Clasificados
Por
Cristal Romo
Publicado el martes, 19 de mayo del 2015 a las 14:00
Monclova, Coah.- Una tristeza infinita por la partida terrenal de Juan Gerardo Bortoni Martínez, y el agradecimiento de haber compartido 16 años de una vida caracterizada por la alegría y don de gente, cubrió la atmósfera de la iglesia Santuario de Guadalupe en el último adiós al estudiante del Colegio Cumbres de Monclova.
Su abrupta partida tras ser víctima de un accidente en el Autódromo de Monterrey, consternó a un gran sector de la comunidad monclovense que se volcó en apoyo moral hacia la familia Bortoni Martínez.
Las campanadas llamaron a misa de 12:00, una valla humana se formó desde el pórtico de la iglesia hasta la entrada de la misma, eran compañeros de colegio, aquellos que no daban crédito a lo sucedido, que acudían a despedir a un amigo, a un hermano, -así lo expresaron.
Adentro del recinto sobresalían las flores en color blanco, las pulidas bancas de madera abarrotadas por dolientes, pasillos cerrados por la acumulación de personas, globos blancos y verdes en algunas esquinas, vestimenta blanca la mayoría, el resto uniformes deportivos y escolares; despedían a un ser de gran sonrisa y energía, amante del futbol y el automovilismo.
“Mi esposa (Viviana Lizbeth Martínez Arroyo) y yo siempre tratamos de darle todo lo mejor, de ayudarlo, guiarlo, que fuera un gran hombre, gran estudiante, un buen hijo, hermano, nieto, sobrino, amigo, y gracias al Colegio Cumbres que una vez nos dijeron: no nos lo deje sólo a nosotros, esto es parte de ustedes”, compartió desde el púlpito el padre del menor, Juan Gerardo Bortoni.
“Me di cuenta de que hicimos un ángel todos estos años, fueron 16 años bellos y doy gracias a Dios por todas las alegrías que nos dio a mí y a su mamá, hoy nos deja una tristeza infinita”, señaló con una apariencia serena que amenazaba con resquebrajarse el cualquier segundo.
Quienes también subieron al púlpito para compartir su sentir, en una Eucaristía oficiada por el padre Venus Jaime y el capellán del Colegio Cumbres, padre Pío Centeno, fueron los compañeros de generación de Juan Gerardo.
“Tal vez tu tiempo con nosotros fue muy corto, pero fue lo suficiente para darnos cuenta de la importancia de una persona como tú en nuestras vidas, una persona que siempre estaba dispuesta a ayudarnos sin importar tus ánimos”, refirió parte del mensaje.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando su abuelo, Juan Gerardo Bortoni González, se dirigió a los presentes para compartir un escrito al que nombró, “La carrera de la vida”.
“Orgulloso de estar en la carrera, nos ganó. Qué placer siento que estaba sentado al lado de Dios nuestro Señor, no sólo llegó primero, sino que hizo la carrera de la vida más limpia de todos los que estuvimos compitiendo con él”, y la voz se diluía entre lágrimas que le cerraban la garganta.
“Hoy nos dio alcance y el gran final es suyo, ¿su premio?, iniciar la vida eterna al lado de Dios, justa es su victoria y merecido su premio”.
Nos deja una gran tarea a toda la familia, ya que fue un excelente hijo y grandioso estudiante, y algo que lo caracterizó en la familia, es que siempre fue el gran hermano; esta gran tarea que tenderemos que llenar, es el hueco con todos sus hermanos”.
“Hoy se fue de mis manos para estar en otras que lo amarán más que las mías, Dios mío, te ruego que me ayudes a ser el segundo lugar en esta carrera”, solicitó; el breve silencio fue roto por sollozos, después vino la carretada de aplausos para despedir a un joven que dejó huella entre quienes le conocieron.
Más sobre esta sección Más en Clasificados