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El Faro Rojo: Pesadilla hogareña, El verdugo

  Por Ruta Libre

Publicado el lunes, 5 de enero del 2015 a las 23:36


Pancho atacó a Diana donde más le dolía, y amenazando a su bebita obligó a la madre a satisfacer sus más depravados deseos

Por Rosendo Zavala / Saltillo.- Tras escuchar el portazo, Diana reaccionó sorprendida y con terror vio cómo los tres sujetos habían embolsado a su bebé, de apenas 4 meses, para obligarla a saciar sus bajezas sexuales, viviendo la peor de las pesadillas en su propia casa.

Durante varios minutos, la joven madre padeció la bestialidad de Pancho, el depravado que sin piedad la ultrajó para llenarse del gozo prohibido, el mismo que lo llevaría hasta el reclusorio donde paga su delito por violación desde hace tiempo.

UN COTIDIANO AMANECER

Mientras el ruido de la televisión calmaba las ansias infantiles de su pequeñita, Diana se apresuraba a recoger el tiradero que se había acumulado en su vivienda durante los últimos días, apenas era martes pero el tiempo corría de prisa.

En la calle, el trajinar de los transeúntes se hacía más frecuente, pues aunque la mujer de 18 años vivía con su familia en las inmediaciones de la colonia Mirasierra, la hora pico estaba por llegar y el paso de los niños hacia los parques cercanos hacia más escandalosa la mañana.

Acostumbrada a la tranquilidad de su natal Múzquiz, la inexperta citadina se entregó a la encomienda que se había propuesto, por lo que usando una escoba como la mejor de sus compañías, empezó a fregar los pisos olvidándose del entorno, cometiendo el error que la envolvería en la tragedia.

Y es que a escasas cuadras de su domicilio, Francisco Samuel deambulaba con Marcos y Juan de Dios en busca de los clientes que les dieran a ganar algunos pesos, sabían que lavando algunos carros obtendrían lo justo para sobrellevar su complicada y desastrosa vida.

En medio del candente sol que ya comenzaba a pesar en su espalda, el lavacoches de 33 años deambuló entre los caminos de asfalto junto a sus compañeros de mañas, cuando de pronto divisó una casita que le llamó la atención sobremanera.

SALVAJE ATAQUE

Debido a su estado de holgazanería y nulas ganas que tenían de ocupar su tiempo, los rebeldes idearon la manera de introducirse a la vivienda aprovechando que la barda trasera no era alta, pues la escasez de dinero les hacía pensar en la manera de obtenerlo a cualquier precio.

Ajena a la maldad, “Diana” se entretenía con la escoba olvidando que había dejado la puerta del patio abierta, siendo eso lo que los parranderos aprovecharon al brincar sin problemas la pared encontrando el acceso trasero abierto, dando un giro completo a su futuro y el de su víctima.

Tras llegar hasta la recámara donde estaban las mujeres, “El Pancho” sintió que la naturaleza lo llamaba y buscando saciar su cuerpo tomó al bebé en brazos para meterla en una bolsa de plástico, gritando improperios a la joven mientras le exigía que sostuvieran relaciones sexuales, porque de lo contrario asfixiaría a la nena hasta matarla.

Con su cara tatuada de satisfacción, el malnacido se abrochó el pantalón tras el ataque y se puso en pie, para jadeante buscar la salida aún con el recuerdo fresco de haber poseído a plenitud una mujer que no le pertenecía.

Sonriendo con el mayor de los cinismos, Francisco Samuel posó su vista ante Marcos y Juan de Dios, que estupefactos por el ataque que acaban de ver se quedaron sin habla, limitándose a seguirlo para darse a la fuga consientes del crimen que se acababa de cometer.

Por su parte, Diana se sobreponía al terror que la mataba en vida y aún adolorida por la paliza sexual que le habían dado, corrió hasta la cama para desesperada romper la bolsa plástica donde seguía su bebé, salvándola de una muerte segura.

CACERÍA DE LADRONES

Aún privada por la tragedia que acababa de padecer, la adolescente tuvo la fuerza para tomar el teléfono y pedir auxilio, buscando aliviar en algo la descomunal desdicha que la había alcanzado sin poder evitarlo.

Poco después, el ulular de las sirenas rompió el trajín de los transeúntes y una ambulancia de la Cruz Roja llegó hasta el domicilio de la señora, que deshecha en llanto narró lo sucedido, mientras paramédicos la checaban junto a su pequeña para determinar el estado de salud de ambas.

En la calle, Francisco Samuel y sus acompañantes divisaron la nube de patrullas cuando deambulaban sobre el bulevar, pero presagiando que iban sobre ellos se echaron a correr, diluyendo cualquier duda de los uniformados sobre los sujetos que estaban buscando.

Tras una breve persecución donde torearon a vehículos y caminantes de manera casi increíble, los rijosos fueron arrestados por los oficiales, que utilizando la fuerza pública los sometieron cuando éstos intentaron defender su libertad de manera injustificada.

Así, los representantes de la ley volvieron a la casa del auxilio y pusieron a los sospechosos frente a la quejosa, que con palabras de odio los señaló como quienes minutos antes le habían robado algo más que la calma: la habían marcado para siempre.

Ya en la cárcel, Francisco utilizó un papel como pasaporte a la comprensión, implorando perdón a su familia por intentar ahorcarse en su celda, mientras sus cómplices recuperaban la libertad tras comprobarse que no participaron en el ataque sexual.

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