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Jesé Avendaño
Jesé Avendaño
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11 Septiembre 2013 03:00:28
‘Chicas armadas y peligrosas’
Desde los trailers de la película hasta los pósters podemos tener algo por seguro: la pareja principal de la película “Chicas Armadas y Peligrosas” (“The Heat”, Paul Feig, 2013) será completamente opuesta. Vaya, es una fórmula que ya ha sido probada muchas veces en el cine: el policía que sigue las reglas debe trabajar al lado del policía rudo que conoce las calles. Los protagonistas deben tener estas diferencias para que la película sea lo suficientemente entretenida y las situaciones cómicas aparezcan. Por fortuna, “Chicas Armadas y Peligrosas” no se conforma con presentar lo mismo. Veamos.

El filme trata de las agentes Ashburn (Sandra Bullock) y Mullins (Melissa McCarthy) quienes deben detener a un peligroso criminal llamado Larkin, quien labora en las calles de Boston. Para Ashburn, detenerlo significaría un ascenso; Mullins, por el contrario, lo hace por amor a su trabajo y a su ciudad. Entre las dos terminan uniendo fuerzas para encontrar a Larkin y hacerlo pagar.

De cierta forma, la historia de la película no importa tanto, porque podemos predecir fácilmente lo que sucederá, incluso sabemos que en algún momento las chicas se pelearán para después reconciliarse. Esto lo sabe el director, lo sabe la guionista y lo sabemos como público. Sin embargo, las situaciones cómicas son en muchas ocasiones originales y ejecutadas hábilmente por las expertas comediantes (sobre todo el papel de policía ruda de McCarthy sorprende por su habilidad verbal, sus insultos extremos y sus amenazantes acciones para hacer confesar a los detenidos). Podría aventurar que la trama sólo es una excusa para presentar la comedia y también burlarse de algunos clichés (como el estereotipo que dice que los albinos generalmente son malvados).

Además de Bullock y McCarthy destacan muchas participaciones secundarias de rostros ya conocidos, como la de Tom Wilson (de la saga de “Volver al futuro”). Está presente también Demian Bichir, que no tiene un papel del todo memorable (el jefe de Bullock que, sabemos también, en algún momento la va a retirar del caso) pero cumple. Y hay varios roles destacables a manera de cameo, de actores que se han dedicado más a la televisión: Tony Hale (Buster de “Arrested Development”), Zach Woods (Gabe de “The Office”) y Kaitlin Olson (Dee de “It’s Alway Sunny on Philadelphia”). Incluso la escritora de la película, Katie Dippold, aparece como
enfermera.

Una película divertida que no busca la gran reflexión o el lograr una historia complicada, sino entretener y hacer reír a su público, cosa que alcanza con creces. Especial atención merece la escena que aparece durante los créditos, en donde se revela una mentira que creará una situación incómoda.
04 Septiembre 2013 03:00:13
‘El hijo adoptivo’
Ambiciosa, una de las películas que se presentó en el pasado Festival Internacional de Cine de Monterrey (en su novena edición ya) fue "El hijo adoptivo" ("Der Verdingbub", Markus Imboden, 2011). Mucho se ha dicho sobre las actuaciones que han generado varios reconocimientos, como el premio a mejor actriz joven, Lisa Brand (de los Bavarian Film Awards), y como mejor actor (Max Hubacher) y mejor actor de reparto (Stefan Kurt) por parte del Swiss Film Prize.

Una producción realizada entre Suiza y Alemania, el filme abre lúgubremente: un cuerpo tirado es cubierto por una manta blanca y es llevado a su entierro. Tener las oraciones en pasivo no es coincidencia: a lo largo de la historia veremos cómo las acciones parecen recaer en los sujetos, sin tener ellos el poder de cambiarlas, sólo de recibirlas y de aceptarlas a regañadientes. Es entonces cuando descubrimos que el muerto había sido un antiguo integrante, adoptado por la familia Bösiger, que muere debido al constante maltrato y poca atención que le procuraba la familia.

Después conocemos a Max, un huérfano amante del acordeón, que es enviado a la granja de los Bösiger como reemplazo del joven que acaba de morir y que, para la familia, sólo representa un trabajador del que pueden abusar. El otro lado de la historia es Berteli, una adolescente que llega a vivir también a la granja. Si la otra familia sólo se dedica a aprovecharse de sus hijos, la de Berteli es todo lo contrario. Esforzándose por darles una buena vida, la madre de Berteli no tenía suficiente dinero para mantener a sus hijas y el gobierno termina quitándoselas. Obligada a abandonar su casa, Berteli también es adoptada por los Bösinger y es tratada como una sirvienta. Max y Berteli unen fuerzas y sueños, y deciden que un día se fugarán a Argentina, donde Max ganará dinero tocando el acordeón y ambos escaparán de su tortuosa vida.

La película se ambienta en 1950 en uno de los pueblos suizos. Aunque es terrible pensar que las tragedias que se muestran en el filme pudieron haber sucedido en la vida real, cinematográficamente los eventos, a título personal, parecen peligrosamente cercanos al cliché: el padre alcohólico, la madre abnegada que cubre los errores del padre, el hermano que le hace la vida imposible a su hermanastro. Encontramos a los personajes en un momento en donde lo que más les importa es sobrevivir: ya no bien o mal, sino como sea posible.

La fuerza de todo radica en la relación entre Max y Berteli: de ser arisca y seca, se forjan lazos en donde la tragedia los une. El tener un enemigo en común, así como una meta, los hace uno solo, como si uno fuera la extensión del otro. Sin arruinar el final, una de las partes más conmovedoras es una carta que le escribe Max a Berteli, en donde expresa de manera simple y poética lo que está pasando con su vida. Finalmente, la dinámica entre los miembros de la familia es digna de explorarse, haciendo que un ambiente abusivo haga que todos sean violentos entre sí. Una familia en donde, seguramente, jamás se ha cantado siquiera un "feliz cumpleaños".
28 Agosto 2013 03:00:27
‘Liberal Arts’
Estudiar alguna carrera relacionada a las Humanidades en este tiempo es todo un reto. En primer lugar, no son los estudios más populares actualmente y escogerlos ya implica un cuestionamiento al status. En el aspecto económico, tampoco son los profesionistas más solicitados en el campo laboral. Por último, tal vez los aprendizajes y conocimientos obtenidos terminen por hacerte más daño psicológico que beneficio. Entonces, ¿por qué estudiar las humanidades? Josh Radnor, mejor conocido como Ted Mosby de “How I Met Your Mother”, dirige, escribe y protagonista la película “Liberal Arts”. Siendo él mismo un estudiante de las artes liberales, Radnor intenta responder por qué ahora, más que nunca, necesitamos del arte.

La historia sigue a Jesse, un exestudiante de una escuela de Artes Liberales, quien ahora tiene un trabajo insatisfactorio en un departamento de inscripciones. Un día recibe una invitación de Peter, un antiguo maestro que va a retirarse y le pide a Jesse que diga unas palabras en su honor. Alumno y profesor se rencuentran y comienzan a revivir viejas historias.

El tema principal es el enfrentamiento del hombre consigo mismo, pero a través de su escuela y de su formación: no una formación académica, sino de la persona que se creó estando allí. Jesse conoce y reconoce a varios personajes mientras visita su campus: un solitario y potencial suicida con quien tiene una conexión inmediata (pues ambos leen el mismo libro), una especie de guía espiritual que le enseñará a estar tranquilo, una maestra que le muestra el lado cruel e iluso de la vida y una mujer mucho menor que, sin quererlo, le ayudará a entender más de la vida y de su papel. Este tipo de filmes se emparejan un poco con “Adventureland” o “Garden State”, en donde sus protagonistas se encuentran a sí mismos sin querer buscarse: llegados a un nivel de madurez en donde creen que “todo está bien”, deben de reconfigurarse para entender por qué todo salió mal.

Al regresar a esa universidad en donde él existió como una posibilidad de ser, las preguntas empiezan a saltar a la vista: ¿Qué fue del muchacho soñador que tenía miles de oportunidades? ¿Qué pasa cuando las opciones que tomaste no fueron las correctas? ¿Podemos redimirnos y salir adelante o estamos condenados a repetir nuestros fracasos?

Somos nosotros por los demás: necesitamos del otro para ser. ¿Cómo termina “siendo” Jesse después de sus encuentros? Retoma el camino y aprende que no puede cambiar su esencia. Esta idea contradice a la que muchos otros filmes nos hacen creer: siempre se puede cambiar y nunca es tarde para intentar cosas buenas. Sin embargo, este proceso siempre vendrá de manera apurada y maltrecha, apretado en 90 minutos de filme. Al final, “Liberal Arts” es el intento del cambio, pero a medio camino sospechamos que el cambio no es necesario: lo que se necesita es adaptarse y no estarse cuestionando siempre si absolutamente todo lo hecho ha sido un desperdicio.
31 Julio 2013 03:00:27
‘Ladrones de la fama’
Los motivadores siempre nos han dicho que somos únicos, que tenemos características especiales que nos distinguen de los demás y que no importa el estrato socioeconómico o lo que vistas, al final lo que interesa es nuestra manera de ser. Tyler Durden de "El club de la pelea" (David Fincher, 1999) se encargó de contradecir esa frase al decirnos que no somos únicos ni especiales como un copo de nieve, sino más bien somos parte de la misma materia orgánica descomponiéndose. Entre estas dos opiniones contradictorias se coloca la de los adolescentes de "Ladrones de la fama" ("The Bling Ring", Sofia Coppola, 2013) quienes pretenden construir su personalidad usando ropa de marca y copiando el estilo de vida de sus artistas favoritos. Parecieran decir: "somos tan especiales como los artistas nos lo permitan".

En "Ladrones de la fama" un grupo de jóvenes deciden investigar a sus estrellas favoritas. Cuando se enteran de que Paris Hilton no estará en su casa, llenos de un deseo voyeurista, entran a su mansión para vivir unos minutos como ella, casi como si estuvieran dentro de su piel y sus zapatos. Como la primera vez no pasa nada, el acto intrusivo se vuelve una adicción y comienzan a allanar las residencias de otras celebridades como Lindsay Lohan, Orlando Bloom y Audrina Patridge. A manera de causa-efecto, eventualmente los jóvenes son capturados (esto no es ningún spoiler: desde las primeras imágenes de la película, en que vemos que están entrevistando a los involucrados, podíamos deducir que acabarían atrapándolos) y tendrán que pagar por sus crímenes.

El filme contempla una "excusa" para justificarse: está basada hechos de la vida real, por lo que momentos que podrían parecer convenientes para que la trama avance (como la facilidad para entrar a los hogares de los famosos) son cosas que en verdad sucedieron y que hacen pensar que a veces la realidad es más increíble que la ficción. Sin embargo, esto juega en contra de la película en algunos puntos: los personajes son planos (sus motivaciones se basan exclusivamente en ser como los artistas), las acciones son repetitivas y sin variaciones (demasiadas escenas dentro de las casas de los famosos) y el rol de personajes secundarios a veces parece caricaturesco (los padres de familia, el ladrón que vende artículos robados). Quizá la directora pudo jugar un poco más con esta realidad y explorarla mejor: no es que no lo haya hecho antes, estamos hablando de la misma persona que, en una cinta histórica, puso unos Converse entre los zapatos de María Antonieta.

Una de las escenas que más destaca es en la que, en casa de Megan Fox, los chicos encuentran una pistola. Una de las ladronas la toma y empieza a juguetear con ella, apuntándole a otro y haciendo que se asuste. Esto resulta una analogía de lo que están haciendo con los robos: el coqueteo con el peligro y lo ilegal. Por desgracia, esta es la única parte que plantea algo similar y, a pesar de que la pistola fue disparada, no hubo consecuencias visibles.

En el aspecto visual la película es un deleite: las fiestas, el lujo y el glamour le dan a la cinta un aire sensual y vivo. El mensaje, sin la sutileza característica de Coppola, es muy obvio: la sociedad norteamericana (y en menor extensión también la nuestra) está obsesionada con el culto a los famosos y están dispuestos a lo que sea con tal de ser uno de ellos. Coppola no ofrece ninguna reflexión ni un intento de respuesta (lo que puede ser bueno o malo): ¿qué dice esto del ser humano? ¿En qué nos estamos convirtiendo? ¿Es un mal necesario? ¿Siempre estamos en busca de admiración? ¿Nos dirigimos a una sociedad en donde, a falta de artistas, filósofos y humanistas que nos inspiren, nuestros modelos son socialités, actores y estrellas de reality shows? Queda a criterio del espectador resolver estos cuestionamientos.

@disecandoelcine
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26 Julio 2013 03:00:34
‘Adventureland’
La idea de trabajar en un parque de diversiones se escucha bien: tener a tu disposición todos los juegos, comer cualquier comida chatarra imaginable y poder pasear por las instalaciones cuando quieras no suena nada mal. Sin embargo, no es tan divertido cuando descubras que tienes que pagar por todo, que no puedes dejar que tus amigos pasen gratis y, lo que es peor, te enteres de que todos los juegos están arreglados y que es prácticamente imposible ganar. Con "Adventureland" (Greg Mottola, 2009) se desvela este mundo que sirve de escenario para una serie de situaciones determinantes en la vida.

En la primera escena conocemos a James Brennan (Jesse Eisenberg) que recién se graduó de Literatura Comparada y Renacimiento. Justo a mitad de una fiesta de final de semestre, su novia lo abandona, al parecer porque él le confesó que era virgen (nota aparte: al parecer los personajes de Eisenberg siempre tienen relaciones problemáticas. En "Zombieland" una chica se lo trata de devorar; en "De Roma con Amor" se empieza a enamorar de la amiga de su novia y en "Red Social" su novia lo abandona en los primeros minutos de la película). Posteriormente descubrimos que James tenía planes para estudiar un posgrado en Nueva York pero que, debido a la reciente y precaria situación económica de sus padres, será imposible que se lo paguen. Por lo tanto, deberá buscar un trabajo en verano para ahorrar todo lo posible y poder vivir en la Gran Manzana. ¿Y en qué lugar buscan graduados en Literatura Comparada y Renacimiento? ¡Claro! ¡En un parque de diversiones!

Condenado a un McJob (término para describir un trabajo que necesita pocas habilidades y que no tiene mucho futuro), James comienza a laborar en Adventureland, donde conocerá a Em (una fresca y despabilada Kristen Stewart) de la que se enamora y con quien comienza a compartir una relación en la que pareciera que ninguno sabe bien lo que quiere. Las relaciones serán un tema principal en la película, porque podemos encontrar desde el matrimonio infeliz y poco comunicativo hasta el que comparte todo, pasando por el de las apariencias.

Desde el principio se establecen los tres temas que manejará el filme: la vocación (o el estudio y el trabajo), el amor (o el sexo) y el poder (o el dinero). Siempre en conflicto permanente, el protagonista no puede empatar estas tres pasiones. Esto provoca que el espectador se inmiscuya más en la personalidad de los personajes, que entienda sus luchas y comprenda sus frustraciones: la empatía funciona no porque se hayan vivido las situaciones del protagonista, sino por el deseo imperante de que todo esté balanceado. Se comprende su preocupación, su forcejeo por meter todo en un solo paquete y no sorprende cuando todo revienta por querer hacer las cosas rápidamente. La película muestra que las personas llevan su propio ritmo y que precipitar las cosas no funciona.

Tal vez el final sea muy hollywoodense y desentone un poco con el filme: de la manera "realista" en que las cosas estaban pasando, de pronto todo tiene ese tono de "las cosas van a salir bien". Sin embargo, toda la película mantiene la misma vibra y revela que la adolescencia no es la única etapa en donde nos descubrimos, sino que somos un elemento inacabado, cambiante y que se reestructura muchas veces a lo largo del tiempo.
17 Julio 2013 03:00:18
‘Mi villano favorito 2’
Al parecer existe una tendencia en las películas animadas en donde el villano es el punto central de la historia y el héroe pasa a segundo plano. Examinamos más las intenciones del malvado, su pasado y el por qué decidió seguir ese camino. Aunque no es un ser del todo malo, "Shrek" (2001) presentó a su personaje principal como un amargado y egoísta ogro en lugar de un príncipe valiente. "Megamente" ("Megamind", 2010), por otra parte, descubre el corazón y las motivaciones de vida de su protagonista. Finalmente, en "Ralph, el demoledor" ("Wreck-It Ralph", 2012), hacer el mal se vuelve algo rutinario y aburrido, y descubrimos que todos necesitamos que nuestro mérito se reconozca.

En 2010 aparecería otro filme que se arriesgaría tratando de convencer al público de que alguien al parecer desalmado podía ser también agradable. Y el riesgo viene desde el título: ¿cuántas películas animadas se atreverían a usar la palabra "despreciable" para adjetivar a su personaje? Claro, en la traducción al español desecharon el vocablo para nombrarla de una forma más amigable para los niños, dando como resultado "Mi villano favorito". Aquí pudimos conocer a Gru, quien desea robarse la luna para que crezca su reputación como villano. Para lograrlo, adopta a tres niñas huérfanas para que, inadvertidamente, le ayuden a robar un rayo que hace que las cosas reduzcan su tamaño y así poder secuestrar a la luna. Luego pasa lo que ya podemos intuir: Gru se encariña con las pequeñas y ellas lo hacen descubrir que hay cosas más importantes en la vida que ser un villano de tiempo completo.

En la segunda parte, Gru ya es todo un padre de familia: lo vemos haciendo una fiesta y disfrazándose de hada para el cumpleaños de su hija Agnes. Es protector cuando se da cuenta que a Margo le empiezan a gustar otros niños. Y su vida como malvado parece haber acabado puesto que ahora se dedica, con poco éxito, a crear jaleas. Cuando la Liga Anti-Villanos (no esconden para nada sus intenciones con ese nombre) lo manda llamar para solicitarle su ayuda en la búsqueda y captura de un criminal, Gru recordará la emoción de los viejos tiempos, pero ahora desde el lado de los buenos y ayudado por Lucy, una agente novata.

Lo mejor de la película apenas es discutible: los minions, su curioso lenguaje y su extravagante forma de actuar se roban la pantalla la mayor parte del tiempo. Con su manera de ser los puedes catalogar de unos seres simples que siempre parecen estar dedicando toda su atención a una tarea específica (me recuerdan a los cronopios de Cortázar). Los momentos más cómicos tienen que ver con ellos: desde una fantasía romántica hasta interpretar un musical. No por nada se espera que tengan su propia película a finales de 2014.

Sin embargo, la historia no resulta tan satisfactoria. Me parece que el principal problema es que presenta propuestas que después no examina completamente. Expondré mis razones (spoilers a continuación). Por ejemplo, al principio Gru debe investigar, de entre un grupo de sospechosos, quién es el villano culpable de robar un mutágeno, oportunidad perfecta para que el espectador tuviera sus propias sospechas y se hiciera un juego al estilo de "Clue", donde tuvieras que unir las pistas para descubrir al culpable y hubiera un poco de intriga y suspenso. Pero no: Gru acusa al dueño de un restaurante, el otrora villano Eduardo "El Macho", sin tener ninguna prueba, solamente porque Antonio, el hijo de Eduardo, está coqueteándole a Margo y él no lo aprueba. Sus motivos son completamente egoístas. Casualmente Eduardo sí era culpable, pero no lo descubren por las razones correctas.

La película, una vez vista, crea muchas interrogantes irresolutas: ¿cómo es que "el Macho" sobrevivió a su accidente, en donde saltó a un volcán montado en un tiburón? En caso de que hubiera sido una treta para engañar a alguien, ¿cuál era la excusa o la razón para perpetuar semejante acto? En otra parte de la cinta, un vendedor de pelucas es incriminado y termina en la cárcel, pero nunca explican cómo le tendieron la trampa ni qué pasó con él después. La relación entre Margo y el hijo de "El Macho", Antonio, se explora muy brevemente: en una escena están juntos y en la siguiente no. ¿Qué pasó allí? Si esas escenas no iban a tener ninguna conexión en relación con el conjunto, ¿para qué sirvieron? Y lo que me parece menos lógico: ¿Por qué el Dr. Nefario renuncia a seguir trabajando con Gru y es parte de un plan en donde tiene que secuestrar a los minions y volverlos salvajes, para después arrepentirse y crear un antídoto? Si sabía lo que iba a pasar, ¿por qué lo hizo en primer lugar? La historia pudo haber continuado igual sin la necesidad de que renunciara (fin de los spoilers).

No me malinterpreten: la película me pareció muy buena y hay escenas realmente graciosas y bien estructuradas, pero la historia pudo haber aprovechado más su potencial y haberse armado mejor. Si te gustaron los minions de la primera parte, la película cumplirá con creces tus expectativas. Una excelente y graciosa continuación pero que pudo haber coqueteado con la perfección de haber construido una historia más fuerte.

24 Agosto 2012 03:00:22
‘Cortometrajes Internacionales’ del FIC de Monterrey
Por la premura del tiempo, la génesis de un cortometraje debe ser contemplada en base a una anécdota sencilla. Si su resultado es cómico, puede resultar cercano al chiste (hay cortometrajes que, si se les narra de otra forma, tienen la forma canónica del chiste) y a la gracia, y si su resultado es dramático puede llegar a conmover al presentar un fragmento, como fotografía, de la vida humana. En ambos casos, el resultado queda en la memoria por el efecto que produce. Tomando en cuenta estos datos, seleccioné tres obras, de las presentadas en la función de Cortometrajes Internacionales 2 del FIC de Monterrey.

“La huida” (Dir. Victor Carrey / España / 2011)

¿Qué tienen que ver un billete de 50 euros, un chicle, un hombre corriendo, una correa para perros, una mancha que asemeja a Australia, una lata, alguien a punto de prender un coche? Bueno, es la disección de un acontecimiento. El cortometraje te presenta primero esta serie de elementos que aparentemente están disgregados, para contar la historia de un billete tirado en la calle. ¿De dónde salió? Después explica cómo estas cosas se relacionan: todas interactuarán, en cámara lenta, mientras un hombre corre, al parecer escapando de la policía.

El corto mezcla una pizca del meticuloso Wes Anderson y al P.T. Anderson de “Magnolia” para recordarnos que los actos más simples de nuestra vida están compuestos de acciones complejas.

“Salón Royale” (Dir. Sabrina Campos / Argentina / 2011)

Tres amigas en un coche se dirigen a una boda. Mientras van platicando de temas triviales, como sus vestidos, alguien menciona algo que empieza a incomodar el ambiente. Lucas, el exnovio de una de ellas, al parecer irá a la fiesta. Solamente “parece” que irá, no están seguras de que aparezca. Aunque, claro, decir “parece” que va, es casi una afirmación, no es lo mismo que decir “en una de ésas igual y va”. Llegan a la fiesta y hay un corte, pasan varias horas y vemos a las mismas amigas, en el mismo coche, pero ahora se dirigen a sus casas. Resultó que Lucas sí fue a la fiesta, pero a su ex, aparentemente, no le importó. Y, para demostrar que no le importó, se la pasará hablando todo el camino de Lucas y lo mucho que no le interesa ya su vida ni su nueva, y muy joven, novia.

Cortometraje cómico que basa sus fortalezas en el registro actoral de sus protagonistas y en el diálogo (no hay ninguna escena fuera del coche). Se disfruta mucho en especial por su sentido de empatía: todos hemos conocido a alguien que “ya superó” a su ex pareja, pero se la pasa todo el tiempo hablando sobre eso.

“Kolona / Columna” (Dir. Ujkan Hysaj / Kosovo / 2012)

Si el corto anterior relaja al espectador, éste lo tensa al ponerlo en dilemas éticos. Mientras una familia se dirige a una boda, Adem, padre y esposo, recuerda hechos que marcaron su vida. Años atrás, la situación era de premura: la guerra está rodeando a su familia y tienen que salir de allí. En el coche están el padre, la madre y un hijo, así como un sobrino y la cuñada del padre, esperando salir lo más pronto posible. Los problemas empiezan en los puestos de control, donde serán detenidos. Allí, Adem intenta sobornar a los encargados pero descubre que hay cosas a las que no se les puede poner un precio, por lo que lo obligarán a elegir entre la vida de su hijo o la de su sobrino.

Las imágenes transmiten rabia y coraje por una parte, melancolía por el pasado por otra y, por si fuera poco, una responsabilidad enorme. El peso que carga Adem para sacar adelante a su familia es ejemplar y muestra la disposición que tiene el ser humano por el sacrificio con tal de llegar a un bien mayor. Al terminar el corto, la sala quedó en shock y los murmullos no se hicieron esperar: acabábamos de ver una verdadera muestra de valentía.
22 Agosto 2012 03:00:41
‘Alois Nebel’ en el FIC de Monterrey
“Alois Nebel” es una coproducción animada entre República Checa y Alemania. La dirige Tomáš Luñák, es a blanco y negro, y está hecha con la técnica del rotoscopio, donde el dibujo se realiza por encima del pietaje (como en “Waking Life” de Linklater). Se presenta actualmente dentro del Festival Internacional de Cine de Monterrey y su próxima función es el miércoles 22 de agosto a las 6:45 pm en el Cinépolis Garza Sada.

La película se desarrolla en la otrora Checoslovaquia, donde trabaja un empleado en una estación de trenes, Alois, quien tiene recuerdos cada vez que se encuentra encerrado entre neblina. Piensa su niñez, en una estación de ferrocarril, en su padre cargándolo en brazos. ¿Qué es todo esto? Paralelamente, un hombre huye de la justicia y de él no se sabe nada porque no habla. ¿Quién es él? ¿Qué relación tiene con Alois?

Constantemente se explora una pregunta que los protagonistas parecen hacerse todos los días: ¿cómo luchar contra tus propios pensamientos? ¿Cómo hacer cara a lo que has vivido y traducirlo, transformarlo en algo? Las imágenes se han quedado selladas en la mente y cada quien debe descubrir cómo sacarlas. ¿Cuál es la mejor manera?

Alois Nebel, por ejemplo, lo intenta a través de la soledad. Es un ensimismado al que se le ve siempre como si estuviera ido, en otro lugar. Prefiere la compañía de su gato negro a la complicada interacción humana. Prefiere que la cercanía de los trenes lo ensordezcan a recordar sus desgracias que, irónicamente, están atadas a los trenes. Alois se mueve entre las sombras, entre colores grises y negros, mientras todo lo que lo persigue es blanco: los doctores que creen que necesita tratamiento psiquiátrico y el fulgor de los trenes que se le presentan a cada instante. Cegado por la luz, sin poder resistirse, tendrá que enfrentar lo que dejó atrás.

Por otra parte tenemos a “El Mudo”, a quien se le ve escapando, luchando por una libertad, por encontrar la navaja que corte la cuerda que lo tiene amarrado. De él no sabemos casi nada, ni cuáles son sus deseos o hacia dónde va. Sólo podemos ser testigos de la amistad que nacerá entre Alois y “El Mudo”, cuya conversación es un monólogo muy breve pero con ciertas reminiscencias del “Persona” de Bergman. Pero esperen al final. Todos los enigmas se resolverán en una escena que deja todo en claro con apenas unas palabras.

Con una animación fluida y un dejo de nostalgia que le otorga el blanco y negro, la película te transporta a un lugar donde la vida exterior, superficial, la del día a día, parece transcurrir con una lentitud insoportable, pero la vida interior, la privada, va tan rápido como una locomotora a todo vapor. Adentrarse a ese tren obligará al espectador a caminar no solo por los vagones limpios, sino a pasear por los más sucios rincones donde lo único que hay son telarañas y polvo. Y venganzas.
09 Mayo 2012 03:00:53
‘El amor en la vida real’
En la búsqueda del asunto amoroso, entendiendo por asunto un todo que incluya persona, situaciones y contexto en general, las decisiones que se deben tomar pueden resultar escabrosas para algunos. Un paso en falso y todo lo que se ha construido se puede desbaratar. Este miedo se ha generalizado tanto, a tal grado, de que las relaciones personales cada vez son menos personales: desde la frialdad de la gente ante la pantalla que está dispuestas a decir lo que no diría “en vivo”, hasta relaciones donde los involucrados son más felices en las redes sociales que en su relación real. Pero habrá que preguntarse ahora, ¿qué es real?

Considerando que la realidad se construye a través de la convención, del común de acuerdo, hay que revisar nuestro acercamiento con el mundo y el cómo los demás perciben su entorno. Es aquí donde se incluye la película “Lars and the Real Girl” (2007) que, junto a las dos películas que analizamos en entregas pasadas, “Turn Me On, Dammit!” y “Happiness”, concluye una trilogía sobre la sexualidad, sus obsesiones y su complicado desarrollo.

La película presenta a Lars (Ryan Gosling), un hombre más bien tímido que vive en un pequeño pueblo y cuya interacción con los demás trata de ser lo más limitada posible. Al lado de Lars viven su hermano Gus (Paul Schneider) y su esposa Karin (Emily Mortimer), quien recientemente se embarazó. Karin trata de que Lars sea más abierto con ellos pero él simplemente se resiste. Tiempo después Lars comienza a socializar y se le ve más animado, gracias a que encontró a la mujer de sus sueños: Bianca. La única variable aquí es que Bianca no es precisamente una mujer de carne y hueso, sino de plástico: es una “sex doll”. Lars empieza a tratar a Bianca como si fuera su novia, llevándola de paseo y platicando todos los días con ella. Gracias a Bianca, Lars irá superando miedos e inseguridades y, con ayuda de la gente que trata a Bianca como si fuera real, Lars podrá dar un paso más en su vida.

Una parte de la estructura subyacente del filme se delinea en la escena donde están decidiendo cómo “responder” a lo que está haciendo Lars. ¿Aceptarán que un hombre ande por allí paseando con una muñeca sexual? Pero antes de juzgarlo, señalan los fetiches o peculiaridades de los demás: alguien se la pasa vistiendo a sus gatos, otro más gastó todo su dinero en un club sobre ovnis y una mujer se distinguía por ser cleptómana. ¿Cuál es el problema con que Lars, sin hacerle daño a nadie, se le vea con Bianca? La declaración que se desprende de aquí afirma que todos, al final, tenemos ciertas fijaciones.

Destaca el tratamiento del fetichismo (no sexual, pues Lars no utiliza a Bianca para mantener relaciones sexuales) que se da en la obra: al hacerlo común a todo el pueblo, el fetiche se desacraliza y se le acepta. La proximidad logra la aceptación. Y al final, resta preguntarse qué tan real es lo que vivimos y qué tan dispuestos estamos de romper nuestros propios bloques mentales.

25 Abril 2012 03:00:54
‘Excítame’
La adolescencia siempre es banalizada en la teoría de los libros de texto: es la época de los cambios físicos donde a los hombres les comienza a salir el bigote y a las mujeres se les ensancha la cadera. Dicen, de paso, que también se dan otro tipo de cambios llamados hormonales y entonces escuchamos hablar profusamente de palabras como óvulos, semen, menstruación, sexualidad, preservativos y demás palabras que ofrecen una explicación científica sobre lo que pasa, pero que rara vez se aproxima a los sentidos. Esto crea una confusión en donde, al mismo tiempo que el adolescente sabe lo que está pasando, no tiene ni la más mínima idea de lo que está pasando.

Ya varias cintas han tratado el tema de la sexualidad y la adolescencia: la renacida “American Pie” (1999) que ahora va por su cuarta entrega con el elenco original, “Thirteen” (2003) y su beso lésbico, y por supuesto la mexicana “Y tu Mamá También” (2001) con todo y una alberca llena de espermatozoides. Esas tres propuestas, desde sus respectivas trincheras, han reconfigurado ideas y ayudado a que las expresiones sexuales sean más aceptadas en el cine. Quizá sin ese pasado reciente, no habría surgido la película noruega “Få meg på, for faen” (2011) también llamada “Turn Me On, Dammit!”, que, traducida en español resulta algo como “Excítame, ¡Maldita Sea!”.

El filme relata la vida de una joven a punto de cumplir 16 años, Alma, y cuya exploración sexual le causa continuos problemas. Alma pasa su tiempo fantaseando con Artur (donde él aparece de noche en su cuarto) hasta que, en una fiesta, Artur decide mostrarle a Alma todo lo que siente por ella traducido en una erección. Cuando Alma le comenta esto a sus amigas piensan que ella se inventó todo y comienzan a burlarse. Por otra parte, su madre no soporta que Alma hable por teléfono a una “hotline” sexual e incluso llega a odiarla por no entenderla.

Alma está atrapada en un cuerpo que no entiende y esto también se hace metáfora en el pequeño pueblo en el que viven, Skoddeheimen. Cuando ella viaja a Oslo se representa la transición entre lo que deja de su niñez y el encuentro que tendrá, explosivo, con su sexualidad. Nada más satisfactorio para Alma que el dejarse llevar por sus fantasías y el encuentro con sus
exploraciones.

Directa como pocas películas, y con un final feliz, pero que le saca la vuelta a las fórmulas fáciles, esperemos que Jannicke Systad Jacobsen, quien dirigió el filme, continúe mostrando personajes en constante lucha por su identidad. Una cinta muy recomendable, especialmente para los adolescentes: su sinceridad los hará sentir, al menos, más tranquilos.
18 Abril 2012 03:00:06
‘El problema de la felicidad’
El dictum de los Beatles, uno de tantos, rezaba “Happiness is a warm gun”. El dictum de Todd Solondz también tratará de encontrar un significado a la felicidad, aunque no será tan simple como el del cuarteto de Liverpool. Quizá para este director la felicidad estará más allegada con el fracaso que con el éxito, con la exploración más que con el descubrimiento y con la culpa intrínseca que conlleva el alivio.

“Happiness” es un filme estadounidense de 1998 que retrata la vida de varios ciudadanos promedios. Cada uno de ellos lucha por encontrar su propia definición de felicidad, pero pareciera que hace tiempo que se olvidaron de crearla, se dieron por vencidos y se conformaron con lo que más se le parecía. Los personajes son disímiles y cada uno con sus tristezas e impedimentos particulares: la que no puede encontrar una pareja estable, la que tiene fantasías de ser violada, el que tiene inclinaciones relacionadas con la pedofilia, el adolescente que no entiende su cuerpo, el que disfraza sus deseos a través de llamadas telefónicas impúdicas. La convivencia entre ellos sólo dejará roces a medias y deseos incumplidos, frustraciones acumuladas en torrentes sanguíneos. Están cansados de su avanzar cotidiano, son presas de sí mismos y sólo pueden ser honestos dentro de sus espacios más privados.

Es así que se unen a través de una sexualidad que suele estar problematizada: las razones de que cada uno tenga sus propios fetiches y de que nadie pueda entenderse con su entorno no se explican en el filme. Las obsesiones vienen ya dadas, evitando los argumentos fáciles y enfrascándose en el comportamiento humano, que es lo que realmente importa. Las facetas aquí se muestran patéticas y desnudas: no somos más que una máquina que produce líquidos corporales, harta de la vida que tenemos y siempre en busca de emociones nuevas de las cuales aburrirnos.

Ya la revista “Premiere” nombró a esta película como una de las 25 más peligrosas (entre otras están “A Clockwork Orange”, “Dancer in the Dark” y “Natural Born Killers”) y no es para menos. Es un filme difícil de ver por su asombrosa cercanía a la realidad y no por imágenes fuertes: terrorífico es imaginar que lo que pasa allí puede estar sucediendo en la casa de al lado. Un latente peligro está agazapado, esperando que el espectador se distraiga para conmoverlo cuando debería de sentir repulsión. Una película no apta para todo público donde la felicidad, en el mejor de los casos, es inalcanzable, pero siempre presente, como si se burlara de nosotros.
04 Abril 2012 02:59:59
‘La película de la excomunión
Siendo los espectadores a quienes van dirigidas las películas, tienen todo el derecho de alzar la voz cuando sienten que lo que vieron no valía la pena. Esto suele pasar, sobre todo, cuando conocen los acontecimientos anteriores que rodearon al filme. Normalmente, encuentro tres situaciones en donde sucede esto y todas involucran algún tipo de adaptación.

La primera es cuando se hace un remake de una película, serie de televisión, dibujo animado o cómic; las quejas suelen ir encaminadas a que la nueva versión no es necesaria y que el único efecto es que arruinará el producto original. La segunda es cuando se adapta un libro, cómic o videojuego a la pantalla grande; aquí normalmente el reclamo tiene que ver sobre las cosas del material original que fueron omitidas en el filme. La tercera y última es cuando se adapta algún hecho histórico o se detalla la vida de alguna persona que existió, donde los lectores fílmicos escrutarán los hechos con lupa para detectar la falsedad de los acontecimientos. Esto resulta peor cuando se trata de adaptar temas religiosos. ¿Qué pasó cuando alguien decidió adaptar el libro de Nikos Kazantzakis, “La Última Tentación de Cristo”, en una película homónima? La excomunión para el director de la adaptación, Martin Scorsese, y un retraso de 16 años para la exhibición de la película en México (se estrenó en 1988 y llegó a México en 2004).

Scorsese relata la vida adulta de un Jesús confundido y a veces rebelde, que no entiende muy bien qué es lo que está haciendo y que tiene impulsos y deseos como todo ser humano. Sus mensajes son mal interpretados y tiene una incesante lucha interna. Judas, su amigo, constantemente lo anima a crear una revolución y ayuda a Jesús en todo lo que necesita. Sin embargo, cuando Jesús está en la cruz se pregunta cómo sería su vida como hombre, sin la carga de ser el Mesías.

Este no es un filme que sigue las Escrituras ni las desafía, solamente explora una faceta vulnerable de Jesús, una quizá más cercana a la del ser humano. Se aproxima a una figura de un hombre como todos los que habitamos la Tierra, con dudas e inseguridades, con una misión propia pero que a final de cuentas no sabe si está eligiendo el camino correcto o no. La película no pretende ser controvertida (al contrario, quizá, de “La Pasión de Cristo”) sino una reflexión de nuestras propias vulnerabilidades, una pregunta sobre cómo entendemos al mundo y a la vida.

Dependerá de cada uno decidir si la película es contraria a las creencias cristianas o no. Pero la lucha de este Jesús es un reflejo de la de todos: la de conectarnos con nuestros compañeros humanos y la de alcanzar una espiritualidad a través del abandono con la conexión a un orden superior al nuestro, independientemente de las creencias que profesemos.
28 Marzo 2012 03:00:18
‘La guía intergaláctica para la película de culto’
Esta película debería de empezar con la historia de un pequeño pueblo donde la vida pasa tranquilamente. Un día, una de sus habitantes visita un pequeño zoológico y es mordida por un misterioso mono de Sumatra y desarrolla un gusto por comer sus propias orejas, cortar.

El hijo, quien será nuestro héroe, nota que la gente comienza a
desaparecer y descubre, después de muchas pesquisas, que su madre fue secuestrada por un grupo de extraterrestres que está empezando a robarse a las personas para vender su carne en una cadena de comida rápida galáctica. Esto se explica a través de un musical donde aparece un dulce travesti transexual de Transilvania.

Nuestro héroe debe ir en busca de su familia para ver si ellos pueden ayudarle a rescatar a su madre. En el camino tiene que tomar un tren a través de
Darjeeling, para encontrar a sus tres hermanos genios: una escritora, un tenista y un empresario. Juntos idearán la forma de viajar al espacio para poder rescatar a su madre, creando una nave de madera hecha del tronco de un árbol que trató de violarlos.

Sin embargo, mientras tratan de crear el artefacto volador, son secuestrados por unos alienígenas que terminarán estrellándose contra un edificio, dejando libres a los protagonistas. Este último acto no afectará en nada a la película e incluso los personajes no volverán hablar de ese acontecimiento jamás. Ya una vez que terminan de hacer la nave espacial descubrirán que no saben nada sobre los demás planetas, por lo que solicitarán la ayuda de un robot deprimido quien les ayudará en su camino.

Finalmente, encuentran a su madre encerrada, custodiada por unos guardias en forma de payasos asesinos. Para engañarlos y poder rescatarla, los cuatro hermanos se disfrazan de conejos gigantes. Al ver esto, los centinelas preguntan que por qué usan ese estúpido disfraz de conejo, a lo que ellos contestan que por qué ellos usan un estúpido disfraz de payaso. Después de una pelea a muerte, los hermanos descubren que son uno mismo, que sólo son cuatro partes distintas de una misma personalidad y que no son especiales, no son un copo único de nieve.

Tras este descubrimiento, en la escena final veremos al hermano protagonista sentado en un manicomio y el espectador se dará cuenta que asumió la personalidad de su madre, inventándosela para tener una excusa para matar. En la última toma, una mosca se posará en su mano y escucharemos la voz del protagonista diciendo: “Si yo soy incapaz de matar a una mosca” a lo que, acto seguido, veremos cómo termina con ella dándole un manotazo. Ahora sí tendríamos una película de culto.
21 Marzo 2012 03:00:35
‘Cine y copas de vino’
Hace un par de columnas escribimos de Alexander Payne y la recién nominada al Óscar “The Descendants”. Aprovechemos esto, gracias a esa cualidad etérea y atemporal del arte, para hablar de uno de sus anteriores trabajos y así poder ampliar su visión de vida, conjugándola con la nuestra. La película en cuestión es “Sideways” (2004) cuyo título en México fue “Entre Copas”.

Como en la mayoría de las películas de Payne, “Sideways” retrata un viaje físico y emocional que sufren dos amigos: Jack y Miles. El primero es un actor que ahora se dedica a hacer voces para comerciales, está a punto de casarse y su vida parece estar en orden. El segundo es un maestro de inglés que tiene aspiraciones de escritor, sufrió un divorcio hace dos años del que todavía no se recupera y su vida parece ser un desastre. Estos dos personajes, disímiles, se aventuran en el carro de Miles en una especie de despedida de soltero para Jack: visitarán diferentes lugares en California para degustar vinos, tema en el que Miles es un experto.

Esta historia bien sería la de una comedia. En el viaje los amigos podrían vivir muchas aventuras en donde se pelean pero al final terminan más unidos que antes. Aprovecharían la ausencia de mujeres para hacer lo que quisieran, Jack disfrutaría de su última semana de libertad y Miles podría hablar de su pasión por el vino sin problemas. Bueno, en cierto sentido todo lo anterior sucede. Eso convierte a esta película en una comedia, pero una donde los personajes también han sufrido (y no de ése sufrimiento que se acaba al final o donde se descubren “verdades”, sino del que uno, por necio, sigue viviendo, atrapado) y no pueden ser sinceros en sus emociones, porque aún no han descubierto bien a bien lo que sienten.

Al final, aunque no tan

hollywoodense, sabemos que las cosas van a salir bien. Sin embargo, el filme se asemeja más a un periodo de la vida al ofrecernos una historia que termina con el fluir de las cosas: no hay un hecho que cambiará la vida de los protagonistas para siempre, pero se da a entender que, como en el vivir diario, el tiempo avanzará y tarde o temprano recuperaremos la calma. Aunque a veces ese tarde o temprano se vuelva tarde… muy tarde.

*Nota: Los días viernes 23, sábado 24 y domingo 25 este columnista impartirá un taller de cine contemporáneo en la Casa de la Cultura. El taller será de corte teórico-práctico y busca introducir a los participantes en las corrientes y técnicas cinematográficas contemporáneas, así como revisar a algunos de los directores actuales como Quentin Tarantino, Lars von Trier, David Fincher, Alejandro González Iñárritu y Darren Aronofsky, entre otros. El horario para el viernes es de 18:00 a 21:00 horas, y sábado y domingo de 10:00 a 13:00 horas. La entrada es gratuita. Para inscripciones e informes, comunicarse al 410-20-33 o al correo .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo) con José Antonio Santos Fernández.
14 Marzo 2012 03:00:56
El artista mudo
La ya cantada victoria de “The Artist” en la pasada entrega de los Oscares es un intento, quizá, de premiar algo que se salga un poco de los cánones. Ya sabemos que la Academia no se ha distinguido precisamente por distinguir películas que pasen a la posteridad (para muestra, la ganadora del Oscar a Mejor Película “Driving Miss Daisy” en 1990, que compitió contra “Born on the Fourth of July”, “Dead Poets Society”, “Field of Dreams” y “My Left Foot: The Story of Christy Brown”, todas más celebradas en la actualidad que la ganadora). Con “The Artist” hay una controversia: muchos aseguran que en el futuro nadie la recordará y otros la coronan como un clásico instantáneo. ¿Qué nos ofrece este filme?

Por una parte, tomó un enorme riesgo (quizá comparable al “comeback” de los musicales que suscitó “Moulin Rouge!” en 2001): filmar enteramente en blanco y negro, y siguiendo la tradición de las películas mudas. Esto entraña la primera dificultad que pondrían los estudios: no es redituable, la gente no quiere regresar a ver ese tipo de producciones. Pero aquí viene la contraparte, la regla Von Trier: a un recurso ajeno a la narrativa fílmica contemporánea, una historia sencilla (o viceversa). Por lo tanto, el director Michel Hazanavicius se decanta por un entramado sencillo: las andanzas del actor George Valentin quien, al negarse a participar en los filmes sonoros, los “talkies”, empieza a ser olvidado y tiene que darle paso a las nuevas generaciones, en las cuales se incluye la bella Peppy Miller, con quien en algún momento compartió crédito.

Todo en esta película está diseñado, delineado casi, para crear un producto que roce en la perfección: las actuaciones, el vestuario, los decorados, la fotografía, los escenarios. Incluso la mascota de George Valentin, un perro llamado Uggie en la vida real, resulta un elemento clave que va embonando dentro del encanto general del filme. En este sentido, forma y fondo se entremezclan muy bien para llevar a cabo la puesta en escena.

A opinión personal, los momentos que más disfruté fueron esos pequeños de “rompiendo la cuarta pared” o, llamémosle, “rompiendo la barrera del sonido”. Ocasiones en las que el propio protagonista de la película se extraña ante la presencia del sonido en su vida diaria, como si éste fuera una invasión a la normalidad y como si el movimiento cotidiano fuera mudo. Aunque no era el objetivo, quise que hubiera habido más momentos de este tipo. El filme se concentra tanto en parecer de la época que parece que no aporta nada a la actualidad. Es decir, no llega a un nivel de reinterpretar ni recrear al pasado, sino que solamente lo reproduce con tanta fidelidad que fácilmente podría pasar por una producción de esos años. Entretenida y conmovedora, su valor también reside en la recreación de un Hollywoodland en constante evolución y que muestra también una gradual pérdida por el encanto y la candidez de antaño, sustituida por el afán de hacer dinero. Parece decirnos que el cine, a final de cuentas, es un negocio.
07 Marzo 2012 04:00:53
Diálogo sobre ‘Drive’
—Quiero decirte algo que no quieres escuchar.

—¿De qué hablas? ¿Qué quieres decirme?

—Nada. Estaba traduciendo una canción, disculpa.

—¿Qué canción?

—“Nightcall” de Kavinsky & Lovefox.

—Creo que te faltaron dos equis. Es Lovefoxxx. Es la que sale al principio de “Drive”, ¿verdad? ¿Qué te pareció la película?

—“Drive” fue estrenada en el Festival de Cannes de 2011. Dirigida por el danés Nicolas Winding Refn, cuenta la historia de un misterioso hombre, el conductor (Ryan Gosling), que trabaja como doble en películas de acción, manejando y chocando coches. También, junto con Shannon (Bryan Cranston), planea ser un piloto de carreras, utilizando dinero que no es precisamente el más limpio. El conductor, de quien nunca sabemos su nombre, entabla una relación con su vecina, Irene (Carey Mulligan), que cumple el rol de la “damsel in distress” al estar sola y tener que cuidar a su hijo Benicio (Kaden Leos).

—Pregunté qué te había parecido, no que me dijeras todo sobre ella.

—Espera, tengo que darte todos los detalles antes de emitir el juicio. No te voy a arruinar la cinta, sólo diré lo esencial. El asunto es que este conductor tiene otro trabajo secreto, uno donde sale a las calles de noche y ayuda a criminales a escapar.

—¿Cómo los ayuda?

—Él conduce. Por ejemplo, si unos ladrones van a robar una bodega, él les dice algo como “No tienes que conocer la ruta. Dame una hora y un lugar, yo te doy cinco minutos de ventaja. Cualquier cosa que suceda en esos minutos y soy tuyo, sin importar qué. Cualquier cosa que pase un minuto después y te quedas solo”. Entonces está una de las primeras escenas de la película donde el espectador siente toda la adrenalina de estar como copiloto del conductor. Para ir asentando el tono de lo que vendrá después, apenas inicia el filme tenemos al conductor evadiendo a la policía y mostrando sus habilidades para manejar. Luego hay una especie de pausa, pues todo avanza más lento, como contrastando con esa velocidad del inicio. Las relaciones comienzan a construirse, el espectador relaciona quién es quién y luego…

—Ya, hasta ahí, no me cuentes más. No me has dicho qué te pareció. ¿La recomiendas?

—Sí, la recomendaría. Es la película más romántica que he visto en mucho tiempo. Quería llorar al final.

—Está bien, voy a… espera, ¿qué?

—Es una historia de amor.

—Pero por lo que me has contado suena a todo menos a amor. Carros, persecuciones, un conductor, ladrones. ¿No querrás decir que es un filme de acción?

—Es un romance posmoderno de acción. O una película de acción posmoderna de romance. No sé cómo clasificarla, pero me gusta la palabra posmoderno.

—Entonces habrá que verla.
22 Febrero 2012 04:00:01
‘El cine y sus descendientes’
El cine, como todo arte (si es que le queremos poner la etiqueta del “séptimo arte”), busca en algún momento conectar con el espectador, con aquel que le dedicará su tiempo para verlo. Si fue hecho con nobleza, despertará un sentimiento, creará al menos un instante en donde el que observa se conecte con la cinta. Muchas películas buscan manipular al espectador, y no es que esto sea malo, a veces estamos en pos de algo que nos diga exactamente lo que queremos escuchar. Ya sea que siempre hay segundas oportunidades, que aunque todo vaya mal siempre habrá algo bueno o que los robots terminarán conquistando a la humanidad, el cine tendrá el mensaje correcto para el que lo quiera leer.

Podemos argumentar, también, que todo es manipulación. Que desde que decidimos ver las imágenes en movimiento, ya estamos siendo controlados: debemos quedarnos el tiempo que sea necesario para terminar de consumir ese producto y poder juzgarlo en esa particular (el aspecto que más nos atrajo) totalidad (la película en sí). Finalmente, si hemos podido sobrevivir al proceso, es probable que todavía nos quede algo de voluntad como para ejercer una opinión.

Entonces, de vez en cuando parece surgir un producto que trata de decir algo honesto al menos. Que haga que el espectador encuentre en sí algo que no sabía que tenía, una cinta que no trate totalmente de comprar tu simpatía con tramas burdas, diálogos estereotipados y personajes predecibles. Pero, ¿qué significa todo esto? ¿Cómo podemos distinguir algún producto así? ¿Tiene algún patrón, alguna regla, alguna pista que nos indique su honestidad? Podemos pensar en la regla fácil que diría que sólo las películas independientes son sinceras y las comerciales (o “mainstream” por usar la palabra de moda) sólo buscan obtener dinero. Entonces, ¿del cine comercial no podemos aprender nada?

Todo esto surge a partir de una lectura de “Los Descendientes” (“The Descendants”, 2011), película que recién ganó el premio a mejor guión adaptado del Gremio de Escritores de América. La película muestra cómo un esposo, dos hijas, un padre y una madre, unos amigos y un amante se toman el repentino coma, y la muerte anunciada, de Elizabeth, personaje al que llegamos a conocer a través de sus conocidos pero nunca de su propio actuar. Cada quien a su manera, sin llantos excesivos ni giros dramáticos, enfrentará este asunto.

La dirección de Alexander Payne no se decanta en recursos fáciles. Las tragedias personales ya las ha abordado antes: desde “About Schmidt” y “Sideways”, pasando por el corto que hizo para “Paris je t’aime”, el director ha experimentado en describir cómo enfrentamos la soledad, la decepción y la muerte.

Regresando al tema del inicio, ¿es esto manipulación? Una película, por el hecho de ser comercial o de estar nominada a varios premios, ¿deja de ser sincera? Sería una vana suposición asumirlo. La obra de arte debe resaltar por su contenido, agallas y entrañas, no por su carcasa, cobardía o superficialidades. Alexander Payne es un director que debe seguirse muy de cerca y, aunque quizá “Los Descendientes” no gane premios como mejor película o mejor director, sí nos muestra una reflexión más sobre la vida misma, la muerte y la riqueza. Y, al menos, se siente un poco más honesta que muchas otras propuestas.



15 Febrero 2012 04:00:57
‘El argentino de al lado’
El tema de la convivencia de personajes disímiles ha sido ya explorado, tanto en el cine como en la literatura. Observar la convivencia que podrían tener dos personas que ven la vida desde lados opuestos es una exploración que siempre revela partes de nosotros mismos y permite ver qué tan tolerantes somos con esa “otredad” que nos acecha, siempre vigilante. Ejemplos tenemos de sobra: el clásico es Don Quijote y Sancho Panza; el detectivesco Sherlock Holmes y Watson, o sus contrapartes médicas Dr. House y Wilson; el “western” Butch Cassidy y Sundance Kid y el posmoderno Tyler Durden y el narrador de “Fight Club”. Finalmente, agreguemos a la lista un nuevo par de nombres: el de Leonardo y Víctor, personajes de la película argentina “El Hombre de al Lado”.

El filme se exhibió como parte de la 53 Muestra Internacional de Cine. La historia se nos presenta a momentos y de manera fragmentaria: empezamos con la vida de Leonardo, un diseñador seguro, plegado de sí mismo y con una visión quizás única, y, por lo tanto, unidireccional de la vida. Vive en la única casa que Le Corbusier hizo en América Latina, por lo que representa una pieza de arte que no puede ser perturbada por nadie. Sin embargo, a escena entra Víctor, el vecino alegre de Leonardo, quien está tumbando una pared para que la luz del sol ilumine uno de sus cuartos. El problema es que la ventana da directamente a la casa de Leonardo y éste, amenazado, comienza a buscar todas las excusas posibles para que esto no suceda. ¿Es, en verdad, esta ventana una invasión a la privacidad de Leonardo, un insulto al arte? ¿Tiene algo que esconder Leonardo? ¿Qué significa esta amenaza potencialmente espía?

Las cualidades del filme se expresan en un tono ligero que no busca ni asombrar ni cansar al espectador: su comedia introduce poco a poco tintes de crítica social y un retrato general sobre la figura del artista que rechaza lo que no entra dentro de sus cánones estéticos. Toda el filme se presenta a través de la mirada de Leonardo, con el que simpatizamos quizás en un principio, pero que luego empieza a mostrar su verdadera forma de ser: tratando a todo el mundo como si él fuera el centro del universo sólo demuestra sus miedos internos (el fantasma del rechazo y la intrusión de elementos externos a una vida que ya está formada y no admite cambios).

Aunque se esboza levemente, destaca también la relación que tiene Leonardo con su hija. Ella normalmente está escuchando música o bailando frente a la televisión, ignorando cualquier cosa que su padre le advierte. El enfrentamiento entre Victor y Leonardo, donde los dos hablan pero no pueden ponerse de acuerdo (aunque Leonardo termina casi siempre ganando las discusiones) se revierte con la dinámica familiar: el artista no es tomado en cuenta por su hija ni por una esposa ausente.

El argumento de la ventana continúa creciendo, siendo la excusa por la que continúa el filme hasta llegar a un final que resulta al mismo tiempo sorpresivo pero esperado. “El Hombre de al Lado” termina conmovido al saber que, aunque es un trabajo de ficción, cosas así suceden. Todo el tiempo.
08 Febrero 2012 04:00:12
‘La otra humanidad’
Hay algunas películas que deciden presentar una problemática que afecta a un grupo de personas en particular. Por ejemplo, en una comedia como “Bridesmaids” (2011), las acciones de las protagonistas sólo conciernen a las personas que están a su alrededor: las parejas, las damas, la familia directa. Pongámoslo así: si todas las películas convivieran en un universo fílmico único, la historia de “Bridesmaids” sería limitada a su propio entorno y sus alcances apenas saldrían de la ciudad en donde se desarrollan.

Luego tenemos películas donde la historia recae directamente en todo el mundo, en donde habrá personajes que se verán involucrados por lo que sucede y que representarán al ciudadano común en busca de respuestas (salvo que, normalmente, los protagonistas son presidentes, científicos o tienen alguna rara habilidad). Como ejemplo pongamos a “Mars Attacks!” (1996), donde los alienígenas invaden la tierra y los vemos destruyendo al igual la Torre Eiffel en París o el Big Ben en Londres. En ese universo fílmico del que hablábamos, los monumentos hechos por el hombre han sido destrozados una y otra vez en películas de catástrofes e invasiones.

Finalmente, podemos encontrar un tercer tipo de ejemplos, donde ambos estilos confluyen, es decir, pasa algo en la Tierra que tendrá que ver con todo el planeta, pero, sin hacer de este acontecimiento la trama principal, nos centramos en cómo un grupo de personas sobrellevará la vida, teniendo como fondo siempre un inminente cambio en la humanidad. Ejemplos de esto podemos encontrarlos en las ya reseñadas “Melancholia” (2011) y “Perfect Sense” (2011). Terminemos esta trilogía de acontecimientos globales con “Another Earth” (2011).

La otra Tierra, a la que se refiere el título, es un planeta idéntico al nuestro que de pronto aparece en el cielo, visible para quien quiera verla. Cuando logramos entablar comunicación con sus habitantes, descubrimos un hecho sorprendente y terrorífico: la otra Tierra es un reflejo de nuestra Tierra (o nosotros lo somos de ella). Es un espejo, quizá ligeramente deformado, de nosotros: allá arriba hay otro como usted, lector, leyendo estas líneas ahora mismo, así como hay otro columnista llamado como yo, escribiendo la reseña de esta película. Cuando nuestra protagonista, quien por un accidente terminó matando a una familia, descubre que hay otra como ella en el astro duplicado, buscará redimirse a sí misma buscando la forma de viajar a ese mundo conocido, pero a la vez tan inexplorado.

“Another Earth” tiene una especie de “aura” (recordando a Walter Benjamin) que se siente en la textura de sus imágenes: los efectos especiales conviven naturalmente con el sentir de la historia. El filme, desde una producción humilde pero con gran honestidad, disparará una de las preguntas más viejas, cuya respuesta ha sido tan temido como buscada: ¿tenemos la opción de cambiar nuestro destino?
01 Febrero 2012 04:00:47
‘El sentido perfecto’
¿Cuál es el sentido perfecto? ¿Es la vista, el olfato, el gusto, el tacto, el oído? Aunque antes de contestar a esa pregunta, tal vez deberíamos preguntarnos por el “sentido” de esas dos palabras. ¿Qué hay más imperfecto que la percepción humana? ¿Qué hay más engañoso que los sentidos? O, en busca de una respuesta que intenta no ahogarse en un mar de incertidumbres, ¿qué hay perfecto? ¿Qué cosa puede adjetivarse como perfecta en un mundo visto forzosamente por humanos ansiosos de clasificarlo todo?

“Perfect Sense” se estrenó en el Festival de Sundance de 2011. Protagonizada por Ewan McGregor (Michael), Eva Green (Susan) y Ewen Bremner (James), relata la historia de un chef y una epidemióloga que se enamoran. A través del filme seguimos a estos dos personajes y conocemos el inicio de su relación y su desarrollo. Sobresale aquí las profesiones de ambos, pues estarán involucradas, sin quererlo, en una crisis que empezará a azotar al mundo. La gente desarrollará una extraña enfermedad que provoca que pierdas el sentido del olfato. Nadie sabe cuál es la causa de esta epidemia y tanto Micheal como Susan verán sus trabajos afectados: la población irá cada vez menos a los restaurantes y a los científicos se les van agotando las respuestas.

La trama continúa explotando todas sus posibilidades. Después de perder el olfato, los otros sentidos también irán desapareciendo. Esto también provoca, de manera tangencial, que la memoria vaya deshaciéndose. Al ya no tener la capacidad de algo, nuestros recuerdos se van haciendo más remotos. ¿Cómo evocar a qué olía la piel del cuello de tu amada? ¿O el olor frío de un amanecer triste? Incluso, ¿qué se sentía al oler la comida echada a perder?

Aunque explora una idea antes ya trabajada por José Saramago en “Ensayo sobre la Ceguera” (adaptada al cine por Fernando Meirelles en “Blindness”), al centrar la historia de manera particular en una pareja que va sufriendo los estragos de la epidemia y que tiene que adaptar su vida diaria a lo que está pasando a su alrededor (muy similar a la evolución normal que tendrían dos personas deseosas de iniciar una relación), hace que el filme nos involucre a un nivel profundo, al grado de preguntarnos qué tanto apreciamos lo que tenemos y si nuestra alegría se basa sólo en vanas apariencias o si realmente la disfrutamos.

Cerca del final encontramos uno de esos momentos cinematográficos invaluables. No voy a decir de qué trata para no arruinar las emociones del instante, pero esas escenas capturan y transmiten un sentimiento de honesta felicidad muy pocas veces retratado en la pantalla. Con esta epidemia cerca, vale la pena preguntarnos si conservamos los recuerdos de nuestros sentidos. ¿Disfrutamos el efímero olor de la alegría o dejamos que se mezcle con el de las aguas negras?
25 Enero 2012 04:00:43
‘El melancólico von Trier’
Lars von Trier se ha vuelto uno de esos directores que levantan polémicas con sus fuertes declaraciones (“soy un nazi”, “soy el mejor director del mundo”) y las escenas que muestra en su filmes (violaciones, maltrato animal). Esto lleva a preguntarnos muchas veces si el creador quiere demostrar algo en verdad con su arte o simplemente lo hace por provocar, por meter el dedo en la llaga y luego apretarlo, darle vueltas, echarle alcohol y prenderle fuego (que, claro, es del todo válido). Todo esto ha resultado en una serie de películas que a veces invitan a la reflexión y otras intentan tratar de demostrar algo pero no terminan agarrando fuerza. Es un mal que, a mi parecer, han sufrido sus dos últimas producciones: “Antichrist” (2009) y “Melancholia” (2011).

Hablemos de la última. Primero hay que destacar los mejores aspectos: “Melancholia” cuenta con un preciosimo raramente visto en von Trier (similar a la introducción de “Antichrist”, pero sin su crudeza). La secuencia inicial deslumbra al espectador, incluso lo podría llevar hasta el deseo de vivir esta especie de apocalipsis, donde la tierra es destruida. A su vez, la secuencia final rinde tributo al abandono de espíritu, a la aceptación de un destino irrefutable. La actuación de Kirsten Dunst es excelente y ya ha sido elogiada lo suficiente. Ahora vayamos con la historia.

El único problema que tengo es que se entrega demasiado a la interpretación. Abre un abanico de posibilidades hermenéuticas del que todo el mundo busca algo de aire. Hay demasiadas preguntas que nunca llegan a responderse, que el filme ni siquiera coopera para responderlas, y el lector, cuya curiosidad podrá variar, tiene que sacar ases de cuantas mangas tenga al alcance. No es que me falte imaginación para llenar los huecos, pero hay elementos que no parecen embonar. Como la escena en la que Justine afirma que la vida en la tierra es malvada. Cuando le preguntan cómo lo sabe, ella contesta “porque yo sé cosas”. Seguro, esa podría ser la respuesta a todas las grandes preguntas. O el caballo que se niega, una y otra vez, a cruzar un puente. O el organizador de la boda, que se niega a mirar a la novia que le arruinó su trabajo, cosa que esperaría en una comedia, pero aquí parece fuera de lugar.

Si tan sólo von Trier hubiera expuesto algo más con qué trabajar, más material para formar ideas, esta película habría sido todo un festín. Pero aquí la mayoría de las interpretaciones van con calzador. Por ejemplo, tenemos al padre de Justine, quien se niega a hablar con ella y se desaparece al día siguiente de su boda. He leído en Internet a gente que afirma que es un reflejo de Dios que tiene abandonado a sus hijos. ¿Suena coherente? Claro, pero la película no muestra ningún indicio relativo a la religión o a Dios. Otros afirman que lo que Justine “sabía” era que el mundo se iba a acabar y de ahí su depresión (y, por ende, la explicación de que el personaje de Justine esté triste sin que nos digan nunca por qué). También suena lógico pero pareciera que se le está dando demasiado crédito a la película.

Lo que yo veo es lo más simple: cuando estás deprimido sientes que todos son falsos a tu alrededor (por lo tanto, la boda) y quieres que todo termine, probablemente de la manera más trágica posible (entonces, un planeta se estrella contra la tierra). De entre los filmes del director, “Melancholia” es quizás al que más fuerza le falta: tan es así que necesitó de todo un planeta para mostrar los destructivos efectos de la depresión (y, si aún no entendíamos la metáfora, llamó al planeta “Melancolía”). Visualmente magnífica, pero hasta ahí.

18 Enero 2012 04:00:06
Todo sobre Vicente
“Si te portas mal, te voy a llevar a ver una película de Pedro Almodóvar”. De esta manera cualquier madre podría amedrentar a su criatura para que termine la tarea, tienda la cama, lave los trastes, limpie la casa, termine un doctorado o cualquier cosa que se le ocurra. Todo para no dejarlo marcado a temprana edad con las visiones que Almodóvar tiene para mostrarle.

Hay siempre algo horrible gestándose en Almodóvar. Como una larva que se va desarrollando a lo largo de sus filmes. Como un parásito que empieza a vivir en los espectadores y absorbe los sentidos de la lógica, y nos arroja a un mundo muy parecido al nuestro pero con un pequeño giro. La fantasía entra por las grietas, no por la puerta ni por la ventana, sino por un hoyo en la pared, y por eso al que observa sus películas no le parece del todo raro: incluso hasta podría ser plausible. Ahora la amenaza Almodóvar ataca de nuevo con las obsesiones personales de un hombre que pretende crear una nueva forma de vida para el ser humano en “La Piel que Habito” (2011).

La historia sigue a un cirujano, el doctor Robert Ledgard (Antonio Banderas), quien, atrapado por el recuerdo de la muerte de su esposa a manos del fuego (o a chispas del fuego), decide experimentar con la piel de una paciente, haciéndola resistente a todo tipo de estímulos. La mujer con la que Ledgard intenta llevar a cabo su proyecto se llama Vera y se apellida Cruz. A lo largo del filme iremos conociendo el pasado de esta misteriosa mujer y cómo fue creciendo el interés del doctor por crear a un humano más cercano a la perfección.

La película se acerca mucho al género de terror con buenas ideas y no con sustos sorpresivos que se quitan segundos después. Hay escenas pavorosas que asustan y te dejan pensando “¿me podría pasar a mí?”. El giro en la trama es inesperado y bien manejado, sin embargo resulta excesivo y no del todo convincente a la larga. Almodóvar inserta un elemento muy fantasioso y nos pide que lo creamos, pero ni en la película ni en la vida “real” del espectador funciona este aspecto, debido a que el director da unos pasos muy apresurados. Otro aspecto que de pronto se tambalea son los personajes, que, o tienen una personalidad muy contradictoria (como Ledgard, que puede ser increíblemente sagaz e increíblemente ingenuo) o tienen muy poca (Vera y Vicente) o no termina de cuajar del todo su presencia (como la inesperada presencia del “tigrino” y su relación familiar que poco aporta).

Impactante a ratos y de un final involuntariamente cómico (o quizá Almodóvar pretendía sacarnos carcajadas con el enigmático “soy Vicente”), “La Piel que Habito” falla en algunos niveles pero resiste en otros.

Buen intento de Almodóvar para entrar en el mundo del terror. Perfecta para aquella madre castrante que quiera marcar a su hijo, con la amenaza de que, si no se porta bien, tendrá de regalo de cumpleaños una bonita
vaginoplastia.
11 Enero 2012 04:00:29
El amor está muy loco
Cuando era adolescente odiaba los finales felices. No me parecían plausibles. Siendo especialmente dramático a esa edad (cuando todo parece ser eterno, oscuro y desesperanzador), que una película acabara proclamando que el amor finalmente fue más fuerte que cualquier problema y que no importa qué tanto te equivoques, siempre habrá segundas oportunidades (terceras, cuartas, quintas), acababa por crispar mis nervios. Era como si todo eso sucediera en otra dimensión, en un planeta paralelo donde las cosas, al final, resultaban bien.

Con el paso del tiempo supe que los finales felices muchas veces obedecen al mensaje que quieren dar, a los patrocinadores, al sector del público, entre otras cosas, pero casi nunca al ritmo de la trama. Lo único que muchos espectadores quieren ver es a sus protagonistas en apuros, pero sabiendo que todo resultará bien eventualmente. Y pensar “puede pasarme a mí”. Como subirte en una montaña rusa donde necesitas vivir el peligro estando seguro de que no te pasará nada malo. Con todos estos prejuicios me acerqué a “Crazy, Stupid, Love” (2011), suponiendo que habría algún final feliz, que sería una comedia romántica predecible como la mayoría.

Sin embargo, supieron cómo establecer un enfoque fresco y actual a las mismas historias de siempre. El elenco de personajes forma un mosaico de relaciones, donde el factor predominante es el amor, al que se le achacan (la gran dolencia posmoderna) muchos adjetivos: amor cansado, amor sexual, amor ingenuo, amor infiel. Para explicar las relaciones que se dan en el filme, sería más fácil hacer un diagrama, pero intentémoslo con palabras. Cal y Emily están casados, pero Emily quiere divorciarse pues se acostó con David. Cal, deprimido, encuentra ayuda en Jacob, un experto en conquistar mujeres, quien conocerá a una rebelde pelirroja llamada Hannah. Por otra parte, Robbie, de 13 años, hijo de Cal y Emily, está enamorado de Jessica, su niñera cuatro años mayor que él, quien a su vez está loca por Cal. ¿En qué resultará todo este embrollo?

Las actuaciones son impecables, sobresaliendo la de Ryan Gosling como el amante perfecto que finalmente encuentra lo que no estaba buscando. Steve Carell logra interpretar a alguien entrañable y confundido. Los personajes se sienten muy cercanos y sus interacciones parecen reales y espontáneas. Quizá sobre el final hay algunos momentos forzados (como el del discurso de graduación, que se vuelve bastante obvio), pero durante toda la película los personajes mantienen su esencia y no terminan cambiando ni encontrándole el significado a su vida, solamente entienden qué es lo que necesitaban. Además, hay un giro muy efectivo en la historia que vaya que sorprende, a pesar de que lo anuncian desde mucho tiempo antes.

¿El final es feliz? ¿Cada quién quedará con su cada cual? Dejo al lector con esta duda para que lo descubra por sí mismo. Por mi parte, hace un tiempo dejé de odiar los finales felices, porque ahora sé que sí existen. Y que, de vez en cuando, son muy necesarios.
04 Enero 2012 04:00:32
‘Un gato parisino’
¿Alguna vez tu perro te ha despertado en la madrugada, ladrando como si lo estuvieran inyectando con veneno, porque un gato está pasando por la barda de tu casa? ¿Tu gato ha tenido escapadas nocturnas y regresa hambriento, sucio y con mucho sueño en la mañana? ¿Sabes dónde está tu gato por las noches? ¿Acaso tu mascota felina te ha llevado regalos como pájaros muertos o lagartijas malheridas? ¿Quizás una joya? Si alguna de las anteriores preguntas se adapta a tu caso, más vale que busquen la propuesta cinematográfica de los franceses Jean-Loup Felicioli y Alain Gagnol titulada “Une Vie de Chat” (2010), un filme animado también conocido como “A Cat in Paris”.

Un curioso gato (que no es lo mismo que un gato curioso), llamado “Dino”, vive de día con una niña, Zoé. La madre de ella es Jeanne, policía incansable que está tras las huellas de un peligroso criminal, Victor Costa, que años atrás asesinó a su esposo, el padre de Zoé. Cuando el sol se esconde, “Dino” sale por la ventana y se pasea por las casas parisinas, siempre pasando cerca de un perro que no puede evitar ladrarle, hasta llegar con Nico, un habilidoso ladrón. “Dino” será el enlace entre estas dos historias en donde podremos encontrar desde los típicos villanos torpes, pero graciosos hasta referencias a Quentin Tarantino.

La película apenas rebasa la hora y es uno de sus mejores aciertos: no necesita alargar una historia que no da para más, agregándole subtramas que lo único que harían sería entorpecer el final, digno del premio de actos de locura para villanos. Aunque desde el inicio sabemos que la madre de la niña, por como se nos presenta (desolada y trabajadora en exceso, dispuesta a sacrificar incluso el tiempo que le dedica a su hija) encontrará una pareja hacia el final, se agradece que los directores no hayan explotado esa historia, sino que hayan mostrado a Jeanne como una mujer independiente y enfocada.

El gato “Dino” es quien se roba la película. No es el gato caricaturizado que habla y hace cosas de humano, pero que al mismo tiempo mantiene su esencia felina. Este sólo es un gato, sin habilidades extranaturales. Sus movimientos están bien estudiados y resulta un gato perfectamente creíble, aunque con algunos rasgos que nos ayudan a entender sus motivos (como su sonrisa macabra cuando sabe que el delincuente finalmente ha perdido). A este gato no se le puede juzgar bueno o malo, como suele hacerse en los filmes con animales antropomorfos, porque sus acciones sólo son las de una mascota que defiende a sus dueños.

Con una ambientación que recuerda al cubismo y un estilo similar a la odisea animada de los Beatles, “Yellow Submarine” (1968), “Une Vie de Chat” resulta entretenida y entrañable, de los filmes en los que rescatas ciertas escenas y las recuerdas por mucho tiempo. Para niños, amantes de los gatos y buscadores insaciables de animaciones
contemporáneas.
28 Diciembre 2011 04:00:46
Terror Inocente
Imaginemos la película “Asesino Inocente” o, para efectos más dramáticos, “Inocente Asesino”. La tagline diría: “Nadie es inocente hasta que se demuestre lo contrario”. El filme presentaría a un asesino serial que ataca solamente los días 28 de diciembre de cada año, el Día de los Santos Inocentes.

Los protagonistas serían, quiénes más, un grupo de adolescentes que van a la misma escuela y que suelen pasar el rato en fiestas salvajes. Como debemos tener empatía con los personajes, cada uno representará un sector diferente del público: uno será el chico guapo y deportista, cuya novia es una porrista curvilínea (ellos cumplen con el “visual candy” de la película y es muy probable que al principio tengan una escena de sexo, justo antes de que el asesino los atrape). Ambos personajes serán medianamente inteligentes. Después estaría el chico que es muy inteligente pero socialmente inadaptado, tiene problemas para conocer mujeres, pero al final terminará besando a alguien. Quedan dos: el personaje que representa a alguna minoría y que será el alivio cómico, y otra mujer más, el interés romántico del chico inteligente, pero que no es muy femenina y que tiene una habilidad que los demás consideran extravagante, como saber karate o estar obsesionada con las novelas de misterio (habilidades que en algún momento sacarán al grupo de problemas).

La película empezaría con el grupo de adolescentes corriendo por los pasillos de un hospital. Alguno de ellos preguntaría algo que le haga saber al espectador el por qué están allí, como “No puedo creer que Jim haya chocado, él es muy precavido para manejar. ¿Era el cuarto 114?”. Cuando llegan al cuarto 114, un doctor, cubierto con un gorro de cirujano y un tapabocas, les informa que el paciente falleció, que hicieron todo lo que pudieron. Les indica que pueden entrar al cuarto para dar el último adiós. Temerosos ante la muerte, deciden echar un vistazo, pero ven la cama vacía. Ante su extrañamiento, buscan al doctor y cuando lo encuentran, ya sin su indumentaria en la cara, se dan cuenta de que es Jim, la misma persona que creyeron había tenido el accidente. Todo se revela como una broma del Día de los Inocentes. Jim, a lo largo de la película, será el principal sospechoso del público, pues todos creerán que él es el asesino. Sin embargo, no lo será.

La historia del asesino, llamémosle Rob, se revelará a través de flashbacks a lo largo de la película, iniciando el primero a los 25 minutos. Habiendo desarrollado un caso agudo de claustrofobia, nuestro villano no era muy popular cuando iba a la escuela, debido a que en el salón de clases siempre estaba parado y pegado a la puerta, temiendo quedarse encerrado. Esto, por supuesto, le acarreaba burlas. En una ocasión fue invitado a una fiesta, a la que termina yendo sólo para satisfacer a sus padres, preocupados de que no tuviera muchos amigos. Cuando llegó, rápidamente lo sujetaron y lo encerraron dentro de la cajuela de un automóvil, dejándolo ahí durante dos horas, causándole hiperventilación y varios días en el hospital. Los que le hicieron la broma alegaron que sólo fue por el Día de los Inocentes y que no sabían del trastorno que padecía. Años después, Rob se convirtió en un maestro de escuela que acosa a los hijos de aquellos adolescentes, cada 28 de diciembre, encerrándolos en diversos lugares hasta que terminan muriéndose de hambre.

¿Podrán nuestros héroes detener al asesino? ¿Encontrarán cuál es el patrón de las víctimas? ¿Descubrirán que el maestro es el verdadero culpable? Ya lo sabremos cuando adapten esta trama a la pantalla grande y, dependiendo del éxito o no, hagan otras 15 secuelas más.
14 Diciembre 2011 04:00:58
‘El final del rey’
Continuamos con la reseña de “The Stand”, la miniserie escrita por Stephen King, adaptada de una novela de Stephen King, cuyo productor ejecutivo fue Stephen King y que cuenta con la actuación de Stephen King. Todo parece indicar que el escritor estuvo ligeramente
involucrado.

Los últimos capítulos narran el establecimiento de dos ciudades en Estados Unidos, una en Boulder, Colorado y otra en Las Vegas, Nevada. La primera tiene como líder simbólico a la Madre Abagail (o Abigail), una anciana de 108 años que platica con Dios y representa la bondad. La segunda está liderada por Randall Flagg, un hombre cuya apariencia puede ser seductora pero por dentro sólo manipula a los demás y planea destruir la ciudad rival. No hace falta ser muy intuitivos para saber que estos dos personajes son el yin y el yang dentro de este mundo postapocalíptico.

Después de constituir un comité que se encargará de los asuntos principales en Boulder (no sin antes exaltar el patriotismo norteamericano, cantando el himno nacional para que todos vean la fortaleza del pueblo y cómo puede levantarse de las cenizas), deciden que deben enviar espías a Las Vegas para saber si Flagg cuenta con material que resulte amenazante, como misiles o bombas. Finalmente, y sin querer revelar más detalles de lo que sucede, se dará la batalla entre el bien y el mal que no resultará tan épica como podía esperarse (quizás es hasta anticlimática), con un “deus ex machina” (que se cumple casi literalmente) pero que tiene una resolución
aceptable.

Aunque es uno de los mejores materiales de King adaptados por él, quedan algunas cosas que no cuadran del todo. Nadie, por ejemplo, se cuestiona la naturaleza de los sueños que tienen los personajes. Si una colectividad sueña lo mismo, ¿no es eso digno de intriga? Todos parecen aceptarlo muy fácilmente, cuando eso habría que cuestionarlo.

Por otra parte, aunque Randall Flagg es un personaje muy bien interpretado por Jamey Sheridan, sus poderes no son del todo claros. No es el mismísimo diablo, sino un servidor o algo parecido, pero al parecer todo le sale mal (si no quieren saber secretos de la trama, no sigan leyendo): Dayna, quien sabía el nombre del tercer espía que estaba en Las Vegas, se suicida enfrente de él, impidiendo que Flagg obtuviera la información que quería; Nadine, con quien iba a tener un hijo, se tira de un edificio; Glen se burla de él y lo llama “cucaracha” y, al final, no puede detener a Trashcan Man de que se escape y lo ataque. Aunque en varias ocasiones hace uso de sus poderes telepáticos y puede aparecerse en los lugares que quiere, en la serie no se le ve como un villano muy amenazante.

La cereza en el pastel la pone las actuaciones de King, que aparece como un personaje más de Boulder. Su rol no se limita al de un cameo, sino que tiene varios diálogos e incluso da una noticia importante al final de la serie. Aunque su actuación no es mala, tampoco es la más rescatable.

A pesar de estos detalles, y si no somos muy quisquillosos con algunas incoherencias, es una miniserie entretenida a pesar de que los temas nacionales y religiosos son muy exaltados. Si ocurre otra pandemia como la del A (H1N1), ya sabemos qué podemos ver para pasar el rato.
07 Diciembre 2011 04:00:35
‘El apocalipsis del rey’
Personalmente, siempre me han gustado las historias en donde la humanidad se ve en peligro de desaparecer.

Apocalípticas, pues, donde algún desastre de cualquier tipo ha mermado al ser humano. Estas ficciones responden a una pregunta que siempre me ha atormentado: ¿cómo va a terminar? Siguiendo la lógica maltrecha y humana, observadora de tantos ciclos y artífice de ordenar el desorden, creemos que todo lo que inicia tiende a acabar; entonces, ¿cuándo se terminará la raza humana? ¿Cómo será? ¿Extraterrestres vendrán a atacarnos? ¿Nos convertiremos en zombis? ¿Vendrá Dios a juzgarnos? ¿Habrá algún desastre natural? ¿Un meteorito, acaso? Sea la que sea la respuesta, nos entretiene pensar que algo más grande que nosotros, que obedece a un orden superior del cual no tenemos control, vendrá a encargarse de nuestra extinción. Así podemos estar tranquilos mientras esperamos la muerte y resignarnos a recibirla: sabemos que no se podía hacer nada contra ella.

Ya hemos hablado someramente de Stephen King en la columna anterior. Conocido por haber creado varios de los personajes que, trasladados a la pantalla, se han vuelto referentes obligados en el cine (Carrie ensangrentada, la cara del payaso Eso, Jack Torrance enloquecido), King ha dejado su huella en el cine tanto por las malas adaptaciones que se han hecho de sus textos como de las muy buenas.

“The Stand” es una de tantas miniseries adaptadas de los libros de Stephen King, cuyo guión para televisión fue hecho por el mismo autor. Tiene cuatro capítulos, con duración aproximada de una hora y media cada uno. Muestran la travesía de unos sobrevivientes que lograron salvarse de un virus que tiene una capacidad de contagio del 99%. ¿Por qué hay algunas personas que no se enferman? ¿Qué los hace tan especiales a ellos?

Los primeros dos episodios introducen la historia en general y a los personajes. Los protagonistas son variados: un sordomudo, una persona con un ligero retraso mental, un hombre que tiene adicción por quemar o hacer explotar las cosas, un cantante, un hombre encarcelado, una mujer que acaba de perder a su padre, un joven enamorado de esta mujer, un pueblerino, un hombre viejo acompañado de su perro. Todos ellos tienen en común dos cosas: la primera es que, por alguna razón desconocida, han sobrevivido al virus que ha acabado con el 99% de la humanidad. Y la segunda es que, cuando van a dormir, todos sueñan con las mismas personas: se les aparece una anciana tocando una guitarra, que los invita a que lo visiten. Sin embargo, también se les muestra un hombre extraño, fuerte y de cabello largo, que también los llama a su lado. La mujer parece bondadosa y afable; el hombre, malvado, utiliza la fuerza, la tentación y los engaños para llamar a la gente a su lado. Cada uno de los protagonistas está llamado a seguir a alguno de estos dos líderes, que los llaman en sueños. ¿Por qué les hablan? ¿Para qué los necesitan?

Quizá los que son llamados a servir a la anciana representan las fuerzas del bien y el hombre a las del mal. Quizá vayan a formar dos ejércitos destinados a enfrentarse. Quizá nos engañen las apariencias. Pero esto lo descubriremos en la última columna dedicada a Stephen King, donde hablaremos de los últimos dos capítulos de “The Stand”.
30 Noviembre 2011 05:00:03
‘La regla del rey’
Un amigo y yo una vez establecimos una regla que parecía irse comprobando cuando hablábamos del escritor estadounidense Stephen King. Teníamos discrepancias sobre sus libros: algunas de sus novelas nos parecían buenas, a otras les faltaba algo y sus cuentos a veces no estaban bien logrados. Cada quien teníamos nuestras obras favoritas y podíamos discutir sobre cuál era la mejor. Pero en una cosa estábamos de acuerdo: las películas escritas por Stephen King siempre resultaban malas.

Al decir “películas escritas por Stephen King” no nos referíamos a las que están basadas en textos de él. No. Única y exclusivamente hablábamos de los filmes en que Stephen King había trabajado como guionista. Tal vez de una forma comparativa pueda resultar más clara esta cuestión.

Hay dos películas de “Los Niños del Maíz” (de la original, porque secuelas hay muchísimas): una de 1984 (la que se ha vuelto un clásico y ha eternizado los campos de maíz como lugar de terror) y otra en 2009 (escrita por King y que pretende asustarnos con escenas en las que se le hace un close-up a… un semáforo). Otro caso: la versión de “The Shining” de 1997, con guión original del norteamericano, una mini-serie para televisión, no le llegó a la versión que ya había realizado Kubrick en 1980. Por último, una película de 1986, llamada “Maximum Overdrive” (donde, además de guionista, el escritor dirigió), trata sobre máquinas que vuelven a la vida y se hacen homicidas. ¿Suena una idea convincente?

No me malinterpreten: para mí King es un gran escritor y, por más que los puritanos lo quieran ver como sólo un autor de best-sellers más, cumple con la función que se ha propuesto desde el inicio de su escritura: la de asustar o sorprender a los lectores. Sin embargo, a la hora de adentrarse al cine no se ha podido desarrollar muy bien. Observemos, ahora, algunos de las cintas basadas en sus libros en los que él no ha tenido nada que ver (una vez más, hablando del autor como guionista). “Carrie” (1976), de Brian De Palma, impulsó la carrera de Sissy Spacek y se le cita como una de las mejores películas de terror, junto con la ya mencionada “The Shining”. Ni qué decir de dos de las tres películas escritas y dirigidas por Frank Darabont: “The Shawshank Redemption” (1994) y “The Green Mile” (1999) que ya llevan varios años entre las favoritas de los usuarios, como se comprueba en la lista de las 250 películas favoritas en el sitio IMDb.

Sabemos que toda regla tiene una excepción (y más en una regla subjetiva e intuitiva). El libro de “Apocalipsis” (“The Stand” en inglés), fue adaptado en una miniserie que consta de cuatro capítulos, de una hora y media cada uno, en 1994. El guión fue adaptado por el mismo Stephen King y la serie parece dar una sorpresa y contradecir esa conclusión a la que llegué con mi amigo. ¿Qué hace que esta serie sea diferente? Lo averiguaremos la próxima semana.
23 Noviembre 2011 05:00:16
‘El árbol poético’
Enfrentarse con “El Árbol de la Vida” (“The Tree of Life” de Terrence Malick, 2011) puede convertir a los espectadores en impacientes ánimas en busca de sentido o en simples contempladores que siguen el flujo de las imágenes. Las críticas que había recabado entre amigos, usuarios de Internet y expertos me dejaban exactamente en las mismas: unos la amaban y abogaban por su perfecta imaginación y otros la odiaban argumentando que la historia no termina de cerrar. Comparada con la pieza maestra de Kubrick, “2001: A Space Odyssey” (regresaremos a este punto más adelante), la película busca su propia narrativa y no trata de seguir un modelo para contarse.fff

La historia se centra en la familia O’Brien, que consta de un padre, una madre y tres hijos varones. A lo largo de la película nos adentramos en un vórtice de emociones donde imperan la violencia, la desilusión, los esfuerzos fallidos, la disciplina. Vemos constantemente la vida de los O’Brien cuando los hijos son pequeños, para después encontrarnos a uno de los hijos de adulto, Jack, sufriendo los estragos de una niñez estricta y cuestionándose sobre su presente. Este Jack, tanto el de la edad adulta como el niño, parecen estar tragándose un grito eterno que está a punto de salir, chocando con todas las cosas y destruyéndolas a su paso, como si fuese una pintura de Munch o una Marion Silver aguantando la respiración debajo del agua de su bañera.

Entiendo por qué el filme no es para el gusto de todo el mundo (lo que se puede atestiguar al verla en el cine, donde, después de los primeros 30 minutos, al menos unas 10 personas ya habían abandonado la sala). La historia no está contada de la manera tradicional e incluso no se puede afirmar que haya un argumento donde se siga una línea: estamos abarcando desde la historia de la creación del planeta Tierra (con dinosaurios y meteoritos de por medio), pasando por una familia en los años 50 y culminando con la vida después del año 2000.

Las comparaciones con “2001…” parecen apuntar a que ambas películas se remontan a la creación de la Tierra para explicar a sus personajes y determinar su manera de actuiar (esto sin obviar que hay un par de escenas que Malick calca de Kubrick). Sin embargo, me parece que “2001…” busca más la mitificación del hombre, determinarlo a través de un misterio y desentrañar los orígenes a través de una supuesta tecnología superior a la nuestra. En “El Árbol de la Vida” somos más una consecuencia de la Tierra: nacemos de ella y morimos en ella.

“El Árbol de la Vida” es un poema visual, una “prosa poética” que despierta imágenes más que palabras. Es de una hermosura apabullante y que, me atrevería a asegurar, no se debe de analizar desde un punto de vista narrativo, pues su intención nunca fue la de contar una historia específica, sino la de retratar un episodio del ser humano, tomar una fotografía existencialista, impresionista y surreal, y dejar, al menos, una enseñanza con visos de eternidad: “La única manera de ser feliz es amar”.
02 Noviembre 2011 03:00:21
‘Onoff, el escritor’
Se oye un disparo. Corres bajo una lluvia que se empeña en atacarte. Unos oficiales franceses te encuentran. Te piden tus papeles. Los buscas entre tu chaqueta empapada y te das cuenta de que los has olvidado. Deben de estar en el otro pantalón. En la otra camisa. En la otra vida que dejaste colgando a la puerta.

Nadie te ofrece un cigarrillo. Todo mojado, chorreas agua y tu frente parece perlada en sudor pero en realidad son las cascadas que caen de tu cabello. No te dejan utilizar el teléfono. Parece que las líneas se cortan cuando hay tormenta. Te miran como si fueras un sospechoso, como si algo terrible hubiera pasado. No entiendes del todo qué es lo que estás haciendo aquí. Qué es todo este clima que parece anunciar la entrada a un mundo apocalíptico, te preguntas quiénes son estos gendarmes que sólo te miran de reojo y entonan melodías de tu pasado, imaginas. Dónde he estado esta tarde que las cosas se vuelven borrosas después de un tiempo, piensas.

Y, por alguna razón, odias la leche caliente. Cuando alguien te la ofrece, como un nuevo bautizo, la rechazas arrojándosela a la cara. Necesitas un cigarro desesperadamente.

El inspector de policía aparece. Todos lo habían estado esperando. Se disculpa por llegar tarde. No se ve mojado como tú, aunque afuera el diluvio sigue desatado. Te presentas. Dices llamarte Onoff. Así, sin apellido, sólo Onoff. El inspector no te cree. Onoff es un gran escritor. Y sucede que él tiene todo el tiempo del mundo para leer. No te imaginas todas las cosas que ha leído. Probable, segura, verdaderamente, te ha leído con una atención obsesiva por el detalle. Se sabe tu biografía de memoria. Quién te crees que eres, haciéndote pasar por Onoff. Pero en cuanto recuerdas una cita de tu libro, el inspector te cree. Fue por la barba. Te acabas de rasurar. Y te cortaste el pelo. Por eso no te había reconocido.

Por desgracia, él tampoco trae un cigarrillo. Sólo quiere entrevistarte para saber dónde estuviste esta tarde. Una mera formalidad, te dice. Algo ha sucedido y, tendrás que admitir que es verdad, una persona corriendo como loca a mitad de un aguacero no se ve muy libre de culpa que digamos. Te piden que recuerdes, Onoff, que recuerdes qué estuviste haciendo esta mañana. Después de levantarte a las tres y media. Después de mirar al techo o quedarte viendo por horas a la ventana. Por qué te habrás quitado la barba. Estuviste solo todo este tiempo, te preguntan. Y tú sólo ves algunas fotos en tus recuerdos. Ves a una mujer. Ves un coche partiendo. Y ves que quizá seas el culpable de un crimen que no recuerdas haber cometido.

(Lo anterior fue una reinterpretación del inicio de “Una Pura Formalità”, película de 1994, dirigida por Giuseppe Tornatore y protagonizada por Gérard Depardieu y Roman Polanski. Mezcla perfecta entre una película “de arte” y una comercial, invito a quien le interese a ver esta película para que descubra qué sucedió después con la historia de Onoff y el inspector.)
26 Octubre 2011 03:00:50
‘Literalmente: las horas perdidas’
Puedo imaginar la cara de Quentin Tarantino al escoger su proyecto posterior a “Pulp Fiction”. O cómo M. Night Shyamalan pensó superar el éxito de “The Sixth Sense”. O a Orson Welles asumiendo las controversias que causaron su “Citizen Kane”. Quizá la respuesta para enfrentar una obra posterior al éxito sea la vuelta de tuerca: hacer algo completamente distinto y sorprender al público. Todos esperábamos otro Jules y otro Vincent. A otro niño que viera gente muerta. A otro magnate del periodismo. La presión es mucha. ¿Qué hacer?

Richard Kelly cayó en la trampa. Si al público le gustó “Donnie Darko” (2001) que tiene un buen monto de cosas bizarras, pero que terminan siendo explicadas al final, pues vamos a darle una dosis extra de sinsentidos: “Southland Tales” (2006). “Las Horas Perdidas”, como se le tradujo en México, tiene tantos problemas (y falla en demasiados niveles a la vez) que es difícil tomársela en serio, pues parece que alguien, detrás de cámaras, se está burlando del espectador. Señalemos sólo algunos puntos que no terminan de encajar en la totalidad del filme.

Los nombres. Piensen en el protagonista de su película favorita. ¿Cómo se llama? ¿Rocky Balboa? ¿Tyler Durden? ¿Holly Golightly? ¿Alicia? ¿Frodo Baggins? ¿Harry Potter? Bueno, todos esos nombres tienen algún atractivo: pueden describir una característica del personaje o simplemente la musicalidad les otorga un aura distintiva. Los nombres de los personajes en “Las Horas Perdidas” son ridículos. ¿Cómo voy a tomar en serio a alguien que se llama Boxer Santaros? ¿De verdad? Escucho “boxer” y pienso en el nombre de una raza de perro y de una prenda de vestir. Hay más nombres como Cyndi Pinziki, Starla Von Luft, Bing Zinneman, Inga Von Westphalen, Nana Mae Frost. ¿De dónde vienen esos nombres? ¿Cómo vamos a tomar en serio a alguien que se llama así? Todos parecen nombres graciosos, como bien lo indica Roger Ebert. Además, ¿por qué tantos? La lista de IMDb registra 41 personajes con nombres, todos amontonados en 145 minutos (es decir, en promedio, cada 3 minutos y medio aparece un nuevo personaje). Ninguno se desarrolla bien y sus motivaciones nunca son del todo claras.

El tono. En ningún momento se define el camino de la película. ¿Es una parodia de Hollywood? En parte. ¿Satiriza el sistema político estadounidense? Sí, también. ¿Es una representación moderna del Apocalipsis? Emm… podría ser. ¿Es un musical? Justin Timberlake aparece en un video con la canción de “All These Things That I’ve Done” de The Killers (¡de verdad!). En una frase, podríamos promocionarla como una visión satírica del apocalipsis que parodia a Hollywood y que incluye musicales.

Lo que considero más grave de todo es que la película empieza en la parte IV. Lo que vemos son los capítulos IV, V y VI. ¿Dónde están las primeras tres partes? En una novela gráfica que el director escribió. ¿Qué? Más que una estrategia ingeniosa me parece un engaño para que, tratando de entender la trama, busquemos la novela gráfica y la compremos. Supuestamente en estos tres primeros capítulos se explica lo que sucede en la película. ¿Por qué no hacerlo al revés? Es decir, hacer la película de los primeros tres capítulos y el cómic de los últimos tres. O, en todo caso, ¿por qué no hacer una miniserie? La película se llama “Southland Tales” no “Southland Tales IV” o “Southland Tales: The Movie”.

No puedo ni siquiera hablar de qué trata la película porque es imposible ponerlo en una oración simple. Un actor con amnesia, una actriz porno, un senador, una máquina que funciona gracias a las olas del mar, chantajes, policías y de alguna manera todo eso se junta y termina siendo una obra mal estructurada. Aplaudo el intento por querer hacer algo diferente pero, simplemente no funciona: una narrativa más pausada y seria harían que este drama-comedia-cienciaficción-loquesea tuviera realmente algo que decir. No sólo balbuceos.
19 Octubre 2011 03:00:05
Promesas
Para algunos cineastas, las estrellas se alinean en sus primeros trabajos. Encuentran al mejor elenco, el guión resulta minuciosamente preparado, sin inconsistencias en la trama, los ángulos son intrépidos e innovadores, en fin, resulta la película perfecta. El recibimiento del público, al momento del estreno, no importará: a final de cuentas el filme tendrá su propio reconocimiento y probablemente se volverá de culto al paso del tiempo. Esto girará los reflectores hacia el artífice de todo esto, el prestidigitador que siempre tiene un truco escondido bajo la manga, el marionetista que mueve los hilos: el director.

Normalmente estaría fascinado con la atención y con que su producto haya resultado placentero para los críticos y los espectadores, pero, ¿qué pasa con la siguiente película? ¿Cómo va a lograr el cineasta igualar el éxito anterior? Algunos lo han superado y otros, por más que se han arriesgado a hacer algo diferente, terminan cayendo de la gracia del público.

Por ejemplo Richard Kelly. Escribió y dirigió la polémica “Donnie Darko” en 2001. Una película en la que se insinúa más de lo que se dice y en donde los detalles se vuelven importantes para desentrañar el final. Una historia nada tradicional: Donnie es un adolescente sonámbulo que alucina a un conejo gigante que le dice que el fin del mundo está cerca. No conforme con esto, una turbina de avión cae en el cuarto de Donnie y, de haber estado él ahí, habría muerto. Por si esto fuera poco, sólo han encontrado la turbina pero no hay rastros del avión en el que vino. Con ideas relacionadas al viaje en el tiempo, el anticristo, los pitufos y la esquizofrenia, la película consiguió el estatus de culto y elevó las expectativas de su joven director. ¿Qué hacer cuando tu primer película tiene tanto éxito?

Es verdad que “Donnie Darko” tenía elementos fuera de lo común y que su historia podía resultar extravagante, pero me parece que, por el bien de todos e invocando el “suspension of disbelief”, puedes entrar a ese mundo y decidir que vas a creer lo que te digan. Pero tampoco hay que abusar. Posterior a “Donnie Darko” apareció “Southland Tales” (2006) y contó con las actuaciones de Dwayne Johnson (“The Rock”), Seann William Scott, Justin Timberlake, Sarah Michelle Gellar (un elenco que resulta bastante irregular) y música de Moby (que tampoco termina de acoplarse). Con todo el entusiasmo que podía, sin haber leído ninguna reseña ni crítica sobre la película, entré de lleno a verla (después de una larga búsqueda) y terminé muy contrariado. ¿Será esta película un total disparate o una obra maestra infravalorada? Ya lo analizaremos en la siguiente entrega.
12 Octubre 2011 03:00:48
Paul Strand, el retratista (2/2)
Sin mayor introducción, continuemos con Paul Strand y sus incursiones al cine.

“The Live Wire” de 1925 trata sobre un payaso de circo que se enamora de una mujer, Dorothy. Sufre tanto por ella que se distrae en su trabajo y termina por convertirse en vagabundo. Finalmente, termina trabajando en la compañía del padre de Dorothy.

En blanco y negro y calificada como del género de comedia y romance, poco se sabe de este cortometraje, la información es muy escasa, y es difícil de conseguir.

“The Plow That Broke the Plains” que se podría traducir como “El Arado que Rompió las Llanuras” fue un documental patrocinado por el gobierno de Franklin Roosevelt. Es un corto documental donde se denuncia lo que sucedió en Estados Unidos a mitad de los años 30 con las famosas tormentas de arena que arruinaron muchos de los cultivos norteamericanos (el llamado “Dust Bowl”).

Las llanuras que sufrieron este fenómeno atravesaron casi a la mitad a Estados Unidos, pasando por estados como Texas, Wyoming, Colorado, Kansas, Montana, South y North Dakota entre otros.

Hubo muchos problemas en película. El director Pare Lorentz contaba con muy poco presupuesto y terminó poniendo parte de su dinero y de sus amigos (del presupuesto inicial de 6 mil dólares, la película finalizó costando 19 mil). Tres de sus cuatro camarógrafos fueron despedidos debido a que no estaban “orientados visualmente” (cosa que resulta irónica, siendo que Paul Strand fue uno de los despedidos) y que no coincidían precisamente con los planteamientos expuestos. La película se terminó con materiales de archivo.

Las imágenes de la película son muy claras, a pesar de que lo que retratan es por naturaleza turbio: la arena tapando la visión y echando a perder los sembradíos. También resultan muy metonímicas, donde el significado, en vez de ser directo resulta desplazado, como cuando aparecen todas las consecuencias de la sequía: un perro muriéndose de calor, la tierra rota con “arrugas”, algunas partes atravesadas por surcos, esqueletos de animales tirados. El filme fue acusado en su momento de propagandístico, al alabar a la administración de Roosevelt y mostrarla como la salvadora de los norteamericanos. “Redes” fue una película de encargo, producida por la Secretaría de Educación Pública (el secretario era Narciso Bassols) en el pueblo de Alvarado, en Veracruz. En la película un grupo de pescadores se juntan para levantarse en armas contra los dueños que los tienen en la miseria. Según Arturo Garmendia, la película “Redes” “se apega en lo fundamental a las teorías eisenstenianas del tipo y del montaje, adoptando un tono documental, pero haciendo a la vez alarde de fotografía preciosista”. Después Eisenstein diría admirar la película “Redes” y el trabajo de Strand (claro, era un trabajo que seguía sus teorías de montaje). El género fue entre ficción y documental.

En 1934, Paul Strand, tras la filmación de “Redes”, creará el cooperativo “Frontier Films” junto a Henri Cartier-Bresson (que también hizo algunas películas como “Return to Life” en 1938), Elia Kazan y Pare Lorentz, entre otros.

Finalmente, “Native Land” muestra las violaciones de los derechos civiles de algunos norteamericanos. A través de archivos, como fragmentos de noticieros, y de dramatizaciones hechas por actores, se hace una denuncia al “el odio racial” según Juan José Díaz Aznarte. Se le califica como “semidocumental” puesto que mezcla la realidad con la ficción.

En todos las muestras que se exponen sobre su cine, Paul Strand intenta siempre retratar una causa o un conflicto del hombre. No intenta disfrazarlo: si acaso quiere recrearlo en ocasiones (como en “Native Land”), pero siempre busca estar lo más apegado posible a los acontecimientos reales. Así se unen su forma de filmar y su forma de fotografiar.
05 Octubre 2011 03:00:32
Paul Strand, el retratista (1/2)
Ya se sabe sobre el trabajo fotográfico de Paul Strand. Nacido en 1890, Strand es reconocido por sus simbólicas fotografías de retratos. Nueva York aparece en muchas de ellas, destacando la de “Wall Street” de 1915. Pero también hizo retratos de personas, en donde los retratados aparecen “tal y como son”: ni se les hace muy grandes ni se les aminora, sólo se les hace justicia.

En la fotografía donde aparece una mujer ciega, “Blind”, de 1917, Strand no aprovecha el hecho de que la mujer sea ciega para tomar una foto que pudiera ser controvertida, mostrándola, por ejemplo, pidiendo dinero en las calles y siendo rechazada, sólo muestra a la mujer con un gran letrero que, irónicamente, ella no puede leer. El letrero porta la palabra “BLIND”, en mayúsculas, “CIEGA”. Arriba del letrero aparece una pequeña licencia que identifica a la mujer como “legalmente ciega”, teniendo ahora el permiso de poder pedir en las calles sin ninguna mortificación. Strand apuesta por la sencillez y la sinceridad en la fotografía: no es exagerada ni cursi, apela al sentir pero sólo describe lo que ve.

Toda esta introducción va en el sentido de que Paul Strand ya había perfilado cierta tendencia documentalista, cierto gozo por mostrar imágenes reales: no tanto por contar una historia sino por mostrarla, por compartir su visión del mundo. Por esto resulta lógico su inclinación a la hora de hacer cine: casi todo lo que hace es documental.

Cinco fueron en total sus aportaciones en el cine: “Manhatta” (1921), “The Live Wire” (1925), “The Plow That Broke the Plains” (1936), “Redes” (1936) y “Native Land” (1942). En las cinco aportaciones tiene el crédito de “cinematographer” o “director de fotografía” se podría traducir. Como director sólo tiene “Manhatta” y “Native Land”, y como escritor aparece en “Native Land” y “Redes”. Hablemos sobre estos trabajos, un poco de lo que tratan y qué han suscitado.

“Manhatta” se filmó en colaboración con el pintor Charles Sheeler. La película en blanco y negro es totalmente documental: muestra imágenes de la ciudad de Manhattan. Las locaciones varían desde un cementerio, un barco, una estación ferrocarrilera hasta tomas de las calles, Wall Street y el puente de Brooklyn. Se le muestra como una ciudad viva, donde la gente llena los barcos y camina apresuradamente. La película intercala imágenes de la ciudad con citas del poeta Walt Whitman. En el cortometraje se hace un auto homenaje al repetir la famosa fotografía de “Wall Street” pero ahora en movimiento.

La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos nombró a esta película como “culturalmente significativa”. Probablemente sea una de las primeras muestras cinematográficas en donde una ciudad era la protagonista de la historia, pues es anterior a “Metropolis” (1927) de Fritz Lang o “City Lights” (1931) de Chaplin. La película y su “enamoramiento” de Nueva York probablemente sentaron las bases para que después otros cineastas filmaran sus propias versiones como Woody Allen, Martin Scorsese y Sidney Lumet.

¿Qué tal resultaron los trabajos posteriores de Paul Strand? Leámonos en la próxima semana para descubrirlo.
28 Septiembre 2011 03:00:20
Los cinéfilos que amaban las adaptaciones
Aunque a primera vista el trailer de “The Girl with the Dragon Tattoo” (la versión de 2011) puede no decirte “nada” sobre la trama, creo que quienquiera que haya armado el avance lo pensó bien. Sabiendo que teníamos de referencia la película más vieja, la sueca “Män som hatar kvinnor” (2009) y que la comparación sería prácticamente inmediata, apostaron por armar una especie de collage, intercalando mensajes directos para el espectador con pedazos de escenas que apuestan más por la insinuación que por el decir.

El resultado es tan impactante que las parodias-homenajes no se hicieron esperar e incluso los Muppets, cuya película aparecerá a principios de 2012, ya crearon su propio trailer (titulado ”The Pig with the Froggy Tattoo”, donde afirman que la música de fondo fue escrita por un tipo desconocido debido a que no pudieron obtener los derechos de la canción original).

Pero la reacción natural (y digo ”natural” como si el cine ya formara parte integral del ser humano, ciclo de vida, camino que se tiene que recorrer para estar incluido en la manada) al saber sobre este tipo de filmes siempre es la misma: ¿de verdad es necesaria?

Es válido, debido a que existe la fuente original, que cualquiera que haya leído las novelas de Stieg Larsson tome el material y lo adapte a cine. Pero, ¿podemos confiar en que la versión hollywoodense será fiel a la novela? Sin usar la palabra ”fiel” como una norma estricta a seguir, sino como un ”mantener la esencia” tan difícil de transmitir de una medio a otro. La ventaja es que no hablamos de un equipo cualquiera.

Tras la dirección está David Fincher, quien ya tiene experiencia dirigiendo películas basadas en libros (la violenta ”Fight Club” de Chuck Palahniuk, la misteriosa y a ratos cansada ”Zodiac” de Robert Graysmith y la ”amigable” ”The Social Network” de Ben Mezrich) y ha sido nominado a dos premios de la Academia. Por otra parte, el guionista es Steven Zaillan quien ha escrito ”Awakenings”, ”Schindler’s List” y ”Gangs of New York”, entre otras, y cuenta con un premio de la Academia. Aunque, claro, un buen equipo no siempre confirma la calidad del trabajo (ahí tenemos ”Alice in Wonderland” de Tim Burton que, aunque visualmente atractiva, la historia se amolda a los cánones del correcto ”storytelling” y vuelve lógica a la rica locura del libro y de la otra película de Disney), es reconfortante saber que estamos en buenas manos.

La historia narra cómo un periodista, Mikael Blomkvist, es llamado por Henrik Vanger, un empresario que lo contrata para que busque a su sobrina Harriet, quien se presume que fue asesinada años atrás pero de la que nunca se encontró su cuerpo. Al mismo tiempo una joven llamada Lisbeth Salander (de actitud férrea y de escabroso pasado) comienza a involucrarse en la investigación y ayudará a Mikael a esclarecer el paradero de Harriet.

Así están las cosas. Suecos contra estadounidenses. Niels Arden Oplev contra David Fincher. Micheal Nyqvist contra Daniel Craig. ¿Quién ganará?
21 Septiembre 2011 03:00:46
El encuentro fortuito
Creo mucho ahora en encontrar el lugar preciso y estar en el momento adecuado. Aunque también mucho dependerá de crearnos nuestros espacios, estar ahí también crea fuerzas y ata recuerdos: el choque de miradas, el encuentro fortuito, la hoja olvidada. Cuando todos los aspectos se entrelazan y conviven, la vivencia cinematográfica se vuelve una experiencia única. ¿Por qué, si no, vamos al cine con los amigos? ¿Por qué encontramos funciones especiales para películas icónicas como la sagas de “Star Wars” y “The Lord of the Rings”? El cine también tiene sus tiempos, sus espacios y sus formas; sus amistades, sus noviazgos y su familia; sus viandas, sus refrescos y sus antojos; su música, su silencio y su balbuceo; su altar, su templo y su cúpula.

Queremos vivir experiencias y el cine ofrece una. Estamos hartos de la vida de oficina, de que cualquier Gran Hermano (el jefe, el padre) nos esté vigilando, de lo cotidiano: incluso estamos cansados de la abulia y queremos hacer grandes acciones. El cine es la proyección de nuestros deseos, la que nos indica qué es lo que debemos desear, parafraseando a Žižek. Pero no parece ser suficiente para el cinéfilo actual o para el habitante contemporáneo del mundo. Las filas de los estrenos son largas, la espera por la siguiente película de héroes parece durar una eternidad, los niños se estresan si no tienen el último juguete de su filme favorito. Queremos más. Más. Más.

Recuerdo estar en discusiones y escuchar seguido esa frase de “tienes que verla en el cine”. ¿Por qué esta experiencia, anodina para algunos, representante a veces de la unión familiar, el pasar el rato, el estar con la pareja, es tan importante? Es el acudir como una manada, como un tribu, al acto ritual: la pantalla se enciende y esperamos, ansiosos, para ver cómo alguien más se encarga de hacer la cacería y matar a cuantos mamuts se les pongan en frente. Más aún, esperamos que el mamut llegue fresco a nuestra mesa y sea servido en trozos, casi a punto de dárnoslo en la boca. Ver una película en casa terminaría siendo como pedir que destacen al mamut a domicilio.

En el cine regresamos al acto aquel de ver la luna, primera pantalla gigante que nos ofrecía conejos (al menos en nuestra tradición), y nosotros, homo videns sartorianos, desde siempre le encontramos al satélite natural historias, comedias y poemas. Por eso se busca siempre ir al cine acompañado y parece extraño acontecer a tal evento de manera solitaria. Aunque lo he hecho en varias ocasiones, el que va solo al cine carga una especie de estigma: se le mira receloso, como si escondiera algo, como si debajo de su chaqueta trajera una pluma con la que va a escribirnos a todos. Claro, contradice el rito y admira a la obra como arte y no como entretenimiento (aunque considera también este valor). Curioso que nuestro rito continuo de iniciación, ese donde lo único que hacemos es sentarnos y observar, no entienda de soledades, sino que busque amasar a las masas.

Veamos cine. Solos. Acompañados. En casa. En lugares públicos. En las plazas. Al aire libre. Compartamos la experiencia. Creemos lo fortuito. Miremos al cine como Heráclito: con la nostalgia de que nunca entraremos dos veces al mismo río.
14 Septiembre 2011 03:00:16
Estrellas de cine
Desde hace ocho temporadas cuatro amigos han tratado de sobrevivir en el ambiente “adverso” de las estrellas de cine: Vincent Chase (que ha protagonizado películas como “Aquaman”, dirigida por James Cameron y “Gatsby” de Martin Scorsese), Johnny “Drama” (actor, hermano mayor de Vincent y siempre opacado por su “baby bro”), Eric Murphy “E” (católico, conservador, eterno enamorado y representante) y “Turtle” (quien siempre trata de iniciar negocios por su cuenta). Son llamados “El séquito” y pareciera que han sido amigos desde siempre. Por supuesto, estamos hablando de la serie “Entourage” que recién llegó a su fin.

De tintes cómicos (aunque no la clasificaría como una comedia per se), “Entourage” se ha distinguido por retratar frívolamente la vida de los artistas cinematográficos: viviendo en casas de lujo, despilfarrando el dinero sin consideraciones y saliendo con cuanta mujer se les ponga enfrente. Pero detrás de esa fachada se encuentra una sólida historia de amistad que no trata de manejarnos con sentimentalismos o escenas conmovedoras, sólo muestra la unión y fortaleza que se puede lograr a través de los amigos.

El final de la temporada (y de la serie) no tuvo muchas sorpresas (spoilers a continuación). Cada uno de los conflictos de los personajes se solucionó: Vincent y “E” se quedan con sus respectivas parejas, la película que “Drama” quería protagonizar se acepta y “Turtle” se vuelve millonario de la noche a la mañana, teniendo así el dinero para poner su propio negocio (aunque esto último no se dice explícitamente). La sorpresiva noticia de que el protagonista, que estuvo saliendo con docenas de mujeres durante toda la serie, se iba a casar con una que recién conocía, resulta a la vez totalmente lógica (por lo impulsivo del personaje) pero muy telenovelesca. Siento que nunca antes en la serie las cosas se habían tomado con tanta prisa como en este último capítulo: qué decir de Ari Gold, amante de su trabajo y, en mi opinión, el mejor personaje de la serie, quien, en un súbito redescubrimiento de sí mismo, renuncia y se va en busca de la reconciliación con su esposa, de la cual se estaba divorciando.

El último capítulo estuvo bien, pero apresurado. Se atan los cabos pero con nudos que parecen improvisados. Tal vez así estuvo pensado desde el inicio (ciertamente algunos finales, como el de “Drama” y el de “E”, ya se podían predecir desde principios de la temporada) pero se siente que todo mágicamente llegó a un fin donde todos obtuvieron lo que querían.

Y para los que no sean muy adeptos a las series de televisión, la noticia se dijo hace unos meses: Doug Ellin, creador de la serie, ya confirmó que se hará una película de “Entourage”. ¿Ignorará la serie y volverá a presentar a los personajes para llegar a un público más amplio y sólo hacer ciertos “guiños” a los fans? O, por el contrario, ¿será un filme que sólo entiendan los que han visto la serie? Sólo queda esperar a que estas frivolidades no se vuelvan melosas.
07 Septiembre 2011 03:00:38
‘Medianoche en el cine’
Las películas de Woody Allen casi siempre tienen un hálito de miserabilidad (si queremos acuñar el término). Los personajes son decrépitos: o sus mejores tiempos ya han pasado o han fracasado en lograr algo con su vida o se sienten vacíos o tienen problemas existenciales. Tiene que estarles pasando algo: sufren. Se cuestionan, se flagelan, filosofan sobre la vida y nunca obtienen respuestas, si acaso apenas ensayos de respuestas.

Entonces aparece “Midnight in Paris” (“Medianoche en París”, 2011) y tenemos un pequeño revés, ligerísimo apenas y sin convertirse en una trama cliché, de un personaje más optimista y con una visión romántica del mundo. El cineasta estadounidense muestra, una vez más, sus obsesiones y lleva al extremo eso que dicen de que “todo tiempo pasado fue mejor”. ¿De verdad el pasado era más simple, más puro, más fácil de comprender?

Nos encontramos en París. Una pareja, a punto de casarse, hace un viaje con los papás de la novia. Él es un escritor de nombre Gil (interpretado por un Owen Wilson que parece muy ingenuo pero creíble) que está trabajando en una novela y cree que París es la ciudad perfecta para que pueda terminarla: el lugar donde antaño vivieron Ernest Hemingway, Salvador Dalí, F. Scott Fitzgerald junto con Zelda, Cole Porter y muchos más. Idealista empedernido, desea quedarse a vivir allí aunque a su esposa no le parece muy simpática la idea. Entonces, al dar la medianoche, al contrario de las historias para niños donde significaba que la magia acababa, el hechizo comienza. París se convierte otra vez en un hervidero de artistas: todos los ídolos del joven escritor están vivos de pronto y lo invitan a divertirse como se solía hacer en el pasado. Viviendo una fantasía así, Gil está cumpliendo sus sueños de escritor y cada noche representa una nueva aventura donde podrá encontrarse a Luis Buñuel o toparse con Pablo Picasso.

Hay muchas fortalezas en esta película y me parece que la mayor es que Allen mantiene todo a un nivel simple. La historia prevalece y no los efectos especiales o los decorados. Siendo una película que retrata otra época, un cineasta ligero podría haberse dejado seducir por los paisajes y detallar los lugares o caricaturizar a los personajes: Allen no se conforma con retratar los estereotipos de los artistas, sino que también hace referencias a sus trabajos (en Picasso, Dalí y Buñuel, por ejemplo). Lo deja todo en equilibrio y se concentra más en seguir contando la historia sin caer en los excesos. Inclusive no hay explicación alguna para que a Gil le pase lo que le pasa: de pronto se transporta a otra época y en la mañana regresa. ¿Alguna duda? El punto fuerte de esto es que uno como espectador ni siquiera necesita una respuesta: eso es lo que hace a Allen uno de los mejores, que te puede vender una idea tan inverosímil como esta y no hacerte que te cuestiones su lógica. Lo único que quieres es ver más, transportarte a esta época parisina.

“Medianoche en París” se abre a un público más extenso e invita a los espectadores a adentrarse en el arte, a buscar las referencias que aparecen y entender a los personajes. Con un ritmo seguro, Allen todavía tiene mucho que contar (ojalá que los años le sigan dando vida).
31 Agosto 2011 03:00:23
Cortometrajes mexicanos
En la séptima entrega del Festival Internacional de Cine de Monterrey, presentado del 18 al 28 de agosto de 2011, se mostraron, entre muchos filmes de todo el mundo, una serie de cortometrajes mexicanos. Algunos funcionaban bien, otros eran experimentales y algunos más fallaban en su verosimilitud. Aquí una breve reseña y un comentario sobre algunos de ellos.

“Los Ojos del Deseo” (directores: Humberto Garrido y Yazmín Sánchez, 2010)

Adaptación animada de la novela “Aura” de Carlos Fuentes. Un hombre encuentra un anuncio en el periódico que parece hecho a su medida: cumple con todos los requisitos para un trabajo que consiste en ordenar los manuscritos del General Llorente, esposo de Consuelo, quien contrata al protagonista. Consuelo tiene una guapa nieta, Aura, que es idéntica a ella en su juventud... ¿idéntica? ¿Quién es Aura? ¿Por qué las memorias del francés le resultan al protagonista tan familiares? El estilo de los dibujos parece muy influenciado por los dibujos orientales (así no se ve un mexicano, definitivamente) y las voces suenan exageradas a ratos, pero es un muy buen corto que vale la pena (y el boleto).

“El Pacto” (director: Pablo Alejandro Gómez Canales, 2010)

Ambientado en las épocas de la Revolución Mexicana, una madre y un hijo, a punto de ser asaltados, buscan refugio en un escondrijo subterráneo que tenían preparado para la ocasión. El hijo, al entrar primero, atranca la puerta para que su madre no pueda entrar. La madre, se presume, es asesinada y el hijo, al querer salir, se da cuenta que es imposible: han puesto un baúl muy pesado encima de la salida y esto le impide escapar. Un final abierto y unos protagonistas que no se suman en los clichés hicieron de este corto un reflejo humano y una poética del mexicano.

“CON UNA NOTA” (director: Jordi Mariscal, 2011)

Llueve. Un niño toca el violín mientras su casa sufre de muchas goteras y el agua está entrando. Cuando parece que todo ya está bajo control, la tormenta arrecia y termina por llevarse toda la casa. La pantalla se queda en negro y cuando regresamos el niño está en una especie de limbo donde les toca música a su madre y a su hermana para revivirlas. Posteriormente despertará en el hospital donde un viejo amigo de la familia le dará el pésame. El corto empieza con una fuerza impresionante, pero luego va disminuyendo y termina por caer en lo predecible: el niño tierno que tiene de aliado a la música y que parece ser su arma en contra de la vida cruel que le arranca su vida cuando aún no está listo. Sustituyan al violín por cualquier otra cosa y está la fórmula usada muchas veces. A pesar de esto, a momentos el corto logra despertar sensaciones verdaderas.

A pasos pequeños, cayéndose aquí y allá, corriendo grandes distancias en ocasiones, basándose en lo que han hecho otros, avanza el cine mexicano. Hay que cooperar para que siga creciendo.
24 Agosto 2011 03:00:15
Batalla final: Alien y Depredador
Este es uno de esos casos en el que dos personajes, que pareciera imposible ver juntos, se unen en pos de la magnificencia cinematográfica, como Mickey Mouse y Bugs Bunny en “Who Framed Roger Rabbit” (1988) o Freddy Krueger y Jason Voorhees. Está bien: decir “magnificencia” puede sonar exagerado. En este caso el recurso se vuelve sumamente gratuito y se aproxima a lo ridículo: dos películas que llegan a sostenerse por sí solas por lo innovador de los personajes y tramas atractivas, se fusionan para darnos algo predecible, que intenta ser original pero sólo se esfuerza demasiado. Estamos hablando de “AVP: Alien vs Predator” (2004) y “AVPR: Aliens vs Predator - Requiem” (2007).

Tal vez la trama de la primera película bien se pudo desarrollar en otra de aventuras, omitiendo el hecho de que existan estos dos seres en el universo. Un grupo de expertos (cliché) es reunido por un millonario (cliché) para que juntos hagan un descubrimiento que cambiará la percepción del mundo (rellenen el paréntesis con la palabra que mejor lo describa). Descubren una pirámide que suponen fue hecha por la primer cultura del mundo: eso iba bien, hasta que después nos enteramos que las civilizaciones antiguas adoraban a los Depredadores y que realizaban juegos donde éstos cazaban a los Aliens y que, si los Depredadores perdían, hacían explotar toda la región... ¿eh? Pronto la película se convierte en una mezcla con tintes de Indiana Jones y “Cube”, donde toda la trama inicial se olvida de pronto.

La segunda parte es una película adolescente, con personajes más que comunes: el chico rebelde, el abusado por sus compañeros, la rubia con un novio abusador y el policía pueblerino. La nave donde viajaban los Depredadores cae víctima de un ataque de un Alien. Los Aliens empiezan a invadir la ciudad dejando muerte y destrucción a su paso. Los adolescentes, junto con el policía, enfrentarán a los extraterrestres mientras buscan cómo salir del lugar. El final resulta muy contradictorio (spoilers a continuación): una bomba hace que explote todo el lugar, matando a todo extraterrestre de la zona, pero el gobierno estadounidense recupera una de las armas del Depredador, insinuando que podría haber otra película más.

Hay algunas cosas que no quedan del todo. ¿Alien contra Depredador? La superioridad de Depredador es obvia desde la definición de los personajes: el Alien es rápido y tiene ácido por sangre, pero el Depredador tiene mucha tecnología, armaduras (a la que no le pasa nada con el ácido) y fuerza. Las batallas casi siempre las gana Depredador y apenas el Alien se le puede igualar cuando se fusiona con él. Además el Depredador a veces aparece como héroe, siendo que es el más desalmado: sólo caza por diversión, los Aliens al menos tienen una razón para matar (preservar la especie).

Finalmente todo parece una metáfora ya usada mucho en el cine: el Depredador es el hombre y el Alien es la naturaleza. Naturaleza aplastada e incomprendida, que lo único que quiere es que la dejen en paz. Y el hombre sólo irrumpe, destruye y, todavía, es visto como el bueno. Películas que pueden resultar entretenidas, pero nada más. En serio: nada más.
17 Agosto 2011 03:00:45
Los excesos del Depredador
Ahí entre el follaje de la selva unos ojos siguen tus movimientos. O en medio de la jungla de asfalto tus pasos son vigilados. Conoce el juego y se involucra siempre en él. Busca el trofeo: matar es sólo una parte del proceso. Darle caza a la víctima es lo interesante, encontrarlas, seguirlas, acorralarlas y aniquilarlas. Esconderse donde sea para atacar por sorpresa. En busca de algún digno artículo para su colección, decidió cazar al cazador por naturaleza: el hombre. Esta criatura extraterrestre no tiene ningún motivo de conquista o de curiosidad, sólo quiere demostrar su superioridad ante las víctimas. Lo llaman “Depredador” y en su haber se enfrentó a dos humanos difíciles de atrapar.

La historia de “Predator” (1987, John McTiernan), es decir del alienígena y no de la película, no se profundiza. En las primeras escenas vemos una nave extraterrestre que arroja una especie de cápsula a la Tierra. Y es todo lo que sabemos de los orígenes del depredador. Las razones que se desarrollarían en las cuatro películas de “Alien” sobre por qué es que el alienígena necesitaba a los humanos, en “Depredador” se reduce a un vago origen y a unas aún más vagas razones para perseguir a los humanos. ¿Diversión, reto, aburrimiento?

Pero veamos la primera película. Narra cómo el mayor Dutch (Arnold Schwarzenegger), junto con George Dillon (Carl Weathers), debe rescatar a un ministro del gabinete presidencial que fue capturado por unos guerrilleros en la selva. No pasará mucho tiempo para que se den cuenta que alguien, con armamento y tecnología ajenos a este mundo, los está acechando y destruyéndolos. Entre el grupo de Dutch se encuentra el personaje que siempre mastica tabaco, el nativo americano que sabe “leer” a la naturaleza y el que cuenta chistes. Por supuesto, no faltan los malentendidos y los enfrentamientos entre ellos, las opiniones divergentes y la autoridad disfrazada de testosterona, donde el que impone sus reglas no es el que está más preparado sino el que tiene más músculo.

“Predator” no es mala, pero con un poco más de historia podría haber sido mucho mejor. La película se esfuerza mucho por ser “para hombres”, con machos musculosos rescatando a gente, escupiendo, protegiendo a una mujer, demostrando quién es el mejor. Y por supuesto también fue un vehículo para Schwarzenegger. Sin embargo tiene sus buenas escenas de acción y el momento en el que Dutch se cubre el cuerpo de lodo para que el monstruo no lo detecte estaba destinada a volverse un clásico.

“Predator 2” (1990, Stephen Hopkins) se sitúa en el futurista año de 1997, donde Los Angeles es un caos y hay constante guerra entre colombianos y jamaiquinos. La ciudad está en uno de sus años más cálidos, lo que ayudará al espectador a sentir la asfixia y el bochorno, con personajes siempre empapados por el sudor. La acción empieza cuando el policía Michael Harrigan (Danny Glover) tiene acorralados a unos delincuentes en un edificio, pero, al entrar, se da cuenta que alguien más se les adelantó, pues los encuentra a todos muertos y a uno colgado en el techo. ¿Quién fue capaz de matar tan brutalmente a estos hombres? Nadie más que el depredador.

Esta segunda parte mejora en casi todo a la primera. El mérito de la primera fue presentar la idea, el de la segunda fue desarrollarla. Las escenas de acción están más desarrolladas (y desde el principio sabemos que habrá constante movimiento, que el juego del gato y el ratón está más activo que nunca) y las actuaciones, aunque de pronto exageradas, son mucho mejores. Conocemos la nave en la que se transportan los Depredadores, entendemos sus diferentes “formas” de ver e incluso convivimos con su parte emocional. A mi parecer, la segunda debió de haber sido primero y la primera quedaba más como una secuela que no aporta mucho.

Y lo mejor de esta segunda parte es que ofrece un guiño para los fans de otro extraterrestre famoso: en una escena se puede ver la calavera de un Alien entre los tesoros del Depredador. ¿Es decir que el Depredador ganó la batalla contra el Alien? Ya lo sabremos en la próxima entrega.
10 Agosto 2011 03:00:44
Los excesos del Alien
Ya lo hemos visto hasta el cansancio: cuando una idea en el cine tiene éxito, las secuelas, precuelas, spin-off, especiales de Navidad y demás cosas aparecen. Excluyendo casos donde las películas están pensadas como una especie de “saga”, como “Harry Potter” y “El Señor de los Anillos”, ejemplos sobran donde la línea de continuidad de la historia sólo se alarga y se alarga hasta que pierde todo sentido o se asienta en situaciones ridículas. Teniendo esto en mente veamos qué sucedió con las películas de “Alien”.

Las primeras cuatro películas, las “oficiales”, fueron dirigidas por cuatro directores reconocidos, algunos ya en su tiempo, otros que lograron más aceptación después. Todos, incluso, han sido nominados al Oscar (aunque sólo lo ha ganado Cameron): Ridley Scott (“Alien”, 1979), James Cameron (“Aliens”, 1986), David Fincher (“Alien 3” o “Alien3”, 1992) y Jean-Pierre Jeunet (“Alien: Resurrection”, 1997). Para Scott, “Alien” fue el preámbulo de “Blade Runner”; Cameron ensayó para la segunda parte de “The Terminator” y de una parecida “Avatar”; Fincher no siguió ningún patrón, pero la película le sirvió para dar el salto de los videos musicales a la pantalla grande y a Jeunet le empezarían a poner más atención a su obra extranjera.

¿De qué van estas películas? “Alien”, la primera, trata sobre un grupo que viaja en una nave comerciante y que encuentra una señal extraterrestre en el espacio (y no es el monolito de Kubrick). Descubren una especie de ser que incuba sus huevos dentro de los seres humanos y que nacen por el pecho de las personas. Prácticamente indestructible, el alien tiene ácido en la sangre y es altamente peligroso. Tras un gran ejemplo de (spoilers a continuación) película donde “todos mueren menos la protagonista”, el “octavo pasajero” termina lanzado al espacio. Y prácticamente así son todas las demás películas, con algunas variaciones en la trama.

Después de la segunda película, conocida ya por igualar o superar a su predecesora (las segundas partes, con Cameron, pareciera que sí son buenas), la historia empieza a cansar. Un gran acierto de las primeras dos era que el alien se percibía entre las sombras, sólo aparecía en los momentos importantes: en las últimas dos películas, los aliens se dejan ver mucho y los efectos especiales no resultan convincentes.

Por el desempeño posterior de Fincher este tipo de películas no sería su fuerte (aparte de constantes problemas en la producción y de que el director no se involucró completamente en el corte final) y queda decir que Jeunet hizo lo mejor que pudo ante un guión que puede tener la idea más forzada del mundo: si al final de “Alien 3” la protagonista se suicida, ¿cómo la volverás a traer a la vida? Fácil: la clonas. Claro.

Sobra decir que los cuatro finales de las películas son muy parecidos: las formas de exterminar a las criaturas son muy similares, con mención honorífica a la cuatro donde hay una breve variación a la muerte (que resulta bastante cruel para el pobre alienígena). Sigourney Weaver, la actriz que aparece en las cuatro películas, rechazó continuar con las otras dos que se han hecho sobre alien, “AVP: Alien vs. Predator” (2004) y “AVP: Alien vs Predator – Requiem” (2007) porque la idea le parecía horrible (¿y la idea de la clonación sonaba muy bien?).

Entonces, ¿qué sucedió con la película “hermana” de Alien, “Predator”? ¿Por qué Alien y Depredador tienen que pelearse? ¿Quién es este otro ser? Eso lo revisaremos en la próxima entrega.
03 Agosto 2011 03:00:57
El cuarto hombre
Antes de que Graham Greene hiciera el guión de “El Tercer Hombre” (“The Third Man”, 1949) decidió escribirlo a manera de novela corta: “Una película no depende sólo de una trama argumental, sino también de unos personajes, un talante y un clima, que me parecen imposibles de captar por primera vez en el insípido esbozo de un guión convencional”. La novela, publicada en 1950, tiene una introducción de Greene donde se sincera y dice que “«El Tercer Hombre» no fue escrito para ser leído, sino para ser visto” (declaración apabullantemente honesta aunque no la mejor manera de vender su libro). Siendo o no “insípido” un guión cinematográfico, gracias a la labor como guionista (o escritor de cine, como diría Guillermo Arriaga) de Graham Greene en “El Tercer Hombre”, tenemos una de las mejores presentaciones de personaje en la historia del cine. Pero a eso iremos más adelante.

La acción se sitúa en Viena, en tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. La ciudad está dividida en cuatro zonas: la rusa, la francesa, la inglesa y la norteamericana. Es la era del mercado negro, se comercia con todo lo que la gente necesite. A esta ciudad llega Holly Martins, un escritor norteamericano de novelas del Oeste, buscando a Harry Lime. Pero justo el mismo día de su llegada se entera de que Harry Lime fue atropellado y ahora está muerto. Holly va descubriendo que su amigo no era quien decía ser: robaba penicilina de los hospitales militares y la vendía diluida, lo que causó sufrimiento a muchas víctimas. Investigando aún más sobre Harry descubre que las declaraciones de los testigos que vieron el accidente de Lime se contradicen y que en la escena del crimen había un tercer hombre que no han podido identificar. ¿Quién era este tercer hombre? ¿Harry, acaso, murió asesinado? ¿La policía está tratando de incriminarlo?

La película tiene la dosis perfecta de todo, se balancea y no cae en clichés (inclusive fue creadora de escenas que después serían copiadas u homenajeadas) ni en una excesiva atención hacia un elemento u otro. Exacta dosis de acción, suspenso, romance, tensión política, giros argumentales. El personaje principal, Holly Martins, vaga por las calles de Viena para aclarar la muerte de su amigo, al mismo tiempo se enamora, se emborracha y se confunde (como todo buen escritor). Sin embargo nada parece forzado: la mujer no aparece simplemente para ser el “personaje del que se van a enamorar”, el policía no es el “personaje corrupto” y el escritor no es el “personaje que siempre hace lo correcto”. Se siente que estás viendo algo orquestado pero que logra infundir vida propia, escaparse de sus mecanismos para ofrecer algo espontáneo.

Orson Welles roba la película en las pocas escenas que tiene. Su presentación como personaje está increíblemente bien filmada: la cítara de Anton Karas de fondo, la referencia del gato, los encuadres, la luz y finalmente la expresión de Orson Welles y su desaparición. A riesgo de decir detalles reveladores de la película, me detengo.

“El Tercer Hombre” sí es mejor como obra cinematográfica que como obra literaria. Sus virtudes están hechas para plasmarse en un medio audiovisual. Y su grandeza radicó en los diálogos de Graham Greene, un casting adecuado y un final no del todo feliz. Y un reloj cucú.
27 Julio 2011 03:00:17
La película
Hay que saber que la perfección es imposible. Que tenemos que aceptar y negar, ceder y obstinarse, atraer y repudiar, unir y dividir. Aprender a decir “entonces...” para que las cosas avancen sobre ruedas o sobre cubos o sobre piedras. Que tenemos que seguir moviéndonos. En “La Película” (“Il Film” 20xx) se nos recuerda constantemente que hay que tomar decisiones que no nos gustarán, de las que nos arrepentiremos (aunque haya quien proclame que de nada se ha arrepentido) y, sobre todo, que habrá que llevar a cuestas o en rastras según sus resultados.

La primera vez que uno ve “La Película” (“Der Film”) pareciera imaginar que todo se adapta a su propio entorno. El ambiente resulta demasiado familiar y al mismo tiempo delirante: una breve capa de tensión cubre los momentos climáticos, una ola de felicidad inunda las escenas claves y aunque las cosas no salgan bien, te quedas con la idea de que aún hay tiempo.

Si se le quiere pensar así, el protagonista es fácilmente identificable con el público. Un niño en una empresa donde tratará de entender, un hombre buscando rumbos, una mujer plena y enamorada, un anciano que se resigna a envejecer, un adolescente confundido, una joven llorando a mitad de la noche. En este filme las actos más naturales se vuelven trascendentes, pues a lo que los demás les podrá parecer banal, los que viven los hechos no son conscientes de que moldean su porvenir con un barro que se derrite y que tienen que rehacer cada día.

¿Qué es lo que hace de esta película tan diferente, tan llena de puntos de vista? Cada quien tiene su respuesta. Dependerá de la propia experiencia para entender el desarrollo del guión. A algunos les parecerá exagerado, quizá hasta producto de una imaginación exacerbada, la escena en la que el joven lee sus primeras palabras como representación de la rebeldía del hombre: inventamos nuestro código, lo reglamentamos y le damos un nombre a las cosas sin nombre. Nos fue otorgado ese poder.

La clasificación varía según el espectador. Algunos lo ven como una eterna lucha contra el dolor y el sufrimiento, y le ponen la etiqueta del terror. Otros sólo toman en cuenta los poderes paranormales, los milagros, las coincidencias, los hechos fuera de la lógica y meten todo dentro de la fantasía. Sea un escandaloso drama donde hay actuaciones exageradas o casos donde los acontecimientos nos llevan a reírnos (a veces con pena, a veces con gloria) de nosotros mismos, “La Película” (“Le Film”) sabe que no sabe nada de sí misma y, en el afán de perderse, se encuentra; en el de morirse, vive.

A gusto personal, la recomiendo enormemente, sea cual sea su desenlace. En este momento la estoy viendo y no sé lo que pasará y la intriga me desvela y me emociona. Oigo a la película en silencio. Y sé que ustedes también lo hacen.
20 Julio 2011 03:00:45
Entumecido por el cine
Yo sólo quería escuchar una canción. La cosa empezó así. Había oído tantas veces “Godless” de The Dandy Warhols que empecé a olvidar que existían otras melodías en el mundo. Todas las demás podían esperar. “Godless” era La Canción, con mayúsculas, uno de esos milagros que pasan una vez por año. Un descubrimiento estrictamente personal y que te golpea en lo íntimo, pero noqueado, en el piso, ruegas por más. Y no era la letra de la canción, sino el ritmo, sus pausas, su tono que roza lo épico y el sonido de la trompeta que te guía en el recorrido: asombroso.

Imaginé una escena con esa canción de fondo. Para mí, sería perfecta en los créditos finales. Algo así pasaría en el momento en que inicia la pieza: la chica y el chico de la película se darían cuenta de que deben separarse. Ella le entrega a él algo que resulta simbólico para ambos: un amuleto, un anillo, una carta, cualquier cosa serviría. La cámara enfoca las manos de Ella entregándole el objeto a Él. Él mira el objeto. Luego la mira a Ella y sonríe. Comienza la guitarra. Él empieza a caminar hacia atrás y se va sin darle un beso de despedida. Ella sonríe mirando hacia abajo mientras juega con su cabello. La última toma enfoca una carretera solitaria que parece no tener fin y un vertiginoso Buick convertible rojo de 1955, el carro de Él, azota el asfalto. Suena la trompeta. Pantalla en negro. Créditos.

No tenía alternativa. Busqué a quién se le habría ocurrido incluir esa canción en una película y, deseoso de comparar mi imaginería con la de algún director, pensé en los diferentes usos en que podría utilizarse “Godless”. Y entonces encontré “Numb” (2007), una película de ficción de Harris Goldberg, el escritor de “Gigoló por Accidente” (1999), y protagonizada por Matthew Perry, también conocido como Chandler de la serie “Friends”. No sonaba muy prometedor. Pero con tal de escuchar “Godless” con imágenes... no podía perder nada. Y vaya que gané mucho.

“Numb” (algo así como “entumecido”) trata sobre un paciente, Hudson, que sufre “despersonalización”, un trastorno que consiste en la “recurrente experiencia de sentirse desligado, como si uno fuera un observador externo de sus propios procesos mentales o de su cuerpo”. En otras palabras, sentir que todo lo que se ve es un sueño. Acompañamos a Hudson en su viaje por curarse: lo vemos navegar entre psiquiatras, ir al gimnasio, comunicarse de nuevo con sus padres y tratar de conectar con las mujeres.

No se dejen engañar: “Numb” es una gran película desapercibida. No será de culto ni habrá ganado muchos millones, pero la actuación de Perry es impecable y el guión, demoledor. No tienes que tener este trastorno para identificarte: cualquier persona que alguna vez haya sufrido de depresión, ataques de ansiedad, haya perdido el control sobre su vida o sentido que es la única persona en el mundo a la que le pasan desgracias puede sentir empatía con el personaje. Incluso hay situaciones en las que uno dice “sí, he pasado por eso”. El espectador compadece al personaje (que permanece fiel a sí mismo y no descubre “verdades de la vida” en el proceso) pero lo entiende, lo asimila.

¿Y la canción? Debo decir que, aunque no la usaron en el final (curiosamente parecido al que describí líneas arriba), su momento fue perfecto.

Así fue. Yo sólo quería escuchar una canción y terminé “entumecido” por el cine.
13 Julio 2011 03:00:07
‘Un tal zombi: sus identidades’
En la primera entrega de esta trilogía zombi hablamos de unas bailarinas exóticas que devoraban a sus clientes en “Zombie Strippers!” (2008). En “Zombieland” (2009) los protagonistas viven en un planeta lleno de zombis y tienen que matarlos, de las más variadas y divertidas maneras, para sobrevivir. Si quisiéramos catalogarlas, la primera sería una película de serie B (sin mucho presupuesto) y la segunda una netamente comercial, desde el reparto de lujo hasta la trama hollywoodense. ¿Acaso no hay “cine de arte” sobre zombis? “Otto; or, Up with Dead People” (2008) ofrece una respuesta a esta interrogante.

Otto es un joven que se identifica como “un zombi con crisis de identidad”. No recuerda casi nada de su pasado (no sabemos por qué es un zombi viviendo en un mundo “normal”, es decir, donde no hay otros zombis como él mas que en la ficción) y se dedica a vagabundear por las calles.

Llegando a Berlín asiste a la audición de una película de zombis, cuya directora, Medea Yern, se queda prendada de Otto y decide hacerlo el protagonista de su nueva producción. Mientras filma con Otto, Medea concluye al mismo tiempo la grabación de “Up with Dead People”, una “película política de zombis” que trata sobre un grupo subversivo de zombis homosexuales lidereado por una especie de “Che Guevara gay de los muertos vivientes”. En el transcurso del filme también conocemos a la novia de Medea, Hella Bent, una mujer sacada, literalmente, de una película muda, y vamos entendiendo un poco más de los orígenes de Otto a través de flashbacks y de “Everyone’s Dead” de The Homophones (canción que repite “hagamos de cuenta que todos están muertos”).

La manera en la que “Otto...” está contada logra que el espectador interactúe con tres planos diferentes que siguen tres caminos: el de la historia de Otto (una lucha por el definirse, encontrar respuestas y crear interrogantes), el de la película “Up with Dead People” (una metáfora del cambio en las sociedades y la aceptación) y la película donde Otto es el protagonista (el desplazamiento metonímico de la soledad del Otto real al del Otto fílmico). Las tres historias se entrecruzan y dan la posibilidad de realizar una triple lectura, bien considerándolas unitarias o bien examinando sus conexiones con el conjunto.

Una película de arte que se burla de las películas de arte pretenciosas y exageradas, en las que el espectador tiene que soportar sinsentidos que parecieran apuntar hacia alguna parte, pero que ni el director tiene idea de hacia dónde se dirigen. Ejemplo de esto es el personaje de Medea, una directora que ha sido reconocida en los círculos de arte alternativo con películas mudas como “Dueto para Sonámbulos” y “Ballet Lascivo de Meditación sobre la Terrible Experiencia de la Muerte Ritual en el Espejo de la Noche Transfigurada”. Los títulos (que me suenan terriblemente familiares) lo dicen todo.

Con esta película termino la trilogía. Tres miradas a los muertos vivientes, tres historias que reinventan el género, tres miradas enfocadas al mismo tipo de personaje. Los zombis son los únicos seres que terminan acompañando siempre al ser humano, tanto en la vida como en la muerte.
06 Julio 2011 03:00:06
Un tal zombi: sus territorios
El creador de Facebook y un asesino por naturaleza emprenden un viaje hacia sus esperanzas, donde verán a la que será el primer amor de Spider-man y a una adolescente que con anterioridad fue la pequeña Miss Sunshine. Estoy hablando, respectivamente, de los actores Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Emma Stone y Abigail Breslin quienes luchan por sobrevivir en la aterradora “Estados Unidos de Zombieland” (“Zombieland”, 2009).

El virus se esparció en dos meses a través de una persona que comió una hamburguesa contaminada. Las ciudades están desiertas y los coches bloquean las calles. Por estos desolados parajes nos encontramos a Columbus, un joven algo enclenque y que se describe como lleno de fobias. ¿Cómo es posible que Columbus haya sobrevivido a la invasión zombi? La respuesta es sencilla: se adhiere a sus propias reglas. Él no es ningún Jack Bauer con nervios de acero ni un justiciero bonachón con un sentido inquebrantable de la ética, simplemente sabe que para sobrevivir debe haber reglas. La número uno es tener condición física. Los primeros en caer en Zombieland son las personas con sobrepeso.

En este “road trip”, Columbus encontrará a Tallahassee, el hombre rudo, pero de noble corazón que se encargará de despedazar a cuanto zombi se le cruce por el camino: en otras palabras, el clásico protagonista de las películas de acción en el que, sin embargo, no recae el filme. Los personajes intercambian roles, pues ahora el musculoso es el “comic relief” (ejemplo de esto es su búsqueda desesperada de “Twinkies” o “Submarinos”, en español) y el temeroso y precavido es quien lleva la historia. Luego aparecerán Wichita y Little Rock a las que se les irá tomando cariño gradualmente.

Otra película sobre zombis que no se toma muy en serio a sí misma. Aquí no importa cómo escapar de las criaturas sino cómo se les va a eliminar. Balas volando por todos lados, martillos destruyendo cabezas, niñas que salen disparadas de una camioneta y señoras que se impactan contra el piso por no usar el cinturón de seguridad (regla 4) son algunas de las cosas que pueden pasar en Zombieland. Pero la violencia no tiende a hacer una película de terror (destrozar a un zombi, alguien que por definición ya está muerto, permite explorar caminos más “creativos” para matar a alguien en pantalla que al hacerlo con un humano), sino una comedia más bien llena de momentos entrañables (como la “Muerte zombi de la semana”, una especie de show dentro de la película que muestra las mejores muertes de zombis).

Las subtramas que se van desarrollando, así como los flashbacks, aunque inconexos de pronto, no se sienten forzados, pues al ir por ciudades abandonadas se pueden encontrar con casi cualquier cosa, incluso alguna estrella de Hollywood. Y la primera experiencia amorosa de Columbus es digna de destacarse: no cualquiera puede presumir de haber casi besado a una chica zombi.

¿Detalles sobre los zombis? Pocos. Lo importante es ver cómo mueren. Y de no tomárselo todo tan en serio. De seguir la regla 32: disfrutar las pequeñas cosas.
29 Junio 2011 03:00:18
Un tal zombi: sus profesiones
Zombis. Esas criaturas muertas pero andantes, esa metáfora de la aberración de querer vivir para siempre, ese detener la vida a como dé lugar, sin importar que el cuerpo se descomponga y sólo pueda seguir existiendo gracias a la carne humana. Esas son algunas de las características que se les ha atribuido a los zombis, seres que han tenido toda clase de interpretaciones y una amplia gama de orígenes. Con esta entrega empieza la trilogía zombi: tres puntos de vista, reforzados por tres películas, de cómo los zombis se insertan en contextos contemporáneos. En otras palabras, ¿qué vienen a hacer los zombis en estos tiempos?

Bueno, algunos terminan infiltrándose en strip clubs y mordiendo a las bailarinas (lo que recuerda un poco a “From Dusk Till Dawn” de Robert Rodriguez). Estamos hablando de una de las combinaciones más bizarras del género. Es como si hubieran tomado a los zombis y usado una tómbola para emparentarlos con una profesión al azar. ¿Abogados zombis? ¿Artistas zombis (sin aludir a terceros)? ¿Economistas zombis? ¡No! ¡Strippers zombis!

La historia de “Zombie Strippers!” (2008) nos lleva a un mundo futuro alterno donde George W. Bush ha gobernado por cuatro periodos consecutivos, Arnold Schwarzenegger es vicepresidente, y se desarrolla una solución científica para que los soldados de Estados Unidos, que empiezan a escasear, sigan luchando después de muertos. Este virus reanima los tejidos muertos y, como era de esperarse, se filtra en un laboratorio y las cosas se vuelven fuera de control. Los primeros 10 minutos de la película tratan de un escuadrón dispuesto a eliminar a los zombis del laboratorio. Pero un soldado es infectado y, temiendo por su vida, escapa y va a dar a un club de strippers, donde propaga la infección. Resulta que las strippers zombis se vuelven toda una sensación y terminan por ser una mina de oro para Ian Essko, el dueño de este antro. El único problema es que las strippers devoran, literalmente, a sus clientes y Paco, el inmigrante ilegal mexicano, debe limpiar toda la sangre después.

La película nos muestra los entresijos de la verdadera pasión: bailarinas que leen a Nietzsche, mexicanos con un burro y que nombran a sus balas como Pancho Villa, Moctezuma, César Chávez, Cinco de Mayo y Guacamole, y mujeres que se desnudan para pagarle una colostomía a su abuela. Este filme conlleva a preguntarnos sobre el por qué de la vida y cómo cada quién encuentra una respuesta. Bueno, tal vez esa filosofía no se represente a la perfección, pero desde el título ya sabes que lo que se verá no es algo para tomárselo en serio.

Un gran acierto es la participación de Robert Englund, el actor que personificó a Freddy Krueger, quien resume la película en una frase: “Nuestra mejor stripper es un cadáver reanimado que se alimenta de la carne viva de los clientes que, a su vez, reviven aunque sólo sean una maldita cabeza”.

Con efectos especiales malos y algunos momentos desaprovechados, “Zombie Strippers!” es un festín de sangre y de humor negro. Soltará algunas carcajadas y podría causar estragos entre los fans puristas de los zombis, pero aporta su granito de arena (o su gota de sangre, mejor dicho) a la cultura zombi.
22 Junio 2011 03:00:27
Trucos de magia revelados
La ambientación es idónea y te transporta a la época. Las actuaciones, impecables. La dirección de Christopher Nolan nos muestra una vez más una historia llena de giros y en un tiempo no cronológico. Pero hay varias cosas que no encajan. ¿De qué filme estoy hablando? De “The Prestige” de 2006.

La película narra los ascensos y descensos de dos magos, Robert Angier (interpretado por un carismático y obsesionado Hugh Jackman) y Alfred Borden (al que Christian Bale lo llenó de una sobriedad intensa, cuyas emociones sólo aparecen por segundos y luego se desvanecen). Rivales por un hecho trágico que los marcó, los magos siempre tratarán de mejorar los trucos de su competencia, haciendo lo posible por arruinarlos, destruirlos o copiarlos. Esta carrera se vuelve tan desesperante que llega un momento en el que el “truco final” (como la tradujeron en México) va más allá de la magia.

Hay dos cosas que me esperaba antes de ver esta película y que suelen ser parte del “estilo” en este tipo de filmes que reinterpretan a los thriller (aunque bien la podríamos clasificar como uno): la primer cosa era que habría un truco perfecto, rayando en lo ingenioso y que desconcertaría a todos. La segunda cosa era que, a la larga, quizá con un guiño, con una toma final (como la de “Citizen Kane”) o con una frase cualquiera, el misterio se resolvería, el espectador habría sido “engañado” (como en la magia) y encontraría la “obviedad” en el truco. La reacción “¡cómo no lo vi antes!”.

La primera cosa se cumple a la perfección, el asunto aparece cuando nos enfocamos en la segunda: el problema es que el truco, al contrario de lo que se podría esperar, sí se ve antes. No está lo suficientemente disfrazado. Mostrado desde mucho tiempo antes, la resolución se intuye, si no es que la descubres antes de que la digan. Como si el mago se distrajera y tirara las cartas que escondía bajo la manga. El manejo de cámara siembra la sospecha, los movimientos se notan apuntados hacia una dirección. Es decir, el elemento sorpresa está frente a nuestros ojos todo el tiempo pero la cámara lo evade, como si constantemente te estuviera diciendo que no miraras hacia un lado. Esto debió haber encontrado otra salida, una más fluida y menos elaborada.

Que uno de los trucos estuviera apoyado en la ciencia causa conflicto. La veracidad, que no la verdad, se pierde cuando Robert Angier descubre una forma en que la ciencia puede ayudarle a su acto. Sin embargo, esta nueva “ciencia” disfrazada de magia implica ciertas consecuencias que nunca se explican (ni siquiera lo intentan) y que no terminan de convencer al espectador. Además, a partir de este momento, el final se puede intuir.

Una gran película que, aunque se le han buscado explicaciones alternas, pudo haberse cuidado mejor. Recomendable, sí, pero no lo mejor de Nolan.
15 Junio 2011 03:00:09
Censura y cine
Siempre habrá temas que causen controversia. Por más evolucionados que estemos como raza, el ser humano seguirá siendo sensible y proclive a sentir cierta reticencia ante algunos asuntos. Eventos como el ataque a las Torres Gemelas, la muerte de Michael Jackson o la Segunda Guerra Mundial son temas que deben dejarse enfriar un poco para retomarse, y más aún si se comentan en un tono cómico. Para no dañar sensibilidades, ocultar verdades y mutilar obras, entre otras cosas, se creó la censura.

En 1934 se aplicó el “Código Hays” en donde se decía qué cosas no eran aceptables para mostrar en pantalla. Los besos no debían de ser muy largos ni muy sugerentes, no podía existir un desnudo de cuerpo entero, las personas religiosas no debían de ser mostradas en ambientes cómicos y, lo que resultaría una grave falta contra la moralidad, ningún ombligo podía ser mostrado. El código estuvo vigente hasta 1967 cuando fue sustituido por las actuales clasificaciones basadas en la edad cronológica (sería imposible hacerlo en la mental), de las personas: G, PG-13, R, etcétera.

Siendo este sistema más autónomo (al menos ya no hay alguien que decida qué cortar y que no, recayendo la responsabilidad, normalmente, en los padres de familia), se puede pensar que tenemos un criterio más amplio, que estamos conscientes que las películas son trabajos ficticios en su mayoría y que lo expuesto allí no podría influenciar a los espectadores... ¿cierto? Repasemos algunos casos.

Tras las violentas imágenes que presentaba “A Clockwork Orange” (1971), Stanley Kubrick decide retirar la película del Reino Unido. Lo orilló a esta decisión el hecho de que jóvenes británicos atacaran a una adolescente holandesa del mismo modo que sucedía en la película (incluso, mientras la violaban, cantaban “Singin’ in the Rain”). La familia de Kubrick fue amenazada y la mejor decisión fue quitar el filme de los cines. “A Clockwork Orange” no fue vista en el Reino Unido sino hasta el año 2000, un año después de que Kubrick falleciera.

Christopher Hart, crítico del “Daily Mail”, aboga por censurar la película de “Antichrist” (2009) de Lars von Trier. La tan mencionada “Anticristo”, que estuvo en la 52 Muestra Internacional de Cine aquí en Saltillo, contiene escenas sexuales explícitas y otras de extrema violencia que, según a quien se le pregunte, pueden ser gratuitas o no. Hart la acusa de que dañará a los niños (y si acaso llegara a las manos de un niño claro que lo dañaría si no se le explica qué está ocurriendo), pero que los adultos también podrían resultar lesionados. Lo cierto es que Hart, al momento de escribir la reseña, ni siquiera había visto el producto. ¿Cómo puedes abogar por la censura desde la ignorancia?

Tratar de censurar una obra es coartar su libertad creativa. Si la obra en cuestión insulta tus valores morales, religiosos o sociales, creo que es más inteligente no verla que buscar su censura. ¿Cómo saber que lo que a ti te parece ofensivo a otro le resulta un deleite? ¿Si una película crea reacciones desfavorables hay que censurarla? “The Passion of the Christ” (2004), por ejemplo, provocó la muerte por infarto de varias personas. Sin embargo han habido casos de asesinos y neonazis que, tras ver la película, fueron directo a la policía a confesar sus crímenes.

La batalla sigue. La censura y el arte siempre estarán peleados.
08 Junio 2011 03:00:25
‘Don Nadie’
Ser un Don Nadie no es nada para Nemo Nobody, pues aunque pareciera que no es nadie, él ha sido muchas personas. O sólo una. O todas. Eso suena confuso. Vayamos hacia atrás. Nemo Nobody es un anciano que... ¿cómo eso puede ser ir para atrás? Bueno, hacia el principio cronológico, al menos, de la película.

Abrimos con Jared Leto que es Nemo Nobody. ¿Quién es este Nadie en latín y Nadie en inglés? Nemo Nobody es un anciano de 118 años que vive en una civilización futurista, en el año 2092, donde los seres humanos ya no fallecen porque se ha descubierto cómo regenerar las células. ¿Qué tiene de especial Nemo? Él es el último ser humano mortal, al que todavía no se le ha aplicado ningún tratamiento. Un reportero, en busca de la exclusiva, va a entrevistarlo para saber quién es y cómo era en su juventud. Así Nemo relatará su vida... o sus vidas, mejor dicho, donde a cada momento había bifurcaciones y destinos contradictorios.

Escapándose a la clasificación de un género (quizá “ciencia ficción” sea lo más allegado, siendo una especie de documental biográfico ficticio de ciencia ficción), “Mr. Nobody” (2009) recurre a las tomas de decisiones y al efecto de causa-efecto para recordarnos que nuestra vida puede irse por muchos caminos y que cada cosa que hacemos tendrá una repercusión en el futuro.

Nemo Nobody, al rememorar su vida, recuerda, sabe, presiente, intuye o imagina cómo era su diario convivir en tres diferentes trabajos y con tres mujeres con las que tuvo un romance. También habla cuando vivió con su padre y cuando estuvo con su madre. Pero esto no pasó en diferentes momentos, sino que ocurría todo al mismo tiempo. Como si estuvieras leyendo esta columna y al mismo tiempo la sección deportiva, los anuncios clasificados, las noticias internacionales, las historietas.

En ciertos tramos recuerda muchísimo a la española “Los Amantes del Círculo Polar” (1998, una de las historias es casi idéntica y los personajes femeninos se llaman igual: Ana), hay una escena muy similar a “Requiem for a Dream” (2000, también con Jared Leto) y ciertos guiños a la clásica de Kubrick: “2001: A Space Odyssey” (1968).

El problema principal con la película son los excesos: no hay problemas con el desorden cronológico ni con las contradicciones ni con las subtramas ni con los sueños ni con una ciudad donde todos visten igual y usan carros rojos ni con un futuro donde el ser humano se ha vuelto inmortal ni con constantes flashbacks ni con un viaje a Marte, pero sí con todo eso junto. De pronto quedan algunos cabos sueltos que no se resuelven del todo y causan incomodidad.

La parte futurista de la película se vuelve muy exagerada (¿por qué el doctor tiene un tatuaje en la cara y nadie más en el futuro parece tenerlo?) y la película expone tantas cuestiones que bien pudieron haber hecho otros dos largometrajes con todo el material que tenían.

“Mr. Nobody”, sin embargo, resulta una película deslumbrante, llena de juegos cinematográficos, detallista y pulcra en sus escenarios, y que resume muy bien las influencias de David Fincher, Darren Aronofsky y Paul Thomas Anderson, entre otros. Esperemos que el director belga Jaco Van Dormael siga sorprendiéndonos con trabajos y con temas similares. ¿O es que acaso ya lo hizo en otra dimensión?
01 Junio 2011 03:00:04
‘Alturas y caídas’
Llego al primer piso. Recuerdo que de niño sufría de un peculiar miedo a las alturas. No era de esos temores que hacen que te aferres a los barrotes de las escaleras o que toques el pasamanos con un respeto sagrado cada que das un paso. Era un miedo que llamaba. El abismo, curioso y tentador, prolongaba una agonía imaginaria: la de caer, la de dejarse viciar por el aire roto gracias a que tu cuerpo lo destroza, la de ser invisible. He soñado la caída mil veces y suele ser indolora: justo al momento del impacto ocurre el despertar y el instintivo mover de las manos para ver si continúo completo.

Subo al segundo piso por las escaleras. La caída siempre ha sido la alegoría fácil de las dificultades de la vida, pero entraña algo más: el contacto con la tierra y la pugna por el regreso, la imposibilidad de no poder llegar al centro. Y lo que es peor: no tener un centro. Ser múltiple y girar sobre mil ejes distintos. Destinar nuestro tiempo a la adquisición de vidas preordenadas y no dejar que ninguna de ellas muera. Ya se dijo que las cosas que posees acaban poseyéndote. Lo que cae cambia. Las hojas en el otoño. El derrumbe de los edificios. La bolsa de valores.

Estoy en el tercer piso. En todos los pisos he volteado hacia abajo. He ignorado todo lo que me dicen que no se debe hacer. Siento que tomo la mano de alguien y la aprieto. Pienso en un niño pequeño. Recuerdo al hijo de Él y Ella, ese niño que saltó de la ventana de su cuarto. Él no lo vio, pero se habría lanzado a rescatarlo, con todo y la música de Händel de fondo. Aquí se explora la pérdida y se redefine a la caída. Una caída donde nadie se levanta, terminada en un funeral para el que la vive y en cenizas para la que la sufre. Miro mis manos: están vacías.

El cuarto piso. Empiezo a sentir el peso de los que han subido estas mismas escaleras. Doblar las rodillas se vuelve una agonía. Ojalá todo fuera un sueño. Una representación donde estas escaleras tienen un final. Una monja aparece y dice que alguien ha caído del techo. Siento vértigo. Un hombre baja las escaleras con ayuda de la monja. La caída es su excusa: sufre de acrofobia. Ha perdido a una mujer, pero sólo fue una imagen: después la encontrará de nuevo aunque con otro cabello y otra ropa.

Ya no hay nada más arriba del quinto piso. Miro hacia abajo y está de nuevo la atracción, el magnetismo. Ya se han acabado los soportes y las ideas falsas. Quedo yo, vivo. Doy un paso y mantengo mi pie en el aire. Nadie podría entenderlo, apenas lo sé yo. Pero retrocedo. Alguien me ha tomado del hombro. Me dice que sí lo entiende. Y sonríe.

Ya no hay otro piso. Pero no se acaban las alternativas. Siempre queda inventarse un piso nuevo. O todo un edificio.
25 Mayo 2011 03:00:26
El show de Carrey
Mi primera experiencia 100% cinematográfica se la debo a “El Show de Truman” (“The Truman Show”, 1999). Conocía la trayectoria de Jim Carrey gracias a las constantes repeticiones de sus películas en canal 5 (“Mentiroso, Mentiroso”, “Una Pareja de Idiotas”, “La Máscara”, “Ace Ventura: Detective de Mascotas”). Nunca consideré su humor especialmente gracioso, pero sus películas eran bastante entretenidas. Entonces, Jim Carrey decidió dejar la comedia por un tiempo para grabar un rol serio.

“El Show de Truman” habla de la vida de Truman Burbank (Jim Carrey), un vendedor de seguros que es, sin saberlo, estrella de un programa de televisión (ahora lo llamaríamos “reality show”). La vida de Truman es televisada las 24 horas al día, los siete días de la semana, desde el momento en que nació, sólo que nadie nunca se lo ha dicho. La ciudad donde vive es un set de televisión gigantesco. Los productores del show inventan tramas para que su vida no sea aburrida, aunque para Truman estas “tramas” son su vida real. Truman poco a poco empieza a darse cuenta que está viviendo en una ilusión.

No sé a ciencia cierta (y no quiero saberlo) qué es lo que hace de esta película un producto tan fascinante. La historia es ingeniosa sin aprovecharse de las bondades de un guión que bien pudo exagerarse. Jim Carrey se modera para interpretar su papel e incluso cuando hace uso de sus características actuaciones lo hace de una manera creíble. La música de Philip Glass (quien incluso aparece en la película) retrata el entorno de un hombre en una búsqueda desesperada por sentimientos verdaderos. Una subtrama de amor que no termina siendo devorada por lo cursi sino que se convierte en fuerza avasalladora.

La película también refiere a toda la manipulación de sentimientos que conlleva la televisión. El director y los productores del show son capaces de hacerle creer al público y a Truman cualquier cosa con tal de generar rating. Cada momento que se supone debe ser dramático está acompañado por la música adecuada y la vida de Truman se escribe, como si fuera cualquier serie de televisión (con burlas al “product placement”, pues cualquier cosa que se ve en el mundo de Truman puede ser comprado).

Todos estos elementos conviven con la trama de un hombre luchando por su propia libertad, dueño de sí, sin hilos detrás de él que lo enreden y lo detengan. Podremos haber recibido mil veces este mismo mensaje, pero “El Show de Truman” lo presenta de una manera natural y congruente.

El filme ha sido una gran influencia que hasta se nombró el “síndrome de Truman” padecido por personas que piensan que su vida es un gigantesco “reality show” (no confundir con las personas que hacen de su vida un constante show).

Así que ya saben: si en algún momento creen que sus vecinos hablan como si estuvieran recitando un libreto, encuentran cámaras de televisión escondidas en sus cuartos o luces que caen del cielo bien podrían ser víctimas de este síndrome. Disfrútenlo.
18 Mayo 2011 03:00:03
Monolito musical
Para Stanley Kubrick la música no sólo ambienta las producciones o entretiene al espectador: también narra una historia, transmite sentimientos y se sujeta a un proceso interpretativo cuando se le suma a las imágenes.

Una de las piezas musicales más poderosas en el cine es la de “Also Sprach Zarathustra” de Richard Strauss, utilizada en “2001: A Space Odyssey” (1968). Las imágenes se han vuelto tan emblemáticas que incluso el que no ha visto la película, al escuchar la melodía, piensa automáticamente en el filme. ¿Cómo es esto posible? Bueno, las secuencias han sido tan copiadas, homenajeadas y parodiadas que “Also Sprach Zarathustra” casi es sinónimo de una película que sucede en el espacio.

La película de Stanley Kubrick inicia con la pieza de Strauss y termina con la misma música de fondo. Así hay un proceso milimétricamente detallado: la música ayuda a entender que el inicio de la película era el de la raza humana y el final marca una nueva etapa (una nueva especie ha llegado). Más que épica, la pieza recuerda lo sublime, muestra la divinidad del Universo y la pequeñez del ser humano. La melodía de Strauss, compuesta en 1896, obtuvo un nuevo significado que aún persiste.

La “William Tell Overture” de Gioachino Rossini sufre severos cambios de sentido en manos de Kubrick. Siendo utilizada antes en dibujos animados de Bugs Bunny y Mickey Mouse, en “A Clockwork Orange” (1971) Kubrick parece decir que se tomen en serio a Rossini, que no es algo como para usarse en las caricaturas. Por eso la escena en la que aparece esta pieza no resulta muy apta para los niños: Alex DeLarge sostiene relaciones sexuales con dos mujeres a la vez, mientras la escena, con la cámara estática, avanza trepidantemente al ritmo de la ópera que nos recuerda a un arquero y a una manzana.

La pieza “Sarabande” de Handel muestra toda su solemnidad en “Barry Lyndon” (1975), una de las películas más infravaloradas de Kubrick (mientras que “2001...” está quizá un poco sobrevalorada). Es perfecta para retratar los ambientes aristocráticos en los que se desenvuelve el joven Redmond. Al mismo tiempo tiene un tono trágico y solemne (el de las desventuras de Redmond) y uno tranquilo que no dura mucho (el de la vida llena de altibajos). El mismo Kubrick quiso que la película recordara a algunas pinturas del siglo 18 (sobre todo de William Hogarth) y con la selección de música (que también incluye a Bach, Vivalid, Schubert y Mozart) la evocación se logra y el espectador es transportado, quiera o no, a otra época.

Escuchar los soundtracks de las películas de Kubrick siempre mostrarán la desesperada búsqueda de la perfección: ese ahínco que tenía de que cada toma fuera correcta, cada detalle planificado y cada actor diera todo de sí. La música no podía ser tomada a menos: simbólica y precisa, logra una doble trascendencia, primero por sus propios méritos y después por la mano maestra del director.
11 Mayo 2011 03:00:11
Música para tus ojos
La selección de la música en los filmes debe ser un proceso muy específico. ¿Qué pasaría si esa película que tanto te gusta de pronto tuviera otro soundtrack? Imagínense que están viendo “Harry Potter” y, en vez de escuchar la melodía compuesta por John Williams específicamente para la película, sonara el tema principal de “El Señor de los Anillos”, hecho por Howard Shore. No tendría ese mismo “feeling”, ese mismo sentimiento que, desde la música, va transformándonos para encajar en lo que vamos a ver.

En una entrevista al director Quentin Tarantino, aparecida en el disco “The Tarantino Connection” que incluye piezas utilizadas en sus películas, mencionaba lo importante que puede ser la selección de la música: el efecto, si se hace correctamente, es que nunca puedes volver a escuchar esta canción sin pensar en las imágenes de la película.

Y claro, Tarantino tiene todo el derecho a decir esto puesto que sus soundtracks siempre son impecables. Para Tarantino los créditos iniciales dicen mucho de una película: te ponen en el tono perfecto para disfrutarla. Si echamos un vistazo a “Reservoir Dogs” (1992), “Pulp Fiction” (1994) y “Kill Bill: Vol. 1” (2003) notaremos cómo los créditos siempre aparecen con un fondo en negro, simplemente deslizando los nombres del equipo de producción.

EN “RESERVOIR DOGS”, POR EJEMPLO, LA canción de George Baker Selection llamada “Little Green Bag” funciona como transición de unos tipos trajeados hablando sobre dejar propina a un ladrón al que le acaban de disparar en el estómago. “Little Green Bag” parece decirnos que estamos a punto de ver una historia sobre los asaltantes más estilizados que puedan existir.

En “Pulp Fiction” cortamos de una pareja a punto de robar un restaurante para entrar con unos asesinos hablando de hamburguesas a través de una poderosa y épica “Misirlou” de Dick Dale, que le explota al espectador y lo lleva a una tren donde en cada vagón hay criminales.

Finalmente “Kill Bill: Vol. 1” deja congeladas todas las sensibilidades cuando Nancy Sinatra canta “Bang Bang (My Baby Shot Me Down)” después de que Bill le dispara a La Novia. Aquí Tarantino logra su mayor impacto: con tan sólo unas imágenes y con la voz de Sinatra diciendo “Now he’s gone, I don’t know why / And to this day sometimes I cry / He didn’t even say goodbye / He didn’t take the time to lie” es imposible no involucrarse con lo que está pasando (aunque después la película no deba tomarse tan en serio, terminas por creerte todo sólo por esa música que derrumba).

Habrá miles de cosas que se le pueden reclamar a Tarantino, pero es difícil negar su talento a la hora de la selección musical. Conecta perfectamente a las nuevas generaciones con sus películas e involucra al espectador. Pero Tarantino aún no ha podido lograr que la música que utiliza sea una referencia cultural. No ha llegado a ese tono sublime. No ha reinventado nada. No ha hecho que incluso los que no han visto sus películas tengan una idea de qué se trata sólo por la música. Eso suena cercano a lo imposible. Pero hubo un director que lo logró. Que le dio un nuevo aire a la música clásica. Claro, nada más y nada menos que Stanley Kubrick, del cual hablaremos en la próxima entrega.
04 Mayo 2011 03:00:05
Tokio y Sofía
El espectador de “Lost in Translation” (“Perdidos en Tokio”, 2003) podrá preguntarse, a primera vista, qué es lo que acabó de ver. Acostumbrados a las películas que, como menciona Roger Ebert, nos dicen qué ver y qué sentir, al terminar de observar esta obra de Sofia Coppola podemos sentirnos abandonados, desamparados, confundidos. Perdidos en un espacio que no nos pertenece, aislados porque no conocemos a nadie y no entendemos nada, en una nostalgia del pertenecer. Al encontrar una mano tendida, una cuerda que nos saque del huracán, la aceptamos sin cuestionar nada, confiando en que la cuerda sea resistente y esté sujeta a un buen soporte.

La película discurre en un Tokio donde parece que el tiempo no avanza para los protagonistas (una ciudad en constante movimiento es interpretada por unos personajes más bien estáticos, encerrados en un hotel). Charlotte (Scarlett Johansson), una recién graduada que no sabe bien qué quiere de su vida y cuyo marido no le pone mucha atención, y Bob Harris (Bill Murray), un actor que viaja a Japón para grabar un comercial, coinciden en un hotel donde los dos “conviven en soledad” y forman una amistad que se va convirtiendo en un romance velado. Juntos tratan de descifrar esa ciudad que les parece tan extraña y buscan encontrar, si no a sí mismos, al menos algo de consuelo para sus vidas.

El título remite a la imposibilidad de la traducción fiel de las palabras: lo que en un idioma se dice de una manera específica cambiará en otro, aunque el sentido sea el mismo. Esto se muestra en la película cuando un director le está diciendo en japonés a Bob Harris cómo debe ser su actuación. Tras un sinfín de palabras, la intérprete, ante el desconcertado actor que no entiende nada, apenas las traduce como “con intensidad”.

Lo que puede desesperar a muchos sobre este filme es que “pareciera que no pasa nada”. Los momentos cotidianos y los silencios son muchos, transmitiendo ese sentido de familiaridad, donde pareces conocer a alguien de toda tu vida aunque sólo lo hayas visto en pocas ocasiones. Se muestra una honestidad cinematográfica: las tomas son directas y el guión no cae en clichés de comedia romántica. Construido a base de expresiones (como las mínimas de Murray, las miradas de Johansson, la indiferencia de Ribisi, la falsa simpatía de Faris), la película parte de una pretendida sencillez a una complejidad interna, escondida.

El filme desentraña al humano perdido y lo expone ante una realidad que no sabe cómo soportar. Así el tema se expresa a todo lo largo de la obra de Sofia Coppola: en “The Virgin Suicides” (1999) la adolescencia irrumpe y perturba; en “Lost in Translation” la diferencia de culturas se convierte en una barrera que es, irónicamente, lo que une a los protagonistas; “Marie Antoinette” (2006) muestra a una princesa luchando contra su incómodo entorno y en “Somewhere” (2010) un actor tiene que readaptar su vida ante la llegada de su hija.

SofÍa asume el papel del artista: interpreta lo que para ella es la vida y lo plasma en el cine, haciéndolo arte. Aunque, quizá en el proceso, la vida se pierda en la traducción.
27 Abril 2011 03:00:44
Las decisiones de Sofia
La primera decisión que tomó Sofia Coppola fue la de conservar su apellido. Nicholas Cage, por ejemplo, no lo hizo (su nombre verdadero es Nicholas Kim Coppola). Claro, que tu apellido sea Coppola puede abrirte las puertas, pero también puede acarrearte todo tipo de presiones. Ser la hija de Francis Ford Coppola, el director de “Apocalypse Now” (adaptación de “El Corazón de las Tinieblas” de Joseph Conrad), de las tres partes de “The Godfather” y de “Jack” (bueno, no todas sus películas tenían que ser tan grandilocuentes) no debe ser fácil. Pero Sofia ha logrado separarse de esa enorme sombra para hacer sus peculiares filmes y tener un nombre propio.

Después de aparecer como actriz en algunas películas (entre las que se cuentan varias de su padre), Sofia Coppola empezó a demostrar un talento más allegado a la escritura y la dirección que a la actuación. Sus películas normalmente mostrarán las vidas de personajes incomprendidos o inadaptados, cuyos entornos normalmente no suelen corresponder a su desarrollo. Esto siempre acarrea dudas irresolutas sobre la existencia, el amor, la vida y el destino, entre otras cosas.

Tomemos “The Virgin Suicides” (“Vírgenes Suicidas” basada en la novela homónima de Jeffrey Eugenides) de 1999. En ningún momento la trama pretende sorprenderte: el título ya te vende lo que sucederá y, apenas empieza la película, sabes que el suicidio será una constante. La película narra cómo unos adolescentes se obsesionan en desentrañar lo que para Freud era el continente negro: la mujer. Cinco hermanas de etérea belleza, viviendo en una casa de reglas estrictas, que lo único que buscan es vivir y liberarse chocarán contra un mundo cuya rotación no entienden. Tres aspectos en un mismo ser se descomponen en sus partes: la mujer (presentada como inasible) viviendo su adolescencia (confundible) tratando de adaptarse a la humanidad (ininteligible). En “Vírgenes Suicidas” hay una nostalgia del misterio, una pregunta por el conocimiento que, si encontrara respuesta, fallaría en su satisfacción, pues la misma pregunta ya encierra una resolución silenciosa.

En “Marie Antoinette” de 2006, la acción se centra en la vida de la mujer que se convertiría en reina de Francia. Somos testigos de su adaptación a la vida francesa (ella era austriaca) y de la incómoda relación que tenía con Louis XVI. Sobre los hombros de Marie también recae la responsabilidad de sostener la alianza entre Francia y Austria, dándole a Louis XVI un heredero al trono. Encontramos a una mujer en una situación que la supera. Marie, privada de su vida anterior (donde no pudo conservar ni siquiera a su perro), buscará desarrollarse con lo que encuentra y que se podría juzgar de banal: la moda, las apuestas, el despilfarro de dinero. Pero es en esa aparente superficialidad donde se esconde su búsqueda interna y su intento por recuperar lo perdido.

Finalmente, ¿qué sucede con “Lost in Translation” de 2003? La película más aclamada de la directora, cuyas críticas más descarnadas dicen que “no pasa nada”. Un examen más detallado mostrará cómo donde aparentemente no hay nada que decir, todo se dice y donde se susurra, en realidad se grita. Eso lo veremos en la próxima columna.
20 Abril 2011 03:00:55
El Jesús de Pasolini
El director italiano Pier Paolo Pasolini siempre declaró ser un no creyente. Padecía de una “nostalgia” por el creer, anhelaba encontrarse convencido, arrasado por el poder de alguna ideología. Sus búsquedas se reflejaron en su poesía, en sus pinturas, en sus ensayos sobre cine y en sus películas. Sus filmes se llenaron de adaptaciones: desde una muy controvertida del Marqués de Sade en “Saló o le 120 Giornate di Sodoma” (1975) hasta “Edipo Rey” (“Edipo Re” en 1967) y “El Decamerón” (“Il Decameron” en 1971).

En esta insaciable indagación, no suena muy lógico que un ateo haya hecho una película sobre Jesús. Bueno, si Pasolini hace un filme sobre Jesús, probablemente era para criticar la religión. O para mostrar otra cara del nazareno, como haría Martin Scorsese años después en “The Last Temptation of Christ” (1988). O para mostrar a un Jesús sufriendo y siendo martirizado, como se encargaría Mel Gibson en su versión, tachada de antisemita, “The Passion of the Christ” (2004). Pues no: resulta que la versión de Pasolini es una de las más fieles al texto y fue aplaudida por el Vaticano. Es curioso que el mismo director que adaptó una obra donde los personajes sufren toda clase de torturas sexuales y humillaciones (en la ya mencionada “Saló...”), filmó la vida del fundador del cristianismo.

Hablamos de “Il Vangelo Secondo Matteo” (1964), obra basada en el evangelio de Mateo. La película muestra, en blanco y negro y cronológicamente, la vida de Jesús, desde poco antes de su nacimiento hasta la muerte y resurrección. Sin propuestas reaccionarias o atrevidas suposiciones, el filme sólo adapta en imágenes lo ya escrito en la “Biblia”. El actor encargado de darle vida a Jesús fue Enrique Irazoqui, un estudiante español que había realizado una tesis sobre una novela de Pasolini y ansiaba conocer al director. Su fuerte presencia y su contundente mirada debieron convencer al italiano para que invitara a Irazoqui a su equipo.

“El Evangelio Según San Mateo” se desliza de una forma poética, donde las palabras dichas pretenden trascender, y con tomas rápidas y cortas. La música de Mozart, Prokofiev y Bach adereza los momentos más significativos. Se presenta a un Jesús revolucionario y seguro de sí mismo. En ciertos momentos el espectador de la película se convierte en espectador de la vida de Jesús, como si fuera uno de sus discípulos que lo observa diciendo parábolas o ve cómo lo juzga Poncio Pilato, ya que la cámara suele estar puesta a nivel del suelo dándole un toque de realismo y pertenencia. Destaca la escena donde Jesús camina por el agua: sólo se le ve de lejos, avanzando a paso firme, mientras los demás, en una barca, creen ver un fantasma, una aparición. El diablo, un ángel y un poseído también aparecen a lo largo de la cinta, pero presentados de una forma muy terrenal, mostrando un lado humano pero con cierto toque extraordinario.

En una sentencia, “Il Vangelo...” es una visión marxista de un director ateo sobre una figura religiosa.
13 Abril 2011 03:00:50
Insomnio noruego
Christopher Nolan ha escrito la mayoría de las películas que ha dirigido. No todas han sido sobre su propio material (como la serie de Batman basada en el personaje de Bob Kane o “The Prestige” que es la adaptación del libro de Christopher Priest), pero empieza su proceso creativo desde los guiones. Así que cuando en 2002 dirigió “Insomnia” hubo un dato que brilló por su ausencia: él no aparecía en los créditos como guionista. Y, yendo más allá, la película es un remake de una producción noruega. ¿Qué es lo que Nolan vio en “Insomnia”, de 1997, que le animó a hacer una nueva versión?

Dirigida por el noruego Erik Skjoldbjærg (que, entre sus haberes, está “Prozac Nation” de 2001, una no muy afortunada adaptación de la depresiva novela de Elizabeth Wurtzel), “Insomnia” trata sobre lo mismo que su remake: dos policías, Jonas Engström y Erik Vik, viajan a un pueblo (esta vez en Noruega) donde el sol no se pone e investigan el asesinato de una muchacha. Por accidente Engström mata a Vik y el único testigo del crimen es, irónicamente, el asesino al que perseguían. Esto crea una especie de complicidad entre el policía y el asesino que tratarán de confabularse para que ninguno de los dos resulte culpable.

Hay dos aspectos fundamentales que se distinguen entre la versión norteamericana y la noruega. En primer lugar está el ambiente. No el lugar donde se desarrolla, sino la atmósfera en general. En la norteamericana hay muchas escenas dedicadas al efecto que causa el insomnio en Will Dormer (el policía) y la subtrama sobre Asuntos Internos que le añade otro matiz psicológico, una especie de razón inconsciente para que ocurriera el asesinato y que también tortura a Dormer. La relación entre Dormer y Eckhart (el asesinado) parece muy cercana: incluso Dormer es el que le avisa a la familia de Eckhart sobre su fallecimiento.

A la noruega la han calificado de “oscura”. No hay ninguna razón, además de ser un error, para que Engström le dispare a Vik. Los personajes sí parecen unidos, por la familiaridad y el contenido de sus conversaciones, pero no tanto como en la otra. La noruega no se anda con tantos miramientos como la norteamericana y no se preocupa por excusar a sus personajes. Por ejemplo, Engström llega a matar a un perro cruelmente para lograr sus objetivos, cuando en la versión norteamericana no necesitaron sacrificar al canino. Engström desarrolla una relación más fuerte con la recepcionista del hotel y casi termina por violarla. También existen connotaciones sexuales entre Engström y la joven amiga de la víctima que en la película estadounidense apenas se insinúan.

En segundo lugar, la norteamericana es mucho más explicativa que la noruega. En la primera los personajes dicen todo lo que van a hacer y se muestran claros sus pensamientos. En la segunda, el espectador tiene que deducir por qué suceden algunas cosas y qué significan las miradas, los gestos, las acciones silenciosas. Y, como era de esperarse, el final es diferente en ambas películas, pero los dos resultan congruentes con sus respectivas versiones.

Dos películas, dos visiones, dos obras. Relatan lo mismo, pero desde una cultura propia, un muy particular punto de vista y una forma de entender al cine. Y de crearlo y recrearlo.

06 Abril 2011 03:00:45
‘Insomnio cinéfilo’
El insomnio suele ser uno de los lugares comunes del escritor. O del halo que rodea a esa figura. Piense en sus amigos que se dedican al oficio y recuerde cómo era su mirada. ¿Tiene ojeras? ¿Sus ojos suelen estar muy pequeños y rojos? ¿Hace constantes referencias a que se quedó escribiendo hasta tarde, a que no puede dormir porque las musas lo visitan o que, simplemente, tiene demasiado que decir pero que las palabras no son suficientes? Bueno, una de dos, o se lo está inventando todo para hacer creíble su pantalla o es un escritor trasnochado. De cualquier manera, para un estudio muy general del insomnio, nada mejor que “Insomnia”, película que salió en el 2002 y que, entre otras cosas, presenta la falta de sueño en un policía y en un escritor.

Mucho antes de “Inception” (2010) y de sus películas de Batman, pero después de su escurridiza “Memento” (2000), Christopher Nolan hizo una película cuya trama se puede seguir sin muchas dificultades (no hay saltos en el tiempo, ni sueños dentro de sueños, ni personajes olvidadizos).

El filme nos muestra a un veterano Will Dormer (Al Pacino) y Hap Eckhart (Martin Donovan), dos policías que vuelan hasta Nightmute, en Alaska, un pueblo donde el sol no se pone debido a un fenómeno llamado “noches blancas”. Los detectives están investigando el homicidio de una joven de 17 años muerta a golpes. Encuentran al asesino pero éste escapa y, en la persecución, Dormer le dispara por accidente a su compañero Hap y lo mata. Dormer, para no meterse en problemas, dice que fue el perseguido, y no él, quien asesinó a su compañero. Sin embargo, el criminal, un escritor interpretado por Robin Williams, es el único testigo del error de Dormer y lo usará para chantajearlo.

Esta es la situación: si el policía atrapa al criminal, éste confesará el crimen de aquél. Ambos necesitarán ayudarse para culpar a un tercero y que los dos terminen con las manos limpias. El escenario se vuelve más interesante cuando la novata Ellie Burr (Hilary Swank) nota algunas inconsistencias en las versiones de Dormer y empieza a profundizar más en el caso.

El héroe y el antihéroe se mezclan, se diluyen, se superponen. El policía estrella no es quien aparenta y el escritor homicida resulta no ser tan perverso. Las barreras entre los personajes se vuelven difusas cuando comienzan a ayudarse y a confabular entre ellos y el espectador se convierte en cómplice de todas sus artimañas y sus puestas en escena. El insomnio está asegurado en un lugar donde la noche no es oscura y el policía tiene remordimientos de conciencia.

Nolan demuestra su inclinación a detallar a los personajes en su filmografía e “Insomnia” no es la excepción: el protagonista y el antagonista se delinean como seres inteligentes y adaptados a su entorno, y no sólo etiquetados como “buenos” y “malos”. Curioso que en esta película el protagonista no pueda dormir y, años después en “Inception”, los protagonistas busquen dormir. Pero no todo aquí es gracias a la dirección de Nolan: la película es el remake de un filme noruego, dirigido por Erik Skjoldbjærg en 1997. De la versión original hablaremos en la próxima entrega.



Jesé Avendaño


30 Marzo 2011 04:00:17
Los cuentos de la realidad
“Una vez vi una película de Rohmer. Era como ver pintura secándose”, dice Harry Moseby, un personaje de la película “Night Moves”. Con una descripción así, las películas de Eric Rohmer suenan insufribles.

El director francés fue uno de los miembros de la “Nouvelle Vague” (“Nueva Ola”), un movimiento reaccionario cuyos integrantes habían sido críticos en la revista de cine “Cahiers du Cinéma”. Rohmer, de entre los demás miembros (Godard, Chabrol, Truffaut), era el más académico y el más apegado a las letras: dio clases ocho años de literatura y escribió libros sobre Hitchcock y Murnau.

¿Qué tipo de cine podría hacer alguien con este pefil? Bueno, un “cine novelístico”, donde casi nunca hay un soundtrack definido, los personajes y sus actuaciones son naturales y el tema de las relaciones entre hombres y mujeres normalmente es examinado.

El director también pasó por ciclos, en los que un tema era desmenuzado o, como quizá preferiría pensarlo Rohmer, donde cada película era un capítulo de una novela, conformada después de haberlas visto todas. A su primer etapa “Six Contes Moraux” o “Seis Cuentos Morales”, cuyas temáticas cuestionan a la ética, le seguirá la de “Comédies et Proverbes” (“Comedias y Proverbios”), donde cada película desarrollaba un dicho un refrán, como el de “Los amigos de mis amigos son mis amigos” o “Es imposible no pensar en nada”. Finalmente, sus “Contes des Quatre Saisons” o “Cuentos de las Cuatro Estaciones” usaban a la primavera, al invierno, al verano y al otoño como arco narrativo.

En sus películas también existen los “malentendidos” que pueden causar risa entre la seriedad de sus historias. En “L’Ami de mon Amie” (1987) el único conflicto que se presenta es que los personajes terminan enamorándose de quien no quieren enamorarse y, en una dinámica entre cinco, los equívocos surgen, sobre todo al final. En “La Femme de l’Aviateur” (1981) un novio celoso persigue a la antigua pareja de su novia, sin ninguna intención en mente mas que la de ver qué hace. Al final descubrirá que pudo haber gastado su tiempo de una mejor manera.

Aunque la crítica de Moseby puede sonar un poco ruda, detrás de ella se esconde una especie de preconcepción del cine. Ver los filmes de Rohmer es como contemplar un día normal de alguna persona normal: caminan por las calles, toman el metro o el camión, tienen conversaciones a veces anodinas, a veces profundas, dicen cosas y hacen lo contrario; en fin, un estudio humano. Por eso nos puede parecer aburrido o insignificante. Acostumbrados a películas de acción donde todo lo que pasa es simbólico, con música de moda y diálogos exactos, Rohmer se arriesgó a acercarnos a una realidad no artística, no pretenciosa y no artificiosa.

23 Marzo 2011 03:00:35
Elegir un tema
Pregunta al artista: ¿tú eliges al tema o el tema te elige a ti? En cuestiones cinematográficas, al rastrear la carrera de cualquier director, normalmente es el tema el que elige al sujeto (suele ser inconsciente, como con Wes Anderson, el cual ha declarado “quiero tratar de no repetirme a mí mismo. Pero entonces parece que lo hago constantemente...”). Un tema que se presenta por debajo de todos los trabajos: repeticiones de estilos, actores, tramas, estructuras y obsesiones. Alguien reflejará en sus películas una apremiante perfección, otro más la influencia surrealista, aquél tenderá a retratar relaciones conyugales.

Algunos directores, por el otro lado, prefieren ir por etapas y hacer sus películas basándose en elecciones particulares. Tomemos el ejemplo más típico: el director polaco Krzysztof Kieslowski. De 1989 a 1990 hizo su famoso “Dekalog”, 10 películas para televisión basadas en los 10 mandamientos. Entre 1993 y 1994 haría tres películas que mostrarían los valores franceses de la libertad, la igualdad y la fraternidad: “Trois Couleurs: Bleu”, “Trzy Kolory: Bialy” y “Trois Couleurs: Rouge”.

Kieslowski trabajó también en los guiones de una trilogía inspirada en “La Divina Comedia” de Dante Alighieri pero falleció antes de terminarla. El único guión que terminó fue el de “Heaven” (llevada al cine en 2002 por Tom Tykwer, director de “Lola Rennt”), mientras que de “Hell” y “Purgatory” apenas quedaron esbozos. Sin embargo, Krzysztof Piesiewicz terminó la segunda parte de su trilogía dantesca, para que en 2005, bajo el título de “L’enfer” y dirigida por Danis Tanovic, el legado de Kieslowski continuará.

Lars von Trier, danés, también es un apasionado de las películas seriadas, especialmente de las trilogías. Pareciera que sólo en tríadas se pudiera superar la superficialidad de un tema. Su primer trilogía habló sobre Europa y se conformó por “Forbrydelsens Element” (“The Element of Crime”, 1984), continuó en “Epidemic” (1987) y culminó con “Europa” (1991). Aunque las tres películas hablen de Europa, sus tramas tratan de temas tan disímiles como un detective que utiliza la hipnosis para resolver un caso, un director de cine en busca de financiamiento y una conspiración nazi, respectivamente. Otra de sus trilogías presentaba mujeres que sufrían todo tipo de tragedias pero que a pesar de todo seguían teniendo un “corazón de oro”. La trilogía “Golden Heart” constó de “Breaking the Waves” (1996), “Idioterne” (“The Idiots”, 1998) y “Dancer in the Dark” (“Bailando en la Oscuridad”, 2000, protagonizada por la cantante Björk).

Su última trilogía, intitulada “Estados Unidos - Tierra de Oportunidades”, tiene como hilo conductor una crítica a ese país y a su hipocresía, pero todavía no está acabada. Una prófuga llamada Grace Mulligan nos muestra un pequeño pueblo que se aprovecha de su situación criminal en “Dogville” (2003), para después luchar por la libertad de unos esclavos negros en “Manderlay” (2005). La tercera parte de la trilogía, “Wasington” (sin h), aun no ha empezado a filmarse.

Un tercer director amante de los ciclos, traído directamente de la Nouvelle Vague francesa, es Eric Rohmer. Pero de sus etapas ya hablaremos en la próxima entrega.
16 Marzo 2011 03:00:35
El plato que se sirve frío
Hay algo morboso y catártico en las películas de venganzas. Los protagonistas suelen estar indefensos al principio y quedan a merced de personajes abusivos. El público se identificará con la víctima que ha sido humillada (entre otras muchas variaciones, la humillación siempre permanece como una constante, pues detona el sentimiento). Los roles se intercambiarán y los que aprovecharon su fortaleza para mancillar al protagonista, obtendrán su “merecido” (que, normalmente, será un revés de su principal arma para así ser vencido en su propio territorio).

Aquí el sentido de la violencia se voltea: al lector le duele si al inocente protagonista lo han maltratando, sin embargo, si el inocente protagonista tortura, sodomiza o incluso mata a los que lo hicieron sufrir antes, el espectador no sentirá tantos remordimientos. Verbi gratia: “Kill Bill” (en sus dos volúmenes: 2003 y 2004), “I Spit on Your Grave” (en la versión original de 1978 y el remake de 2010 que en español se titula “Dulce Venganza”), “Revenge of the Nerds” (1984) y “Saw” (“Juego Macabro”, 2004) entre otras.

En una línea similar apareció en 1984 una película que alcanzaría el estatus de culto: “The Toxic Avenger” o “El Vengador Tóxico”, dirigida por Lloyd Kaufman y Michael Herz. El filme se centra en Melvin, un atolondrado conserje encargado de limpiar un gimnasio, donde abundan mujeres hermosas y hombres fortachones. Melvin cae en una de las crueles bromas realizada por los usuarios del local (que odian a Melvin sólo por ser socialmente inadaptado y tener una “sonrisa estúpida”) y, al tratar de escapar de las risas escandalosas y el escarnio, cae accidentalmente en un bote lleno de desechos tóxicos. Así se convierte en un monstruo que se deshará de la maldad y se vengará de todos los que le hicieron daño.

Con una trama así, el peor error que la película podría hacer es tomarse en serio a sí misma y, por fortuna, no lo hace. Las actuaciones son exageradas, la voz del monstruo es risiblemente doblada y, en algunas tomas, podemos hasta ver un micrófono asomándose por la escena. Esto daría a entender que la película es desechable, pero nada más lejos: su efecto cómico está siempre presente y su violencia gráfica y gratuita ha influenciado a varios (Quentin Tarantino y Peter Jackson, por mencionar algunos). El protagonista ataca en lugares como un restaurante mexicano (en donde los policías que investigan la escena aprovechan para comer tacos), un callejón o el gimnasio donde trabajaba, y entre sus tácticas desmembrará brazos, arrancará ojos, sacará entrañas y quemará cuerpos.

Con algunos guiños a “A Clockwork Orange” y “Psicosis”, la película es imperdible para los amantes de la violencia extrema y los curiosos del cine en general. Sin ninguna pretensión de ser cine de arte, “The Toxic Avenger” se burla constantemente de los estereotipos para lograr un final épico. Un final que el monstruo creado por el doctor Frankenstein hubiera deseado.
09 Marzo 2011 04:00:44
La generación del café y el cigarrillo
El café y el cigarro se han convertido en símbolos. Por un tiempo se les dibujaba como la eterna compañía del trasnochado escritor que, junto a una taza de café y una cajetilla de cigarros, escribía y escribía hasta la salida del sol (ahora el alcohol y el cigarro son las representaciones más comunes del escritor, para muestra Hank Moody de la serie “Californication”). Las charlas suelen ser animadas por el café y los cigarrillos: logran que los participantes hablen, discutan, debatan e incluso hasta filosofen. Jim Jarmusch encontró en estas elucubraciones la excusa perfecta para crear una película que se basara, exclusivamente, en pláticas de café. Así es como nació “Coffee and Cigarettes” (2003).

A través de una filmación sencilla (elementos visuales mínimos, la imagen en blanco y negro, pocos cortes), Jarmusch crea 11 cortometrajes (o viñetas) donde los personajes están tomando café y fumando. Lo importante de todo será la forma de relacionarse entre ellos y sus conversaciones, que van desde lo poco nutritivo que puede ser un almuerzo con base en el café y el cigarro hasta teorías sobre Elvis Presley y su hermano gemelo malvado. La película carece de una historia general, más bien hay pequeñas subhistorias que vamos descubriendo por las conversaciones pero que no se desarrollan: muchos parecieran chistes y otros, como el último segmento, resultan conmovedores.

Todos los personajes en la película tienen el mismo nombre que los actores, incluso algunos de los actores famosos aparecen interpretándose a sí mismos, como Bill Murray (y también se hacen referencia a sus películas “Groundhog Day” y “Ghostbusters”), Alfred Molina, Steve Coogan y Cate Blanchett. También algunos músicos actúan como ellos mismos: Iggy Pop, Tom Waits, RZA y GZA.

“Coffee and Cigarettes” puede interesar a los amantes de cintas que ofrecen diversos puntos de vista sobre un mismo tema, como “Paris, Je T’Aime” (2006), “Gente di Roma” (2003) o “New York Stories” (1989). Es una película que se sostiene por las actuaciones y por sus diálogos (algunos improvisados) y que puede resultar cansada a ratos cuando el espectador no termina por entender el por qué del segmento (hay algunos que pecan de inverosímiles).

El filme es un experimento que resulta inquietante si se piensa en todas las veces que hemos compartido un café y un cigarrillo con alguien: ¿qué pasaría si estuvieran grabando nuestra conversación? ¿Sería anodina o apasionante? ¿Estaría llena de silencios incómodos y excusas torpes? La próxima vez que estén en una reunión, tomando un café y dándole una calada al cigarrillo, piensen cómo interpretaría tu plática una persona ajena a tu entorno y, de paso, pregúntense cómo la filmaría el director. Jarmusch tiene la cualidad de hacernos pensar que nuestra vida puede ser blanco y negro, con tomas largas y llena de humo. Llenémonos de este no saludable pero sí placentero almuerzo en forma de película.
02 Marzo 2011 04:00:00
El Don Juan apático
Mientras aparecen los primeros créditos de la película, en la pantalla negra, escuchamos las teclas de una máquina de escribir, después un coche que se estaciona, la puerta del mismo que se abre, el repiqueteo de unos pasos (quizá unos tacones) y, finalmente, vemos la primer imagen: un buzón azul. Unas manos enfundadas en un par de guantes guinda abren el buzón y dejan un sobre rosa (de fondo musical “There Is an End” de The Greenhornes). Observamos cómo el servicio postal estadounidense clasifica la carta y, tras un largo proceso, la entrega a su destino: la casa de Don Johnston (Bill Murray), un hombre parco y solitario al que acaba de abandonar su “amante” (a pesar de que él no está casado). Así comienza “Flores Rotas” (“Broken Flowers, 2005) de Jim Jarmusch, director estadounidense reconocido por sus “estrafalarias” películas (aunque Jarmusch odia ese término).

La carta detona la historia. Su contenido es para alterar a cualquiera: “Han pasado casi 20 años desde la última vez que nos vimos, pero ahora hay algo que necesito decirte. Hace años, después de terminar nuestra relación, descubrí que estaba embarazada”. Don acaba de enterarse que tiene un hijo de 19 años y que el joven decidió ir a buscarlo. La carta es anónima y no tiene remitente. ¿Es acaso una broma? ¿Una venganza de una novia despechada? ¿Una trampa creada por su última amante? Johnston, con ayuda de su vecino aficionado a solucionar crímenes y a las novelas policiacas, hará un viaje en busca de sus ex novias para averiguar quién escribió esa carta y si es verdad que tiene un hijo.

Después de aquí seguimos a Don y vamos reconstruyendo un poco de su personalidad través de las mujeres de su pasado. Cada una representa una etapa del protagonista. La historia, sin soltarse toda de golpe, se va insinuando y todos los personajes parecieran tener algo escondido. Es como en una película de misterio en la que, en vez de descubrir quién es el asesino, debes saber quién es la madre de tu hijo. Incluso Don va encontrando “pistas” (sobre todo cosas de color “rosa”, el mismo color del sobre) que lo van guiando hacia la resolución (parcial) del enigma.

Tal vez sería un poco barato decir que, como en otras tantas películas, no importa el camino externo (el viaje), sino el interno (el autodescubrimiento) del personaje. Aquí al personaje parece no importarle tanto saberse padre o no: incluso el recorrido lo hace a regañadientes de su vecino. Don Johnston no es el que necesita encontrarse: es un personaje ya hecho que, probablemente, no cambiará mucho. Es el espectador el que se sabe sorprendido y tiene que reformularse sus ideas y planteamientos conforme avanza la cinta.

El espectador hace el mismo viaje que hizo la carta que aparece al principio de la película, pero a la inversa: debemos rastrear el origen de la misiva (junto con los orígenes de Johnston, de paso). “Flores Rotas” es ideal para disfrutarla tomando un café y fumando unos cigarrillos. ¿Acaso dije café y cigarrillos?

23 Febrero 2011 05:00:21
El hombre del diván
Según el humor moribundo (refiriéndome al tipo de humor y no a un humor que casi fallece) del prolífico director neoyorquino Woody Allen, todos vamos a terminar por conocer a un extraño alto y moreno. Y no tiene que ser, precisamente, un hombre encantador y simpático: el alto y moreno terminará por anunciarnos el sinsentido de la vida y nos llevará, si hemos de creerle a los griegos, al otro lado del Estigia (como se referencia, también de Woody Allen, en “Scoop” o “Amor y Muerte” de 2006).

“You Will Meet a Tall Dark Stranger” (bautizada en México como “Conocerás al Hombre de tus Sueños”, 2010) es una comedia sobre las relaciones de pareja. Deteniéndonos un poco en este punto, veamos de cuántas formas y estructuras Allen ha examinado este tópico (uno de sus preferidos, entre otros). Tenemos el mockumental en “Zelig” (1983), el hipnotismo en “The Curse of the Jade Scorpion” (2001), el musical en “Everyone Says I Love You” (1996), el asesinato en “Manhattan Murder Mystery” (1993), el descubrimiento en “Husbands and Wives” (1992), el viaje en “Vicky Cristina Barcelona” (2008), la ciudad en “Manhattan” (1979) y, por supuesto, en el epítome de sus comedias románticas, el enfoque paranoico y ecléctico del amor en “Annie Hall” (1977). El tema no es nuevo para Woody Allen y en “You Will Meet a Tall Dark Stranger” se crea a partir de la muerte: de una proximidad silente que ronda a escritores voyeuristas, ancianas esotéricas y mujeres atrapadas en sus vidas.

Una película donde todos obtienen lo que desean, pero logran adquirirlo de maneras incómodas, de formas que nunca habrían querido. La ironía del filme radica en eso, no en el sarcasmo aparente de los personajes que terminan llenos de sus obsesiones, sino en las mismas referencias subyacentes y su dinámica binaria y opuesta: el viejo y la joven, la divorciada y el viudo, el casado y la prometida. Todos, en algún momento, han saboreado ya lo que buscan pero lo perdieron y ahora intentan encajar la rama en el árbol. El escritor anhela el éxito que tuvo, el viejo quiere su juventud de vuelta, el viudo lucha por comunicarse con su fallecida (esto empieza a sonar como una alegoría de la carrera de Allen). El tiempo fue el caballo ganador, pero nadie pareció apostarle.

Ya lo han dicho: “Conocerás al Hombre de tus Sueños” no es lo mejor de Woody Allen. La película al final pareciera un poco “abandonada” aunque es seguramente su intención (con una línea de Shakespeare tomando al carrete de la mano). Con algunas escenas hilarantes y actuaciones impecables (aunque quizás algo estereotipadas dentro del cine de Allen y el cine en general), la película se salva por la maestría de su director que siempre sabe contar una historia e inmiscuir al espectador en sus vericuetos. Woody Allen tiene la capacidad de convertirnos en uno de sus personajes que, sin saberse orientado hacia la culpa o hacia el morbo, escucha a escondidas la terapia psicológica de un paciente. Y la disfruta.

16 Febrero 2011 04:00:47
Me tomo tu malteada
Suele existir una controversia entre los críticos y los directores que apenas están surgiendo. Los primeros califican a los segundos de pretenciosos o de simples imitadores de los grandes: que si utiliza la música como Kubrick lo hacía, que sus temas son muy godardianos, que recuerda a Hitchock en el manejo de la historia, etcétera. Recordemos que la creación parte de la imitación, sea de las obras de los demás o sea de la misma naturaleza. El estilo se va definiendo a través de la depuración y los nuevos creadores siempre seguirán, consciente o inconscientemente, a sus grandes maestros.

Todo esto va en defensa de Paul Thomas Anderson y de su (arriesgada) película “Petróleo Sangriento” (“There Will Be Blood”, 2007). Ganadora del Oscar a Mejor Actor, la película es de las clasificadas en “o la amas o la odias” (dura más de dos horas y a ratos parece lenta) y es fácil criticarla negativamente: es el camino más corto. Las actuaciones son sublimes o triviales. Los personajes son extremos y fuertes o mesurados y débiles. La historia resulta creíble o una falacia infame.

Vemos cómo el personaje principal, Daniel Plainview, se convierte de un trabajador que descubre petróleo por accidente en un acaudalado empresario. El protagonista claramente evoluciona: su forma de ser se ve mermada por el paso del tiempo y las experiencias de vida. Pero Daniel tiene un contrario, un joven religioso llamado Paul Sunday, que es el encargado de la Iglesia de la Tercera Revelación. Paul, opuesto de Daniel, es una presencia apenas bosquejada e incómoda, alguien que siempre estará ahí observándote con mirada reprobatoria. El fanatismo de Paul lo ciega, pero su constancia y sus desplantes religiosos lo mantienen firme en una fe retratada como un espectáculo. La película no se basa en la dinámica entre estos dos personajes, pero sus confrontaciones serán recurrentes e, incluso, ambos estarán luchando siempre en el terreno del otro.

Algunas críticas mencionan el cambio radical de Plainview en el transcurso de la historia y claman que es un lugar común que los pobres que se vuelven ricos se hagan “descorazonados”. Sin embargo, a pesar de que el cambio es obvio, el germen (y no la semilla) aparece desde un principio. Los actos de Plainview sólo tienen un leitmotiv: la ambición. Desde la primera escena hasta la última, Daniel se mueve hacia donde le indique el dinero. El personaje nunca se traiciona a sí mismo.

¿Y qué decir del final? Cabe entre lo ridículo y lo terrorífico, en un límite difuso donde las cosas han perdido perspectiva y la balanza está desequilibrada. La frase más amenazadora es “¡Me tomo tu malteada!” que, sacada de contexto, suena al juego de un niño de 5 años, pero, vista dentro de su espacio, el espectador entenderá la metáfora que funciona precisamente por su tono inmaduro.

Sólo queda cerrar con el título original de la película. Entre la crítica y el público, entre el director y su mensaje, y entre la lucha de poder de la religión y el dinero, efectivamente, “habrá sangre”.
09 Febrero 2011 04:00:13
El lobo disfrazado de cisne
Su director la describió como una película de hombres lobo. Sólo que en lugar de luna tenemos los reflectores de un teatro. Y en lugar de lobos tenemos cisnes. Pero la transformación sigue. Con “El Cisne Negro” (“Black Swan”, 2010) no hay escapatoria. La trama avanza por lugares que no pensabas recorrer: ensoñaciones continuas, acosos sexuales, escenas lésbicas. Seguro que la película está llena de hermosura, fragilidad y belleza, pero se muestran de maneras que hacen que el espectador revalore sus estándares.

Describir un filme de Darren Aronofsky, el director, puede provocar una angustia cínica (por su obvia intención) que golpea hasta al más perspicaz. Primero porque siempre existe este juego en el que nunca se sabe a ciencia cierta qué es lo que realmente está pasando, en contraposición de qué es lo que simbólicamente sucede. Y en segunda por las atmósferas creadas, donde un lugar común puede volverse el más extraño o un entorno seguro se convierte en hostil en segundos.

La historia sigue a Nina Sayers, interpretada por Natalie Portman, quien es una bailarina elegida para interpretar a la Reina Cisne en “El Lago de los Cisnes”. Pero la elegida debe interpretar un papel doble: El Cisne Blanco y el Cisne Negro, la bondad y la maldad, la inocencia y la pasión. El rol del Cisne Blanco es muy fácil para Nina, pero para lograr que el Cisne Negro sea perfecto deberá cambiar su personalidad: darlo todo por este papel hará que se convierta en su propia doble, que se tenga que reconstruir a partir de la destrucción.

Veamos algunos elementos. Tenemos la hermosura de la movilidad: el preciso desplazamiento y la sincronización de las bailarinas de ballet, van en conjunto con el trabajo de cámara que a veces es tranquilo y estático y después rápido y dinámico. La fragilidad de los cuerpos delgados de las bailarinas nos transporta al estado anímico, a punto del desplome, de los personajes. En momentos parecieran ser demasiado débiles para soportar las cargas y podrían terminar por doblarse bajo su propio peso. Y, por último, la belleza de lo exacto, de que todo parece estar en su lugar. Y aunque todo resulte algo perverso, desviado de lo natural, aún continúa siendo bello, estéticamente agradable.

Aronofsky cumple y continúa con sus tradiciones. Desde sus personajes recurrentes (como el tipo que aparece en varias de sus películas actuando como “el pervertido”) hasta sus ediciones rítmicas donde se van acumulando muchas cosas que terminan por explotar. Transmite de nuevo esa esencia que en “Pi” se deslumbra, en “Requiem for a Dream” se alucina, en “The Fountain” se trasciende, en “The Wrestler” se insinúa y en “Black Swan” se perfecciona: la búsqueda interna del ser humano hacia la propia redención (o a la trascendencia) puede llevarte a la locura. Pero si al final de todo, llegas a comprender... quizá el dolor habría valido la pena.
02 Febrero 2011 04:00:12
‘Y por un momento entendí’
“Cuando era niño, mi madre me dijo que no mirara al sol. Un día, a los 6 años, lo hice. Los doctores no sabían si mis ojos sanarían. Yo estaba aterrorizado. [...] Algo había cambiado dentro de mí”. Más que el inicio de una cinta (la que originó todo), resulta una declaración de principios. Las películas de Darren Aronofsky, director neoyorquino nacido en 1969, suelen tener una especie de atmósfera “turbia”. Los ambientes de sus filmes terminan por absorber a los personajes. Los protagonistas se encierran en sí mismos: en un pasado glorioso ahora desmoronado, en un presente donde no pueden desarrollarse y en futuro en donde depositan sus esperanzas.

Atrapados en las telarañas de sus mentes, Aronofsky pareciera transmitir un eterno dolor de cabeza (leve aunque constante) al espectador. En “La Fuente de la Vida” (“The Fountain”, 2006), Tomas quiere “curar” la enfermedad de la muerte; en “El Luchador” (“The Wrestler”, 2008), Randy pelea por reconciliarse con su vida desordenada y en “Réquiem por un Sueño” (“Requiem for a Dream”, 2000) los protagonistas se ven consumidos por sus adicciones. Ante la imposibilidad de extirparse el alma, viven apenas al margen, sobreviven de migajas imaginarias.

Desentrañemos sus orígenes cinematográficos. El primer largometraje de Aronofsky fue “Pi” (“Pi, el Orden del Caos”, 1998). Filmada en su totalidad en blanco y negro, y con una “textura” diferente dependiendo del escenario (con un juego entre exteriores e interiores), la cinta contagia el sentimiento de locura de Max Cohen, un matemático que pretende encontrar una forma de predecir la bolsa de valores. Al avanzar en sus investigaciones descubre una cifra de 216 números que parece tener un valor más allá del matemático.

“Pi” consiguió poner a Aronofsky en la mira. Con una edición trepidante y el uso constante de escenas cortas que se repiten y que introducen al lector fílmico dentro de la paranoia de Max (llamado “montaje hip-hop”, recurso que después el director reutilizará en “Réquiem por un Sueño” para mostrar el efecto de las drogas), esta película resulta perfecta para los amantes de las conspiraciones. Basta con hacer la suma: un matemático esquizofrénico + religiosos extremistas + un número misterioso = “Pi”.

Una película que no se soporta con el suspenso, sino con la tensión y que transmite la asfixia de estar perdiendo la interpretación de la realidad: cuando la mente se sobrecarga y todo empieza a mezclarse en una espiral incontrolable, el caos reina. Y controla.

Curioso que en esta película el uso del color blanco (la brillantez, la exagerada luminosidad, el sol) prevalezca como metáfora de la genialidad de su protagonista, en contraposición con una Natalie Portman imbuida en negro en “Cisne Negro” (“Black Swan”, 2010), película también dirigida por Aronofsky. Pero esto lo seguiremos discutiendo en la siguiente entrega.


26 Enero 2011 04:00:31
Huir es la vida; quedarse, la muerte
Pueden verla como una historia romántica. Muchos creen que la relación entre un vampiro adolescente y un ser humano es una falta de respeto a la tradición vampiresca, que es una burla. Saber que esta película es la adaptación de una novela también ha causado controversia. Los comentarios de odio no se han hecho esperar: critican las actuaciones, las partes que no se adaptaron del libro, los efectos especiales. Creen que todo es una excusa para recaudar dinero. Pero yo defiendo esta película de vampiros. Y sí, la disfruté. Hablamos, claro, de la película sueca “Déjame Entrar” (“Låt den Rätte Komma in”, dirigida por Tomas Alfredson, 2008). ¿Hay otra?

La película empieza con el pequeño Oskar, un joven que todo el tiempo es molestado en su escuela. Oskar no tiene el valor suficiente para defenderse, a pesar de que siempre piensa en hacerlo y fantasea con su revancha. Hasta aquí podría sonar a una historia con un final moralista, donde el niño toma las riendas de su vida y les da su merecido a los abusadores (de manera en que no nos ofendamos). Para nada.

A su vida llega Eli, una adolescente que tiene “como” 12 años... y que ha tenido 12 años durante mucho tiempo. Esta joven acaba de mudarse, junto con su padre, al departamento contiguo al de Oskar. Pero no es como cualquier niña: Eli se alimenta de sangre, puede escalar paredes y cambiar completamente de una joven que parece inocente a una sanguinaria homicida (¿qué otra cosa puedes hacer si la sangre es como tu oxígeno?).

Nosotros, cual voyeurs espiando desde la ventana de un edificio, vemos esta relación entre vecinos y cómo se va desarrollando: con una lentitud que no cansa, los muchachos van completando su relación, construyéndola a través de miradas, palabras, música, diálogos simples y sangre. Con escenarios llenos de nieve, silencios nocturnos y rojos manchando a la blanca pureza, logran vencer el artificio de muchas otras películas donde existen momentos prediseñados para ganarse la simpatía del público: aquí conectamos sin esfuerzo con los personajes.

La relación entre los dos desarrolla un lenguaje específico, el código morse, que los comunica y los hace únicos (y a veces no se revela al espectador qué es lo que se dicen), usuarios de una vida propia pero compartida. También, Eli le dejará algunos mensajes escritos a Oskar (como el que titula esta columna) que nos irán preparando para lo que sucederá eventualmente.

Vale la pena revisarla para compararla con su remake, “Let Me In” (dirigido por Matt Reeves, tan sólo dos años después de la original) también traducida como “Déjame Entrar”. Una historia de amor, de romance y de suspenso que pone un eslabón más al mito vampírico y satisface el sueño de venganza de muchos adolescentes. Dejen entrar a los vampiros a su casa.
19 Enero 2011 04:00:46
Una copia de una copia
(2/2)Describíamos en la entrega pasada cómo “Psycho” y “Primal Fear” marcaron el tópico de la “personalidad múltiple” en las películas. Entremos de lleno, ahora, a un filme que demostró que tras las peleas físicas se esconde el hartazgo y el desasosiego urbano.

Otra vez con Edward Norton (quizá tenga cierta predilección por estos papeles, pues en “The Score” con Marlon Brando, también interpreta brevemente a un personaje que se hace pasar por otro) encontramos el mismo recurso utilizado en la “bipolar” “Fight Club” (“El Club de la Pelea”, dirigida por David Fincher, 1999). “Bipolar” porque la película puede ser un balde de agua fría en la concepción del mundo (un grito donde claman que lo que posees acaba por poseerte) o puede considerarse como una utopía adolescente fantaseada por adultos (Roger Ebert la calificó como “macho porn”). La película urge en la necesidad del cambio: su protagonista, el Narrador (otro punto importante: el protagonista carece de nombre, como, descubriremos, carece de identidad fija), empieza a cuestionarse su vida programada, llena de muebles IKEA, su trabajo de oficina donde todo parece una copia de una copia de una copia. Cuando se encuentra con Tyler Durden (Brad Pitt) en un avión, es como si el Narrador hallara a una parte de él mismo. Literalmente.

En “El Club de la Pelea” la dualidad se representa desde que los personajes se confrontan: sus diferencias físicas son obvias pero las ideológicas son las que destacan. Uno vive en la perfección, el otro en el desorden; uno tiene un departamento exacto, el otro vive en una pocilga; uno quiere estar completo, el otro clama por ser incompleto. Contando con una filosofía propia lo suficientemente fuerte para convencer a una generación (al menos de los espectadores que la convirtieron de culto), el motivo de la doble personalidad aparece como un grito ensordecedor que hace “click” en nuestra mente. La guerra contra nosotros mismos jamás había sido expresada como en “Fight Club”.

A partir de esta película, las que le siguen pueden resultar predecibles. Dependiendo de cuál veas primero, puedes intuir qué está sucediendo en “Secret Window” (2004) antes de que lo expliquen. Lo mismo pasa con “The Machinist” (2004) y, bueno, en “Identity” (2003) te lo venden desde el título.

Como dice Charlie Kaufman en “Adaptation.”: “La única idea más usada que la del asesino en serie, es la de la personalidad múltiple”. Un recurso válido pero que no puede explotarse mucho, a riesgo de que el espectador se le adelante al filme. Saber qué es lo que va a pasar en la película hace la experiencia desagradable: queremos que nos reten, no que nos den palmaditas condescendientes. Puede empezar a volverse trillado si se utiliza sólo como base para el filme y no como apoyo. Aún le queda mucho por explorar a este recurso pues, aunque no al extremo, el ser humano suele estar bifurcado: ¿quién no ha sentido que tiene dos personalidades?
12 Enero 2011 05:00:14
Una copia de una copia (1/2)
*NOTA: La siguiente columna contiene spoilers, es decir, revela o insinúa datos claves y partes importantes del argumento de las películas. Se recomienda la discreción del lector.

Hay muchos elementos que se repiten en el cine. Recursos que se explotan al por mayor. Situaciones que ya conocemos tan bien que las damos por sentadas. Como cuando un personaje sin importancia muere en una escena sólo para demostrar lo malvado que es el antagonista. O cuando los villanos proceden del Medio Oriente y así se justifica su forma de actuar. O el estereotipado héroe que siempre hace lo correcto sin importar las consecuencias. La mayoría de las películas actuales se conforman por una suma de estos elementos “identificables” que hacen sentir al espectador en confianza. Es por eso que, por más original que sea una película, casi siempre encontramos una o dos cosas que ya hemos visto antes. La pregunta, entonces, sería: ¿cuál fue la película cero, la que creó lo que después se convertiría en un cliché?

Concentremos nuestra atención en las veces en que se ha mostrado la “doble personalidad” o la “personalidad múltiple” en pantalla. Siendo que en “Dr. Jekyll and Mr. Hyde” la transmutación de personalidad se hace obvia (por la transformación física y el cambio de nombre), en otros casos aparece más velada. El ejemplo más famoso resultaría el de “Psycho” (“Psicosis”, 1960) del llamado “master of suspense” Alfred Hitchcock. Dos momentos ha dejado esta película para la memoria colectiva: el asesinato de Marion perpetrado en la bañera (mientras los chillantes violines de Bernard Herrmann suenan al fondo) y el descubrimiento de quién es en realidad la madre de Norman Bates (que sólo había aparecido insinuada). Sólo Hitchcock podía ser tan valiente como para tener dos giros en la trama igual de efectivos: el primero por el azoro (¿en cuántos filmes matan a la protagonista de la película?) y el segundo por la originalidad. Un deleite narrativo y psicológico (incluso el psicoanalista Slavoj Žižek ensayó sobre el cineasta en un libro titulado “Todo lo que Usted Siempre Quiso Saber Sobre Lacan y Nunca se Atrevió a Preguntarle a Hitchcock”). Si no fue la primera película que “inventó” la doble personalidad, al menos sí la más popular.

Encontramos otro filme con el mismo tópico en 1996: “Primal Fear” o “La Raíz del Miedo”. Richard Gere protagoniza este drama judicial al lado de un actor poco conocido en ese entonces: Edward Norton. Gere actúa como Martin Vail, un abogado que representa a Aaron Stampler (Norton), un joven acusado de asesinato. Sin embargo, Aaron, tímido y apacible, sufre de trastornos de la personalidad y jura que él no recuerda nada de lo que pasó. Es cuando Roy, álter ego de Aaron, agresivo y violento, se adjudica el crimen. Vail tratará de probar que Aaron está enfermo y debe ir a un hospital psiquiátrico en lugar de a la cárcel. Contrastando con “Psycho”, la trama tematiza con el hecho de la doble personalidad y no la usa como factor explosivo (aunque basta con esperar la confrontación final entre Aaron y Vail para encontrar una sorpresa).

siguiendo con el tema, en la siguiente entrega hablaremos de una película que ha marcado a toda una generación: “El Club de la Pelea”. Hasta entonces.

05 Enero 2011 04:00:38
ElecTrónico
Era 1982 cuando una película llevó al extremo la idea de la “realidad virtual”. En la época de las “maquinitas”, los famosos juegos de Arcade proliferaban. Así es como, entre clásicos como el “Pong”, “Pac-Man” (referenciado en la película) y “Donkey Kong” surge “Tron” (el filme que antecede a “Tron: Legacy” de 2010). Pero “Tron” no sólo ha influido a su secuela; sentó las bases, al utilizar algunas secuencias de animación por computadora, para que otras cintas pudieran existir. Incluso John Lasseter, director de los estudios Pixar, declaró que sin “Tron” no habría “Toy Story”.

La película juega con dos mundos: el externo y el interno; en el que se mueven los seres humanos y en el que interactúan las computadoras; el de los usuarios y el de los programas. Desde las primeras imágenes encontramos estos dos universos empatados: en un local de maquinitas, un usuario de videojuegos está tratando de vencer a una computadora. Por fuera, para la persona que juega es sólo una excusa para pasar el rato, pues ganar o perder no le representará nada más allá de la frustración o el orgullo. Pero, dentro de la máquina, un inocente programa (de contabilidad o de cálculo, quizá) está siendo destruido. Cuando Flynn, un hacker que busca redimirse ante una injusticia laboral, es aducido por la computadora, deberá arreglárselas para poder sobrevivir.

Dentro de esta segunda realidad, hay una creencia que suena muy humana: la de que, cada programa, cuenta con un usuario. En la religión cristiana todos los humanos tienen un solo Dios, pero para ellos cada programa tiene un solo usuario. Sin embargo, también hay gente que no cree en los usuarios y tachan a los que tienen esta creencia de “locos religiosos”. “Si no tengo un usuario, ¿quién me programa?” se preguntan ellos mismos. El programa central sólo atrapa a los que tienen fe, como si quisieran eliminar ese pensamiento para, finalmente, gobernar sin nadie que pueda rebelarse.

Con algunas fallas en el guión (o, quizás, sea mejor decir “omisiones”, pues, a partir de que el protagonista es absorbido, la película sólo se centra en el mundo computarizado y se olvida completamente del real, a pesar de que una trama paralela podía estarse desarrollando), “Tron” funciona al mismo nivel como metáfora y como una atrevida premonición, pues, aunque aún no hemos sido literalmente absorbidos por una computadora, sí supone ser un aparato que aliena y mesmeriza a todos por igual. Pareciera que, en lugar de ser usuarios programando una computadora, nos convertimos en simples programas usados por la computadora.
29 Diciembre 2010 05:00:17
Prólogos fílmicos
Introducir un nuevo mundo a la audiencia cinéfila resulta retador. Es decir, ¿cómo va a lograr el director que la gente que ve la película se olvide por completo que es un trabajo de ficción? ¿Cómo presentar a todos esos personajes (espías, atletas, periodistas, nerds) y hacerle creer al público que son verdaderos? Peor aún, ¿cómo disfrazar a esos seres fantásticos (elfos, gnomos, duendes, magos, hobbits) que sabemos que en la fría realidad no existen pero que en la pantalla deben parecer reales? Bueno, en algunas películas optan por crear una pequeña introducción, donde, como si fuera un cotillón cinematográfico, se dan a conocer sus protagonistas.

Tomemos como primer ejemplo “The Royal Tenenbaums” (“Los Excéntricos Tenenbaum”, 2001) de Wes Anderson. En una de las primeras escenas, llamada precisamente, “Prólogo”, vemos la historia temprana de la familia Tenenbaum. Conocemos a los tres niños superdotados (uno experto en finanzas, una escritora becada y un tenista exitoso), sus relaciones y su desastrosa interacción. El resto de la película se desarrolla muchos años después, cuando los niños ya han crecido y sufren las repercusiones de su inestable infancia.

Quentin Tarantino, rey de las referencias “pop”, es también fanático de hacer introducciones en la mayoría de sus películas: en “Reservoir Dogs” un grupo de hombres trajeados filosofa sobre una canción de Madonna y el por qué dejar o no dejar propina en los restaurantes; en “Jackie Brown” seguimos a una azafata, la protagonista, por el aeropuerto en camino a un avión, en “Kill Bill: Vol. 1” encontramos a una novia, medio muerta, respirando copiosamente y en “Pulp Fiction” (“Tiempos Violentos”, 1994), vemos a una pareja de novios que resultan ser ladrones. Lo destacado de esta última introducción es que estos personajes no vuelven a salir hasta el final de la película, por lo que el espectador va a estar preguntándose qué habrá pasado con ellos.

Una última introducción destacada es la de “Magnolia” (1999), dirigida por P.T. Anderson. Vemos, antes de la presentación de los personajes, tres historias que se han desarrollado gracias a las coincidencias (unos asaltantes cuyos nombres son iguales al del lugar del atraco, un asesinato involuntario y un suicidio convertido en homicidio). Las historias se relacionan con el resto de la película temáticamente, puesto que el azar será el que una a los personajes entre sí.

Entre otras introducciones recomendables están la de “Snatch” (2000) de Guy Ritchie, “Annie Hall” (1977) y “Manhattan” (1979) de Woody Allen, o “The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring” (2001) de Peter Jackson. Muchas de estos ejemplos, si las separamos de su contexto fílmico, pueden funcionar como cortometrajes. Son prólogos construidos con imágenes.
22 Diciembre 2010 05:00:25
Lo escrito permanece
La figura de los escritores normalmente está rodeada de mitos. Uno suele imaginarse a un genio, despeinado y de filoso semblante, frente a la hoja en blanco: a su izquierda, un montón de libros y a su derecha, media docena de papeles arrugados. Lo miramos, desde nuestra imaginación, acuciosamente, en espera de que descubra el vellocino de oro de su escritura y deje a la posteridad algún “¡eureka!” como Arquímedes o un “what’s done is done” shakesperiano. Su futuro literario quedará asegurado por la exactitud y grandeza de sus escritos, y su camino, lleno de sufrimientos terrestres y gozos celestiales, estará constantemente marcado por sus éxitos y fracasos.

Sí, la descripción puede sonar exagerada y cursi, pero la mise-en-scène de los escritores en el cine y la televisión siempre encaja, por una parte, con la excentricidad y, por otra, con un afectado sentido de la vida. Para algunos ejemplos, basten los siguientes botones: Jonathan Ames de “Bored to Death” trabaja de detective privado en las noches, Hank Moody de “Californication” es un alcohólico y mujeriego incontrolable, Liz Lemon, de “30 Rock”, es socialmente inadaptada, Jill de “Manhattan” está empeñada en usar sus textos como una futura venganza y Charlie Kaufman (basado en el guionista de la película) de “Adaptation.” sufre constantemente de inseguridades y problemas de inferioridad. Todos escritores en la ficción, todos llenos de complejos.

Caben mencionar el paralelismo de dos escritores que terminan consumidos por su propio entorno: Jack Torrance de “The Shining” (“El Resplandor” dirigida por Stanley Kubrick en 1980) y Barton Fink, de la película homónima de 1991 (de los hermanos Coen). Curiosamente, ambos acaban viviendo en un hotel, donde padecen de similares trastornos. El primero se queda aislado en el Overlook, rodeado de nieve y lejano de cualquier pueblo. El segundo asiste al Earle (cuyo lema anuncia “Para un día o para toda la vida”), hotel alejado del estilo hollywoodense y que parece ser una referencia al infierno. Los dos sufren del conocido “bloqueo de escritor”: son incapaces de producir palabra alguna. Y los dos, al final, serán pasivamente absorbidos por su ambiente.

Como dato adicional, Stephen King, autor de la novela en la que se basa “The Shining”, suele utilizar escritores como personajes principales. Allí tenemos las adaptaciones de “Misery” (1990), “Secret Window” (2004) o “1408” (2007).

Sirva esta lista miscelánea de filmes para aproximarse a la figura del escritor. Quedémonos con la idea del escritor como el perfecto arriesgado, el idílico bufón blanco de las críticas o de las alabanzas, que no puede retirar jamás lo escrito, pues sus palabras están talladas en la hoja y lo acusan o lo salvan (“verba volant, scripta manent”). Condenado a la hoguera o a la gloria, el fin último del verdadero escritor es siempre el de ser leído. Y cualquier otra pretensión, no llegarán a ser más que simples bagatelas.

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