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Doña Lilia Cadena, una mujer de gran valor

  Por Isabel Ortega

Publicado el martes, 3 de marzo del 2015 a las 16:00


Con fe y entusiasmo logró sacar adelante a su familia pese a todas las adversidades

Saltillo, Coah.- Uno de los momentos más trágicos en su vida la cambió para siempre, cuando falleció su marido y quedó viuda con sus siete hijos, Teresa Lilia Rodríguez Oyervides, mejor conocida como Lilia Cadena, no se desalentó: con todo y el gran dolor que había sufrido, de los lugares más insospechados de su alma sacó fuerzas para luchar por su familia.

El resultado fue la formación de una trabajadora social de hoy 82 años, ya jubilada, con una larga trayectoria no sólo como profesional en su ramo, también por su espíritu de servicio para ayudar a los jóvenes y por ser el
ejemplo de una mujer con valentía e independencia.

Después de uno de los sucesos más dolorosos en su vida, doña Lilia Cadena, en ese entonces de 31 años, no tuvo tiempo de vivir un duelo y despedir a su marido, el ingeniero Ignacio Javier Cadena Rodríguez.
Inmediatamente se puso a vender pasteles, ayudada por su hermana, quien le enseñó a preparar distintos platillos para que pudiera sostenerse los primeros días.

Con la incertidumbre a cuestas, cada día para doña Lilia eran de idear una nueva manera para sacar adelante a sus hijos, incluso hubo personas que le ofrecieron pagarles sus estudios completos, pero en el fondo sabía que
la responsabilidad de su familia le correspondía a ella, por lo que todo debía depender de su habilidad y presteza para administrarse y buscar nuevas oportunidades.

“El Espíritu Santo estaba ahí”, dice de cuando le ofrecieron una plaza en el ISSSTE, a donde llevaba todos los días café y pastel para sus compañeros, lo que le valió ser considerada incluso para una plaza en la Universidad
Autónoma Agraria Antonio Narro, donde laboraría los siguientes 30 años como trabajadora social.

Además había conseguido dar clases en una secundaria, por lo que el transcurrir de sus horas se dividía entre sus tres trabajos y los cuidados a sus hijos, a quienes convirtió, al igual que ella, en jóvenes independientes que
supieron valorar el gran esfuerzo que hacía su madre, por lo que no era extraño que en casa de doña Lilia lo mismo un hombre que una mujer lavara, planchara e hiciera de comer.

Había días en los que el despliegue de energía la dejaba exhausta, con el cuerpo cansado, la mente ocupada en todas sus responsabilidades y cuando estaba a punto de darse por vencida, le rezaba siempre a Dios. “Señor,
mis fuerzas se me están acabando, pero Tú dame las tuyas para salir adelante”, bastaban esas palabras y doña Lilia se levantaba de su desánimo con más ganas de seguir luchando.

Pero la vida tendría un reto más grande para esta madre de familia, apenas saliendo de la difícil partida de su marido, años después moriría su hija de 14 años, y a pesar de que se le concedió la oportunidad de retirarse
durante algún tiempo para descansar, no quitó el dedo del renglón, siguió trabajando.

“Quería llorar y sí me hacía falta, y sí me hacía falta de todo, pero cuando uno tenía necesidad de trabajar no te vas a poner a llorar a ver quién te trae una tortilla, tienes que trabajar y trabajar”.

POR UNA MEJOR ATENCIÓN

No perdió el tiempo, desde el primer día en que Lilia Cadena puso un pie en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN), no dudó un instante en mejorar lo que tenía a su alrededor.

Pasaron pocos días para que doña Lilia fuera conocida como la Tía Valda, debido a que la oficina de Enfermería y Trabajo Social sólo contaba con esta pastilla para brindar atención médica y de consejería a los jóvenes,
además de una mesa y una silla.

Likia no vio límite; como siempre, conduciéndose con respeto y educación, acudió al rector para manifestarle su preocupación por el estado de la enfermería y gestionó los apoyos necesarios para que se equipara.

Fue un camino largo, “yo la enfermería la voy a dejar como Dios manda. Empecé a surtirme, no creas que mucho”, dice la trabajadora social, y pidiendo ayuda, durante sus 30 años logró dejar equipada por completo la
enfermería.

“Me fui a las mueblerías, les decía: ‘Regálame un colchón viejo o véndemelo a la mitad’”, señaló doña Lidia, quien además logró que el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado le regalara
tres camillas viejas, que ella misma se encargó de encontrar quien soldara y arreglara.

Del lugar inhóspito que conoció alguna vez, sólo quedó el recuerdo, pues al día de hoy la enfermería está equipada gracias a doña Lilia, quien en tres décadas logró que dos doctores atendieran a los estudiantes, instalar
camas especiales, el medicamento necesario, equipo médico y ambulancias.

Nunca se conformó, siempre quiso ir más allá y hasta tuvo el atrevimiento de solicitarle al presidente Miguel de la Madrid que implementara medidas preventivas para los embarazos, pues se disparó el índice de esta
problemática en la Narro cuando la matrícula registró un aumento de mujeres estudiantes.

“Yo pedía que me llevaran condones, que me dieran algo para prevenirlas a ellas, que me dieran una tarde para juntarlas y hablarles, porque era gente muy pobre que venía de Chiapas, del sur del país, sin nada”.

Ahí no paró su labor, redactó una carta al entonces presidente para solicitarle que todos los estudiantes de Coahuila, desde primaria hasta la universidad, contaran con seguro médico para que no padecieran enfermedades
sin acceso a atención médica.

“La vida es muy dura, y si tú te dejas te hacen pedazos”, rememora sobre toda su trayectoria doña Lilia, quien actualmente es invitada a las ceremonias de toma de protesta de los nuevos rectores y de eventos especiales de
la Narro, ahí, al lado de quienes alguna vez encabezaron la titularidad de la UAAAN.

GRAN MADRE

Los hijos de doña Lilia tuvieron el mejor ejemplo, todos sus hijos son personas de bien, responsables, trabajadores y con éxito, dedicados también a ayudar a otros y criar hijos y nietos de bien, que sigan cosechando las
sabias enseñanzas de su abuela sobre el servicio a los otros y la independencia propia.

ch

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