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El Faro Rojo: ‘Perseguido’, morboso deseo

  Por Ruta Libre

Publicado el lunes, 11 de mayo del 2015 a las 22:46


Los lamentos de Cristian cayeron en oídos sordos, pues nadie pudo evitar que el migrante que lo acosaba saciara sus instintos

Por Rosendo Zavala / Saltillo, Coahuila.- Sintiendo que su cuerpo moría con las embestidas criminales del chacal extranjero, Cristian gritaba desesperado mientras la oscuridad de la noche se tragaba sus palabras que se ahogaron en la nada, finiquitando el trágico desenlace del que nadie pudo salvarlo.

Y es que el destino le tenía deparada la peor de las sorpresas al estudiante preparatoriano que, advirtiendo la fatalidad con el acoso que sufría por parte del ilegal, decidió ignorarlo, sin saber que sería brutalmente violado en su propio domicilio aquel martes de septiembre.

Terror mental

Fastidiado de andar por el mismo camino de todos los días, “Cris” dejaba volar sus pensamientos afanado en olvidar la rutina que le producía el cotidiano regreso de la escuela, pero aunque apenas tenía algunas semanas de haber retomado las clases, el peligro de la calle comenzaba a hacer mella en sus emociones.

Tras haber comenzado el semestre en el populoso colegio de la periferia citadina, el puberto de triste figura se ocupaba de un problema superior a las letras, porque desde entonces se sentía perseguido por el desconocido que muchos ubicaban como un migrante que molestaba a los estudiantes con proposiciones indecorosas.

Desde semanas atrás, la figura del indocumentado que con persistencia seguía los pasos de Cristian se había convertido en la pesadilla real de éste que, pretendiendo minimizar la situación, intentaba ignorarlo para no sentirse rebasado por el temor.

Pero la realidad era diferente, porque para entonces el depravado ya lo había elegido como el objetivo de las aberraciones sexuales que lo tenían estigmatizado en el rumbo, como el acosador sureño del que todos debían huir.

De cacería

Entre el vaivén de los autos que sorteaba por las principales calles del Centro de la ciudad, el aspirante a profesionista respiraba hondo mientras apretaba el paso tras darse cuenta de que era perseguido por su verdugo que, desplegando el elixir de la tragedia, correteaba al objeto de su deseo sin perderlo de vista.

Cargando aún los libros que no pudo dejar en la escuela, el universitario presintió que la maldad lo alcanzaba y mientras confirmaba la sospechas que lo atormentaban desde un mes atrás, decidió echarse a correr, chocando con la monotonía de los transeúntes que extrañados lo veían escapar de su triste suerte.

A unos metros, el desconocido de negras intenciones lo hostigaba divertido mientras le lanzaba besos y piropos. que para entonces ya evocaban a la fatalidad, la misma que concretó cuando pudo dar alcance a su escuálida presa.

Mientras los municipales que vigilaban los rincones del primer cuadro se entretenían haciendo el cambio de turno, el embate al alumno perseguido empezaba a tomar forma con el cobijo de la noche, que se erguía como la mejor aliada del corrompido sujeto.

Bestial ataque

Cristian sintió que una mano lo jalaba bruscamente y lanzando un alarido de espanto manoteó para sacudirse la inmundicia del foráneo, que trompicó dando tiempo al adolescente de seguir corriendo con el corazón al borde del colapso.

Sin embargo, la historia del joven estaba escrita con letras de sangre porque cuando abrió la puerta de su casa para ponerse a salvo, una nueva tarascada lo apretó, aniquilando su intención de evadir las bajezas del desconocido que, para entonces, ya se había adueñado de la situación.

Transformado en todo un monstruo, el cuarentón de cuerpo asqueroso y cabeza calva sometió al anfitrión que nada pudo hacer para evitar su lastre, cediendo ante las bajezas del individuo que con marranadas verbales le susurraba al oído que lo haría feliz por las buenas… o por las malas.

Con el escenario dominado por completo, el perseguidor se dio tiempo para concretar su deseo carnal en todos los rincones del domicilio allanado, mientras la noche se erguía indiferente ante los desgarradores aullidos del victimado que no pudo resistir el ultraje.

Luego de que el foráneo se perdió entre los oscuros rincones del sector, Cristian se sentó en la escalera que dejó manchada con las huellas de su propia sangre, tomando el teléfono para, sollozando, pedir la ayuda que le llegó demasiado tarde.

Aunque paramédicos de Cruz Roja llegaron para brindar la atención requerida y trasladarlo a un hospital una vez confirmado el ataque, la Procuraduría nada pudo hacer para resolver el crucigrama que el ofendido les expuso de la manera más funesta.

Por su parte, los municipales que iniciaban actividades nocturnas rondaron la Zona Centro sin ubicar al violador que, aprovechando la confusión de la autoridades, logró distancia de por medio para no pagar sus bajezas con cárcel.

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