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Personajes que le dan vida a la capital

  Por Redacción

Publicado el lunes, 4 de mayo del 2015 a las 14:00


Cada uno desde su trinchera, estos ciudadanos forman parte del día a día en las calles de Saltillo

Saltillo, Coah.- Ya sea trabajando en la calle ofreciendo productos a los transeúntes, o en un taller de corte y confección de ropa, e incluso ayudando a las personas en un hospital, decenas de personas trabajan día a día desde su trinchera para sacar adelante a los suyos y dar colorido con su actividad a la vida diaria de esta ciudad. Son miles las ocupaciones y oficios en los que las personas se apoyan para salir adelante, llegando inclusive a ser ampliamente reconocidos por su habilidad en el campo al que se dedican, haciendo de ellos mismos, en muchos casos, un punto de referencia fácilmente identificable por la ciudadanía.

El arte de crear moda con retazos

Diana Laura López Magallán tiene 22 años y su pasión, desde que tenía 15, ha sido diseñar ropa y dedicarse a la costura, lo que ha logrado de manera
autodidacta.

“Desde que era muy niña la ropa me quedaba muy grande, así que comencé a arreglarla con aguja e hilo, sin saber mucho como hacerlo. Ya de grande pude conseguir una máquina de coser, practicando a diario fue como aprendí a usarla. Desde entonces me gustó y al paso de los años opté por dedicarme a ser costurera”, comentó.

Diana usa una blusa negra y una falda que ella misma diseñó. Coloca un carrete de hilo en la máquina de coser, toma una tela y está lista para convertirla en una nueva prenda.

“Hay diferentes puntadas para coser, dependen de la máquina y del tipo de aguja que se utilice. Las primeras que aprendí fueron la de ‘zigzag’ y la plana, son las básicas”, cuenta.

En su opinión, el oficio de la costura es también una forma de hacer arte, porque muchas veces llegan clientes que solicitan el diseño de un vestuario o conjunto.

Y es entonces cuando se activa la creatividad de la costurera, quien después de platicar un poco con las personas empieza a diseñar hasta lograr la prenda que le piden.

Platica que su mayor inspiración para dedicarse a este oficio fue la diseñadora Coco Chanel, por el diseño de su ropa y por hacer de la combinación blanco y negro algo muy representativo en el mundo de la moda.

“Siempre he acostumbrado leer revistas de moda y esas cosas, yo veía el nombre de Chanel por todos lados pero no sabía que se tratara de una diseñadora, hasta que mi madre me lo dijo. Desde entonces sus diseños y ella han sido mi mayor inspiración”, platica.

Para Diana, su oficio es uno de los más útiles porque “todo el mundo necesita vestirse, hoy en día la gente busca ser más auténtica y vestir a su manera, entonces buscan a alguien que diseñe o arregle su ropa, y sin la ayuda de la costurera o modista simplemente no podrían hacerlo”.

Actualmente Diana Laura tiene su propio local en el que ofrece el servicio de costura y estudia diseño de modas, con el fin de mejorar sus técnicas y aprender aún más acerca de este oficio. (OMAR SOTO)

Entregarse a los otros, su vocación

La primera vez que Cecilia del Carmen se preocupó por curar a un enfermo fue en su niñez. Cada vez que alguien se lastimaba, ella dejaba las muñecas de lado y corría por “curitas” y agua oxigenada.

Cuando los padecimientos eran más graves que un raspón, Cecilia se limitaba a cuidar al enfermo, cuidándolo y procurando que estuviera bien.

“Es un camino que desde pequeña quise seguir. No es algo de familia, mis padres y hermanos se dedican a otras cosas. La vocación sencillamente me nació”, dice.

Fue por esta necesidad de cuidar y sanar a los demás que decidió estudiar Medicina. Entró a esa carrera, pero pocos meses después halló su verdadera vocación en la
enfermería.

“Me di cuenta de que el doctor receta el medicamento, pero eres tú como enfermera quien sabe si el medicamento funciona o no, quien conoce cómo se siente en realidad la gente”.

Cecilia encuentra su mayor satisfacción en esta relación directa con el paciente. Asegura que muchos casos la han marcado, tanto para bien como para mal. Con especial cariño recuerda a un paciente del Hospital del Niño.

El pequeño había sufrido quemaduras en ambas piernas. Pasaba el día entero acostado por su recuperación y las enfermeras se encargaban de atenderlo. Cecilia cuidaba con cariño al pequeño, tratando de hacerlo sentir contento para que olvidara su padecimiento.

Pasado un tiempo, cada vez que él requería algo, se podía escuchar su vocecita gritando “¡Cecilia!”. Si el pequeño veía acercarse a otra enfermera, se molestaba y gritaba más fuerte aún, alegando que tenía que ser Cecilia quien lo atendiera.

Hoy trabaja en el Hospital Universitario dando la misma atención a quienes llegan a atenderse. “Dedicas tu tiempo y cariño para que los pacientes estén bien. Eso que se siente cada vez que una persona te da las gracias, no lo cambiaría por nada”. (CECILIA RIVAS)

Hilario González, la voz de las noticias

Hilario González tenía 19 años cuando abandonó su trabajo en las minas de Concepción del Oro, Zacatecas. Dejó el pueblo junto con su hermano; pensaban trabajar en unas minas de fluorita, en Múzquiz, para tener una mejor vida. Cuando llegaron a Saltillo, un conocido le ofreció un puesto de periódico en la plaza Manuel Acuña, y al poco tiempo, Hilario aceptó.

Eso sucedió hace 60 años. Aunque Hilario tiene ahora 81, no los aparenta. Está sentado en su local, tiene pocas arrugas y platica con los otros señores que se encuentran en la plaza. Sólo su caminar cansado delata su edad.

Trae una chaqueta azul que en el pecho lleva bordadas las palabras “voceador de Saltillo”. Está orgulloso de haber conocido a algunos de los voceadores más longevos de la ciudad, como Clemente Zapata y Pedro Cepeda.

Asegura que no tardó en “agarrar el hilo” para vender periódicos y revistas. Tras él está colgado un reconocimiento que lo acredita como “Guardián de la plaza Manuel Acuña”. Se lo entregó el Ayuntamiento en 1999, por su años de trabajo.

Con el paso del tiempo la situación se ha tornado complicada. La televisión y la radio tienen sus propios noticieros y la gente prefiere ver las noticias que leerlas. Sin embargo, Hilario cree que leer las noticias impresas sigue siendo tradición para muchas personas.

“Ahora ya también existe otro aparato, el internet. La gente ya no compra tanta revista porque se mete directo a buscar ahí las cosas. La competencia ya está muy difícil”, dice.

Otro problema que se ha sumado es el hecho de que el Municipio quiere cobrar cantidades muy altas por el derecho de piso.

“Nosotros desde gobiernos anteriores dijimos que apoyábamos la idea, pero no se acordaba nada. Ahora que se definió quieren 27 pesos diarios. Hay días en que uno gana menos de 20. Nos parece correcto pagar, pero algo justo”, señala.

Pese a todo, Hilario disfruta mucho su trabajo y sólo espera que la situación mejore para seguirse dedicando al oficio de su vida, pues de otro modo tendrá que abandonarlo y buscar otro medio para subsistir. (CECILIA RIVAS)

Un gusto trabajar siempre al aire libre

Don Lucio, de 68 años, sale de casa y camina hacia el Centro de la ciudad. Recorre aproximadamente 15 cuadras hasta llegar a la calle Allende, donde una banca ubicada frente a la plaza Nueva Tlaxcala lo espera para iniciar su trabajo.

Abre la mochila que desde hace 15 años le acompaña, cargando dulces y chocolates. Coloca su canasta para empezar a acomodar las golosinas. Su oficio de canastero es uno de los más antiguos y distintivos de nuestra ciudad.

Antes de empezar con su labor se sienta unos minutos a observar el vuelo de las palomas y a la gente que va y viene. Le gusta mucho cuando esa misma gente se detiene unos minutos a conversar con él.

“Trabajo más o menos cinco horas, lo hago para ganar un poco de dinero. Por mi edad ya no puedo conseguir otro trabajo, pero estando aquí me siento útil y además es bonito poder trabajar al aire libre”, comenta.

En la canasta de don Lucio hay paletas de cereza, chicles de $1.50, palanquetas, dulces de coco y diferentes marcas de chocolates.

Todas las personas que se acercan a la canasta de Lucio reciben una sonrisa. Cuando un cliente le pide algún tipo de dulce o botana y no lo tiene, se compromete a venderlo en la próxima visita.

Son las 3 en punto, es la hora en que Lucio recoge sus productos, pues la jornada diaria ha llegado a su fin. (OMAR SOTO)

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