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Publicado el jueves, 19 de marzo del 2015 a las 15:00
Piedras Negras, Coah.- Ellos están ahí observando con profunda tristeza el río Bravo que no han podido cruzar y se sienten tan cerca y tan lejos de cumplir con su objetivo. Son 13 hombres que a pesar del cansancio no se rinden.
Les han cerrado las puertas del “coloso de Norteamérica”, ahí a donde quieren llegar para presentar un pliego petitorio al presidente Barack Obama.
Son 13 migrantes centroamericanos que hacen un doble o triple esfuerzo para poder llegar, pues cada uno de ellos tiene por lo menos una o dos mutilaciones de sus extremidades, tanto inferiores como superiores, luego de ser embestidos por las fauces de la llamada “Bestia”, el tren que cruza todo el territorio mexicano hacia Estados Unidos.
No pueden creer que autoridades de Estados Unidos movieran todo un dispositivo policial para evitar su paso y hasta cerraran por minutos el cruce internacional, como si se tratase de peligrosos delincuentes o peor aún, de terroristas.
“Sólo queremos llegar con el gabinete del Gobierno americano para que conozcan las consecuencias de la emigración”, expresan.
“Dimos un pedazo de nuestro cuerpo al buscar llegar, hemos sufrido mucho, como todos los migrantes”, añaden.
Todo inició el 25 de febrero, cuando los originarios de la ciudad de Progreso del Departamento del Yoro, Honduras, decidieron hacer un recorrido de más de 2 mil kilómetros para llegar a Estados Unidos de Norteamérica y poder buscar ayuda del Gobierno para todos los migrantes.
“Para nuestro país somos un cero a la izquierda, no valemos nada”, reitera en varias ocasiones el presidente de la Asociación Migrantes Retornados con Discapacidad AMIREDIS.
Señala al llegar a Piedras Negras, Coahuila, frontera de México por la cual decidieron cruzar hacia el vecino país que son soldados caídos, porque su guerra es por la pobreza y la falta de oportunidades en su natal Honduras, lo que los obligó a migrar y enfrentarse a la peor pesadilla.
“Somos valientes, sólo que somos soldados caídos y que nos enfrentamos a una película de terror al perder nuestros brazos, nuestras piernas, al ser amputados por la Bestia”, indica al relatar como todos los integrantes del grupo perdieron sus extremidades en su intento por llegar a Estados Unidos.
“Averiguamos y se supone que estamos más seguros en el albergue en el que estamos, aunque todas las fronteras son inseguras para los migrantes”, añade.
Mientras se preparan para salir del albergue para migrantes Frontera Digna y dirigirse al puente internacional número Uno donde esperan cruzar, enfatiza que van a lograr su objetivo.
“Hay cosas imposibles, como que me crezca mi brazo o mi pierna, pero ver a un ser humano y eso no es imposible, vamos a lograr ver o llegar al presidente Obama”, indica.
Sin apoyo Lo mismo sucede con muchas asociaciones de defensa a migrantes, que a lo largo de su trayecto no han podido darles una real ayuda para lograr su objetivo, ya que ha sido más el apoyo de personas de diferentes comunidades quienes les han extendido la mano con comida y dinero para transporte y hospedaje.
“Transitar en México no es fácil”, señala Norman Varela, vicepresidente de la asociación.
Precisa que a pesar de acudir al Senado de la República, donde entregaron también un pliego petitorio sobre una visa para personas con discapacidad, no sólo de Honduras, sino de Centroamérica, becas de estudio para sus hijos y apoyo en salud para prótesis principalmente, no han recibido una respuesta.
“Buscamos una visa de 5 a 10 años para todas las personas con discapacidad”, indica.
“Nos vamos a tirar al río” “Si no nos dejan pasar, nos vamos a tirar por el río”, expresa Norman antes de realizar una oración y recibir la bendición por parte del asesor de la casa del migrante Frontera Digna, el padre José Guadalupe Valdés.
Precisa que los han intentado desanimar en su trayecto, inclusive recuerdan con tristeza como el embajador de Honduras en México, se rió de sus intenciones de querer cruzar la frontera al solicitarle pasaportes para 15 de los 17 integrantes que viajaban.
“Veníamos 17 desde Honduras, le dijimos que íbamos a cruzar y se tiró una risa muy fuerte y dijo que era imposible”, indica el migrante de 43 años, quien perdió su pierna derecha.
“Quería que le consiguiéramos 60 dólares por cada pasaporte, pero ¿cómo? No tenemos empleo, pagamos renta y llegar acá no es fácil”, añade.
De los 17, sólo continuaron 13, debido a que cinco integrantes del grupo ya no aguantaron al llegar al Distrito Federal y regresaron a Honduras.
Caminan con gran fortaleza Al llegar al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, reciben botellas de agua para refrescarse y unas gorras para revertir los rayos del sol, que por momentos que se asoma causa estragos.
Descansan otro poco en la Gran Plaza para tomar fuerzas y ahora sí caminar hacia el puente internacional número 1 donde primeramente son detenidos por personal de Caminos y Puentes Federales, quienes tras unos minutos dan luz verde para pasar.
Ifraín Vázquez, de 34 años de edad y quien perdió su pierna izquierda, va cargando la mochila rosa que su hija Emmy Sarahí, de 13 años de edad le dio y se aferra a ella, mientras con decisión da sus pasos en el puente. “No somos criminales” “Fue excesivo que cerraran la frontera, a duras penas caminamos, no somos criminales, somos personas defensores de derechos humanos, que luchamos para que esta vida no sea tan injusta”, expresa José Luis.
Tras un dispositivo donde se cerró el puente y donde había hasta agentes armados, los migrantes hondureños no pudieron entrar a Eagle Pass, Texas. “No estamos derrotados, vamos a estar derrotados cuando nos agarren y nos manden en un avión a nuestro país”, añade.
Precisa que no pueden caminar bien y es lamentable que las leyes de Estados Unidos no tengan misericordia para personas con discapacidad.
“No somos criminales, no podemos caminar bien”, dice.
“Me siento triste, es otro golpe más a nuestro corazón y lo que más piensa uno es en la familia”, pero vamos a seguir intentando”, enfatiza.
Los 13 migrantes mutilados de alguna de sus extremidades, lamentan que nadie les da un real apoyo, principalmente el Gobierno de Honduras, que lo único que parece importarle son las remesas que mandan -más de un millón- los hondureños que viven y trabajan en Estados Unidos y que forma gran parte de la economía de la nación centroamericana.
Los migrantes exclaman que no se rendirán y buscarán todas las formas para poder cumplir con su objetivo de llegar al Gobierno americano y así conozcan las consecuencias de la migración.
A pesar de hacer un doble esfuerzo, los migrantes de AMIREDIS, caminan por la calle Juárez, algunos van apoyados de muletas, uno va en silla de ruedas la cual es empujada por el padre Pepe, el asesor del albergue y otros con prótesis que hacen que puedan desplazarse.
La emoción está a flor de piel, la adrenalina a mil, cuando ven el enorme afluente, el río Bravo y entonces se sienten con enorme valor para lograr cruzar.
Luego de que sólo Wilfredo Filiu Garay, de 47 años y José Luis Hernández, de 29, fueran los únicos en pasar a las oficinas del puente internacional del lado americano y regresados inmediatamente, los migrantes señalaron que no son criminales.
“Ni siquiera nos dejaron hablar, nos dicen que lo arreglemos en nuestro país”, señala.
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