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Ruta Libre
Publicado el lunes, 17 de agosto del 2015 a las 19:59
Sin dudarlo, don Mario se lanzó a la piscina para rescatar a Chaguito, quien flotaba inerte; su esfuerzo se vio recompensado con un soplo de vida
Por: Rosendo Zavala / Saltillo, Coah.- Manoteando con desespero para impedir la tragedia, don Mario cortaba las tibias olas de la alberca que amenazaba con convertirse en una tumba de agua, mientras a lo lejos su sobrino Santiago gritaba exigiendo la ayuda divina, que lo salvó de una muerte segura.
Apoyado por las acciones de un policía que se sumó al rescate, el héroe anónimo validó sus esfuerzos cuando levantó sin demora el cuerpo ya amoratado del infante ahogado, que revivió tras aplicarle los primeros auxilios en una maniobra que transformó la pesadilla en milagro cuando apenas caía la tarde.
Día de campo
Aquel día Chaguito retozaba de felicidad porque las vacaciones habían llegado, corría por los rincones de su casa ignorando las palabras de su madre, quien fastidiada le pedía que guardara los cambios de ropa en la mochila que cargarían durante el día.
Y es que no era para menos, el anuncio de un paseo veraniego había rebasado de felicidad al infante de 3 años, que junto a sus hermanos ideó la forma en que pasarían aquel miércoles de abril, donde hasta entonces todo parecía un día de fiesta para los chamacos.
Cuando los rayos del sol incrementaron su intensidad sobre los tristes tejados de “cartolandia”, los Vásquez iniciaron el éxodo que parecía emocionante, imaginando que vivirían una tarde especial, donde los salpicones de agua les refrescarían el alma para mitigar en algo la triste realidad que padecían día con día.
Entre gritos de euforia que parecían interminables, la familia llegó al balneario, donde la desgracia flotaba en el ambiente, porque el desgano con el que los socorristas cuidaban las albercas agudizó el deseo de la muerte por concluir su visita con alguna alma.
Entre la risa y el miedo
Coloreando de alegría la tarde que seguía siendo joven, Santiago y sus primos se perdían entre las llanuras del pasto que parecía un tapete dentro del recreativo, olvidándose del yugo de sus padres, que se entretenían contando mentiras para fortalecer su estatus ante las amistades.
Fue así como los adultos perdieron de vista a sus hijos, que extasiados por el chapotear en el mundo de agua donde paseaban, tomaron decisiones propias, por lo que no dudaron en meterse a las piscinas repletas de pubertos ansiosos de perder el tiempo en el mundo acuático que ellos mismos habían creado.
Atraídos por la escena, los primos saltaron a la alberca, donde tan solo un descuido bastó para que el caos reinara en el lugar, cuando se dieron cuenta de que Santiago no aparecía por ninguna parte, aunque sabían que no podía estar lejos debido a su corta edad.
Asustados por lo que ocurría, los primos salieron del chapoteadero para avisar sobre el extravío a sus mayores, que preocupados iniciaron la búsqueda por todo el balneario, sin encontrar al pequeño en medio de una tremenda angustia.
Durante toda la tarde, la ausencia de Chaguito pesó como una losa para quienes lo buscaban sin descanso, ampliando la sombra de la desgracia cuando los minutos corrían sin que hubiera noticias sobre el paradero del niño perdido.
Tragedia a la vista
Sudando por los estragos del calor que hacía mella en su cuerpo, Mario se quitó la playera mientras corría hacia la fosa donde, desde lo lejos, divisó flotando el cuerpo de su sobrino, cuya vida parecía diluirse en el agua.
Mayo se sumergió en la pileta, donde braceó hasta llegar a su objetivo, mientras un policía que resguardaba el lugar lo auxiliaba, logrando un exitosos salvamento.
Tras alcanzar el cuerpo algo amoratado del niño, los rescatistas lo colocaron en la banqueta de azulejos, iniciando las labores de resucitación con las que lograron arrebatárselo a la muerte.
Para entonces, el parque de atracciones marinas estaba invadido por cuerpos de auxilio y autoridades que tomaban conocimiento de los hechos, revolucionando el sentir de la sociedad, que exigió medidas contra los posibles causantes del trágico descuido.
De manera presurosa, socorristas de la Cruz Roja trasladaron al menor hasta una clínica del Seguro Social, donde se concretó el milagro de vida, que suavizó la tensión entre los Vásquez, quienes al final del día se reunieron en casa para agradecer la rápida acción de los héroes anónimos, a quienes reconocieron con aplausos.
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