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Renacer tras la tragedia de Villa de Fuente

  Por Orquídea López Allec

Publicado el viernes, 4 de abril del 2014 a las 20:34


José Luis no recuerda la inundación, pero sueña que el agua lo tapa y siente ahogarse...

Piedras Negras, Coah.- El pequeño de 10 años de edad, ha tenido en diferentes etapas de su vida sueños recurrentes, en los que el agua lo tapa y siente ahogarse.

Especialistas hace poco le diagnosticaron dislexia y un tipo de autismo a raíz de un trauma que sufrió de bebé.

José Luis no sabe a ciencia cierta qué fue lo que sucedió hace 10 años cuando a penas era un bebé de un mes y medio de vida.

Médicos especialistas le hicieron un examen de alrededor de ocho horas, en el que le preguntaron si había tenido algún problema con el agua, pero no recuerda ninguno, lo único que sabe es que su mamá Martha siempre tuvo miedo de llevarlo a él y a sus hermanos más pequeños a los ríos o las albercas.

Martha Alvarado y José Luis Rojero, a 10 años de la inundación que les llenó de tristeza, pero también de esperanza al tener un bebé por quién vivir, recuerdan bien ese 4 de abril.

Martha precisa que su hermano había cumplido años y su mamá les pidió que fueran a la colonia San Joaquín a celebrar ese domingo de Ramos en familia.

“Nosotros vivíamos en Año 2000, mi mamá fue por nosotros para ir a San Joaquín”, indica.

A pesar de tener un presentimiento raro y de que su hija Mónica de siete años de edad, la más grande sus retoños, le pedía que no fueran, decidieron ir.

Así que Martha y José, con sus hijos Mónica Alexis de dos años y medio y Josesito de apenas un mes y medio, abordaron la camioneta Caravan para ir a la fiesta familiar.

Tras un rato de esparcimiento, la luz se fue, pero nadie sabía por qué, así que decidieron regresar a Año 2000, porque José trabajaría temprano en el IMSS.

“Yo no quería, pero mi mamá nos fue a llevar, pero cuando entramos a Villa de Fuente, estaba todo muy oscuro, entramos por la maderera, nos dimos cuenta de que había agua hasta que llegamos a la iglesia”, relata.

“Vimos gente corriendo como rumbo a la San Joaquín, pero no sabíamos qué estaba pasando, le pregunté al padre Carlos y me dijo que se estaba inundando, que el río se estaba desbordando”, añade.

Entonces su esposo y su mamá decidieron volver a San Joaquín, por considerar más alto el lugar y donde pudieran salvarse.

Pero al llegar al puente pequeño, antes de llegar a la calle Carranza del sector, un carro se quedó varado y ya no pudieron avanzar, mientras el agua empezaba a subir considerablemente de nivel.

Decidieron bajar de la camioneta y al observar que varias personas se subían a la caja de una camioneta de llantas muy grandes, decidieron hacer los mismo para salvarse de ser arrastrados por el agua.

Pero, no duraron ni 10 minutos, cuando de pronto, como si estuvieran viendo una película de ciencia ficción, una ola de alrededor de 10 metros de alto golpeó la camioneta y la volteó.

José Luis minutos antes había arrebatado al pequeño bebé de las manos de Martha.
No supieron ya nada. La camioneta que llevaba en su caja a muchas personas, se volteó y el agua arrastró a niños, niñas, mujeres, hombres que ahí se resguardaban.

Martha relata que ya no pudo agarrar a ninguno de sus hijos ante el inesperado momento.

Sólo recuerda sentirse suspendida dentro del agua, sólo esperando el final de su vida, al no saber nadar.

José Luis, quien sí sabe nadar, trató de permanecer a flote braceando con una de sus extremidades y con la otra aferrándose a no soltar a su pequeño bebé de un mes y medio de edad.

Un ángel los salvó
Martha precisa que de no ser por la ayuda de un muchacho de nombre Raúl, no hubiera sobrevivido ni ella y es muy probable que también su pequeño hijo José Luis.

Y es que el joven la sostuvo y la empujó para arriba diciéndole que sólo iba a tener una oportunidad de manotear y agarrarse de algo.

Martha se agarró de una rama que no sabía si sería lo suficientemente fuerte para mantenerla a salvo.

El mismo joven, ayudó a su esposo a subir a su hijo al árbol al que había llegado tratando de salvarse.

Ahí, en ese nogal, eran alrededor de 15 personas de diferentes edades que se resguardaban en sus frondas.

El fuerte nogal, en sus ramas cobijaba a hombres, mujeres y niños que se aferraban a vivir.

Raúl salvó a mucha gente, al menos a los que acercó al árbol para que resguardaran por varias horas.

Pero, nunca más supieron del muchacho que expuso su vida para salvar la de los demás.

“Para mí que fue un ángel, se me hace que Dios nos dejó un ángel que nos ayudara ante lo que estábamos viviendo”, exclama Martha.

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