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Los enemigos del Papa; nuevos tiempos del Vaticano

  Por Agencias

Publicado el lunes, 21 de abril del 2014 a las 14:03


Pese a su popularidad, Francisco también tiene detractores; los tradicionalistas rechazan sus reformas

Roma.- En sólo un año como Papa, Francisco se ha metido en el bolsillo a la mayoría de los católicos y de los no católicos del mundo entero. Un reciente sondeo revela, por ejemplo, que cuenta con la bendición del 90% de los italianos, una cifra de popularidad nunca vista que se dispara hasta el 95% en el caso de los católicos y llega hasta al 68% entre los ateos y los fieles de otras religiones. El 41% de los alemanes dice que es mejor Papa de lo que lo fue su compatriota Benedicto XVI. Y el 26% de los católicos estadounidenses afirma que, desde su elección, siente con más fuerza su fe.

Pero incluso Francisco tiene detractores, a los que no les gusta nada. Son una minoría, pero dispuesta a hacer su voz. Los enemigos del Papa son en general católicos tradicionalistas y ultraconservadores a los que les espanta el estilo informal adoptado por este Pontífice y su empeño declarado de hacer “una Iglesia pobre y para los pobres”. Pero también le son hostiles bastantes neoliberales (sobre todo estadounidenses) que consideran un grave pecado las críticas sin paliativos que Bergoglio lanza contra el capitalismo. Y, por supuesto, en la Curia romana y en el mundo eclesiástico también son muchos los que miran con gran reticencia a un Papa que está haciendo cambios tangibles en la obsoleta maquinaria vaticana y que se muestra decidido a poner freno a los derroches y privilegios de muchos funcionarios de la Santa Sede.

“Ningún Papa del siglo 20 ha tenido tantas resistencias como Francisco”, sentencia en un artículo publicado en la revista “Familia Cristiana” Andrea Riccardi, historiador especializado en la Iglesia, fundador de la ONG católica Comunidad de San Egidio y con muy buenos contactos dentro del Vaticano. “Mientras es evidente que ha establecido una alianza con el pueblo, Francisco se encuentra con resistencias internas en las estructuras eclesiásticas, episcopales y en el clero, prueba de que el Papa está cambiando la Iglesia”.

Laicos en contra

Pero también hay muchos laicos que abjuran de Francisco. Giuliano Ferrara, ateo devoto y director del periódico “Il Foglio”, se ha convertido en su portavoz. Acaba de publicar un libro contra el Papa, escrito a seis manos con Alessandro Gnocchi y Mario Palmaro, dos conocidos exponentes del tradicionalismo católico y de la apologética cristiana que fueron despedidos de la muy devota emisora Radio Maria después de publicar en “Il Foglio” un artículo incendiario contra Bergoglio bajo el elocuente encabezamiento “Este Papa no nos gusta”.

Francisco, llevando a la práctica la misericordia que predica, llamó poco después por teléfono a Mario Palmaro, aquejado de problemas de salud, para transmitirle su cercanía. Pero es evidente que esa llamada no ha cambiado el modo extremamente crítico con el que Palmaro, Gnochi y Ferrara observan al pontífice argentino. “Me molesta la ternura que predica y estoy en total desacuerdo”, clama el director de “Il Foglio”. La prueba definitiva de su rechazo hacia Bergoglio se condensa en las 219 páginas de “Este Papa gusta demasiado”, un volumen en el que no dudan en calificar como “exhibiciones de ostentosa humildad muy poco franciscanas” muchos de los gestos que está llevando a cabo Francisco, pero en el que sobre todo le acusan de practicar el relativismo moral y religioso.

Eso de que Bergoglio sea un Papa que dice cosas como “quién soy yo para juzgar a un gay” o que se niegue a hacer repetidas y solemnes condenas del aborto porque considera que a estas alturas ya todo el mundo tiene muy clara cuál es la postura de la Iglesia al respecto, es algo que indigna a los tradicionalistas. Por no hablar del rechazo de Francisco a asumir “valores innegociables”, la coletilla que durante años ha utilizado la Iglesia para hacer referencia sobre todo al aborto y la eutanasia. “Los valores son valores y basta, no puedo decir que entre los dedos de la mano hay uno menos útil que los otros”, aseguró el Papa en una entrevista al “Corriere della Sera” para explicar su rechazo al término “valores innegociables”.

“Bergoglio está comprometido con la cultura del encuentro, mientras que algunos querrían que representara la cultura de la confrontación y que, en algunas cuestiones, liderará una especie de cruzada. Esa gente querría un Papa guerrero. Pero Francisco no es así y por eso le critican los ultracatólicos, sobre todo de Italia y de EEUU”, asegura Gerald O’Connell, prestigioso vaticanista.

Eso explica por qué no soportan a Francisco aquéllos que predican que hay que negar la comunión a los políticos que están a favor de la despenalización del aborto. Pero el mayor temor de los tradicionalistas es que el nuevo estilo impuesto por Bergoglio pueda desembocar en algún cambio doctrinal. En ese sentido, Giuliano Ferrara y compañía miran con aprensión al sínodo extraordinario sobre la familia de otoño próximo al que el Papa ha convocado a participar a todos los obispos del mundo, y que podría suponer una apertura si, como muchos pronostican, desemboca en permitir a los divorciados casados en segundas nupcias recibir la comunión tras realizar un acto de penitencia y arrepentimiento. Para el director de “Il Foglio”, esa reunión será una especie de Concilio Vaticano III en el que se corre el terrible peligro de que se reescriba la pastoral sobre la familia.

Y eso no es todo. El Papa también desata fuertes sospechas por sus durísimas críticas a la economía de mercado. “Es verdad que otros papas han hablado en contra del capitalismo, pero quizá no de un modo tan claro y enérgico como Francisco”, explica Gerald O’Connell, del “Vatican Insider”. Eso, sumado a su insistencia en defender a los pobres, ha provocado que algunos sectores ultraconservadores y neoliberales califiquen directamente al Papa de “comunista”. “La ideología marxista es errónea, pero no me siento ofendido de que me acusen de ser marxista”, respondió en tono conciliador Francisco.

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