Nacional
Por
Notimex
Publicado el viernes, 26 de diciembre del 2008 a las 03:43
México.- El año 2008 fue de crisis interna para el PRD por la renovación de su dirigencia nacional, proceso plagado de irregularidades y protestas que aún no terminan y que derivaron en el rompimiento entre Jesús Ortega y Alejandro Encinas, representantes de dos proyectos de izquierda distintos.
El 16 de marzo, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) llevó a cabo su elección interna, en la que también se renovaron consejeros y dirigentes estatales, cuyos resultados derivaron en algunas renuncias, como la de Gerardo Fernández Noroña, ex secretario de Comunicación y Propaganda en la gestión de Leonel Cota Montaño.
Para renovar la dirigencia y el Consejo Nacional del PRD, todo apuntaba que Ortega Martínez, fundador de la corriente mayoritaria del partido, Nueva Izquierda, sería el ganador de la contienda.
Sin embargo, Cota Montaño, entonces presidente nacional del partido del sol azteca, anunció a las 23:00 horas que datos de empresas encuestadoras daban como triunfador a Encinas Rodríguez, ubicado como el candidato de Andrés Manuel López Obrador.
Tras este anuncio siguieron ocho meses de conflicto y descalificaciones entre corrientes, por lo que prácticamente todos los aspirantes, empezando por Jesús Ortega, se inconformaron primero ante la Comisión Nacional de Garantías del PRD y luego ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Esa instancia ordenó el conteo de votos de todas las urnas, para lo cual fueron traidos los paquetes electorales de por lo menos una docena de estados.
Durante la revisión hubo enfrentamientos entre militantes del grupo de corrientes denominado Izquierda Unida, que postuló a Alejandro Encinas, y de Nueva Izquierda y sus aliados, que abanderaron al ex coordinador de la campaña presidencial de López Obrador.
Lo encontrado en el conteo voto por voto efectuado en algunos paquetes fueron anomalías que Encinas Rodríguez calificó como “chuchinero”, concepto que abrió aún más la brecha entre ambos contendientes por la presidencia nacional perredista.
El recuento de sufragios estuvo a cargo de personal del Comité Técnico Electoral, pero al paso de los meses y tras declararse incompetentes los tres integrantes de ese órgano interno encabezado por el senador Arturo Núñez, decidieron abandonar el barco.
Ante esa situación, la Comisión Nacional de Garantías se encargó del conflicto postelectoral, asignándole funciones emergentes a quienes quedaron en la Comisión Técnica Electoral, que elaboraron una nueva acta de cómputo que dio el triunfo a Jesús Ortega, lo que inconformó a Encinas y hubo más protestas.
Luego de varios meses, la citada Comisión determinó anular el proceso interno, por lo que Jesús Ortega recurrió una vez más al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para inconformarse.
Antes del fallo del tribunal, la Comisión de Garantías se quedó sin su presidenta Ernestina Godoy, quien renunció al cargo y aseguró que los otros dos comisionados -Renato Sales y Dolores de los Angeles Nazares-, elaboraron dictámenes para favorecer a Ortega Martínez.
Fue así que finalmente el 12 de noviembre el TEPJF decidió darle el triunfo a Ortega, resolución que el mismo Jesús calificó de justa y de injusta Encinas, quien días después renunció a la secretaria general que le correspondía por el número de votos alcanzados en los comicios y anunció que haría un movimiento para rescatar al partido.
El 30 de noviembre terminó el proceso electoral iniciado desde marzo con la toma de protesta de Jesús Ortega Martínez como presidente nacional del partido del sol azteca.
La división interna del PRD por la disputa de la dirección nacional y el rompimiento con el PT y Convergencia por la aprobación de la reforma con los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI), tuvo sus primeros impactos en los comicios locales del presente año.
Entre esos descalabros figuran los sufridos en Guerrero, entidad en la que de los 51 municipios en los que gobernaba, 11 en alianza con el Partido del Trabajo (PT), sólo se quedó con 24 para el próximo trienio.
El resultado derivó de la competencia entre los aspirantes del PRD y de sus aliados en el Frente Amplio Progresista (FAP): el Partido del Trabajo y Convergencia.
Una gran pérdida que tuvo en esa entidad fue el municipio de Acapulco, que estaba en su poder, pero al postular a su propia candidata, desdeñando al abanderado de Convergencia y el PT, el resultado fue la derrota ante el PRI.
Otro golpe electoral ocurrió en los comicios de Coahuila, donde de los 20 distritos se fue en blanco, mientras que el partido tricolor obtuvo carro completo.
La otra cara de la moneda se vio en Baja California Sur, entidad donde el partido del sol azteca, en alianza con el PT y Convergencia, obtuvo 14 de las 16 curules de mayoría relativa en el Congreso local y los cinco municipios en disputa.
En Hidalgo el PRD vivió un retroceso, pues tampoco ganó una sola diputación local y perdió municipios importantes como Huejutla, Tulancingo e Ixmiquilpan, aunque mantuvo su votación por encima de 20 por ciento, con lo que se confirmó como la segunda fuerza electoral de la entidad.
De los ocho ayuntamientos de Quintana Roo en los que participó coaligado con el PT y Convergencia el PRD solo ganó uno: Benito Juárez, cuya cabecera municipal es Cancún.
En el Congreso local, el partido del sol azteca se fue en cero en cuanto a diputados electos por voto directo, y su poder de convocatoria en las urnas sólo le alcanzó para dos legisladores de representación proporcional.
Por último, la coalición que concretó con Convergencia y PRS en Nayarit fue un fracaso, pues no ganó ni alcaldías ni curules en la legislatura estatal.
Notas Relacionadas
Hace 18 minutos
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Más sobre esta sección Más en Nacional
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 4 horas
Hace 4 horas
Hace 4 horas