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Declara el Papa Francisco santos a Juan XXIII y Juan Pablo II

  Por Agencias

Publicado el domingo, 27 de abril del 2014 a las 20:17


El Papa Francisco declaró hoy como santos a Juan XXIII y Juan Pablo II, y ordenó que sean “devotamente honrados

México, D.F.- El Papa Francisco declaró hoy como santos a Juan XXIII y Juan Pablo II, y ordenó que sean “devotamente honrados” por toda la Iglesia católica universal.

Ante cientos de miles de personas que abarrotaron la Plaza de San Pedro, la Vía de la Conciliación (avenida aledaña) y las cercanías del Vaticano, el santo padre pronunció –en latín- la fórmula eclesiástica prevista.

A honor de la Santísima Trinidad, para la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y nuestra”, señaló.

Después de haber reflexionado, invocado muchas veces la ayuda divina y escuchado el parecer de nuestros hermanos en el episcopado, declaramos y definimos santos a los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II”, continuó.

Ordenó que sean inscritos en el Registro de los Santos y estableció que en toda la Iglesia ellos sean devotamente honrados entre los santos, antes de concluir con la frase: “En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo”.

En el momento en que el Papa terminó de pronunciar esa frase, la multitud explotó en un aplauso ensordecedor, que se extendió incluso a aquellas zonas donde no de podía divisar la Basílica de San Pedro.

Antes de leer esa fórmula el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, lanzó tres peticiones formales al pontífice para que decidiese la canonización de los beatos.

“Beatísimo padre, la santa madre Iglesia pide con fuerza que vuestra santidad inscriba a los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II en el Registro de los Santos y como tales sean invocados por todos los cristianos”, indicó, también en latín.

El Papa respondió: “Hermanos queridos, elevamos nuestras plegarias a Dios padre omnipotente por medio de Jesucristo para que, por intercesión de la beata María virgen y de todos los santos, sostenga con su gracia lo que estamos por cumplir”.

Entonces Amato volvió a decir: “Confortada por la unánime oración, beatísimo padre, la santa Iglesia vuelve a pedir con mayor fuerza que vuestra santidad quiera escribir estos elegidos hijos suyos en el Registro de los Santos”.

Francisco insistió: “Invocamos, por lo tanto el espíritu vivificador para que ilumine nuestra mente y Cristo señor no permita a su Iglesia de errar en una obra tan importante”.

Entonces el coro entonó el canto “Veni, creator spiritus” (Ven espíritu creador), que concluyó con la última solicitud de parte del purpurado.

“Beatísimo padre, la santa Iglesia, confiando en la promesa del señor de enviar sobre ella el espíritu de la verdad, que en toda época mantiene el supremo magisterio inmune del error, súplica con grandísima fuerza a vuestra santidad inscribir a estos sus hijos elegidos en el Registro de los Santos”, ponderó Amato.

Finalmente el obispo de Roma se dispuso a pronunciar la fórmula definitiva con la cual elevó al honor de los altares a Angelo Giuseppe Roncalli (Juan XXIII) y Karol Wojtyla (Juan Pablo II).

‘El Papa Peregrino’ llega a los altares

Cuando la Iglesia católica mexicana comenzó a prepararse para recibir por primera vez en el país al papa Juan Pablo II, del 26 al 1 de febrero de 1979, el gobierno de México extendió su apoyo para recibirlo, pese a críticas que remarcaban que no existían relaciones diplomáticas con la Santa Sede y menos en materia Iglesia-Estado.

Casi dos meses antes del arribo, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) ofreció para el pontífice una visa de visitante distinguido, justificando ser un permiso que el gobierno mexicano concede a personajes extranjeros y “que nada tienen que ver con la política”, según informó Excélsior en su publicación del 6 de diciembre de 1978.

Legisladores de entonces, como el diputado del Partido Acción Nacional (PAN), Guillermo Islas Olguín, y del Partido Popular Socialista, Francisco Ortiz Mendoza, coincidieron en que la visita no era meramente religiosa, sino política. Los masones del grupo Unificación y Progreso AC se dijeron preocupados por lo mismo.

104 Viajes fuera de la Santa Sede realizó el papa Juan Pablo II, por lo que fue conocido como el Papa Peregrino.

En tanto, en el mensaje navideño de 1978 del otrora arzobispo primado de México, Ernesto Corripio Ahumada, señaló que los gobiernos no debían temer a la visita del Papa.

Después, cinco días antes del arribo a México del máximo líder de la Iglesia católica, el entonces presidente de México, José López Portillo, se pronunció.

“No me esconderé para saludar a Juan Pablo. Nada malo ni comprometido haré. No soy un hombre vergonzante. Debo de ser consciente cuando un guía espiritual de muchos mexicanos llega a este país”, publicó este diario el 22 de enero de 1979.

El académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y especialista en historia de la Iglesia católica, Jorge Traslosheros Hernández, resalta que López Portillo dio signos claros de confianza institucional en la secularización del Estado mexicano.

De hecho hubo un debate de aceptar si venía el Papa porque no reconocían relaciones con la Santa Sede. El mismo López Portillo, dentro de todos sus defectos hubo uno que no tuvo: tenía sentido del humor, pues decía: ‘¿quién le va a pedir la visa cuando entre?’ Que está vestido de papa, pues el mismo López Portillo paga la multa. Mostrando un poco el absurdo de las cosas”, expuso en entrevista.

Para la época se contabilizaba una población mexicana de más de 90 por ciento de católicos.

“Lo que nadie se esperaba, absolutamente nadie esperaba, era la respuesta de la gente, ni la gente se esperaba la respuesta que dio. Esto fue realmente impactante”, agregó Traslosheros.

5 visitas realizó a México durante su pontificado a México en 27 años que duró al frente de la Iglesia.

De aproximadamente 104 viajes fuera de Italia que realizó el líder de la Iglesia católica durante 27 años cinco fueron a México. Recorrió el país y se encontró con millones de personas que incansablemente lo buscaron, lo que lo llevó a decir en 1999: “Hoy puedo sentirme mexicano”.
La primera visita, en 1979

El 26 de enero de 1979, a las 13:00 horas, Karol Józef Wojtyla fue el sumo pontífice que al bajar del avión, lo primero que hizo fue hincarse y besar suelo mexicano antes de estrechar la mano de los presentes, incluso la del presidente José López Portillo.

“De inmediato, se dirigió al Presidente de México y a su esposa, a quienes abrazó antes de que el mandatario mexicano le diera la bienvenida”, según narra una crónica que apareció al siguiente día en Excélsior.

En una ceremonia de dos minutos de duración, el jefe del Ejecutivo mexicano le dijo: “Señor, sea usted bienvenido a México; que su misión de paz y concordia y los esfuerzos de justicia que realiza tengan éxito en sus próximas jornadas. Lo dejo en manos de la jerarquía y fieles de su Iglesia, y que todo sea para bien de la humanidad”.

Alrededor de las 19:00 horas del mismo día, por más de una hora Karol Wojtyla y López Portillo se encontraron nuevamente en la Biblioteca de la Residencia Oficial de los Pinos, donde se registra que la primera dama, Carmen Romano, sirvió de traductora en la ceremonia oficial.

La primera gira de Juan Pablo II –a sólo cuatro meses de iniciar su pontificado– incluyó la República Dominicana, México y las Bahamas.

En México se encontró con millones de feligreses quienes celebraron durante siete días su presencia en las calles, principales santuarios religiosos y sitios de la capital del país, de Oaxaca, Monterrey, Guadalajara y Puebla.

Desde la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, al celebrar su primera misa y frente a miles de devotos, acuñó la frase: “México siempre fiel”.

Entre una de sus principales actividades presidió en Puebla la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Celam), cuyo cónclave anual reúne a los obispos de toda la región.
Segunda visita, 1990

El Papa viajero regresó por segunda ocasión a México 11 años después, del 6 al 13 de mayo de 1990.

Otra crónica de este periódico narra que “esta vez, en la ceremonia de recepción de su segunda visita a México, se encontró no con el breve saludo y el seco ‘bienvenido’ de José López Portillo, sino con un largo y amistoso apretón de manos y un cordial discurso de dos cuartillas en el que el presidente Salinas de Gortari lo llamaba Su Santidad”.

Ese año la agenda del Karol Wojtyla en México fue más extensa e incluyó el toque especial de beatificar al indígena Juan Diego y otros devotos católicos en la Basílica de Guadalupe.

Además del Distrito Federal, visitó localidades del Estado de México, Veracruz, Aguascalientes, Jalisco, Durango, Chihuahua, Nuevo León, Tabasco, Zacatecas.

También tuvo una visita improvisada a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, tras enterarse del accidente aéreo que ocasionó el fallecimiento de 19 personas que viajaban para verlo, y entre ellas se encontraba el obispo de Tapachula, Luis Miguel Cantón Marín.

Desde Chihuahua, el 10 de mayo de 1990 Juan Pablo II dio la bendición a las madres mexicanas en su día especial.

Dos días después, al término de su gira por el país, desde el Hangar Presidencial emitió un mensaje radiofónico a los feligreses de Yucatán con quienes se disculpó de no viajar a la Península debido a su apretada agenda.
Tercera visita, 1993

Tres años más tarde, Juan Pablo II respondió al deseo de los yucatecos y en una gira que comprendía Jamaica y la ciudad de Denver, Estados Unidos, arribó a Mérida, Yucatán, del 11 al 12 de agosto de 1993.

En los diarios impresos de la época se lee que llegó en medio de tensión en el país para el clero mexicano, pues en mayo de ese año asesinaron al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Millones de peregrinos yucatecos lo recibieron y despidieron en su breve estancia en la entidad con gritos que repetían: “Juan Pablo II, te quiere todo el mundo”.

El entonces presidente de México Carlos Salinas de Gortari lo recibió nuevamente, pero esta vez como jefe de Estado de la Santa Sede.

También fue la primera vez que el pontífice escuchó en tierra mexicana, de forma oficial, el himno nacional del Vaticano, el disparo de salvas de honor y vio los honores que le ofrecieron guardias presidenciales en símbolo del nexo bilateral que iniciaron un año atrás.

“Las relaciones diplomáticas entre el México moderno y la Santa Sede se establecieron en 1992, luego de que las reformas al artículo 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la entrada en vigor de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en ese mismo año, reconocieron la personalidad jurídica de las iglesias y asociaciones religiosas”, explica la Cancillería mexicana.

Añade que fue resultado de un largo proceso de acercamiento, tuvo por antecedente cuatro importantes encuentros que se efectuaron entre tres presidentes de México y dos pontífices.

“El primero de ellos tuvo lugar en febrero de 1974, cuando el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez visitó al papa
Paulo VI… Unos años después, el presidente José López Portillo recibió personalmente al papa Juan Pablo II en el aeropuerto de la Ciudad de México y en la Residencia Oficial de Los Pinos… El presidente Carlos Salinas de Gortari le concedió un tratamiento especial cuando Juan Pablo II regresó a nuestro país en mayo de 1990. Por último, el cuarto encuentro se efectuó en el Vaticano, durante la gira que el presidente Salinas llevó a cabo por Europa en julio de 1991.”
Cuarta visita, 1999

Con casi 79 años de edad y a 20 años de su primera visita a México, el líder de la Iglesia católica arribó por cuarta ocasión a tierra mexicana en su gira también por Estados Unidos. En el Distrito Federal estuvo del 22 al 26 de enero de 1999.

En esa ocasión acudió al Estadio Azteca y millones de personas le gritaron: “Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano”.

El entonces presidente Ernesto Zedillo lo recibió con honores, junto a políticos del PRI, PAN y PRD; empresarios, feligreses y jerarcas católicos de todo el continente estuvieron “entre los cuatro mil invitados especiales que se reunieron en el Hangar Presidencial”.

En su discurso oficial, Ernesto Zedillo expresó: “Su visita será un gran aliento para los mexicanos, pues usted siempre ha llamado a la unidad que debe hermanarnos a todos”.

El Papa se reunió con la comunidad católica en diversos puntos de la ciudad, como en el Autódromo Hermanos Rodríguez; el hospital Adolfo López Mateos y, desde luego, la Basílica de Guadalupe.
Quinta visita, 2002

La consigna especial de Karol Wojtyla para su quinta visita a México, del 30 al 2 de agosto de 1990, fue canonizar a Juan Diego después de que él mismo lo beatificara en la Basílica de Guadalupe.

Notas informativas registraron que dos mil 600 personas, incluidas el Presidente de México, lo recibieron en el Hangar Presidencial. Y cerca de “seis millones de personas, con linternas y encendedores, alumbraron su camino hasta la Nunciatura, donde pasó la noche el sucesor de San Pedro”.

En los textos se describe que el presidente panista Vicente Fox emitió un discurso de bienvenida de 10 minutos y resaltó en sus palabras: “Llega usted a un país que enfrenta muchos desafíos”, pero también a una nación “más incluyente y equitativa”.

El académico de la UNAM Jorge Traslosheros Hernández explica que la última visita del Papa “fue muy dramática”, pues justifica que la canonización de San Juan Diego generó una polémica al interior de la misma Iglesia.

Sin embargo, a pesar de su avanzada edad, el carácter y decisión de Juan Pablo II, pues el acto en la Basílica “llegó al corazón y a la religiosidad de los mexicanos”.

“Hay dos escalones que me explican quién fue Juan Pablo II, que probablemente fue su último gran acontecimiento, pues él ya tenía muchas dificultades para terminar el evento. Se le ve cansado, tiene problemas de respiración.

“Al día siguiente va al aeropuerto, ahí había un elevador para subirlo al avión y ese hombre que ya no podía ni caminar, tira el bastón, rechaza el elevador y sube por su propio pie dos escalones. Era evidente que cada escalón le dolía en el alma, pero él tenía que mostrar al pueblo mexicano que el Papa estaba presente todavía y en plenitud, esos dos escalones, para mí, explican el pontificado de Juan Pablo II”, explica en entrevista para Excélsior.
El día de los cuatro Papas

La ceremonia de canonización de los beatos Juan Pablo II y de Juan XXIII tendrá un hecho histórico para la Iglesia católica, hoy 27 de abril de 2014 será recordado como “el día de los cuatro papas”.

Así lo explica el académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y especialista en historia de la Iglesia católica, Jorge Traslosheros Hernández, quien confía que el Papa emérito esté presente en la ceremonia en el Vaticano.

“De manera extraordinaria dos papas: uno emérito y uno en funciones, el papa Benedicto XVI y el papa Francisco, van a estar presentes; uno como oficiante, que es el que declara como válida la santidad de estas dos personas”, expuso.

Además detalla que la reu-nión alegórica de estas cuatro figuras representativas de la Iglesia católica proviene de una idea que se elaboró desde el 11 de octubre de 1962 y aunque oficialmente culminó el 8 de diciembre de 1965, su difusión estuvo a cargo de Juan Pablo II: el Concilio Vaticano II.

“El Papa que llama a Concilio es Juan XXIII; el Papa que lleva adelante el Concilio, y lo carga sobre sus hombros como el gran teólogo es el papa Rat-zinger. El hombre que difunde el Concilio a nivel mundial (…) y deja todo un magisterio para explicar qué es el Concilio es Juan Pablo II y Francisco es el primer papa posconciliar”, comentó.

Traslosheros Hernández indicó en entrevista con Excélsior que estas canonizaciones son por la aprobación de las transformaciones que se han realizado desde el legado de Juan XXIII y que reconoce el actual papa Francisco.

“El momento cumbre de este proceso es el Concilio Vaticano II, es donde las fuerzas sociales, teológicas y culturales de la Iglesia deciden resolver la relación de la Iglesia con la modernidad para dar un paso hacia delante y recuperando lo mejor de su propia historia para dialogar con el mundo y eso es lo que hemos visto los últimos 50 años”, argumentó.

Juan XXIII sí tiene los dos milagros: Traslosheros

En opinión del académico Jorge Traslosheros, Juan XXIII –quien tuvo un pontificado de cinco años– sí tiene el segundo milagro para poderse convertir en santo de la Iglesia católica y éste es haber comprendido que la Iglesia necesitaba de una transformación de todos los obispos, no solamente europeos sino de todo el mundo, mediante el diálogo.

“Si el milagro es una curación inexplicable, el Concilio Vaticano II es la curación inexplicable de una Iglesia que hoy con el papa Francisco y con los esfuerzos del papa Benedicto vuelve a caminar ligera y dialogando con el mundo”, asevera.

En el caso de Juan Pablo II, los dos milagros se refieren a curaciones que médicamente son inexplicables, uno reconocido en 2005 y el otro en 2013.

“Wojtyla será santo cuestionado”

El papa Juan Pablo II “será un santo cuestionado”, aun cuando la Iglesia Católica Universal busque con su canonización borrar críticas que lo señalan como protector del polémico fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, acusado de pederastia.

Lo anterior fue señalado por el profesor investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y experto en el estudio de las religiones, Elio Masferrer.

“El grupo de Benedicto XVI fue presionado por la gente de Juan Pablo II para canonizarlo, porque de esa manera se borra cualquier posibilidad de cuestionar su figura. Siendo ya un santo de la Iglesia está dentro de lo que es la infalibilidad del Papa, entonces nadie podría cuestionar a Juan Pablo como santo”, argumentó.

Incluso, explicó que una década antes “nadie hubiera cuestionado la canonización de Juan Pablo II, pero el contexto cambió mucho, hay mucho más información en la sociedad y ése es el problema que tiene el equipo de canonización”.

A pesar de los grandes logros que tuvo Juan Pablo II durante su pontificado, como haber puesto a la Iglesia católica “en el centro de los medios de comunicación de masas”, también será recordado “por una serie de políticas pastorales discriminatorias contra las corrientes que no eran de su agrado”.

“(Además) datos como la disminución de bautizos; la disminución de las primeras comuniones; confirmaciones y matrimonios católicos o la caída de vocaciones no pudo resolver. Ninguno de los problemas estructurales de la Iglesia católica. Por un lado (tenemos) un gran impacto mediático y simultáneamente los problemas estructurales siguieron, igual o peor que antes”, expresó.

Consultado por Excélsior, Masferrer Kan apuntaló que con esta ceremonia de doble canonización a dos papas, el actual obispo de Roma trata de enviar un mensaje a quienes, de alguna forma, impusieron a Juan Pablo II para ser santo.

“De alguna manera, (Jorge Mario) Bergoglio trató de equilibrar la canonización de Juan Pablo II, pues si bien no la podía parar, intentó equilibrarla con la canonización de Juan XXIII, que es una línea absolutamente distinta a la de Juan Pablo II. (El papa Francisco está) como tratando de enviar un mensaje: Juan Pablo II era lo que estaba acordado –con una figura con la que no está de acuerdo– y Juan XXIII –que sí estoy de acuerdo– por levantar el Concilio Vaticano II”, consideró.

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