Cd. Acuña
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Redacción
Publicado el martes, 3 de marzo del 2015 a las 02:17
Por Aliado número uno
De la intentona de democracia al cochinero que resultó, el panismo coahuilense mantiene la marcada línea divisoria entre el sur y La Laguna. De nada valieron las artimañas, los regaños de la cúpula panista y los “estate quietos” aplicados a los alcaldes para amansar a la caballada panista y se dirigen ahora sí que al despeñadero.
Tan profunda es la zanja que ni con tepezcohuite se quita y ni la operación cicatriz tan socorrida para los priistas que lamen sus heridas y aprenden a tragar fuego remediaría nada en un partido que sigue peleando por las migajas.
O al menos así se vio en su manoseado proceso interno, en donde el ardor por perder candidaturas plurinominales, es decir, las seguras –porque se ganan perdiendo y con cero trabajo en campaña– desataron los más profundos rencores, y aun con el fallo de la Comisión Electoral, los inconformes todavía andan rumiando impugnaciones.
Y por qué no, acostumbrados a ventilar sus pecados en conversaciones telefónicas, los panistas se pusieron en evidencia al hacerse públicas sus francas pláticas entre los dirigentes Bernardo González y Rodrigo Rivas, ventilando supuestos actos relacionados con la coacción del voto en favor de César Flores y Karla Osuna, a quienes apoyaba abiertamente el diputado federal Guillermo Anaya.
El alcalde Isidro López Villarreal reaccionó molesto por los resultados de la interna diciendo que se perdió la batalla, pero que falta la guerra, o algo así, al estilo cantinflesco que le caracteriza, y dijo, contra lo que todo mundo cree, que esos resultados no sólo no afectan su imagen, sino que de hecho es corresponsable de los mismos.
Sus gallos, Alicia Martínez Valero y el empresario Eduardo García Andrade, a quienes apoyó acudiendo a Torreón en hora y día laboral para brindarles su respaldo, siguen pensando si impugnan o no su resultado, y tendrán que dar batalla a los candidatos priístas y rifársela en campaña.
Se puede decir que si bien los coahuilenses tienen el gobierno que merecen, la verdad que ni Saltillo ni Coahuila tienen la oposición digna que se requiere.
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