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Cautivos en sí mismos

  Por Paola A. Praga

Publicado el martes, 29 de abril del 2014 a las 22:49


Para esta mujer, su madre es como el mar. Como la ola que le moja los pies y luego se pierde en la inmensidad del agua.

Paola Aguirre Praga | Fotografía Gerardo Ávila.- Para esta mujer, su madre es como el mar. Como la ola que le moja los pies y luego se pierde en la inmensidad del agua. Nunca se queda, lleva el dolor de haber crecido a la deriva y de haber sido responsable a los 10 años de una mujer adulta, que la mayor parte del tiempo lo pasaba entre lágrimas.

Está cansada de oír hablar de los estigmas de la depresión. Ella misma ha estado harta de las crisis, porque las vive desde hace demasiado tiempo, porque las sufre y, sobre todo, porque no atisba cómo salir de ellas. Se trata de su madre. Y la ama.

Eugenia tiene 50 años y desde hace 40 ha convivido con la depresión crónica. “Crecí sola, yo no supe qué era tener una mamá, la infancia fue dura, pero cuando tú comprendes al enfermo mental te das cuenta que se puede, que la vida sigue.

“No cuento con la mamá incondicional, no somos la familia que me hubiera gustado que fuéramos. A mí me ha corrido de su casa, me ha hecho de todo, hemos dejado de hablarnos tres meses, pero volvemos a tener contacto, es mi mamá y no la dejaría sola”.

Aunque sus padres procrearon cuatro hijos, ella ha tenido la responsabilidad de acompañar el trastorno. Como ocurre en la mayoría de los casos, el cuidado del enfermo mental recae sobre una persona.

Su infancia no fue como la de la mayoría, vivió apartada, callada, dedicada al estudio, siempre obtuvo buenas calificaciones y nunca les contó a sus amigas de la escuela lo que ocurría en su familia.

“Ninguna familia está preparada, la propia familia no quiere integrarse, consideran que es un chantaje, que el enfermo sólo lo hace para obtener la atención, pero no es cierto, detrás de esas conductas hay una persona que no está sana”.

Con una voz clara, Eugenia, de estatura mediana, cabello cano y ojos almendrados tiene esperanza en el futuro. Pese a todo, se graduó como médico general y conoce lo difícil que son las etapas de un trastorno mental, sabe de las carencias a las que se enfrentan familiares y enfermos.

Cuando decidió internar a su madre en el Hospital Psiquiátrico de Saltillo, luego de una crisis en la que intentó suicidarse fue criticada por sus hermanos, pero aun así tuvo el valor de visitarla, aunque la experiencia la marcó.

“Yo llegué en el horario indicado y no pude estar ni cinco minutos, fue muy fuerte el impacto de verla vestida con una bata y pidiendo que la sacaran de ahí, pero ella tenía que recibir esa atención”.

A los familiares se les señala, la sociedad y los propios seres queridos la confrontaron. “Me hicieron a un lado, me dijeron ¿Cómo se te ocurre llevarla al psiquiátrico? Pero tenía que recordarles que ella ya había intentado suicidarse con un cuchillo”.

Nunca es suficiente

La madre de Eugenia fue abandonada. Quedo huérfana desde pequeña, porque su mamá no quiso hacerse cargo de ella. Años después, los estudios médicos revelaron que el haber nacido en una familia disgregada había marcado su vida con una fuerte carga emocional.

Desde entonces, hace ya 39 años la depresión crónica le deterioró la vida. Con 71, su expediente registra cinco internamientos en el Hospital Psiquiátrico de Saltillo, por intento de suicidio.

La realidad es que, de acuerdo a la Ley Estatal de Salud, ningún enfermo puede estar internado más de tres meses, por lo que la responsabilidad total recae en los familiares, aunque estos no cuenten con las condiciones ni el recurso para mantenerlos en la casa.

Aunque el artículo 68, dice que “la atención de las enfermedades mentales comprende: la organización, operación y supervisión de instituciones dedicadas al estudio, tratamiento y rehabilitación de enfermos mentales, deberá contar con protocolos que garanticen los
derechos humanos de sus pacientes”, en la práctica no se cumple.

Eugenia critica que las supervisiones a los centros sean espaciadas y no se cuente con el suficiente personal capacitado para atender los internamientos y las consultas ambulatorias, por lo que se tiene que recurrir a una lista de espera, que puede tardar hasta siete días.

“Tenemos muchas fallas en el sistema de salud, por ejemplo, los enfermos mentales que son suicidas se van a la cárcel, o que atenta contra alguien, aquí no es Estados Unidos donde son atendidos y tratados”.

El costo de la depresión crónica fue más allá de su madre. Se extendió hasta su cuerpo y mente. Luego de haberse casado y dado a luz a tres hijos, presentó los síntomas con los que creció.

“Yo me la pasaba tirada llorando y duré así mas de tres días que no comía, no quería hablar con nadie y me la pasaba en la cama, incluso estaba pensando en suicidarme, tenía una niña de 2 meses y no me importaba si comía”, recuerda, con un nudo en la garganta.

Sin querer, Eugenia estaba tomando el mismo camino de su madre. Entonces su esposo le sugirió ir al psiquiatra, que le recetó tratamiento antidepresivo para poder salir del abismo en el que se encontraba.

Con la terapia, que duró seis años, decidió cambiarse de casa, pues luego de casarse optó por vivir en un departamento ubicado a dos cuadras de la casa de su madre. Además decidió buscar ayuda con otros familiares.

“La culpa no es de nadie, si me lo hubieran dicho a los 10 años yo me sentía culpable de que estuviera enferma, a ella su mama la regaló, y ella siempre ha estado en terapias, en tratamiento psiquiátrico, el problema es que llega a un tope y lo abandona, pero crecí con eso”.

De la enfermedad de su madre, aprendió la lealtad de su padre. Y a no darse por vencida. Con voluntad, ha recuperado gran parte de su vida, de su historia como esposa y madre.

“Un día hablé con mi padre sobre la situación y el dijo: yo juré estar con ella en la salud y la enfermedad, aunque la situación se ponga fea… ella lo ha agredido, le ha pegado con un comal y le lastimó las manos, pero él sigue fiel, es un apoyo incondicional”.

Al unirse al grupo Dinámica Familiar Saltillo, con sede en Saltillo y Torreón se inscribió en el curso para familiares con pacientes con enfermedades y trastornos mentales. La vida de Eugenia cambió, supo que no era la única que sufría.

“El curso es para preparar a las personas a aceptar que tienen un paciente diferente y que no se sientan señalados, estigmatizados, no es lo mismo a que te digan que tu familiar tiene cáncer, a que te digan que es un enfermo mental, porque si lo dices todo mundo se va”.

En pláticas de grupo, descubrió que se apoya a la familia, no al enfermo. Que es válido enojarse u tirar la toalla por momentos. Que los hijos, parejas y hermanos también son humanos y necesitan tiempo para vivir, y que esto no significa dejar de querer a su familiar enfermo.

La enfermedad de su madre nunca desaparecerá, que podrán venir tiempos peores. Pero Eugenia ya no se siente perdida en el mar, ya no es una isla, ya no está a la deriva.

Crisis de atención

En Coahuila no existen datos precisos sobre el mapa de las enfermedades mentales, motivo por el que las investigaciones médicas en torno al tratamiento se documentan en estudios a nivel nacional.
La situación es crítica. El Informe de la evaluación del sistema de salud mental en México utilizando el Instrumento de Evaluación para Sistemas de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud, documenta que en promedio, por año, son internados 96 pacientes por esquizofrenia, 170 por trastornos del ánimo, 99 por trastornos neuróticos y 50 por trastornos de la personalidad.
El personal es insuficiente, la entidad tiene 12 psiquiatras, insuficientes para atender a los pacientes que son internados y a los que no y que acuden a los centros psiquiátricos y el estado sólo tiene 81 enfermeras que atienden a enfermos mentales.

La crisis se agudiza, pues sólo se tienen 11 psicólogos a nivel estatal, 5 trabajadores sociales dedicados a brindar apoyo a pacientes y familiares.

Y aunque la autoridad estatal reconoce que la infraestructura es insuficiente, las cifras de atención en el Centro Estatal de Salud Mental registran que la ansiedad, los trastornos depresivos y la esquizofrenia encabezan las primeras psicopatologías que son atendidas, tanto en consulta externa como en urgencias.

Durante 2013 los trastornos de ansiedad fueron el primer motivo de consulta con mil 558 casos, seguidos por los episodios depresivos con un mil 368 consultas y los trastornos hiperkinéticos y la esquizofrenia con 717 y 696 casos, respectivamente.

A nivel nacional, una de cada cuatro personas en México ha presentado al menos un trastorno mental y una de cada tres personas habrá tenido una enfermedad mental al momento de cumplir 65 años, según el estudio Trastornos psiquiátricos en México: prevalencia a lo largo de la vida en una muestra representativa nacional.

Esta es una de las compilaciones más reciente de datos estadísticos a nivel poblacional en el país y para realizarlo, fueron entrevistadas 5 mil 826 personas de 18 a 65 años de poblaciones urbanas.

Las entrevistas se efectuaron en los hogares de los sujetos estudiados y estos no recibieron remuneración por la encuesta, el universo abarcó muestras representativas de cada estado.

El trastorno más común fue el abuso de alcohol, con 7.6%; seguido de depresión (7.2%) y fobia específica (7%). El 12% de las personas consultadas presentaron dos o más trastornos mentales alguna vez en su vida y el 5% había presentado tres o más trastornos.

Los criterios de definición de los trastornos mentales se basaron en el Manual de Diagnóstico Psiquiátrico, certificado por la Secretaria de Salud y los sistemas psiquiátricos.

De acuerdo a las respuestas las mujeres fueron más propensas a los trastornos de estado de ánimo y de ansiedad, y menos propensas a los trastornos de abuso de sustancias, en comparación con los hombres.

En la mitad de los casos, los trastornos mentales surgieron antes de que el sujeto llegara a la edad de 22 años.

Una chica especial

¿Y por qué no? Se preguntó Nataly cuando acababa de salir de una severa depresión. No quería esconderse, estaba cansada de ocultar sus crisis de tristeza y vacío. Volvió a pensarlo ¿Y por qué no digo que estoy enferma? ¿Que no soy como las otras chicas? Encontró la respuesta en sí misma.

Su piel blanca contrasta con sus ojos claros, grisáceos. A sus 25 es educadora, trabaja en un kínder y padece un trastorno que sólo se presenta en el 5% de las mujeres: trastorno disfórico premenstrual. Es excepcional, vive con este trastorno del que sólo se conocen menos de cinco casos en Saltillo.

Pero puede ser cualquiera, podría ser la vecina de al lado. Cualquier mujer de Saltillo a la que le hubiera alcanzado el destino y le depositara en el cerebro un padecimiento mental que sobrellevar el resto de su vida.

Cuando se le quiebra la voz al recordar aquellos momentos duros, acostada en su cama, no es difícil imaginar su época en depresión. La que ella venció, con voluntad y observación médica.

En sus días fértiles, produce menos calcio y su cerebro no tiene la serotonina necesaria. El impacto de los síntomas se reduce con el consumo de vitaminas, una hormona natural y tratamiento antidepresivo. Cada mes, aparece en su vida el sentimiento de tristeza, la desesperanza y la ansiedad.

Este trastorno también incluye ataques de pánico, llanto, irritabilidad, desinterés en las actividades diarias y en las relaciones con los demás y dificultad para concentrarse, falta de energía.

La chica de 25 años decidió dejar de callar el trastorno mental que padece y tuvo el valor de contarlo a su círculo cercano. Comenzó con su novio, un médico general con el que lleva cinco años de relación, luego con sus compañeras de trabajo, sus familiares.

“Un día, yo dije: pues porque me tengo que esconder, si voy a vivir con esto el resto de mi vida no me quiero sentir mal, como si fuera algo malo, yo misma tengo que luchar por mí, recuperarme, porque cuando has pasado por esto te das cuenta que sí te haces más fuerte”, cuenta.

Pero la historia de Nataly se remonta a años atrás, cuando su madre, al entrar en la menopausia fue víctima de una depresión extrema que la llevo a encerrarse todo el día y vivir con pensamientos suicidas.

En su desesperación acudió a un sacerdote, una curandera, un psicólogo. Nadie le diagnosticaba ninguna enfermedad hasta que acudió ante un psiquiatra y con medicamento controlado inició la recuperación.

“Yo tenía 14 años y en esta época yo estuve sola, yo adolescente no tenía a quien contarle, siempre estaba triste y a veces se encerraba todo el día, mi hermano y yo nos hicimos cargo de la casa, cada quien preparaba su comida, su ropa.

“Me dolía mucho ver cómo estaba mi mamá, porque yo no podía hacer nada, la escuchaba llorar, que no salía de su cuarto, escuchaba como mi papá le decía que pusiera de su parte”.

Con terapia, su madre controló su depresión y la tranquilidad regresó a la casa. Pero años después el estigma genético volvió a presentarse en el cuerpo de Nataly.

Había muchas probabilidades de que ella desarrollara cualquier trastorno mental, el historial genealógico así lo indicaba: su abuela y su madre habían sido víctimas de la depresión crónica.

“A mí me afectó que un día la escuché por la puerta que decía que se quería morir, yo tenía 14, a esa edad me impactó. De chiquito sientes que tú hiciste algo para que tu mamá esté así, que te quiere abandonar por algo que tú hiciste, sientes que es tu culpa”.

Tenía 17 años cuando una relación toxica detonó el trastorno. “Fue en la prepa, cuando yo tenía un novio que me maltrataba psicológicamente y yo me refugié en él, no sé por qué si en mi casa no había este ejemplo de que mi papá maltratara a mi mamá, sentí que me refugié porque no tenía otra cosa”.

Nataly cambió, le daba miedo vivir, no quería salir de su casa, y en lugar del insomnio, el sueño se apoderó de la mayor parte de sus días. “No quería comer, no quería hacer nada, yo podía dormir todo el día y cuando me despertaba sentía una opresión en el pecho”.

Con una voz fina, aguda, no tiene pena de contar cómo le permitió a su novio que la manipulara mentalmente y ejerciera una dependencia que para ella era desconocida. Hubo una discusión que la marcó, una voz dentro le dijo: ya no más.

“Me decía cosas, me culpaba de todo, me hablaba feo, me volví dependiente, me fui yendo para abajo poquito a poco, luego hubo una pérdida en la familia nos cambiamos de casa, fueron muchas cosas y detonó mi crisis”.

No existía opción, había que iniciar la terapia psiquiátrica. Le recetaron Tafil y la primera vez que las tomó se sintió adormilada, mareada. La fuerza de voluntad le brotó y se recuperó, así se mantuvo cinco años.

“Retomé mi vida, mi vida era plena, pero entonces en el 2012 empecé a tener síntomas otra vez y yo no entendía por qué, otra vez ansiedad, tristeza no quería comer bien, yo me sentí culpable porque sé que hay cierto factor biológico, pero yo me sentía culpable”.

Después de consultar varios médicos sin resultado, Nataly recurrió a Internet, ahí encontró muchos de los síntomas que comenzó a sentir y volvió con su psicólogo a explicarle, juntos decidieron enfrentar el tratamiento.

En las redes sociales, sin temor a que la juzgaran, publicó: “Queridos amigos, padezco un trastorno que no es muy común, se llama trastorno disfórico premenstrual”.

GRÁFICO: Vida en el aislamiento

En la entidad no se cuenta con un sistema de atención digno para la población que padece una enfermedad mental, los familiares tampoco reciben atención especializada en servicios públicos.

Coahuila cuenta con dos hospitales psiquiátricos públicos, uno en Saltillo y otro en Parras de la Fuente

Cuenta con 137 camas y tiene una ocupación del 79.5 por ciento.
Por año 463 personas en promedio han sido hospitalizadas.
El 90% son hombres y el 10% mujeres.
En promedio, por año, son internados 96 pacientes por esquizofrenia
170 por trastornos del ánimo, 99 por trastornos neuróticos, y 50 por trastornos de la personalidad.
El personal es insuficiente, la entidad tiene 12 psiquiatras, insuficientes para atender a los pacientes que son internados y a los que no y que acuden a los centros psiquiátricos.
El estado sólo tiene 81 enfermeras que atienden a enfermos mentales
11 psicólogos.
5 trabajadores sociales dedicados a brindar apoyo a pacientes y familiares.
Servicios ambulatorios, pacientes que van a consulta sin ser internados en Coahuila, en promedio, por año.
420 por consumo de sustancias tóxicas
843 por esquizofrenia
1,035 por trastornos de ánimo
110 por trastornos neuróticos
260 por trastornos de personalidad
336 por otro tipo de padecimientos

México

En el país, hay 13 unidades de internamiento psiquiátrico en hospitales generales con un total de 147 camas, lo que representa 0.14 por cada 100 mil habitantes.

El 8% está reservado para niños y adolescentes. Del total de pacientes atendidos, 60% fueron mujeres y 9%, niños o adolescentes, quienes en promedio permanecieron internos 14 días.

El número de admisiones ascendió a 1,873, esto significó 2 pacientes por cada 100 mil habitantes. Los principales diagnósticos correspondieron a trastornos afectivos (27%), trastornos asociados al consumo de drogas (18%) y a los englobados en otros (22%).

La mayoría de los pacientes (51-80%) recibieron una o más intervenciones psicosociales en el último año y el 100 % de las unidades dispusieron de por lo menos un medicamento psicotrópico de cada clase terapéutica.

Existen 46 hospitales psiquiátricos, de los cuales 13 corresponden al sector privado y 63% están integrados con establecimientos de salud mental ambulatorios.

En México hay 5 camas por cada 100 mil habitantes y únicamente el 3% están reservadas para niños o adolescentes.

En los últimos 5 años, la cantidad de camas ha disminuido en un 3%. Los centros de internamiento atendieron a 47 usuarios por cada 100 mil habitantes: 50% eran mujeres y 6% niños o adolescentes.

Los diagnósticos más frecuentes fueron los trastornos afectivos (27%), la esquizofrenia (24%) y otros padecimientos, tales como trastornos orgánicos o epilepsia (16%).

De los pacientes pasaron 24 días hospitalizados; el 58% permanecieron menos de un año; 4% entre uno y cuatro años, 7%, entre 5 y 10 años y 31% más de 10 años.

La mayoría (80%) recibió algún tipo de intervención psicosocial en el último año y 98% de ellos, se hizo disponible por lo menos un medicamento psicotrópico de cada clase terapéutica.

FUENTE: IESM-OMS INFORME SOBRE SISTEMA DE SALUD MENTAL EN MÉXICO

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