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Autor Invitado
Publicado el miércoles, 30 de abril del 2014 a las 14:01
Piedras Negras, Coah.- Si el sueño de la industria se cumple, aquí el olor del carbón de las minas pasará al del dinero de los pozos gaseros y petroleros.
Así como a Texas le dicen Saudiamérica, a este pedazo del desierto podrán llamarle algún día Coahuilarabia o Emiratos Árabes Coahuilenses. Quizá también Kuwauila o Coahuilistán, nombres todos para referirse a lo que sería un oasis millonario en medio del desierto.
En lo que no hay duda es que la fiebre del “fracking” que atrapó a Texas ya cruzó el Río Bravo y ha comenzado a apoderarse de Coahuila, generando a la vez ansiedad y cálculos optimistas.
Con la promesa seductora de convertir al estado en la versión mexicana de un emirato árabe -y encontrar hasta 20 mil millones de barriles de petróleo y gas shale bajo el desierto coahuilense-, las primeras tres torres de perforación y exploración del subsuelo ya están en proceso de construcción por parte de Geokinetics, una transnacional estadounidense.
Para gusto de la industria energética y desmayo de grupos ambientalistas, el entorno desértico de municipios como Guerrero, Zaragoza, Morelos, Allende, Nava y Sabinas está en ruta de cambiar para siempre y probablemente de forma irreversible.
Autoridades locales calculan que, cuando procedan en el Congreso las leyes secundarias de la reforma energética, la construcción de plataformas entrará a un ritmo casi frenético: habrá de 500 a mil torres de producción de gas natural trabajando con técnica de fractura hidráulica o “fracking”. En 10 años, bajo cálculos del gobernador Rubén Moreira, serían hasta 10 mil, casi las mismas que en el yacimiento de Eagle Ford, al norte, en Texas.
“Nos urge tener una normatividad que nos permita enfrentar un proceso tan peligroso. Entiendo que necesitamos energía, pero lo que están haciendo es abrir la vía a una nueva industria sin haber creado el marco en la controle”, dice José Ruiz Fernández, abogado ambientalista y quien hoy ha comenzado a asesorar a municipios coahuilenses para defenderse en caso de que el “fracking” tome la misma velocidad meteórica que en Texas (en ese estado se pasó en 5 años de cero torres a 14 mil).
En el Gobierno estatal predomina el pragmatismo. “Esta explotación se va a dar al margen de lo que hagamos o dejemos de hacer. El mundo tiene apetito por estos hidrocarburos y tenemos que asegurarnos de que se haga adecuadamente y en beneficio de Coahuila”, sentenció Rogelio Montemayor, ex director de Pemex y cabeza del Clúster Minero Petrolero de Coahuila, una entidad paraestatal a la que se ha pedido preparar al estado lo mejor posible ante la inminente llegada de la industria energética.
En Coahuila pareciera que ya no hay dudas sobre si se explotarán algunas de las reservas no convencionales más grandes de gas shale en el hemisferio occidental.
Tras la reforma energética y la apertura del mercado nacional a capital privado, las preguntas más bien son cuándo y cuánto: cuándo comenzará a fracturarse el subsuelo del desierto. Cuándo comenzará a explotarse gas y petróleo no convencional. Cuánto se producirá. Cuántas empresas extranjeras y mexicanas vendrán a la zona. Cuántos millones de dólares llegarán. Y cuánto costará al medio ambiente convertir a Coahuila en la siguiente gran plataforma energética de México.
Hoy, los primeros 3 pozos de prueba y exploración ya están siendo erigidos de forma conjunta por Pemex, el Instituto Mexicano del Petróleo y la transnacional estadounidense Geokinetics en el municipio de Guerrero, en lo que ha sido denominado como un “pote de miel” con varios potenciales millones de barriles.
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