Espectáculos

Publicado el sábado, 23 de mayo del 2015 a las 15:00
Saltillo, Coah.- Dicen que no hay peor dolor que el que una madre siente cuando pierde a uno de sus hijos. Es posible. No obstante, perder a cualquiera que lleva tu sangre es un golpe que hace mella en la existencia que ensombrece el camino que nos queda. Por ello, quienes hemos perdido un hermano, máxime si fue en trágicas circunstancias, empatizamos con el sentir de Nérvinson Machado, plasmado en su más reciente poemario, “Umbilical”, que vio la luz al Debo confesar que no tenía antecedente alguno del autor de origen venezolano, así que mi aproximación a esta obra se dio sin el mínimo prejuicio impulsado por alguna comprensible expectativa. A la voz de Nérvinson hay que escucharla al igual que se bebe un buen tinto, con la disposición de gozarla y evitando la dispersión propia de la rutina.
“Voy a nacer muerto,/ pienso,/ no lo digo,/ no quiero que mi madre me escuche”… se dice el Nérvinson nonato que sueña en un paraíso amniótico con salir al mundo convertido en un país, tal vez para ramificarse, multiplicar y disolver su conciencia para no tener que enfrentarla cada noche buscando explicaciones sobre un mundo cada vez más complejo y despiadado.
Es precisamente ese sentimiento de desarraigo, de la añoranza del hogar ideal, de la pérdida de la inocencia, el que sirve de hilván para confeccionar “Umbilical”, un texto donde el lector se topa con un poeta que en ratos deambula por la injuria lacónica y en otros por la diatriba de lenguaje desgranado.
Hay en este compendio de ayes, reclamos y reflexiones, la conciencia horadada de un fiel súbdito de la poesía que busca acomodo en un entorno fracturado por la deshumanización y el encono, y contaminado con el virus del poder.
A modo de versículos de un sintetizado apocalipsis, por las páginas desfilan alegorías íntimas de tragedias como Chernobil, Fukushima, Gaza o Nagasaki y Nérvinson se metaforiza en mortales acontecimientos como el Challenger, el Hinderburg o el Titanic.
Asimismo, en su primer poema, en el que evoca al hermano muerto y que es un punto neural del libro, conforme se avanza en las líneas, el autor se deja llevar por el frenesí de las frases que brotan de las vísceras, y a su voz se yuxtapone la de la nota roja, construyendo una elegía rapsódica que culmina en una melancólica petición post mórtem.
Gustavo Marcovich: Transforma lo cotidiano. Por: Nayely Reyes
Para Julio Cortázar lo insólito es lo cotidiano. Gustavo Marcovich está de acuerdo y opina que lo cotidiano es la vida misma, la realidad que algunas veces se vuelve inverosímil y escalofriante. El químico de profesión y escritor de origen argentino presenta hoy, a las 16:00 horas, en la Sala Alejo Carpentier de la Feria Internacional del Libro en Arteaga (FILA), su reciente libro “Mexicanos por Patria y Provincia” (Conaculta / Ficticia). En entrevista con Zócalo habló de lo que significan para él estos 16 relatos que presentan con humor y desencanto las situaciones sórdidas de la vida diaria.
Para Marcovich, los cuentos son también ecuaciones en las que uno se plantea un problema y luego tiene que resolverlo de la mejor manera. Su formación química y matemática, dice, no es diferente de su trabajo literario.
“Lo que aplico en la literatura es analizar un poco las situaciones de la vida, tanto en lo profundo como en lo cotidiano y después de desmenuzarlas, trato de sintetizarlas nuevamente para encontrarle un nuevo significado a las cosas, que es un poco lo que hacemos en química, separar sus compuestos y hacer cosas nuevas”, reflexiona.
amparo de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
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