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Publicado el lunes, 26 de enero del 2009 a las 20:22
El receptor de Cardenales jugará ante Acereros en el Super Bowl En 2000, Harris y su equipo se encargaron de reclutar y luego desarrollar el talento de Larry Fitzgerald, ahora receptor de los Cardenales de Arizona y el mejor de la NFL, para muchos.
“Dios trabaja de forma misteriosa, ¿no lo creen?”, dijo antes de comenzar a revisar las mejores atrapadas de su pupilo en la Universidad de Pittsburgh. Algunas difíciles, otras simplemente increíbles, de 2002 a 2003, antes de que su talento emigrara a la NFL.
El partido contra Rutgers en el que se alzó lo más que pudo y atrapó el balón con una mano. El entrenamiento en el que superó al esquinero para atrapar el ovoide estirándose y luego girando para evitar que éste pegara contra el césped. El partido contra Virginia en el que arqueó su cuerpo para atrapar un balón que ni siquiera había visto bien.
“Simplemente dices: ¿cómo pudo haber atrapado ése?”, comenta el coach.
Antes que los Cardenales lo seleccionaran como la tercera global en 2004, antes que rompiera el récord de más yardas en recepciones en playoffs este mes, Larry era el astro de las Panteras de Pittsburgh.
“Siempre dijo que quería ser el mejor receptor de la NFL y ahora lo es”, dijo Tyler Palko, ex quarterback de la Universidad de Pittsburgh.
Larry creció en Minnesota siendo fan de Penn State, pero a varios coaches del colegial no les llenaba el ojo dado que sus calificaciones eran bajas. No ocurrió con Harris y su equipo.
De todas sus cualidades, Harris pone primero su coordinación, después la habilidad que tiene para saltar alto, su timing y finalmente su velocidad. Y eso que no se le ha visto pasar el balón, pero con Pittsburgh solía meterlo entre las barras de gol de campo desde más de 70 yardas. De sus manos, ni qué decir, son grandes y lo atrapan casi todo.
En el esquema ofensivo de Pittsburgh, había una docena de jugadas llamadas Jugadas Larry, que se enfocaban en todas aquellas veces que los defensivos le hacían una triple cobertura a la estrella. Con este plan, Fitzgerald implantó un récord de la NCAA con 18 partidos al hilo con por lo menos una recepción de anotación.
Harris y Fitzgerald formaron lazos especiales. El coach estuvo ahí cuando la madre del receptor murió de cáncer en 2003. Vio cómo Larry dobló sus horas de estudio para sacar la escuela tras el funeral, pese a que venía el draft y se sabía que sería reclutado.
Estuvo junto a él cuando terminó segundo en las votaciones por el trofeo Heisman en apenas su segundo año.
Harris aún le envía mensajes de texto al receptor, diciéndole que mejore en sus acarreos después de la atrapada.
Junto con otros apasionados fanáticos de los Acereros, verá el Super Bowl XLIII en el Grille 36, el restaurante del retirado corredor Jerome Bettis, aunque un trozo de su corazón estará con la ofensiva aérea de los Cardenales. “Si Arizona gana el Super Bowl sólo les diría: ‘Ése es sólo Larry siendo Larry’”.
Pittsburgh.- ¡Dios, he creado un monstruo! Es la frase que describe lo que ahora siente este ferviente admirador de los Acereros, de nombre Walt Harris.
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