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Por
Cristal Romo
Publicado el viernes, 22 de mayo del 2015 a las 14:00
Monclova, Coah.- La llama de un corazón que ardía en salvaguarda de su prójimo, se apagó, Uri Enrique Alférez Espinoza partió a la vida eterna en cumplimiento de su deber; ser bombero era su sueño y en él encontró la gloria que cubre a los héroes de carne y hueso.
Aquel 20 de mayo, Uri, y cuatro de sus compañeros, salieron del Departamento del honorable cuerpo de Bomberos bajo el ulular de sirenas, dispuestos a apagar el incendio que consumía un jacalito.
Su retorno a la institución también se acompañó de ese característico sonido que indica casi siempre una tragedia; Uri volvía a la que fue su segunda casa, de la que se despidió en medio de homenajes y una Eucaristía en la que se elevó oraciones por su perpetuo descanso después de un trágico accidente en que la motobomba en la que se trasladaba, volcó y le arrancó la vida.
El fuego y compromiso que le impulsó a velar por la integridad de sus semejantes se extendía en el ambiente, cuerpos de rescate de Sabinas, Rosita, Piedras Negras, Acuña, Frontera, Nadadores, San Buenaventura, Saltillo, y Monterrey; así como familiares, amigos y funcionarios públicos, se rendían ante la escena.
El féretro cubierto por la Bandera Mexicana y encima un casco de bombero, decía más que mil palabras, un soldado de paz se unía al ejército del Señor; junto a él se montó una guardia de honor donde el silencio se vio rasgado por sollozos.
“Desde su ingreso a la corporación, un primero de mayo del presente año, mostró principalmente respeto, disciplina, y sobre todo, ser un buen compañero y un buen amigo”, expresó con la voz entrecortada, el coordinador de esta corporación, Julio Ríos.
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