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Miguel Angel Perera no deja recelo

  Por El Universal

Publicado el lunes, 26 de enero del 2009 a las 20:06


Y ciento doce días después de aquella terrible tarde en Las Ventas de Madrid, ayer se presentó en la Plaza México

El español fue el triunfador en la corrida 15 de la Plaza México

México, D.F.- Y ciento doce días después de aquella terrible tarde en Las Ventas de Madrid, ayer se presentó en la Plaza México, confirmó su alternativa, y con su pasmoso valor, sus variados recursos, sus ganas de ser, enloqueció a la afición, cortó las dos orejas y el rabo a Precursor, de Xajay, con 504 kilos, un toro de regalo, y demostró por qué avanza con paso firme al sitio de primerísima figura del toreo.

Miguel Ángel Perera, 112 días después. Aquel tres de octubre del año pasado, en la plaza más importante del mundo taurino, se encerró con seis toros. Hizo todo lo posible por salir, como ya lo había hecho de otros cosos españoles, triunfador y a hombros. No pudo. Herido, lo llevaron las asistencias a la enfermería y luego al hospital. Él pronóstico era “muy grave”. Llevaba dos cornadas, una en la parte superior del muslo, con una contusión en la femoral, la otra en el escroto y el pene. Fue operado en cinco ocasiones. Pero se salvó, sobrevivió y en cuanto pudo, se levantó, se preparó, y ayer, en una sola tarde, su primera en la capital mexicana, se convirtió en el triunfador de lo que va de la Temporada Grande, quedó apuntado sin duda para la corrida de aniversario del 5 de febrero.

Vestía de azul turquesa y oro. Con su primero, Palomo, de Barralva, con el que le confirmó la alternativa Manolo Mejía, hizo cuanto pudo.

El animal no se prestaba mucho, pero logró buenas series. Mató mal, perdió el apéndice, pero recibió un fuerte aplauso del público que hizo una regular entrada. Su segundo, Triunfador, fue protestado ruidosamente por aficionados y villamelones que pedían que lo regresaran a los corrales por su falta de presencia. Perera no se distrajo de lo suyo, a lo que iba, y poco a poco cambió los silbidos, los abucheos, por ¡olés!, a base de estar muy cerca del astado, arriesgándose, para arrancarle largos y buenos pases. Una efectiva estocada, y la oreja sellaron lo que se pensaba sería el final de su actuación.

Pero el joven nacido en 1983 en Badajoz, quería, necesitaba más. Y el público también. Por ello, para ello, el regalo del noble cárdeno Precursor. Lo recibió con suaves verónicas, las manos muy abajo, luego ajustadas chicuelinas. Posteriormente, con la muleta, lo mejor. Se puede decir o escribir fácil: el péndulo, la vitolina, intensos derechazos, lentos naturales, cambios de mano, trincherazos, el desdén, un par de dosantinas, escalofriantes. Pero lo que hizo Miguel Ángel Perera, lo que pocos hacen, fue colocarse en el sitio exacto para jalar al toro, con la muleta en la distancia justa. Y ligar los pases sin mover los pies de la arena, como una estatua. Y todo, en un palmo de terreno. “¡Torero, torero!” era el clamor que llenaba la plaza. Y los sombreros caían al ruedo. Y la gran mayoría de la gente se levantaba, casi brincaba de sus asientos después de la estocada hasta la empuñadura. Dos orejas concedió el reaparecido juez Miguel Ángel Cardona, los pañuelos blancos se mantuvieron en alto, otorgó el rabo.

Una venturosa tarde. El cielo azul. Sin viento. Y con la sonrisa, la alegría de José Mauricio, el chico capitalino, del barrio de Mixcoac, el que, ya les había platicado aquí, tuvo que irse de su casa, dormir en su auto, que estacionaba afuera de La México, cuando sus padres se opusieron a que se dedicara a ser torero. Gozo del muchacho, al torear con sabor, con gracia a Azucarero. Una faena con temple, con buen gusto. Hubo momentos brillantes, y coreadas fuertemente una capetillina y un pase del desdén, también los de pecho. Dos orejas para José Mauricio quien después de un tiempo en el que parecía que se perdería, es ya una sólida promesa. En su segundo, el sexto de la tarde, una escena poco común, algo que no se veía hace tiempo: el chico compartió un quite a la limón con Manolo Mejía quien por su parte, no tuvo suerte con su lote.

Al final, tres toros desorejados, dos toreros a hombros, y aficionados eufóricos, entre ellos Javier Usabiaga, el que fuera calificado por Vicente Fox como “el mejor secretario de Agricultura de la historia”, el conocido Rey del Ajo quien, cuando se retiraba me dijo que sí quiere retornar a San Lázaro, ser diputado “para darles unas clasesitas”. Y me consta, sólo estuvo tomando refresco.

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