Espectáculos

Publicado el jueves, 20 de marzo del 2014 a las 19:12
Saltillo, Coah.- Para los mexicanos que hoy rondan los 40 años, la figura de la periodista Valentina Alazraki ha estado siempre estrechamente ligada a la de Juan Pablo II, por eso no es de sorprender los múltiples escritos que de él ha hecho a lo largo del tiempo, dos de los cuales llegan a México a un mes de su canonización.
Se trata de “El Santo que Conquistó el Corazón del Mundo” y “El Milagro Costarricense de Juan Pablo II”, ambos editados por Planeta y que la corresponsal de Televisa en el Vaticano presentara ayer en la capital del país.
La comunicadora mexicana habla con Zócalo sobre lo que implica tener a su cargo una fuente de tal envergadura así comos sus impresiones de un hombre de “indiscutible santidad”, al cual percibió al principio de su pontificado como un líder enérgico, como un hombre de batallas espirituales, y tras sucumbir a los embates de una salud deficiente como un hombre santo y de gran fortaleza.
Pero, ¿más allá del deber profesional de informar los acontecimientos de la capital del catolicismo, hacer a un lado la propia fe representaría un conflicto para el encargado de ello? Alazraki dice contundente que no para ella.
“Nunca ha representado un problema, nunca lo he vivido así porque por lo general la información que hacemos que es sobre todo para radio y televisión es bastante escueta en el sentido que estoy acostumbrada a comunicar lo que veo, lo que sucede, y no en primera persona. Quiero decir, informo acerca de lo que hace el Papa, lo que sucede en el Vaticano o lo que pueda suceder en Italia por lo general, y no tengo que mezclar lo que yo pienso o lo que siento, nunca me he sentido en una dificultad sobre este tema”, argumenta la periodista.
Fiel a la consigna del ejercicio informativo, Alazraki afirma que procura incluir las diferentes posturas que se dan respecto a un asunto, pues sólo así la gente puede tener una visión más completa.
“Algunas veces el Papa dice una cosa y hay grupos que pueden estar de acuerdo y grupos que no. Creo que lo más ético es dar las tres voces; la gente ya después opina y se hace su propia idea”, sentencia.
LIBROS MUY PERSONALES
Sin embargo, los trabajos literarios de la corresponsal que dan cuenta de la vida de Carol Wojtyla, a decir de ella misma “son libros muy personales”, donde se plasman testimonios que no buscan ser neutrales sino compartir la experiencia de vida de alguien que compartió el día a día con un santo.
“Mis libros en su gran mayoría son dedicados a mi experiencia con Juan Pablo II y a lo que yo viví durante su pontificado.No creo que sería correcto decir que son neutrales, porque no son libros de una historiadora o de una observadora que está analizando una determinada época del Vaticano o un determinado pontificado”, asume Alazraki.
La periodista reconoce que la gente sabe que en estos textos manifiesta su propia percepción de un personaje del cual decide hablar porque el convivir más de dos décadas con él fue para ella una experiencia que la enriqueció en muchos aspectos.
“Juan Pablo (II) es un tema que yo escojo porque esa persona y ese pontificado a mí me han marcado desde un punto de vista profesional y personal, y dejo toda la libertad del mundo a las personas a estar de acuerdo o no con lo que yo he vivido”, dice.
Alazraki señala que es obvio que un personaje de gran magnitud tenga detractores y que respeta a quienes no estuvieran de acuerdo con las ideas, doctrina o forma de actuar de Juan Pablo II, pero no podría intentar hacerlos cambiar de opinión porque no le corresponde a ella, simplemente puede exponer su experiencia al lado de un hombre “transparente y coherente en todos los sentidos”.
“Yo no me siento nadie como para hacerle cambiar de idea a una persona que se sienta detractora de Juan Pablo II, lo único que yo puedo decir es que lo que yo he visto durante 26 años y medio a mí me ha tocado vivirlo fuera y dentro, yo lo he visto en la Plaza y lo he visto en su casa. Lo que puedo decir es que yo no conozco dos Juan Pablos difererentes, lo que yo he visto afuera lo he visto adentro, para mí ha sido una persona extremadamente transparente, coherente, es una persona que puramente tenía una fe, era una roca, digamos, porque toda su vida ha sido así desde que era niño hasta que se murió, yo siempre he percibido una gran coherencia”, externa.
LA SANTIDAD HOY
A decir de la comunicadora, el concepto de santidad en la época actual ha sido claramente definido tanto por Juan Pablo II como por Francisco como una capacidad a la que está llamado cualquier ser humano del mundo.
“Ellos (ambos Papas) dicen que los santos no son superhéroes, que no son personajes extraordinarios de novela, pues los santos finalmente podríamos ser cualquiera de nosotros, siempre y cuando de alguna manera en buena fe tendiéramos o quisiéramos tender a la santidad, pues tampoco se trata de gestos heroicos. Yo creo que es tratar de ser lo mejor que uno puede cada día”, opina.
Y si se trata de un religioso (como el caso de Juan Pablo) habría que ser un líder espiritual totalmente transparente y coherente, “un pastor como dice el papa Francisco que huela a oveja, que esté en la calle, con su gente, cercano, misericordioso”.
“Para mí el párroco, cura, obispo, cardenal, que vive encerrado en un palacio, que no está en la calle, que no se da cuenta de las necesidades de la gente que no se da cuenta, que no es una persona que realmente tenga la misericordia y el deseo de estar a la par con la gente, para mí es poco santo. La santidad es la actitud del servicio no la idea de poder.
“Esa es un poco la concepción de santidad que yo tengo, la concepción de la cruz, de que la vida está hecha de momentos buenos y momentos difíciles; te toca una cruz, la tienes que saber llevar. Esos también son síntomas de santidad, y todos podríamos ser eventualmente santos en nuestros ambientes de trabajo; de hecho Juan Pablo tendió a beatificar a mucha gente “de la calle” porque la santidad está al alcance de todos, no es un privilegio de unos cuantos. Hablamos de una santidad mucho más humana”, abunda.
UN PAPA DE DIÁLOGO
Para Alazraki, Juan Pablo II fue un Papa muy amado, que “rompió con muchos moldes”, sobre todo el de ejercer un pontificado lejano de su grey en quien la gente descubrió a un ser humano que compartió “su historia, su juventud” y que permitió que lo siguieran incluso en su enfermedad con la que demostró ser “una persona de enorme fortaleza en el sufrimiento físico”.
Más allá de cualquier polémica, dice la autora, esta imagen que de Wojtyla tiene el mundo es la que contribuyó a acelerar su canonización, la cual es “ese reconomiento a un hombre que fue muy generoso con el mundo, quien incansablemente trabajó hasta el final para visitar 120 países luego de entender ‘¿cuánta gente puede pagar un boleto para venir al Vaticano?’”.
“Es una forma de paternidad universal que el tenía porque finalmente se interesaba por la vida de los pueblos, mediaba por la paz. Hasta el final de su vida hizo todo para evitar la guerra contra Irak, la guerra contra el Golfo y la confrontación de religiones.
“Fue un hombre que tendía puentes, que buscaba el diálogo. Creo que es un poco el reconocimiento lo que esta canonización pueda significar, y sobre todo, la idea de que sigue vivo”, señala.
Respecto a esto último, refiere la demanda que hay de la llamada Reliquia Itinerante de Juan Pablo II en pueblos lejanos de Asia y África, donde hay conflicto o tensión sociopolítica, lo cual “quiere decir que (el Papa) es percibido como una persona de paz, que de alguna manera trajo esperanza”.
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