Cd. Acuña

Publicado el miércoles, 27 de mayo del 2015 a las 14:00
Acuña, Coah.- Por la mañana del lunes, Eduardo Morales estaba presto a recibir el techo y las paredes de su casa, aguantarlas sobre su espalda, con tal de salvar la vida de sus dos hijos y su mujer.
Oriundo de Del Río, Texas, el joven padre de familia fue quizá uno de los primeros en observar el nacimiento del tornado más devastador que ha tenido Coahuila en años.
Esa madrugada, como muchas otras, fue hacia la ventana para observar el clima y saber qué ponerse al salir rumbo a su trabajo. Esperaba ver los arcos de la entrada a la colonia Santa Teresa de los Altos, mismo que está a unos 30 metros de su casa, pero en vez de eso, observó una gran columna blanca que bufaba embravecida, una especie de pared blanca, dice él, que se había tragado el arco, y se aproximaba feroz hacia su casa.
No lo pensó, corrió, y al hacerlo escuchó el primer estruendo. La ventana por la que acababa de ver hacia afuera había explotado, y algo, no sabe qué, había entrado golpeándole la espalda.
A su paso encontró a su hijo de 3 años y lo cargó, y sobrevino el segundo golpe: la puerta de la casa era arrancada por fuertes ráfagas de aire y los objetos comenzaron a volar por la sala. Ahí estaba ya su esposa sujetando al otro pequeño; se abrazaron, él los sujetó a todos y los empujó por inercia al último cuarto, casi sin pensarlo se arrojaron bajo las literas de los niños.
“Yo me puse arriba de ellos, de todos, hice fuerza, mucha fuerza, todo volaba, caían cosas de la casa, me golpeaban la espalda, y, dije, hasta aquí, nos va a aplastar la casa”, declara Eduardo.
Fueron 16 segundos de esperar que el techo o la pared se desplomaran. Lo había visto de frente. Era un tornado, y sólo por lo que había visto en las películas sabía que nadie se salvaba de eso.
“Yo estaba rezando, mis niños lloraban. Esperaba morirme, pero hacía fuerzas para que me aplastara a mí y no tocara nada a los niños”, cuenta.
Pero no le tocaba. Pasaron segundos que a él le parecieron como una hora, y todo volvió al silencio. Solo unos minutos. Lo que siguió fue llanto que venía de fuera. Voces lastimeras. Salió y se topó con una imagen que solo había visto en el cine. Devastación y muerte.
Dice que vive para contarlo, porque vio nacer al tornado que mató a 13 personas, lo vio venir de frente a él, como un monstruo, pero sus tentáculos no lo alcanzaron ni a él ni a su familia.
“La casa sí está toda destrozada, pero mientras tenga salud y a mi familia pues la vamos a arreglar”, dice esperanzador, un hombre capaz de sacrificar su vida para salvar a sus hijos y a su esposa.
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