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Germán Dehesa
Germán Dehesa
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Periodista, escritor y locutor. Considerado uno de los líderes de opinión más influyentes de México. Nació en la Ciudad de México el 1 de julio de 1944 y falleció el 2 de septiembre de 2010. Gaceta del Angel fue su principal columna hasta su deceso. En ella hizo gala de un lenguaje coloquial y sencillo, en el cual expresa, entre múltiples anécdotas, su pensamiento político y crítico. (1944-2010)

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10 Septiembre 2010 04:10:20
El corazón y sus figuraciones
Germán Dehesa compartió con sus lectores sus alegrías y sus problemas durante cerca de 17 años a través de su columna.

El 25 de agosto pasado, justo una semana antes de su fallecimiento, el escritor y periodista reveló que estaba gravemente enfermo.

Con esta entrega terminamos la publicación de las columnas más representativas del autor.

Hoy se cierra su espacio. Su legado perdura.

Gracias, Germán.

El corazón y sus figuraciones

Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida, que es a donde me gusta estar.

Como quien dice, mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año.

Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahí lo dejo en manos del Gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando. Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y mariguanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón.

Me molesta, casi tanto como a ustedes, este tipo de artículos donde tengo que ponerle luto a mis palabras y no sacarlas a pasear para que se asoleen, que es lo que a mí más me gusta; pero dibodobadito, tarde o temprano los médicos logran llevarte a sus terrenos y ahí es la de no te entumas y no le saques, manito. Por esas latitudes transito yo en la actualidad.

Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana. Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia que, donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga.

No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera. Ya sé cómo se las gastan los lectores de por aquí y no me sorprendería que, a la vuelta de unos días, me tope con gente que diga que el mero día del Bicentenario me voy a suicidar en el Zócalo gritando leperadas en contra de un Gobierno y de un sistema que premia cada vez más a la idiotez y no suele ser justo con la inteligencia.

No, yo no voy a hacer nada de eso para celebrar o denostar a este sistema del que, por lo demás, soy miembro activo y no quiero jamás dar la impresión de que me doy de baja. Lo que sin duda ocurrirá es que el sistema me dé de baja a mí, pero ése ya es otro cantar.

Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCCLXXVII (1877)

¿Alguien ha visto a MONTIEL? Cuando lo pierdo de vista, me viene como el soroche.
09 Septiembre 2010 04:10:37
¿Qué tal durmió? M (1000)
El 16 de abril del 2003, la columna de Germán Dehesa se tituló "¿Qué tal durmió?" pregunta que lanzó al entonces procurador Rafael Macedo de la Concha para saber si los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez le quitaban el sueño.

Desde ese día y hasta su última columna el miércoles de la semana pasada el escritor y periodista escribió en sus textos una sección con ese nombre.

Hoy recordamos a Dehesa con el texto publicado el 12 de marzo de 2007, día en el que el conteo llegó al mil.

¿Qué tal durmió? M (1000)

Hoy es el aniversario. Hoy cumplimos mil llamados a la impávida justicia mexicana. Nadie responde, nadie contesta, nadie hace nada. La justicia duerme. Esto ha ocurrido mil veces.

En mil ocasiones hemos podido comprobar que a los señores que supuestamente administran la justicia, les valemos madre. Mil veces.

Mil veces me ofenden los que me dicen que ya le pare, que parezco un loco y que nunca nadie me escuchará. Me tienen, nos tienen que escuchar. Sin un fundamento ético, un país no tiene por qué o para qué existir. Como diría Tomás Moro, un hombre justo y de justicia: finalmente se trata de una cuestión de amor, porque si un amor no se asienta en la justicia, no es digno de tal nombre. Mil veces lo he dicho y al parecer nadie lo ha escuchado.

Mil veces denunciamos la complicidad y la omisión de todas aquellas “autoridades” que tendrían que haber esclarecido las muertes de las mujeres en Ciudad Juárez y nadie, salvo Guadalupe Morfín, la siempre enamorada, respondió algo. Con todo, el misterio de las muertas ahí sigue y su injusta muerte y la justicia que no han recibido infaman a todos aquellos que podrían, si hubieran querido, hacer algo. Nada hicieron; les pareció más importante su vida de ratoncitos políticos que aceptar la grandeza implícita en el hecho de luchar por la justicia. Mil veces los invité. Jamás acudieron y prefirieron la oscura fetidez de ser injustos.

Mil veces me he referido al ladrón ARTURO MONTIEL ROJAS. A él le bastó explicar que sus hijos eran muy inteligentes (falso) y que él había juntado algo de dinero fabricando “cocinas Quetzal”. Este pobre diablo, con su virilidad secuestrada por una filibustera francesa, pretendía ser presidente de México. En su pre-campaña gastó una millonada cuyo origen nadie averiguó y tiene tal cantidad de bienes, que con su libertad ofende a la decencia y a la ley. Sus gatos, Navarrete Prida que hoy usufructúa un premio de consolación que le dio este ratero y Enrique Peña Nieto, que actúa como si fuera gobernador, se han encargado de cubrirle las espaldas y de crear una tupida muralla de expedientes que pongan a la rata MONTIEL al resguardo de cualquier intento de hacer justicia. Y sin embargo, se mueve, decía Galileo. Y sin embargo, es ratero, digo yo.

¡Fallaste, manito!, me dicen los peatones, no pudiste con MONTIEL. Créanme que no es un pleito personal. A MONTIEL lo he visto sólo una vez en mi vida. Si no es conducido ante la justicia, no es que yo pierda; es que perdemos todos; pero no se preocupen, ese bandido será castigado. Me va la vida en ello. Mil veces lo he dicho.

Yo quiero mucho a Lydia Cacho. Me consta que es una mujer justa. Lo de Mario Marín y su conversación con Kamel Nacif es un absoluto escándalo que en cualquier otro lugar del mundo hubiera provocado la dimisión del Gobernador. Él sigue tan campante y me dicen que Felipe hasta lo apapacha. Marín es impresentable y ya tendría que estar en la cárcel, o, por lo menos fuera del Gobierno. Nada de eso ha ocurrido. Mil veces lo he señalado y mil veces se ha reído de la justicia este tonto inmenso cuya defensa corre por cuenta de su partido.

Después de Marín han seguido otros truhanes como Emilio Gamboa, o Manlio Fabio y los cuarenta ladrones que los rodean. Han ofendido impunemente a la justicia de este país y ahí siguen. Mil veces pueden ser acusados; mil veces librarán cualquier persecución. Y sin embargo, algo queda siempre de dolor. Mil razones para seguir insistiendo.

Mil veces hemos hablado a favor de que la justicia despierte. Lo diré por la vez mil uno: ¿qué tal durmió la justicia en México? Ya urge que despierte. Estamos enfermos gravemente de injusticia.
08 Septiembre 2010 04:10:44
Bebeto voceador
Germán Dehesa salió a las calles a vocear “Reforma” cuando el periódico dejó de ser vendido por los puestos de la Unión de Voceadores.

El 3 de noviembre de 1994, explicó desde su columna la situación y los planes. Durante las semanas siguientes se dedicó a organizar grupos de microempresarios en un nuevo sistema de distribución para esta casa editorial.

Durante esta semana, recordamos al escritor y periodista fallecido el jueves con algunas de sus columnas más representativas. Ésta es una de ellas.

Bebeto voceador

¡Extraaa! ¡Entérese! ¡Los del “Reforma” no se dejaaan! Hoy resulta que no somos de la estatura de la vida de los líderes de los voceadores. Su ínclito y mirífico secretario general, el señor Manuel Ramos de todos mis respetos (¡Ay, sí!) ha decidido que la Unión a su digno cargo (¡Ay, sí! bis) no venda más el periódico “Reforma”.

Pues a todo dar. Entenderás, mi cada vez más querido lector, que, con una medida así, se hunde ésta y cualquier publicación periódica. Para la corta edad de nuestro (tuyo y mío) diario que aún no cumple un año, esto es tirar a matar. ¿De parte de quién? En otras circunstancias (fresco está aún el recuerdo de la Revista Impacto) un boicot (¡Ay, sí! tris) así no nos dejaría más salida que liar las rotativas e irnos con nuestro directivos, columnistas y reporteros a otra parte.

Pero eso era antes. En esto sí lleva razón don Carlos Salinas que, apenas ayer, proclamó la presencia de una sociedad cada vez más actuante y de un gobierno cada vez más respetuoso de la libertad de expresión. Así pues, hemos decidido tomarle la palabra al Señor Presidente y, puesto que los líderes no nos quieren en sus puestos, nosotros los trabajadores de “Reforma” (Directivos, editorialistas, columnistas, reporteros, personal administrativo y el cuerpo técnico que es un cuerpazo) hemos decidido salir a vender nuestro periódico. A las 7:30 nos reuniremos y zarparemos a distintos y concurridos cruceros de la capital.

Es obvio que, una vez más, estamos actuando en defensa propia y que no es nuestra intención ofender a ningún voceador cuya personalidad y derechos individuales nos son tan respetables como los de cualquier otro ciudadano. El problema es que no podemos quedarnos tan tranquilos viendo cómo se nos hunde el barco.

Ni que estuviera yo chimuela, diría mi tía Rufina, que fue pionera de las luchas en lodo. Si los voceadores no quieren vender nuestro periódico, pues con la pena de que nosotros sí queremos y lo vamos a hacer. Con el incentivo adicional de que ya me dijo el director que si agarro un buen crucero (Granados Chapa ya se agandalló el mejor) es muy posible que obtenga yo ganancias suficientes como para comprar la carreola y el bambineto con jacuzzi que quiere la Hillary. Y hablando de la prolífica matrona, me acaba de notificar que ella es de la estirpe de las soldaderas y que, nada más faltaba, ella me acompaña a vender los periódicos.

No sé si lo hace por espíritu de solidaridad, o porque piensa que, en una de esas, me levanta una clienta con todo y tambache y no vuelve a saber de mí. El caso es que mañana, queridos conciudadanos, verán a una rubia y embarazada señora vendiendo periódicos por calles y plazas de la capital. Creo que Bebeto jamás imaginó que, a los cinco meses de gestación, iba a andar vendiendo periódicos.

A mí me encanta la idea de que, siendo tan chiquito, ya tenga un oficio digno y ya sepa que nuestro deber ciudadano es no dejarnos. Saldremos mañana y saldremos los días que haga falta. Si tú, querido lector, nos quieres echar una mano, comunícate a “Reforma”. Eso, o que la h. (¡Ay, sí! tetris) directiva de la unión de voceadores decida conducirse de modo equitativo y honorable y, entonces, todos volveremos a nuestros respetables oficios.

Por lo pronto, salimos a vocear. Muchos magnates comenzaron vendiendo periódicos. Eso no tiene chiste. Lo vaciado es terminar vendiendo periódicos. Me parece un apetecible destino. A los que me leen en los estados, les pido que no crean que esto es un asunto local; bien mirado, es de interés nacional. ¡Eeextra! ¡Lleve su “Reforma”! ¡Haga su Reforma!
07 Septiembre 2010 04:10:05
Las tribulaciones del Huarachingtón
Esta semana, en la que recordamos al escritor y periodista fallecido el jueves, presentamos uno de sus textos más representativos sobre el tema.

El 20 de junio de 1994 contó el inicio de su viaje a Washington para ver el partido del Mundial de Estados Unidos en el que México perdió 1-0 con Noruega.


Las tribulaciones del Huarachingtón

¡El día del padre; nos dieron en la madre! Así gritaba la turbamulta tenochca que regresaba, entre desconcertada, bravera y fatalista, después de nuestra fallida expedición punitiva al estadio RFK en la ciudad de Washington.

Pero esta historia merece contarse desde el premonitorio principio. ¿Han participado en algún vuelo charter organizado por alguna agencia nativa? ¿No? Permítanme notificarles que no han vivido. Es una experiencia definitiva.

Es un enérgico baño de realidad. Es algo mucho más aleccionador que una gira política. Se conocen de golpe todos los estratos, todas las etnias, todas las tribus que componen nuestro espectro social que es mucho peor que el espectro de la momia.

Una vez más la Hillary se vio más sagaz que Sherlock Holmes cuando, ya con las maletas hechas, me dijo: ¿Sabes qué? Como que el fut lo disfrutan más los hombres ¿por qué no te llevas a Canito? El corazón de una mujer no se equivoca nunca. Es más: cuando se equivoca, no lo reconoce nunca. Desde el principio los hados nos fueron hostiles. En “Información” del Aeropuerto tienen a una chancluda infradotada que, a la vista de nuestros boletos y mascando enérgica y vacunamente el chicle, nos dijo con plena seguridad: “este vuelo se está documentando en la sala F del área internacional”. La tal sala quedaba a diez millas náuticas. Cuando padre e hijo llegamos a la sala F, ahí no estaba ni la inexistente mamá de la señorita. Por fin, alguien nos dijo: ¡no, hombre, este vuelo lo documentan allá en Aeroméxico, en la sala nacional! Ahí te vamos. Cuando comparecimos en calidad de moscas con periodicazo, habíase congregado ya una vasta multitud nacional compuesta grosso modo por los siguientes sectores: conglomerado decente (Canito, el de la pluma y diez personas más); conglomerado en vías de descomposición social y moral (40 personas) y el sector rugiente capitaneado por un sujeto de edad y condición indefinidas motejado por sus secuaces como “El Huarachingtón”.

Portaban cornetas, matracas, tambores, banderas, sombreros de charro, abundante pintura tricolor por aquello del bodilanguach y una vastísima provisión de los más mortíferos rones nacionales. Desde el abordaje ya flotaba en el ambiente esa disposición, entre bélica y vandálica, que muy ingenuamente llamamos “júbilo nacional” y que puede ser más lesiva que un alzamiento chiapaneco. Era como si la futbolística masa presintiera que más les valía celebrar antes del partido, porque después no habría mucho motivo. De México a Monterrey, las cosas fueron relativamente tranquilas. Ahí el capitán Zavaleta (¡uuuleero! gritaban el Huarachingtón y sus mexjúligans) nos informó que haríamos una escala técnica para pasar migración nacional y para recoger a diez regios que se incorporarían a la expedición. De Monterrey a Washington las pasiones se desataron. Cero comida, cantina libre y el despapache más orgiástico que me ha tocado presenciar en un avión. “Quiero llegar al estadio bien borrachote”, declaró a voz en cuello el ya citado Huarachingtón. Por esfuerzo no quedó. Un cuate hacía magia en el pasillo. Los regios estrechaban vínculos eróticos con las capitalinas. El organizador del viaje pensaba en suicidarse y el capitán Zavaleta no veía la hora de llegar. Canito me comentó: ¿tú crees que nos dejen internarnos en Estados Unidos? Mi pronóstico era negativo. Me equivoqué. En la aduana el Huarachingtón le gritó al oficial: “¡Apúrale inch’ negro; ya llegaron tus primos de Zacatecas!” Sorpresiva y misteriosamente nos dejaron pasar. Seguiré informando.
06 Septiembre 2010 03:30:26
El Viejerío
Germán Dehesa compartió durante casi 17 años opiniones y reflexiones sobre su vida y el acontecer de la Ciudad de México y del país con sus lectores de Reforma.

Durante esta semana recordamos al escritor y periodista fallecido el jueves pasado, publicando cada día una de sus columnas más representativas.

El 27 de mayo de 1994 comenzó con la tradición de, cada viernes, recordarles a sus lectores que “Hoy toca”.

EL VIEJERIO


Van a pensar que soy anormal; pero me gustan muchísimo las mujeres. Su cercanía, su inteligencia, su capacidad para ser árboles bien plantados más danzantes (O. Paz), cornisa de pájaros, alacenas de rumores, cántaros habitados.

Bueno, me gustan tanto las mujeres, que vivo (y muero) con una. Díganme si eso no es mérito. Vivo con una y platico con muchas; con todas las que puedo. Me beneficio de oírlas y de recibir de ellas noticias del otro extremo del imperio.

A falta de Cetes (que están en Nueva York) y de acciones de Telmex, mi gran capital lo forman mis cuates y, en calidad de acciones preferenciales: mis cuatachas. Desde la Tractor, que es harto pelada y cruel conmigo (hoy en la mañana me subió un repugnante brebaje de nopal que, por prescripción de otra cuatacha, me tomo todos los días y me preguntó con tono belicoso: “¿Cómo amaneció?” y yo le respondí: “Muy mal, con el méndigo calor no pude dormir y nadamás me la pasé pensando en entregarme a un negro. ¿No me estaré volviendo loco?” “¡Mááás?”, me respondió la lépera y destructiva azafata).

Bueno, pues desde la Tractor, que es mi cruz, hasta mis amigas de Editorial Armonía, que hoy me invitaron a comer para proponerme unos proyectos tan absurdos y descabellados en los que, por supuesto, voy a colaborar; yo soy el Simbad del Altiplano que navega isla por isla un archipiélago de mujeres (A. Yáñez).

Aunque soy mexicano, he de confesar que no les tengo miedo. Les tengo, eso sí, grande amor, justo respeto y pasteurizada ternura. Yo nunca me referiría a ellas como “el viejerío”; pero, en verdad y con la mano puesta en el corazón (o en alguna otra víscera), les puedo decir que a mí ni me espanta ni me parece relevante ni motivo de deschongue el que un compatriota designe –en un contexto liviano y coloquial– al total de las mujeres de mi país como “el viejerío”.

López Velarde las llama “mujerío” y nadie le aventó la bronca. Pedro Infante les decía “chorreadas” y no hubo periodicazo. Ya puestos en eso, suena mucho más horrible “sector femenil” y nadie dice nada. Con el hipócrita añadido de que la gran mayoría de los que se desgarraron los trajes del terlenka con eso de que “el viejerío a su casa” tienen a su vieja en su casa viendo “Marimar”, pariendo cual conexas (de grandes orexas) y lidiando a la suegra bigotona e indestructible. O sea.

LA MUCHACHADA

Esto, para no variar, me lo contó una cuatacha. El 12 de mayo, día del Debate, mi amigüita se fue a ver el pugilato verbal en compañía de unos amigos. Lo vieron, debatieron, se pelearon, se contentaron y, a cierta hora de la noche, mi referida informante regresó al hogar.

Ahí la esperaba, trémula de emoción, su Tractor particular que es de modelo más antiguo que la mía. Se trata, según me cuenta, de una mujer de unos 65 años. Transcribo el diálogo que ocurrió entre ambas: “¡Ay, señora! ¿Vio usted el Debate?” “Sí, ¿a ti qué te pareció?” “Yo estoy con Diego. ¿Oyó cuando habló de mí?” “No, ¿a qué horas?” “Bueno, no mencionó mi nombre, pero habló de la muchachada”. Fin del diálogo.

¿Sabía o no sabía Diego que en la muy noble y leal jerga a las chicas de auxilio doméstico se les conoce coloquialmente como “muchachas”? Supongo que no. Así que ahí se van las buenas con las malas. Por cada “vieja” que se dio de baja, se dio de alta una “muchacha”. Lo paradójico en toda esta tormenta de saliva es que las “viejas” son de 30 años y las “muchachas” tienen 65.

A esto añádanle una ballena de cartón que desfila por la ciudad, la Embajada de Japón con el teléfono saturado; una madre azteca que pasea por China, temperaturas de 35 grados y ya tenemos el surrealismo nacional en todo su esplendor. Bueno, ya me voy. Es viernes. No se hagan. Hoy toca.
01 Septiembre 2010 04:10:03
Prosiguen las inundaciones
Ésta es una carta de total amor, de solidaridad fraterna y de urgida reciprocidad. Varias de las horas más felices de mi vida han transcurrido en Tlacotalpan, allá, a la orilla del río Papaloapan. Allí me han atendido, allí me han recibido y allí me han agasajado. Ahora me entero de que Tlacotalpan está inundado. Esto para mí es una gran congoja. Ese pueblito a la orilla del río era para mí lo más cercano al Paraíso de todos los lugares que conozco. Mientras otros amigos planeaban sus viajes a Canadá, a Europa, a la India, mi amigo Vitico y yo decidíamos si esta vez sería en coche, o sería en avión, o sería en autobús. Había todo un océano de posibilidades. Las más de las veces, la selección era terrestre y de lo único que nos arrepentíamos era de la salida a Puebla, que es un tormento inenarrable. Si en la eternidad de eternidades, Dios, por pura puntada, anunciara: “Condenados, mañana de 9 a 11 de la mañana, podrán salir todos aquellos que estén en el Infierno”. ¿Se imaginan? En todo el mundo se iba a armar el Rosario de Amozoc y hagan de cuenta de que un millón de cristianos iban a salir libres, serían como dos millones los que morirían apisonados por la masa que se va a abalanzar contra las puertas. Por cierto, no me hagan mucho caso pero, al parecer, una de estas puertas está a cargo del mismo babas que cuidó la puerta del “New’s Divine”, así es que pónganse buzos caperuzos, no vayan a morir por segunda vez. Ya sería choteo. Tómenlo con calma. Si esta vez no alcanzaron a salir, la próxima, que se calcula para dentro de diez millones de años, yo les aseguro que estará más viable y despejada.

Por lo pronto, hoy Tlacotalpan,
mi Tlacotalpan, está inundada y, aunque es pueblo pescador y ribereño, no tiene la costumbre de que el agua se meta en sus casas. Vitico, que es el cronista de lo que ahí ocurre, de lo fasto y lo nefasto, nos reporta: “...que ahora sí, ya nos cargó el pintor...” La verdad, es que todavía no nos ha cargado, pero como que se le siente.

Tengo 66 años y no recuerdo una temporada de lluvias tan maciza, constante y duradera. Cuando, por algún milagro celestial deja de llover en todo un día, hay campanas de fiesta en mi corazón.

La policía, según me reportan
mis agentes ahí destacados, aprovechó el buen tiempo del domingo para darle el apañón a "La Barbie" que tiene tipo de señor decente (creo que ayudaba en misa de doce). Todos los cuicos están muy contentos y todos decían que la aprehensión de “La Barbie” era el resultado de un largo trabajo iniciado en 1974 por su corporación. Éste fue el año del primer delito de “La Barbie” cuando sustrajo todas las donas de la escuela “Chucho el Roto” que, a la sazón, infestaba después de múltiples expulsiones. Y ya voy terminando. El trabajo y Jaime Sabines me reclaman. Me parece muy bien que hayan pepenado a “La Barbie” y también me da mucho gusto que Felipe Calderón, en un gesto entre circense y bíblico, se haya aventado a caminar sobre las aguas, cosa que no logró, pero tampoco se hundió y así se la llevó un kilómetro. Nos tenía a todos with the Jesus in the mouth. Todo resultó bien y, salvo la pulmonía cuata que muy probablemente le dé a nuestro Mandatario, en este país todo marcha.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCCXCII (1892)
MONTIEL.
25 Agosto 2010 04:10:48
El corazón y sus figuraciones
Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar.

Como quien dice, mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año.

Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahí lo dejo en manos del Gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando.

Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y mariguanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón.

Me molesta casi tanto como a ustedes, este tipo de artículos donde tengo que ponerle luto a mis palabras y no sacarlas a pasear para que se asoleen, que es lo que a mí más me gusta; pero dibodobadito, tarde o temprano los médicos logran llevarte a sus terrenos y ahí es la de no te entumas y no le saques, manito. Por esas latitudes transito yo en la actualidad.

Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana. Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia que, donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga.

No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato.

Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera. Ya sé cómo se las gastan los lectores de por aquí y no me sorprendería que, a la vuelta de unos días, me tope con gente que diga que, el mero día del Bicentenario me voy a suicidar en el Zócalo gritando leperadas en contra de un Gobierno y de un sistema que premia cada vez más a la idiotez y no suele ser justo con la inteligencia.

No, yo no voy a hacer nada de eso para celebrar o denostar a este sistema del que, por lo demás soy miembro activo y no quiero jamás dar la impresión de que me doy de baja. Lo que sin duda ocurrirá es que el sistema me dé de baja a mí, pero ése ya es otro cantar.

Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos.

¿Entendido?

¿QUÉ TAL DUR MIÓ? MDCC - CL XXVII (1877)
¿Alguien ha visto a MON - TIEL?
Cuando lo pierdo de vista, me viene como el soroche.
18 Agosto 2010 04:10:05
Los temperamentales aztecas
Ha llegado el momento de darle uso a mi amplia experiencia como viajero internacional y observador del diverso mundo. Yo he atestiguado, en la electrizante Roma, el desarrollo entero de un pleito entre un taxista y un manejador cualquiera. Por supuesto, que todo lo comenzó el taxista que con admirable irresponsabilidad cruzó en diagonal una anchísima y congestionada vía rápida, para rematar dando un violento frenón y franqueándole la puerta a unos turistas que bajaron pálidos, pero eso sí, acompañados por música de Doménico Modugno.

El taxista ya se había desentendido de la situación precardiaca de su pasaje. Ahora su asunto era con un conductor de uno de estos cochecitos como de juguete que, por aquellos tiempos, eran vistos como la última novedad de la industria italiana. Nunca entendí y sigo sin entender cómo un adulto de talla normal podía introducirse en uno de esos "Topolinos" donde, con muchos esfuerzos, cabrían Vitola con su gato.

El conductor de éste, un calvito con gafas y corbata, hizo una inverosímil pirueta y sacó medio cuerpo por su ventanilla con el único objetivo de insultar a gusto al taxista quien, por su parte, contestaba todas las imprecaciones del señor verdecito y así, la discusión fue subiendo de tono hasta unos niveles desconocidos para México.

Estimado Lector:
Lo invitamos a leer a nuestro columnista exclusivo, Germán Dehesa, en los ejemplares impresos de Zócalo Saltillo y Zócalo Piedras Negras.
03 Agosto 2010 04:10:37
Ángeles y serafines; tronos y dominaciones
No, no es una festividad excesivamente conspicua. Y miren que les estoy hablando de la grey creyente de este país que a todo le atora. Si es ocasión festiva, la espiritual pachanga va por todo lo alto (en este caso, la expresión “ocasión festiva” se ciñe exclusivamente a los aniversarios y fastos de la religión católica que, de cualquier modo, aquí en México, con eso nos bastaría y nos sobraría.).

Es pues un culto inherente a la sacralidad de una religión específica; sin embargo, los ángeles y con ellos, su Santa Patrona se mueven por esferas mucho más amplias. Hay, por ejemplo, ángeles de la guarda cuya misión es velar por la integridad física y moral de aquel ser humano que les ha sido asignado.

No es un trabajo fácil; los mexicanos somos muy chirriscos, muy ojoalegre, muy sacaletiras y todo esto, de un modo u otro termina siendo trabajo para el Ángel de la Guarda que se podría morir de aburrimiento en espera de que llegara la policía, o aunque fuera un triste cuico que a todo estaría dispuesto, menos a entrar en batalla contra la delincuencia organizada. Así pues: loor al Ángel de la Guarda mexicano que tiene que ser una mezcla de Robocop y de Intocable para cumplir bien las tareas que le asigna el Santísimo Pelón Mondragón.

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02 Agosto 2010 04:10:28
La morriña
No quiero trabajar. Háganle como quieran pero hoy, lo que se dice hoy, no voy a dar golpe. Siempre que dejo para el domingo (y casi siempre lo hago) la redacción de mi artículo para el lunes, caigo en uno de estos vacíos existenciales, en esta tierra de nadie, en este país de nunca jamás (no confundirlo con Tepoztlán Mor., que tiene rasgos muy parecidos, aunque se encuentra al lado del Tepozteco al que yo, desde la infancia, considero un cerro bastante idiota, aunque ahora lo han revestido de “poderes” y le han adosado una mafufa historia creada por el mismo autor de “La Mano Peluda”).

Para acabar pronto (frase ritual de la eyaculación precoz), todo mi ser se niega a trabajar durante la tarde del domingo. Esto me ocurre en cualquier tarde dominical, pero las que hemos tenido recientemente que están como húmedas, llorosonas, sin nada digno de verse en la TV, salvo unos programas nefandos de música tropical donde aparece “Leobardo y sus Orates del Ritmo”, algo así como una orquesta que nos ofrece, a cornetazos, sus últimos éxitos como “Pañuelito Usado” o “Frasquito de Pasión”. Y yo siento que céula a célula, molécula a molécula, me voy desarticulando y diluyendo en la sustancia original.

Así no se puede escribir. Cada vez percibo con más nitidez que este texto dominical es el equivalente a esas malditas tareas que nos dejaban los maristas para pudrirnos todo el fin de semana. Yo no conozco a ningún niño que el sábado por la tarde lo dedique a resolver veinte reglas de tres que les dejó para el lunes el maestro Zapiáin.

Estimado Lector:
Lo invitamos a leer a nuestro columnista exclusivo, Germán Dehesa, en los ejemplares impresos de Zócalo Saltillo y Zócalo Piedras Negras.
28 Julio 2010 04:10:07
Mi amigo Joserra
Hoy he vuelto plenamente a mi vida laboral. Dicté, espero que con suficiente garbo y donaire, una clase introductoria al estudio, espero que fructífero y detallado, de “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, un libro vertiginoso que, al contarnos con detalle y con precisión literaria, la vida en un pueblito llamado Macondo, ubicado en algún lugar de Centro o Sudamérica, redacta ¡por fin! la fe de bautizo y el Registro Civil de nuestras pequeñas comunidades, tan miserables y, de pronto, tan mágicas, que constituyen, cada pueblito por su cuenta, las semillas de lo que luego los estudiosos llamarán nuestro “Realismo Mágico”, membrete que luego será corregido por Alejo Carpentier quien prefiere, y hace bien, hablar de “Lo real maravilloso en América”.

Lo sepamos o no, ése es nuestro ámbito de vida, cosa que podremos negar hasta que tropecemos con ese milagro que cintila ante nuestros ojos y nos reafirma que de aquí somos, así es que ni gracia, ni mérito, ni ganancia tiene andar jugando a que somos sajones, o, por lo menos, “aspirantes” a sajones.

Proponerse algo así es una locura cuya consumación nunca veremos y que sólo nos provocará desubicación y melancolía. ¡Somos de aquí! y hay que decirlo con una alegría que viene del Amazonas, de los Andes y de México-Tenochtitlan.

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08 Julio 2010 04:10:51
Extraño calendario
Me imagino que también les ocurre a ustedes. Desde los días anteriores a nuestra olvidable participación en el Mundial de Futbol, el calendario interior de los mexicanos (aquí: imaginarnos e imaginar a cada uno de nuestros compatriotas con una pequeña talla circular del Calendario Azteca en el centro del cerebro u lo que tráigamos), se ha visto enormemente violentado, al punto de que la mayoría no sabemos ya ni en qué día, ni en qué mes vivimos.

Actualmente imperan sobre la sociedad mexicana dos calendarios: el del que ya nos volvimos locos porque nuestro cerebro ya es "Jabulani" de Adidas y el de una aristocrática minoría formada por intelectuales pesaditos, por maestras que le ponen a su materia "la aventura del electrón" y por señoras que declaran que ellas no van a perder su tiempo en esas tonterías (que, la verdad, nunca entenderán bien a bien) y que sienten una pena inmensa por el burro de su marido que nunca ha entendido bien la música de Yanni.

El caso es que el tiempo mexicano está dividido. Por acá estamos la rugiente broza hijos de la mano pachona y del Sirenito de Matamoros y por allá los que ya juntaron sus tiliches para ir a la reinauguración de Bellas Artes y que peregrinan por todo el país para darse el gusto de escuchar a un Plácido Domingo cuya voz tiende a ser de aserradero.

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05 Julio 2010 04:10:14
Yo ya cumplí
Con todo y los achaques y alifafes propios de la edad, he cumplido 66 años y me siento enteramente satisfecho. Hagan de cuenta que la edad fuera para mí una especie de mérito personal y que me hubiera dedicado yo a acumular instantes de existencia que habrían de constituir una vida que, ahora que la miro en retrospectiva, la encuentro bastante satisfactoria sobre todo en términos de tareas amorosas y de empresas comunes.

El sábado comí con tres de mis hijos y con su santa y guapachosa madre. El reparto quedó perfectamente redondeado con la presencia de mi hermanita la doctora, que siempre me mira como si ya estuviera planeando todos y cada uno de los pasos de mi autopsia. Dos motivos tenía la reunión sabatina: la visita de nuestra hija Juana Inés que, por lo pronto, infesta la ciudad de Boston en calidad de embajadora del folclor mexicano y que vino a la capital creo que nada más para llevarse unos penachos. El segundo motivo, ya lo dije, era la celebración, así fuese tardía, de mi cumpleaños.

A veces a la dicha le cuesta mucho trabajo abrirse paso. La tarde del sábado estaba como llorosa, como muchacha que no se halla y oscilaba entre el tímido sol y la amenazante lluvia, entre el viento cortante y el calorcito restaurador. Yo por mí, no hubiera salido ni a la esquina, pero es el amor el único imperativo al que jamás podremos negarnos. Ni siquiera terminé de ver el aburridón partido entre España y Paraguay, sino que ¡en sábado! me metí a la regadera, canté muy desganadamente unas canciones muy feas, me sequé, me puse unas cuantas garras negras (me imagino a la señora potosina pensando: ¡y a mí qué demonios me importa lo que se ponga o deje de poner el señor ese!) y zarpé a mi reunión familiar.

Ya volví de donde andaba y ya volví en mí. Ya caí en la cuenta de que el domingo tendremos elecciones que todos esperamos sean pacíficas y creíbles. También caí en la dolorosa cuenta de que mi amado Monterrey está hecho trizas. Es importante que todos acudamos en su ayuda. Monterrey es un orgullo de México y hoy ese orgullo sobrenada entre el lodo, las aguas estancadas y los desechos de tantos días de malevolencia pluvial. Jamás nadie debe pensar que la compasión tiene sus objetivos específicos. Monterrey es asunto nuestro, de todos, y a todos corresponde ver en qué puede ayudar para restaurar tanto daño como ha sufrido esa ciudad que, por otra parte, ha sido, como decía, uno de nuestros legítimos orgullos. De nuestra cuenta corre que vuelva a serlo.

La tarde ya se entristeció más, pero además se entristeció feo. Esto es como el último tercio de una película con Ramón Gay y Emilia Guiú (Emilia Gugú, como la llamaba mi tía “La Pelambres”). Diagnostico que estoy cansado y creo que la Rosachiva está peor, porque no hace más que pandearse. El mundo parece haberse detenido para quitarse las botas y los calcetines, y meter los pies en agua caliente.

El domingo todo el tema serán las elecciones. Habrá que tomar nota para que el lunes tú, lectora, lector querido, y yo podamos platicar al respecto. Mientras tanto, hazte bolita, acurrúcate bien, que una agraciada chica te haga piojito y mañana ya veremos.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCCXLI (1841)
MONTIEL.
26 Mayo 2010 04:10:55
El fantasmagórico destino de Bazbaz
Cesarlo o no cesarlo, parece que es el destino ineludible de Enrique Peña Nieto, a quien la fortuna le regaló con el obsequio inesperado de cohabitar casi conyugalmente con el personaje Bazbaz, quien ahora se ha convertido en el “personaje incómodo” de la política mexiquense.

Si a mí alguien me pidiera, cosa que dudo, una opinión, o un juicio acerca del señor Bazbaz, quien hace dos meses ya tenía cara de guillotinado; si a mí me pidieran ese testimonio, básicamente tendría que responder que me faltan elementos de juicio; aunque considero su “caso” como una edición más de lo que ocurre con ciertos personajes muy inteligentes que suponen que la alta grilla es un asunto de intelección, para luego (casi siempre tarde) venir a descubrir que los de la grilla en México practican ciertos rituales que no requieren mayor uso del intelecto y, de hecho, a veces el mencionado intelecto sale sobrando y hasta resulta estorboso.

Gracias a esto, Manlio Fabio Beltrones, César Nava y Fernández Noroña no tan sólo han sobrevivido, sino que hasta han prosperado. El caso es que la alta grilla mexicana requiere de un repertorio que Bazbaz, ni con mucho, podía dominar. En fin, descanse en paz Bazbaz, que ha caído, como tantos otros, en el loco afán por mantener un cierto apego a la ley.

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