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Agencias
Publicado el miércoles, 9 de marzo del 2016 a las 03:39
Liberal | Ciudad de México.- ¿Puede Donald Trump cumplir su promesa de construir un muro a lo largo de los tres mil kilómetros de frontera entre Estados Unidos y México para impedir la migración irregular? Y lo que es más, ¿Puede hacer que México lo pague?
Por supuesto que puede construirlo, pero no es tan sencillo como dice.
Levantar el muro, una iniciativa muy festejada en los actos de campaña del magnate, que busca la candidatura presidencial republicana, es una empresa compleja y rodeada de dificultades. En su camino se alzan numerosos obstáculos burocráticos, diplomáticos, ambientales, monetarios y logísticos.
Y obligar al Gobierno mexicano a pagar la factura no será sencillo. El Presidente Enrique Peña Nieto ha rechazado de plano esa posibilidad.
No es la primera vez que se intenta colocar una barrera física entre México y Estados Unidos.
Durante el segundo mandato del presidente George W. Bush, el Congreso autorizó mil 200 millones de dólares para construir varias millas de cerca doble, pero el gobierno afrontó un sinfín de obstáculos. Propietarios privados que rechazaban las ofertas de compra de terreno. Preocupaciones ambientales y demandas.
Ahora hay mil 046 kilómetros de cerca en la frontera, lo que incluye un valla de acero de cuatro metros de altura en muchas zonas urbanas, diseñada para detener o reducir el número de personas que cruzan, así como barreras para vehículos, postes de acero más cortos llenos de cemento y plantados en el suelo.
Construir eso ya fue un desafío, y un nuevo muro más alto como el que quiere Trump afrontaría sin duda la misma oposición, si no más.
En primer lugar, un acuerdo de fronteras de 1970 regula la construcción de estructuras a lo largo de los ríos Colorado y Bravo en la frontera mexicana. El texto indica que las estructuras no pueden perturbar el flujo de los ríos, que pasan por Texas y 38 kilómetros en Arizona y definen la frontera entre ambos países, según la Comisión Internacional de Fronteras y Agua, una agencia conjunta estadounidense y mexicana que administra el tratado.
Trump dijo que su muro no tendría que cubrir los tres mil 379 kilómetros de la frontera, pero aunque se excluyan los tramos bloqueados por accidentes geográficos, sigue habiendo graves problemas.
En algunos lugares, las obligaciones del tratado y las zonas de inundación designadas en el río requerirían levantar el muro bien entrado el territorio estadounidense, lo que sería incómodo si el Gobierno mexicano paga y supervisa el proyecto.
Además de crear una especie de tierra de nadie entre el muro y la frontera real, un gobierno o el otro tendría que comprar grandes extensiones de propiedad privada, así como tierras de al menos una tribu indígena con territorio a ambos lados de la frontera en el sur de Arizona.
amg
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