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Por
Valentín Valdés
Publicado el sábado, 12 de julio del 2008 a las 07:18
Saltillo, Coah.- Saltillo hace décadas estaba constituido por una sociedad unida en torno a su icono por excelencia, la Catedral de Saltillo, que aún sigue en pie como joya arquitectónica.
En aquellos días nuestros abuelos disfrutaban de paseos entre los edificios y las construcciones antiguas, muchas de ellas grandes viviendas que alojaban a las numerosas familias, hasta que la evolución tocó la puerta de esta ciudad.
Una ciudad en constante evolución, constituida por una población heterogénea, la cual vive protegida por un valle montañoso testigo de una última década plagada de avances tecnológicos, detonantes de un crecimiento industrial, comercial, cultural y educativo.
Fue ese crecimiento el que permeó la infraestructura del asentamiento humano el cual también creció vertiginosamente, casi viven 800 mil habitantes, quienes aún pueden gozar durante el día del cielo claro y por las noches del brillo de las estrellas.
Eso a pesar de que tanto la capital de Coahuila como su vecina ciudad Ramos Arizpe, concentran un importante número de empresas de diversos tamaños, giros y niveles, de inversiones tanto locales, nacionales y extranjeras, en miles tanto de pesos como de dólares.
Así se sustenta la región, con empresas que además de empleo transforman el entorno y colocan en el mapa mundial a sus ciudades, en este mundo globalizado.
Dichas circunstancias aún no han transformado el arraigo de sus habitantes, quienes a toda costa defienden sus tradiciones, costumbres y todo aquello que lo represente, surgiendo patronatos y asociaciones dispuestos a rescatar al menos la imagen histórica de muchos edificios y calles.
Calles angostas que conviven con las nuevas vialidades, creadas para dar abasto a los automóviles, el ícono de la región, pues no olvidemos que aquí se concentran las principales armadoras de esta rama en el país.
En un país trastocado por la violencia, Saltillo es de las pocas ciudades que pueden ostentar su fama de tranquilidad, fomentada desde hace muchas décadas por el espíritu educativo de quienes la han forjado, a grado tal que ha sido reconocida como la Atenas de México, ahora su población escucha, critica, exige, decide, compite, acepta y condiciona.
Hoy a casi 431 años de su fundación, en Saltillo aún viene lo mejor…
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