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Publicado el miércoles, 16 de julio del 2008 a las 19:00
Saltillo, Coah.- La Iglesia católica ha mencionado que existe una crisis social que está dañando globalmente. Una de esas manifestaciones es el aumento de divorcios. Héctor Raciel de León López, coordinador vocacional pastoral, mencionó que esto es por falta de vocación.
El presbítero comentó que el matrimonio dentro de la Iglesia católica es una expresión de libertad que se da en una capacidad de “donarse”, comprometerse.
Cuando esta manifestación hacia la pareja elegida para cumplir con unos de los sacramentos estipulados no cumple con el objetivo de convivencia, se da la separación.
“Hasta que la muerte los separe”, esta frase ya no ha sido el fin de las historias amorosas que pactan en la Iglesia. El presbítero explicó qué postura toma la Iglesia cuando el matrimonio no funciona y el pacto de por vida no es tangible en las parejas.
“Es reconocida, comprendida la separación como el menor de los males, pero la unión es hasta la muerte”, mencionó De León López, quien dijo que a pesar de estar separados los cónyugues, la unión hecha ante Dios es hasta la muerte, no importando la distancia.
“La Iglesia tiene una postura, pero entiende y reconoce realidades (…) respeta e incluso apoya la separación cuando es necesaria”.
No puedes volver a casarte en algunas situaciones, la muerte es la única separación, que termina con el vínculo, cuando alguno de la pareja fallece, el otro tiene la oportunidad de volver a adquirir nupcias.
El matrimonio como sacramento de la fe católica es un vínculo sagrado, pero en la actualidad la Iglesia ha tomado una actitud más flexible, tomando en cuenta la posibilidad de anulaciones de matrimonio, cuando “se funda en carencias en la conciencia o libertad de los contrayentes”.
Esta unión, por así decirlo, es ilegítima desde el momento mismo en que se adquiere, por la falta de elementos esenciales que hagan que sea una decisión basada en el conocimiento y la razón. Cuando alguno de los dos toma conciencia se anula. Los ejemplos para que exista esta ilegitimidad es cuando obligan a algún elemento a hacer la unión sin querer o cuando alguno es homosexual, etcétera.
El coordinador vocacional pastoral, quien convive con jóvenes que aspiran a una educación sacerdotal, hizo referencia de esta situación, a la falta de vocación de los jóvenes a ser sacerdotes. “Si no tenemos familias, cómo vamos a tener sacerdotes”.
Finalizó haciendo una reflexión de la Iglesia, que ya ha tomado una postura más comprensiva, pero que ha aumentado el egoísmo del ser humano que se basa en la falta de formación y conocimiento que evita el compromiso.
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