Internacional

Publicado el viernes, 25 de abril del 2014 a las 14:05
Guantánamo, Cuba.- “Bienvenido al paraíso: GTMO, la perla de las Antillas”, proclaman desvergonzadamente unas camisetas en venta en las tiendas de souvenirs de la base de Guantánamo.
Con sus barracones amarillos, que se divisan hasta donde llega la vista, y sus viejos hangares rodeados de alambradas de púas con la leyenda “No fotografiar”, lo único paradisíaco de la base militar estadounidense en territorio alquilado a Cuba desde 1903, son su clima y sus aguas turquesas, en las que los militares gustan zambullirse y navegar en sus horas libres.
No hay playas de arena blanca para los cerca de 5,000 soldados y civiles, sino cantos rodados para holgazanear, como hacen las numerosas iguanas, protegidas por una disposición que castiga con una multa de 10,000 dólares a quien les haga daño.
Una estatua de Nuestra Señora del Cobre, la patrona de Cuba, domina la bahía, una oficina decrépita de la pequeña compañía aérea civil IBC ofrece su vuelo semanal a Florida, el supermercado libre de impuestos de la Marina estadounidense tiene el aspecto del viejo decorado de un cine: “el tiempo aquí casi se ha detenido hace 20 años”, explica Stan Tirvioli, el oficial a cargo de Radio GTMO.
“Internet es lenta, constantemente hay que esperar para obtener las cosas que nos llegan por barco, esto nos vuelve locos”, afirma el soldado Steven Jaquin, el ingeniero de la radio.
El lugar viene a ser “un poco como un microcosmos” de Estados Unidos, dice; y hace referencia al cine al aire libre donde proyectan “Robocop” y al inevitable local de McDonald’s, delante del cual hasta los inmigrantes filipinos se quedan inmóviles cuando dos veces al día suena en toda la base el himno nacional estadounidense.
La criminalidad prácticamente no existe. “Aquí todo el mundo se conoce, es una comunidad tranquila, cerrada detrás de la frontera con Cuba, no se puede ir demasiado lejos”, agrega el jefe de “la radio que suena en el patio trasero de Fidel”.
– “¿De qué quiere hablar de lo que podemos hablar?” –
Los centros de detención no se divisan inmediatamente tras bajar del ferry. Están erigidos a unos kilómetros de allí, del otro lado de unas colinas áridas, más allá del alcance de la vista o de una cámara fotográfica.
La base es conocida en el mundo entero por su controvertida prisión, que el presidente Barack Obama no logra clausurar. Ciento cincuenta y cuatro hombres siguen allí encerrados, la mayoría sin acusación ni proceso.
Pero quienes en Guantánamo no trabajan para el Centro de Detención, han optado por ignorarlos. “Están ahí, todo el mundo lo sabe, pero no nos interesan”, admite Stan Tirvioli.
Coronados por miradores y varias alambradas de púas, los campos 5, 6, Eco y Delta se levantaron en medio de los cactus. Reemplazaron a las jaulas a cielo abierto del campo X-Ray, dejado a merced de las malas hierbas y las ratas gigantes, y a las cuales los militares permiten observar a los medios sin restricciones.
Pero en los campos 5 y 6, que albergan a la mayoría de los detenidos, la censura se ha intensificado últimamente, como pudo constatar un equipo de periodistas de la AFP.
No se puede fotografiar ni siquiera el reflejo de los guardias sobre el cristal, tampoco una sombra demasiado explícita, ni los carros blindados estacionados, ni los molinos de viento sobre la colina. El rostro de los detenidos, visibles detrás de un cristal, debe ser eliminado de cualquier imagen, al igual que el de sus carceleros y de cualquier militar que se encuentre en la base.
Los periodistas son inmediatamente evacuados si, a su paso, un prisionero tamborilea o grita por la ventana de su celda. Las imágenes y secuencias que puedan provocar litigios son eliminadas una a una en sesiones organizadas dos veces al día.
“¿De qué quiere hablar de lo que podemos hablar?”, le preguntó a la AFP la general Marion García, comandante adjunta del equipo armado que dirige la prisión, tras haber declinado responder a varias preguntas.
No habla de “prisión”, sino de “centros de detención”, ni de “huelguistas de hambre”, sino de detenidos que “no ingieren suficientes calorías”, ni de “alimentación forzada”, sino de “alimentación por vía interna”.
Tampoco hablará sobre el campo 7, el más secreto de Guantánamo, que alberga a una quincena de detenidos de “gran valor”. De eso, “simplemente no se habla”, advierte García.
LA CÁRCEL EN CIFRAS
» Los 154 presos que aún se encuentran en la cárcel de Guantánamo representan menos de un cuarto de un máximo de 680 detenidos al mismo tiempo, en 2003. Son oriundos de unos 20 países, más de la mitad de ellos yemeníes. Las otras nacionalidades más representadas son las de afganos, argelinos y saudíes.
» 76 detenidos actualmente en “GTMO” recibieron una “aprobación de transferencia” de la autoridad militar, en su casi totalidad desde 2010, lo que significa que en teoría son excarcelables. Pero permanecen detenidos en ausencia de países que los acepten. – Más de 600 fueron repatriados o transferidos hacia otros países. Según el Pentágono, cerca de 25% de ellos “recomenzaron o se sospecha que reanudaron una actividad terrorista o de rebelión” luego de su liberación.
» Los traslados registraron una aceleración en los últimos meses. Los últimos fueron hacia Argelia, Arabia Saudita y Sudán. Los últimos tres uigures fueron enviados a Eslovaquia en diciembre de 2013. Existen negociaciones en curso o concluidas con Uruguay, Colombia, Brasil y Alemania para recibir a algunos detenidos.
» 45 detenidos no recibieron esta “aprobación de transferencia”. Son considerados demasiado peligrosos para ser liberados pero no pueden ser juzgados por falta de pruebas en su contra. Los casos de tres de ellos son revisados por un “Periodic Review Board” (Panel de revisión periódica), creado por Barack Obama en 2011, en el marco de sus planes para cerrar la prisión. Otros 20 podrían por el contrario ser juzgados.
» Nueve detenidos murieron, el último, el yemení Adnan Abdul Latif, probablemente por suicidio en setiembre de 2012.
» Ocho prisioneros fueron condenados por tribunales militares especiales, luego del establecimiento de éstos en 2006, de los cuales seis se declararon culpables, pero la justicia federal revirtió las condenas de dos de ellos, mientras que otros dos apelaron la sentencia. Cuatro de los condenados fueron transferidos hacia sus países de origen.
» Solamente uno fue enviado directamente ante un tribunal federal, el tanzanio Ahmed al-Ghailani, quien cumple una sentencia a cadena perpetua por haber participado en atentados contra embajadas estadounidenses en Africa en 1998.
» Seis hombres comparecieron ante tribunales militares especiales: el autoproclamado cerebro de los atentados del 11 de setiembre, Khaled Cheikh Mohammed y otros cuatro acusados de haber organizado los ataques, así como el saudita Abd al-Rahim Al-Nachiri, acusado de ser el cerebro del atentado contra el buque “USS Cole” en 2000. Ellos podrían ser condenados a la pena de muerte y habrían sido sometidos a malos tratos durante su detención.
» Otros 30 detenidos podrían ser todavía sometidos a la justicia militar.
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