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Alberto Aziz Nassif
Alberto Aziz Nassif
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Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.

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04 Julio 2017 04:00:00
La obsesión por las alianzas
El pragmatismo se ha instalado en los partidos políticos desde hace mucho tiempo, pero ahora la urgencia por llegar a la sucesión presidencial de 2018 en una posición competitiva, ha propiciado una obsesión por las alianzas electorales.

Desde hace años se han tratado de mezclar el agua y el aceite, es decir, lo poco que queda de referencias de izquierdas y derechas en el PAN y el PRD. Lo han hecho para enfrentar juntos elecciones estatales y en varios casos han tenido resultados positivos en las urnas. Para situar el escenario político actual de las alianzas se pueden analizar al menos dos perspectivas: la que pone por delante el eje de autoritarismo vs. democracia, que hoy se alimenta por un priismo que ha regresado a los viejos tiempos de partido-Gobierno, como lo acaba de hacer en el Estado de México. Así, se puede entender la idea de formar un frente amplio de oposición para detener la restauración del viejo régimen que ya se ha instalado para conservar el poder el próximo año. El otro eje es la diferencia de plataformas ideológicas y políticas públicas entre izquierdas y derechas. La jerarquía entre los dos ejes depende del momento y de los intereses, pero, sobre todo, del oportunismo de la clase política.

En este juego de las alianzas hay muchas máscaras y diversas fintas que es necesario entender. La idea de un frente amplio (PAN-PRD) se ve complicada porque hay diversos grupos opuestos en cada uno de los partidos que se quieren coligar. Además, los problemas estratégicos son diferentes para cada uno.

El panismo tiene que resolver —sin rupturas— el enfrentamiento entre sus tres posibles candidatos, lo cual no será sencillo sin dejar en el camino algunos heridos que pueden dividir sus opciones. El panismo sí aspira a ganar y quiere sumar a otros en donde puede estar, de forma subordinada, el PRD, o al menos ciertas tribus de ese instituto. Para el PRD no hay una aspiración de competir para ganar, entre la sangría que le ha provocado Morena, la ausencia de liderazgos con potencia para competir, incluido Mancera, su debate interno está entre elegir ser una suerte de Partido Verde con el panismo, lanzar una candidatura propia o hacer un acuerdo con López Obrador. En esas tres opciones lo que se juega el perredismo es conservar puestos y recursos para seguir en el juego, pero ya no como uno de los tres grandes, sino integrado al grupo de los chiquitos.

La idea del frente tiene otros ángulos de análisis, como las opciones dichas y las ocultas. Los promotores del frente declaran que se trata de un acuerdo político amplio e incluyente, en donde pueda entrar hasta AMLO. Pero en realidad se sabe que este discurso es retórica vacía. El objetivo declarado es detener al PRI, pero hay otros actores que en realidad quieren detener a AMLO y dificultarle un posible triunfo, como la corriente de Los Chuchos. Por su parte Morena y su líder han descartado ir en una alianza amplia con el PRD y Movimiento Ciudadano y sólo aceptan el vínculo con el PT. Lo cual supone una alianza restringida.

Lo que se perfila a un año de las elecciones de 2018 es la formación de un juego de tres competidores partidistas con sus alianzas: el PRI y sus prótesis de la misma forma en la que jugó en el Estado de México (PVEM, el Panal y PES); en el otro lado estarán Morena y el PT y el tercero será panismo que podrá ir en alianza con el PRD, o sin alianza. Si fracasa el frente, lo cual es probable, entonces el perredismo irá por su cuenta a ver qué puede recuperar de lo perdido.

En otra parte del escenario estará el núcleo de los independientes, una novedad que ya anuncia una gran diversidad que va del lado social con Emilio Álvarez Icaza y Marichú Patricio Martínez, hasta la parte de políticos reconvertidos en “independientes”, como “El Bronco” y una larga lista de aspirantes. De cualquier forma, la obsesión por las alianzas es ya un dolor de cabeza para los que quieren enfrentarse al PRI y a AMLO.

Sin conocer aún los acontecimientos que le darán forma a la disputa por el poder, escándalos y sorpresas, rutinas y novedades que llenarán la vida pública de los próximos 365 días, la obsesión por las alianzas domina la vida partidista hoy…
14 Agosto 2012 04:00:30
La crisis en el PAN
A medida que se termina el sexenio Felipe Calderón quiere sacarle brillo a las pesadas herencias y fracasos de su gobierno. No se resigna a irse derrotado; tampoco hace autocrítica y casi todos los días nos receta una “buena” noticia, porque según él se han creado muchos empleos, la violencia ha disminuido, da consejos electorales y ahora celebra en Palacio Nacional la reforma política que dijo fue “un paso importante en la evolución del régimen democrático”.

Sin embargo, la realidad es muy diferente, el empleo no creció, sino la informalidad; la violencia sigue cobrando vidas, los monopolios se fortalecen, la distribución de la riqueza se polariza de forma creciente y la democracia ha retrocedido en transparencia, libertad de expresión, satisfacción ciudadana. Si lo panistas quieren saber porqué perdieron el 1 de julio sería bueno que leyeran a Lorenzo Meyer, Tramas del calderonismo (Reforma, 9/VIII/2012).

Un caso emblemático de los tiempos que corren es el decreto de reforma política y, sobre todo, el acto celebratorio de su firma, como si fueran cambios fundamentales para el sistema político, cuando significan una miscelánea limitada. Si comparamos la propuesta de Calderón en diciembre de 2009, y lo que se promulgó el 8 de agosto, hay una distancia abismal. Si al proyecto calderonista le hacían falta piezas importantes (ley de medios, ley de partidos, revocación de mandato, completar autonomía en transparencia, entre otras), lo que aprobaron los legisladores es una mínima expresión de lo necesario.

El sistema político en México está tensionado por la desconfianza ciudadana, el dominio de los poderes fácticos ante una débil capacidad estatal para regularlos, un amplio y justificado desprestigio de la clase política que está distante de la ciudadanía, legisladores que gastan de forma millonaria y entregan resultados miserables (ver el costo de las comisiones especiales, EL UNIVERSAL, 13/VIII/2012), instituciones democráticas con una débil presencia ciudadana, con la excepción del espacio electoral.

La reforma aprobada tiene 8 cambios constitucionales, de los cuales la mitad son modificaciones a trámites: Un mes más para la revisión de la cuenta pública; ratificación por parte del Senado de integrantes de los órganos reguladores; mecanismos para sustituir al Presidente de la República en caso de falta absoluta; y alternativas para la toma de protesta al Presidente de la República, facultad que quizá se va a estrenar el próximo 1° de diciembre. Los otros cuatro cambios son reformas políticas: Hay tres nuevas modificaciones para la ciudadanía, la facultad para iniciar proyectos de ley, las candidaturas independientes de los partidos y las consultas populares. La otra reforma es la iniciativa preferente para que el presidente pueda tener dos iniciativas al inicio de cada periodo de sesiones. Quedan para mejores tiempos la reelección consecutiva, la segunda vuelta, la revocación de mandato, la democratización de los medios, la reducción del Congreso, la disminución del financiamiento público de los partidos, la transparencia de los partidos como sujetos obligados, el veto parcial del presidente.

Pero vayamos a las reformas que supuestamente le darán más poder al ciudadano.
La iniciativa popular queda establecida, pero falta ver qué requisitos van a normar esta nueva facultad. No hay que hacerse ilusiones, si muchas veces las iniciativas importantes que presentan los partidos quedan archivadas, qué puede pasarle a las que presenten los ciudadanos. Sobre las candidaturas independientes se abre una enorme caja de sorpresas porque mientras sigamos con la obsoleta regulación sobre medios, no será extraño ver a candidatos apoyados por las televisoras sin pasar por los partidos. Sin dejar de lado que llegarán candidaturas auténticamente ciudadanas. Ya se verá en los detalles del financiamiento y de acceso a medios si estas candidaturas se vuelven competitivas y viables, como contrapeso a la concentrada estructura partidocrática. La otra reforma es la consulta popular que para el caso de la ciudadanía necesitará 2% de la lista nominal, es decir, un millón 600 mil ciudadanos y para que el resultado sea vinculatorio se necesitará que sea votada por un 40% de la lista, lo que equivale a 32 millones de votantes. Quedan fuera de una consulta popular lo electoral, los ingresos y gastos del Estado, la política de seguridad y el funcionamiento de las Fuerzas Armadas.

Entre el déficit democrático y la modorra legislativa, entre necesidades y resultados, entre lo que se propuso, lo que falta y lo que se aprobó hay poco que celebrar de esta reforma, a pesar de que los políticos en Palacio Nacional estaban muy sonrientes…
15 Febrero 2011 04:10:48
Que no ganen los de siempre
Nuestra vida política está plagada de rasgos que nos recuerdan al viejo régimen autoritario que hemos tratado de enterrar durante años, pero que emerge de forma cotidiana todos los días. En estos días la salida de Carmen Aristegui de MVS es una buena razón para volver a tocar un tema muy tratado que no ha cambiado: la situación de los medios de comunicación en México, en el contexto de un grave debilitamiento del Estado. Este es el problema de fondo y Carmen Aristegui lo explicó en su conferencia de prensa el pasado 9 de febrero.

La salida de MVS fue aparentemente por un comentario editorial sobre una nota, por una pregunta que hizo la periodista: “¿Tiene o no problemas de alcoholismo el presidente de la república?”. No hubo injuria, rumor o falsedad, no se transgredió la ética, simplemente se formuló una pregunta y la respuesta fue el cese. Por supuesto, el escrutinio público del poder es una condición básica de cualquier democracia, pero la nuestra todavía mira hacia el viejo régimen. Se penaliza a una periodista por preguntar. Tampoco se trata de un escrutinio que vulnere la frontera entre lo público y lo privado, y los ejemplos que seleccionó Carmen son muy adecuados: Clinton y el vestido azul, la salud de Dilma Rousseff, los abusos de Berlusconi, que ahora son motivo de repudio popular en Italia. Este no debería ser el problema.

Pero este tema se ubica en otro problema mayor: el tipo de sistema político que posibilita que un empresario de los medios tenga que tomar decisiones humillantes para quedar bien con el presidente. Porque al final de cuentas, la Presidencia es la que decide si las concesiones van o no van, si se retrasan o simplemente se niegan, si se refrendan y cuándo, en fin, se trata de un espacio de poder, que, como otros, está sometido a la discrecionalidad del poder. Nuestra democracia tiene un importante déficit en esta materia. Sin embargo, ya no estamos frente al presidente mexicano todopoderoso que decidía en la soledad de su oficina los destinos del país; ahora hay fuerzas, intereses y poderes que presionan, modulan y establecen sus condiciones de forma mucho más directa que en el viejo régimen. Se trata de poderes fácticos que ordenan y definen su mejor interés, y la clase política simplemente dobla las manitas. Este es el mundo del duopolio televisivo que por supuesto no quiere a nuevos jugadores en las pantallas del país. Este es el fondo del caso Aristegui. Decisiones postergadas y parálisis de las reformas que necesita el país en materia de medios, así como en otros ámbitos de la vida pública.

La complicada relación entre el gobierno y los medios apunta a una dimensión más preocupante y Carmen lo enunció: el progresivo debilitamiento del Estado, la supeditación de las instituciones y los poderes constitucionales a intereses facticos. Hay una línea de captura del Estado que va de la Presidencia al Congreso, pasa por el poder judicial y llega a los órganos reguladores. Poderes fácticos que no sólo tienen a sus representantes en el Congreso, sino ya construyeron una candidatura a la presidencia.

Desde la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi), a la cual pertenezco, se ha planteado una reconsideración a las partes en conflicto, una salida digna para recuperar un espacio muy valioso. Porque hay razones de peso para reconsiderar decisiones equivocadas. Sin duda, este sería el mejor escenario. Si la decisión permanece habrá muchas perdidas y sólo ganaría la polarización; ganarían los poderes y los intereses que se visibilizan en el espacio de Carmen. La gravedad de la crisis del país necesita abrir los espacios porque nuestra democracia está en un momento crítico, por la violencia, por la tragedia de miles y miles que han perdido la vida, por la inseguridad cotidiana que nos amenaza diariamente. Si seguimos por esta ruta, será una muestra más de que no hay más ley que la de los intereses poderosos.

No porque se recupere un espacio radiofónico van a cambiar las cosas, pero desde estos espacios cotidianos se puede continuar con la tarea fatigosa de la crítica, el escrutinio de lo público y el análisis del poder. Porque los espacios de la crítica en los medios son un contrapeso indispensable para resistir el pesado tránsito por este momento trágico de nuestro país. En la pluralidad de voces se construye la democracia. Los poderes fácticos han cerrado espacios, porque la irresponsabilidad de la clase política ha llegado muy lejos y la complicidad ha deteriorado los espacios públicos.

Desde este espacio pedimos que Carmen Aristegui tenga de nuevo su micrófono, porque eso sería un signo de que, a pesar de que vivimos hoy bajo las reglas del viejo régimen en materia de radio y televisión, se pueden tener opciones. Ojalá que no ganen los de siempre. Ya veremos…

01 Febrero 2011 04:47:28
Guerrero, una probadita del país
A la memoria de don Samuel Ruiz

Las elecciones en Guerrero se pueden leer como una muestra de qué está pasando con la política en el país. La visibilidad que dan unos comicios estatales permite ver contradicciones y absurdos a disposición de la clase política para hacer lo que convenga a sus intereses. El juego que se hace con los rituales electorales se llama pragmatismo, violencia, clientelismo, todo menos perspectivas para el desarrollo de ese estado, que tiene índices de pobreza muy elevados y necesidades de bienestar en educación, salud, infraestructura. Lo que importa es ganar, los costos no tienen importancia, eso es Guerrero, y así serán las próximas contiendas electorales hasta llegar a la sucesión presidencial de 2012.

Han quedado en el olvido la política, los partidos y los proyectos, cuando expresaban diferencias, cuando las siglas de un partido abrían la posibilidad de imaginar cambios, cuando elegir representantes tenía sentido porque el voto ciudadano se sumaba a otros miles para hacer políticas públicas y resolver problemas importantes. Alguna vez existió la idea de que la alternancia hacía cambios, porque había diferencias importantes si ganaba la oposición o si continuaba el mismo partido en el poder. Esa perspectiva se fue diluyendo y quedó como una utopía.

En su lugar, nos llenamos de comicios que cada día son más sucios, con competencias donde predominan los intereses fácticos y los medios masivos en la política partidista y en sus candidatos. Poco a poco, la alternancia se generalizó, pero sus resultados dejaron espacios muy similares, incluso, en ocasiones, más deteriorados que antes de la alternancia. Se privilegió el pragmatismo, siempre sano en la vida política, pero al extremo de que hizo irreconocible las diferencias entre candidatos, partidos y proyectos. El que estaba en un partido y no obtenía una candidatura al día siguiente era el candidato en otro partido; el intercambio de candidatos se volvió moneda común. Cada día se agudiza más este fenómeno que podemos denominar transpolítica. Políticos intercambiables para mantener el juego de privilegios de los que ganan, independientemente de quién ocupe los cargos.

Así, con mucho dinero público, acceso a radio y televisión y con árbitros a modo, los partidos y sus élites desplegaron el juego de la política como reparto de privilegios, altos salarios y pocos mecanismos para rendir cuentas. El único factor que interrumpe ese juego son las elecciones, momentos en que cada tres o seis años hay que convencer a los electores de que el reparto del pastel es para todos. Para ello se usan los recursos públicos disponibles, porque para la mitad de los electores su condición ciudadana se encuentra muy vulnerable y los hace parte de la ingeniería del clientelismo, de los intercambios de votos por apoyos: el espacio de las despensas, los materiales de construcción, las promesas de incorporación a los programas sociales y la latosa obligación de prestar la credencial de elector, asistir al mitin, ir al desayuno y luego pasar lista para votar en una casilla.

Las caras de los candidatos enmarcadas en los colores de los partidos y las coaliciones no hacen prácticamente ninguna diferencia. Si el juego era entre Manuel Añorve o Ángel Heladio Aguirre, sabemos que ambos vienen del mismo origen, el PRI, pero ahora uno trae la cachucha de sus viejos rivales perredistas. Los partidos forman coaliciones que adoptan nombres y consignas y así llegan al elector. En este caso fueron: “Guerrero nos Une”, frente a la otra coalición que se llamó “Tiempos Mejores para Guerrero”; cada una podría ser título de alguna telenovela. Pero la realidad de ese estado es que se encuentra en el sótano del desarrollo nacional, con indicadores que lo ubican en el sitio 30 de los estados del país, y no se puede dar el lujo de seguir perdiendo el tiempo en un juego político de promesas sexenales y limitados resultados.

El domingo pasado ganó Ángel Aguirre, y el PRD retiene el gobierno del estado, pero hay que esperar a ver qué sucede con la agenda de gobierno. Es probable que esta elección termine impugnada en el tribunal, como ya lo ha anunciado el PRI. Sin embargo, será difícil anularla porque hay una diferencia de más de 158 mil votos, más de 13%. Así termina una elección donde hubo de todo lo que acompaña estos procesos, desde intercambio de candidatos, violencia, golpes y un asesinato, pasando por el uso de expedientes judiciales y la acusación de dinero sucio en las campañas, hasta la declinación de un candidato. El domingo pasado Guerrero fue una primera probadita política del país…

Investigador del CIESAS
28 Diciembre 2010 05:00:19
2010, el año más violento
Cuando la rutina de la violencia se impone, los balances anuales se convierten en un indicador de malas noticias. La singularidad del año 2010 en México ha sido ser el año más violento en décadas. Las cifras son impactantes, van ya más de 30 mil muertes en los últimos cuatro años, y en los primeros 11 meses del año se acumularon, según la Procuraduría General de la República, 12,456, más todas las del mes de diciembre. Nada asegura que los próximos dos años no vayan a superar estas cifras y entonces tendremos el sexenio más violento desde hace un siglo.

El recorrido de la muerte tuvo impactos que marcaron al 2010 y cada registro aumentó la capacidad de indignación y de temor. Temprano aparecieron los 14 jóvenes asesinados en Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez; más tarde llegaron asesinatos múltiples en las casas de apoyo a drogadictos, varias matanzas a lo largo del año en el estado de Chihuahua, que termina con la peor estadística del país. Hace unos días la muerte de Marisela Escobedo, frente al Palacio de Gobierno, ha desfondado de un golpe las últimas resistencias de una realidad que inunda a un territorio sin autoridad. Esta madre de familia pagó con su vida el reclamo de justicia para su hija asesinada, y deja constancia de un sistema judicial que no funciona. Mientras tanto, la impunidad crece y se apodera de los espacios públicos. Por más visitas y operativos que puso en marcha Felipe Calderón, la situación de violencia, muerte y destrucción en Chihuahua sólo se incrementó durante 2010.

La muerte de los 72 migrantes centroamericanos, en agosto pasado, fue otro de los golpes que sofocaron el ánimo y puso al descubierto el infierno de estos actores anónimos e invisibles, que pagan con su vida el tránsito por un territorio sin ley y sin orden. La política migratoria del Estado mexicano está en su peor nivel. En lugar de procesar a los responsables, la matanza quedó en la impunidad y sólo se hizo, de forma tardía, el cambio de la titular del área y luego, como premio, se le dio el segundo puesto en el partido gobernante. Otro caso que generó un alto impacto fue la captura del niño sicario de 14 años, “El Ponchis”, con una carrera de más de tres años en las filas del crimen organizado. Su confesión fue la de cuatro asesinatos que hizo por degollamiento de sus víctimas.

La penetración del narcotráfico y el crimen organizado en la vida política y en las instituciones no fue una novedad del 2010, pero lo que sí sucedió este año fue la irrupción de una tendencia más visible que dejó el asesinato de varios presidentes municipales, un candidato a gobernador del PRI, un ex gobernador y el desafuero del primer narcodiputado federal. Otra parte del problema tiene que ver con la captura de los gobiernos municipales, que, según un estudio, ya se calcula que el 73% de los ayuntamientos están capturados o bajo el control del crimen organizado (EL UNIVERSAL, 23/XII/2010). Si la impartición de justicia tiene amplios huecos por donde se cuela la impunidad, este año también se hizo presente de forma más preocupante la fuga de reos de las cárceles, que se ha dado por decenas, lo cual implica que el círculo criminal termina por cerrarse.
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28 Septiembre 2010 03:24:48
¿A dónde lleva tanta violencia?
Son cada vez mayores las expresiones de una violencia que todos los días asesina, extorsiona, secuestra, roba, amenaza y se posesiona de amplios territorios del país. El famoso editorial de El Diario de Juárez del pasado 19 de septiembre en el que preguntan a los grupos del crimen organizado “¿qué quieren de nosotros?” resulta emblemático. También es sintomática la respuesta del gobierno federal a este periódico, sobre todo por su tono marcadamente reactivo. ¿Cuánta violencia es tolerable? No hay duda de que en el estado de Chihuahua y en Juárez ya se rebasaron todos los límites.

La violencia quebró esa importante ciudad fronteriza. No hay ley, ni autoridad, los espectaculares dispositivos que se han desplegado, de forma reactiva y apresurada, han sido un fracaso. ¿Dónde están los resultados de estas acciones? Cada día hay más asesinatos, menos empleos, cierre de negocios, muerte de periodistas. La investigación que ha realizado Incide Social reporta que en Juárez se han ido 230 mil habitantes desde el 2008; la expresión fantasmal de esa frontera sometida a uno de los mayores castigos por la disputa entre dos bandas del crimen organizado deja una realidad de empobrecimiento y hambre para las clases populares y de fuga hacia la fronteriza ciudad de El Paso, Texas, para las clases medias y altas. Prácticamente ya no se reconoce esa ciudad que hace unosaños era uno de los polos más dinámicos de desarrollo económico. La atracción de la industria maquiladora y la puerta de entrada a EU construyeron una ciudad de oportunidades, pero al mismo tiempo se creó una explosión urbana en donde el crecimiento se hizo de forma desordenada en amplias zonas populares sin servicios urbanos, sin la más mínima calidad de vida urbana.

Juárez pasó de esta explosión de empleo maquilador, preponderantemente femenino y precario, a una de las historias más terribles, conocida internacionalmente como “las muertas de Juárez”. El asesinato de cientos de mujeres nunca tuvo una respuesta jurídica de las autoridades, no se hizo justicia. Sin que desaparecieran del mapa estos expedientes, la violencia del crimen organizado se generalizó y esa ciudad se convirtió en los últimos años en uno de los territorios con más muertes y asesinatos, producto de la “guerra” en contra del narcotráfico que inició el gobierno de Calderón en diciembre de 2006, a los pocos días de haberse iniciado el sexenio. No se sabe qué pasará en los próximos días y meses con esta guerra, pero sí se sabe que la situación de violencia será igual o quizá peor, hasta el final de este gobierno, porque no se ve de qué forma resolver este grave conflicto.

En las ciudades controladas por el crimen existe una completa indefensión. En la impunidad han quedado asesinatos de jóvenes, de periodistas y de mujeres. El último caído fue el reportero gráfico Luis Carlos Santiago Orozco y hace dos años fue otro periodista, Armado Rodríguez Carreón. Los derechos están completamente fracturados y la libertad de expresión está seriamente amenazada.

Frente a la incapacidad estatal las muertes se acumulan en una pila, desde los 72 migrantes, en su mayoría centroamericanos, los periodistas, las mujeres, los funcionarios y candidatos. El asesinato de alcaldes ya se ha empezado a repetir de forma preocupante, ya se contabilizan diez casos y todo indica que la lista seguirá creciendo. Hace unos días mataron al alcalde Prisciliano Rodríguez en el municipio de Doctor González, Nuevo León; unas horas después balearon al alcalde electo en el municipio de Morelos, Chihuahua, Ricardo Solís. Además, ante el desastre de la violencia y la falta de autoridades, ahora los ciudadanos se han empezado a armar para defenderse del crimen. Hay al menos cinco casos de delincuentes muertos por ciudadanos; incluso se ha llegado al linchamiento en el municipio de Ascensión, Chihuahua, para detener el secuestro de dos menores (EL UNIVERSAL, 27/09/2010). ¿La solución es armarse?

En suma, en el famoso editorial de El Diario se dice con razón: “el primer mandatario, para conseguir la legitimación que no obtuvo en las urnas, se metió —sin una estrategia adecuada—, a una guerra contra el crimen organizado sin conocer además las dimensiones del enemigo ni de las consecuencias que esta confrontación podría traer al país (…) Introducidos sin pedirlo en el conflicto, los mexicanos —y de manera particular los juarenses— han estado al garete de decisiones erróneas que terminaron llevándoselos en medio, con los resultados ahora conocidos...”. ¿A dónde lleva tanta violencia?

Investigador del CIESAS

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