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Oliverio Cervantes
Oliverio Cervantes
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22 Noviembre 2011 04:55:58
Entre la risa y el mal de amores
Saltillo, Coah.- “Yo lo que quiero es que vuelva que vuelva conmigo la que se fue” José Alfredo Jiménez

¿Qué eres capaz de hacer por amor? Para el escritor Fernando Iwasaki (Lima, Perú, 1961) esta cuestión no entraña cuestiones existenciales o dramáticas, tampoco una historia que emule a Romeo y Julieta o el sacrificio extremo de Ana Karenina. No, la respuesta es sencilla, entregarse por completo al enamoramiento, a pesar de que el fracaso de la empresa sea inminente.
A través de las páginas del “Libro de Mal Amor” (Cal y Arena, 2011), el autor nos comparte su periplo por las andanzas amorosas de su vida. Una tras otra, las historias —encabezadas con un epígrafe del “Libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita— muestran a un caballero andante del romance, a un hombre dispuesto a convertirse al judaísmo para obtener un beso de la hermosa Rebeca, o batirse en duelo mientras suena de fondo la música de José Alfredo Jiménez.

Iwasaki reconoce que jamás fue alumno aventajado del Arcipreste, pero a través de sus relatos vemos como el niño peruano que observa anhelante a una hermosa niña de 12 años, se transforma en un estudiante de doctorado dispuesto a entonar corridos mexicanos por las calles de Sevilla.

“El amor hace sutil al rudo, al mudo elocuente, atrevido al cobarde y dispuesto al perezoso”, escribió el Arcipreste. Así, el lector ríe cuando ve al joven que miente sobre su destreza en la pista de patinaje, al Don Juan agotado por tener que recorrer interminables cuadras con tal de aspirar el aroma de la amada en turno, al enamorado dispuesto a tomar los apuntes para su hermosa e indolente condiscípula.

Carmen, Taís, Carolina, Camille, Alejandra, Ana Lucía, Ninotchka, Itzel, los nombres de las ninfas y náyedes arteras que atormentan a Fernando se suceden uno tras otro. Como El Quijote, Iwasaki no mide sus aventuras en fracasos, sino en las múltiples posibilidades que aguardan después de cada despedida.

“El mal amor no es el amor truncado por la desdicha, el infortunio o la tragedia, ya que entonces hablaríamos del mal humor. No. El buen amor de mi novela no viene del amor no correspondido sino de los amores no correspondientes”, escribió el autor sobre su odisea amatoria.

¿Y por qué no habríamos de reírnos de nuestros fracasos? ¿por qué no recordar, a través de la clara y divertida narrativa de Iwasaki, a la mujer que despreció nuestras cartas y nos rompió el corazón? Después de todo, ¿quién no le ha cantado con un resabio agridulce en la boca al despecho, a la desilusión? A todos nos ha tocado escribir una historia en el “Libro de Mal Amor”, cantar con José Alfredo: “Me cansé de rogarle, / me cansé de decirle/ que yo por ella/ de pena muero”.

La obra
» “Libro de Mal Amor” (novela)
» De Fernando Iwasaki.
» Ediciones Cal y Arena.
» 168 páginas.
» 131 pesos.

Lo encuentras en ghandi.com.mx
03 Octubre 2011 03:00:10
Letras en otoño
Sin duda, el segundo semestre del año es el más prolífico en eventos literarios en México. Aunque Saltillo ya tuvo su fiesta de las letras (con números muy positivos, más de 70 mil visitantes), la vecina Monterrey ya se alista para la edición 21 de su Feria Internacional del Libro, que iniciará el próximo sábado 8 de octubre en Cintermex.

¿Las novedades en la ciudad regia? El Décimo sexto Encuentro Internacional de Escritores se realizará en el marco de la FIL Monterrey, además habrá mesas de ciencia ficción y género policiaco. La reflexión política correrá a cargo de Denise Dresser, Jorge Zepeda Patterson, León Krauze y Carlos Elizondo Mayer-Serra, por mencionar algunos. Por otra parte, los adolescentes ya tienen agendada la visita de Tonya Hurley, la autora de la exitosa saga “Ghost Girl”.

Muchos de los invitados al Parque Fundidora ya son viejos conocidos para los saltillenses: Juan Gelman, Tomás Segovia, Elmer Mendoza, Xavier Velasco, Gustavo Sainz, Francisco Haghenbeck, Bernardo Fernández “BEF”, Leonardo da Jandra. Otra similitud, ambos eventos han conservado su carácter gratuito.

A medida que se afianza la FILS, se vuelve más evidente que sus invitados literarios no tienen nada que envidiar a la ciudad neolonesa, incluso muchos libros se presentan por primera vez en Saltillo, antes que en Monterrey y Guadalajara; aunque todavía se ven lejanos los números de editoriales que presenta el evento organizado por el Tecnológico de Monterrey. En el Museo del Desierto se presentaron 90 stands, mientras que más de 650 editoriales tendrán un espacio en Cintermex.

Ya comenzó el otoño y con él las promesas literarias. Del 6 al 9 de octubre se realizará el internacional Hay Festival Xalapa, en Veracruz, donde se presentarán autores como Martin Amis, Ricardo Piglia, Alfredo Bryce Echenique, Jorge Edwards y Francisco Goldman. Mención aparte merece la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que celebrará un cuarto de siglo, del 27 de noviembre al 5 de diciembre, con un ambicioso programa encabezado por los premios Nobel Mario Vargas Llosa y Herta Müller.

Y hablando del Nobel, este mes se anunciará al ganador del mayor galardón literario. Algunos de los nombres que suenan fuerte son el poeta sirio Adonis, las canadienses Margaret Atwood y Alice Munroe, el surcoreano Ko Un, el israelí Amos Oz, el japonés Haruki Murakami y los estadounidenses Philip Roth (que lleva años en la lista), Joyce Carol Oates y Thomas Pynchon.

Llegó otoño, pero el año literario no languidece, al contrario, inicia con eventos, premios y novedades editoriales que se deben seguir de cerca. Hay mucho, todavía, por leer.
29 Agosto 2011 03:00:03
Recuerdos de un emperrado corazón
“Cuando un poeta se posa sobre el mundo lo desplaza”.
Juan Gelman

La primera vez que leí a Juan Gelman fue hace 10 años, me parece. Era joven entonces y bullía en mí la necesidad acuciante de explicarme a mí mismo a través de las palabras. No sólo lo leí, después me enteré que existía un disco editado por la UNAM (“Antología Poética”, 2000) en el que el propio Gelman leía algunos de sus versos. Compré la obra y solía escucharla entre clase y clase, tratando de asir alguno de esos versos para comprender esta furia de caimán aletargado que sentía adentro, como una carga tierna, furibunda, incluso dulce, incomprensible.

Años después, me encontré de nueva cuenta con Gelman en una lectura organizada por el Instituto Coahuilense de Cultura. Fui con algunos de mis amigos más entrañables de la universidad y ahí, ante nosotros, el poeta argentino leyó esos poemas que me habían ayudado a comprender, de alguna manera, mi mundo.

Recuerdo que era una tarde oscura de invierno, ya era enero, me parece. El frío calaba hondo y la neblina envolvía el Museo de las Aves, el lugar del encuentro. Un puñado de personas estaba en el recinto, creo que menos de 20. Esta situación hizo que Gelman, con una sonrisa cómplice, dijera que los narradores habían conspirado de nueva cuenta en contra de la poesía. Al final de la lectura, le tendí mi mano al poeta que la estrechó entre las suyas.

En octubre de 2007 tuve la oportunidad de hablar unos minutos con el argentino, quien regresó a Saltillo para presentarse en el patio del Instituto Coahuilense de Cultura. Amable, como siempre, me concedió algunas palabras a las que contesté con evidente confusión. En ese entonces lamenté mi incapacidad para decirle lo necesarios que eran sus versos para mi espíritu y la gratitud profunda que sentía hacia él por este pequeño
milagro.

Para fortuna de sus seguidores, el escritor estará de nueva cuenta en la capital coahuilense, en el primer día de actividades de la Feria Internacional del Libro de Saltillo, el próximo 9 de septiembre. ¿Qué se puede leer del poeta avecindado en México, que ahora nos visita como Premio Cervantes? A mi mente vienen libros como “Cólera Buey”, “Los Poemas de Sidney West”, “Valer la Pena”, “Mundar” y “El Emperrado Corazón Amora”, el más reciente.
Ahora, como entonces, siempre que me siento inquieto recurro a los poemas de Juan Gelman, farmacias del alma para criaturas ávidas de sensaciones que recorran la sangre, criaturas sacudidas por una “triste condición furiosa”, poseedoras de este “cuerpo que me has de temblar”.
15 Agosto 2011 03:00:03
El rito poético
El escritor José Agustín Goytisolo escribió alguna vez que la poesía no es de quien la trabaja, sino de quien la necesita. Y ahí estamos pues los lectores de poesía, buscándola para que nos ayude con ironía y belleza, con rabia y generosidad, con furia y arrebato, a seguir tratando de entender al mundo, a los demás, a nosotros mismos.

Ricardo Castillo brinda esta poética que busca en el lenguaje, en la reinterpretación y creación, los signos adecuados para expresar las cavilaciones y experiencias humanas. En “Il re Lámpago” (Atemporia, 2009) el poeta no tiene miedo de crear nuevas palabras que enuncien un significado casi mágico, como versos pronunciados en un rito para dar vida a sensaciones nuevas.

Para Ricardo esta tarea no es reciente, desde hace años ha unido la poesía con el sonido, con la música, con el movimiento, con la danza. Más que una exploración, nos devuelve esta conciencia de la oralidad del poema, de tal suerte que se convierte en un ente casi orgánico que se transforma constantemente.

Me gusta preguntarme después de leer cada poema de “Il re Lámpago”, en voz alta por supuesto, y escuchando el disco que lo acompaña y que acentúa esta sensación sonora, a quién le pertenecen las palabras que voy pronunciando. Y aquí está el rito, la magia, la cualidad primigenia del poema que Castillo nos regala.

La operación poética ¿es una actividad mágica o religiosa? A pesar de los encuentros, o desencuentros que esta cuestión puede plantear, me parece que a fin de cuentas el poeta lírico busca establecer un diálogo con el mundo, diálogo en que hay dos situaciones extremas dentro de las cuales se mueve el alma del poeta: la soledad y la comunión. Para Paz “el poeta parte de la soledad, movido por el deseo hacia la comunión”.

En “Il re Lámpago” las palabras deben estallar en ondas sonoras de ahí que la música, que la vibración incluso de las cuerdas vocales de la garganta deban sentirse al leer los poemas que nos ofrece el autor en cuatro apartados, Magma Nota, Dara Dansha, La Lengua en Triada y Bonavenalanza, Cada sección es precedida por algunas líneas de Samuel Beckett, justo un escritor que sopesaba cada palabra que salía del tintero.

En el libro de Castillo las palabras se pisan una a otra, se siguen la pista, se huelen, se intuyen, y construyen y deconstruyen significados. Al igual que la furia explosiva, deslumbrante a veces y por qué no, intimidante, del relámpago que aparece para rasgar el cielo, así los versos de Ricardo nos entregan estos instantes luminosos en los que la fuerza y la ternura, la conciencia y la inquietud, se entrelazan

Sin duda los versos de “Il re Lámpago” deben sonar, la música está ahí agazapada, invitando al lector a invocarla por completo, a sacarla del libro para que los versos respiren vivos en el aire.

Y me gusta pensar en esta idea del poema como un organismo vivo, que necesita no la asepsia y formalidad de la academia, sino, como propone Ricardo, salir al mundo, salir de las páginas, salir de la mente para ser enunciado, para ser recitado al compás de la música, para formar parte de ese soundtrack personal que todos cargamos con orgullo.

Ricardo nos muestra esa necesidad oscura que mueve al poeta a participar en el ritual de fecundidad que hace contemplar al hombre, por un instante, de qué manera el abismo se abre para revelar el ancestral laberinto de la memoria humana. El intento de explicar el mundo a través de la palabra.
01 Agosto 2011 03:00:16
Everything is falling apart*
¿Por qué un hombre busca la paz a través de una serie de asesinatos brutales?, ¿qué fuerzas empujan a tres jóvenes a sembrar el caos y el terror? ¿Por qué una mujer decide renunciar a su familia para ir tras una quimera? Ricardo Menéndez Salmón presenta en su novela “Derrumbe” (Seix Barral, 2008) a una serie de personajes atraídos por el Mal, una seducción que sienten no sólo los verdugos, también sus perseguidores.

Menéndez Salmón nació en Gijón, España, en 1971. Aunque tiene varios libros en su haber sería hasta la aparición de “La Ofensa” (Seix Barral, 2007), que le valió el PremioQwerty de Barcelona TV a la revelación literaria de 2007, que su nombre comenzaría a sonar fuerte en los círculos literarios de Hispanoamérica.

“El terror es la maldición del hombre”. Este epígrafe de Fedor Dostoievski, tomado de su libro “Los Demonios”, es la primera frase que pasa bajo la mirada del lector. Y es el terror –el “Mal” con mayúscula, como apunta el investigador Manila, que tiene a su cargo la investigación policiaca- uno de los ejes centrales sobre los que gira la historia del “monstruo”, un hombre que ha sacudido a la ciudad costera de Promenadia con sus crímenes feroces, aberrantes.

La narrativa de Menéndez Salmón es directa, ágil, descarnada. Sin embargo, al igual que los personajes, hay ocasiones en que el lector se siente perdido. Las escenas cambian aprisa, primero el asesino está ahí, saboreando la sangre de su víctima; luego, un investigador observa el cuerpo dormido de su esposa embarazada; después un apuesto joven sin piernas emerge de la piscina pública.

Entre las acciones y las descripciones detalladas de algunos asesinatos, no faltan las reflexiones, las alusiones filosóficas (el escritor es Licenciado en Filosofía por la Universidad de Oviedo). “El día que vine al mundo mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo”, con esta frase de Hobbes, Manila resume el hartazgo y la frustración que reina en el equipo de investigadores, que no tienen ninguna pista del criminal que ya ha cometido 12
asesinatos.

A la par que se desata la furia del asesino, tres jóvenes deciden sacudir su mundo anodino a través de la violencia, del terrorismo. Ahora es Valdivia, un profesor de Física, quien observa cómo todo lo que ama se transforma y perece. Ya sea a través del fuego, o de la adolescencia que se rinde ante la humillación y el desenfreno, el hombre observa cómo el terror se ceba en la mirada desconcertada de los habitantes de Promenadia.

“Es el primer muerto el que contagia a todos el pensamiento de la amenaza”. Y a partir de ahí, cada uno de los personajes, incapaz de sacudirse ese halo de vulnerabilidad, se dirigirá inexorablemente a su
destino.

Cuando Valdivia observa cómo su hija se convierte en una desconocida, tiene una epifanía: En algún lugar del planeta existía alguien que entraría en su vida y la reescribiría de arriba abajo, sin que nadie pudieran hacer nada para evitarlo. Inquietante, “Derrumbe” exhibe cómo el abismo ejerce su poder de atracción, al “Mal” que nos sonríe, a sabiendas de que siempre caminamos cerca de la orilla, prestos a sucumbir ante su rostro sórdido y voluptuoso.

*Todo se está derrumbando.
18 Julio 2011 03:00:03
El niño que no murió
En diciembre del año 2000 una niña leyó un reportaje sobre un libro que causaba sensación en la literatura infantil. La pequeña de 11 años era ávida lectora y llamó poderosamente su atención la existencia de un ejemplar que era leído por miles de personas. El tema, además, avivó su imaginación: un chico con poderes mágicos, que en lugar de asistir a un colegio regular iba a Hogwarts, una escuela de magia y hechicería.

La niña consiguió el ejemplar en un supermercado, “Harry Potter y la Piedra Filosofal”. Página tras página, sintió una conexión inmediata con el chico huérfano que descubre que es diferente, no sólo por tener poderes mágicos, sino porque sobrevivió a una maldición mortal, pues –sin proponérselo- derrotó al mago tenebroso más poderoso de su época: Lord Voldemort.

En ese entonces todavía no aparecían las películas que multiplicarían el fenómeno Harry Potter a niveles nunca antes vistos para una saga infantil. Sin embargo, en el círculo literario ya se hablaba mucho sobre J.K Rowling, una autora británica desconocida, que fue rechazada por varias editoriales antes de conseguir que se publicara el primer tomo de una serie de siete.

Ni siquiera la profesora de Adivinación, en sus mejores días, hubiera podido predecir que el libro que apareció en los anaqueles en 1997 llegaría al anhelado tomo siete previsto por su autora, ni que Harry Potter vendería más de 400 millones de ejemplares en más de 65 idiomas a lo largo de una década.

El niño mago también pasó por la crítica. Sin duda la reseña más recordada es la que escribió Harold Bloom –autor del “Canon Occidental”- en el Wall Street Journal. El famoso académico señaló que al leer el primer libro de la saga “no podía creer lo que estaba delante de mí. Lo que me resultaba más insoportable era la cantidad de clichés que usaba la autora”. Las consecuencias de estos textos fueron una avalancha de cartas insultando a Bloom y la animadversión de los Potter maníacos.

En una entrevista, el catedrático de Shakespeare en la Universidad de Yale fue más lejos: “Pero, por supuesto, la serie de Harry Potter es una porquería. Como toda porquería, eventualmente, el tiempo la dejará en el olvido. Pero, mientras tanto, no escribo más sobre el tema. Me he convencido de que es como luchar contra el océano”.

No creo que los lectores de Harry Potter estén interesados en clasificar a su héroe en literatura de primera o de segunda clase, tampoco que les interese la opinión de renombrados académicos. Al igual que el escritor Juan Domingo Argüelles me parece que no existe una senda determinada para andar por los vericuetos literarios. Para mí la lectura es gozo, una sensación que he visto reflejada en los rostros de quienes crecieron leyendo las andanzas de Harry, y que conocieron sus logros, fracasos y miedos.

En la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Argüelles me comentó que “los muchachos que leen hoy a Harry Potter y estos productos que están de moda y que son mediáticos están leyendo algo que les interesa, que está cercano a ellos. No los obliguemos a leer ‘Pedro Páramo’, a Carlos Fuentes, aquellos libros que nosotros suponemos son mejores y que les van a aportar mayores ganancias intelectuales y sensibles porque estaríamos moralizando la lectura. A mí me parece que la lectura no se puede moralizar”.

Y agregó: “Marcar un camino correcto para la lectura me parece un error (...) Los adolescentes deben reivindicar ese derecho de leer lo que se les pegue la gana sin darle explicaciones a nadie”.

Hoy, la pequeña que compró “Harry Potter y la Piedra Filosofal” tiene 21 años. A punto de terminar su carrera universitaria, jamás dejó de leer las aventuras del “niño que no murió”. Contrario a lo que sostiene Harold Bloom, para la joven las risas, la ira, el llanto, las despedidas cargadas de nostalgia, son memorias que marcaron su infancia y que no se irán. Los siete ejemplares, al igual que cientos de libros que también leyó a lo largo de los años, están en su librero. Ella los guarda celosamente, sabe que a la vuelta del tiempo los estará compartiendo con sus hijos, y el pequeño mago, gracias al poder de las palabras, cobrará vida de nueva cuenta.
27 Junio 2011 03:00:11
Centenario literario
En un mundo en el que las nuevas tecnologías van ganando mayores espacios no faltan las visiones apocalípticas sobre el destino de los libros, pero existen casas editoras que continúan produciendo obras de buena calidad, para beneplácito de los lectores. Hace un siglo, cuando la televisión, los satélites y las computadoras eran temas de ciencia ficción, nació en España la editorial Seix Barral, una mañana de diciembre de 1911.

Más allá del centenario, edad nada despreciable para una editorial, Seix Barral también marcó a las letras españolas con un catálogo de autores que transformó la visión de la literatura iberoamericana. Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan Marsé, Jaime Gil de Biedma, Antonio Muñoz Molina, Luis Martín-Santos, Cabrera infante, Carlos Fuentes, Manuel Puig y Eduardo Mendoza son algunos de los autores que han desfilado por los cientos de libros publicados por la
editorial.

Aunque en un principio la casa española nació como un taller de artes gráficas dedicado a los libros de pedagogía, situado en la calle Provenza 219, en Barcelona, pronto se definió la vocación literaria de la empresa creada por Victoriano Seix Miralta y los hermanos Luis y Carlos Barral Nualart.

Desde hace varias décadas Seix Barral tiene en su haber una veintena de premios Nobel –Octavio Paz, Darío Fo, Kenzaburo Oé- , los españoles Enrique Vila-Matas, Juan José Millás y Rosa Monteros, y extranjeros como Cesare Pavese, Italo Svevo, Robert Musil, Henry Miller, Don DeLillo y Carson McCullers. La editorial no escapó de la globalización y desde 1982 forma parte de grupo Planeta, alianza que le ha otorgado una mayor distribución, en especial en América Latina.

Hace unos días, Mario Vargas Llosa expresó que Seix Barral contribuyó “de manera decisiva a abrir las puertas y ventanas de España a la literatura y el pensamiento más modernos, en épocas muy difíciles, cuando este empeño implicaba riesgos y exigía enorme tesón y valentía”. Y justo fue esta editora la que publicó “La Ciudad y los Perros”, un fuerte impulso para el entonces joven escritor
peruano.

Ahora los riesgos persisten. Elena Ramírez, la directora actual de la editorial, reconoció que no pueden ser ajenos a las nuevas tecnologías, a los e-books, los blogs y las redes sociales. Y si bien cree que todavía “hay un largo camino de pervivencia entre los libros de papel y los
e-books”, no se puede nadar contra corriente.

Seix Barral no está en el pasado, ahora impulsa a noveles autores como Ricardo Menéndez Salmón, Isaac Rosa o Laura Fernández. Además cuenta con su internacional premio Biblioteca Breve, que hace poco fue otorgado a la mexicana Elena Poniatowska por su novela “Leonora”, un libro bien recibido por los lectores.

Seix Barral sobrevivió a la censura franquista y a la crisis económica que casi la hizo desaparecer al inicio de los años 80. Y aunque apenas comienza la batalla contra los e-books, la piratería y las descargas ilegales, la editorial apuesta por seguir con su objetivo de llevar a los lectores ese momento de gozo que sólo puede crear un libro bien cuidado y una escritura feroz, atractiva, capaz de soportar el escrutinio del tiempo.
13 Junio 2011 03:00:56
Los cantos son nuestro atavío
“Yo soy Nezahualcóyotl, Soy el cantor, Soy el papagayo de gran cabeza”

Acolmiztli Nezahualcóyotl nació en el año 1 Conejo (1402). Muy pocos desconocen la existencia del rey poeta, cuyos versos aparecen con frecuencia en los libros gratuitos de texto que se distribuyen en las escuelas primarias de México. Y si bien nadie le disputa el título del más célebre poeta prehispánico, sus letras son estudiadas por unos cuantos especialistas, mientras la mayoría de los jóvenes desconocen la belleza de la treintena de textos que llegaron hasta nuestros días.

Señor de Texcoco a los 29 de años, después de vivir como fugitivo durante más de una década, el joven cantor convirtió a su reino en un gobierno modelo. El conocimiento, la cultura, el amor a la patria y la impartición de justicia provocaron la admiración de propios y extraños.

Gracias a estudiosos como José Luis Martínez y Miguel de León Portilla, conocemos la biografía y la obra del coyote de lengua florida –el nombre náhuatl de Nezahualcóyotl podría traducirse como “coyote hambriento o ayunado”-, del príncipe que sostenía que “sólo con nuestros cantos/ perece la tristeza”.

En mayo pasado se celebró el Encuentro Deportivo y Cultural (Encude) de la Universidad Autónoma de Coahuila. Entre los bailes, las exposiciones, las obras de teatro y los partidos de futbol o basquetbol, se repartieron de manera gratuita cientos de libros con una breve selección de poemas de
Nezahualcóyotl.

Los universitarios de otros municipios que visitaron la capital de Coahuila no sólo se llevaron un montón de experiencias, también una bella edición titulada “Flor de Canto”, creada por la Coordinación Editorial de la UAdeC.

Desde que vi el libro me sorprendió enterarme de que era obra de la universidad y que además su distribución es gratuita. Creo firmemente que la belleza no está reñida con el contenido, que un buen texto merece una edición de igual calidad. Y ambas premisas se cumplieron en “Flor de Canto”, que recién se publicó en abril de este año.

Las ilustraciones, basadas en las láminas del Códic Xoltl, corrieron a cargo del grabador cubano Zenen Vizcaíno, cuyo trabajo ha sido expuesto en numerosas galerías de Saltillo. El diseño editorial es de Jazmín Esparza, y el cuidado editorial de Claudia Berrueto.

La obra, de 57 páginas en las que se intercalan textos e imágenes, comienza con la biografía de Nezahualcóyotl escrita por José Luis Martínez (publicada en el Fondo de Cultura Económica), seguida de 15 poemas traducidos por Miguel de León Portilla y Ángel María Garibay.

Como sostiene el prólogo, “la vida de Nezahualcóyotl fue una gran aventura y su presencia ha quedado por siempre imborrable en las letras e historia de nuestro país”, y ahora cientos de jóvenes tienen acceso a la poesía del príncipe que gracias a sus versos se convirtió en el máximo cantor de Aztlán, en un pájaro reluciente capaz de cortejar al sol.
16 Mayo 2011 03:00:46
El poder de las palabras
¿Por qué nos gustan los libros? ¿Qué promesas o misterios encontramos entre las páginas? ¿Cuál es el sentido de aislarnos del mundo para invertir horas en vidas imaginarias? Para algunos la literatura es un trabajo, para otros un divertimento, pero algunos la consideran una verdadera tabla de salvación.

Liesel Meminger es una niña alemana de 10 años, hija de comunistas que desaparecen durante el régimen de Adolf Hitler. Abandonada en una “casa de acogida”, la pequeña analfabeta encuentra, antes de llegar a su nuevo hogar, un libro ajado de pastas negras que destaca en la nieve. Sin dudarlo, lo toma. Ese objeto ininteligible se convierte en su máximo tesoro y, a medida que aprende a leerlo, a descifrarlo, en el escape de un mundo en el que la guerra, el hambre, la persecución y el exterminio azotan a los de su clase.

Esta es la premisa de “La Ladrona de Libros” (Lumen, 2007) del australiano Markus Zusak. Esta obra fue un éxito cuando salió al mercado y si bien está dirigida a un público juvenil, muchos adultos han sucumbido a su sencillo encanto.

Algunos buscan similitudes entre “La Ladrona de Libros” y el “Diario de Ana Frank”, incluso el propio Zusak señala que “gente como ésta existió de verdad”, pues su novela está inspirada en los relatos que le contaron sus padres, quienes vivieron su niñez en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, son tratamientos muy distintos, y me gusta ver el otro lado de la historia: la de una niña alemana que también debe esconderse en los sótanos para huir de los bombardeos, y brindar protección a su amigo judío.

Para Liesel un libro, el que sea, es una suerte de tesoro, un aleph, ese objeto de objetos “en el cual todo confluye y se refleja”, una salida. Esta es la razón que empuja a la ladrona de libros a dar el siguiente golpe, a entrar a hurtadillas a una biblioteca para hurtar un ejemplar, a rescatar una obra de las llamas avivadas por la censura y el odio, a leer en voz alta “El Hombre que Silbaba” a sus vecinos apiñados en el refugio antibombas.

La Muerte es quien narra las peripecias de la niña y su mejor amigo, Rudy. No faltan las aventuras, las peleas callejeras, los robos de manzanas y los partidos de futbol. No hay muchas sorpresas a lo largo de la lectura, que en ocasiones se torna difícil debido a los saltos de tiempo que emplea la narradora, pero es una obra entretenida, que seguro gustará a los jóvenes lectores.

“En cierto modo, sí, es una novela sobre el extraordinario poder de las palabras”, afirma Markus Zusak. Y es gracias a las historias que, en medio de la tristeza y la muerte, Liesel se encuentra a sí misma.

¿Por qué poner frente a nuestros ojos cientos de páginas? La pequeña Lieselo, al igual que su creador –y muchos lectores–, darían la siguiente respuesta: si se encontraran en la disyuntiva de elegir otro mundo, seguro se decantarían por “el mundo que crean los libros”.

La Ladrona de Libros
Editorial Lumen (2007)
544 páginas
Precio: 225 pesos
02 Mayo 2011 03:00:17
Leer es divertido
Hace un par de días se celebró el Día del Niño y fue una agradable sorpresa ver que en un mundo en el que la tecnología es venerada, donde los gadgets son objetos de deseo y las pantallas atrapan millones de miradas, los libros todavía provocan placer a miles de noveles lectores.

Placer es la palabra clave. Muchos profesores y padres creen que leer es un hábito como cepillarse los dientes o comer vegetales a la hora de la comida. La lectura no es un comportamiento repetido, es una actividad placentera, un acto que estimula y deleita la imaginación.

No creo que la lectura deba imponerse, pero sí debe ponerse al alcance de los niños como una invitación a divertirse. Actualmente existen numerosas publicaciones que forman parte de los libreros de los pequeños lectores, escritos especialmente para ellos –hay obras literarias que fueron escritas para adultos y a las que después se nombró “literatura juvenil” como “Oliver Twist” o “Lord Jim”, pero ese es otro tema-, un excelente regalo para quienes tienen pendientes los obsequios del Día del Niño.

Sin duda recomiendo clásicos infantiles como “La Historia Interminable” y “Jim Botón y Lucas el Maquinista”, con su secuela “Jim Boton y los Trece Salvajes”, de Michael Ende; no pueden faltar las historias de Roald Dahl, todas ellas entrañables: “Matilda”, “Las Brujas”, “Charlie y la Fábrica de Chocolate” o “Los Cretinos”. En México un autor de cabecera infantil es Francisco Hinojosa, cuya prolífica obra (“La Peor Señora del Mundo”, “La Fórmula Secreta del Doctor Funes”, “Aníbal y Melquiades”, etcétera) es editada por el Fondo de Cultura Económica.

Muchos crecimos con “Las Crónicas de Narnia” de C. S Lewis o las intrépidas aventuras de Sandokán de Emilio Salgari. No me extenderé con las bondades de “Harry Potter” de J.K. Rowling, que ya probó, y con creces, que un niño puede leer cientos y cientos de páginas sin interrupción.

Para quienes apenas comienzan los libros ilustrados por Anthony Brown son maravillosos y están plagados de muchas reflexiones (“Cambios”, “El Libro de los Cerdos”, “Gorila”, “El Túnel). Otro autor que acabo de descubrir es Lane Smith, que escribió “Es un Libro” (Océano Travesía) en donde muestra de forma hilarante la interacción entre el libro y la computadora, entre las palabras y el Twitter. ¿Libros de terror? Los chicos pueden disfrutar “Cuentos Clásicos de Terror” (Océano Travesía) en el que historias como “El Jinete sin Cabeza” o “El Pozo y el Péndulo” son narradas en tercera dimensión, ya saben, con ilustraciones que sobresalen o se ocultan tras flechas y ventanas de papel. Para los más grandes “Coraline” (Salamandra), de Neil Gaiman, los conducirá a lo largo de 155 páginas por un mundo dominado por una malvada criatura que cose botones a sus víctimas, arrebatándoles sus ojos.

Hay poesía para niños, además de las adaptaciones infantiles hechas a partir de la obra de Jaime Sabines, Efraín Huerta o Enriqueta Ochoa. En este apartado deben leer “Quiere a ese Perro” (Fondo de Cultura Económica) de Sharon Creech. Los versos muestran cómo un pequeño niño, Jack, encuentra su voz a través de los ladridos de su querido perro Sky o los poemas de Robert Frost y Walter Dean Myers.

Los libros son divertidos, y a veces los niños sólo necesitan la historia adecuada. Elisabetta Gnone, Cornelia Funke, Diana Hendry, Juan Villoro, Vivian Mansour, autores hay muchos. ¡Vamos a leer!
18 Abril 2011 03:59:26
Vallejo y la perpetua tortura
César Vallejo escribe como la lluvia. Con tono nostálgico muestra las pasiones humanas de forma descarnada y su poética cae en quien la lee no como tormenta feroz, sino en melódicos raudales, en forma constante, melancólica, umbría.

El peruano murió el 15 de abril de 1938, dejando tras de sí sus textos en los que describe a los perdedores, a los seres marginales y oscuros, a sí mismo: “Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre/ el hombro nos llama una palmada;/ Vuelve los ojos locos, y todo lo vivido/ Se empoza, como charco de culpa en la mirada”:

Ya desde su primer libro, “Los Heraldos Negros” (1918), el poeta entrega versos cargados de oscuras premoniciones, de “nervazón de angustia”, en los que se intuye la escritura fracturada, extrema y desollante que, a decir del poeta chileno Raúl Zurita, desarrolló a lo largo de su obra. Pero es en la agonía extrema de “Trilce” donde, como bien sostiene Zurita, “cada palabra se rompe con la otra mostrándonos su perpetua tortura”.

El lenguaje de Vallejo se construye de reversos y anversos, habita en los distintos colores del calidoscopio, es parte del agua y del aceite, todo al mismo tiempo. A diferencia de Vicente Huidobro y Oliverio Girondo, el peruano no se detiene en el proceso de crear palabras y experimentarlas –incluso varios poemas de “Trilce” carecen de este lenguaje críptico, tal es el caso de XV, XXXI, LXI, por citar algunos-, éstas surgen como resultado de una experiencia vital. El sentido está más allá de la semántica.

Las palabras se retuercen en sí mismas, dan vida a signos nuevos, a una sintaxis que transmite el dolor de la fragmentación, la dispersión de los trozos –la infancia, la madre, la celda, el desamparo-, y la pérdida: “A veces
doyme contra todas las contras/ Y por ratos soy el alto más negro de las ápices/ es la fatalidad de la Armonía…”.

En “Trilce” Vallejo roza el misticismo, se desgarra con el cilicio de verso, asume que el sacrificio es necesario. Esta sensación cobra mayor sentido al leer las palabras que el poeta escribió a Antenor Orrego después de haber publicado “Trilce”: “El libro ha nacido en el mayor vacío. Soy responsable de él. Asumo toda la responsabilidad de su estética. Hoy, y más que nunca quizás, siento gravitar sobre mí, una hasta ahora desconocida obligación sacratísima, de hombre y de artista: ¡la de ser libre! Si no he de ser hoy libre, no lo seré jamás… ¡Dios sabe hasta qué bordes espeluznantes me he asomado, colmado de miedo, temeroso de que todo se vaya a morir a fondo para que mi pobre ánima viva!”

El poeta entrega su espíritu como músculo sajado. El lector desea horadar el verso, diseccionarlo, entenderlo. La tarea es imposible, sin embargo, las sensaciones son innegables. El hado funesto siempre es invocado por el escritor, quien acepta estoico la larga derrota sin fin, la condena fatal con cadenas agobiantes… tal vez entonces el dolor se vuelve una carga soportable, y así lo escribe en “Poemas en Prosa” (1923- 1929). “Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa…”.

César Vallejo escribe como la lluvia. No es casualidad que haya vaticinado su muerte en Paris, “con aguacero”, que un día se vistiera de oráculo para expresarle a su amada: “esta tarde llueve, como nunca; y no tengo ganas de vivir corazón”. Finalmente, los heraldos negros alcanzaron al poeta en una lóbrega pensión parisina, mientras las gotas caían raudas, formando en las calles charcos de agua turbia. “¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?/ Canta lluvia, en la costa aún sin mar…”.

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