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Juan Pablo II reivindicó a la iglesia latinoamericana: Raúl Vera

  Por Infonor

Publicado el domingo, 27 de abril del 2014 a las 23:55


El obispo de Saltillo considera que la iglesia católica debe quitarse el tinte europeo que la ha caracterizado

Saltillo, Coah.- La santificación de Juan Pablo II representa la oportunidad para que la iglesia “pierda ese sentido de príncipes que a veces tenemos los obispos”, y jala también a cumplir el llamado del papa Francisco para que los curas y demás líderes católicos estén “mucho más cerca de los pobres”, expuso el obispo Raúl Vera López.

El resultado de esta canonización y de la de Juan XXIII son un llamado a la conciencia, dijo.

“La iglesia tiene que ser más pobre; tenemos que volver a la quintaesencia del Concilio Vaticano II, es algo de lo que desgraciadamente la iglesia se fue alejando, empezamos a perder nuestra capacidad de hacernos mejores”, expuso.

En su opinión, la iglesia católica se tiene que nacionalizar más, es decir, en la enseñanza y promulgación de la fe cristiana se debe dar mucho más importancia a las culturas en las distintas regiones de la tierra, (de tal manera) que la iglesia le devuelva la pluralidad a las culturas y no se quiera tener una iglesia uniformada en una sola cultura.

El obispo de Saltillo está convencido de que la iglesia debe aprovechar la capacidad para cesar su desarrollo desde la cultura mediterránea y dejar que germine la fe en las distintas culturas.

“Por ejemplo, que la iglesia en África sea africana; en Asia, asiática y en América, latinoamericana; que en Europa tenga sus características europeas”, detalló, “el tinte europeo ha dañado a la iglesia por todas partes y eso no ha sido bueno”.

Vera López fue consagrado como obispo en 1988, cuando Juan Pablo II tenía 10 años como papa. Los recuerdos hacia el líder fallecido son siempre de cariño y de respeto a la forma en que condujo a la iglesia.

“Se trata de un hombre muy carismático, que hizo un pontificado excepcional en cuanto a que defendió a la iglesia. Tuve la oportunidad de seguir bastante de cerca su pontificado”, recordó.

Este seguimiento puntual al trabajo de Juan Pablo II llevó a Raúl Vera López a ser testigo de un cerco montado especialmente por jerarcas católicos europeos en torno al papa, entre otras cosas para evitar que la manera de hacer iglesia en América Latina, con mayor cercanía a los pobres y a los nativos, se fortaleciera y hasta se tomara como modelo a seguir.

“Veníamos el intento de la curia romana hacia nosotros, como que las temáticas que el papa nos había dado eran para abrirle a la iglesia un campo donde pudiera hacerse presente de manera muy clara y eficaz. Nosotros veíamos el intento de los curiales para que no fuéramos libres los obispos latinoamericanos, pero encontramos la manera”, dijo Vera López al referirse a la participación de Roma en la Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en 1992.

En el Sínodo de los obispos sobre la vida consagrada, en 1994, y en general a lo largo de su carrera papal, Juan Pablo II hizo frente a quienes trataban de acotarlo.

“Me tocó ver a un papa que intentaba acotar la curia romana”, señaló, “me tocó vivirlo muy de cerca, personalmente, pero también me tocó ver a un Juan Pablo II que se abrió paso saliendo a conocer la iglesia. Conocí a un Juan Pablo II que fue progresando, perfeccionando su condición, me tocó ver a un papa que se iba convirtiendo, que se esforzó en ser cada día un mejor servidor para la iglesia.

“Había un problema que nunca lo expresó, fue siempre muy discreto. Yo sí experimenté, respiré el control, una especie de pinzas que tenía el papa alrededor de él, que querían aprisionar el pontificado, eso me tocó vivirlo personalmente, no me lo cuentan, ni tampoco son chismes porque lo vi personalmente. Creo que fue una fatiga para él”.

La exhortación apostólica Al comienzo del nuevo milenio, iniciativas pastorales como la de organizar un novenario para la preparación de los obispos ante los 500 años de la evangelización de América Latina, de donde surge la nueva evangelización como síntesis del Concilio Vaticano II, y las reflexiones sobre Dios ante el inicio del nuevo milenio son algunas acciones de Juan Pablo II que más destaca el obispo de Saltillo.

“Fue un hombre que trabajó mucho y que hizo mucho para que la iglesia se hiciera presente en el mundo de hoy”, manifestó.

–¿Juan Pablo II luchó de manera permanente contra ese control de la curia? –se le preguntó

“No es que haya luchado”, respondió, “él era un pastor y un teólogo, sobre todo en teología moral y su personalidad lo llevaba a no pararse, no perdió el tiempo, hubiera perdido mucho tiempo. Con perseverancia y paciencia empujó, empujó, no se puso a pelear, nunca, hubiera sido muy fatigoso para él”.

–¿Qué tanto cambió su opinión sobre Juan Pablo II a lo largo de su papado?

“Mi opinión del papa nunca cambió. El camino que iba haciendo el papa Juan Pablo II de conocer mejor a la iglesia, hablar certeramente de los problemas de la iglesia y además, en la última carta apostólica le da su lugar a las iglesias locales, es un documento excepcional donde dice que desde las iglesias se deben concretar las decisiones pastorales.

“Hay quienes dicen que el papa Juan Pablo II en un momento tuvo miedo de que la iglesia se diversificara tanto, que llegara incluso a dividirse, pero eso no se refleja en la carta apostólica al comienzo del nuevo milenio; al contrario, hay una confirmación de cómo las iglesias locales, los obispos de las iglesias locales tenemos que tomar las decisiones. Vi a un Juan Pablo II caminar cada día a tratar de ser más firme y más auténtico”.

Vera López reivindicó a Juan Pablo II ante quienes lo acusan de encubrir los abusos del sacerdote pederasta Marcial Maciel.

“En los últimos meses de su pontificado reabrió el juicio del padre Maciel”, señaló, “esto lo escuché de un grupo de obispos que en ese momento nos representaban como Conferencia Episcopal Americana: el papa pidió una visión critica de la Congregación del padre Maciel, por primera vez.

“No es tan fácil, el papa reabrió el juicio y pidió a representantes de nosotros que en ese momento estaban hablado con él, una opinión sobre esto. El asunto del padre Maciel es una de las cosas que más han afectado a su persona, y el santo padre reabrió el juicio y por eso el papa que lo siguió (Benedicto XVI), que era el que llevaba el juicio de Maciel, lo pudo concluir confinando al padre Maciel al silencio, impidiéndole las apariciones públicas”.

–¿Esto ha sido determinante para la iglesia contemporánea?

“Por su puesto que es muy importante porque muchos ven una especie de complicidad, pero él reabrió el juicio, un hombre como él no podía en su conciencia ser cómplice de una cosa tan clarísima; él mismo fue el que abrió la defensa de las víctimas, fue el primero que puso leyes durísimas a los sacerdotes pederastas, las endureció Benedicto, pero Juan Pablo II puso leyes muy duras”, agregó.

–¿Debió haber sido antes esta reacción de Juan Pablo II?

“Si el papa hubiera tenido canales. En el documento final, cuando se habla del padre Maciel, dice que él tenía una gran habilidad para ir arreglando las cosas para que se ocultaran, así lo reconoce la iglesia; el padre Maciel empezó a recibir condenas desde muy temprano y encontró la manera de eludirlas, esto se sabe, es histórico”, explicó.

La conversación con Raúl Vera López transcurre en torno a la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, en un momento en que la iglesia vuelve al centro de los señalamientos por el presunto encubrimiento y complicidad con un sacerdote que por décadas abusó de menores de edad.

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