articulado constitucional.

Los diputados del nuevo continente hicieron valiosas aportaciones: propusieron igualdad de representación y de derechos entre españoles y americanos, autonomía de gobierno, independencia en el manejo de sus finanzas, amnistía para los presos políticos, facultad para desempeñar cualquier puesto político, administrativo o religioso, creación de comités consultivo para las elecciones, establecer libertad de comercio y de cultivo y eliminación de privilegios y monopolios.

Mi viejo amigo, el Doctor en Historia por la Universidad de Texas, Romeo Flores Caballero, en el excelente prólogo de una magnífica edición facsimilar de la Constitución de Cádiz, patrocinada por la Universidad Autónoma de Nuevo León afirma: “Sin duda la Constitución de Cádiz… ha sido el documento más importante de la historia moderna de España y de los países de América Latina…” y enumera sus aportaciones: eliminó las instituciones coloniales, los fueros, la Inquisición, el tributo indígena y la esclavitud; estableció la separación de la Iglesia y el Estado, la igualdad, la equidad y las instituciones liberales; creó las bases de las reformas políticas, económicas e institucionales, estableció los ayuntamientos, los cimientos de la democracia y la representación popular.

Con los años, numerosos pueblos lucharían por la democracia y la libertad y plasmarían en sus normas fundamentales mucho del espíritu de la Constitución de Cádiz. El constitucionalismo lograría el sometimiento del Estado al derecho, la consagración del principio de soberanía popular, el sometimiento del pueblo a normas de derecho emanadas democráticamente de su propia voluntad, crearía la libertad y consolidaría derechos intocables por el Estado y, con base en un Estado de Derecho, forjaría la certidumbre de que todos estamos sujetos a la estricta aplicación de la ley.

25 Marzo 2012 03:00:37
Los asegunes de una visita pastoral, o ¿de Estado?
Benedicto XVI está en México. Siguiendo el consejo de los “médicos” de Los Pinos, decidió concentrar sus actividades en el estado de Guanajuato, dado que –se dijo– la altura de la ciudad capital podría afectarlo debido a su avanzada edad. Si bien El Vaticano expresó enfáticamente que a la visita papal no tendría por qué dársele interpretación política alguna, lo cierto es que el Papa visita exclusivamente un territorio donde está el corazón del panismo nacional, en la tierra donde gobierna el yunque y donde fue el corazón de la guerra cristera.

Es imposible aceptar que tal visita carece de intención política. Rodrigo Borja, reconocido investigador social ecuatoriano, afirma que la religión, “como parte de la cultura de los pueblos, no ha podido nunca separarse de la política” y agrega: “Ha estado presente a la hora de legislar, de diseñar las instituciones políticas, de elaborar las ideologías, de ejercer el poder, de organizar la vida familiar, de ordenar la economía”. Y le faltó decir, del momento en que se deciden las giras del Sumo Pontífice.

Si hacemos cuentas, faltan menos de 100 días para las elecciones federales, donde estará en juego el porvenir de México, ya que será en tal evento cuando se decida la integración de los poderes Ejecutivo y Legislativo de la nación. De modo que tiempo, lugar y circunstancia se confabulan para que surja la sospecha de que la visita papal, tan respetable como trascendente espiritualmente, fue diseñada como un medio para alcanzar fines muy diferentes a los de la fe.

Si traer al Papa a México no fue una decisión tomada sólo como respuesta al deseo ferviente de los mexicanos por recibir directamente la bendición pontificia, quedaría el argumento de que, más que una visita pastoral, se trata de una visita de Estado, es decir de un Jefe de una nación, con algún interés político particular. Y aquí entramos en otro campo por demás polémico, que habría que analizar.

Los orígenes del Estado Vaticano no son muy claros, por decir lo menos. Fue en febrero de 1929 cuando el dictador fascista Benito Mussolini, para congraciarse con el Papa, suscribió, con la Santa Sede, los Pactos de Letrán, por los cuales le reconoció al Vaticano la calidad de “Estado” y sometió las relaciones con el Gobierno de Italia a un concordato. El Vaticano venía de un largo enfrentamiento con el Gobierno italiano, ya que desde 1870, por la fuerza militar, el ejército le había arrebatado los que se llamaban “Estados Pontificios”, un vasto territorio en el centro de Italia, donde el Papa gobernaba a la usanza de una monarquía. A raíz de tales hechos, el Papa se declaró “prisionero voluntario” del Gobierno italiano, recluido en su propio palacio.

¿Qué es un Estado? Un Estado se integra por un territorio y un pueblo sobre los cuales ejerce soberanía. El Vaticano se compone por 44 hectáreas ubicadas en el centro de Roma, y en sus instalaciones trabaja y vive un pueblo que no tiene su nacionalidad, sino la italiana y ocupa un territorio sobre el cual la soberanía la ejerce el Estado italiano. Así, el Vaticano es, en los hechos, un Estado virtual.

Claro que sus autoridades se vieron muy sagaces al integrar su Estado, pues si hubiera alguna reticencia por la eventual visita pastoral del Papa a una nación determinada, a tal evento podría dársele el cariz de una visita de Jefe de Estado, salvando así cualquier reticencia de carácter religioso. Además, a donde quiera que vaya, el Papa debe ser tratado como Jefe de Estado, con todos los honores y privilegios inherentes a tal investidura. Quizá sea el único jefe de Iglesia que es, al mismo tiempo, jefe de Estado.

No fue precisamente acertada la decisión del gobierno de Calderón invitar al Papa a visitar a México –a Guanajuato– en estas fechas, y menos acertada aún la aceptación del Papa. Sin entrar en pormenores, lo cierto es que los últimos años de la Iglesia católica no han sido los mejores de su historia. Y las cosas empeoran cuando se le utiliza como instrumento de objetivos muy lejanos a su apostolado.
18 Marzo 2012 03:00:41
Remover rescoldos, ¿para qué?
El jueves pasado, el periódico de izquierda, “La Jornada”, publica como nota principal “Regalan el PRI y al PAN reforma religiosa al Papa”. Esto viene a raíz de la aprobación, en la Comisión de Gobernación del Senado de la República, de la minuta que, aprobada previamente por la Cámara de Diputados, se refiere al tema religioso, piedra muy sensible según nos lo dice la historia. La iniciativa tuvo origen en el Ejecutivo y se refiere a la modificación de los artículos 24 y 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Con esta reforma pareciera que, de acuerdo con la teoría circular de la historia, se repiten los eventos de mediados del siglo 19 cuando entraron en vigor las Leyes de Reforma de Juárez y años después la Ley Lerdo que desamortizó los bienes de las corporaciones civiles y eclesiásticas, proceso liberal que culminó con la Constitución liberal de 1857, con lo cual se desencadenó la llamada Guerra de Reforma, que duraría tres largos y cruentos años.

En aquél entonces los conservadores se opusieron rabiosamente a los términos de la libertad de cultos y a la cancelación de los fueros eclesiásticos y fue tal su encono que se levantaron en armas. Al poco tiempo se plantarían ante Napoleón III (el pequeño), a quien le explicaron que México era todo un desbarajuste y que sólo bajo el gobierno de un emperador católico volvería la paz y el buen gobierno. La aventura duró cinco años y tras el fusilamiento de Maximiliano en el Cerro de las Campanas se restauró la República y México se inscribió definitivamente en el campo de los países liberales. Porfirio Díaz, a lo largo de su dictadura, ejercería un gobierno, si bien liberal, condescendiente y flexible ante el clero, con el fin de no remover los rescoldos del enfrentamiento religioso.

La lucha de la libertad religiosa se inscribe en el afán por la unidad de los pueblos y por los derechos humanos fundamentales, en particular el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión o de cualesquiera convicciones. La idea es dejar de lado el odio y las pasiones que suele provocar el enfrentamiento de quienes profesan diferentes religiones. El mundo está lleno de casos pavorosos en los que miles de personas han caído víctimas del fanatismo.

La reforma de referencia está aún en proceso de aprobación. Falta que el pleno del Senado reciba, discuta y, en su caso, apruebe el dictamen de la Comisión y que, una vez aprobada, sea enviada a los Congresos Locales del país para su ratificación, Una vez que la apruebe la mitad más uno de tales Congresos, la Reforma será enviada al Ejecutivo para su publicación en el Diario Oficial. Faltaría ver también si se le agrega algún transitorio que dijera a partir de qué fecha entraría en vigor.

Analizar la reforma a fondo nos llevaría mucho más espacio del que disponemos. Lo que sí podemos anotar es que hay quienes están a favor, otros que se oponen radicalmente y hay quienes la consideran inocua. Los primeros se identifican con la mayoría católica que de siempre han planteado mayor libertad de cultos y la educación confesional. En el grupo de quienes se oponen están miembros de diversas sectas cristianas que ven en esta reforma mayores ventajas para los católicos y, los que afirman que es intrascendente, se refieren a que tales libertades ya están en la Constitución, por lo que es innecesario alborotar el avispero religioso.

La reforma a discusión establece que “toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y a tener y adoptar en su caso la de su agrado”, y que “esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos de culto respectivos”.

En cuanto a la reforma al Artículo 40 constitucional que se refiere a las características esenciales de la República –representativa, democrática y federal– se le agrega el calificativo de “laica”, con lo que me parece que las cosas quedan tablas. Algo a favor de la Iglesia católica y algo a favor de los liberales en su lucha por la laicidad del Estado mexicano.
11 Marzo 2012 03:00:53
Calderón de cuerpo entero
El acreditado periodista, héroe de mil batallas, con quien tiempo atrás tuve alguna cercana amistad, Don Julio Scherer, acaba de publicar un libro con el título con el que yo encabezo estas notas. Su lectura obliga a algunos comentarios sobre el autor, el personaje central de la obra y su partido político, Acción Nacional.

1. El autor

A Don Julio lo traté cuando desempeñé algunos cargos en el Gobierno federal. De vez en cuando, preferentemente por las tardes, pasaba a saludarlo a su despacho, en Reforma número 20, en la Dirección General de “Excélsior”, periódico que por muchos años fue el más leído en toda la República Mexicana.

A Don Julio había que consentirlo, amistosa e inteligentemente, no tratar de comprarlo, porque hasta donde yo sé, su pluma jamás estuvo en venta. Para congraciarme con él siempre le llevaba alguna información periodísticamente interesante, a partir de la cual nos enfrascábamos en una plática, siempre ágil y aguda. Si bien charlar con él era un privilegio, también constituía todo un reto, ya que a la primera vanalidad daba por terminada la conversación. Por otra parte, uno no podía permitirse el menor desliz, seguro de que don Julio no se tentaría el alma para sacar, mediáticamente, algún provecho, aunque con ello pusiera en riesgo la carrera política de su interlocutor.

La política de Scherer al frente del “Excélsior”, era mantenerse distante del Gobierno, especialmente del Presidente de la República, pues no le gustaba asumir compromisos que le impidieran criticar libérrimamente a quien fuera. Un día el presidente Echeverría, molesto por los ataques del periódico, urdió un plan para desbancar a Scherer. Como el negocio estaba organizado en forma de cooperativa, no fue difícil comprar algunas voluntades para destituir al director. Una vez defenestrado, Don Julio, apoyado por quienes habían sido sus más leales colaboradores, fundó la revista “Proceso” que en menos que canta un gallo logró una enorme circulación.

Quizá aquella amarga experiencia del “Excélsior” dejó marcado a Don Julio. Se volvió más agrio y sus críticas fueron cada vez más acervas y le fueron quedando muy pocos amigos, porque acabó por ver todo por el cristal de un periodista mordaz, lejano y rencoroso.

2. El personaje

En su libro, Scherer califica a Felipe Calderón como un “hombre de pasiones oscuras” y Alfonso Durazo, en el mismo libro, declara que se trata de un “hombre desconfiado y arrogante, que subordina su inteligencia a lo visceral e inmediato”. Y agrega que no es que Calderón sea de mecha corta, sino que ni mecha tiene.

La verdad es que Calderón se ha convertido en el personaje político más criticado y, a decir verdad, se ha ganado a pulso tan discutible honor. Scherer, por su parte, con su viejo colmillo de periodista crítico y mordaz, incluye y ordena los temas en la forma más desventajosa para su personaje.

3. El Partido.

En el mismo libro, el viejo panista Correa Mena afirma: “El PAN dejó de luchar con la pasión de un partido entregado a los valores… continuamente se reduce la democracia interna y la convicción por el servicio público. (En el PAN) hoy priva la cuestión electoral, la búsqueda de candidatura y el hueso”. Por su parte, Manuel Espino, ex Presidente de Acción Nacional, afirma: ”Acción Nacional ha sido tocado por la corrupción y la ruina lo amenaza… cobija a muchos panistas corruptos que ocupan cargos relevantes en sus filas o en la vida pública del país…”.

De la lectura del libro uno queda con la idea de que el autor tiene muchos “gatos en la barriga”, y que el personaje central de la obra recibe una felpa verdaderamente escandalosa, y de muy graves consecuencias, dados los tiempos electorales que estamos viviendo.

En cuanto al partido, no hay mucho que agregar, salvo que su lucha por la honestidad y la transparencia quedó en el olvido, como trapo viejo colgado en un antiguo perchero.
04 Marzo 2012 04:00:19
Los partidos políticos y el cambio anhelado
Cuando se habla del “viejo PRI”, se muerden la lengua. Más viejo que el PRI es el PAN, que nace a fines de los 30, en los tiempos del presidente Lázaro Cárdenas, mientras que el PRI surge durante la campaña presidencial de Miguel Alemán. El PRD es el más joven, aunque sus raíces originales se remontan a los tiempos del viejo Partico Comunista que todavía en tiempos de Echeverría era una fuerza activa aunque no contaba con registro oficial.

No es sino a partir de la reforma de Reyes Heroles-López Portillo, a fines de los 70 cuando se regulariza el sistema político mexicano al incorporar a corrientes y grupos políticos que operaban en la clandestinidad. La reforma permitió competir electoralmente a todos los partidos con registro. A partir de entonces ya se puede hablar de la “constitucionalización” de los partidos, a los que se les reconoce como entidades de interés público, se les faculta a participar en los procesos electorales, a emprender campañas políticas a favor de sus candidatos, financiadas con recursos públicos, exclusivamente, y a gozar de ciertas prerrogativas con acceso, regulado y equitativo, a los medios de comunicación.

A partir de la reforma, el sistema político entró en un rápido e irreversible proceso de maduración democrática, que se profundizó a raíz de la alternancia partidaria a nivel presidencial: a) se acotó el presidencialismo; b) se fortalecieron las fronteras relativas a la división de poderes; c) se consolidó el federalismo; d) se cerraron los márgenes de diferencia en votos de los tres partidos más importantes; e) surgieron nuevos partidos políticos, lo que enriqueció la oferta y las oportunidades políticas y, f) al interior del PRI avanzó la democracia.

Cuando tuve el honor de coordinar a la fracción parlamentaria de mi partido en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, durante el segundo trienio del presidente De la Madrid, ya jugaban nueve partidos políticos, prevaleciendo el PRI y el PAN como los maroyitarios.

El día de hoy el PRI cumple un aniversario más. El general Calles, quien en sus tiempos de gloria fuese aclamado como “El Jefe Máximo de la Revolución”, convocó a los principales caudillos revolucionarios y a algunos caciques del país, a fin de crear un partido político que acogiera a la “gran familia revolucionaria”, con el propósito de fortalecer la gobernabilidad en manos de la clase política triunfante. Así nace el Partido Nacional Revolucionario, PNR, que en poco tiempo lograría su objetivo: convertirse en el instituto político que, por muchos años, llevaría al poder a los políticos, adheridos al ideario de la Revolución.

Su plataforma ideológica emanaría, con algunos matices, de los postulados inscritos en la Constitución de Carranza, la de 1917: Estado laico, emancipación de la clase laboral, impulso al movimiento agrarista, soberanía nacional sobre los recursos naturales, fortalecimiento de las garantías individuales y los derechos sociales, educación pública gratuita entre otros.

El PNR devino en Partido de la Revolución Mexicana, PRM, creación del presidente Lázaro Cárdenas, al que diera una acentuada orientación socialista. Ávila Camacho, sucesor del General Cárdenas, atempera, en los hechos, la tendencia socializante, pero es al final de su mandato cuando surge en el PRI, con un atendencia de centro-izquierda.

Los gobiernos del PRI tuvieron la habilidad suficiente para implantar un gobierno social demócrata que lo mismo se preocupó por la emancipación y bienestar de las mayorías, que por la consolidación de una economía capitalista con una buena dosis de apoyo gubernamental. Así fue como por más de 30 años, la economía creció de manera sostenida y el pueblo tuvo acceso a la educación, a la salud y a la vivienda. El campo proveyó lo necesario, el movimiento obrero se desempeñó con gran responsabilidad, se fortaleció la clase media y se aceleró la urbanización del país en un rápido proceso de modernización.

Los tiempos han cambiado. Hay demasiados pobres, la violencia se ha enseñoreado en muchas regiones del país, la economía no crece lo suficiente y la inseguridad y la impunidad se convierten en la peor desconfianza e incertidumbre. Hay que seguir luchando con la renovada esperanza que nace de nosotros mismos, de la certeza de que somos capaces de lograr el cambio que México anhela.
26 Febrero 2012 04:00:44
Ilegalidad Presidencial
Cada día que pasa Felipe Calderón demuestra, con hechos, su obsesión por impedir a toda costa que el PRI regrese a Los Pinos. Según se ve, tal hecho sería para él una afrenta irresistible y no quiere llevar esa cruz el resto de su vida. Si Fox pasó a la historia como el que fue capaz de sacar al PRI de Los Pinos, Calderón también haría historia, aunque exactamente por lo contrario. Esto, ante su odiado antecesor, sería un baldón imposible de soportar.

La paranoia calderonista volvió a hacerse evidente en días pasados cuando el Presidente, tozudo como es, se sacó de la manga una encuesta según la cual su candidata Josefina está a punto de alcanzar a Peña Nieto. Seguramente los banqueros que lo escucharon se quedaron con la boca abierta, pero la que seguro estuvo al borde de una conmoción anímico-cerebral fue la propia Josefina.

Es cierto que en esto de la política hay mucho de teatro. Un candidato jamás debe aceptar que está abajo de sus rivales, aunque en realidad ande en la cola. Tiene qué mantener el optimismo hasta el último momento, si quiere evitar la desbandada fatal. El caso más reciente fue el del cándido Cordero, quien cada día inventaba sus propias encuestas para mantenerse a flote cuando, a pesar del apoyo presidencial, andaba arrastrando la cobija. Nadie le creía el engaño y el resultado final comprobó la falacia.

Pero una cosa es que el aspirante a una candidatura se extralimite en su “mentira piadosa” y otra que el Presidente de la República, quien legalmente está impedido para interferir en cualquier proceso electoral, intervenga en el procedimiento en el que está en juego su propia sucesión.

Este intervencionismo de Calderón, además de ilegal, es absolutamente reprobable y debe rechazarse por ilegal y por ventajoso. Es ilegal porque nuestras leyes establecen que ningún funcionario tiene derecho a hacer uso de los recursos asociados a su investidura para intervenir en favor de algún candidato.

Es ventajoso porque en nuestro sistema, aún cuando se hayan superado algunos aspectos del presidencialismo exacerbado, el Presidente de la República conserva aún muchos recursos que, al ponerlos en juego a favor de un candidato o de un partido, convierte a la liza política en un juego desigual e injusto.

El logro de la libertad, de la democracia y de la igualdad ha costado enormes sacrificios. Tuvieron que pasar más de cien años y tres épicas hazañas para que los derechos sociales y las garantías individuales quedaran definitivamente consagradas en nuestra Constitución como irrenunciables, intransferibles e invulnerables. Los independentistas lucharon por la libertad en 1810; los que lograron la libertad de creencias y construyeron el Estado laico lo lograron a costa de la sangre que se derramó en la Guerra de Reforma, y la historia de la democracia y de la justicia social comenzó escribirse a partir de la Revolución de 1910.

Los primeros panistas, por muchos años, hicieron de la democracia y de la legalidad electoral su bandera de lucha. Algunos de ellos defendieron con gallardía y dignidad los principios de la ética política. Estoy cierto de que si volvieran a nacer enrojecerían de vergüenza ante lo que acontece en estos tiempos. En la última sesión de la Cámara de Diputados, cuando los partidos opositores quisieron debatir la burda e ilegítima intervención calderonista en el proceso electoral, abandonaron el recinto, en lugar de dar la cara y defender a su presidente. Y es que ellos creen que Calderón está en lo correcto, que tiene derecho a cualquier cosa con tal de que no vuelva al PRI a la Presidencia de la República.

Nadie más que un presidente está obligado a jugar limpio, a fortalecer el equilibrio institucional, a respetar y hacer respetar el orden jurídico establecido. Hay que parar en seco esta intentona intervencionista de Calderón. Recordemos que el IFE, una vez terminado el proceso electoral de 2006, al verse obligado a atender las denuncias sobre la arbitraria intervención electoral de Vicente Fox, concluyó que la interferencia presidencial estuvo a punto de provocar la anulación de las elecciones.

¿No será eso lo que anda buscando Calderón, una vez que se vea definitivamente perdido?
19 Febrero 2012 04:00:56
Un merecido homenaje
Un día como hoy, en 1917, Venustiano Carranza, apenas un par de semanas de haber promulgado la Constitución en Querétaro, en reconocimiento al Ejército Constitucionalista que había hecho posible el triunfo de la revolución, firmó un decreto que ordenaba crear la Fuerza Armada del país. Ahí nace lo que es hoy el glorioso ejército nacional. Años después, en 1951, el presidente Miguel Alemán ratificaba la decisión carrancista, instituyendo definitivamente el 19 de febrero como el Día del Ejército Nacional.

Los hombres y las mujeres que arma en mano lucharon por su emancipación, eran gente humilde y desposeída, ancestralmente pobre, fatalmente marginada. Al triunfar la Revolución, de esas fuerzas del pueblo surge el Ejército Nacional, que ha mantenido hasta ahora sus raíces genuinamente populares. Por eso los mexicanos sentimos que el Ejército somos nosotros mismos, que es nuestro y que con él nos identificamos con el mayor respeto.

El Ejército mexicano ha sido un ejemplo mundial de lealtad a las instituciones. Lealtad que conforma la piedra angular de la estabilidad política del país. A partir de la Revolución, el Ejército Mexicano jamás se ha visto envuelto en defección alguna que pudiera debilitar la unidad nacional o afectar la gobernabilidad del país. Y ese no es un mérito menor, si analizamos la conducta de los ejércitos en muchos países de nuestro sub continente latinoamericano. Para mayor mérito, nuestro Ejército jamás ha mostrado codicia por fueros o privilegios ni ambición por el poder político.

El militar y el político son polarmente diferentes. Mientras el político se mueve en el azaroso terreno del enfrentamiento y la controversia, el mílite hace de la disciplina una máxima de conducta inquebrantable. Su vida profesional se desarrolla en un modelo de firmes jerarquías y, en su conjunto, actúa con un sólido espíritu de cuerpo. La primera obligación del soldado es aprender a obedecer para, llegado el momento, saber mandar.

Siempre respetuoso del avance de la democracia, el Ejército Mexicano jamás ha impedido que el pueblo, en el libre ejercicio de su soberanía, integre, con una firme voluntad política, al Estado Mexicano y a sus instituciones.

Las armas que le ha confiado el pueblo al Ejército, las ha empleado sólo para la defensa de la integridad territorial de la nación, el fortalecimiento de la soberanía de México, la vigencia del orden jurídico y el apoyo al pueblo en momentos difíciles cuando nos afecta alguna catástrofe.

Ante su lealtad patriótica, el Ejército se ha ganado a pulso el reconocimiento de todo México. Es garantía inquebrantable para el funcionamiento de nuestras instituciones republicanas, es el instituto protector de nuestra seguridad y fiel custodio de la paz.

En los tiempos que corren se ha intensificado el torbellino de la violencia y la inseguridad. La densidad criminal se ha acentuado hasta el grado de que en varias regiones del país el crimen organizado tiene en vilo a poblaciones enteras. Pueblos y ciudades, otrora pacíficos y tranquilos, viven ya en una permanente angustia al no saber a qué problema se van a enfrentar en las próximas 24 horas. Algunas instituciones y organismos públicos se han dejado contaminar por los malos porque no saben cómo defenderse, porque les ha faltado carácter o de plano le han entrado a la corrupción. En algunas partes el aparato de justicia es tan débil y deficiente que la impunidad termina por generalizarse y en otras zonas las fuerzas del orden han caído bajo la influencia del crimen organizado.

Alguien dijo que ya es tiempo de domar al “México bronco”, de conducir a la sociedad por el camino de la paz y la concordia, de crear fuentes de trabajo digno, de construir más aulas para la educación y elevar a la educación no sólo en calidad, sino en contenido, enriqueciéndola con valores cívicos y morales para formar hombres y mujeres comprometidos con el trabajo y sustentados en los principios de la concordia y la buena fe.

El agravamiento de la violencia ha levantado una agria polémica nacional. Muchos mexicanos nos enredamos buscando culpables, cuando lo que debiéramos hacer es buscar la forma más eficiente y expedita de pacificar al país.
12 Febrero 2012 04:00:37
Siniestra justicia
La sentencia del Tribunal Supremo Español que expulsó de la judicatura al juez Baltasar Garzón, condenándolo a 11 años de inhabilitación por intervenir conversaciones telefónicas mientras investigaba graves delitos de corrupción y lavado de dinero, representa un descomunal desacierto de la justicia española. Esto le provocará un serio deterioro al Gobierno español, que proviene directamente del Partido Popular, algunos de cuyos importantes dirigentes acabaron en la cárcel como autores de los delitos investigados por el juez Garzón.

La principal acusación en contra del mundialmente prestigiado juez, radica en el delito de prevaricación, que se comete cuando un juez ordena una acción determinada, a sabiendas de que es contraria a la ley. En el caso que nos ocupa, el presunto delito consistió en la intervención de comunicaciones telefónicas. La cuestión es que para tomar tal medida el juez Garzón contó con el aval de un juez del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y de dos fiscales anticorrupción.

Es inevitable asociar al Gobierno que preside el ultraderechista Mariano Rajoy, de innegable pedigree franquista, con la expulsión de Garzón. Las manifestantes en protesta que ayer invadieron las calles de Madrid, de lo menos que acusan al Gobierno es de revanchismo, porque el juez, ahora inhabilitado, fue capaz de meter a la cárcel a algunos de los principales políticos del Partido Popular, involucrados en delitos de corrupción y de lavado de dinero. Hacía mucho tiempo que en las calles de Madrid no se oía el angustioso grito de los republicanos: “¡Gobierno fascista!”.

El juez Garzón saltó a la fama cuando arraigó en un hospital de Londres al ex dictador chileno Augusto Pinochet y acabó por llevarlo a juicio. Más tarde investigó las atrocidades de Franco durante su dictadura, pero lo que acabó con la paciencia de los neofranquistas fue el caso Gürtel, en el cual se involucraron importantes dirigentes del Partido Popular, ahora de vuelta en el poder.

Para un país que se precie de democrático, donde prevalezca, sobre intereses de cualquier índole, el estado de derecho, no hay peor baldón que la justicia se doblegue a los intereses del Gobierno en el poder, en particular en tiempos electorales. Cuando un gobierno utiliza la persecución criminal en aras de sus intereses políticos, ya sea persiguiendo enemigos o protegiendo a sus amigos, se anula la libertad y la democracia, se conculcan los derechos humanos y se cancela el estado de derecho. Las instancias de justicia, cuando flaquean ante la presión del Gobierno y de sus poderosos ad láteres, se convierten en patíbulo de los débiles y de los enemigos políticos.

Los tres ex gobernadores de Tamaulipas acusados de tener vínculos con el narco, y que eventualmente pudieran arrastrar alguna cola, ya fueron juzgados por la opinión pública, porque el Gobierno federal decidió filtrar información sin que hubiera una acusación formal de por medio y que, por lo tanto, tenía la obligación de mantenerla en secreto. Esta actitud del Gobierno federal transpira un intenso tufillo electoral. Es grave que el Ejecutivo federal actúe con dos caretas: la del juez que sentencia y la del político que no tiene reparo alguno en echar mano de cualquier recurso, por ilegal que pudiera ser, para mantenerse en el poder.

Ayer en estas mismas páginas escribía Ana Laura Magaloni: La reforma penal en México no va a avanzar con rumbo y potencia hasta que no exista un acuerdo político fundamental de sacar las manos del sistema judicial. Es decir, hasta que el Ejecutivo federal no renuncie a utilizar la persecución criminal para avanzar sus intereses políticos.

Y termina: “… México es un país al margen, atípico y rezagado de lo que ha sucedido en la región con las instituciones de procuración e impartición de justicia penal”.

Un ícono de la defensa mundial de los derechos humanos ha caído, víctima de un revanchismo fascista. España tiene que reflexionar. Este triste acontecimiento la coloca al margen, atípicamente, de sus socios europeos. Y pensar lo mucho que luchó por alcanzar la integración y el reconocimiento de la Europa. España ha tropezado lamentablemente. Ahora se enfrenta al juicio implacable de los librepensadores del mundo, de los apóstoles de la libertad, de los amantes de la justicia.
05 Febrero 2012 04:00:15
La ley y el debate público
La función esencial del Congreso del Estado es legislar, sin menosprecio de otras importantes tareas que realizan los diputados como son, entre otras, gestionar obras y acciones en beneficio del pueblo y debatir en tribuna temas de interés general.

Legislar es una tarea de la mayor responsabilidad, porque mediante tal acción se va conformando, dentro del marco constitucional de la nación, el orden jurídico que rige política, económica y socialmente al estado.

Una ley es una norma de aplicación imperativa, y debe ser suficientemente amplia y general. El Estado ha de garantizar su cumplimiento mediante el uso o la amenaza de la fuerza. Ley cuyo incumplimiento no conlleve un castigo, es ley que se queda en el limbo de las buenas intenciones.

Una ley se pone en vigor cuando se trata de corregir o cancelar conductas antisociales que lastiman a la comunidad. Paradójicamente, la proclividad a violar la ley es una tendencia recurrente en ciertos grupos de la sociedad, lo cual explica la necesidad de imponer un castigo a los transgresores. Si una ley jamás fuera violada, se estaría en el caso de una ley inocua, innecesaria, porque su virginidad sería muestra de que no había razón alguna para ponerla en vigor.

Una ley tiene como propósito proteger bienes materiales y valores morales, siempre importantes para la paz social y la mejor convivencia comunitaria. La ley ha de responder a una realidad específica. No se trata de crear leyes inmutables, pues si algo caracteriza a la sociedad, es su cambio permanente. La ley se integra por preceptos jurídicos que, en su momento, se consideran necesarios para normar la conducta de los miembros de una sociedad.

Estas disquisiciones, más propias de un abogado que de un profesor o economista, vienen al caso con motivo de las reformas que se han aprobado en el Congreso del Estado a la ley de Turismo. Con la intención de que los dueños de hoteles y moteles puedan coadyuvar en la compleja tarea de acabar con la inseguridad pública imperante, los diputados aprobaron, por unanimidad de votos, un párrafo en el cual se les obliga a integrar una base de datos con información relativa a sus huéspedes, de manera que, cuando la autoridad se los requiera, la puedan entregar de inmediato. No se trata de informar diariamente ni a cualquier policía que se apersone con tal interés, sino sólo al procurador de Justicia o al Secretario de Seguridad Pública o a sus inmediatos inferiores.

Los diputados recibimos a la directiva de los hoteleros de Coahuila. Fueron escuchados ampliamente y se tomaron en cuenta sus observaciones. Quizá lo que a algunos empresarios les molestó fue que en la redacción final de la iniciativa se haya incluido una referencia al Código Penal, que establece castigos a quienes obstruyan la justicia. Esta referencia no debiera molestar a los hoteleros, pues se exprese o no en la ley de turismo, está vigente en el Código Penal y la autoridad tendrá qué actuar en cualquier caso que se obstaculice la acción de la justicia.

La iniciativa enviada por el Gobernador y aprobada unánimemente por todos los diputados pertenecientes a los seis partidos que conforman el Congreso, es una respuesta a la exigencia de la sociedad para que el Gobierno haga todo lo necesario para abatir la violencia y la inseguridad pública, cada vez más cruenta y trágica.

Integrar una base de datos con la información de los huéspedes no es problema mayor, ni costoso. Entregarla a la autoridad competente no representa violación legal alguna. Quizá, para mayor tranquilidad de los empresarios de la hotelería, al momento en que el Ejecutivo ordene redactar el reglamento de la ley se puedan expresar las cosas de modo que se aclaren las dudas y se superen las reticencias.

La guerra contra la violencia es tarea de todos. Cada quien tiene que hacer un esfuerzo para volver a la paz y a la tranquilidad.
29 Enero 2012 04:00:50
Sequía: hambre, sed y olvido
Acompañado de cinco entusiastas diputados que presiden diversas comisiones de la 59 Legislatura del Congreso Local, la semana que hoy termina visitamos la que quizá sea la zona más afectada por esta ya intolerable sequía, tres ejidos del centro del municipio de Cuatro Ciénegas: Cuates de Australia, Lucio Blanco y Estanque de León, que en conjunto suman 180 mil hectáreas de semidesierto seco y calcinado, tras 10 meses de cero lluvia. La víspera de nuestro recorrido participamos en una interesante reunión convocada por los subsecretarios de la Secretaría de Desarrollo Rural del Gobierno del Estado, con la asistencia de más de cien campesinos, entre ganaderos, agricultores y candelilleros.

Aunque el propósito original del evento era la explicación de los programas que el Gobierno desarrolla en el campo coahuilense, era inevitable que se planteara la grave situación por la que atraviesa la gente del semidesierto, asolada por una de las más terribles sequías que se tenga memoria.

Es impresionante el estoicismo que caracteriza a esta gente. Cuando relatan sus angustias y sus carencias, uno no acierta a precisar cómo han logrado subsistir en un medio tan adverso, tan inhóspito, tan inhumano. Y aún así son cordiales, sencillos y generosos. No hace falta que se quejen ni que exijan. Su pobreza es explícita, duele, angustia y es un reclamo que nos explota en plena cara.

La sequía ha cobrado caro. Sus modestos hatos, sin agua ni pastos, van quedando diezmados en el campo. Cuando van por un becerro para venderlo en el pueblo, ya no encuentran ni becerros ni vacas y las que sobreviven andan como sonámbulas a punto de fallecer, rasguñando los aguajes secos. Cancelado el recurso ganadero, como último recurso para sobrevivir, vuelven a la explotación de candelilla, a esa ímproba tarea que consiste en cortar la planta, hervirla en agua y ácidos para que suelte la cera, secarla en moldes y venderla al coyote que por ahí merodea. Les pagan a 25 pesos el kilo que en la siguiente mano se vende a 80 y hasta 90 pesos. La sequía está tan severa que hasta la candelilla, siendo una planta del desierto, llega a secarse y se convierte en una simple paja sin valor alguno.

En esos ranchos ya no hay agua ni para beber. La Alcaldesa, la joven maestra Santos Garza, cuando puede, les manda una pipa y en otras ocasiones son los dueños de ranchos aledaños los que los proveen del preciado líquido, pero las más de las veces tienen que pagarle a una pipa que les trae el agua ¡desde Parras!, o sea desde unos 50 kilómetros.

Como si se tratara de una broma pesada, la gente relata que una vez llegó por ahí una brigada de empleados de gobierno para construirles viviendas de “material”. Les destruyeron sus chozas y con bloques comenzaron a levantar las paredes. Un día sin decir palabra, levantaron su campamento y jamás volvieron, dejando a medias las casas, sin techo. Ahora, a mitad del crudo invierno del desierto, buscan un rincón donde protegerse.

En los tres ejidos viven cerca de 160 familias. En cuanto llegamos se juntó la gente. Primero nadie quería hablar. Un viejo empezó a balbucear y poco a poco los demás fueron platicando sus miserias, sin alzar la voz, sin enojo ni reproche, simplemente relatando sus pobrezas y su desencanto con el Gobierno, con nosotros y hasta con ellos mismos.

El Gobierno los ha apoyado perforando y equipando pozos. Pero ni esto es una solución, porque el agua la han encontrado –una mísera pulgada– a más de 600 metros y proviene de mantos acuíferos que tienen millones de años, y es de tan mala calidad que no sirve ni para bañarse, porque el salitre los llena de escamas. Como no cuentan con energía eléctrica, les cuesta más de 600 pesos semanales la extracción de agua, y el diesel está más caro después de cada “gasolinazo”.

Es injusto, es inhumano que esta gente viva en el olvido. No hay que dejar solo al Gobierno porque, además de que no tiene recursos, no siempre sus empleados tienen la sensibilidad ni la humildad que se necesita para tratar a esta gente tan castigada por el destino.
22 Enero 2012 05:08:22
Una nota parlamentaria
Por compromisos de trabajo que son del conocimiento público, hasta ahora regreso con el mayor entusiasmo a las acreditadas página de El Zócalo de Saltillo. Aprovecharé para hacer algunos comentarios sobre los primeros trabajos del Congreso Local, ya que lo que los medios suelen difundir se refieren más a lo anecdótico y mediáticamente relevante, que a cuestiones de fondo.

En primer lugar, el Congreso cuenta ahora con sólo 25 diputados, seis menos que en la Legislatura anterior y, al mismo tiempo, con un presupuesto 30 % inferior; se redujo la dieta de los diputados (el salario), el número de comisiones legislativas y se están ajustando las cifras presupuestales para estirar la cobija hasta donde se pueda.

De acuerdo con la Ley Orgánica que rige sus actividades, los primeros 15 días se dedicaron a realizar el proceso de instalación, que tiene que ver con la conformación de los grupos parlamentarios, integración de comisiones legislativas, nombramiento de funcionarios, adaptación de oficinas y áreas de trabajo legislativo, programación de sesiones, etcétera. A la sesión inaugural asistió el gobernador Rubén Moreira, quien, por primera vez en la historia, hizo entrega personal de algunas iniciativas.

Una vez terminada esa fase, la Cámara Local comienza su trabajo regular, o sea, recibir iniciativas de leyes, enviarlas a Comisiones, discutir y votar proposiciones o iniciativas, atender compromisos protocolarios, y abrir la tribuna a cualquier diputado que desee hacer propuestas concretas o simplemente ventilar algún tema que considere de interés.

En tribuna las proposiciones suelen plantearse con el carácter de “urgente y obvia resolución” o de trámite ordinario. Las primeras, de ser aceptadas como tales, deben discutirse y votarse de inmediato por el pleno en la misma sesión, mientras que las de trámite ordinario se turnan a comisiones. Para darle mayor realce a su proposición, algunos diputados suelen solicitar que su propuesta sea tratada como de “urgente y obvia resolución”. Sin embargo, no siempre conviene aceptar este tratamiento, porque el pleno, sin conocimiento previo del asunto, está obligado a discutirlo a fondo y, en su momento, a votar si se acepta o rechaza lo propuesto en tribuna. En cambio, cuando el asunto es enviado a comisiones, no significa que se rechaza o menosprecia, sino simplemente que el pleno considera que debe interiorizarse del tema con mayores elementos, para lo cual habrá que hacer alguna investigación, consultar documentos, revisar notas aparecidas en los medios, entrar en comunicación con alguna institución o personas involucradas, etcétera.

Esto es precisamente lo que decidió el pleno con una loable proposición del diputado monclovense Fernando de La Fuente, quien urgió a los diputados a poner atención al grave problema de la sequía que aqueja al campo mexicano y, en particular al coahuilense. El tema fue turnado a las comisiones unidas de Fomento Agrícola y de Trabajo, las que, dada la importancia del asunto, se reunieron de inmediato, entraron en comunicación con las autoridades correspondientes y trazaron un plan para visitar diversos ejidos en la región centro del estado. En la próxima sesión darán cuenta del resultado de sus indagaciones y de seguro plantearán propuestas para paliar tan grave situación.

El Congreso del Estado es uno de los tres poderes de la entidad. A él le corresponde la responsabilidad de diseñar y aprobar el orden jurídico que rige los destinos de los coahuilenses, dentro del marco general que establece la Constitución General de la República. Las iniciativas de leyes pueden originarse en su propio seno o provenir del Ejecutivo o de instituciones reconocidas con capacidad de iniciativa. Según lo ya anunciado por el Ejecutivo del Estado, la agenda legislativa para este año se prevé muy intensa, a partir de las que ya fueron presentadas en el Congreso, además de otras, como la muy trascendental que aspira a reformar de base la Constitución del Estado.

Como podrá apreciarse, hay mucho trabajo por delante, aunque nunca faltará quien siga subvaluando a los diputados. Lo que sucede es que el trabajo legislativo no es tan tangible ni tan espectacular como el de aquellos que construyen obras materiales. Sin embargo, nadie podrá negar la trascendencia de la labor parlamentaria, cuando de ella resulta el conjunto de normas que rigen la vida económica, política y social de la comunidad entera.
04 Diciembre 2011 04:00:41
Donde las toman, las dan
La renuncia del profesor Humberto Moreira Valdés encuentra su causa principal en una ácida campaña mediática encauzada, más que en aras de la transparencia y la rendición de cuentas, a menoscabar el poderío del PRI y la fuerza de su ya único candidato presidencial, el licenciado Enrique Peña Nieto.

Tiempo y circunstancia. En otras condiciones, el presidente del PRI bien podría haber dejado correr el tiempo para que las investigaciones y las denuncias presentadas –entre ellas las que él mismo encauzó–, fueran aclarando el panorama y se comprobara su inocencia. Sin embargo, el tiempo corría adversamente y urgía acelerar las cosas ante el inminente inicio de las campañas.

Finalmente el panismo ganó esta batalla, pero la guerra la va a perder el 2 de julio del año próximo. Sin embargo, de seguro que seguirán machacando sobre el asunto, del cual ya han hecho su causa y, lucrar sobre ella es una oportunidad que no van a desperdiciar, de modo que la van a explotar hasta el hartazgo. El mandato les viene de la superioridad del Gobierno y de su partido.

El PRI pierde no sólo un presidente, sino un gran operador político que llevaba cinco triunfos consecutivos, incluyendo el último, cuando Fausto Vallejo ganó el gobierno de Michoacán. Ahí Moreira dirigió personalmente la campaña y luchó a brazo partido en enorme desventaja, pues el PRD fue gobierno en dos periodos y la candidata del PAN era nada menos que la hermana del presidente Calderón. Está por demás decir que ambos partidos echaron mano de toda clase de recursos en su desesperación por ganarle al PRI.

Humberto Moreira llegó a la presidencia de su partido cuando el instituto atravesaba por una seria crisis. Se había perdido Oaxaca, Guerrero, Puebla y Sinaloa y las perspectivas eran muy negras. Pero él supo colocar al PRI en el centro del debate político, dictando por varios meses la agenda política de cada día. Empezó a ganar elecciones y levantó el ánimo del priísmo. Traía de la gamarra a varios panistas encumbrados, comenzando por el presidente Calderón, quien no le perdonó sus desplantes.

Al darle posesión a su hermano Rubén como gobernador de Coahuila, Humberto cerró su ciclo. Peña Nieto, entrevistado en Saltillo, hizo referencia al desgaste político de Humberto y volvió a reiterarle su confianza para que él mismo tomara su decisión. Juntos regresaron a México y seguramente en el avión se tomaron las previsiones sobre su separación del partido.

Para Humberto Moreira su dimisión representa un respiro. Ahora podrá dedicarle todo el tiempo a conducir los trabajos de su defensa y, a su tiempo, tomar de nuevo las armas de la lucha política. Rubén, por su parte, inicia un gobierno con muy firmes expectativas de lograr elevadas metas para el desarrollo del estado y el bienestar de los coahuilenses.

El PRI, bajo la ya muy segura conducción de Pedro Joaquín Coldwell, se apresta a entrarle de lleno a la competencia por la Presidencia de la República, por la renovación de las dos Cámaras del Congreso y, por si fuera poco, habrá elecciones para gobernador en Jalisco, Guanajuato, Morelos, Chiapas y Tabasco, así como de nuevo Jefe de Gobierno en el Distrito Federal. Finalmente, en nueve entidades más habrá elecciones para renovar ayuntamientos y congresos locales.

Así andan las cosas en el mundo de la política. Doña Democracia andará muy atareada de ahora en adelante. Unos ciclos se cierran, otros se abren, porque la lucha por el poder político, es como “la cosecha de mujeres, nunca se acaba” (según dice una canción, a mí que me registren). Y es que la búsqueda del poder es una de las grandes constantes de la historia.

Se afirma que la política es una ciencia y un arte a la vez; teoría y práctica en el ámbito de las relaciones de poder. Dice Rodrigo Borja que si bien a la política la han catalogado como el arte de hacer lo posible, también hay que hacer posible lo deseable. Y agrega: “hay que reivindicar el carácter misional de la política”.
27 Noviembre 2011 04:00:21
Peña Nieto, la gran esperanza de México
El día de hoy el joven y carismático político, Enrique Peña Nieto protesta como candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República. Con él renace la esperanza de la reconstrucción de México en lo económico, en lo educativo, en su infraestructura, en su seguridad y, lo más importante, en lo moral. Un México más justo y menos desigual.

Al protestar como candidato, Peña Nieto se habrá comprometido a trabajar por alcanzar la victoria en las elecciones del primer domingo de julio del año próximo. No la tiene fácil: sabe que tendrá qué derrotar a un poderoso presidente conservador que, obcecado e intransigente, echará mano de todos los recursos a su alcance para evitar que el PRI reconquiste la Presidencia de la República.

Peña Nieto tiene a su favor la enorme simpatía que ha sabido despertar en prácticamente todos los sectores sociales del país. Su juventud, su entusiasmo y su firme convicción de que él ganará la batalla para reconstruir este México tan deprimido económicamente, tan desmoralizado por la pobreza generalizada y tan asediado por la violencia y la inseguridad.

Como un rotundo mentís a quienes afirmaban que el ahora candidato del PRI no tenía mensaje alguno para la nación, a mediados de la semana presentó su libro “México, la Gran Esperanza. Un Estado Eficaz para una Democracia de Resultados” en el que no sólo diagnostica la situación nacional, sino que, con el ánimo de iniciar un amplio diálogo nacional, esboza las líneas fundamentales de las políticas públicas en las que él cree y plantea además algunas propuestas concretas.

Su idea es crear un “Estado eficaz” que garantice a todos los mexicanos el goce de los derechos que establece la Constitución; que México crezca de acuerdo con su verdadero potencial económico, y que recupere su liderazgo internacional como un promisorio país emergente.

En cuanto al crecimiento económico, Peña propone una alianza que se concrete en ocho acciones: 1) mantener la estabilidad macroeconómica como precondición para el crecimiento acelerado; 2) profundizar la competencia económica para aumentar la oferta de productos y servicios de mejor calidad y más baratos; 3) impulsar una reforma energética para dinamizar la productividad de Pemex; 4) fortalecer el crédito para apoyar áreas y sectores prioritarios; 5) ampliar y mejorar la infraestructura para impulsar la producción y reducir costos; 6) reducir la economía informal; 7) aumentar la productividad por vía de la innovación y, 8) diseñar una estrategia de comercio exterior para superar el reto de los países con los cuales competimos internacionalmente.

Un tema que ha levantado la ceja a más de un priísta es lo que un día declaró al “Financial Times” de Nueva York y que reitera en su libro: (habremos de) “despojarnos de ataduras ideológicas que impiden detonar el potencial de Pemex como gran palanca del desarrollo nacional”. Se refiere a la apertura en toda la cadena de valor de Pemex, desde la exploración y explotación hasta la producción de petroquímicos, conservando el Estado la propiedad de los hidrocarburos, sin que la empresa tenga que colocar capital en la Bolsa de Valores. Este es un vuelco de 180 grados en tema tan sensible políticamente, en el que seguro López Obrador, envuelto en la bandera trigarante, se solazará criticándolo a sus anchas.

Planteamiento de tal trascendencia nos habla de una actitud valerosa de quien está decidido a romper ataduras de cualquier índole para poner a México a la altura de las economías modernas, en este mundo tan irreversiblemente globalizado como ferozmente competitivo.

A Pemex se le liberaría, ¡por fin! de su papel de proveedor de recursos públicos para dedicar sus utilidades a proyectos y tareas que nunca debieron abandonarse: la exploración, la explotación de nuevos yacimientos incluyendo los del mar profundo, la construcción de refinerías y de ductos a lo largo y ancho del territorio nacional y a reconstruir el Instituto Mexicano del Petróleo que otrora fuera fuente de innovaciones y crisol de connotados científicos.

Peña Nieto ya asumió el liderazgo en la lucha por un México nuevo, próspero, justo e igualitario. El pueblo estará con él.
20 Noviembre 2011 05:11:42
¡Silencio señores, cierren las puertas!
El PAN se quedó solo, como la muchacha fea del baile

Las fases del proceso conducente a las elecciones federales del 2012 se van cumpliendo rigurosa y fatalmente. Esta semana se registraron las alianzas entre los siete partidos nacionales involucrados. El PRD registró su alianza con el Partido del Trabajo y con el Movimiento Ciudadano (antes Convergencia); el PRI, con el verde Ecologista y con Nueva Alianza. El PAN se quedó solo, como la muchacha fea del baile.

Esta es una fase realmente crítica para cada uno de los partidos líderes. Los que hicieron alianza, tienen que pagar un precio político determinado. El que se quedó solo, nada paga, pero no va a contar con más votos que los que pueda conseguir por sí mismo. Lo acontecido hasta ahora merece algunas reflexiones.

Empecemos por el más antiguo, Acción Nacional. A su interior prevalece un profundo descontento nada menos que con su líder nato, el presidente Calderón, por su descarada injerencia en la sucesión. Por un lado, pareciera que la mala suerte del más “salado” de los presidentes mexicanos de la contemporaneidad acabó por afectar a su partido: se le matan o se le enferman sus secretarios, su hermana pierde en Michoacán, México sufre calamidades en forma de epidemias, de crisis económicas de inseguridad generalizada, inundaciones o terribles sequías y, de ribete, se agudizan la pobreza y el desempleo. Nomás falta que, caminando por ahí se le acerque un perro a hacerle una trastada.

El Presidente hizo renunciar a su secretario de Hacienda para que pudiera contender por la candidatura presidencial, con tan mal tino que el pobre de Cordero no la levanta y anda a la cola de los pretendientes. El fracaso panista en Michoacán confirma su evidente debilidad frente a la ciudadanía y se interpreta como un pésimo augurio electoral, ya que es la última elección antes de la presidencial. Todo indica que quien se va a quedar con la candidatura será la señora Josefina Vázquez, ya que a Santiago Creel lo persigue un fantasma de mil cabezas, las decenas de casinos que autorizó por sus pistolas cuando era secretario de Gobernación, en tiempos del Fox, el inefable.

En el caso del PRI, su presidente, el profesor Moreira, a pesar del brillante triunfo logrado en Michoacán donde se pasó 71 días dirigiendo la campaña del candidato de su partido, sigue padeciendo los embates de una guerra sucia que aparentemente se emprendió desde Los Pinos y desde una empresa periodística despechada porque le achaca a Moreira su fracaso en Saltillo. Desde un principio, en el PRI destacaron sólo dos de sus personajes, aunque muy pronto Peña Nieto dejó muy atrás a su rival. Beltrones ha trabajado intensamente por recobrar terreno, tratando de sacar ventaja de su debilidad y sagazmente, reclama equidad, cuando realmente lo que le falta es fuerza para igualar a su rival.

Quizá por la experiencia del pasado el fantasma de la división acalambra a los priistas. Cuando Labastida se enfrentó a Fox, ya traía la cobija a rastras luego de que Madrazo lo bautizara como el “perfecto fracasado”. Después vino la trágica ruptura de Madrazo con la maestra Elba Esther y el disolvente papel que jugó el famoso Tucom, integrado por seis gobernadores. Moreira es hábil y sabrá sortear la guerra externa y el fuego amigo. Ojalá no le falle el ánimo ante tanto lodazal.

El PRD ha sido, hasta ahora, el mejor librado. Sorpresivamente, transitó la fase de definición de su candidato con gran altura. López Obrador vuelve a la carga, aunque jura y perjura que ya no es el mismo, que ya aprendió de sus errores y ahora se nos presenta como un nuevo personaje, investido de un espíritu conciliador, amoroso e insuflado de los más caros ideales y los más preciados valores humanos. Sin embargo, tiene dos retos: uno, que la ciudadanía se trague eso de su nuevo humanismo y, dos, que pueda disminuir el alto nivel de negativos que se ganó a pulso cuando, molesto por los imprudentes ataques de Fox gritó “callen a esa chachalaca”, o cuando mandó “al diablo a las instituciones”, o cuando bloqueó por casi dos meses el Paseo de la Reforma, afectando precisamente a la ciudadanía que más votos le había dado.

Así van las cosas… hasta ahora…
13 Noviembre 2011 04:00:46
Derechos Humanos, un caso trágico
En días recientes el acreditado organismo internacional Human Rights Watch (HRW), cuya traducción en español podría ser Observador de los Derechos Humanos, acaba de entregarle al presidente Calderón un informe sobre México, titulado “Ni seguridad ni derechos. Ejecuciones, desapariciones y torturas en la guerra contra el narcotráfico en México”, documento que a un selecto grupo de investigadores les llevó cerca de dos años para llevarlo a cabo. Su trabajo se concentró en los estados de Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Guerrero y Tabasco.

La conclusión del estudio es demoledor: el rotundo fracaso de la estrategia presidencial en su lucha contra el narcotráfico. No sólo no se ha reducido la violencia, se afirma, sino que además de haberla soliviantado, ha exacerbado la violación de los derechos humanos al proliferar las detenciones ilegales, las confesiones bajo tortura, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas. Y agrega: sólo por excepción se castiga la violación de los derechos humanos. Las Comisiones Estatales de Derechos Humanos, aparte de que poco hacen, se limitan a trabajar como oficinas dependientes del Gobernador, sin autonomía ni criterios propios, olvidándose de su compromiso de defender a la sociedad de las agresiones de las instituciones gubernamentales. En este sentido, la voz de HRW se suma a la de Amnistía Internacional que ya en otras ocasiones ha llegado a conclusiones similares.

El Director de HRW personalmente le espetó al Presidente el recuento de los casos encontrados en México que hablan de tal salvajismo que si no fuera por la elevada calidad moral de tan acreditada organización, uno podría pensar que tanta brutalidad sólo podría originarse en una mente paranoica: 170 casos de tortura, 39 desapariciones forzadas y 24 ejecuciones extrajudiciales. Desde luego, sin contar las cerca de 50 mil muertes violentas asociadas a la lucha contra el crimen organizado.

Los derechos humanos surgieron como una cruzada por empoderar al pueblo ante el autoritarismo y la soberbia del poder constituido.

Su origen y destino fue azaroso. Podríamos comenzar mencionando el Bill of Rights inglés, de 1689, el Bill of Rights norteamericano de 1791 que se incorporó a la Constitución en forma de las 10 primeras enmiendas y que protege la libertad de los ciudadanos en materias tales como la libertad de palabra, religión, de imprenta y de reunión. Los norteamericanos, desconfiados del eventual autoritarismo o arbitrariedad de la clase gobernante, o del despotismo legal de la mayoría, incluyeron el control constitucional para cada ley y estructuraron su Constitución de manera rígida, en cuanto a que sólo un poder constituyente podría modificarla.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que la Asamblea francesa proclamó en 1789, no se incorporó a la Constitución pues los franceses, confiados en la división de poderes y en el sistema representativo, dejaron que el parlamento fuera conformando un orden jurídico integral congruente con la preservación de los derechos humanos.

En el caso nuestro, las garantías individuales fundamentales están contenidas en los primeros 24 artículos de la Constitución. Otros derechos y prerrogativas aparecen en diversos artículos. Lo importante es que, como en el caso de los Estados Unidos, las garantías están preservadas en una Constitución rígida, cuya modificación está perfectamente regulada.

En algunos países donde la declaración de derechos humanos y la Constitución General son textos separados, suele presentarse una disyuntiva: si los derechos humanos, por ser de derecho natural deben incorporarse en automático al texto constitucional, o si el parlamento, en uso de su soberanía, se reserva el derecho de integrarlos al texto constitucional.

Así andan los derechos humanos. El informe al que nos referimos inicialmente, provocó tremendo disgusto al Presidente. Él ya había contado que en su lucha anti crimen tendría una estupenda bandera que lo acreditara como jefe de un gobierno eficaz y valiente. Sin embargo, al convencerse de su fracaso, ahora no sabe a quién echarle la culpa de tan tremenda frustración.

Así como no podemos aceptar vivir en permanente angustia, acosados por malosos que acechan nuestra vida y propiedades, tampoco podemos permitirle al Gobierno que impunemente quebrante las garantías individuales, último refugio que nos queda para vivir y trabajar en paz.
06 Noviembre 2011 04:00:52
Una lección de lealtad
En política no son frecuentes los casos de lealtad y mucho menos de humildad. Muchos políticos profesionales, creen que para subsistir en el proceloso mar de la política hay que hacer a un lado atributos tan apreciados como la lealtad, la sencillez, la gratitud y la humildad. La honradez suele estorbarles y no tienen la menor idea de lo que es la dignidad y el respeto a sí mismos. Asumen que la única manera de sobrevivir a los avatares de la política es arrodillándose ante los poderosos, aunque con sus rodillas aplasten a quienes otrora fueran sus amigos y protectores. Son los políticos bicicleteros, porque se encorvan ante los poderosos y se agachan y patean a los de abajo, cuando las ansias de avanzar son más fuertes que su dignidad.

Los caminos de la profesión política son amplios y diversos. Cada quien escoge el suyo, de acuerdo a las urgencias y tamaño de su ambición, a la fortaleza de sus principios o a la dimensión de sus recursos, sean materiales o asociados al talento y a la habilidad. Algunos transitan por el camino de la dignidad y la honradez, otros por los del servilismo y la abyección. Para los primeros el proceso de avance es lento, difícil y muchas veces ingrato y desalentador. Para los zalameros y serviles, el camino suele ser menos duro y más rentable. El político de principios suele marcarse una ruta que no admite desvíos ni concesiones. El convenenciero suele tener dos o tres chaquetas para cambiar de compromisos tan pronto sienta que varían los vientos de la política.

El líder político debe desarrollar una sensibilidad especial para distinguir la clase de políticos que le rodean. Ha de cultivar la autodisciplina de la sobriedad y de la autovaloración objetiva, para no dejarse seducir por las zalamerías de los acomodaticios, que tan pronto obtienen lo que pretenden, huyen para desatarse de cualquier compromiso. Quien se deja rodear de tontos o de sinvergüenzas, un día terminará cometiendo equívocos.

Todo esto viene a cuento con motivo de la presentación del sexto informe del gobierno estatal, ahora a cargo del gobernador interino, licenciado Jorge Torres López. A él le tocó hacer un balance de lo realizado tanto por el profesor Humberto Moreira quien gobernó nuestro estado por poco más de cinco años y lo hecho en el período de gobierno que a él le correspondió. Su exposición fue un monumento a la lealtad y respeto a su antecesor, como de institucionalidad política y de hombría de bien. Al enumerar una a una las importantes obras realizadas por el gobierno, no dejó de reconocer en ningún momento, con auténtica modestia, los méritos de Humberto Moreira. Jamás hizo jactancia de nada y nunca abandonó la sencillez. Jorge Torres, honesto y digno como es, hizo posible que una transición que se antojaba difícil, fuera tersa, a pesar de que las cosas se fueron complicando a medida que arreció el linchamiento político contra el ex gobernador Moreira.

Lo realizado en el sexenio que está a punto de culminar, es algo históricamente notable. La obra pública es de una enorme magnitud: 87 nuevos puentes vehiculares, construcción de 140 avenidas y vialidades, pavimentación de 1500 kilómetros de caminos rurales, 44 nuevos espacios culturales, con 20 museos construidos, grandes teatros en Monclova, Piedras Negras, Guerrero y Candela, seis casas de cultura, Macro Plazas en Acuña, Torreón y Piedras Negras y en esa ciudad fronteriza la bella construcción del Paseo del Río. La gran inversión en obra pública alentó el crecimiento económico de Coahuila y mejoró nuestra competitividad. Hubo 195 proyectos de inversión privada con un monto de 8 mil 600 millones de dólares y la creación de 84 mil nuevos empleos.

Los coahuilenses debemos estar orgullosos por que ahora nuestro estado ocupa el primer lugar en crecimiento del Producto Interno Bruto, es donde más se ha reducido la pobreza y es menor la deserción escolar, el analfabetismo se ha reducido a cero y ocupamos el tercer lugar en espacios culturales per cápita, en grados de escolaridad, en productividad laboral y en actividad exportadora empresarial.

Si el profesor Moreira fue un gran gobernante, Jorge Torres fue un digno sucesor. Coahuila es otro, Coahuila es mejor.
30 Octubre 2011 02:00:20
Un planteamiento valeroso
La orientación nacionalista es la piedra angular sobre la cual se construyó el Partido Revolucionario Institucional. A raíz de unas declaraciones hechas por el aspirante presidencial mejor posicionado, el licenciado Enrique Peña Nieto, el tema vuelve a ponerse en el centro de la palestra del debate al interior de nuestro instituto político. La declaración en comento fue hecha a un reportero del prestigiado diario norteamericano “Financial Times” respecto de que Pemex podría “obtener más mediante alianzas con el sector privado”.

Algunos compañeros de partido, convencidos hasta la médula de que compartir la explotación petrolera con la inversión privada es inmolar la soberanía nacional en la piedra de los sacrificios, se han pronunciado airadamente en contra de lo que ellos consideran una afirmación no sólo aventurada, sino sacrílega. Otros, menos ideologizados, pero quizá por su inveterada manera de ver a la política como un campo en el que no hay que decir lo que se piensa, ni menos lo que se pretende hacer, afirman que, independientemente de la validez de las razones que puedan asistir a tan distinguido aspirante presidencial, no era oportuno abordar en estos momentos tan delicado como polémico tema, sobre todo tomando en cuenta que Peña todavía está en la fase de construcción de su propia candidatura.

Finalmente hay quienes, con mentalidad más moderna, manifiestan que la expresión del licenciado Peña Nieto es una posición que va en la línea de su honestidad intelectual y política y le reconocen, además, su actitud valerosa ante un tema que se volvió intocable para aquellos ideólogos que radican la puridad de la soberanía nacional en una autarquía petrolera radical frente a cualquier intromisión de capitales privados.

A reserva de que en otra ocasión evaluemos las ventajas técnicas y económicas de abrir Pemex a la inversión privada, trataré de explicar las razones de mi conformidad con la actitud del ex gobernador Peña Nieto. En primer lugar, nadie pretende que México deba ceder a terceros el control de tan importante industria y menos de que se trate de entregarla a intereses extranjeros.

Las condiciones económicas y políticas de México y del mundo han cambiado radicalmente desde aquél noviembre de 1958, cuando Adolfo Ruiz Cortines, en la víspera del término de su gobierno, canceló unos contratos de riesgo que existían desde los tiempos de la expropiación petrolera. De entonces a ahora, los países petroleros han actualizado el régimen legal de su respectivo sector petrolero, con una actitud más abierta al desarrollo tecnológico y a normas de trabajo y de administración más apegadas a la eficiencia y a la competitividad.

Peña Nieto está convencido de que Pemex podría tomar el ejemplo de Petrobras, la compañía petrolera del Estado brasileño, que sin perder hegemonía, ha abierto su empresa a capitales privados que realizan grandes inversiones, exploran y explotan las profundidades del mar, con el resultado de que ya nos sobrepasaron en volumen de producción.

La actividad petrolera está viciada. Pemex actúa, indebidamente, como recaudador de recursos, su administración se distingue por su opacidad, sus funcionarios gozan de grandes sueldos y prestaciones, el sindicato se ha apropiado de funciones que van más allá del ámbito laboral y la prensa nos habla un día y otro también de graves casos de corrupción y de jugosos negocios turbios. Pemex pierde diariamente millones de pesos por la “ordeña” clandestina de sus ductos y hay quienes afirman que tal negocio se alienta desde adentro.

Si tanto nos apremia una profunda reforma hacendaria para fortalecer las finanzas públicas e impulsar el desarrollo nacional, hay que aprovechar tal reforma para desembarazar a Pemex de su papel de recaudador de rentas, respetar su autonomía y dejarla que crezca con sus propios recursos, que deje de endeudarse, que privilegie en sus proyectos a las empresas mexicanas y a sus insumos y se aplique a explorar zonas de tanto potencial como los yacimientos marítimos profundos.

En su reciente estancia en México el ex presidente brasileño, Luis Inacio Lula da Silva propuso enfáticamente una alianza entre Pemex y Petrobras, que llevaría a ambas empresas a un elevado lugar en el mundo petrolero. De salida suena bien y creo que tal alianza obligaría a nuestra empresa a volverse más eficiente, más transparente y más competitiva.
23 Octubre 2011 03:00:47
Reformas y reformitis
Una polémica que se inició hace varias legislaturas, hasta volverse recurrente, ha vuelto a la actualidad: la reforma política. Se ha discutido tanto el tema y se han planteado tantas iniciativas que el asunto acabó por volverse confuso.

Al tratar de encontrar una razón sobre tan reiterado tema, me quedo con la idea de que este cíclico discutir sobre nuestro sistema político tiene su origen en la inconformidad de algunos partidos o de algunos conspicuos actores políticos que, al no ver coronados sus intentos por conseguir el poder, tratan de remodelar el sistema para lograr lo que a través del voto no han conquistado ni conquistarán.

Así sucedió hace ya varios años cuando Porfirio Muñoz Ledo, con un gran talento que desgraciadamente acabó por extraviarse, le planteaba, a cuanto Presidente de la República podía, la conformación de un nuevo Estado Mexicano. Como él estudió en Francia, donde además fue nuestro embajador por algún tiempo, insistía en que adoptáramos el modelo francés. Ahí el Presidente de la República representa al Estado, es responsable de la política exterior y asume el cargo de Comandante Supremo de las fuerzas armadas. Junto a él gobierna un Primer Ministro que, en calidad de Jefe de Gabinete, se encarga del gobierno interior del país.

El notable politólogo italiano Giovani Sartori ha especulado sobre diversos sistemas de gobierno: el semipresidencial, el semiparlamentario, el parlamentario alterno, etcétera. Lo cierto es que en el mundo hay dos sistemas principales: el parlamentario y el presidencial. El primero es el más antiguo y quizá el más generalizado y el segundo, inventado por los padres de la Constitución de los Estados Unidos a raíz de su independencia, cundió prácticamente en todo el continente americano.

En el anterior periodo legislativo el Senado de la República aprobó una iniciativa de reforma política y, a dos días de expirar tal período, la envió a la colegisladora, quizá con la aviesa intención de hacer queda mal a los diputados: si la hubieran aprobado, serían acusados de irresponsables por frívolos y si no lo hacían, serían unos indolentes, como así sucedió. De todos modos, “Juan te llamas”.

En la minuta aprobada iba la reelección inmediata de los diputados y alcaldes, la creación del Jefe de Gabinete, la revocación de mandato, la consulta popular, el plebiscito y el referéndum. Como se dice vulgarmente: “cualquier baba de perico”. Los diputados aguantaron la vara de las críticas. Ya se discutió en comisiones y ahora una nueva versión acotada pasará al pleno para su discusión final y, eventualmente, para su aprobación.

Por si fuera poco, a esta iniciativa el senador Beltrones está tratando de empujar otra referente a la integración de un cogobierno a partir de coaligar fuerzas políticas, es decir, partidos políticos. En este caso, se dice, para tratar de superar la “parálisis política” que se origina cuando las diferencias entre fracciones parlamentarias impiden la aprobación o modificación de alguna ley o de alguna reforma constitucional.

Con esta adición reformista, la cosa ya acabó en confusión. Son tantas las presiones y tan reiteradas las invocaciones reformistas, que da la impresión de que los senadores o alguno en particular, tratan de proyectar la imagen de que ellos son los estadistas y que los diputados, o quienes están detrás de ellos, son puros “grillos”.

Al final de cuentas la minuta reformista se aprobará parcialmente, quedando fuera la reelección de alcaldes y diputados y la revocación del mandato, entre otras cosas. En cuanto a las coaliciones, la propuesta no va a prosperar, ya que da la impresión de que, en el fondo, lo que se quiere es coartar el poder de quien va a la cabeza de las encuestas, si llega a la Presidencia. Es decir, que llegue con un poder acotado. Y eso es contrario a la esencia del sistema presidencial diseñado en 1824, ratificado en 1857 y reiterado en 1917.

Además, siempre que ha sido necesario o conveniente para el partido en el poder, se ha aliado con cualquier fuerza política para sacar adelante sus políticas o sus intereses. Así ha sido tanto en procesos electorales como en algunas decisiones de gobierno. Finalmente hay un adagio popular que va de la mano del sistema presidencial: “El poder se ejerce, no se comparte”.
16 Octubre 2011 03:00:05
Propuestas para México II
En un Estado democrático, la política social debe entenderse como un instrumento para promover la justicia social, corregir los desequilibrios económicos y fomentar el desarrollo humano.

Las políticas económicas y sociales de los gobiernos panistas no sólo han fracasado, sino que han estancado económicamente al país y, lejos de conformar una sociedad igualitaria, la desigualdad social se ha profundizado. La economía del país ha crecido a un ritmo no mayor al 2 % en promedio anual y, según la Coneval, más de 52 millones de compatriotas viven en la pobreza. La creación de empleos y los ingresos familiares son notoriamente insuficientes y prevalece una elevada concentración de la riqueza y de las oportunidades para progresar.

El próximo gobierno, seguramente del Partido Revolucionario Institucional, habrá de asumir la responsabilidad de impulsar un crecimiento económicamente sostenido y ambientalmente sustentable, y un desarrollo socialmente igualitario.

Las políticas sociales aplicadas por los gobiernos panistas no han logrado reducir ni la pobreza ni la desigualdad, no han sido capaces de elevar el desarrollo humano ni reducir los desequilibrios regionales. Los programas sociales en vigor suman más de un centenar. Sin embargo no por numerosos son eficaces, sino que se caracterizan precisamente por su inoperancia y por ser voluntaristas y discrecionales. Están diseñados como apoyos asistenciales y han terminado por convertirse en clientelares, dadivosos y regresivos, en cuanto que no impulsan al trabajo, sino al conformismo y la pasividad.

Hoy se requieren programas que vayan más allá de simples paliativos de la miseria o que sólo ofrezcan soluciones temporales. Los programas sociales tienen que partir del respeto a la dignidad de las personas, estimular a quienes aún tienen reservas físicas e intelectuales para darles la oportunidad de sentirse aún útiles, o de apoyar humanitariamente a los que ya rindieron y están en condiciones de absoluta dependencia.

Educación, salud, empleo y seguridad pública son factores fundamentales para superar la pobreza y la marginación. La educación es el recurso idóneo para construir el bienestar social y auspiciar el progreso de la nación. Sin embargo, en México la educación está muy lejos de cumplir semejante compromiso, ya que todavía una cuarta parte de la población se encuentra en rezago educativo, la calidad se ha deteriorado y no estamos formando a los nuevos mexicanos con la capacidad y las habilidades necesarias para ascender en la escala económica y social. Tampoco está muy claro que la educación cumpla con la tarea de inculcar los valores éticos propios de una sociedad fraternalmente solidaria, honesta y progresista.

Los servicios de salud pública, por su parte, no han sido capaces de sentar las bases para resolver los nuevos problemas asociados al proceso de transición epidemiológica por el que atraviesa el país. Por eso no se han logrado dominar los padecimientos que se han convertido en un perverso flagelo: la desnutrición, la obesidad y la diabetes.

Aunque hay varias instituciones importantes encargadas de ver por el bienestar físico y mental de los mexicanos, la realidad es que en los últimos años tales organismos se han caracterizado por su falta de recursos y por su poca o nula coordinación, lo que duplica tareas y despilfarra los pocos fondos con que cuentan. Ante tales problemas, el ex gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, aspirante a la candidatura presidencial por el PRI, se ha comprometido a impulsar un nuevo sistema de seguridad social, integral y universal, mejor coordinado y más eficiente, en el que cada mexicano pueda elegir qué hospital o qué médico lo va a atender. Del mismo modo, se inclina porque todos los retirados cuenten, después de una vida de trabajo, con una pensión digna. Este no sólo sería un sistema más justo, sino más sólido, financiado por todos, de acuerdo a las posibilidades de cada quien.

La seguridad pública atraviesa por una época de intensos enfrentamientos entre el crimen organizado y las fuerzas desorganizadas, municipales y estatales. Si bien es cierto que el narcotráfico proviene de muchos años atrás, jamás se habían dado los niveles de violencia desatada que tiene en vilo a la mayoría de los mexicanos. Este es un tema que merece consideración por separado.
09 Octubre 2011 04:09:59
Propuestas para México I
Los panistas se niegan a implantar una política fiscal progresiva

La Fundación Colosio del Partido Revolucionario Institucional ha organizado tres foros en los cuales los dos aspirantes a la candidatura a la Presidencia de la República, léase licenciados Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, presentarán sus respectivas posiciones sobre algunos de los temas de mayor trascendencia para el futuro de México. La idea es que la membresía partidaria y la ciudadanía en general sopesen el valor y trascendencia de la posición de cada uno y, en particular, le permita ponderar la concepción de cada quien sobre el futuro de México y de lo que proponen sobre lo que habría qué hacer en caso de que fuese, alguno de los dos, elegido candidato presidencial y, en su momento, presidente de la República. Los susodichos alternarán con representantes de los sectores empresarial e intelectual.

El primero de los foros se llevará a cabo el próximo lunes 10 de octubre en la ciudad de Chihuahua y versará sobre temas económicos. Los foros posteriores serán en Querétaro y en Tuxtla Gutiérrez.

Quizá por ser el más importante de los temas, se escogió primero el de la economía, que, como bien sabemos, ha sido el Waterloo de los panistas, ya que durante sus gobiernos nos hemos estancado, hemos sido los que peor sufrimos las consecuencias de la crisis financiera de 2008 y se han recrudecido la pobreza y la desigualdad social. El Banco Central se ha concretado a salvaguardar la estabilidad monetaria y el equilibrio presupuestal y se ha concentrado en evitar, a como dé lugar, el aumento de los precios, negándose rotundamente a ampliar sus funciones para estimular el crecimiento económico y el desarrollo social.

La banca de desarrollo prácticamente ha desaparecido y la comercial le tiene pánico prestar a las actividades productivas, lo que ha coadyuvado al deterioro de la industria y de la agricultura. Sin embargo, son tan caros sus servicios que cuando la crisis financiera del 98, la banca extranjera, enseñoreada en México del sector financiero, fue aquí donde no sólo no obtuvo pérdidas, sino que fue en México de donde obtuvo los más altos rendimientos.

Como si fuera una calca del Partido Republicano de los Estados Unidos, los panistas se niegan a implantar una política fiscal progresiva, que permitiera captar recursos suficientes para realizar los importantes proyectos de infraestructura que tanto necesita el país para fortalecer su grado de competitividad. La política hacendaria de los panistas, ha debilitado al Estado Mexicano para cumplir su compromiso con el crecimiento económico y el desarrollo igualitario.

Los gobiernos panistas han abandonado la responsabilidad de garantizar el desarrollo sostenido, integral y sustentable. Por eso, el próximo gobierno habrá de tomar un curso muy diferente al actual. Deberá asumir como primera gran responsabilidad histórica el fortalecimiento del Estado Mexicano como la piedra angular sobre la cual la nación pueda construir sus instituciones, diseñar su plan de desarrollo, elaborar sus políticas públicas, sus programas y sus proyectos. Un Estado inspirado en una nueva ideología que le permita orientar sus acciones para retomar la ruta del crecimiento económico con un fuerte énfasis en el desarrollo social.

El próximo gobierno deberá retomar el compromiso de que México recupere su soberanía alimentaria. Los gobiernos panistas, al debilitar a la banca de desarrollo y cancelar los principales programas de fomento agropecuario, privilegiando con apoyos sólo a los empresarios del campo que ya tienen recursos propios y abandonando al sector social, han convertido al campo mexicano en una zona de expulsión de mano de obra que emigró a las ciudades o, de plano, a Norteamérica en busca de las oportunidades de trabajo y producción que aquí se les niegan.

La industria nacional sufre de la competencia de productos de otras naciones que practican abiertamente el dumping, sin que las autoridades mexicanas hagan algo por defender su causa. Tenemos que aprender a pagar con la misma moneda a los países que se han vuelto descaradamente proteccionistas. El futuro gobierno habrá de apoyar al aparato productivo nacional para lograr un desarrollo sostenido y sustentable. Pasar del discurso propagandístico a los hechos, a la tarea real de impulsar el progreso nacional.
02 Octubre 2011 04:10:16
La reforma política
Este juego de vencidas no es extraño a ningún país organizado bajo el sistema presidencial

Por fin se discutió en la Cámara de Diputados la tan traída y llevada reforma política y todo parece indicar que está próxima su aprobación final, salvo que como la minuta del Senado será objeto de algunas modificaciones –no menores, por cierto– tendrá que regresar a la Cámara de Origen para su aprobación definitiva. En caso de que a los senadores no les cuadren los cambios de la Cámara baja, la iniciativa tendrá que esperar hasta el próximo período de sesiones, es decir hasta el año entrante.

La historia se remonta hasta le fecha en que el presidente Calderón envió su iniciativa al Senado, la que contenía una serie de planteamientos que, de aprobarse, le darían al Ejecutivo mayor preponderancia sobre el Legislativo. Este esfuerzo de Calderón, es una fase más del permanente proceso de estira y afloja que suele darse entre los tres Poderes de la Unión, y que en nuestro país se ha agudizado a raíz de la alternancia en el Poder Ejecutivo. Por lo demás, este juego de vencidas no es extraño a ningún país organizado bajo el sistema presidencial.

Desde que se aprobó nuestra primera Constitución en 1824 el poder de Unión se dividió en tres ramas que, en teoría, se balancearían y se controlarían entre sí. El Legislativo se encargaría de redactar las leyes que ordenarían al Estado, el Ejecutivo, gobernaría de acuerdo al Estado de Derecho aprobado por el Legislativo y, el Judicial, vigilaría que los otros poderes y el pueblo obrasen respetando las leyes en vigor.

A pesar de que en 1857 se aprobó una nueva Constitución y en 1917, una vez triunfante la Revolución entró en vigor otra, quienes saben de estas cosas opinan que en el fondo se han sostenido las mismas bases fundamentales sobre las que se construyó originalmente nuestro sistema político.

A lo largo de los años, la realidad demostró que las cosas del Gobierno finalmente no se compadecieron con el espíritu constitucional, especialmente en cuanto a la separación de Poderes y a la organización federal de la República. La razón de ello fue que durante muchos años el Poder Ejecutivo no sólo prevaleció por encima del Legislativo y del Judicial, sino que prácticamente anuló el federalismo al imponer su hegemonía centralista.

Para un extraño a nuestro sistema no es fácil explicarse este fenómeno, pues contraviene nada menos que dos de los postulados fundamentales de nuestra organización política: la división de Poderes y la organización federal de la República. Sin embargo, factores de orden económico y político dieron lugar a que el Ejecutivo fuera acumulando cada vez mayores facultades hasta convertirse en el factótum del devenir nacional.

La alternancia en el Poder Ejecutivo de 2000 –y su ratificación en 2006–, se dio sin una mayoría del partido del presidente en las cámaras del Congreso, lo que de inmediato provocó un enfrentamiento político que favoreció –ahora sí– que se hiciera efectiva la división de Poderes. Tanto Fox como Calderón, echando de menos los tiempos en los que el presidente era omnímodo, por diversos medios trataron de reconquistar el magno poder del cual alguna vez habían gozado sus antecesores, en los tiempos del presidencialismo, o de la “dictadura perfecta” como la llamara el premio Nobel Vargas Llosa.

En su intento de insubordinarse al dominio del Congreso, Calderón diseñó una reforma política con la cual pretendía despacharse con la cuchara grande: el derecho a presentar iniciativas “preferentes” que obligarían al Congreso a discutirlas en un período máximo de dos meses; la libertad de hacer observaciones a todos los proyectos de ley aprobados por el Congreso; la facultad de vetar el presupuesto aprobado por la Cámara de Diputados; la reconducción presupuestal, o sea continuar con el mismo presupuesto del año anterior si la Cámara no aprobara en tiempo el nuevo.

La iniciativa es muy amplia y uno puede inferir que se trata, finalmente, de reducir el poder tanto del Congreso de la Unión como de los partidos políticos para que surja de nuevo un presidente fuerte y hegemónico.

Ya veremos otros aspectos de esta iniciativa y el destino al que lleguen en el Congreso de la Unión.
25 Septiembre 2011 03:00:25
Una polémica reforma política
Ahora que gracias a la promoción del Senado de la República, se discute en la Cámara de Diputados la iniciativa llamada “reforma política”, viene al caso revisar los antecedentes de nuestro modelo republicano, representativo, popular y federal, que según algunos senadores reformistas, está totalmente agotado.

Aunque en el corto espacio que se me asigna en este acreditado medio es imposible desahogar tan importante como intrincado asunto, trataré en esta ocasión de plantear sólo algunos antecedentes de nuestro modelo político, a reserva de analizar posteriormente los méritos de tan importante iniciativa senatorial.

La mayoría de quienes se ocupan de estudiar estas cosas del Estado Mexicano, están de acuerdo en que fue a partir de 1997 cuando legó a su fin el presidencialismo mexicano, una vez que el PRI perdió, por primera vez, la mayoría de la Cámara de Diputados. A partir de entonces, el último presidente surgido del PRI se vio limitado para ejercer aquellas facultades llamadas “metaconstitucionales”, que tanto a él, como a todos sus antecesores les había permitido erigirse en un poder hegemónico, por encima de todas las instituciones republicanas, inclusive aquellas que, desde su origen, fueron concebidas para equilibrarse entre sí.

En México, una vez lograda la independencia en 1821, y habiendo derrocado al Primer Imperio que se había “agandallado” Iturbide, un notable grupo de independentistas, liderados por el coahuilense Miguel Ramos Arizpe, integraron el Primer Congreso Constituyente. La Constitución que redactaron en 1824 organizó al naciente país como una república representativa, democrática y federal, con poderes divididos en tres grandes ramas: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. A cada poder se le asignaron atribuciones, de tal modo que el ejercicio de sus respectivos poderes resultara balanceado y recíprocamente controlado.

Uno de los pocos antecedentes de nuestro intento de conformación republicana era, para entonces, el modelo norteamericano, de ahí que nuestros constituyentes de 1824 tomaron como modelo el documento constitucional del país vecino. Es por ello que muchos conocedores de los temas constitucionales han llegado a afirmar que la nuestra fue una copia de la Constitución norteamericana. Quizá lo sea, en gran parte, pero lo cierto es que en aquellos años ni había muchos países independientes ni muchos modelos de organización nacional.

En aquellos tiempos apenas se iniciaba un largo y penosos proceso de movimientos de independencia y descolonización. Muchos pueblos que por siglos habían sido invadidos, conquistados y explotados por los colonizadores europeos, iban logrando su independencia por la vía de las armas, como el caso de México. De modo que nuestros constituyentes de 1824, más que copiar la constitución de los Estados Unidos, lo que realmente copiaron fue su modelo de nación.

Por otra parte, no hay que menospreciar el talento y la visión de nuestros primeros constituyentes, en particular en cuanto a su firme posición de no volver a constituir una nación con un ejecutivo preponderante ni una república centralista que auspiciara lo que se trataba de evitar: la hegemonía de un solo poder sobre los demás. La lucha de Ramos Arizpe contra el centralismo fue tan radical e intransigente que Reyes Heroles, reconocido político e intelectual, afirmó que si cuando nuestros constituyentes discutieron y aprobaron la Constitución de 1824, los norteamericanos no hubieran ya establecido el federalismo, “Ramos Arizpe lo hubiera inventado”.

Ya los padres de la Patria norteamericana habían llegado a un pacto en el que las entidades federadas que formarían la república, se integrarían en calidad de estados soberanos y libres, en cuanto a su régimen interior, dejándole al Gobierno federal todas aquellas facultades que no se hubiesen reservado para sí. Ese modelo republicano, presidencial y federal ha funcionado con muy aceptable eficiencia en la Unión norteamericana por más de dos siglos bajo las premisas del equilibrio de poderes y de la vigencia, a plenitud, del federalismo.

Sin embargo, en nuestro país las cosas no han marchado bien. Pareciera que las enormes vicisitudes que hemos vivido a lo largo de nuestra historia nos han obligado a ir modificando, en muchos aspectos, el modelo de nación establecido originalmente en 1824 y ratificado en 1917.

Es indiscutible que la más seria desviación del modelo original lo representa el fortalecimiento del excesivo empoderamiento a favor del Ejecutivo, en desmedro de los otros poderes de la Unión. Este fenómeno se vivió a plenitud durante el gobierno dictatorial de Porfirio Díaz y paradójicamente fue consolidándose a partir de la revolución hasta que el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados.

En mi próxima entrega trataré de explicar las razones del surgimiento del presidencialismo post revolucionario y de su paulatina consolidación.


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