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Agencias
Publicado el domingo, 10 de mayo del 2015 a las 19:22
Estados Unidos.- La mayoría de los mortales se conforman con llevarse el albornoz del hotel. Sólo una minoría privilegiada puede permitirse deslizar en el bolsillo un objeto de la Casa Blanca. Fuente: El Confidencial
El diario The Washington Post hace este domingo un recuento de todo lo que desaparece en el complejo presidencial de los Obama y explica cómo los camareros tienen órdenes de retirar la cubertería y los objetos decorativos de las mesas antes de que algún visitante sucumba a la tentación. Un protocolo que se activa incluso en las cenas con primeros ministros extranjeros.
La mayoría de lo que desaparece son pequeños objetos que se pueden esconder en un bolso o en una cartera de mano: toallas de baño con el sello presidencial, cucharillas, sujetapapeles, incluso adornos de cristal o de plata extraídos de los vestidores o los retretes.
Al parecer la cosa empeora mucho allí donde tienen acceso los periodistas (algo que también pasa en el Air Force One) o las delegaciones extranjeras. Pero no son los únicos. A lo largo de los años, muchas personalidades del espectáculo, la política o el deporte han sido descubiertas en plena faena. Le sucedió, por ejemplo, a la actriz Meryl Streep o la estella televisiva Barbara Walters.
“No es nada nuevo. Ha sido un problema desde que la Casa Blanca empezó a funcionar y John Adams empezó a recibir gente”, asegura William Bushong, historiador jefe de la White House Historical Association. “La principal tentación es el hecho de querer un recuerdo del momento, algo que te de una conexión con la experiencia que has tenido en la casa. Es una tentación simplemente irresistible”, dice.
Bajo tutela de parejas presidenciales con política de “puertas abiertas”, como los Roosevelt, los robos eran mucho más frecuentes. Eleanore Roosevelt recibía a cientos de personas, que acudían a tomar el té con ella y que rara vez devolvían todo el juego de porcelana a las camareras. Y, por supuesto, el personal también ha contribuido a lo largo de los años a alimentar el mercado.
Según testimonios de los propios camareros, mayordomos, etcétera, era frecuente revender las piezas, que alcanzaban un enorme valor. En EBay pueden encontrarse a la venta decenas de objetos con el sello presidencial. Se piden, por ejemplo, 3750 dólares por una taza y una salsera de la época de Bill Clinton. Y casi 20.000 dólares por una pequeña taza de porcelana datada en la primera presidencia de Abraham Lincoln.
“En ocasiones bromeábamos con el personal de protocolo diciendo que deberíamos hacer pasar a los invitados por el arco de seguridad tanto cuando entran como cuando salen”, recordaba la ex -primera dama Laura Bush en su libro de memorias, “Spoken from Heart”. Y Lea Berman, secretaria de protocolo durante la Administración Bush recordaba, divertida, la historia de esa mujer que se metió en los bolsillos tantas servilletas y papeles que “caminaba como el hombre Michelin”.
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