Espectáculos
Publicado el viernes, 22 de mayo del 2015 a las 15:03
Saltillo, Coah.- En la época medieval surgió el “Bestiarium”, un compendio habitado por animales casi maravillosos. Criaturas mitológicas, quiméricas, mostruosas, daban forma a relatos que ofrecían una lección al lector.
Más tarde el símbolo y la metáfora dieron forma a bestias inauditas que conquistaron la imaginación de reyes, aventureros, cronistas y orfebres. Ahí, en el linde entre la fantasía y la fascinación, abrevan los cuentos que conforman “Las Fauces del Abismo” (Océano, 2014), el reciente libro de Ignacio Padilla.
En este volumen el autor retoma otra vieja tradición: el relato oral, que se fraguó a la luz del fuego desde que los seres humanos conquistaron las palabras.
“Los relatos tradicionales son el origen de la literatura del cuento. Hoy en día se ha querido excluir a las madrastras, a los ogros y a los cocos de los cuentos de hadas, como si los niños sobreconsentidos de la actualidad se fueran a traumatizar. Los ogros, los monstruos y las madrastras son necesarios para la literatura y para el niño que escucha cuentos porque a través de ellos, embozados en la ficción, resuelven conflictos internos muy importantes. De la misma manera que el niño resuelve sus conflictos a través de la aniquilación del ogro en un cuento de hadas, nosotros resolvemos nuestros conflictos a través de la lectura de los bestiarios”, señala en entrevista con Zócalo.
Otro de los elementos que aparecen en “Las Fauces del Abismo” son las obsesiones, las preguntas que el narrador traduce en historias, con el propósito de encontrar alguna respuesta.
“Escribo para responderme cosas y sólo después de haberlas escrito las entiendo. Descubro que las obsesiones que trato de exorcizar, que mis monstruos, son los mismos de siempre y creo que no son muy distintos a los del lector.
“El miedo a la oscuridad, el darle cara a la angustia, las dudas entre la violencia entre los hombres, mi relación con la naturaleza, con el mundo que me rodea, con mis padres, con mis parejas, con mis hermanos, todo está ahí. Todos los miedos de la humanidad son muy distinguibles y están ya todos escritos en los cuentos de hadas”, detalla.
En los cuentos aparecen tortugas centenarias que, gracias a sus virtudes y a la destreza de sus criadores, dan forma a preciosos artefactos; arañas que inyectan olvidos o que matan por exceso de recuerdos; gorilas que alcanzan la proeza de dibujar ante la mirada melancólica de su amo; perros que, convertidos en visiones de pesadilla, atormentan a sus amos impíos.
“Está esa tradición del animal totémico, el animal protector, al mismo tiempo que el animal temido, el monstruo. Entonces todo animal de alguna manera, sin ser bueno ni malo, es utilizado por el hombre para reflejarse y para mostrar ciertas cosas terribles o maravillosas de la humanidad”, comparte.
Una quijotada
Ignacio Padilla ha escrito novelas y ensayos, pero reconoce que tiene una relación especial con el cuento. Un género que es desdeñado por la gran producción editorial, pero que tiene una larga tradición en Latinoamérica
“En América Latina hay una extraordinaria tradición de cuento, tenemos a los mejores cuentistas de la lengua española como Borges, Cortazar, Monterroso, García Márquez, Carlos Fuentes, Horacio Quiroga”, considera.
De hecho, el defeño no tiene empacho en afirmar que se considera “fundamentalmente un autor de cuentos a quien a veces le crece una novela”.
“Me encantaría que el cuento fuera un género de moda en el siglo 21. No lo será porque tanto su escritura como su lectura son sumamente exigentes, no cualquiera le entra al toro por los cuernos en el caso del cuento y está bien que así sea. El cuento va a seguir siendo el rey secreto. Siempre detrás de grandes novelas hay magníficos cuentos”, explica el autor de “La Isla de las Tribus Perdidas”, “Los Reflejos y la Escarcha”, “Cervantes en los Infiernos”, entre otros títulos.
“Los lectores de cuentos van a ser sectarios, exquisitos, deliciosos y fanáticos, eso es muy importante, y siempre son utópicos y en ese sentido el cuento es quijotesco. Tratamos de alcanzar la perfección, una perfección que sabemos que nunca conseguiremos, pero no relajamos, no bajamos en ningún momento la guardia en nuestro afán de domesticar al monstruo del género cuentístico”, concluye optimista.
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