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Paola A. Praga
Publicado el viernes, 21 de agosto del 2015 a las 13:00
Ejido El Higo, Ramos Arizpe.- Víctor jala con fuerza la caja de plástico negro, la levanta, la voltea y vacía decenas de pepinos. Lo hace desde la parte trasera de un tráiler estacionado en un predio del rancho Las Terrazas, en el ejido El Higo de Ramos Arizpe.
Antes de las 10 de la mañana ya ha desocupado más de 70 cajas. Junto con su compañero han apilado una montaña de pepinos que luego serán separados por otros jornaleros. Los brazos son los que más esfuerzo se llevan en el ejercicio.
La frente cubierta con gotas de sudor, cabello decolorado de las puntas, playera deportiva y un pants rojo. Con temor a que lo reprenda algún capataz, comienza a hablar con timidez detrás de la reja de la propiedad.
Extraña el paisaje que veía a diario en Huejutla de Los Reyes, en Hidalgo. “Allá hay mucha vegetación, aquí está muy seco”. Desde hace un mes ha conocido el territorio, pues a diario tiene que caminar dos kilómetros.
Extraña a su madre y su hermana de 10 años, pero no se arrepiente de haber venido a trabajar: su padre murió y se convirtió en el sostén de la casa. En Huejutla hay grandes árboles frutales, pero no hay El municipio está considerado como de alta y extrema marginación por la Secretaría de Desarrollo Social. Allá, su casa tiene piso de tierra y dos cuartos con piso firme y losa. La vida no le dio para más, sólo alcanzó a estudiar la preparatoria.
Víctor, 17 años, cuerpo menudo, sabe que el sacrificio vale la pena.
LE PROMETIERON SEGURO Y BONO
Lo contrataron por dos meses. El trato fue apalabrado. Le pidieron el acta de nacimiento con la promesa de afiliarlo al Seguro Social y de darle un bono extra. Nada de eso ha sucedido a un mes de su llegada.
Por el contrario, la Procuraduría de los Niños, Niñas y la Familia, Pronnif, realizó un operativo para rescatar a más de 70 menores de edad que trabajaban en la pizca de calabacita, cebolla, tomate y pepino.
Se llevaron a seis de sus conocidos, con los que había compartido el cansancio, la mala comida y las delgadas colchonetas en una casa con techo de lámina, cobijas viejas y pedazos de cartón.
“Aquí andamos por necesidad, mi mamá sabía que yo vine, le dije que me iba a ir para poder tener dinero”.
Víctor decidió venir aunque sabía que las condiciones no eran buenas. Dejó su casa y a su familia, para venir a tomar café y un pan; a comer sopa de fideo o de lentejas y caldo de pollo los domingos, a cambio de dinero en efectivo.
“Pegan un anuncio donde dicen que necesitan mano de obra. Uno viene como la sola opción que hay. Cuando se necesita comida hay que trabajar hasta las 5, levantarse temprano a las 5”.
DEL SUR AL NORTE
Para llegar a El Higo hay que tomar la carretera a Monclova, desviarse hacia la derecha y avanzar en un tramo pavimentado. Después hay que continuar por un camino de terracería. 16 kilómetros después unos camiones de Prokarne avisan que el territorio agrícola ha iniciado.
La zona es tranquila, sin ruido, no rebuznan los burros, no cantan gallos. En el rancho ha empezado a bullir la nueva jornada. Pareciera que no pasó nada, porque decenas de muchachos siguen trabajando en los campos.
Bajo el sol, con un gorro tejido, sin camisa y unos zapatos desgastados aparece Fidel Hernández. Nacido en Hidalgo, lleva quince días en Coahuila. De tez morena, cuenta que llegó contratado por tres meses y le dieron empleo de velador. “Me pusieron a abrir y cerrar puertas. El patrón me dice que vigile, que esté al pendiente, me dieron una escopeta porque luego se quieren meter aquí a robar la cebolla y lo que sacan del campo”.
Tiene 40 años, aunque dice que aparenta 50 por los estragos que ha dejado el campo en su cuerpo. Viajó de Hidalgo a Coahuila en autobús, en un trayecto que inició a las seis de la tarde de un jueves y terminó en viernes en Ramos Arizpe a las 10 de la mañana.
“Yo viajé con morros, estaba una niña de 14 años, otra morrilla que se veía muy morrita y fue de las que se llevaron, unos se escaparon. Yo vengo del municipio Hidalgo y por el municipio hay un chingo de ranchitos que están como a cuatro horas y ahí van llegando todos”.
Desde Huejutla de Reyes, Hidalgo decenas de autobuses especiales trasladan a hombres, mujeres y niños que se dirigen a Coahuila, Chihuahua, Nayarit y Zacatecas: estados famosos por ofrecer empleo.
De la comida, Fidel habla con detalle. “Para empezar, es gente que no sabe lavar bien los trastes, acá traen una cubeta de agua y los trastes lo meten al agua enjabonada sucia muchas veces no los enjuagan”, dice mientras explica con ademanes.
“Hace poco nos dieron pollo en caldo y no tenía sabor. Yo dije, este pollo está echado a perder, todo gacho, desabrido, puro caldo sin sabor, no tiene nada de verduras. La comida sigue siendo mala todo el tiempo”.
‘VENGO POR NECESIDAD’
Verónica no imaginó que la cocina a la que vendría a trabajar iba a tener una estufa de leña, ollas llenas de hollín y un techo de lámina en el que el calor pega duro desde antes del mediodía, hasta que caiga la tarde.
Nació en Llamatlan, municipio de Veracruz. Apenas hace ocho días llegó. “Vine a trabajar tres meses con mi esposo. Allá no hay trabajo por eso venimos acá, aunque paguen barato, no importa, venimos por nuestra No tiene hijos y su deseo es juntar una cantidad en efectivo para ayudar a sus padres imposibilitados para trabajar. “Pagan $120 el día y eso ya es mucho, de allá no tenemos nada, acá si hay dinero” dice.
Verónica, de cabello negro, piel morena y falda larga, no se queja. Junto con otras tres mujeres se dedica a cortar algunas verduras, preparar la sopa, el arroz, los frijoles y el domingo el caldo de pollo para más de 200 personas.
“Aquí todos los días a las 12 llevamos la comida donde están cortando calabaza. Ahí ya esperamos que nos den la orden de servirles, dicen que a veces no sabe bueno pero nosotros nomás cocinamos con lo que nos dan, no estamos para quejarnos”.
Verónica abre el paso para entrar al dormitorio. Piso de concreto, techo de lámina, sábanas sujetadas con mecate a tubos de acero, cartones, colchonetas delgadas, desinfladas, con el hule espuma por fuera. Pantalones, playeras y chanclas de plástico están tirados en uno de los dormitorios.
Allí es donde descansan cerca de 30 jornaleros. No hay cama confortable que los espere, tampoco privacidad. Algunas estampas religiosas se asoman en mochilas desgastadas.
“Le digo que no nos quejamos, al menos tenemos un techo en donde pasar la noche. Cómo le digo. “Uno ya sabe a lo que viene”.
Se hicieron jornaleros para huir de la violencia
Fue gracias a la denuncia de Adauto Zúñiga que se descubrieron las condiciones en que los jornaleros de Ramos Arizpe trabajaban. Su hija se escapó con su novio de Xilitla, un pueblo de San Luis Potosí, y llegaron a trabajar en el rancho El Pedregal luego que un contratista los reclutara con tal fin.
Adauto llegó el miércoles a Ramos Arizpe, al poder contactar vía telefónica a Graciela, una muchacha de 15 años que decidió seguir su novio hasta ese rancho.Al ver las condiciones infrahumanas en que tenían a su hija, decidió pedir ayuda al DIF Estatal, donde lo canalizaron con la Procuraduría de los Niños, las Niñas y la Familia.
El señor, que se dedica a la albañilería, dijo que su hija no tenía necesidad de trabajar, sin embargo, fue un enamoramiento juvenil lo que la trajo a Coahuila.
“No sabía que se iba a armar todo esto, pero lo bueno fue que recuperé mi hija, tiene que seguir estudiando la secundaria”, dijo Adauto.
Por otro lado, la denuncia de Zúñiga evidenció las condiciones de violencia y pobreza en estados como Tamaulipas, Veracruz o Hidalgo, ya que entre los testimonios de los jornaleros rescatados sobresalió que huyeron de la violencia y las pocas oportunidades de salir adelante.
Jorge Torres salió huyendo del pueblo de Altamira, en Tamaulipas. Llegó a Ramos Arizpe, donde había encontrado una oportunidad de trabajo, luego que un hombre reclutó jornaleros que irían a la pizca de cebolla y calabaza.
No lo pensó dos veces, las oportunidades eran escasas y la tensión de violencia aumentaba, así que preparó maletas y con sus dos hijos, de 12 y 15 años, aceptó para iniciar una nueva vida en Coahuila, se había separado de su esposa dos meses atrás.
“Ya había trabajado en la pizca de maíz en Tamaulipas, pero las cosas allá se pusieron feas, por eso nos vinimos para acá, pero anoche llegaron y nos sacaron del rancho, dijeron que los niños no debían estar trabajando”, aseguró.
Ahora dice que no sabe qué va a pasar con él y sus hijos, el trabajo ya se acabó, no sabe si regresar a su pueblo o buscar asilo en Ramos Arizpe en lo que consigue otro trabajo.
Otra es la historia de Martín Hernández Castro, quien salió de Huejutla, un pueblito incrustado en la sierra del estado de Hidalgo, ahí dejó a su esposa y cuatro de sus cinco hijos, el más grande, de 15 años, se vino con él a trabajar en el rancho Santa Cruz.
Martín ya estaba acostumbrado a este tipo de trabajos en el campo, desde los 8 años su abuelo lo llevaba con él a la milpa, durante su adolescencia trabajó como albañil, pero luego regresó al campo.
Desde entonces se ha dedicado a la labor de jornalero, lleva más de 30 años en este trabajo, fue apenas hace cinco años que conoció a los contratistas que lo llevaban por diferentes estados para la cosecha de frutas y verduras.
Al llegar al rancho de Ramos Arizpe de inmediato se dedicaron a trabajar; desde las 6 de la mañana hasta los primeros visos del ocaso pizcaban cebollines en el rancho agrícola que pertenece a la empresa Prokarne.
Martín comentó que el trabajo no difiere en nada de los demás en otros estados de la República, aseguró que no le importaba dormir en el piso y comer poco, con tal de ahorrar dinero y mantener a su familia.
“Nomás nos dijeron que no quieren que los niños estén trabajando, yo les dije que a mi hijo no le gusta estudiar, así que lo puse a trabajar, él quiso venirse conmigo, yo le decía que se metiera a estudiar, pero no quiso”, mencionó Martín.
Por la mañana del jueves, Martín fue trasladado al Albergue Campesino, ubicado en Ramos Arizpe, ahí encontró a Fidel, les notificaron que serían trasladados a Huejutla.
Martín dijo que buscaría otro trabajo, ya que en Huejutla no hay oportunidades, y si hay, les pagan muy poco, así que sólo regresará para dejar a su hijo y buscará ahora sí cruzar la frontera. Algo tiene que hacer para tener dinero. (LUIS DURÓN).
Identifican a ‘enganchador’
El secretario de Gobierno, Víctor Zamora Rodríguez, dijo que ya se tiene identificado al “enganchador” o traficante de personas que fue quien colocó a los trabajadores en una propiedad del ejido El Higo, en Ramos Arizpe, del que fueron rescatados 54 menores de edad la tarde del miércoles y cuatro más la madrugada de ayer.
“Hay dos detenidos, como ya se había informado, que son los encargados, y nuestras corporaciones están tratando de localizar al dueño; no hay una orden de aprehensión lógicamente, pero tratando de conminarlo a que vaya y declare el porqué tenía a esos menores trabajando, ya tenemos el dato del ‘enganchador’, es de Monterrey, y ya andamos tratando de Dijo que las autoridades se mantienen en la búsqueda de más ranchos en esta situación, además de que por vía aérea se continuaron realizando sobrevuelos para tratar de localizar al resto de las personas que trabajaban en este rancho, al parecer propiedad de la empacadora de carnes Prokarne.
“Nos trasladamos, lamentablemente 120 o 130 personas al ver que llegamos empiezan a correr. Hoy por la mañana, a las 4:00 de la mañana, localizamos a un grupo de 20; ya venían acá en Cañada Ancha. De ellos, cuatro eran menores y el resto adultos; de inmediato se dio vista a Pronnif y a la PGJE para que integraran de inmediato la cadena de custodia y se les entregaron”.
Apuntó que la configuración de los delitos corresponderá a la Procuraduría General de Justicia del Estado, sin embargo recalcó que era evidente que había explotación laboral y tenían a menores trabajando, lo cual está prohibido por la ley.
“La denuncia se está integrando, la integración de la averiguación iría directo contra el dueño, contra el enganchador. Los menores manifiestan que son algunos de Veracruz, Hidalgo, Tamaulipas y San Luis Potosí (…) es evidente que se trata de explotación laboral y trata de personas”.
Agregó que los detenidos confirmaron que se trata de una propiedad de Prokarne, y el dueño está identificado como Óscar Lozano Chávez. (NÉSTOR GONZÁLEZ).
Hay 6 coahuilenses entre explotados, tres son niños
De los niños y adolescentes que fueron encontrados, laborando en condiciones infrahumanas y de esclavitud en el Ejido Higo, en los predios El Pedregal y Santa Cruz, de Ramos Arizpe, 6 son coahuilenses.
Entre las más de 200 personas se identificó que 3 adultos y 3 menores de edad nacieron en Coahuila y laboraban en un rancho en la pizca de calabaza, cebollín y pepino, trabajo por el que les pagarían 100 pesos por día.
El mayor porcentaje de población encontrada en las bodegas es originaria del Estado de Hidalgo con 48 adultos y niños, mientras que de San Luis Potosí son 2; de Tamaulipas tres y de Veracruz 39, en total 98 personas son las resguardadas por el DIF Coahuila.
Los menores, ya son atendidos por el DIF Coahuila con asistencia, consultas médicas y psicológicas, así lo dio a conocer Mayra Guillén, directora de Centros de Asistencia Social y Familiar del DIF Coahuila, quien aseguró que por indicaciones del gobernador Rubén Moreira Valdez y su esposa Carolina Viggiano, los niños serán apoyados con atención médica, psicológica y alimentación.
Luego de realizar las visitas médicas, la directora de Centros de Asistencia Social y Familiar, resaltó que hasta el momento la salud fue reportada como estable; pero agregó, que el personal de la dependencia continuará auscultando a los menores para descartar infecciones o alguna otra enfermedad. (YADIRA LEOS).
Llama Pantoja a revisar Arteaga y La Laguna
Representa una vergüenza que en Coahuila se sigan repitiendo los casos de trata laboral de personas pese a que ya existen antecedentes con los campos algodoneros en La Laguna, sostuvo el sacerdote Pedro Pantoja Arreola.
Indicó que pese a la reacción de las autoridades en este caso, es preocupante que no exista una prevención al respeto de los derechos de la niñez.
Pantoja Arreola llamó a que no se revictimice de los menores afectados, sino que haya una verdadera penalización de los responsables.
“Ahorita hay muchos delitos detrás, como investigar el tipo de convenio abusivo de quien intermedió, es otro delito tremendo, negociar con niños un convenio laboral es sumamente vergonzoso y delictivo“, concluyó.
Más de 34 años de prisión podrían alcanzar Roberto Martínez, Pedro Cisneros y Gerardo Castillo, así como el dueño de Prokarne y el enganchador de los 63 niños que fueron encontrados laborando en estado de esclavitud en un rancho de Ramos Arizpe, si se les comprueban los delitos de trata de personas y asociación delictuosa.
Tras ser detenidos intentando ocultar a los menores de edad en una bodega del predio donde los explotaban laboralmente, los tres primeros sujetos ya rindieron su declaración ante la Procuraduría General de Justicia del Estado, quien prepara una carpeta de investigación por el delito de tráfico de personas, vinculante a un supuesto “enganchador” y al dueño de Prokarne, que aún no han sido detenidos. (JESÚS CASTRO).
oportunidades de empleos.
necesidad”.

ubicarlo para traerlo”.


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