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Escuela de la vida: educación y conciencia

  Por Ruta Libre

Publicado el lunes, 10 de agosto del 2015 a las 20:22


María Luz López Morales nació en el desierto de Coahuila y se dedica a alfabetizar a mujeres de diversas comunidades.

Por Leticia Espinoza | Saltillo, Coahuila.- En la vida de esta mujer hay situaciones que le preocupan: la estabilidad laboral de miles de familias en Monclova por la crisis de acero que envuelve a la principal fuente de trabajo que existe en la región, Altos Hornos de México. La empresa que dio origen a la colonia donde ella vive, La Obrera.

Su casa es rústica, una puerta de madera y azulejos de talavera resaltan en la fachada, en el interior de la sala, sobre una mesita de centro hay un arcángel, un libro con el dibujo de un dinosaurio y títulos como Mujeres mexicanas del Siglo XX, o “Atrapadas en la Cama”.

Un perro raza Chihuahua y un schnauzer salen a recibir a los desconocidos mientras ella aparece con su cabello lacio y cano hasta los hombros, maquillada. Lleva puesto un vestido color rojo con bordados, un collar de chaquira estilo huichol y un rebozo de hilos color plata. Su vestuario habla por ella.

“Valoro muchísimo las obras de arte plasmadas en la ropa que hacen especialmente en Oaxaca; mi ropa es como un tributo a esas mujeres que han tejido la vida a través de su artesanía”, dice.

Ha comprado su guardarropa en sus viajes, durante los talleres que imparte a maestros oaxaqueños.

“El Gobierno se encarga de desvirtuar su lucha, pero son a los únicos a los que les tiene miedo por estar tan bien organizados, por el trabajo político-pedagógico. Conozco su trabajo en condiciones verdaderamente de pobreza, y ellos están ahí, innovando, son pioneros en la pedagogía por proyectos en donde se trabaja la formación de niños autónomos, críticos, un enfoque que apenas se está trabajando aquí en Coahuila”.

Ha conocido maestros oaxaqueños que viajan 12 horas para capacitarse y siempre le piden libros, por eso no acepta la imagen que el Gobierno quiere dar de ellos.

Sentada en una mecedora de madera dice que ella no soñaba con ser maestra, sin embargo ya cumplió 39 años de carrera.

“Mi madre es maestra y algunas tías también; ocurrió lo que en muchas familias, desde niña te etiquetan, vas a ser maestra”, cuenta.

María Luz López Morales, la maestra Lucy, nació en el desierto, en el municipio más grande de Coahuila, donde hace cinco décadas la población sólo tenía acceso a estudiar la primaria, en Ocampo. Su madre se propuso enviarlos a estudiar a ella y sus tres hermanos. A los 11 años junto con su hermano de 12 ya estaba camino a Saltillo, dispuesta a recorrer más de 330 kilómetros para ir a la secundaria.

“Después entré al Ateneo Fuente, en ese tiempo se requería hacer preparatoria para entrar a la Normal, cuando yo entro a preparatoria digo ‘quiero estudiar sociología’, pero mi mamá me dice ‘maestra o nada’, ella toma la decisión por mí, pero bueno, he sido muy feliz en mi carrera profesional”.

Empezó como maestra de educación primaria. En la escuela Adolfo López Mateos, ubicada en la colonia Obrera, trabajó durante muchos años, dio clases a los hijos de familias enteras, alumnos que hasta hoy le hablan por teléfono desde los Estados Unidos.

Estudió la especialidad de Ciencias Sociales en la Escuela Normal Superior, cursó diplomados, talleres y un posgrado en Pedagogía… Toda su vida la ha pasado estudiando.

Cuando cumplió 19 años de servicio presentó un examen para dar clases en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) y fue aprobada. Por ese tiempo participó en el último movimiento magisterial que se presentó en la Región Centro, exigían mejores salarios y además denunció un problema de corrupción en su plantel. El resultado fue su remoción.

Pasó por distintos cargos en la Secretaría de Educación y finalmente con su plaza de primaria fue comisionada como maestra en la UPN, donde ya cumplió 20 años de servicio.

-¿Cuál es la diferencia entre enseñar a un niño y a un profesor?- “De mayor exigencia porque no podemos pensar que la educación de los niños va ser igual a la de los adultos, apostándole a mejorar la educación a la que nos hemos comprometido y especialmente la educación pública, que es a la que nos dedicamos; la mayoría de mis maestros trabajan con niños pobres, a ellos nos debemos con mayor compromiso, con más amor”, dice.

COAHUILA INDIFERENTE

Conocedora de los procesos de enseñanza, afirma que en estos momentos en el país no hay una reforma educativa, y que Coahuila a nivel nacional tal vez es el estado que se ha mantenido más indiferente a lo que ella considera un atentado contra el magisterio.

“No hay reforma educativa en el campo de lo pedagógico, hay una reforma laboral que busca cambiar las relaciones con el patrón y el trabajador, en este caso de la Secretaría de Educación Pública con el magisterio, busca quitarnos derechos. El Gobierno está empeñado en cada vez tener más ganancias y que los pobres seamos más pobres, me incluyo entre los pobres porque no podemos pensar que la clase media se salva, los profesionistas perdemos cada vez nuestro valor adquisitivo”, dice.

Opina que el Gobierno federal va directo a la privatización de la educación y esto le preocupa porque se pregunta cómo harán los padres de familia para mantener una escuela si apenas les alcanza para comer. Para ella, la intención no es buena, puesto que es obligación del Gobierno respetar el Artículo Tercero que dice que la educación es laica y gratuita, una educación que está más allá incluso de decir cuántas personas saben leer y escribir.

APRENDER A LEER LA REALIDAD

“Para nosotros el alfabetismo no es saber decodificar sin no poner en juego las habilidades del pensamiento que son reflexionar, analizar, pensar, porque la escuela enseña a leer y escribir pero realmente no alfabetiza, la alfabetización conlleva a hacer una lectura crítica de la realidad, aprender a pensarte a ti mismo de otra manera”, explica la maestra Lucy, a quien le encanta coleccionar pinturas de mujeres leyendo.

De un proyecto que desarrolló junto con una alumna, maestra en el ejido 1 de Mayo, en Abasolo, Coahuila, vinculado con la Red Iberoamericana de Maestros (donde le apuestan a una educación alternativa), surgieron acciones de fomento y animación a la lectura.

Empezaron a realizar ferias de la lectura, la primera con mucho éxito: 8 mil 500 personas, niños, maestros y padres de familia abarrotaron el museo Coahuila y Texas; los maestros del municipio Abasolo estaban ahí y decidieron llevarse la idea. Es ahí donde nace el primer grupo de mujeres que se llamó Las Abejas Lectoras, quienes incluso llegaron a hacer una sala de lectura; la maestra Lucy iba una o dos veces por semana.

Su estrategia es leer cuentos junto con sus alumnas, primero en silencio y luego en voz alta para luego reflexionarlos.

“A través de ella fuimos aprendiendo cosas de la vida que no conocíamos en nuestra familia y fuera de ella, porque veces no sabemos cómo educar a nuestros hijos, cómo ser esposas. Nos interiorizaba para saber cómo éramos realmente, a veces por miedo o porque estamos casadas no queremos sacar aquello”, dice Juanita, integrante del primer grupo que conformó Lucy.

La encontramos en el Centro de Monclova, cerca de una plaza, coincidimos porque acudió a realizar unas compras y a visitar a unos parientes.

“Nos llamábamos Las Abejas Lectoras, éramos ocho mujeres, todas casadas, ahorita ya algunas divorciadas”, dice sonriendo.

“A mí me gustaban las lecturas de Ángeles Mastreta, habla de la vida de las mujeres, me identifico mucho. A veces mi esposo como que no me dejaba ir, pero de ese tiempo para acá ya nada más le aviso, ya no pido permiso, se tiene que acoplar a lo que a mí también me gusta”, dice.

Juanita estudió hasta la preparatoria, se casó y tuvo una hija, Itza, con quien esa tarde calurosa recorrió el Centro de Monclova , el mismo que pasa por una depresión a causa de los recientes despidos en la empresa acerera AHMSA.

A poco más de una década de conocer a la maestra, la vida de Juanita ha cambiado, decidió incursionar en la política: “lo discutimos muchas veces en los grupos, que los partidos políticos nada más nos dividen y nos ayudan a trabajar, pero ella quiso y le dije pues atórele”, cuenta Lucy.

Juanita no se ve muy feliz, pensaba que si trabajaba en el DIF iba poder ayudar a muchas personas pero dice que estaba equivocada, desea cumplir los cuatro años de la Administración municipal y seguir trabajando desde su casa, ya que desde ahí puede hacer más cosas.

La maestra le da un “raid” a Juanita hasta un domicilio en la colonia Hipódromo, ubicada al oriente de Monclova, ésta y otras colonias se han convertido en el centro de acción de la maestra Lucy, quien ha trabajado con más de 200 mujeres y sus familias.

DE LA LECTURA A LA DEFENSA

A partir de Las Abejas Lectoras inició la alfabetización con otros grupos de mujeres, y un día una de ellas le contó que estaban a punto de desalojarlas de sus casas en la colonia San Miguel pese a que tenían las escrituras.

“Les dije: préstenme las escrituras. Fue enseñarles que los documentos oficiales no era siempre lo que les decían, que había que aprender a leer, porque resultó que ese documento que había sido entregado públicamente como escritura de sus casas eran contratos de compra y venta con Infonavit. Ellas me enseñaban las fotos del periódico porque confiaron que si el Gobernador y el Infonavit se las entregaron, pues eran de ellas”, comenta.

Con ellas trabajó algo más, en la defensa de sus viviendas, pues muchas eran mujeres abandonadas por sus maridos, divorciadas, con distintas problemáticas, y hasta había quienes sí se les descontó toda la vida el pago de sus viviendas y sus patrones nunca reportaron ante Infonavit, otras vivían posesionadas desde hacía más de seis años en ese sector.

“Fue un movimiento importante para las mujeres, de cómo ellas se pudieron dar cuenta de que podían luchar por algo que les permitía una vida digna; hubo negociaciones de pagos, algunas firmaron pagarés para poder ir regularizando la adquisición de viviendas, las que tenían en posesión también la negociaron. Cuando tapamos la calle fue porque no nos hacían caso, al final de algo sirvió”, dice sonriendo.

Aquello fue en el 2008, desde entonces los grupos se han ido diversificando. Casas rentadas, salones de una iglesia o de una escuela han servido para que niños y mujeres tengan una posibilidad, un trabajo que no sólo es de “Luz María”, sino de muchas personas que la rodean.

“Tuvimos un proyecto que inicialmente el padre Alejandro Castillo había empezado dentro de su capilla…y como cierre, hicimos una actividad donde le preguntábamos a las señoras cuál era su sueño, unas querían viajar, otras decían ‘a mí me gustaría bailar, cantar’, y las llevamos al Teatro de la Ciudad”, cuenta.

Al sacerdote lo conoció en Ocampo, cuando se separó la Diócesis de Saltillo; por aquellos días Lucy era atea pero coincidían en la lucha por las injusticias, las causas que algunos consideran perdidas. Su padre era ateo y su madre católica, le dieron la oportunidad de escoger en la vida creer o no creer, los años la hicieron más flexible y hoy posee una construcción espiritual que la que la mueve y le permite transitar en la vida.

En su casa hay un rincón especial donde sobresale la figura de un árbol de la vida, y la Virgen de Santa Catalina, patrona de Ocampo, el lugar donde conoció a su amigo sacerdote, el que la ha acompañado a dignificar a las mujeres en Monclova.

Sus ojos se iluminan cuando recuerda el día en que las señoras se apropiaron del teatro, unas bailaron otras cantaron y recitaron poemas, y en el camino al escenario aprendieron a no soportar malos tratos, a recordar como soñar.

Cuenta que en una ocasión estaba en un grupo y llegó una señora sonriendo, se llama Bertha, y su expresión casi siempre era distraída:

-¿Bertha, por qué llegas tan contenta? – “Ayer me fui pensando en lo que leímos y dije, ‘yo por qué sigo aguantando’, siempre tenía en la mesa todo listo para que en el momento que llegara mi hija y mi esposo estar dándoles las tortillas calentitas y yo nunca me sentaba en la mesa, decidí hacer la cena, las tortillas y sentarme a esperarlos, cuando llega mi esposo dice -‘ándale ya llegué’, -ya te vi viejo, -‘pos sírveme’, -pos sírvete, y no podía dar crédito y me aventó el plato, y dije pues que no cene, yo a gusto.

Llegó mi hija y lo mismo. Entendí que yo tenía la culpa de estar haciendo esas cosas que realmente en nada me ayudaban ni a mí ni a mi familia, ese día se terminó que yo les diera las tortillas sacaditas del comal”.

“Las mujeres de la Región Centro de Coahuila son capaces de sacar la vida adelante todos los días, no importa en qué circunstancias vivan”, dice Lucy al recordar la historia de Goyita. Su hija había sido asesinada por el marido delante de sus hijos, y ella luchó por esos nietos pese a las condiciones de extrema pobreza en las que vive en la colonia Veteranos.

Dice que con estas mujeres aplica el concepto de resiliencia porque logran tocar fondo y volver a luchar, como Gloria.

“Me la pasaba muy triste, la gente me caía gorda, ya tenía como dos años con psiquiatra, ya no le hallaba sentido a la vida, dejaba la pastilla y empezaba llore y llore y con los cursos de la maestra fui superando eso de no querer hacer nada”, cuenta la mujer que nos recibe en el porche de su casa en la colonia Ampliación Hipódromo.

“Me han enseñado a pensar, a ver el detalle de las cosas, por ejemplo la Caperucita Roja, el cuento no es tal vez como nos lo pintan en la historia”, dice Gloria mientras saca un libro de Horacio Quiroga que le enseña a la maestra.

Reconoce que era la monotonía lo que la hacía caer en depresión, cambió las lágrimas por la lectura y hasta volvió a enamorarse de su esposo.

“Me encanta leer, nunca he ido a la librería tal vez porque soy coda, pero me embebo con los libros que me trae la maestra Lucy, hasta que no les doy el fin, y luego otra vez los leo detenidamente. Mi hermana vio que yo cambié muchísimo y empezó también a ir; ella ya quería matar a su esposo, se golpeaban y así, él no ha cambiado su naturaleza de ser infiel, pero ella ya no lo quiere matar y no se puede divorciar por la casa, pero al menos ya no lo quiere matar”, ríe Gloria.

A algunas mujeres les prohíben ir a los grupos y prefieren dejar de asistir a para no tener problemas con los maridos, pero en general las mujeres logran dignificarse.

Hay lecturas que van a detonar la fuerza interior que todos tenemos, pero hay una circunstancia, un momento, y muchas veces no los podemos ver porque tenemos una careta y quien nos la quita es la lectura, dice la maestra Lucy, quien ha aprendido con cada una de sus alumnas.

Las lecturas también la han impactado, Gibrán es uno de sus autores preferidos, gracias a él ha desarrollado su parte espiritual, disfruta los textos de Isabel Allende o García Márquez, en un tiempo leyó todo lo que se refiere al marxismo.

Maestra de tiempo completo, Lucy también es mamá, esposa, abuela y amiga: “tengo que agradecerle a la vida que me da la posibilidad de estar en todos los lugares para poder estar con todos… me hacen el día de más de 24 horas para que lo pueda lograr, y casi por lo general lo logro y disfruto cada momento. Mi esposo ha sido importante en lo que yo hago, él me apoya, se solidariza, es mi más fuerte crítico; tener un buen compañero es un privilegio”, dice la maestra Lucy, quien cumplió 39 años de matrimonio.

Cumplirá 59 de vida en agosto y todavía tiene muchos proyectos en la mente; está de lado de los maestros que cambian paradigmas como la alumna que incentivó a las mujeres de Abasolo, o la que hace poco se atrevió a dar clases a sus niños de primero junto con las madres de familia en el mismo salón.

“Ella dijo que los padres familia no tenían por qué estar afuera; para enero los niños leían y escribían con la mamás. Tenemos una concepción verticalista de la educación, cuando le demos la posibilidad a la educación democrática las cosas van a cambiar, un señor de Abasolo dice que miedo hay mucho, nomás está de agarrarlo”.

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