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Y Oribe Peralta no se rajó

Por Agencia Reforma

Hace 9 años


Con una infancia llena de carencias, le llega la suerte en Monarcas

Torreón, Coah.- Oribe Peralta sí es profeta en su tierra.

El hombre que hoy vale oro puro para los mexicanos fue un niño pobre entre los más pobres del ejido La Partida en Torreón, pero su carácter y calidad como futbolista lo condujeron a ser el héroe de la Final Olímpica ante Brasil.

“Cancha” visitó la tierra donde el “Cepillo” creció y gracias a sus padres, familiares y amigos, reconstruye los años en los que se formó el delantero del Santos, quien tuvo una infancia llena de carencias y obstáculos que incluso lo orillaron a pensar en un retiro prematuro.

“Andaba mal de una rodilla, de los meniscos, y me dijo ‘ya no quiero ir a entrenar papá’. ‘Pues vamos para que les digas en el club, tienes que tener la atención si ya no quieres’, y lo llevé”, refirió Miguel Peralta.

“Ahí le dije a Julio César Arméndariz (su técnico), ‘se quiere rajar’. ‘No, ¿cómo que se va a rajar? pásele para acá’. Ellos tienen labor de convencimiento, a lo mejor sabían lo que traía”.

El “Cepillo” tenía 15 años. Se levantaba a entrenar a las 6, a las 2 de la tarde asistía al Conalep y a las 10 de la noche regresaba a casa. Normal para quien vivió en dos cuartitos de adobe y al que le daba flojera pararse a la recolecta de algodón, a exigencia de su madre Julieta.

“No se apure má, yo le voy a comprar su casa”, decía el “Cepillo”. “Y así como estás echado ahí me la vas a hacer”, recibía como respuesta.

Ni para una bicicleta había. Eso sí, no podía faltar el balón y, de vez en cuando, sus botines para jugar en la cancha, en la calle, en donde fuera.

“Le preguntaban el porqué siempre traía zapatos de futbol: ‘por si se ofrece’, les decía”, refirió Gilberto Morones, primo del futbolista.

Oribe no tuvo fortuna en Santos y probó suerte en Monarcas.

“Hicieron colecta para que se pudiera ir, sufrió mucho, era de los jugadores más pobres, muy callado, por su condición económica no se sentía muy seguro. Muchas críticas fuertes por ranchero, ‘es un aterrado’, decían. Decimos que nada más en Estados Unidos son racistas, pero aquí también, menospreciamos a gente que no tiene”, dijo Raquel Aguilar, su maestra de kínder, el único en La Partida.

Justo en la semana en que iba a renunciar al futbol fue contratado por Morelia y destinó su primer sueldo, 7 mil pesos, a la cirugía por fractura de nariz de su hermano Obed.

Una prueba más tuvo que superar Peralta cuando a los 19 años, jugando para el León de Primera A, tuvo a su primogénito Diego, pero supo despuntar en su carrera.

“Ha habido muchos tropiezos, pero ha sabido sobreponerse, tiene carácter”, comentó su padre Miguel Peralta, orgulloso del hombre cuyos goles permitieron que la bandera de México fuera izada hasta lo más alto en Londres.

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