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Viven y sufren la Pasión de Cristo

  Por Paola A. Praga

Publicado el sábado, 19 de abril del 2014 a las 14:00


Católicos saltillenses presencian la representación más tradicional en la ciudad

Saltillo, Coah.- La trompeta sonó a las 14:49 horas y dio paso al inicio del calvario de Jesucristo. El clima desconcertante mantenía inquietos a los asistentes. Primero un sol intenso, después las nubes grises se apoderaron del cielo que cubría a la parroquia del Ojo de Agua.

El párroco Humberto Álvarez apareció con una sotana blanca y una casulla roja. Miles de personas ya aguardaban en las escalinatas del templo, en el barrio del Ojo de Agua, para atestiguar la representación del Vía Crucis, la máxima celebración del Viernes Santo.

Hombres y mujeres vestidos de fariseos, de soldados romanos, acompañaron al escenario a Poncio Pilatos y a María. Todos llegaron puntuales a tomar sus lugares, mientras a dos cuadras la Policía Municipal resguardaba el perímetro en el que se llevaba a cabo la celebración religiosa.

Luego de la presentación del párroco, los espectadores se mantuvieron ansiosos mientras se afinaban los últimos detalles del sonido comían toda clase de frituras: chicharrones con salsa, papitas, elote con chile rojo y refrescos. Otros más sostenían vasos de fruta.

Algunos de los personajes repasaban el libreto y se veían nerviosos. Pero la representación del Vía Crucis no tuvo contratiempos, las escenas se realizaron apegadas al guión que se había ensayado desde hace dos meses y medio.

Los soldados romanos irrumpieron de repente la inmensa muchedumbre para abrir paso y presentar a Jesucristo ante Poncio Pilatos. Minutos después el procurador de Roma pidió la presencia de Barrabás, mítica figura de la historia del catolicismo.

La mirada de los niños era atónita frente a los personajes, todos habitantes del barrio del Ojo de Agua. Entonces Pilatos preguntó al pueblo: “¿A quién quieren que libere?”, Y los niños, desobedeciendo el libreto, gritaron: “¡A Jesús, a Jesús!”, pero fue el ladrón Barrabás quien obtuvo la libertad.

Vestidos en sus túnicas oscuras, representando a los sumos sacerdotes, unos jóvenes entregaron a Jesucristo para que fuera azotado, con látigos simulados y sangre falsa, hecha con agua y colorante rojo. Mermaron el cuerpo de un Jesús cansado, pero dispuesto a continuar con su actuación.

El Vía Crucis continuó. Romanos y peregrinos, todos caminaron en conjunto para dar inicio a la Pasión de Cristo. El sol salió de nuevo. Algunos asistentes miraban con dolor y sufrimiento cómo Jesús era castigado por los romanos.

Luego fue puesta la corona de espinas sobre la cabeza de Jesús, un mecánico que actualmente vive en el barrio y es la tercera vez que interpreta al Hijo de Dios, simulando la crucifixión.

Una cruz de 110 kilos le fue entregada al Mesías y la procesión avanzó rumbo al Mirador de Saltillo. El nazareno recibía golpes de los romanos, recibía burlas y bofetadas. Las tres caídas, como las marcan las Escrituras, fueron representadas ante los asistentes.

SACRIFICIO RELIGIOSO

María lloraba al ver a su hijo sufriendo, mientras que los asistentes recorrían la misma dirección al Mirador, que ya estaba abarrotado por más fieles que esperaban a que concluyera el trayecto del Nazareno.

El camino a la cruz representó para muchos la oportunidad de refrendar su creencia religiosa, algunas señoras iban rezando en voz alta mientras Jesús iba cargando el peso simbólico de los pecados mundanos.

Judas apareció con su saco con monedas, y después simuló colgarse de un árbol. Luego vino el pasaje bíblico del Hijo Pródigo y la visita de Simón.

A las 16:40 Jesús llegó a un costado del Mirador. Deshecho, con sangre y sudor en el cuerpo, rodeado de romanos y con la cruz a cuestas.

Los romanos incrustaron los clavos en las manos del hombre de 41 años, los miles de fieles observaban en silencio. Minutos antes de las cinco, Jesús fue puesto en su cruz y dio sus últimas palabras, según el Evangelio de Lucas: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

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