Cd. Acuña
Por
Redacción
Publicado el martes, 29 de abril del 2014 a las 23:00
Saltillo.- La referencia común es que cada cabeza es un mundo, que cada quién es singular en la forma en que interpreta los estímulos de su entorno, en las sutilezas que finalmente marcan la diferencia en el sentir, en los niveles de contención de las emociones, las formas en que éstas se canalizan y aún en la forma en que podemos, o no, reaccionar ante situaciones dadas. No hay en el mundo dos personas con cuadros mentales de referencia idénticos, ni escala de aplicación universal para lo que se denomina inteligencia emocional.
Sin embargo es la forma en la que nos desenvolvemos en el entorno, en las formas en que interactuamos con los familiares y amigos, nuestras actitudes y desempeños en los entornos académicos, social y/o laboral, los que revelan si el mundo en cada cabeza embona con el mundo que compartimos, el “mundo real” o si se camina por el sendero de las llamadas enfermedades mentales.
Vivimos en un entorno hostil que alimenta frustraciones, que enfrenta anhelos con realidades y, por lo tanto, permanente generador de condiciones que propician el distanciamiento entre el mundo en cada cabeza, con el que compartimos.
En Coahuila, el sistema de salud atiende en promedio a cerca de 500 personas por males que van desde la esquizofrenia (que implica la pérdida del contacto con la “realidad”), trastornos del ánimo, neuróticos y hasta de personalidad.
La infraestructura actualmente existente, tanto física como de personal especializado, es insuficiente, y entonces, como sociedad, nos enfrentamos ante un hecho lamentable: los mundos que han dejado de ser armónicos con el que compartimos, están condenados a la segregación, a la intolerancia y a la desatención.
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