Nacional

Publicado el viernes, 30 de enero del 2015 a las 20:32
Saltillo, Coah.- Segundos antes de la explosión, Mónica Orta Ramírez se negó a salir del Hospital Materno Infantil sin uno de sus pacientes.
“¡Vámonos, Mónica! ¡Vámonos, Mónica!”, le gritó un médico a la enfermera de 32 años mientras desalojaban el nosocomio por el intenso olor a gas.
“Ay, doctor. Es que tengo un chiquito bien grave”, contestó la trabajadora de terapia intensiva y regresó, según relató a la mamá de la enfermera el mismo médico que le pedía que salieran.
Luego vino la explosión y nadie supo de ella.
Cinco horas después, sus compañeros la encontraron en el Hospital General de Balbuena, a donde ingresó como desconocida y con quemaduras en el 80 por ciento del cuerpo.
La enfermera vive en Tlalnepantla con su esposo y sus tres hijos, todos menores de edad. Nadie supo qué pasó con el bebé que quería salvar.
“Es una persona que da todo. Tiene tres chiquitos y no sabemos como decirles. Nomás le pido a Dios que le eche muchas ganas con mi chiquita”, narró su madre, María de Lourdes Ramírez.
Por la tarde, su esposo, Álvaro Orta, informó a sus familiares que Mónica seguía grave y que estaba conectada a un respirador artificial.
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