Coahuila
Hace 1 hora
En tiempos donde todo parece ir tan rápido, donde muchas cosas se vuelven pasajeras y donde incluso las instituciones tienen que luchar todos los días por mantenerse vigentes, llegar a 83 años con historia, identidad y prestigio dice mucho y la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, dice mucho.
Dice mucho por lo que representa en la vida académica de nuestro Estado, por las generaciones que ha formado, por la posición que ocupa en la historia de Coahuila y por lo que significa para quienes hemos tenido la fortuna de pasar por ella. Jurisprudencia no se queda en el aula, incide en la forma de pensar, en la manera de hablar, en cómo aprendes a defender una idea, en cómo entiendes la responsabilidad, la disciplina y el compromiso con lo público. A Jurisprudencia se viene a estudiar una carrera y se viene a formar una personalidad; eso no se olvida.
Con una doble responsabilidad, para mí tiene un valor profundamente especial, hoy me toca servir a la casa de estudios de las y los abogados de Coahuila y a su comunidad como director, antes me tocó vivirla como estudiante y eso cambia por completo la manera en que uno la mira, la cuida y la entiende desde la cátedra.
Nunca dejamos de recordar los días de clase, la incertidumbre, la emoción, los nervios, las amistades que nacen ahí, los debates en el salón, las desveladas, las experiencias intensas, las ideas que empiezan a tomar forma y esa sensación de estar construyendo algo que todavía no alcanzas a dimensionar. Con los años, entendemos que no solo estudiamos Derecho, construimos una parte de la vida y eso justamente es lo que vuelve tan importante a nuestra institución.
Más allá de sus muros, de sus aulas y de su historia, Jurisprudencia es un lugar donde comienza una vocación, donde se forjarán amistades para siempre, donde se definen caminos y donde se forma carácter. Donde se entiende que la preparación no es solamente acumular conocimiento, sino aprender a asumir el lugar que cada quien ocupará en la sociedad; entender que lo aprendido tiene consecuencias reales en la vida pública, en la justicia, en las instituciones y en la vida de las personas.
Durante 83 años, la Facultad de Jurisprudencia ha forjado generaciones de profesionistas que han dejado huella en distintos espacios: en el litigio, en la academia, en el servicio público, en el Poder Judicial, en la política, en la vida institucional y en otros caminos donde el nombre de la Facultad ha estado presente. Eso no pasa por casualidad, pasa cuando existe una comunidad que entiende lo que representa pertenecer a Jurisprudencia, la responsabilidad de honrar su nombre, de cuidar su prestigio y de estar a la altura de la historia que se ha construido durante tantas décadas. Eso nos toca a todos, nos toca a quienes dirigimos, a quienes enseñamos, a quienes trabajamos todos los días para sostener la vida institucional y por supuesto al estudiantado, que es y será el corazón de la institución.
Una escuela vive realmente a través de su comunidad, en sus conversaciones, vive en sus generaciones, vive en sus pasillos, vive en la energía de quienes la habitan todos los días y si algo sigue teniendo Jurisprudencia, después de 83 años, es precisamente eso, vida; vida en su historia y vida en su presente. Vida en una comunidad que sigue soñando, cuestionando, proponiendo y construyendo.
Este aniversario debe sentirse como una oportunidad para reconocer nuestro origen, valorar lo que tenemos y asumir lo que nos toca construir hacia adelante. Al cumplir 83 años, la Facultad de Jurisprudencia merece gratitud, merece orgullo, merece respeto y merece el compromiso de seguir construyéndola con seriedad, con visión y con cariño. Felicidades a nuestra dilecta Jurisprudencia por estos 83 años y felicidades a quienes desde su tiempo y circunstancia, han sido parte de esta historia. Porque Jurisprudencia se vive, que viva Jurisprudencia.
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