Internacional
Por
Agencias
Publicado el domingo, 17 de julio del 2016 a las 19:00
EL DEBATE / París, Francia.- La historia de Mejri Tahar, de 39 años, ha dado la vuelta al mundo y lo ha conmovido; pero lo más lamentable del caso, es que él, es uno de los muchos dolientes que perdieron a sus familiares el pasado jueves en Niza, cuanto un camión atropelló a la muchedumbre que se encontraba en las calles celebrando el 14 de Julio.
En la matanza del Día de la Bastilla, Mejri Tahar, perdió a su esposa, sin embargo, su pequeño hijo de tres años, que iba con ella estaba desaparecido.
Abatido por la pérdida de su esposa, Olfa, tenía la esperanza de encontrar a su hijo Kylian, Mejri fue de hospital en hospital, rezando para encontrarlo entre los heridos y para no encontrarlo entre los muertos.
Luego de 36 horas de tormentosa búsqueda, llegó al hospital Pasteur, dio una muestra de ADN y oró para que no coincidiera con ninguna de los diez niños muertos, que se reportaban como no identificados en ese hospital.
Lamentablemente, una muestra dio positivo, por lo que poseído por un asfixiante dolor, aulló y salió desplomándose en las puertas del hospital tras la verdad insoportable y externando alaridos de consternación.
Un amigo cercano, que lo acompañó en la odisea, declaró que antes de enterarse de la noticia Mejri había sufrido los peores dos días de su vida, explicando:
“ESTUVO BUSCANDO TODA LA NOCHE. FUE A TODOS LOS HOSPITALES DE NIZA. Mejri Tahar, originario de Túnez, había hablado a todos los números de emergencia, al narrar su historia recordaba como él se encontraba en la playa con amigos celebrando las fiestas, mientras su esposa miraba los fuegos artificiales con su hijo cerca.
Y en un instante sin saber cómo se vino la estampida de gente y detrás el monstruo que los arrollaba, todo fue en un segundo, y el instinto lo hizo reaccionar hacia su esposa y su hijo, de repente se encontraba corriendo hacia el lado opuesto, lleno de miedo, en segundo ese temor se materializó, reconoció su moto tirada y a su esposa, Olfa, en el piso, la miró y no quiso perder tiempo en llorarle, sabía que estaba muerta, muerta delante de él, muerta a sus pies, muerta y sola en el suelo, en ese momento entendió que su objetivo no era quedarse con ella sino buscar a su hijo.
Afuera del Hospital Pasteur, no era Mejri el que hablaba, hablaba su dolor, aullando, mientras elevaba las manos al cielo.
OTRAS ANGUSTIAS
Pero a pesar de su infortunio Mejri, es en esta historia, una víctima más. Otros como él, todavía están en la búsqueda de sus seres queridos. Otros muertos como lo suyos esperan por alguien que los reclame.
Un tarjeta con la leyenda “visiblemente extranjero” señala el cuerpo de un niño de ocho años que no ha sido identificado.
Mokhaiese Jamel, de 42 años, llega con una foto en la mano de su hijo, el también sabe que en el Pasteur hay 15 niños siendo tratados por lesiones en la cabeza y fracturas, también sabe de los que están muertos.
El cónsul de Ucrania arriba también trata de localizar a dos estudiantes ucranianos Misha Bazelevsky de Ucrania, de 22 años, y el amigo que lo acompañaba el italiano Nick Leslie, 20, ninguno de los dos ha sido visto desde la atrocidad.
Un niño pequeño, probablemente alrededor de ocho años de edad, y se encuentra en cuidados intensivos con un respirador artificial.”
Diariamente se actualiza la lista de los fallecidos, algunos debido a la lesiones en el cuerpo y rostro no son posibles de identificar a simple vista y requieren de pruebas de ADN.
Dos mujeres rusas se encuentra recuperándose, Galina Galina, de 60 años estaba en Niza de vacaciones para ver a su hija Julia de 28. Ahora se recupera de las lesiones sufridas en la médula, la cabeza y las costillas. Su hija está con ella, la cuida, platica entre lágrimas que su madre no recuerda nada, era la primera vez que salía de Rusia. Sin embargo, sabe que después de Niza ese será siempre su primer y último viaje al extranjero.
En el hospital, tanto familiares y sobrevivientes están siendo atendidos por un equipo de 4 psicólogos. El amigo de Mejri, también comentó que habían hablado con tres de los psicólogos: “A nuestras preguntas, nadie contestó, nada”, dijo con una expresión casi con amargura, pero ya resignada.
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