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Ausencias que lastiman: pudo decirle a su esposa que la amaba

  Por Excélsior

Publicado el sábado, 3 de enero del 2015 a las 19:55


Isaías Uribe y Juan Pablo desaparecieron en Torreón; a un veterinario y a su joven amigo se les vio por última vez en el 2009.

Saltillo.- El día parecía normal para Isaías Uribe Hernández, un joven veterinario que después de efectuar una cirugía canina visitó a sus abuelos; tras recibir una llamada de su amigo Juan Pablo, ambos se reúnen para convivir y platicar, como lo hicieron siempre.

Luego de varias horas, los dos amigos salen a comprar algunas bebidas.

En Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila recuerdan que alrededor de la una de la madrugada del 5 de junio de 2009 ambos vuelven a salir; horas antes, Isaías le dijo a su esposa que la amaba, palabras que a ella no le extrañaron, pues solía decírselo continuamente.

Tanto Isaías como Juan Pablo no sabían que muy cerca de su casa integrantes del Ejército mexicano cateaban unas viviendas; ambos viajan en la camioneta del veterinario. En ese punto se les perdió el rastro y no se ha vuelto a saber nada de ninguno de los dos.

Al pasar las horas, la esposa de Isaías, identificada como Claudia, empieza a desesperarse y le marca insistentemente a su celular, pero él no responde.

La mujer pasa la noche en vela, pero no es hasta el día siguiente que localizan la camioneta Ford Courier con razón social de Tecno-Pro (negocio de veterinaria) abandonada en el fraccionamiento Ciudad Nazas, de Torreón. La unidad tenía siete disparos, además de sangre en los asientos.

Hay testigos que afirmaron que los militares detuvieron a los jóvenes; la Secretaría de la Defensa Nacional lo ha negado reiteradamente. A la fecha, ninguno de los dos ha aparecido.

Isaías Uribe Hernández tenía 30 años cuando desapareció; actualmente debía tener 35 años y un futuro promisorio.

Originario de Oaxaca, estudió veterinaria en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, Unidad Laguna, de Torreón.

Casado, con dos hijos y otro por nacer, se le recuerda como un padre excelente, que llevaba a uno de sus pequeños al preescolar para después realizar su actividad profesional.

El domingo lo dedicaba a la familia. Caminaban por la Alameda, iban al bosque, convivían con amigos o visitaban a los papás de Claudia.

Isaías tenía varios sueños, junto a su esposa e hijos, entre ellos manejar su propia distribuidora de productos de laboratorio y adquirir una casa propia.

Tras la desaparición de Isaías, Claudia fue a Oaxaca a radicar con sus suegros; el hijo que esperaba nació de manera prematura y murió a los cuatro días. La pena y la tristeza fueron la causa de la pérdida del pequeño.

Claudia Janet Soto interpuso una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) para reclamar el paradero de su esposo, Isaías, pues en el Campo Militar La Joya jamás le proporcionaron información sobre la desaparición del veterinario. Claudia toma fuerzas para sacar adelante a sus hijos y continuar en la búsqueda del compañero de su vida.

rd

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