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Redacción
Publicado el jueves, 3 de abril del 2014 a las 15:00
Monclova, Coah.- Las bajas pasiones y el desamor mezclados con el alcohol, sólo traen problemas, desintegración y enemistades, formando así una cadena de delitos, amargura y muerte, en familias de todos los estratos sociales.
Tal es el caso que protagonizaron tres trabajadores del volante en la vecina población de Castaños décadas atrás, en cuyo caso las autoridades habían dado carpetazo, tocando a un periodista dar con la hebra de la madeja que movilizara nuevamente a la Policía para el esclarecimiento y aprehensión de los responsables del singular asesinato.
Los jefes policiacos Mauricio Narváez, Héctor González y Alfredo Verástegui reconocieron la labor del periodista.
En los archivos policiacos de la Procuraduría General del Estado, aparece un expediente del año 1981, en cuyas investigaciones ministeriales realizadas por la antigua Policía Judicial, aparecen como responsables los traileros Joaquín Rivera Miranda, Defino Vázquez y Nolasco Rosales Aradilla.
El trío diabólico había dado muerte a un joven de extracción humilde, a quien le hundieron un arma punzo-cortante, le cortaron sus testículos, se los pusieron en la boca y lo colocaron en los rieles para que lo destrozara el tren.
No hay crimen perfecto, ni que quede sin castigo. La víctima fue identificada como Guadalupe Saldaña Lugo de 24 años, un hombre considerado por conocidos y vecinos como trabajador y estimado por su carácter amable y servicial.
Tras ser declarados los dos primeros, dijeron que horas antes Nolasco Rosales los había invitado a tomar por ser fin de semana, incluyendo al fallecido tan sólo para decirle que estaba enamorado de su novia, originando esto un enfrentamiento a golpes sin graves consecuencias por el momento.
Tras retirarse del lugar, Guadalupe Saldaña Lugo nunca imaginó que durante la medianoche sería masacrado y muerto por los tres traileros durante la celebración de un baile en populosa colonia de Castaños.
LA TRAMPA
El horrendo crimen que conmovió a la ciudadanía de Castaños y la Región Centro ocurrió un fin de semana del mes de mayo de 1981, e involucró a dos veracruzanos y un castañense, siendo éste último el orquestador del asesinato de un joven cuyo delito era tener una novia que al otro le gustaba.
Tras ocurrido el terrible asesinato, quedó establecido en el expediente 020-81, que fue un fin de semana del mes de mayo de 1981 después del mediodía, que en céntrica cantina se encontraban libando los traileros veracruzanos Joaquín Rivera Miranda, Defino Vázquez y los castañenses Nolasco Rosales y el hoy finado Guadalupe Saldaña Lugo.
Las horas pasaban mientras los cuatro bohemios seguían libando a la vez que el ambiente se alegraba con la música diversa que surgía de la sinfonola, convirtiendo aquello en alegatas, gritos de júbilo y discusiones, optando el grupo seguir refrescándose con bebidas espirituosas.
EL ENOJO
Así pasaron las horas hasta caer la tarde, mientras que el obrero Guadalupe Saldaña optaba en retirarse del tugurio dejando a los traileros en la juerga lanzando el aún fugitivo Nolasco Rosales, una mirada reprobatoria y penetrante al novio de su pretendida.
-¿Por qué te vas tan temprano?- dijeron los traileros, mientras que el que se despedía contestaba que aún tendría que llegar a su casa para arreglarse, ya que había prometido a su novia que la llevaría al baile que se celebraría en la colonia.
Se dijo que después de la despedida, Guadalupe Saldaña y Nolasco Rosales pasaron a los golpes tocando la peor parte al segundo, quien recibió soberana golpiza a puño limpio.
VIOLENTO REENCUENTRO
Al paso de las horas llegó la noche, mientras que al sur de la ciudad en la colonia California se celebraba un baile de quinceañera que se desarrollaba en la vía pública, a donde acudían las madres chapadas a la antigua con sus hijas y las parejitas de enamorados que ya disfrutaban del permiso respectivo.
Mientras el barullo y la algarabía continuaba y las parejitas bailaban al ritmo de un grupo musical, algunos desde las orillas de la pista imaginaria, a escondidillas se llevaban el bote o la botella de cerveza a la boca, cuando de pronto se vio llegar a los trabajadores del volante Joaquín Rivera, Defino Vázquez y Nolasco Rosales.
En un momento dado, éste último dijo a sus compañeros que habría que llamar al buen Lupe, al que tras una seña lo hicieron que dejara a su novia con sus amistades para luego reunirse con los inculpados, quienes lo encaminaron a cierta distancia del festejo a la vez que lo hacían tomar unos tragos.
Trascendió que al finado lo conminaron a retirarse del baile a fin de que Nolasco Rivera le dijera que deseaba hacer las paces y sellar la amistad con un brindis; sin embargo, los tres empezaron a darle golpes de todos calibres, hiriéndolo con un picahielo en los costados y la cabeza.
Se dijo que luego de masacrar al joven obrero, los tres desalmados lo condujeron hacia las vías del tren para dejarlo en medio a fin de borrar las huellas de la masacre, no sin antes co
Así describió el parte informativo de la antigua Policía Judicial tras las primeras investigaciones al ordenarse el levantamiento del cuerpo que se encontraba en medio de las vías del ferrocarril.
EL CARPETAZO
Luego del levantamiento del cuerpo, el agente del Ministerio Público, Rosendo García Plaza, dejó cerrado el caso describiendo que había sido un suicidio bajo los influjos del alcohol.
Mientras esto sucedía, los traileros y el orquestador del crimen continuaban trabajando como conductores, procediendo el Agente del Ministerio Público a dar por concluidas las investigaciones a la vez que se cerraba el caso.
“OLFATO” DE PERIODISTA
Cabe destacar que mientras pasaban los días, para algunas personas, incluyendo al periodista, la muerte del joven no había sido suicidio, sobresaliendo que gente interesada en que el caso quedara olvidado, aportó considerable cantidad de dinero al Agente del Ministerio Público.
Fueron semanas después de cerrado el caso, cuando el fotógrafo y comunicador castañense decidió echarse a cuestas la labor de investigar el caso ante la insistencia de los vecinos, quienes por costumbre le reclamaban al comunicador -que señalara la corrupción de las autoridades, ya que había pruebas de que Guadalupe Saldaña nunca se suicidó, sino que fue asesinado-. Días después de sepultado el obrero, el reportero en cuestión decidió visitar las vías donde fue encontrado el cuerpo del joven, para luego como un perro sabueso, casi a gatas descubrió que a orillas de los rieles había leves manchas cafés y algunas moscas a su alrededor.
Es justo recalcar que décadas después y en breve charla, el fotógrafo describió al suscrito, que fue alejándose en círculos tomando como punto de referencia el sitio de donde fuera levantado el cuerpo del finado, hasta encontrar claras huellas de arrastre y manchas largas color café, siendo a casi 400 metros donde encontró una mancha más grande.
CONTUNDENTE EVIDENCIA
Destacó el periodista que tras ver en el suelo la citada mancha, con sumo cuidado la recogió junto con algo de tierra para llevarla a un laboratorio particular junto con un trozo de la ropa del finado, quedando establecido que coincidía con la sangre de la víctima.
Con la prueba de la sangre seca encontrada distante de los rieles, se constató que el finado había sido masacrado a golpes y con arma punzo-cortante, para después ser arrastrado hacia los rieles del ferrocarril.
Ante las pruebas recabadas por el reportero y ante los señalamientos para una segunda autopsia del cadáver, éste fue inhumado a fin de establecer oficialmente que el cuerpo presentaba huellas de golpes contundentes en costillas y cráneo.
Reconociendo la labor del periodista, el otrora comandante del Segundo Grupo de la Policía Judicial, hoy ministerial en apoyo del agente del Ministerio Público, y los jefes policiacos Mauricio Narváez y Héctor González, coincidieron en que la labor del periodista había sido positiva, con datos para esclarecer que Guadalupe Saldaña Lugo fue asesinado y no arrollado por el tren.
CAE PRIMER CÓMPLICE
Luego que el agente del Ministerio Público, Rosendo García Plaza, reiniciara las investigaciones con las evidencias recabadas por el periodista el 19 de junio de 1981, éstas lo llevaron al ejido Tanque de Norias, donde localizaron a José Guadalupe Vázquez, señalado como primer sospechoso del artero crimen.
Tras largos interrogatorios y ante la negativa del sospechoso, se le mostraron las ropas del finado, reconociendo en el acto el grave altercado y señalando a los traileros Joaquín Rivera Miranda y Delfino Vázquez, recalcando como el autor material del crimen a Nolasco Rosales Aradilla.
CONFIESAN DETENIDOS
Luego de ser aprehendidos en sus respectivos trabajos, los dos veracruzanos fueron trasladados ante el agente del Ministerio Público, Rosendo García Plaza, donde fueron sometidos al procedimiento penal donde reconocieron en sus declaraciones las lesiones infringidas al occiso, siendo las mismas que afloraron en la segunda autopsia a la vez que señalaban a Nolasco Rosales Aravilla como el autor material del crimen. Los dos detenidos convictos y confesos fueron sentenciados a 25 años de prisión por su complicidad en el delito de crimen previsto y sancionado por el artículo 329 de código penal vigente en nuestro Estado.
Cabe hacer mención que a 34 años del artero crimen del joven castañense el autor material jamás ha sido capturado, por lo tanto aún se considera prófugo de la justicia, mientras que para el entonces Ministerio Público hoy litigante, Ernesto García Plaza y la sociedad castañense, el nombre del periodista y fotógrafo sigue en sus recuerdos.
EL CULPABLE SIGUE LIBRE
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