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AP
Publicado el miércoles, 28 de enero del 2009 a las 18:32
Tampa Bay, Florida.- Hace cuatro años, Kurt Warner tenía dificultades para encontrar un empleo. Sin importar que había estado en dos Super Bowls y había ganado uno o que incluso había sido el ganador del Jugador Más Valioso de la NFL y del Super Bowl, el quarterback parecía destinado al olvido.
Había la idea de que estaba desgastado y liquidado, y que su pulcra carrera se encaminaba hacia un fin lleno de ignominia.
Sin embargo, el quarterback, de 37 años, escribió uno de los capítulos más sorprendentes con una temporada que podría asegurarle un lugar en el Salón de la Fama de la NFL, sobre todo si logra llevar a sus Cardenales de Arizona, el otrora hazmerreír de la liga, a vencer este domingo a los Acereros de Pittsburgh.
“Con suerte, uno podrá reconocerlo por lo que es exactamente: uno de los mejores elementos que jamás hayan jugado su posición” de quarterback, indicó su entrenador Ken Whisenhunt.
CONTRA TODA DIFICULTAD “Mi idea es esperar que cada elemento con el que he jugado, cada lugar en el que he estado que de alguna manera, forma o fondo, pueda dejar mi sello en esas personas y en esos lugares”, dijo Warner ayer. “Eso es lo que quiero que sea mi legado, pues el futbol es algo pasajero”.
RIVAL IMPRESIONADO
Sin embargo, sus logros en el campo han impresionado incluso a su colega de Pittsburgh, Ben Roethlisberger.
“Ha tenido que sobrellevar muchas cosas y ha logrado mucho. A mí me gusta verlo jugar, lanza un pase increíble y ¿saben algo? siento un enorme respeto por él y por la manera como juega el deporte”, agregó.
UN RESUMEN PERFECTO “Muchas veces, cuando haces algo bueno, no se logra de la noche a la mañana. No es algo que se dé fácil. Todo se logra con mucho trabajo duro, con mucho tiempo y mucho compromiso”, agregó. Ese comentario resume perfectamente su vida.
TAREA DE MUCHOS DÍAS
Warner jugó en la Universidad del Norte de Iowa, pero no fue titular sino hasta su último año. Buscó ser contratado por los Packers de Green Bay, pero rápidamente lo dieron de baja. Así que regresó a Cedar Rapids, donde consiguió un empleo abasteciendo anaqueles en un supermercado.
Su camino hacia la NFL incluyó tres temporadas con los Barnstormers de Iowa en la Liga de Futbol Arena y dos años con los Admirals de Amsterdam, de la NFL Europa.
Antes de la temporada de 1999, Warner era sustituto con los Carneros cuando el quarteback Trent Green se lesionó. El entrenador Dick Vermeil entonces confió en Warner y el resultado fue una de las ofensivas más explosivas en la historia de la NFL.
En los siguientes tres años, pese a que se perdió cinco partidos por lesión, Warner lanzó pases para 12.612 yardas y 98 touchdowns. Fue la temporada que ganaron el Super Bowl y la derrota por poco ante los Patriots de Nueva Inglaterra en el 2001.
Sin embargo, se lesionó un dedo y la mano en el 2002 y con ello comenzó su eclipse con Carneros. Perdió su puesto titular ante Marc Bulger y fue dado de baja al concluir la temporada del 2003.
Firmó un contrato por un año con los Gigantes, pero fue reemplazado por el novato Eli Manning y después de un partido para el olvido ante los Cardenales.
Con 33 años a cuestas, Warner no tuvo una sola oferta seria, salvo la que le hicieron los Cardenales.
La historia de Warner está basada en una fe profunda y en un impulso continuo a dar lo mejor de sí mismo como persona y como jugador de futbol americano.
El regreso de Warner a la cima es un tema reiterado en anticipo al Super Bowl, tal como ocurrió hace una década, en la campaña de 1999.
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