Nacional
Por
Abdel Robles
Publicado el domingo, 25 de enero del 2009 a las 16:00
Culiacán, Sinaloa.- Los principales cárteles del narcotráfico, que han ensangrentado el país con sus confrontaciones, acordaron en diciembre pasado una tregua indefinida que ha tenido alcance nacional y se refleja en una disminución de balaceras, enfrentamientos, matanzas y ajustes de cuentas, reveló en su edición del domingo 11 el semanario local “Ríodoce”, que aborda temas del narcotráfico.
La nota “Pactan los narcos. La Sedena lo promueve y el Cisen lo registra”, sostiene que el cese al fuego se pactó “para recuperar el control del tráfico de enervantes que, debido a su concentración en la guerra, estaban perdiendo” los cárteles. Además, se estableció que cada organización “cobraría los ajustes de cuentas” que tenía pendientes antes de llegar a este acuerdo.
Durante un recorrido que “Proceso” realizó del 14 al 21 de enero por los municipios de Culiacán, Navolato y Badiraguato, constató que en estas localidades el Ejército no realiza patrullajes y quitó los retenes, con excepción de uno, cercano a la caseta que está a la salida de Culiacán, por la carretera internacional que lleva al límite entre Durango y Sinaloa. Justo el llamado Triángulo Dorado del narcotráfico.
Desde el mes pasado, en calles, plazas, taxis, restaurantes, hoteles y comercios se habla de esa negociación entre los jefes de los cárteles. Para los lugareños, esto se hizo evidente el 24 y el 31 de diciembre, cuando dejaron de escuchar los disparos de cuerno de chivo a los que ya se estaban acostumbrando.
Según el semanario “Ríodoce”, “en el acuerdo de cese al fuego al parecer participaron representantes de organizaciones que dirigen Ismael “El Mayo” Zambada, Joaquín “El Chapo” Guzmán, Arturo Beltrán Leyva, los hermanos Arellano Félix, además de (Vicente “El Viceroy”) Carrillo Fuentes”.
Señala que el primer acercamiento estuvo a cargo de representantes de segundo nivel de estas organizaciones y se llevó a cabo en un privado de un exclusivo restaurante de Culiacán especializado en mariscos.
“De estos encuentros tuvo conocimiento la Sedena y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), instancias que montaron discretos operativos y se mantuvieron informados de los avances de estas negociaciones”, afirma “Ríodoce”.
“Uno de los argumentos planteados por los capos de las organizaciones criminales que participaron en la tregua es que se han olvidado del mercado y del negocio local de la droga por priorizar las ejecuciones y enfrentamientos entre bandas contrarias. Descuidaron el negocio y son otros los que lo están operando y no precisamente con autorización de los jefes”, añade la nota.
Sin embargo, se afirma en el semanario, acordaron que todavía realizarán las ejecuciones que tienen pendientes como parte de anteriores “ajustes de cuentas”.
Hasta el viernes 23, “Ríodoce” no recibió ningún desmentido acerca de esta información, ni siquiera de las dependencias mencionadas en la nota (la Sedena y el Cisen).
Cuestión de negocios
La última vez que los capos del narcotráfico mexicano se reunieron para firmar un pacto fue en agosto de 2007, cuando en al menos siete encuentros los cárteles de Sinaloa y del Golfo definieron el reparto de territorios y se comprometieron a respetarlo, así como a cesar las ejecuciones entre miembros de ambas organizaciones.
Y la cumbre más célebre entre grupos antagónicos dedicados al tráfico de drogas se realizó tras la caída de Miguel Ángel Félix Gallardo, quien hasta abril de 1989 fue jefe del cártel del Pacífico.
En aquella ocasión, Félix Gallardo logró reunir en Acapulco a todos los capos y les repartió el territorio. Asistieron, entre otros, los hermanos Arellano Félix, El Güero Palma y Rafael Aguilar Guajardo, este último encargado de realizar todos los preparativos. Las negociaciones fueron exitosas, aunque después comenzó la disputa territorial que hasta la fecha sigue vigente (Proceso 1600).
Una fuente cercana al cártel de Sinaloa, y que pidió no publicar su nombre, señala que tiene conocimiento de que la iniciativa para este encuentro fue Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien contactó a los jefes de otras organizaciones a través de un emisario al que los cárteles identifican como “el M1”.
Lo primero que se estableció fue que el acercamiento inicial se llevara a cabo en este estado, tierra natal de la mayoría de los capos: los Arellano Félix, los Carrillo Fuentes, Guzmán Loera y los Beltrán Leyva, así como Zambada y Esparragoza. La fuente consultada señala que, según su información, a ese primer encuentro del 11 de diciembre, en el ya mencionado restaurante de Culiacán, sólo asistieron representantes de segundo nivel, con la misión de allanar el camino al acuerdo principal.
Inicialmente las organizaciones pactaron dos puntos fundamentales: “El cese al fuego hasta el día 30 de enero de este año y las cuentas (ejecuciones) que cada cártel tenía pendientes de cobrar. Cada uno cede y acuerdan concluir los ajustes pendientes”, reitera la fuente.
Dos días después del primer encuentro, continúa, los jefes de los cárteles sellaron el pacto. En esta ocasión se reunieron durante cinco horas en el centro recreativo Nuevo Altata, a 20 minutos del municipio de Navolato y a 40 de Culiacán.
–¿Quiénes asistieron y qué asuntos concretos trataron? –inquiere la reportera.
–Se supo que asistieron Vicente Carrillo, por el cártel de Tijuana; los Arellano Félix, por el de Juárez; Joaquín Guzmán Loera, del cártel de Sinaloa, y Arturo Beltrán Leyva.
“Tenemos información de que a la segunda reunión también se sumaron representantes de La Familia, operadora de Michoacán” y del cártel del Golfo, de Tamaulipas, agrega.
–¿Hubo acuerdos?
–Al parecer, coincidieron en que la guerra entre cárteles por el control del mercado los estaba llevando a descuidarlo. Tenían identificadas a cinco personas o familias que, aprovechando los vacíos que estaba dejando la disputa, empezaron a trabajar solas. Incluso lograron amarrar contactos directos, con los que pactaron en Colombia, Panamá y Argentina.
Otras versiones, obtenidas entre miembros de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, coinciden en que el pacto entre capos es real. Uno de ellos señala:
“Prueba de ello es que dejaron de registrarse las frecuentes balaceras y múltiples ejecuciones que tuvimos hasta las dos primeras semanas de diciembre. Incluso, de manera simultánea a la tregua de cese al fuego concertada por los capos, el Gobierno federal retiró una buena parte de los operativos de las calles de Culiacán. No hay soldados ni policías federales. Nosotros mismos retiramos las unidades y a los elementos asignados al operativo Culiacán-Navolato, iniciado el pasado mes de mayo”.
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