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Relatos y leyendas: ‘María Chismosa’ y la procesión de las Ánimas

  Por Agencias

Publicado el jueves, 15 de enero del 2015 a las 20:58


Una vez hubo una mujer de éstas que averiguaba la vida de todo el mundo por lo que era conocida como 'María Chismosa'

Cd. de México.- Una vez hubo una mujer de éstas que averiguaba la vida de todo el mundo y espiaba de noche, protegida por la oscuridad, para saber las andanzas de la gente. A cualquier hora que pasara, de tarde o de noche, era casi seguro que ahí, detrás de alguna puerta o escondida en alguna sombra, estaba ella observando. Su fama llegó a ser tan grande, que la llamaban “María Chismosa”.

Una noche, como a las doce, estaba ella, como de costumbre, con una puerta “entrejusta”, esperando que algo se moviera o algo pasara por allí, cuando oyó un murmullo como de voces lejanas que luego le parecieron rezos. Miró por la rendija de la puerta y vio que por toda la calle abajo venía un gentío con luces encendidas.

Un nietecito suyo comenzó a llorar en ese momento y para consolarlo fue a su cunita, lo cogió cargado y volvió a la puerta; la abrió un poquito más para ver mejor y pudo apreciar que una gran procesión, venía caminando también por los portales. Notó que todos venían alumbrando; no había una sola persona que no trajera su vela encendida. Ya llegaban frente a su puerta. Iban rezando el rosario. De pronto una de las “alumbrantes” le entregó una vela grande encendida, que ella tomó con la mano izquierda que le quedaba libre. La misteriosa procesión siguió adelante y cuando “María Chismosa” apagó la vela se dio cuenta de que era muy dura y que no era enteramente redonda y tenía protuberancias en los extremos. Trató de prender la vela y no pudo. Comprobó que no tenía mecha y empezó a temblar de miedo. Ensendio luz y “¡Jesús, Ave María Purísima!”, exclamó, “es una canilla de muerto lo que me han dado”. Presa de terror llamó a la vecina y le mostró la tibia macabra; y enseguida se pusieron a rezar.

“Esas fueron las ánimas” convinieron las dos. La vecina le aconsejó que fuera a ver al cura y así lo hizo muy temprano en la mañana. El Cura después de oír la historia de “María Chismosa” le dijo que se había salvado porque tenía el niño en los brazos y le aconsejó entonces que, cuando volviera a pasar la procesión, le devolviera a un ánima el hueso de muerto, pero que tuviera el niño en los brazos.

Así lo hizo una noche que volvió a pasar, a la misma hora, la procesión macabra. Le entregó la tibia de muerto a la primera ánima que pasó y ésta, volviéndose hacia ella y dejándole ver su cara descarnada, le dijo moviendo en horrorosa mueca los huesos de su boca: “Te has salvado por cargar en tus brazos un niño inocente, María Chismosa. Quédate en tu casa y no averigües más la vida ajena”.

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