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Publicado el miércoles, 16 de julio del 2008 a las 19:07
Saltillo, Coah.- Carlos Alberto Pacheco Coronado calificó a la violencia como una actitud arraigada en las sociedades, comúnmente asociada con la “solución” de problemas como en el caso de las adicciones, como lo pensó en algún momento de su vida.
El ministro al frente de la Casa de Rescate Clamor en el Barrio, quien tuvo problemas fuertes con la adicción al alcohol, dijo respecto al suceso ocurrido el pasado fin de semana, en el que un interno de la casa Jóvenes de Saltillo perdió la vida presuntamente asesinado, por los métodos violentos utilizados en dicha organización, que se tiene que llegar hasta este punto para que salga a la luz pública, las deficiencias de por lo menos la mitad de los establecimientos de esta naturaleza.
“Me da tristeza que llegue hasta las últimas consecuencias para darnos cuenta de cómo operan estas casas, lo hubiéramos prevenido si hubiéramos puesto atención. Hay diferentes hogares, centros que yo respeto, sí quieren hacer lo bueno, pero si no tienen ni siquiera preparación, si no tienen la esencia para el cambio de vida, van a sufrir al igual que ellos (los adictos)”, dijo.
Consideró que los métodos que emplean por lo menos el 50 por ciento de las casas de rehabilitación, están basados en la violencia, golpes, maltratos, abusos de autoridad.
“Lo puedo decir abiertamente, porque aquí tengo muchos hombre y mujeres que han estado en ese tipo de centros, y los métodos que les quisieron aplicar para transformarlos, los hizo más violentos, agresivos y con pensamientos de suicidarse. Creo que el 50 por ciento mínimo son los que operan bajo esta situación, las condiciones de las instalaciones están infrahumanas, las tienen como unos animalitos”.
Por lo anterior, exhortó a las autoridades correspondientes a que hagan una investigación correspondiente, “porque esto es lo que sale a la luz pública, ya cuando alguien muere, pero hay personas que salen muy maltratadas, golpeadas, abusadas, con araños, de donde se han escapado”.
Recordó que parte de su niñez que marcó parte importante de su vida, corresponde a que creció en un barrio popular entre las calles de Morelos y Escobedo, donde se relacionaba con la banda de Los Huajucos, a quienes sus padres con el afán de ayudarlos, los insultaban, los golpeaban, humillaban y encerraban, por lo que pensaba que las formas de ayudar a las personas se basaban en la violencia.
“Mis primeras cervecitas fueron a los 13 años, pensaba que esa era la forma correcta de ser un hombre fuerte, un hombre respetado, especialmente con los pandilleros Huajucos en la plaza Félix U. Gómez”.
Cuando fue invadido por la influencia de las drogas, y al darse cuenta de lo que estaba viviendo, pedía a su esposa que lo encerrara, por su deseo de cambiar, pero no fue sino hasta hace 12 años más tarde, a sus 28 años de edad, cuando conoció que el seguir la fe cristiana podría ayudarlo.
“Le doy gracias a Dios por una persona que hace 12 años, Dios lo dejó a través de su hijo Jesucristo, y es el amor, le abrí mi vida, y 15 años me duró el sufrimiento”, indicó.
Él y su esposa Rosy se fueron a radicar por un tiempo a San Antonio, Texas, donde pudieron prepararse y en el tiempo correcto volvieron en Saltillo, donde en la calle Albania, de la colonia Oceanía, en marzo de 1996, empezaron con el tratamiento a adictos, operando como un centro de rehabilitación, lo que son ante la sociedad, “aunque en la realidad somos un hogar”.
Actualmente, han conformado seis casas más en Ramos Arizpe, Acuña, Reynosa, Tamaulipas, en Durango, y San Nicolás de los Garza, Nuevo León.
En dicha institución cuentan con una academia de valores, cursos que son tomados por 104 alumnos, de los cuales hay 15 matrimonios, en la búsqueda de capacitarse y estar en posibilidades de abrir nuevos centros de ayuda.
Consideró que en un lapso de cinco años tendrán unas 20 ó 30 casas más, y proyectan a futuro tener otros espacios en Centroamérica.
En la casa ubicada en la colonia Landín al sur de la ciudad, desde que se entra se puede observar el trabajo en equipo y voluntario que realizan todos los que radican en ella. La higiene y la disciplina son comunes denominadores, así como el respeto, la responsabilidad y fidelidad.
Cuentan con médicos que apoyan en la cuestión física, ya que comúnmente los pacientes llegan descompensados o trastornados, pero “el trabajo está al 100 por ciento en el alma, usamos las escrituras, el mensaje de Dios, música de no destrucción, cuidamos a los muchachos hasta que se sienten libres de la adicción, no usamos medicamento”.
En los centros se han atendido unas 7 mil 600 personas, de las cuales el 60 por ciento ya fue rehabilitado, actualmente en proceso se encuentran cerca de 340 hombres, 96 mujeres y de las mujeres que llegan con los hijos, que toman el mismo modelo, tienen 12 jóvenes adolescentes, y 40 niños que acompañan a su familia.
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