Clasificados
Por
Redacción
Publicado el lunes, 4 de mayo del 2015 a las 13:00
Saltillo, Coah.- La mujer se lleva las manos a la boca, susurra algo y en seguida aprieta el botón, mientras las figuras en la pantalla comienzan a cambiar de manera simultánea. Ella tocó la pantalla en tres ocasiones y falló, la máquina ésta vez no le dejó nada, “game over” dice en letras grandes, mientras ella maldice su suerte.
Está sentada en una silla como de oficina, a pesar de que se ve cómoda, ella está impaciente, como si no la quisiera tocar, recarga sus hombros en la máquina y queda pegada a la pantalla. Enciende un cigarrillo y sigue apretando el botón rápidamente, no quiere que se le vaya la suerte, dice, siempre trata de hacerlo rápido, de golpe y sin pensarlo.
No parece ser un día de trabajo normal, el lugar está lleno de personas de distintas edades, sexo, y condición social. “Este vicio es para todos”, dice la mujer mientras prueba su cigarrillo sin desatenderse de la pantalla, su mirada parece perdida, fuera de esta realidad, pero sumergida en el juego.
Monterrey: un oasis para los ludópatas
La Sultana del Norte se ha vuelto el sitio perfecto para gente que gusta de los juegos de azar, de las emociones fuertes, de apostar grandes o mínimas cantidades en una máquina que te da números o figuras a tu suerte.
Fue en el 2012 cuando en Coahuila se aprobó la Ley Anticasinos, con la cual cerraron al menos una veintena de este tipo de negocios en todo el estado, obligando a apostadores a buscar otras opciones.
La propia gente que lo vive a diario lo dice: sienten una necesidad, un hormigueo en el cuerpo, “es como una droga o como el alcohol”, dice Rodolfo, hay una fuerte necesidad de estar apostando, pierdas o ganes, esa parte del juego cubre la necesidad de sentir emociones fuertes.
“Te picas, te sientas en una máquina o estás apostando juegos de deportes, carreras, lo que sea, y estás con el nervio de qué va a pasar, ganar es la satisfacción más grande, pero también está la de perder y ahí es cuando viene lo peor, hay gente que apuesta todo su patrimonio y lo pierde, ya sea carros, casas, dinero en efectivo, todo, el chiste es saber cuándo retirarte y no gancharte”, dijo.
Desde que los centros de juego en la capital del estado cerraron, él buscó nuevas formas de seguir apostando. Se acabaron los lugares en físico a donde podía apostar mil, 2 mil, o hasta 7 mil pesos, según le fuera en la quincena, pero encontró en la red una forma de entretenerse.
“Apuesto en línea, le voy más a los deportes, trato de estar al tanto de todas las ligas de futbol del mundo y de ahí voy viendo resultados, estadísticas y en eso baso mis resultados, por ejemplo de la Liga de España, un Real Madrid vs Real Sociedad, a lo mejor está 10-1 favor del Madrid, le apuesto en contra y si le pego, me llevo una buena lana, así me manejo”, dice.
Ahora todo lo hace vía internet, aunque confiesa que la sensación no es la misma, no es como ir a un lugar, sentarse, pedir una bebida y ver los partidos, o ponerle una tarjeta a una máquina, sentarte en una mesa a jugar Black Jack o Texas Holdem.
“Pues no sientes lo mismo, en físico sientes toda la adrenalina, la gente, el ambiente que hay, es lo que se extraña, en una computadora o desde tu teléfono pues no pasa nada, pero es como he logrado saciar, por decirlo así, mis ganas de jugar”, comentó.
También hay quienes piensan lo contrario, los que prefieren estar en un casino y deciden viajar a Monterrey, donde hasta el momento los centros de apuestas siguen siendo legales.
A pesar de incidentes y ataques a algunos inmuebles de este giro en los últimos años, siguen abiertos al público en general, y se han vuelto la atracción de personas que habitan en la región sureste y que cada semana acuden por lo menos una vez, a ver qué les depara la suerte.
Con el cierre en Coahuila, surgieron organizadores de viajes a la capital neolonesa, que ofrecen el viaje ida y vuelta. Son grupos cerrados, donde todos se conocen, y quienes quieren ir, tienen que conocer a alguien que ya haya vivido la experiencia.
Sin importar el riesgo que existe en la carretera, sobre todo en la noche, la gente de Saltillo, Ramos Arizpe, y Arteaga, parte en sus vehículos o con organizadores, con rumbo al vecino estado, para apostar y tratar de traerse algo de efectivo.
La gente prefiere los casinos que están en la periferia de Monterrey, a la salida a Saltillo, donde no es tan difícil el acceso, y es fácil la salida, para ahorrar tiempo principalmente, ya que una o dos horas más se pueden aprovechar jugando.
“En Saltillo sí había gente que iba al Casino Royal, después del ataque ya no quisieron regresar a Monterrey, pero luego después cerraron los lugares aquí (Saltillo) y tuvieron que regresar, pudo más la necesidad de jugar”, agregó Rodolfo, quien confesó haber asistido al vecino estado un par de ocasiones a probar su suerte.
Más sobre esta sección Más en Clasificados